domingo, 1 de junio de 2014

¿COMO DEBEMOS OBSERVAR EL DOMINGO?

No es suficiente que hayamos es­tablecido que el cristiano no tiene obli­gación de guardar el séptimo día de la semana; y tampoco es suficiente que sepamos que el domingo es él día ca­racterístico del cristianismo. Al evitar el error del sistema legalista de los ad­ventistas, debemos cuidar de caer en el error contrario del antinomianismo, indiferentes a la voluntad del Señor. De las Escrituras hemos aprendido ya que aunque no estamos bajo la ley, tampoco estamos sin ley, y no debemos abusar de nuestra libertad. “Porque vosotros, hermanos, a libertad ha­béis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión a la carne” (Gálatas 5:13). “(Como libres, y no como teniendo la libertad por co­bertura de malicia, sino como siervos de Dios.” (1 Pedro 2:16).
El nombre domingo, o día del Se­ñor, es una indicación suficiente del carácter sagrado del primer día de la semana, y debemos observarlo como tal. El Nuevo Testamento no impone restricciones como las de la ley sabáti­ca, pero el cristianismo sincero se im­pondrá voluntariamente muchas res­tricciones, para honrar ese día que él Señor llama suyo. Observará las nor­mas y principios providenciales de la ley y les dará una aplicación más es­piritual, conforme al ejemplo del Se­ñor en Mateo 5, y de los apóstoles en sus epístolas (1 Corintios 9:9, 10, etc.). En nada debe mostrarse el cristiano infe­rior al judío, sino más espiritual y más devoto.
La ley decía: “Seis días trabaja­rás” y la obligación de trabajar no es menos costosa a un cristiano. Pero esta obligación se limitaba a seis días, y el principio providencial de un día de descanso en cada semana existe tanto para el cristiano como para el judío. No hay diferencia en su constitución física, y si trabaja con diligencia du­rante seis días, necesitará el descanso dominical. Su alma también necesita tiempo para recogimiento y refrigerio espiritual, y la observancia del domingo como “día del Señor” implica necesa­riamente la cesación de los trabajos se­culares en ese día. Debemos estar muy agradecidos a la Divina Providencia por las leyes civiles que favorecen la observancia del día de descanso, pero es de temer que muchos cristianos no aprecian debidamente este privilegio. Hasta se ha sabido de algunos que, a despecho de las leyes, han abierto sus negocios en el día domingo, dando así un testimonio pésimo, que los inconversos no han dejado de comentar Re­comendamos a los tales que lean con cuidado los primeros cinco versículos de Romanos 13.
En la ley del sábado también ve­mos cómo Dios hacía al israelita res­ponsable de ver que tuviesen su des­canso semanal no sólo sus hijos y la servidumbre de su casa, sino hasta los mismos animales (Ex. 20:10). ¿Y se­rá el cristiano menos considerado? An­tes bien, debe mostrarse más benigno e interesarse no sólo en el bienestar temporal sino espiritual de aquellos que dependen de él. Si es patrón, de­be eximir a sus empleados o sirvientes de la obligación de trabajar en el día del Señor, hasta donde sea posible, y si éstos son creyentes, debe darles fa­cilidades para asistir a los cultos, sa­biendo que los derechos de Dios son superiores a los de cualquier amo te­rrenal, y que en la iglesia se borran las distinciones entre siervos y libres. El culto de unos y de otros tiene el mismo valor, y ambas clases necesitan la ayuda espiritual del ministerio de la Palabra y de la comunión con los santos.
El obrero cristiano, si es concien­zudo, no trabajará voluntariamente en el día domingo, aun cuando se le pague doble sueldo. Tampoco hará trabajos adicionales en casa “para ganar un po­co más”, puesto que tendría que robar tiempo del día del Señor para hacerlo. Conviene recordar que “hay quienes se hacen ricos, y no tienen nada; y hay quienes se hacen pobres, y tienen mu­chas riquezas” (Proverbios 13:7). Debemos buscar la prosperidad que de Dios vie­ne, pues él ha dicho: “Yo honraré a los que me honran” (1 Samuel 2: 30).
Por más que sea conveniente o có­modo visitar el mercado en la mañana del domingo, la dueña de casa preferi­rá hacer sus compras el día anterior, y procurará dejar el trabajo domésti­co adelantado lo más posible, imitando así el ejemplo de los israelitas cuan­do Dios les daba el maná para dos días para que no tuviesen necesidad de re­coger o prepararlo en el sábado (Ex. 16:5, 22).
El cristiano leal ocupará el día del Señor para las cosas del Señor. Diré con el salmista: “Este es el día que hi­zo Jehová: nos gozaremos y alegrare­mos en “él” (Salmo 113:24). Dedicará sus horas al culto y servicio del Señor ex­clusivamente. No dejará de reunirse con la iglesia, cuantas veces haya cul­tos (Hebreos 10:25), y su deleite especial será la oportunidad de celebrar con sus hermanos la Cena del Señor, confor­me al ejemplo apostólico (Hechos 20:7). Para hacer esto dignamente, se exami­nará de antemano, y procurará estar “en el Espíritu en el día dominical” (Apocalipsis, 1:10). Meditará en la Palabra de Dios, en lugar de leer el diario o es­cuchar la radio, y si tiene hijos, se in­teresará en su educación espiritual. No hará viajes inútiles, ni saldrá simple­mente “a pasear”, pero irá tal vez una buena distancia, como Jesús, para consolar corazones tristes (Lucas 24:13- 15), o para anunciar las buenas nuevas (Mateo 28:10).
En fin, los privilegios del cristia­no son tantos y tan variados, que el día ha de parecer demasiado corto al que quiera hacer la voluntad del Señor, y no la suya propia. Del sábado fue es­crito: “Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamarse delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras: en­tonces te deleitarás en Jehová” (Isa. 58:13); y el cristiano no debe hacer me­nos en el día del Señor Observándo­lo debidamente, encontrará incalcula­ble beneficio para espíritu, alma y cuerpo. Dará también un testimonio a los inconversos que confirmará eficaz mente el testimonio de sus labios. Se necesita este testimonio, más que nunca, en estos días, cuando los hombres son “amadores de los placeres más que de Dios”.
Es un hecho innegable que en los países donde se ha observado seriamen­te el día del Señor, esta práctica ha si­do un factor importante para el robus­tecimiento de la vida espiritual de los pueblos, como también para la prospe­ridad material. ¿Y quien dirá que el Se­ñor Jesús no merece que un día en sie­te sea dedicado exclusivamente a su servicio?
Senda de Luz, Febrero-Marzo 1979

Al trono majestuoso

Al trono majestuoso
Del Dios de potestad,
Humildes vuestra frente,
Naciones inclinad.
Él es el ser supremo,
De todo es el Señor,
Y nada al fin resiste
A Dios el Hacedor.

Del polvo de la tierra
Su mano nos formó,
Y nos donó la vida
Su aliento creador;
Después, al vernos ciegos,
Caídos en error,
Cual padre al hijo amado
Salud nos proveyó.

La gratitud sincera
Nos dictará el cantar,
Y en tiernos dulces sones
Al cielo subirá;
Con los celestes himnos
Cantados a Jehová
La armónica alabanza
Doquier resonará.

Señor, a Tu Palabra
Sujeto el mundo está,
Y del mortal perecen
La astucia y la maldad;
Después de haber cesado
Los siglos de correr,
Tu amor, verdad y gloria
Han de permanecer.
Isaac Watts, 1748

Meditaciones

“No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7).


¿Qué significa tentar al Señor? ¿Es algo de lo que podemos ser culpables?
Los hijos de Israel tentaron al Señor al quejarse de la falta de agua en el desierto (Éxodo 17:7). Cuando dijeron: “¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?” dudaron no sólo de Su presencia divina sino también de Su cuidado providencial para con ellos.
Satanás tentó al Señor cuando lo desafió a que saltara desde el pináculo del Templo (Lucas 4:9-12). Jesús habría tentado a Dios el Padre si hubiera actuado así, porque habría ejecutado un truco publicitario, algo que estaba fuera de la voluntad del Padre.
Los fariseos tentaron al Señor cuando le preguntaron si era lícito dar tributo al César (Mateo 22:15-18). Pensaron que fuese cual fuese Su respuesta, tomaría partido por los romanos o por aquellos judíos que eran violentamente antirromanos.
Safira tentó al Espíritu del Señor al pretender dar la ganancia completa de la venta de una propiedad al Señor, cuando en realidad retuvo una parte para ella (Hechos 5:9).
Pedro dijo al concilio de Jerusalén que sería tentar a Dios el poner a los creyentes gentiles bajo la ley, un yugo que el pueblo judío mismo no había podido llevar (Hechos 15:10).
Tentar a Dios es: “ver cuán lejos se puede ir sin ser juzgados, abusar o presumir de Su misericordia, ver si cumplirá Su Palabra o se extenderá hasta los límites del juicio (comp. Deuteronomio 6:16; Mateo 4:7)” (Toussaint).
Tentamos a Dios cuando murmuramos o nos quejamos, porque al hacerlo estamos dudando de Su presencia, poder o bondad. Estamos diciendo que no conoce nuestras circunstancias, que no le importan o que no es capaz de librarnos.
Tentamos a Dios cuando nos exponemos innecesariamente al peligro y esperamos que nos rescate. A menudo leemos de creyentes equivocados que manipulan serpientes venenosas y mueren como resultado. Su argumento consiste en decir que Dios ha prometido seguridad en Marcos 16:18, “Tomarán serpientes en sus manos”. Pero esto fue planeado para justificar cada vez que ejecutamos un milagro sólo cuando sea necesario para llevar a cabo Su voluntad en y por medio de nosotros.
Tentamos a Dios cuando le mentimos, al profesar una mayor dedicación, sacrificio y compromiso del que realmente deseamos dar. Así como los fariseos tentaron a Cristo con su hipocresía, así lo tentamos con la nuestra.
Finalmente tentamos a Dios cada vez que nos salimos de la esfera de Su voluntad para nosotros y actuamos obstinadamente.
Es inaudito que una criatura desee o se atreva tentar a su Creador o que un pecador insulte a su Salvador.
William Macdonald

“Cumplido está” Pensamientos sobre el Salmo 22 (Parte VI)

«Tú destruiste todo el esfuerzo del infierno y de la muerte»


Después de los versículos 16 a 18, tan destacables por su precisión profética, de la cual Cristo debía conocer toda la realidad "a fin de que se cumpliese la Escritura ", él apela a aquel que había sido su fuerza durante toda su vida (v. 19 a 2 l ). En Getsemaní "ofreció oraciones y también súplicas, con vehemente clamor y lágrimas, a aquel que era poderoso para librarle de la muerte" (Hebreos 5: 7). A él se dirige aún, en la hora misma en que deberá exclamar: "¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has desamparado? ". Ya le hemos oído decir, en el versículo 11: "¡No te alejes de mí!". Repite esta súplica en el versículo 19: "¡Mas tú, oh Jehová, no te alejes...!" No dice "Dios mío", sino "Jehová", ¡tú que no cambias, tú que siempre eres fiel, tú que siempre has sido mi fuerza y mi liberación! Estas ardientes plegarias del Señor ¿quién las podrá sondear jamás? ¿Quién podrá medir la angustia y el horror de su alma durante esas horas tenebrosas? "¡Jehová, no te alejes!". Sentía que Jehová se alejaba de él, que estaba obligado a alejarse.
Se ve qué terrible asalto dirigía Satanás contra Cristo durante esas horas de las cuales el Señor había dicho a los hombres, instrumentos de Satanás, venidos para arrestarle: "...ésta empero es la hora vuestra, y la potestad de las tinieblas" (Lucas 22:53). Como otrora el filisteo con todas sus armas, el Enemigo avanza aquí con un completo arsenal de violencia, de maldad, de malicia y de corrupción. ¡Qué grito de dolor escapa del corazón del Señor en ese momento! Siente todo el furor de Satanás, su rabia, su odio en sus múltiples formas. Entonces exclama: "¡Sálvame de la boca del león!"
No parece, hablando con propiedad, que se pueda llamar combate a lo que pasó en la cruz entre Cristo y Satanás. En efecto, aquí no hay lucha, como en el desierto, cuando Jesús respondía al adversario por medio de la irresistible espada de la Palabra de Dios, o como en Getsemaní, donde la angustia del combate hacía manar su sudor como gotas de sangre que caían sobre la tierra. Satanás lo asalta, por cierto, y desesperadamente, pero se ensaña contra un Cristo sin defensa, quien no tiene más batalla que librar, ya que ha aceptado la copa, por lo cual no le opone ninguna resistencia. Las flechas y los dardos encendidos del príncipe de las tinieblas se agotan en vano contra la perfección de nuestro Señor Jesucristo. De esta extraordinaria manera fue obtenido el más clamoroso triunfo, una victoria no consignada en los anales de los pueblos, pero que exaltará durante la eternidad el cántico de los rescatados. « ¡Tuya, Jesús, fue la victoria en la cruz!».
Aunque es preciso ser prudente en la interpretación de las expresiones que describen los diversos sufrimientos del Señor, parece que se puede ver en la espada, en el poder (1) del perro y en la boca del león lo que Cristo soportó respectivamente de parte de Dios, de los hombres y de Satanás. La espada de Jehová se despertó contra el hombre socio suyo (Zacarías 13:7). Recordamos que el grito del primer versículo fue lanzado al final de las tres horas sombrías, hacia la hora novena. Cuando el Señor, presa de los dolores provocados por los hombres y Satanás, grita a Dios, es para comprobar que tampoco de ese lado hay algo para él; y no sólo que no hay nada a su favor (En francés (versión J.N.D.): "la patte" (la pata)) volviéndose hacia Dios, sino que Dios está contra él. Precisamente allí está lo que ha sido llamado el «misterio de misterios». Su grito hacia Dios ante el sufrimiento, recibió por respuesta el desamparo y la cólera. En el curso de su vida, como ya ha sido señalado varias veces, Cristo, por más humilde y desprovisto que haya sido -pues fue un hombre desprovisto, ya que su vida entera es la de un hombre que no tenía nada- en el curso de su vida tuvo a Dios consigo, y dio pruebas de fuerza y de poder al cumplir en ella innumerables milagros. Pero aquí, en la cruz, no hay el menor despliegue de poder exterior de su parte, no hay ningún milagro; sólo debilidad. Por eso dice él "mi fuerza", asumiendo la debilidad humana de una manera absoluta. La cruz era eso para Cristo: el sentimiento de una debilidad completa y de una debilidad aceptada. Fue crucificado -como está escrito- "en debilidad" (2 Corintios 13:4). Como ya lo hemos considerado un poco, durante estas horas no vemos ningún ejercicio de poder, ningún rasgo de cualquier clase de heroísmo, ningún arranque de voluntad como lo tienen los hombres, sino el abandono de toda voluntad, la aceptación consciente de todo lo que debía encontrar. ¡Y pensar que el Señor -quien ante todo era Dios, creador de todo, y quien tenía entre sus manos todo poder- aquí confiesa su debilidad! Es una maravilla moral que se agrega a las otras suyas. Ya no esconde más su debilidad, como así tampoco escondía su vergüenza. En eso también brilla su total perfección.
           Como se ha dicho, ha habido fieles que experimentaron, en el curso de los tiempos, algo de esta vergüenza en una muerte ignominiosa, pero hay entre ellos y el Señor una diferencia inmensa, además de lo que se refiere a la perfección: los santos siempre pueden contar, en el momento de la prueba, con el auxilio de Dios, mientras que Cristo debió probar que Dios estaba contra él. Incluso a causa de ello todos los cristianos pueden estar seguros de que Dios no los abandonará jamás; no los abandonará jamás porque abandonó al único que merecía no ser abandonado. No hemos terminado de meditar acerca de este punto, pues lo haremos eternamente. Es de la mayor importancia que la Iglesia, en cada asamblea local, no lo olvide.

domingo, 4 de mayo de 2014

UNA EXPERIENCIA GLORIOSA (Gálatas 2:20)

1. Crucificados con Cristo. (Romanos 6:6-11)
2. Sepultados con él por el bau­tismo. (Colosenses  2:12)
3. Resucitados por él por poder. (Efesios 2:6)
4. Herederos con él por gracia. (Romanos 8:17)
5. Sentados juntamente con él. (Efesios 2:6)
6. Esperando su retorno por fe. (Filipenses. 3.-21; 1 Juan. 3:2)
7. Morando con él para siempre. (1 Tesalonicenses 4:17; Juan 14:1-3)

Sendas de Luz, 1979

La Oración y La Adoración

TEXTO: “Es necesario orar siem­pre, y no desmayar” (Lucas. 18:1).

DEFINICION: La oración es el acto de hablar con Dios en Adoración, Intercesión, Petición y Comunión. Dios no desea que Sus hijos caminen solos, sino que en todo hagan sus peticiones a El y que se gocen de comunión con El.

SIETE PUNTOS:
1. Cristo nos enseñó algunas cosas sencillas y elementarías concerniente a la Oración.
a. No debemos ser “como los hipó­critas”, desplegando piedad para ser alabados de los hombres.
b. No debemos ser “como los gen­tiles”, diciendo muchas palabras — el mucho hablar no agrada a Dios. El co­noce a todos y nos ama El no necesi­ta persuasión para ser benigno o para que nos escuche. Las encantaciones co­mo “Baal, escúchenos!” no tienen lu­gar en la oración verdadera.
c. No debemos ser como engaña­dores, quienes esperan ser perdonados, pero rehúsan perdonar a los demás. (M.t 6:14).
d. Debemos orar con importuni­dad. Véase las dos Parábolas en Lucas 11:5-13 y 18:1-8. No con muchas pala­bras pero frecuentemente y nunca ce­diendo ni desmayando -- esto es, oran­do con fe y perseverancia.
2. El Ejemplo de la Oración (Mat. 6:9-13, “La Oración del Señor”) debe ser estudiada cuidadosamente. Presen­ta primeramente lo que concierne en sí a Dios en tres peticiones. El nombre Santificado, El Reino venidero y que Su voluntad sea hecha. Nuestras necesidades siguen en cuatro peticiones, por Alimento, Perdón, Dirección y Liberación.
Termina con una atribución de gloria a Dios. No es egoísta, “Mía”, sino piensa en otros, “Nuestra”. Esta Oración Perfecta no debe ser hecha sin vida, ni repetida ligeramente, porque entonces se vuelve una repetición vana.
3. La Repetición de Oraciones debe dar lugar a la Oración en el Espíri­tu. Orar con notas (aunque algunos en­cuentran que esto les ayuda un poco) es como un hombre con muletas, debe­mos aprender a adorar y orar en el Es­píritu. La promesa de Romanos 8:26-27 es nuestro privilegio, “Orando en todo - tiempo con toda deprecación y súplica en él Espíritu, y velando en ello con to­da instancia” (Ef. 6:18) es nuestro mé­todo.
4. La adoración es él método más alto de la Oración. Es el alma deleitándose en Dios y adorando, alabando y  bendiciendo a El por lo que El es y ha hecho por nosotros en Cristo.
El Padre busca adoradores (Juan. 4: 23-24). En los Salmos 145 a 150 se en­cuentran ejemplos de adoración pura. Ni una sola petición, todos gloriándose en el Señor.
5. La intercesión por otros es una forma noble de la Oración. Véase có­mo el Señor Jesús oró por nosotros en Juan 17, y aprenda a traer las necesi­dades de otros a Dios. Frecuentemen­te cuando uno no puede orar por sí mismo, la intercesión por otros abre las puertas de la oración.
6. Comunicación con Dios es la forma de oración más fructífera. No son generalidades indefinidas y vagas como “Oh, Dios, bendiga...” sino dis­cutiendo nuestros asuntos con Dios — como Ezequías puso la carta delante del Señor, y David se sentó delante de Dios para hablar acerca de su reino.
7. La Oración debe tener sus tiem­pos determinados. La regla de David y Daniel era mañana, a medio día, y por la noche (Salmo 55:17 y Daniel 6: 10), pero aparte de nuestros tiempos acostumbrados para orar debemos aprender a orar al trabajar, o cuando caminamos, en todo tiempo. La ora­ción en el secreto del corazón es un hábito bendito.

ILUSTRACIONES:
Abraham (Gen. 18:23-32). Su siervo (Gen. 24:12-14). David (2 Sam. 7:18-29), y muchos otros.
La parábola del Publicano y el Fa­riseo (Lucas 18:9-14), y las Parábolas de Lucas 11:15-13 y 18:1-8).
Sendas de Luz, Diciembre-Enero, 1976

LA PRIMOGENITURA DE ESAU

"Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo cansado, dijo a Jacob: Ruégote que me des a comer eso bermejo, pues estoy muy cansado. . . Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a mor ir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo es este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y levantóse y fuese. ASI MENOSPRECIO ESAU LA PRIMOGENITURA”. (Génesis 25:29-34).
"Que ninguno sea fornicario, o profano, como Esaú, que por una vianda vendió SU PRIMOGENITURA, Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue reprobado (que no halló fugar de arrepentimiento), aunque lo procuró con lágrimas” (He. 12:16-17).
¡Qué necio fue Esaú! ¡Vendió su primogenitura a cambio de un guiso bermejo! ¡Qué poco aprecio tuvo de la bendición que contenía! Menospreció lo que realmente importaba por una insignificancia. Ningún hombre muere por estar cansado o por permanecer sin comer un día, sin embargo, "el profano Esaú" dijo:. . .voy a morir; ¿PARA QUE, PUES, ME SERVIRA LA PRIMOGENITURA?
Jacob aprovechó la necedad de su hermano astutamente y con presteza, obteniendo para sí la bendición que despreció Esaú. La primogenitura era de Un valor inapreciable para Jacob, y la codició con todo su corazón.
¡Qué valiosa enseñanza contiene la historia de estos dos hermanos! ¡Cuánto nos quiere hacer ver el Señor mostrándonos la necedad de Esaú y la sabiduría de Jacob! Los siglos pasan, pero la historia de la necedad humana se repite en el menosprecio de la primogenitura. Notemos como podemos llegar a menospre­ciar nuestra primogenitura.

EL DESPERTAR ESPIRITUAL
      El Espíritu Santo comenzó a trabajar profundamente el corazón de sinceros hermanos, en distintas partes del mundo, durante la segunda década del siglo pasado. Esta obra fue tan profunda que en algunos países como Irlanda e Inglate­rra, hasta clérigos y pastores abandonaban sus respectivas denominaciones pa­ra unirse a los sencillos creyentes que se reunían tan solo en el digno Nombre del Señor, conforme a Su voluntad. (Mateo. 18:20).
      Las Sagradas Escrituras eran abiertas y estudiadas por lo que también se abrían los ojos de aquellos que buscaban conocer la MENTE DE CRISTO. Así comenzó un verdadero DESPERTAR ESPIRITUAL.
      ¡Qué equivocados están los que piensan que se consigue DESPERTAR espiritualmente mediante el esfuerzo humano! La potencia del despertar no está en nosotros sino UNICAMENTE EN EL SEÑOR.
            El DESPERTAR del Espíritu Santo tomó fuerza y se extendió al mundo ente­ro. Obtenida la mente de Cristo, los hermanos se identificaron con el Señor llevando EL EVANGELIO Y LA DOCTRINA a todas partes. (Hechos 1:8; 2ª Juan. 9).
            Todos los que salieron tenían la certeza de haber sido salvados por el Señor quien también les había capacitado y les enviaba para cumplir su voluntad. Por eso toda su energía se originaba en la más absoluta dependencia de Él, y en la seguridad de que El era SUFICIENTE para suplirlo todo, proveer lo necesario y completar lo faltante puntual mente. EL SEÑOR SERA SIEMPRE SUFICIEN­TE PARA SOSTENER A LOS QUE DEPENDAN DE EL (Le. 22:35).
            ¡Maravillosa demostración de fe en Cristo! ¡Admirable ejemplo de sumisión al Dios vivo y verdadero! El Señor tenía héroes de la fe, y aún quiere tenerlos ahora, héroes que solo dependan de Él, quienes recibirán merecida honra en AQUEL DIA.
            La obra de gracia que comenzó en el viejo mundo, llegó a nuestra Argentina, como a toda América, en el norte como en el sur. El sencillo testimonio al Nom­bre digno del Señor comenzó en Buenos Aires, en Rosario, en Córdoba, Santia­go del Estero, Salta y en muchos otros lugares.
            A través de aquel DESPERTAR ESPIRITUAL, el Espíritu Santo sacó a luz lo que no manifestó la "Reforma". En su época la "Reforma" hizo conocer al mundo, la gloriosa verdad de la JUSTIFICACION POR LA FE, pero con el DES­PERTAR ESPIRITUAL fue conocido y anunciado TODO lo restante de la gracia de Dios. En el DESPERTAR ESPIRITUAL, los hermanos distinguieron la verdad en cuanto a:
1) LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR
2) REUNIRSE AL NOMBRE DEL SEÑOR
3) CELEBRAR LA CENA DEL SEÑOR EN SENCILLEZ Y HUMILDAD
4) EL SACERDOCIO DE TODOS LOS CREYENTES
5) EL ORDEN EN LA ASAMBLEA
6) EL SUSTENTO DE LA OBRA DEL SEÑOR Y SUS OBREROS
       Aquellos que codiciaron la verdad, como Jacob la primogenitura, la apreciarán en su real magnitud, porque la compraron por su justo precio; pero los que la heredaron, la menosprecian, como lo hizo Esaú. (Pr. 23:23).
      Algunas de las bendiciones que encierra esta PRIMOGENITURA:

REUNIRSE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR
            Los que fueron despertados por el Espíritu Santo percibieron el error denominacional, y el valor que tiene reunirse solo en el nombre del Señor. Las pa­labras del Señor: "Porque donde están dos o tres congregados EN MI NOMBRE, allí estoy yo en medio de ellos", fueron recibidas como una valiosa revelación. (Mt. 18:20). Ellos vieron como un agravio al Señor los nombres denominacionales; pero al imponerse el Registro de Cultos en nuestro país, los hermanos aceptaron imprudentemente un nombre: "Iglesias Cristianas Evangélicas", y esto tan solo para obedecer a las autoridades, no como un nombre denominacional. Sin embargo, el tiempo se encargó de cambiarlo todo. En sus orígenes, los herma­nos dirigían sus cartas y circulares a los hermanos que se reúnen en el Nom­bre del Señor, hoy lamentablemente se hace a la Iglesia Cristiana Evangélica de tal o cual lugar. De este modo, gradualmente, el NOMBRE DEL SEÑOR fue reemplazado sin que se dieran cuenta, por el nombre denominacional. Donde se cambia el nombre, pronto se cambia todo lo demás, como veremos a continuación.
La primogenitura fue tristemente vendida por un plato de lentejas, pocos se dan cuenta de ello y a pocos les duele esta venta humillante. ¡Qué decadencia espiritual en tan poco tiempo! ¡Qué desastre puede hacer la transgresión en la vida espiritual de los creyentes en unos pocos años!

LA CENA DEL SEÑOR
LA CENA DEL SEÑOR, instituida por el mismo Señor, encierra en sí incalculables bendiciones para los que participan dignamente de ella. Su sencillez, solemnidad y reverencia agradan al Señor y benefician al redimido. En la Cena del Señor, el creyente hace memoria de su Señor y Salvador. La mesa, el pan y la copa son su distintivo; el pan simboliza Su cuerpo crucificado y la copa Su san­gre derramada. Pero esta tan sencilla, solemne y significativa reunión se transforma en otra, donde la higiene, la precaución y los escrúpulos son preponderantes, pues, La copa se transforma en “copitas”, El pan en "trocitos" previamente cortados, y el Espíritu Santo responde: "Esto no es comer la Cena del Señor". (1° Co. 11:20). ¿Nos damos cuenta lo que significa vender LA PRIMOGENITURA?

EL MINISTERIO DE LA PALABRA
La transgresión en el MINISTERIO DE LA PALABRA sigue a la de la Cena del Señor. El ministerio fiel edifica, corrige, redarguye y santifica. Cada asamblea necesita el ministerio fiel, pues, sin este los santos no pueden desarrollarse espiritualmente. El ministerio fiel se hace aún más indispensable cuando el pueblo de Dios se une ocasionalmente, y este ministerio fiel puede proporcionarlo solamente el Espíritu Santo. Ninguna comisión, por más bien intencionada que sea, lo puede proveer, pues ningún hombre ni grupo de ellos puede monopolizar al Espíritu Santo. A los ministros de la Palabra los levanta el Señor por Su Espíritu (Le. 1:4).
¡Cuántas maravillas vio el pueblo de Dios, cuando el Espíritu tuvo libertad para escoger y levantar SUS ministros!
Lamentamos la decadencia espiritual, todos la sentimos, pero no pocos logran discernir la causa de esta pobreza espiritual.
Un orador que apela a la humana sabiduría, y que satisface humanos intere­ses, no puede ser un fiel ministro de la Palabra. ¡Cómo fue edificado el pueblo de Dios, cómo fue consolado y prevenido en aquella oportunidad en que el Espíritu Santo levantó a Jahaziel! ¡Con qué docilidad Jahaziel se sometió al Señor para comunicar la verdad al pueblo equivocado!  ¡Con qué gratitud oyó el pueblo el mensaje fiel! (2Cr. 20:8-15) ¡Qué gran consolación recibieron los afligidos, oyendo el ministerio fiel de Obed! ¡Con qué solicitud, con qué amor y fidelidad al Señor, entregó Obed su ministerio, movido por el Espíritu Santo! ¡Qué bendición tan grande es la PRIMOGENITURA de la dependencia del Señor y de la libertad del Espíritu! ¿Necesitamos más ejemplos para reconocer el valor que tiene la PRIMOGENITURA en cuánto al ministerio fiel?

EL MODO DE OFRENDAR AL SEÑOR
¡Qué perfecta y cabal es la enseñanza del Señor sobre el modo de ofrendar a Él y para Su obra!
"Honra a Jehová de tu sustancia, y de las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus trojes con abundancia" (Pr. 3:9-10)
"El alma liberal será engordada, y el que saciare, él también será saciado". (Pr. 11:25).
"Cada primer día de la semana cada uno de vosotros aparte en su casa, guar­dando lo que en la bondad del Señor pudiere"(1 Co. 16:2).
"Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, o por necesidad; porque Dios ama al dador alegre... como de bendición y no como de mezquindad "(1 Co. 9:10-15).
Cada cristiano consciente de su privilegio y de su deber ofrenda al Señor del modo indicado. Ofrenda al Señor de su sustancia, y de las primicias de TODOS sus frutos... apartando en su casa, "regularmente"... como de bendición", y “nunca”... “como de mezquindad”. Los hermanos aprendieron de las Escrituras este modo de dar, en el tiempo del DESPERTAR ESPIRITUAL. Dando así no hay necesidad de pedir, y volver a pedir, de nadie, sino que, basta simplemente presentar las necesidades al Señor, y El las suple siempre en abundancia, en su mucha misericordia. Pero al vender la PRIMOGENITURA, surgen los méto­dos humanos, qué consisten en pasar el plato o la bolsa en reuniones donde no corresponde, imitando a las denominaciones, de esta manera se transforma la ofrenda al Señor en una simple "colecta" INDISCRETA e indiscriminada.
Pedir a los que no son salvos, agravia y ofende al Señor. Dios dice: "Y de ma­no de extranjero NO OFRECERAS EL PAN de vuestro Dios. . . porque su co­rrupción está en ellas: hay en ellas falta, no se os aceptarán"(tv. 22:25).
¡Qué diferencia hay entre el modo de ofrendar indicado por el Señor y el de los hombres!
Los cálculos humanos son atractivos y cautivadores, pero son reprobados por el Señor.
¡CUANTO COSTÓ A ESAU AQUEL POTAJE BERMEJO!
¡CON QUE AMARGURA LO RECORDARA!
¡CON QUE AMARGURA LO RECORDABA DESPUES!
¡CUIDADO CON VENDER LA PRIMOGENITURA!

Sana Doctrina, 1976