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domingo, 28 de diciembre de 2025

La Salvación, Una Introducción (6)

 La Justificación

Puntos clave

   La justificación en la Biblia depende exclusivamente de la muerte de Cristo.

   La justificación es el veredicto final que Dios pronuncia.

   La justificación se recibe por fe.

   La justificación es inspirada por la gracia de Dios.

En noviembre de 1515, Martín Lutero, un profesor de teología sagrada en la Universidad de Wittenberg, comenzó a estudiar la epístola a los Romanos para exponerla en profundidad a sus estudiantes. La experiencia le iba a cambiar la vida. Más adelante escribió:

Entendí la verdad que la justicia de Dios es esa justicia mediante la cual, por pura gracia y misericordia, Él nos justifica por fe. Enseguida supe que había nacido de nuevo y que había pasado por puertas abiertas al paraíso. Toda la Escritura adquirió un nuevo significado; allí donde antes “la justicia de Dios” me había llenado de odio, ahora vino a ser indescriptiblemente agradable para en un amor más grande. Este pasaje de Pablo se convirtió en una puerta al cielo para mí.

Se puede decir que la Reforma comenzó en el momento en que Lutero clavó sus noventa y cinco tesis a la puerta de la iglesia del Castillo de Wittenberg el 31 de octubre de 1517. Estaba indignado por la venta de “indulgencias” de la iglesia católica, que prometían la remisión de pecados a cambio del pago de dinero. Las noventa y cinco tesis fueron el intento de Lutero de exponer la corrupción doctrinal y moral de la iglesia católica romana.  Por ejemplo, la tesis ochenta y seis preguntas: “¿Por qué el papa, cuya fortuna hoy es mayor que la del pudiente Craso, no construye la basílica de San Pedro con su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?” El debate que provocó se extendió por toda Europa. La iglesia católica perdió muchos seguidores y surgieron muchas iglesias nuevas. Aunque la iglesia católica ya no vende “indulgencias” y ha corregido algunos de sus casos más extremos de corrupción, aún enseña que la aceptación de Dios no depende exclusivamente de la fe. Enseña que la justificación depende del sacramento del bautismo, se mantiene por penitencia y se puede perder por un pecado “mortal”.

La palabra “justificar” (dikaioo) significa librar de culpa y declarar ser justo. Aquellos a quienes Dios ha justificado son, como resultado, “justos” a los ojos de Dios.

La justificación es una verdad clave del Nuevo Testamento, ya que se ocupa de las preguntas más fundamentales: ¿cómo podemos ser justos ante Dios? El Señor Jesucristo y los apóstoles enseñaron que ningún hombre jamás ha vivido una vida perfectamente justa, excepto el Señor Jesucristo mismo. Él es el “Justo” (Hch. 3:14), mientras que nosotros somos los “injustos” (1 P. 3:18). Debido a nuestra naturaleza pecaminosa, nunca seremos justos a los ojos de Dios. Sin embargo, Dios está dispuesto a justificarnos. Él lo hace si nos arrepentimos de nuestros pecados y ponemos nuestra confianza en Él. De ahí que lo crucial sea nuestra actitud hacia Dios. Esto requiere un cambio de nuestra parte, porque nuestra tendencia natural es oponernos a Dios.

Cuando Dios justifica al hombre, actúa como juez y libra de culpa al pecador. Esto sucede en el momento de la conversión, pero será revelado plenamente cuando lleguemos al cielo.

La justificación no significa quitar la capacidad de pecar, sino es más bien un veredicto. Dios libra de culpa al pecador porque su castigo ha sido llevado por Cristo, y el pecador recibe el beneficio de ello cuando confía en Cristo para salvación. Dios ya no le exigirá al pecador que tenga que responder por sus pecados, sino que lo considera como alguien que no tiene que dar cuenta de ningún pecado. El pecador es redefinido como uno que está “en Cristo”, y no “en Adán”.

Un hombre o una mujer es justificado(a) en el momento de su salvación. Cuando la persona pone su fe en Dios, Él lo justifica. El medio de la justificación para nosotros es la fe.

La gracia y el amor de Dios son la inspiración de la salvación. Él justifica porque desea salvar al hombre. Sin importar cuánta gracia mostrara Dios, no podía hacer algo incorrecto. No era posible que simplemente nos absolviera. El pecado es un delito y una transgresión de la ley de Dios que debe ser castigado. La cruz es la solución de Dios al problema de nuestra culpa. Al castigar a su Hijo por nuestro pecado, ya no tiene la necesidad de castigarnos a nosotros. Evidentemente, el beneficio de la cruz sólo es experimentado por los que lo aceptan. La salvación es un regalo que Dios ofrece. Si la salvación es rechazada, Dios castigará al que haya rechazado su oferta. El hecho de que el Señor Jesucristo soportara el castigo por el pecado en todas sus formas no significa que Dios no pueda castigar a un hombre por sus propios pecados. Al creerle a Dios, se le da al creyente vida eterna, sus pecados son perdonados, recibe al Espíritu Santo, pero la más importante de todas sus bendiciones es la verdad de que Dios ahora lo considera justificado y libre de toda culpa.

La capacidad de vivir de manera justa es muy diferente. El hecho de que Dios nos ha justificado es una verdad posicional y no influye directamente en nuestra justicia personal. Sin embargo, en el momento de la salvación, Dios también le da al creyente una nueva naturaleza a través del nuevo nacimiento, el Espíritu Santo para que more dentro de él y la guía escrita en la Biblia para ayudarlo a desarrollar su justicia personal.

Quizás sea la verdad más importante del Nuevo Testamento. Nuestra salvación depende de ella. La cruz es su fundamento. Aunque es peligroso ordenar las doctrinas por orden de importancia, se puede observar que, en el discurso más grande de Pablo sobre la salvación, la epístola a los Romanos, el punto central es la justificación. Como Dios puede librar de culpa al pecador, también puede impartirle nueva vida y perdonarlo.

Como hemos notado, la justificación y la justicia están interrelacionadas. Un hombre justo es un hombre recto. La Biblia llama “justos” a ciertas personas (como Simeón en Lc. 2:25 y Abel en Mt. 23:35) no porque nunca pecaran, ni porque fueran justificados por fe (aunque sí lo fueron), sino porque sus vidas eran rectas y justas. Pero ningún hombre, a excepción del Señor Jesucristo, es absolutamente justo o recto.

ESCRITURAS CLAVE

Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido (Lucas 18:13,14).

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica (Romanos 8:33).

Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas (Romanos 10:5).

Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado (Romanos 3:20).

El hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado (Gálatas 2:16).

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley (Romanos 3:28).

Y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree (Hechos 13:39).

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Romanos 3:23-26).

Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque, así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos (Romanos 5:18,19).

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira (Romanos 5:9).

Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación (Romanos 4:24,25).

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros (Romanos 8:33,34).

CITAS CLAVE

La justificación no significa que se hayan pasado por alto, suspendido o alterado las demandas justas de Dios, sino que en Cristo han sido satisfechas todas sus demandas. La vida de perfecta obediencia a la ley que llevó Cristo y su muerte expiatoria que pagó el castigo son las bases de nuestra justificación (Ro. 5:9).  Charles Caldwell Ryrie

En la teología, la justificación es el acto jurídico por medio del cual Dios declara que uno es justo al imputarle justicia. Es algo jurídico, no basado en la experiencia, y todos los creyentes en Cristo son igualmente justificados.  John F. Walvoord.


Alan Summers

sábado, 27 de diciembre de 2025

La Salvación, Una Introducción (5)

 La Santificación

Puntos clave

·         En la salvación somos apartados para Dios y hechos santos.

·         Las vidas de los creyentes deben ser apartadas para Dios y deben estar caracterizadas por la santidad práctica.

·         La santificación significa una separación de las influencias dañinas o antibíblicas.

·         Un día los santos serán sacados del mundo, pero mientras tanto somos llamados a vivir vidas santas en el mundo.

La “santificación” quiere decir dedicar o apartar a alguien o algo para Dios. La palabra en griego (jagiasmos) también se traduce en algunas partes como “santidad”. La santidad y la santificación son lo mismo. Aunque comúnmente se piensa que la santificación se trata de hacerse más espiritual y menos pecaminoso, muchas veces la palabra no tiene esa connotación. Por ejemplo, el Señor Jesucristo djo: “Yo me santifico” (Jn. 17:19), y Él no podía hacerse más santo. Lo que quería decir era que Él se santificó o se dedicó a la obra del Calvario (Jn. 10:36). A lo largo de las Escrituras se describe a Dios como “santo”. Esto no quiere decir que tenía que ser apartado, sino que siempre estaba apartado de la creación y su pecado. En el Antiguo Testamento, lo primero que Dios santificó fue un día. El día de reposo fue puesto aparte de los otros días para Dios (Gn. 2:3). En el Antiguo Testamento la santificación está acompañada a menudo de ciertos ritos. Las personas eran santificadas por el rito del lavamiento (Ex. 19:10,14), los altares eran santificados por la sangre rociada (Ex. 29:37) y los utensilios eran santificados por la aplicación del aceite (Ex. 40:10).

En el Nuevo Testamento desaparece la santificación por medio de los ritos. La santificación se convierte en una realidad espiritual que se basa en la muerte de Cristo. Un nombre común para describir a los creyentes en el Nuevo Testamento es “santos”, que significa alguien santificado. La palabra “santo” describe a todo creyente y no es un estatus que se obtiene gradualmente (Hch. 20:32; Ef. 5:26; Heb. 10:10). Por consiguiente, los creyentes cuyas vidas eran muy cuestionables fueron descritos como “santos” (1 Co. 1:2,30; 6:11).

En las Escrituras del Nuevo Testamento hallamos que hay una gran variedad de cosas que se pueden santificar, por ejemplo, la comida (1 Ti. 4:5) y el matrimonio (1 Co. 7:14). Si me alimento para tener la energía para vivir para Dios, esa comida es santificada. Si se contrae matrimonio con un deseo mutuo de agradar a Dios, ese matrimonio también es santificado. Hay mujeres “santas” (1 P. 3:5) y hombres “santos” (2 P. 1:21), profetas “santos” (2 P. 3:2) y apóstoles “santos” (Ef. 3:5). Cualquier persona o cosa dedicada a Dios es “santo”.

Aunque la santificación y la justificación ocurren de manera simultánea en el momento de la salvación, hacen referencia a diferentes aspectos de la salvación. La justificación significa que Dios elimina nuestra culpa, mientras que la santificación significa que Él aparta al creyente para el servicio.

Dios desea que lo que los creyentes son posicionalmente también lo sean en la práctica (Ro. 6:19; 12:1; 1 Ts. 4:3; 1 P. 1:15,16). Por eso, los creyentes no deben involucrarse en actividades que sean pecaminosas o que le reste valor a su servicio para Dios.

En las Escrituras se enfatizan tres agentes de la santificación: (a) el Espíritu Santo (1 Co. 6:11; 2 Ts. 2:13; 1 P. 1:2), (b) el Hijo (Heb. 10:10), y (c) la Verdad de Dios (Jn. 17:17; Ef. 5:26).

La santificación a veces se refiere al trato de Dios hacia las personas mientras están bajo convicción de pecado o la obra de Él en sus vidas antes de su conversión para que se acercaran a Cristo (1 P. 1:2; 2 Ts. 2:13). Esto no quiere decir que fueran santos antes de la conversión, sino que Dios trata con ellos de una manera especial.

El propósito supremo que Dios tiene para nosotros es nuestra plena dedicación a Él (1 Jn. 3:2; Ro. 8:29). Un día seremos santificados a Dios de manera absoluta.

ESCRITURAS CLAVE

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (1 Corintios 1:1-2).

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo, y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6:9-11).

Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas (1 Pedro 1:2).

En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre (Hebreos 10:10).

Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que, así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia (Romanos 6:19).

Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación (1 Tesalonicenses 4:3).

 

CITAS CLAVE

Existe una santificación que es absoluta y completa, y es válida para toda persona que ha puesto su confianza enteramente en Cristo Jesús para su salvación. Esta santificación no es progresiva y es igualmente válida para el creyente como su justificación (1 Co. 6:11). Por lo tanto, no está relacionada con ningún cambio moral ni práctico en su vida. El creyente es santificado por fe en Cristo Jesús (Hch. 26:18) …También existe en la Palabra de Dios lo que se podría llamar la santificación relativa… Dios llamó “tierra santa” al área que rodeaba la zarza ardiente (Ex. 3:1-6). El apóstol Pedro llamó al monte de transfiguración “el monte santo” (2 P. 1:18) … Nuestra comida es santificada por la Palabra de Dios y la oración (1 Ti. 4:4,5) … Todo esto se relaciona por asociación con la santificación. La tierra en Éxodo 3 no cambió materialmente, ni tampoco lo hizo el monte de la transfiguración. Eran santos porque el Señor estaba allí… La comida es santificada por la Palabra de Dios y las oraciones de su pueblo… la comida (no) experimenta ningún cambio material… Apreciar esta enseñanza nos ayuda a entender Hebreos 10:29, donde se considera al apóstata…También existe en la Palabra de Dios lo que se podría llamar la santificación eclesiástica (2 Ti. 2:21). Pocas cosas pueden ser más desagradables para Dios que la propagación del error en nombre de Cristo. En donde esto se acepta de manera irreversible, el claro deber del hijo de Dios que desea ser un instrumento para honra, santificado y dispuesto para el uso del Maestro es limpiarse o alejarse de esos instrumentos para usos viles. El honor al Señor y la utilidad de uno mismo para Él demanda esto en todo momento, especialmente hoy en día cuando la unidad a toda costa es el clamor de la cristiandad. A lo largo de la Palabra de Dios también existe un claro llamado a la santificación práctica. La experiencia del nuevo nacimiento y la posesión de una nueva naturaleza debe crear dentro del hijo de Dios un deseo profundo de vivir con pureza y santidad. El apóstol Pedro dice esto: “Si no, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 P. 1:15). Albert Leckie

La palabra santificar significa poner aparte (tiene la misma raíz que la palabra “santo”). La santificación tiene tres aspectos para el creyente. Primero, el creyente ha sido apartado al ser introducido en la familia de Dios. A esto se le llama generalmente santificación posicional… Esto es válido para todo creyente, independientemente de su condición espiritual… También existe un aspecto de la santificación basado en la experiencia. Como hemos sido puestos aparte, debemos apartarnos cada vez más en nuestra vida diaria (1 P. 1:16). En el sentido posicional ninguno es más santificado que otro, pero en cuanto a la experiencia es totalmente correcto decir que un creyente es más santificado que otro. Todas las exhortaciones del Nuevo Testamento que tienen que ver con el crecimiento espiritual están relacionadas con este aspecto progresivo y práctico de la santificación. También hay un sentido en el que no seremos totalmente apartados para Dios hasta que nuestra posición y nuestra práctica concuerden perfectamente, y esto solo ocurrirá cuando veamos a Cristo y seamos como Él (1 Jn. 3:1-3). Así que hay un aspecto de la santificación que a menudo es llamado nuestra última o futura santificación y que aguarda nuestra completa glorificación con cuerpos resucitados (Ef. 5:26-27; Jud. 24,25). Charles Caldwell Ryrie

 Alan Summers

viernes, 31 de octubre de 2025

La Salvación, Una Introducción: (4)

La Redención 

Puntos clave


·         La redención significa que Dios recupera la posesión de algo que antes era de Él.

·         La posesión que Dios tenía del hombre originalmente estaba basada en que Él lo había creado.

·         La redención se efectuó por medio de la muerte de Cristo.

·         La redención le da a Dios completa posesión del creyente: cuerpo, alma y espíritu.

 La idea principal de la redención en el Nuevo Testamento es que Dios ha comprado al creyente y lo ha librado del control del pecado. Aunque a veces digamos que las personas “se salvan”, la Biblia no hace referencia a la auto-redención, sino a que Dios nos redime (Sal. 49:8). Esta redención se basa en el pago por los pecados efectuado a través de la muerte de Cristo.

Las palabras griegas que se traducen como “redimir” o “redención” a veces se traducen simplemente como “comprado” (véase 1 Co. 7.23), ya que el significado básico de esas palabras es el pago de un precio. Sin embargo, la redención es un determinado tipo de compra. La redención es un pago que libera. Los esclavos eran redimidos por el pago de un precio, y así también el creyente ha sido librado por el pago de un precio.

Una consecuencia de esto es que Dios ha adquirido la propiedad del creyente. Él es dueño de nuestro cuerpo, alma y espíritu. Cuando ocurra la resurrección, Él tomará posesión de nuestros cuerpos al librarlos de la muerte, que es la prueba definitiva del dominio del pecado (Ro. 8.23). Un día, Dios retomará completo control y posesión del mundo y del universo a través de la redención.

Aunque la redención del alma es personal, la redención no siempre se trata de individuos. Dios “redimió” a toda una nación de Egipto (Ex. 6:6; 2 S. 7:23). Ellos fueron redimidos de una esclavitud humana a través del pago de la sangre del cordero de la Pascua. En el Antiguo Testamento, los animales se podían redimir (Lv. 27:27), así como las tierras (Jer. 32:7,8) y los esclavos (Lv. 25:47,29).

 

ESCRITURAS CLAVE

¨       Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28).

¨       En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia (Efesios 1:7).

¨       Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús (Romanos 3:24).

¨       Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres (1 Corintios 7:23).

¨       Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo (Romanos 8:23).

¨       Cristo nos redimió de la maldición de la ley… (Gálatas 3:13)

¨       Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras (Tito 2:14).

¨       Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:18,19).

¨       Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación (Apocalipsis 5:9).

CITAS CLAVE

Había una vez un niño que decidió construir un yate en miniatura. Trabajó por varias semanas, asegurándose de que cada detalle estuviera perfecto. Finalmente, llegó el gran día: se dirigió al muelle y muy orgulloso puso su barquito en el agua. Mientras observaba triunfante su pequeño barco, notó que el viento de repente cambió y se estaba llevando el barco cada vez más lejos. El niño estaba desconsolado. Durante un mes regresó todos los días al muelle para ver si su barco había sido arrastrado por las olas a la costa.

Por fin, un día vio su barco en la vidriera de una tienda en el mercado. Emocionado, entró a la tienda corriendo y le dijo a la propietaria que ese barco era suyo. La señora solo le contestó diciéndole que el barco le costaría dos dólares. Después de suplicarle en vano, al final el niño sacó el dinero y se lo dio a la dueña de la tienda. Al salir, el niño dijo: “Barquito, eres dos veces mío. Eres mío porque te construí y ahora eres mío porque te compré”[1].

La doctrina de la redención declara que Cristo nos compró y pagó el precio para que fuéramos rescatados del pecado. El concepto de la redención viene de la palabra griega agorazo, que significa “entrar al mercado para comprar”. En la Biblia se menciona seis veces que los creyentes son “comprados”, o “redimidos”, en relación con la muerte de Cristo (1 Co. 6:20; 7:23; 2 P. 2:1; Ap. 5:9;14:3-4). 1 Corintios 6:19,20 dice: “…no sois vuestros… habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” … Otro verbo griego que se usa para expresar la naturaleza intensiva de la redención en Cristo es exagorazo. Éste se encuentra cuatro veces en el Nuevo Testamento (Gl. 3:13; 4:5; Ef. 5:16; Col. 4:5). En Gálatas 3:13 se nos dice que fuimos redimidos y rescatados de la ley que nos condenaba. La misma idea se encuentra en Gálatas 4:5. El punto es que no solo fuimos “comprados” por la redención en Cristo, sino que también fuimos sacados del mercado, es decir, fuimos comprados fuera del mercado y se nos dio seguridad y libertad a nosotros que antes éramos esclavos[2]. (John F. Walvoord)

Alan Summers



[1] Encyclopaedia of Bible Illustrations [Enciclopedia de ilustraciones bíblicas]

 [2] What We Believe [Lo que creemos] p.74

domingo, 28 de septiembre de 2025

La Salvación, Una Introducción (3)

La propiciación

 Alan Summers


Puntos clave

·         La propiciación implica quitar la ira de Dios contra el pecado.

·         La propiciación se consiguió por medio de la muerte de Cristo.

·         La propiciación se logró porque la muerte de Cristo por el pecado es un sacrificio aceptable a Dios y que aplaca su ira hacia el pecador.

 

La propiciación describe lo que sucede cuando la ira de Dios es apaciguada. Como la Biblia enseña que el pecado provoca la ira de Dios, la pregunta es si hay algo que se pueda hacer para apaciguar esa ira. La respuesta es que, con la muerte de Cristo, se ofreció un sacrificio que propició a Dios. En otras palabras, la muerte de Cristo por el pecado agradó tanto a Dios que se efectuó la propiciación. La propiciación enfatiza que el regalo o el sacrifico que se ofreció aplacó su ira. Una idea secundaria y distinta es que la ira se agota en el regalo o el sacrificio. Este concepto está relacionado con el de la sustitución, donde la ira que nos correspondía fue cargada sobre Cristo.

La propiciación nos recuerda que, aunque es cierto que Dios ama al mundo, Él también odia el pecado, y los que cometen pecado son objeto de su ira. A la vez, Él ama a sus criaturas, ¡pero odia sus pecados y ofensas! El propósito de un sacrificio propiciatorio es permitirle a Dios que trate con los pecados, pero que perdone al pecador. La propiciación se enfoca en uno de los grandes efectos que tuvo del sacrificio de Cristo en relación con Dios: quitar la causa de la ira.

En el Antiguo Testamento, las palabras “expiar” (kafar) y “expiación” (kofer) se usan para describir el efecto del sacrificio por el pecado. Una interpretación tradicional de la expiación denotaba un sacrificio que “cubría” el pecado. Así pues, se sobreentiende que no quitaba el pecado, sino que solo lo ponía fuera de la vista de Dios.[1] Por lo tanto, se concluyó que la expiación debía contrastarse con la muerte de Cristo que “quita” el pecado (Heb. 9:26). Pero, la mejor posición es que la doctrina de la expiación del Antiguo Testamento es deficiente por la misma razón que todos los sacrificios del Antiguo Testamento también eran deficientes, a saber, que no tenían mérito intrínseco y requerían repetición. Eran provisionales y anticipaban el sacrificio final de Cristo. Si la palabra kafar significa, como creo yo, purgar o reconciliar o, en ocasiones, apaciguar por medio de un regalo, es una doctrina que se reconoce en el Nuevo Testamento y de ninguna manera es un concepto deficiente del Antiguo Testamento[2].  Por consiguiente, aunque la expiación no se mencione como un tema distinto en este escrito, ocupa su lugar junto a la doctrina de la propiciación. También se pudiera haber mencionado en relación con la reconciliación o la doctrina del lavamiento o la purificación.

 

ESCRITURAS CLAVE

¨       Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados (Romanos 3:24-25).

¨       Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo (Hebreos 2:17).

¨       Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo (1 Juan 2:1-2).

¨       En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4:10).

¨       El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él (Juan 3:36).

¨       Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia (Efesios 5:6).

 

CITAS CLAVE

Ningún hombre dejará de temblar hasta que sostenga que Dios es propiciado solamente por aquella expiación en la cual Cristo padeció su ira. En otras palabras, la paz no se debe buscar en ningún otro lugar más que en las agonías de Cristo, nuestro Redentor[3]. (Juan Calvino)

La muerte de Cristo propició a Dios, apartando su ira y permitiendo que Él recibiera en su familia a aquellos que pongan su fe en el que lo satisfizo. El alcance de la obra propiciatoria de Cristo abarca todo el mundo (1 Juan 2:2) y la base de la propiciación es su sangre derramada (Romanos 3:25)[4]. (Charles Caldwell Ryrie)

Cuando los hijos de Dios pecan, provocan su ira. Claro, su ira no es una falta de control irracional, como tantas veces lo es en los seres humanos. Su ira es la oposición resuelta de su santa naturaleza a todo lo que es malo. Esta oposición al pecado no se puede desestimar con un simple gesto de la mano. Requiere de algo mucho más significativo y la Biblia declara que solamente la cruz hizo esto… Cuando el Nuevo Testamento habla de la “propiciación”, significa que la muerte de Jesús en la cruz por el pecado de la humanidad apaciguó la ira de Dios contra su pueblo de una vez por todas... Como en el Antiguo Testamento Dios se reunía con su pueblo cuando la sangre de la ofrenda por el pecado era rociada sobre el altar, así también la muerte de Cristo nos lleva a tener comunión con Dios. [5]

Kafar: hacer expiación, hacer reconciliación, purgar. La raíz kafar se usa unas 150 veces. Se ha hablado mucho sobre la palabra. Existe una raíz árabe equivalente que significa “cubrir” u “ocultar”. Sobre la base de este vínculo, se ha supuesto que la palabra hebrea significa “cubrir el pecado” y así apaciguar a la deidad, haciendo expiación. Se ha sugerido que el rito del Antiguo Testamento simbolizaba cubrir el pecado hasta que pudiera ser tratado por la expiación de Cristo. Sin embargo, hay poca evidencia que apoye esta perspectiva. El vínculo con la palabra árabe es débil y la raíz en hebreo no se usa con el significado de “cubrir” … Se puede entender mejor la palabra kafar relacionándola con la palabra kofar, que quiere decir “rescate”. Significa “expiar ofreciendo un sustituto”. Mayormente se usa en relación con el rito sacerdotal de rociar la sangre del sacrificio y por consiguiente “hacer expiación” por el adorador. La palabra se usa cuarenta y nueve veces solamente en Levítico y en ninguna ocasión se puede observar un uso distinto. El verbo siempre se usa en relación con quitar el pecado o la contaminación, a excepción de Génesis 32:20, Proverbios 16:14 e Isaías 28:18 en donde se puede observar el significado relacionado de “apaciguar por medio de un regalo”. Parece claro que esta palabra ilustra claramente la teología de la reconciliación en el Antiguo Testamento. La vida del animal sacrificado, simbolizada específicamente por su sangre, se requería a cambio de la vida del adorador.[6]  (Laird Harris)


[1] Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento exhaustivo de Vine, p. 10

 

 

[2] Theological Wordbook of the Old Testament [Libro de palabras teológicas del Antiguo Testamento] 1:453. Véase la cita al final del capítulo.

[3] Institución de la religión cristiana.

[4] Síntesis de doctrina bíblica

[5] Glosario Holman de términos bíblicos, p.370

 

[6] Theological Wordbook of the Old Testament [Libro de palabras teológicas del Antiguo Testamento] pp.452-453