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viernes, 2 de agosto de 2019

EXTRACTOS

La libertad cristiana afecta a otros

Un cristiano nunca usará su libertad para hacer que otros cris­tianos tengan mala conciencia. Pablo habló sobre la carne ofre­cida a los ídolos, y algunos cristianos tenían problemas con ese tema. En 1 Corintios 8, Pablo viene a decir: “Yo no tengo proble­mas con la carne que ha sido ofrecida a los ídolos, siempre que sea carne saludable y limpia. Porque no creo que un ídolo sea real. Hay un Dios, un Señor, un Espíritu, y todos esos presuntos dioses son imitaciones. Para mí no existen”.
“Sin embargo”, añadió Pablo, “cuando estoy en casa de un cristiano joven que no sabe esto, me abstengo respetuosa­mente de comer carne ofrecida a los ídolos, para no ofender su conciencia”. Por consiguiente, un cristiano corre el peligro de permitir que esta misma libertad sea un tropezadero para otra persona, de modo que hace libremente cosas que otras personas considerarán pecados; por lo tanto, es un obstáculo para otros.
     Una regla que yo sigo es la de ser tan libre en Cristo como Él nos hizo. Recuerda que no eres un esclavo, sino un hijo. No eres un siervo en la casa, sino un hijo en la familia. Eres el hijo de tu Padre. Sé libre, pero no uses tu libertad como licencia para la carne. Mortifica la carne y mantenía sometida, y echa sobre ti cargas de amor porque eso agrada a Cristo. Una carga que echo voluntariamente sobre mis hombros no es una carga.

domingo, 7 de julio de 2019

EXTRACTOS


La verdadera libertad cristiana

La libertad cristiana es la libertad para vivir en el Espíritu, sin obstáculos externos. La libertad cristiana es verse libre del temor al gobierno, libre del miedo a tus pecados, del miedo al servicio a Dios, del temor al diablo, libre del miedo a los gatos negros, los pájaros, los amuletos, hechizos, encantamientos y bruje­rías, libre de la esclavitud religiosa del tipo que sea, y libre del yugo férreo de las tradiciones. La libertad cristiana es la libertad de vivir en el Espíritu y adorar a Dios en espíritu y en verdad. Cuando se convierte en la libertad para pecar de modo que “la gracia sobreabunde”, Pablo clamaba en contra de ello y decía: “En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Ro. 6:1-2).
Tenemos libertad para amar, de modo que nuestra conducta nazca del amor y de la libertad para no odiar. Es maravilloso verse libre del odio. El odio es un cáncer moral que carcome el alma hasta matar a su víctima. Liberarse del odio es como curarse de un cáncer. La libertad del odio, de la envidia, de la ambición impía, de querer salimos siempre con la nuestra, y la libertad para hacer la voluntad de Dios es la libertad cristiana; esta es la genuina libertad cristiana. La libertad cristiana nunca con­siste en ser libres para cometer cualquier tipo de pecado. El hijo de Dios que vive la auténtica vida cristiana en su interior, cuyo corazón es una fuente de afecto y de amor por Dios, no pecará; pero, si lo hace, lo confesará entristecido y será perdonado y lim­piado, y decidirá no volver nunca más a sumirse en el pecado. 

lunes, 10 de junio de 2019

EXTRACTOS


El peligro de llevar la libertad demasiado lejos
“Antinomianismo” es una palabra larga y difícil que significa que algunas personas tienden a llevar la lógica desenfrenada hasta un extremo. Si me levanto y les digo “Ustedes son libres”, inmediatamente dan un salto y dicen: “Gracias a Dios, soy libre. Haré lo que me apetezca”, y salen a la calle y pecan para demos­trar lo libres que son.
Pablo dijo: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servios por amor los unos a los otros” (Gá. 5:13). Dios nos liberó, pero no lo hizo para que hiciéramos el mal. Nos dio libertad para hacer el bien. La libertad propia del cris­tiano es la libertad para hacer el bien. Dios nunca dijo: “Ahora que eres libre, vete a pecar”. Algunos cristianos han llevado la libertad hasta un extremo tan ridículo e impío que dicen: “Para que la gracia siga activa, tengo que pecar un poco”. Creo que esto es una herejía trágica, y que los hijos de Dios deben verla como lo que es, y huir de ella como lo harían de una enfermedad con­tagiosa.
A.W. Tozer, Los Peligros de la Fe superficial, página 114

miércoles, 1 de mayo de 2019

EXTRACTOS


   No pospongas reunirte para orar
     Hay muchos cristianos que nunca aparecen en las reuniones de oración. Si anuncias un banquete aparecerán todos. Si anuncias una reunión de oración, aparecerán unos pocos. Se puede determinar que asisten a la reunión de oración; de eso no cabe ninguna duda.
          “Ya sé que debería ir, y la semana que viene pienso hacerlo”. Llega la siguiente semana presentas a la reunión. Si fuera tan fiel para ir a trabajar como lo eres para asistir a la reunión de oración, seguramente dentro de poco tiempo ya no tendrías empleo. Nada nos aleja del trabajo, pero casi cualquiera cosa nos aparta de la reunión de oración por el simple motivo de que buscamos un desvío, un lugar donde escondernos.
         Decimos: “La semana que viene empiezo”. Si todas las personas que tienen intención de ir a la reunión de oración asistieran a ella, no habría sitio para todas. Decimos “la semana que viene”, pero no lo hacemos. De modo que ese monstruo se come tu mañana y eres víctima de la postergación.
A.W. Tozer, “Los peligros de la fe superficial, página 148-149.

lunes, 8 de abril de 2019

Extractos


   Cuando el Espíritu Santo empieza a moverse en nuestra vida, creemos que podemos cambiar la comunidad cristiana. Como siempre, nos sale el tiro por la culata, permitiendo que sea la comunidad la que nos cambie y fije nuestros estándares La psicología de las masas a veces influye hasta en la comunidad cristiana, lo cual podría explicar todas las iglesias muertas que hay hoy en día en nuestro país.
No puedes cambiar la comunidad, algo que está más allá de toda posibilidad, pero puedes cambiarte a ti mismo. O, más bien, puedes dejar que el Espíritu Santo te cambie, un cambio que tiene lugar en lo más íntimo de tu vida. Entonces, ese cam­bio interno empezará a afectar lentamente lo exterior.
El tipo correcto de cambio puede afectar a todos los que te rodean. Este despertar espiritual no depende de la comunidad, pero puede afectarla drásticamente. El cambio en tu vida puede afectar el cambio en la comunidad. Como un fuego que empieza siendo pequeño puede encender todo lo que está alrededor, el fuego del despertar espiritual en nuestro interior puede fluir por nosotros y tocar a todos quienes nos rodean, cambiando realidad nuestra comunidad.
A.W. Tozer, Los peligros de la de fe superficial, Página 210

martes, 12 de marzo de 2019

Extractos

Es curioso ver que las personas reaccionan a la enfermedad física de dos maneras opuestas. Algunos reaccionan usándola como un medio de la gracia. David dijo: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; más ahora guardo tu palabra” (Sal 119:67). Mientras David estuvo enfermo, tuvo tiempo para reflexionar, orar y esperar en Dios, y usó su aflicción como un medio de la gracia. Otro, en cuanto se ven afectados por aflicciones físicas, tiran la toalla.
         Algunas personas saben cómo utilizar la aflicción física. David dijo: “Antes de enfermar, me descarrié, fui descuidado. Cuando enfermé, tuve tiempo de reflexionar y hacer las paces con Dios”. En cualquier caso, los problemas económicos o las aflicciones físicas son peligros, pero este breve versículo me ha consolado: “Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida (Pr. 24:10). No promete nada; simplemente hace una afirmación poco halagüeña sobre un hombre, y sin embargo este versículo reconforta.
Los Peligros de la fe superficial, A.W. Tozer, Pag 138-19

martes, 10 de julio de 2012

¡Oh Señor, Vuélvenos a ti!


Es más que probable que en toda la historia de los Estados Unidos nunca haya habido en ningún momento tanta actividad religiosa como la que existe en la actualidad. Y también es muy probable que nunca existiera menos espiritualidad. Por la razón que sea, el activismo religioso y la piedad son cosas que no siempre van juntas. Para descubrir esto, sólo es necesario observar la actual escena religiosa. 
            No hay, desde luego, ausencia de esfuerzos por ganar almas, pero muchos de nuestros ganadores de almas dan la impresión de que son poco más que vendedores de una marca de cristiandad que sencillamente no conduce a la santidad.
            Si esto te choca como poco caritativo, haz esta pequeña prueba; arrodíllate y lee con reverencia el Sermón del Monte. Deja que se apodere de tu corazón. Atrapa su «sentir» espiritual. Intenta concebir qué clase de persona sería la que viviera sus enseñanzas. Luego compara tu concepción con el producto de la moderna cadena de producción religiosa. Encontrarás todo un mundo de diferencia tanto en conducta como en espíritu.
            Si el Sermón del Monte es una buena descripción de la clase de persona que debiera ser un cristiano, entonces ¿a qué conclusión debemos llegar acerca de las multitudes que han «aceptado» a Cristo y que sin embargo no exhiben un rasgo moral o espiritual como los descritos por nuestro Señor?
Ahora bien, la experiencia nos ha preparado para la réplica que seguramente oiremos de amigos de tierno corazón. « ¿Quiénes somos nosotros para juzgar? Tenemos que dejar a estos profesos cristianos al Señor y cuidarnos de nuestra propia casa. Y, además, debiéramos sentirnos agradecidos por todo el bien que se está haciendo, y no estropearlo buscando faltas.»
            Todo esto suena muy bien, pero es una expresión de un laissez faire religioso que se echaría descuidadamente a un lado y que dejaría que toda la iglesia de Cristo degenerara moral y espiritualmente sin osar levantar una mano para ayudar o dar una voz para advertir. Y no lo hicieron así los profetas. No lo hicieron así ni Cristo, ni sus apóstoles, ni los reformadores; y no lo hará nadie que haya visto abierto el cielo y haya visto visiones de Dios.
            Elías hubiera podido mantenerse callado y se hubiera ahorrado muchos problemas. Juan el Bautista hubiera podido quedarse callado y salvar su cabeza; y cada mártir hubiera podido haber recurrido al laissez faire y muerto cómodamente en su cama cargado de días. Pero con ello habrían desobedecido a Dios y se habrían expuesto a un severo juicio en el día de Cristo.
            La ausencia de devoción espiritual en la actualidad es un signo ominoso y un portento. La moderna iglesia sólo tiene menosprecio hacia las virtudes sobrias: la mansedumbre, la modestia, la humildad, la apacibilidad, la obediencia, el desprendimiento, la paciencia. Para ser aceptada en la actualidad, la religión tiene que estar en la corriente popular. Y por ello mucha de la actividad religiosa rebosa de soberbia, de exhibicionismo, de autoafirmación, de promoción del ego, de amor de ganancia y de entrega a los placeres triviales.
            Nos corresponde tomarnos todo esto en serio. Se está agotando el tiempo fijado para cada uno de nosotros. Lo que se debe hacer se debe hacer rápidamente. No tenemos derecho a permanecer ociosos y dejar que las cosas sigan su curso. Un granjero que deja de cuidar su rebaño encontrará a los lobos haciéndolo por él. Una caridad mal entendida que permite que los lobos destruyan el rebaño no es caridad en absoluto, sino indiferencia, y debería ser llamada por su nombre y tratada en consecuencia.
            Es hora de que los cristianos creyentes en la Biblia comiencen a cultivar las gracias sobrias y que vivan entre los hombres como hijos de Dios y herederos de las edades. Y esto demandará más que un poco de acción porque todo el mundo y una gran parte de la iglesia están lanzados a impedirlo. Pero si Dios es por nosotros, ¿quién contra  nosotros?

sábado, 9 de junio de 2012

La Vieja y la Nueva Cruz


Sin ser anunciado del todo y en la mayoría de los casos sin ser detectado, ha surgido en los tiempos modernos una nueva cruz dentro de los círculos evangélicos más populares.
      Esta es semejante a la vieja cruz, aunque diferente: los parecidos son superficiales; pero las diferencias, son fundamentales. De esta nueva cruz ha surgido una nueva filosofía de la vida cristiana, y de esta nueva filosofía ha venido una nueva técnica, un nuevo tipo de reunión y una nueva clase de predicación. Este nuevo evangelismo emplea el mismo lenguaje que el viejo, pero su contenido no es el mismo, ni tampoco sus énfasis.
      La vieja cruz no tenía acuerdo alguno con el mundo. Para la orgullosa carne de Adán, esto significaba que ya había terminado su jornada. Sobre ella cayó la sentencia impuesta por la ley del Sinaí. La nueva cruz no es opuesta a la raza humana; más aún, es su amiga íntima, si lo entendemos correctamente, ella es la fuente de los océanos de diversiones puras e inocentes entretenimientos. Ella deja a Adán que viva sin interferirlo en nada. La motivación de su vida no ha cambiado; él aún vive para sus propios placeres, sólo que ahora se deleita en cantar coros y ver películas religiosas en vez de cantar canciones indecentes y tomar bebidas alcohólicas fuertes. El acento está aún en el entrete­nimiento, aunque el placer está situado en un plano moral sino intelectualmente más elevado.
      La nueva cruz fomenta un nuevo y enteramente diferente acercamiento evangelístico. El evangelio no demanda abnegación de la vieja vida antes de que la nueva pueda ser recibida. El predica no contrastes sino parecidos. Él busca la clave en el interés público para mostrar que el cristianismo no hace demandas que sean desagradables, más bien, ofrece las mismas cosas que el mundo, sólo que con un nivel más alto. Cualquier cosa que cause algarabía en el mundo pecador, luego de un tiempo es exhibido hábilmente como de las muchas cosas que el evangelio ofrece, sólo que el producto religioso es mejor.
      La nueva cruz no mata al pecador, ella lo perdona. Ella lo encaja a una manera más limpia y alegre de vivir y le conserva su amor propio. Al demasiado seguro de sí mismo le dice, "ven y afírmate en Cristo". Al egoísta ella le dice, "ven y alardéate en el Señor". Al buscador de emociones le dice, "ven y gózate de las emociones de la vida cristiana". El mensaje cristiano se inclina en la dirección de la corriente de moda con la finalidad de hacerlo aceptable al público.
      La filosofía que está detrás de estas clases de cosas puede ser sincera; pero su sinceridad no la libra de ser falsa. Ella es falsa porque es ciega. Ella extravía completamente todo el significado de la cruz. La vieja cruz es un símbolo de muerte. Ella significa el fin abrupto, violento de un ser humano. El hombre que en tiempo del imperio romano tomó su cruz y comenzó a andar el camino habiéndolas antes dicho adiós a sus amigos. El no tuvo vuelta atrás. El siguió hasta ver su vida terminada. La cruz no hizo compromiso, no modificó nada, no escatimó nada; ella eliminó todo lo del hombre, lo hizo completamente y para siempre. Ella no trató de mantener buenos términos con su víctima. Ella golpeó con crueldad y fortaleza, y cuando hubo terminado su trabajo, el hombre no fue más.
      La raza de Adán está bajo sentencia de muerte. No hay conmutación ni escape. Dios no puede aprobar ninguno de los frutos del pecado, aunque a los ojos de los hombres puedan parecer inocentes o hermosos. Dios salva al individuo mediante su liquidación y luego lo levanta a novedad de vida. El evangelio que traza un amistoso paralelismo entre la vía de Dios y la vía de los hombres es bíblicamente falso y cruel para las almas de sus oidores. La fe de Cristo no es paralela al mundo, lo intercepta. Al venir a Cristo nosotros no traemos nuestra vida vieja y la elevamos a un plano más elevado; nosotros la dejamos en la cruz. El grano de trigo debe caer a la tierra y morir.
      Nosotros que predicamos el evangelio no debemos pensar que somos agentes de relaciones públicas enviados para establecer buenas relaciones entre Cristo y el mundo. No debemos imaginarnos comisionados a hacer que Cristo sea aceptado por los grandes negocios, la prensa, el mundo del deporte o la educación moderna. No somos diplomáticos sino profetas, y nuestro mensaje no es un compromiso sino un ultimátum.
      Dios ofrece vida, pero no una mejoría de la vieja vida. La vida que Él ofrece es vida libre de muerte. Ella está colocada siempre distante de la cruz. Cualquiera que quiera poseerla debe pasar bajo la vara. Debe repudiarse a sí mismo y estar de acuerdo con la justa sentencia de Dios en contra de él.
      ¿Qué significado tiene esto para el individuo, para el hombre condenado que desea hallar vida en Cristo Jesús? ¿Cómo puede esta teología ser vertida a su vida? Simplemente él debe arrepentirse y creer. El debe abandonar sus pecados y luego negarse a sí mismo. No debe ocultar nada, no debe defender nada, ni excusar nada. No debe buscar hacer acuerdos con Dios, sino debe inclinar su cabeza ante el golpe nada placentero de la severidad de Dios y reconocerse a sí mismo como digno de muerte. Habiendo hecho esto, debe fijar su mirada y confiar simplemente en el Salvador resucitado, y de Él vendrá la vida y el nuevo nacimiento, la limpieza y el poder. La cruz que terminó con la vida terrenal de Jesús, ahora le pone fin al pecador; y el poder que levantó a Cristo de entre los muertos ahora le levantará a una nueva vida con Cristo.
            A cualquiera que quiera objetarlo o tomarlo como meramente un punto de vista estrecho y particular de la verdad, le diré que Dios ha establecido Su marca de aproba­ción de este mensaje desde los días del apóstol Pablo hasta el presente. Ya fuese establecido con estas mismas palabras o no, este ha sido el contenido de todas las pre­dicaciones que han traído vida y poder al mundo a través de los siglos. Los reformadores, los que han producido avivamientos han hecho sus énfasis aquí, y señales y prodigios y operaciones po­derosas del Espíritu Santo dieron testimonio de la aprobación divina ¿Osamos nosotros, los herederos de tal legado de poder, pisotear la verdad? ¿Osamos nosotros con nuestros lápices rudos borrar las líneas del cianotipo o alterar el patrón que se nos mostró en el Monte? ¡Que Dios no lo permita! Déjennos predicar la vieja cruz y conoceremos el viejo poder.
(Tomado de Senda de Luz 2008)
-bottom| � ; a � � om:.0001pt;text-align: justify;text-justify:inter-ideograph;line-height:normal'>            Este fue un cumplimiento preliminar y parcial de las palabras del salmista. Van a tener un cumplimiento definitivo al finalizar el período de la Tribulación cuando los gobernantes del mundo se unirán en un inútil intento de impedir que Cristo tome las riendas del gobierno universal.
            Un ejemplo final de la "ley de doble referencia" se puede hallar en profecías que tratan de la restauración de Israel (Is.43:5-7; Jer.16:14-15; Ez.36:8-11; 37:21). Estas profecías tuvieron un cumplimiento solamente parcial cuando un remanente de los judíos retornó de la cautividad babilónica a Israel, tal como se describe en Esdras y en Nehemías. Pero el evento principal es todavía futuro. Todas las restauraciones del pasado han sido insignificantes. Durante el tiempo de la angustia de Jacob, Dios llevará a su pueblo escogido terrenal a Israel procedentes de todas partes del mundo (Mt.24:31; Dt.30:3-4; Ez.36:24-32; 37:11-14). Entonces, y solamente entonces, se cumplirán total y definitivamente las profecías.
 Contendor por la Fe, Nº 239-240, Septiembre-Octubre de 1985

domingo, 12 de febrero de 2012

EQUILIBRIO CRISTIANO

El fariseísmo es de temer para el cristiano, así como lo era antiguamente para el judío. En efecto, la verdad comunicada va mucho más allá de lo que había recibido el judío y, por otra parte, la separación cris­tiana es esencialmente interior, mientras que la del israe­lita consistía sobre todo en formas exteriores. Por consi­guiente, el cristiano está siempre en peligro de conside­rar como algo satisfactorio una separación hacia Dios que, en lugar de ser realizada por medio del Espíritu Santo en verdad y en amor entre aquellos que están vin­culados al Señor, se contentará con un cierto número de abstenciones y de prohibiciones, en un esfuerzo por ser diferente de los demás, es decir, con un espíritu de supe­rioridad. Aquel que no vela se expone así a engañarse a sí mismo al pretender edificar la cosa más contraria al pensamiento de Cristo, a saber, un sectarismo real aun­que inconsciente.
He aquí de qué manera el Espíritu de Dios guarda a los creyentes para que su separación, sin dejar de ser santa, conserve el sabor de la gracia de Dios y no el del orgullo del hombre : Él produce en ellos "rogativas, ora­ciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres" (1 Timoteo 2: 1). No se trata sólo de orar incansablemente, ni de orar de manera exclusiva por los hijos de Dios y especialmente por aquellos que se reú­nen únicamente al nombre del Señor Jesús. En este ver­sículo encontramos una exhortación a practicar todas las formas de la oración sobre la amplia base de las rela­ciones de Dios con toda la humanidad. Los santos deben corresponder a esa exhortación si no quieren ser infieles a la verdad. Ellos también tienen con Dios una relación semejante. Incluso el Evangelio, por medio del que han sido salvados, debería recordárselo. En efecto, si la Iglesia, en su unión con Cristo, o más bien si Cristo, unido a la Iglesia, es la manifestación particular de los consejos divinos, el Evangelio es la manifestación permanente de la gracia de Dios para con el mundo. Los creyentes, pues, conociendo esos dos aspectos de la verdad, son responsables de un verdadero testimonio tanto acerca del uno como del otro. Y en la práctica comprobaremos cómo la exageración en un sentido no solamente tenderá a perder de vista el otro lado, sino incluso a corromper lo que había llegado a ser la única preocupación. Porque Cristo es la verdad. Ni el Evangelio, ni la Iglesia tienen derecho a nuestro amor exclusivo, sino que los dos lo tienen a la vez, con sumisión al Señor. Y nosotros somos exhortados a ser testigos de la verdad, no estando santificados por una u otra de esas verdades, sino por la verdad. "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17: 17).
Tal era antiguamente el peligro, y lo sigue siendo hoy. Los creyentes, como todos los otros hombres, son susceptibles de ser obstinados. Puede parecer muy espi­ritual escoger una posición extrema y mantenerse en ella. Quien así lo hace se imagina que está resguardado en una especie de esfera celestial: "la Iglesia". Por otro lado, puede parecer deseable, en cambio, liberarse de este tema de la Asamblea, del cual se ha abusado tanto como pretexto para la ambición e incluso para los celos y las disputas, rechazando así a los cristianos en lugar de reunidos alrededor del nombre del Señor. Sí, en esas condiciones y en el actual estado de ruina de la cristiandad, podría parecer deseable consagrar toda la energía de ella a la buena nueva que salva a las personas de la perdición y las lleva a Dios. Pero eso sería abandonar el círculo más limitado de lo que Cristo ama y honra. La única actitud justa, santa, fiel, consiste en mantener todo lo que es precioso a sus ojos : por un lado amar a la Iglesia con todo lo que se relaciona a ella, y por el otro dirigirse a la humanidad entera con la gracia que manifieste la luz de un Dios Salvador.
"Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; mise­ricordia y verdad van delante de tu rostro" (Salmo 89: 14).

Los frutos de la obediencia

Obedecer según el nuevo testamento, significa poner seria atención a la palabra de Dios, someterse a su autoridad y practicar sus instrucciones. La obediencia, en este sentido, es casi una letra muerta en el cristianismo moderno. Se puede enseñar de vez en cuando de una manera lánguida, pero no se destaca suficientemente como para darle poder a la vida de los oyentes.
            Para que una doctrina sea efectiva, además de ser recibida y sostenida por la iglesia; tiene que estar respaldada por tal fuerza de convicción moral que el hincapié caiga como un golpe sobre el fulminante, para que haga estallar la energía que esta latente dentro de ella. La iglesia de nuestro tiempo ha suavizado la doctrina de la obediencia, bien descuidándola por completo o mencionándola solo en forma apologética, como si fuera de paso. Este es resultado de una confusión fundamental en la mente del predicador y de la iglesia respecto a la obediencia y las obras.
            Al descartar la falsa doctrina de la salvación por medio de las obras, hemos caído en el error opuesto de la salvación sin obediencia. La biblia no enseña nada acerca de la salvación aparte de la obediencia. Pablo dio testimonio que el fue enviado a predicar “la obediencia a la fe en todas las naciones”. El les recordó a los cristianos de Roma que habían sido libertados del pecado por la siguiente razón: “…habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados”.
            En el nuevo testamento no hay contradicción entre la fe y la obediencia, pero si entre la fe y las obras de la ley y también entre la ley y la gracia. La Biblia no reconoce ninguna fe que no conduzca a la obediencia, ni ninguna obediencia que no brote de la fe. Las dos son los lados opuestos de la misma moneda. Si usted tuviera que dividir una moneda por un filo, destruiría ambos lados, perdiendo totalmente su valor. Del mismo modo la fe y la obediencia están unidas para siempre y ambas pierden su valor cuando se separan. El problema que muchos tenemos hoy consiste en que estamos tratando de creer, sin intentar obedecer.
El mensaje de la cruz contiene dos elementos: 
1) promesas y declaraciones que deben creerse
2) mandamientos que deben obedecerse.
            Obviamente, la fe es necesaria para las primeras y la obediencia, para lo segundo. De hecho lo único que podemos hacer con una promesa o una declaración es creerla; físicamente es imposible obedecerla, porque no se refiere a nuestra voluntad, sino a nuestro entendimiento. Igualmente es imposible creer en un mandamiento, porque no esta dirigido esencialmente a nuestro entendimiento, sino a nuestra voluntad. Ciertamente, podemos tener fe en su justicia; confiar en que es un mandamiento bueno y correcto; pero eso no es suficiente. Mientras rehusemos obedecer, no hemos hecho nada con respecto al mandamiento. Esforzarnos para creer aquello que se dirige a nuestra obediencia es enmarañarnos desesperadamente en un laberinto de imposibilidades.
            La doctrina del Cristo crucificado y la riqueza de verdades que se vinculan a ella, tienen este doble contenido. Por tanto, el apóstol puede hablar acerca de “la obediencia a la fe”, sin contradecirse. Se puede afirmar: “el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”, y “…vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. No hay nada incompatible entre estas dos declaraciones cuando se entienden a la luz de la unidad, esencial entre la fe y la obediencia.
            La debilidad del mensaje que predicamos hoy radica en hacer más hincapié en la fe que en la obediencia. Esto se ha llevado tan lejos que, en la mente de millones de personas religiosas, la palabra creer tiene el doble de significado de creer y obedecer. Se ha producido una hueste de cristianos mentales cuyos caracteres están mal formados y sus vidas fuera de proporción. Erróneamente se ha tomado la imaginación como si fuera la fe, y se ha hecho que le sirva a la obediencia.
            Hay una enfermedad mental bastante conocida entre nosotros, que consiste en que el paciente vive en un mundo completamente imaginario, ficticio, lleno de fantasía, sin ninguna realidad objetiva que corresponda a esa fe. Todos saben esto, excepto el mismo paciente; el discute a favor de su mundo con toda la lógica de un hombre cuerdo; y lo patético es que el es absolutamente sincero.
            Por tanto, hallamos cristianos que han vivido durante tanto tiempo en la atmosfera enrarecida de  la imaginación que parece casi imposible relacionarlos con la realidad. La desobediencia ha paralizado sus piernas morales y disuelto su columna vertebral; así que se desploman en un montón esponjoso de teoría religiosa, y creen todo con ardor, pero no obedecen en absoluto. En verdad, se escandalizan profundamente con solo oír la palabra “obedecer”. Para ellos huele a herejía y fariseísmo. Piensan que son los únicos que han usado bien la palabra de verdad. ¡Su doctrina de acción indolente es la religión del nuevo testamento! ¡Por esa razón murieron  los reformadores! Todo lo demás es la religión de Caín. Si no fuera por el hecho de que este credo del impase moral ha influido prácticamente en todo rincón del mundo cristiano; ha capturado a los seminarios e institutos bíblicos, ha determinado el contenido de la predicación evangélica y hasta ha llegado a decidir que clase de cristianos debemos ser; todo esto pudiéramos pasarlo por alto y tomarlo como solo una cosa mas.
            Tengo la convicción que el falso concepto moderno de la función de la fe y el hecho que nuestros maestros no insisten en la obediencia, han debilitado a la iglesia y retardado lamentablemente el avivamiento en este ultimo siglo. La única cura consiste en eliminar la causa. Para esto se necesita cierto valor, pero vale la pena el empeño decidido. Siempre estamos en peligro de ser victimas de las palabras. Una frase toma a menudo el lugar de la realidad espiritual; por ejemplo “seguir al señor” o “seguir al cordero” (Apocalipsis 14:4). No podemos, como los primeros discípulos seguir al maestro en determinada área geográfica. Tenemos la tendencia de pensar en esto con sentido literal, pero al mismo tiempo sabemos que es imposible y esto ha llegado a significar poco más que un acuerdo manifestado con movimientos afirmativos de la cabeza a las verdades del cristianismo. Pudiera sorprendernos el hecho de saber que el verbo “seguir” es una palabra en el nuevo testamento que se usa para referirse al hábito establecido de obedecer los mandamientos de Cristo.

Examinemos algunos frutos de la obediencia mencionados en el nuevo testamento:
            La casa del hombre obediente se construye sobre la roca (Mateo 7:24). Este hombre será amado por el padre, y contara con la manifestación del padre y del hijo, quien vendrá a el y hará morada en el (Juan 14:21-23). Este permanecerá en el amor de Cristo (Juan 15:10). Mediante la obediencia a la doctrina de Cristo, es libertado del pecado y hecho siervo de la justicia (Romanos 6:17-18); se le da el Espíritu Santo (Hechos 5:32). Se libra de engañarse así mismo y es bienaventurado en todo lo que hace (Santiago 1:22-25). Su fe es perfeccionada (Santiago 2:22). Es confirmado en la seguridad que tiene de Dios y en la confianza de que todo lo que pida en oración lo recibirá (1 Juan 3:18-22).
            Estos son algunos versículos que pueden citarse del nuevo testamento, sin embargo, más importante que cualquier cantidad de versículos probatorios es el hecho de que el flujo total del nuevo testamento se mueve en este sentido. Uno o dos versículos pudieran ser malinterpretados, pero no se puede interpretar mal el tenor total de la escritura.
            ¿Hasta donde llega todo esto? ¿Cuáles son las implicaciones prácticas para nosotros los cristianos comunes y corrientes de hoy?
            Podemos estar seguros de esto: Dios nos enviara las lluvias de bendición tan pronto como comencemos a obedecer sus claras instrucciones. No necesitamos una nueva doctrina, ni un nuevo movimiento, ni una “clave”, ni siquiera un evangelista importado o un “curso” costoso para que nos muestren el camino. Esta claro delante de nosotros como una autopista de cuatro canales juntos. 
            A cualquiera que pregunte, le diría: “sencillamente haga lo que usted sabe que debe hacer a continuación, para poner en practica la voluntad del Señor. Si hay pecado en su vida, abandónelo. Apártese de la mentira, murmuración, deshonestidad o de cualquier pecado. Abandone los placeres mundanales, la extravagancia en el gasto, la vanidad en el vestir, en su carro, en su hogar. Póngase en armonía con cualquier persona a la que haya hecho algún mal. Perdone a cualquiera que haya actuado mal con usted. Comience a usar su dinero para ayudar a los pobres y llevar adelante la causa de Cristo. Tome la cruz y viva con sacrificio. Ore, de, asista al servicio del Señor. Testifique de Cristo, no solo cuando sea conveniente, sino también cuando comprenda que debe hacerlo. No considere el costo, ni tema las consecuencias. Estudie el nuevo testamento para conocer la voluntad de Dios y luego hágala tal como la comprende. Comience ahora, dando el paso siguiente y prosiga”
Tomado del libro "Sendas que conducen al Poder" de A.W. Tozer

domingo, 12 de junio de 2011

Oh Señor, Vuélvenos a ti

Es más que probable que en toda la historia de los Estados Unidos nunca haya habido en ningún momento tanta actividad religiosa como la que existe en la actualidad. Y también es muy probable que nunca existiera menos espiritualidad. Por la razón que sea, el activismo religioso y la piedad son cosas que no siempre van juntas. Para descubrir esto, sólo es necesario observar la actual escena religiosa.
No hay, desde luego, ausencia de esfuerzos por ganar almas, pero muchos de nuestros ganadores de almas dan la impresión de que son poco más que vendedores de una marca de cristiandad que sencillamente no conduce a la santidad.
Si esto te choca como poco caritativo, haz esta pequeña prueba; arrodíllate y lee con reverencia el Sermón del Monte. Deja que se apodere de tu corazón. Atrapa su «sentir» espiritual. Intenta concebir qué clase de persona sería la que viviera sus enseñanzas. Luego compara tu concepción con el producto de la moderna cadena de producción religiosa. Encontrarás todo un mundo de diferencia tanto en conducta como en espíritu.
Si el Sermón del Monte es una buena descripción de la clase de persona que debiera ser un cristiano, entonces ¿a qué conclusión debemos llegar acerca de las multitudes que han «aceptado» a Cristo y que sin embargo no exhiben un rasgo moral o espiritual como los descritos por nuestro Señor?
Ahora bien, la experiencia nos ha preparado para la réplica que seguramente oiremos de amigos de tierno corazón. « ¿Quiénes somos nosotros para juzgar? Tenemos que dejar a estos profesos cristianos al Señor y cuidarnos de nuestra propia casa. Y, además, debiéramos sentirnos agradecidos por todo el bien que se está haciendo, y no estropearlo buscando faltas.»
Todo esto suena muy bien, pero es una expresión de un laissez faire religioso que se echaría descuidadamente a un lado y que dejaría que toda la iglesia de Cristo degenerara moral y espiritualmente sin osar levantar una mano para ayudar o dar una voz para advertir. Y no lo hicieron así los profetas. No lo hicieron así ni Cristo, ni sus apóstoles, ni los reformadores; y no lo hará nadie que haya visto abierto el cielo y haya visto visiones de Dios.
Elías hubiera podido mantenerse callado y se hubiera ahorrado muchos pro-blemas. Juan el Bautista hubiera podido quedarse callado y salvar su cabeza; y cada mártir hubiera podido haber recurrido al laissez faire y muerto cómodamente en su cama cargado de días. Pero con ello habrían desobedecido a Dios y se habrían expuesto a un severo juicio en el día de Cristo.
La ausencia de devoción espiritual en la actualidad es un signo ominoso y un portento. La moderna iglesia sólo tiene menosprecio hacia las virtudes sobrias: la mansedumbre, la modestia, la humildad, la apacibilidad, la obediencia, el desprendimiento, la paciencia. Para ser aceptada en la actualidad, la religión tiene que estar en la corriente popular. Y por ello mucha de la actividad religiosa rebosa de soberbia, de exhibicionismo, de autoafirmación, de pro-moción del ego, de amor de ganancia y de entrega a los placeres triviales.
Nos corresponde tomarnos todo esto en serio. Se está agotando el tiempo fijado para cada uno de nosotros. Lo que se debe hacer se debe hacer rápidamente. No tenemos derecho a permanecer ociosos y dejar que las cosas sigan su curso. Un granjero que deja de cuidar su rebaño encontrará a los lobos haciéndolo por él. Una caridad mal entendida que permite que los lobos destruyan el rebaño no es caridad en absoluto, sino indiferencia, y debería ser llamada por su nombre y tratada en consecuencia.
Es hora de que los cristianos creyentes en la Biblia comiencen a cultivar las gracias sobrias y que vivan entre los hombres como hijos de Dios y herederos de las edades. Y esto demandará más que un poco de acción porque todo el mundo y una gran parte de la iglesia están lanzados a impedirlo. Pero si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?