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lunes, 18 de mayo de 2020

ABRIL UN MES INOLVIDABLE

por Marcos Caín
Hermosillo, México
Probablemente ninguno de los lectores ha vivido en tiempos tan diferentes y difíciles como los de hoy en día: encerrados en la casa, sin escuela, locales para reuniones cerrados, restaurantes sin clientela, menos tráfico que nunca, escasez de muchos artículos en las tiendas (especialmente los de higiene) y mucha preocupación. Queremos considerar brevemente cinco temas para nuestra meditación y provecho.

La turbación y las pruebas: aunque las circunstancias de hoy día son únicas y nuevas, la verdad es que los creyentes a lo largo de la historia han sido probados en una forma u otra. La prueba no es para que estemos turbados, sino confiados, recordando las palabras del salmista: "En tu mano están mis tiempos" (Sal 31.15). Cristo, cuando estaba a punto de dejar a sus discípulos, dijo: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí" (Jn 14.1). Tal vez al ver sus caras notó la turbación, pero les infundió confianza por medio de sus palabras.

Un tiempo de provecho: Quizás para muchos es difícil tener una rutina en estos días, y las horas pasan sin lograr nada, o por lo menos, sin lograr mucho. Pablo dijo: "Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos" (Ef 5.16). Si tiene algo de tiempo extra (y la mayoría sí lo tiene), aprenda más de Dios en su tiempo devocional, memorice algún capítulo o pasaje bíblico, pase más tiempo en oración. No dejemos pasar el tiempo sin sacarle algún provecho.

Nuestra testificación de la Palabra: Como es muy obvio, la predicación pública en muchas partes ha sido restringida. Pero no vayamos a pensar que el poder de la Palabra se ha limitado. Pablo dice que "agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1 Co 1.21), pero obviamente él también hablaba con las personas en forma particular para compartir el mensaje. Nosotros tenemos la oportunidad de utilizar la tecnología para compartirlo también ahora: YouTube y Facebook, por ejemplo, o una simple llamada telefónica.

El triunfo y el poder: Este mes es el de la Pascua. "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros" (1 Co 5.7). El triunfo de Cristo sobre el pecado y el Diablo en la cruz es algo bien conocido para nosotros. Pero también recordemos las palabras del himno:

Desde la tumba subió.
Sí, triunfante Él resucitó;
para siempre ya dominio sobre el mal
con los santos tiene en gloria celestial.
Triunfó, triunfó,
¡aleluya, Él triunfó!

Él mostró su poder sobre la misma muerte. Y el poder que demostró aquel día tercero lo sigue poseyendo el día de hoy. No hay nada que esté fuera del control divino, nada que vaya más allá que su poder. Aunque hoy pasemos por tiempos de prueba, la victoria es segura: ¡viviremos con Él!

La tranquilidad y la paz: El que no es salvo no puede tener, ni tampoco disfrutar, una plena y profunda tranquilidad y paz en su corazón en momentos así. Tal vez haya algo de resignación ante las circunstancias, pero la paz de Dios no mora en ellos. "La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron" (Sal 85.10). En la cruz nuestra cuenta fue pagada por Cristo. Por lo tanto, vivamos hoy, no descuidándonos, ni desobedeciendo las órdenes del gobierno, sino disfrutando la tranquilidad y la paz que Dios mismo nos da.

jueves, 9 de abril de 2020

ANA



Muchas veces la gente llega a pensar que cuando hay dificultad y tristeza en la vida del creyente que uno está fuera de la voluntad de Dios, o envuelto en algún pecado. La historia de Ana, esposa de Elcana, nos enseña todo lo contrario. Allí encontramos a una mujer que Dios iba a usar grandemente para el bien de la nación, pero que a la vez estaba pasando por una gran prueba. El mes pasado consideramos a otra Ana, del Nuevo Testamento, casi al final de su vida, y de igual forma ella tampoco tuvo una vida fácil. Ahora veremos a Ana, afligida, en amargura de alma, y atribulada (1 S 1.8,10,15).
            Piense en las razones por las cuales esta Ana, una mujer mucho más joven, estaba afligida. En primer lugar, vemos su inteligencia espiritual, porque estaba muy consciente de la condición tan pobre en la cual se encontraba la nación. Había una falta de sumisión a la voluntad de Dios (Jue 21.25), y una falta de santidad aun entre los líderes religiosos (1 S 2.13, 22).
            Vemos también su incapacidad para tener hijos, lo que más anhelaba. Seguramente sabía las historias de antaño, de cómo Dios había abierto el vientre de otras mujeres judías, pero   Ana seguía infértil. (Sabemos que hay parejas que tienen dificultades para tener hijos, una situación bastante difícil).

            Note también los insultos de parte de Penina, la otra esposa de Elcana. Que el marido tuviera otra esposa era algo de por sí difícil, pero esta rivalidad aumentaba la aflicción y amargura en el alma de Ana. Uno puede imaginarse que iban empeorando los insultos, ya que cuando subían a adorar, Penina tenía más y más hijos, y Ana seguía sin ninguno. Vemos que en lo que deberían ser los momentos más preciosos, el tiempo en adoración, es muy posible que los conflictos entre nosotros causen tristeza en el creyente más espiritual. También encontramos otra lección práctica aquí: salirnos de la voluntad y del plan divino siempre traerá consecuencias. Tener dos esposas le costó a Elcana la tranquilidad en la casa, entre otras cosas.
            Sin querer criticar a Elcana, la pregunta que le hizo a Ana obviamente no la ayudó mucho: “¿No te soy yo mejor que diez hijos?” (1 S 1.8). Su amor por Ana era obvio, ya que le daba “una parte escogida”, v. 5, pero se ve un poco de insensibilidad en Elcana. No conocía bien el corazón de Ana, sus más íntimos deseos, y la razón principal por la cual quería tener un hijo. Las palabras de Elcana no quitaron el lloro ni la amargura del alma de su esposa, v. 10. Pero debemos notar que estaba pendiente de su esposa y por lo menos vio su tristeza, porque es posible que ese no sea el caso en algunos matrimonios hoy en día.
            Observe la respuesta del corazón de Ana durante esta larga prueba. No leemos de represalias ni de alguna reacción verbal. Leemos que “su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola” (v. 6), pero Ana no respondía de la misma manera.
            Finalmente considere el resultado de su aflicción. Ana entendió que no había respuesta humana a su congoja, y fue directamente con Dios, pero esto lo tendremos que dejar para otra ocasión. Eso es lo que Dios quiere que hagamos en nuestras pruebas, que se lo contemos todo y que dependamos de Él, confiando en su poder para contestar conforme a su perfecta voluntad.
Marcos Caín