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sábado, 26 de octubre de 2024

¿Quién Subió Al Cielo? Proverbios 30:4

 

LA RESPUESTA la da Cristo mismo clara y definitivamente, cuando en Juan 3:13 dice a Nicodemo, "Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo".

                Desde que el hombre cayó y echado fuera del huerto de Edén, siempre ha buscado regresar a Dios por sus propios esfuerzos. Sin duda Nicodemo había estado haciéndolo; y el Señor le enseñó su necesidad de nacer otra vez, antes de entrar, o ver, el reino de Dios. Sólo entonces podía entender las “cosas celestiales", aquella parte de la verdad que enseña que "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénitos para que, todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna".

Al principio de la Palabra de Dios hallamos al hombre echado al lugar afuera por causa de sus pecados. De sus páginas finales, aprendemos cuán imposible es todavía para el hombre en sus pecados entrar en el cielo cuando leemos, “No entrará en ella ninguna cosa sucia o que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero" Apo. 21: 27a

En un tiempo temprano de historia del mundo, los hombres en su ceguera y abandono de Dios procuraron edificar una torre cuya cúspide llegaría al cielo (Gén. 11:4). Estos desde su principio estaba destinado al fracaso y terminó en confusión. Qué contraste se ve en la escala de la visión de Jacobs cuya punta tocaba el cielo un tipo sin duda del Señor Jesús, quien dijo: “Yo soy el Camino, y la verdad' y la Vida; nadie viene al Padre sino por Mí" (Juan 14:6).

Cuán bendito es pensar que Aquel que subió al cielo es el mismo quien primero descendió a la tierra y al sepulcro. Se hizo “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil. 2:8). La cruz fue primero, y después Su exaltación. Y todos los que le han recibido a Él como su Salvador entrarán un día donde Él ha ido.

Verdades Bíblicas, Febrero 1971, N° 266

sábado, 6 de junio de 2020

EL SERVICIO DE LAS MUJERES EN LA ASAMBLEA CRISTIANA

Así que. como lo iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella. Grande es este misterio; más yo digo esto con respecto de Cristo y la iglesia Efesios 5:24, 25, 32.


La posición que las Escrituras dan a la mujer en la iglesia es de gran interés, además de ser muy instructiva. El apóstol enseña en el capítulo 5 de Efesios, que la relación del marido con la esposa representa la relación de Cristo y la iglesia. ¡Qué privilegio bendito se ha dado al marido y a la esposa de ordenar su estado conyugal de tal manera que el mundo pueda ver un cuadro de la unión de Cristo con la iglesia! La posición de sujeción prescrita para la mujer en su relación con su marido en la casa, se extiende a su posición en la iglesia, donde también se requiere que ella sea sujeta al hombre reflejando así la sujeción de la iglesia a Cristo. Todo esto no quiere decir que la mujer personalmente sea inferior a su esposo; pero sí quiere decir que en su posición ha de ser sujeta a él.

Estudiemos a la luz de las Escrituras estos dos temas coordina­dos, comenzando con:

I. La Posición de la Mujer en Relación a su Marido.

1. Como Ayuda Idónea a él:

En la creación el hombre fue formado primero, luego la mujer. La historia de la creación de ella es muy instructiva. Léase Génesis, Cap. 2, versos 18-24. "Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas ... y de la costilla ... hizo una mujer. Se destacan dos verdades en esta relación de la creación de la mujer:

a) La   mujer no es independiente del hombre, sino que es parte de él, hecha de su misma costilla — "hueso de mi hueso y carne de mi carne, dijo Adán. Alguien ha dicho que la esposa fue sacada de su costado cerca de su corazón para que él la amara. No fue tomada de su cabeza, para que ella no se enseñorease sobre él; ni tampoco de sus pies, para que no estuviese bajo sus pies en sumisión servil.

 

b) El propósito por el cual Dios hizo la mujer fue para que fuese “ayuda idónea para él”; esto es, ni su ama ni su esclava. Es una parte de su marido, añadida a {el para su complementación. “Le da ella bien y no mal todos los días de su vida” (Proverbios 31:12).

            La vida conyugal tiene su centro en la casa. La esposa preeminente es la que hace de la casa un hogar. Su deber es de gobernar la casa (1 Timoteo 5:14); de amar a su esposo y a sus hijos, haciendo del hogar el centro de su vida. Todo esto es necesario para preservar el tipo divino de la sujeción de la iglesia a su Señor. Insistimos en que se recuerde que esta posición de sujeción no infiere inferioridad per­sonal. Cuando hay dos maestros en una escuela e igualmente capaci­tados entre sí, ello no impedirá que el uno esté sujeto al otro, siendo este director de la escuela.

2. La Mujer Sujeta a su Marido Representa la Iglesia en Sujeción al Señor Jesucristo: Efesios 5:22-33.

Leyendo este pasaje maravilloso, pensamos que el Espíritu de Dios está usando el estado del Matrimonio para ilustrar esa intimi­dad santa que existe entre Cristo y la iglesia, la que será plenamente consumada en Las Bodas del Cordero. Quiere que la sumisión de la esposa a su marido sea un fiel reflejo de la iglesia en sumisión a su Señor. Quiere que haya ese amor y esa solicitud de parte del marido para con su esposa que refleja el amor y la solicitud que Cristo tiene para con su iglesia.

Pero otras veces pensamos que el Espíritu de Dios usa el sim- bolo al revés, demostrando que la santa intimidad que existe entre Cristo y la iglesia se refleja en el estado matrimonial. El marido ha de ser para su esposa lo que Cristo es para la iglesia; y la esposa ha de ser para su marido lo que la iglesia es para Cristo. Si es así, vivi­mos una vida terrenal según el modelo celestial. ¡Qué el Señor nos dé gracia para vivir así!

II. La Posición de la Mujer en la Iglesia Cristiana.

Tal como esposo y esposa conviven en su casa para la vida con­yugal en la esfera hogareña, así los hermanos y las hermanas están juntos en la asamblea para llevar a cabo la voluntad del Señor en la vida espiritual. La posición sumisa requerida de la esposa a su mari­do en el hogar por el Espíritu Santo, se proyecta también en la asam­blea en la convivencia entre hermanos y hermanas.

1.  La mujer ha de callarse en la iglesia.

En el capítulo 14 de Primera Corintios hay mucha instrucción con respecto a los dones de ministerio y su uso en la iglesia. Pero todo eso afecta a los varones en la asamblea. "Vuestras mujeres ca­llen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Cor. 14:34,35).

2.  La mujer no ha de enseñar.

El mandamiento complementario a lo de aprender en silencio es que la mujer no enseñe aun después de haber aprendido. "Porque no permito a la mujer enseñar. . . sino estar en silencio” (1 Tim. 2:12). Este no le será difícil, aunque ella conozca las Escrituras mejor que algunos hombres, si recuerda que Dios le ha confiado a ella el privi­legio de reflejar la sumisión de la iglesia a su Señor. Ella no querrá nunca echar a perder esa ilustración sagrada.

3 la mujer no ha de ejercer autoridad sobre el hombre.

Muchas veces diferencias de juicio surgen en la asamblea con respecto a la administración de los asuntos domésticos, lo mismo co­mo en el bienestar espiritual de la asamblea. Aun en estas cuestiones, la mujer ha de estar sujeta al hombre. "No permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre. Repito: esto no será difícil para la mujer si piensa que es su prerrogativa especial de representar la sumisión de la Iglesia al Señor.

4. Las señales de la sujeción de la mujer: 1 Corintios 11:3-15.

            Las Escrituras exigen dos cosas de la mujer como señales de su sujeción, como asimismo de la Iglesia al Señor:

a) Que ore con la cabeza cubierta: 1 Cor. 11:5, 13.

b) Que conserve su pelo largo, pues no cortado: 1 Cor. 11:5-10.

A causa de que el hombre representa a Cristo, lleva su cabello cortado y ora con la cabeza descubierta. No tiene que haber señales de sujeción aquí; eso echaría a perder la ilustración por completo. En vista de que la mujer es figura de la iglesia, ella lo expresa llevando su cabello largo y cubriendo su cabeza cuando ora. Así como el anillo de oro llevado sobre el tercer dedo de la mano es un símbolo de ma­trimonio, así el cabello largo y la cabeza cubierta son símbolos de sujeción a Cristo. Eso le dará gozo a la mujer, acordándose que es su privilegio particular de enseñar así la sumisión de la iglesia al Señor Jesucristo.

 

III. La Esfera de Servicio de la Mujer

Porque la mujer está en silencio en la iglesia, y no se le permite enseñar, nunca se debe pensar que su esfera de servicio sea sin impor­tancia. A continuación, tiene cuatro funciones que puede desempeñar.

1. Gobernar el Hogar: 1 Tim. 5:14: Tito 2:3-5. Dios ha orde­nado que el hogar sea cual centro de la vida familiar. La esposa es la que hace de la casa un verdadero hogar. Las mujeres mayores han de enseñar a las mujeres jóvenes los deberes y las artes de constituir el hogar, ser prudentes; amara sus hijos, ser templadas, castas, cuidado­sas de la casa, bondadosas, sujetas a sus maridos. Por cierto, ésta es una tarea grande y noble. ¡Cuánto debe la iglesia a las esposas y las madres piadosas quienes han vivido según este modelo escriturario!

2. Benignidad y Buenas Obras: l Tim. 5:10; Rom. 16:1,2; Hch. 18:3. Además de su deber a su familia, una mujer cristiana tie­ne muchas oportunidades de servir a otros, aliviando a los afligidos, haciendo obras caritativas, ministrando a los siervos del Señor, etc.

3. Instrucción Particular: Hch. 18:26. Aunque no se le permitía a Priscila enseñar en la asamblea, ella podía brindar hospitali­dad a Apolos cuando visitaba a Éfeso, y junto con su esposo Aquila, "le tomaron aparte” en su propia casa, "y le expusieron más exacta­mente el camino de Dios.”

4. Testimonio Personal: Fil. 4:3. Pablo menciona a aquellas mujeres que “combatieron juntamente” con él en el evangelio. Aun­que no se les permite predicar en la iglesia, a las mujeres les está per­mitido decir en otras maneras lo que Dios ha hecho para ellas, y así, muchas veces ganar un alma para el Señor. Que ni los hombres ni las mujeres nunca se descuiden de las oportunidades que se les pre­sentan para testificar personalmente de Cristo.

J.R, Littleproud, del Libro Una Asamblea Cristiana, Capítulo 22

Verdades Bíblicas, N° 299-300, 1973


lunes, 18 de mayo de 2020

¿CÓMO PUEDE EL HOMBRE NACER SIENDO VIEJO?

Juan 3:1-7
            Esta pregunta que Nicodemo hizo a nuestro Señor Jesucristo fue resultado de la declaración del Señor en el versículo 3, qué el que no naciere otra vez no puede ver el reino de Dios." La declaración de Cristo en el versículo 5 que "el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios" en parte contesta esta pregunta, esto quiere decir que el nuevo nacimiento se diferencia en­teramente en carácter a nuestro primer nacimiento, no siendo físico sino “de agua y del Espíritu". Algunos en verdad mantienen que el agua aquí es natural, la cual se usa en el bautismo; empero Romanos 6: 3, 4 lo hace claro que el bautismo es un símbolo, no del nacimiento, sino de la muerte y el entierro. Hay muchas Escrituras que enseñan que el agua aquí simboliza la Palabra de Dios (Véase Efesios 5:26), y que por el Espíritu y la Palabra de Dios que los hombres pueden ser re­nacidos (Véase 1 Pedro 1:23-25: Stg. 1:18; Juan 1 12, 13). El bautismo en agua puede ser "de voluntad de carne" como dice en juan 1:13, pero el nuevo nacimiento nunca puede ser por la voluntad de la carne.
            Cuando Cristo contestó esta otra pregunta de Nicodemo en ver­sículo 9, "¿Cómo puede esto hacerse?" nunca mencionó el bautismo, sino que dio una contestación plena y clara. Escuche, mi lector, si va a recibir el nuevo nacimiento, esta es la manera de obtenerlo. "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en Él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en el cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a Su Hijo al mundo para que condene al mundo, más para que el mundo sea salvo por ÉL. El que en Él cree, no es condenado; más el que no cree ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios" (Juan 3:14-18).
            El "nacer otra vez" de versículos 3, 5, 7 equivale exactamente a la adquisición de la vida eterna de versículos 15 y 16. Este es el resultado inmediato de creer en el Señor Jesús, y es el fruto de la obra del Espíritu como se ve en versículo 8, y del uso de la Palabra de Dios como dice el versículo 14.
C.J. Baker,
Verdades Bíblicas, N°351-352, 1978 

EL TIEMPO DE SU VENIDA



Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.  (1Ts 4:16-18)



"Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13:32). "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en Su sola potestad” (Hch. 1:7). "Porque la venida del Señor se acerca” (Stg. 5:8). "En los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Tim. 3:1). "Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el Señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana” (Marcos 13:35). "Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo” (Marcos 13:33).
¡Con cuánta frecuencia se han señalado fechas para la venida del Señor y todas han resultado incorrectas! Guardémonos de fijar fechas para éste o cualquier evento futuro, curioseando en lo que el Padre ha puesto en Su poder. En la Palabra mucho se nos dice acerca de los "últimos días”. Si consideramos cuidadosamente lo que leemos y lo comparamos con el tiempo presente, llegaremos a la conclusión cierta de que Su venida "está cercana”. Nosotros creemos que no po­demos ir más allá de eso, y si lo hacemos es sólo especulación. Toda predicción contenida en las Escrituras relacionada con la naturaleza y la condición del mundo al tiempo del fin, no deja nada que no haya sucedido; puede decirse empero, que el presente estado impío de la humanidad no ha alcanzado su culminación. Sabemos que estamos cerca, muy cerca, del momento cuando la iglesia oirá la "aclamación”; por lo tanto, debemos velar y estar listos para ser traspuestos a cualquier momento.
Sin embargo, no debemos formarnos la idea de que no debemos atentar empresa alguna para Cristo porque Él va a regresar tan pronto. Al contrario; debemos poner nuevas energías y planear más servicio, con devoción creciente y llevar un andar con El más cercano y santo. "Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor ven­ga, le halle haciendo así” (Mat. 24:26). Dios ha fijado un día feliz, y nos ha dicho lo suficiente para indicarnos que el tiempo "está cerca”. Antes que el sol se ponga esta noche y se levante por la mañana nos podremos haber ido. ¿Qué sucederá con nuestras cosas y propiedades? Sin duda los mundanos se gozarán de ellas. Es bueno que no tengamos demasiado que dejar, sino que lo podamos mandar adelante, usando todo lo que podamos para Dios. Esto es hacer tesoros en el cielo.
Verdades Bíblicas, N° 299-300, 1973
 F. Ferguson

sábado, 1 de noviembre de 2014

LAS DOS NATURALEZAS

¿Es Correcto o Incorrecto?


Lo más importante es el cambio del "YO" del viejo hombre al nuevo hombre. Este cambio no siempre se efectúa prácticamente en el momento de la conversión, pues frecuentemente oímos a creyentes jó­venes decir, "Quiero ir al teatro o al baile, pero no sería correcto aho­ra," o dicen "Yo quisiera tener un vestido como fulana o tanto dinero como zutano." Aquí el "YO" es claramente la vieja naturaleza, pues a la nueva no le interesa el teatro o el baile y tampoco codicia. Con todo, la nueva vida se hace sentir. No es necesariamente que hago cosas ma­las, sino que me veo a mí mismo como la misma persona, pero con una nueva naturaleza dentro de mí.
Ahora miremos a una persona cuya "YO" ha cambiado. "Tengo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor," dijo Pablo. O, tomemos el caso de un joven cristiano que sinceramente puede decir, "Yo prefiero no ir al baile o al teatro, porque no me daría placer." En ambos expresiones el "YO" es la nueva naturaleza, pues la vieja no desea estar con Cristo sino que ama las cosas mundanales.

Soy Una Nueva Criatura
Considerando lo arriba dicho se podrá comprender fácilmente cómo las mil cosas que antes me eran trampas y tentaciones cuando "YO" todavía estaba aliado con la vieja naturaleza, ya no lo son, ahora que "YO" vivo prácticamente en el poder de la nueva naturaleza, ahora que ya no pienso de mí mismo que soy un hombre con una nueva vida, sino que soy una nueva criatura en Cristo Jesús, pero con el pecado todavía habitando en mí.
Debido a su gran importancia, hemos considerado este tema repe­tidas veces. Es maravilloso cuando un joven creyente se da cuenta prácticamente que sus pensamientos, sus sentimientos, sus placeres han cambiado, no por algo que él mismo haya hecho, sino porque él se deleita en ello "según el hombre interior".
La única manera de lograr esta verdadera felicidad cristiana es tra­tar diariamente de agradar a Cristo, procurando siempre vivir en la vida nueva. Debo verme a mí mismo como un cristiano, y nunca permitidme pensar: "Bueno, por supuesto, "YO" lo desearía, pero ahora yo soy un Cristiano." No, si yo SOY Cristiano, quien lo desearía sería el peca­do que habita en mí. Usted debe reconocer que todavía tiene pensa­mientos perversos y pasiones, pero debe considerarlos como entreme­tidos y no como usted mismo.

Voluntarios o Regulares
Indudablemente entre los lectores de estas líneas, habrá cristianos en quienes el pecado es un elemento extraño y habrá otros cuya vieja naturaleza es todavía ellos mismos. Para explicarnos mejor, compare­mos a estos a los soldados voluntarios y a los otros a los soldados regu­lares del ejército. Por fuera ambos llevan el uniforme militar, ambos lle­van armas, ambos han sido entrenados, ambos son soldados; sin embar­go, entre los dos existe una diferencia inmensa.
Si el voluntario es un artesano o un mercader, cuando tiene pues­to su uniforme todavía es un artesano o un mercader. Piensa en su tra­bajo o su negocio y considera que ser un soldado voluntario es algo temporal ya que en verdad él es un civil y no un militar.
No sucede igual con el soldado regular de línea. Puede ser que él también haya sido un artesano o un empleado, pero ya no lo es más. No es simplemente el hecho que lleva un uniforme militar, sino que él mismo es un soldado. Un largo tiempo de vivir apartado en el cuartel, su constante asociación con sus compañeros de armas, los ejercicios dia­rios, han quebrado tan completamente las ligaduras que le ataban, que si regresara al mismo trabajo que hacía anteriormente, se sentiría que no pertenece allí; todos sus gustos, sí, aún él mismo han cambiado.
Ahora pues, Dios nos ha escogido para ser soldados de la cruz, no voluntarios - no para ponernos el Cristianismo como un manto, sino que seamos cristianos y cristianas vivos, y la única manera en que poda­mos expresar de qué espíritu somos es por nuestros cuerpos. De ahí pues que todo el asunto se reduce a esto: ¿A quién doy ahora mis miembros? ¿A la vieja naturaleza, el cuerpo extraño que todavía habita en mí? No. YO amo la verdad; YO amo la santidad; YO amo al Señor, y le serviré con mi lengua, mis manos y mis pies. Si vivimos en el Espí­ritu, caminemos también en el Espíritu.
Pero no se imagine que esto se alcanza en un solo día. La vieja naturaleza que ha sido usted mismo por tantos años, y que ha tenido dominio completo sobre todos sus miembros, no se dejará echar fuera en un momento. Sólo mortificando la vieja naturaleza día a día podrán nuestros miembros olvidar gradualmente la influencia del viejo patrón y acostumbrarse al nuevo. En Efesios capítulo 4 y 5 se pueden ver las viejas y las nuevas ocupaciones para los labios, las manos y los pies.
Qué el Señor nos haga a cada uno de nosotros verdaderos solda­dos de Jesucristo, hombres que han quebrado el poder de la vida vieja de tal modo que podamos volver a nuestros viejos lugares y asociaciones como nuevas criaturas en Cristo Jesús.
Todavía no hemos dicho nada acerca de los canales por los cuales corre la nueva vida. Esto lo haremos en un próximo artículo, pues aho­ra nos falta espacio.
Verdades Bíblicas – Nº 337-338

domingo, 6 de julio de 2014

SAULO DE TARSO

El Primer Viaje Misionero de Pablo
Pablo en Antioquía de Pisidia — Hechos 13:14-52.
San Agustín, uno de los Padres Antiguos, dijo que tenía tres deseos: quisiera haber visto a Cristo en la carne; haber visto a Roma en toda su gloria; y haber oído a Pablo predicar. Todos los que gusten oír buenas prédicas estarían unánimes con el último deseo. Pablo debe haber sido un predicador maravilloso, no obstante lo que dijo de él un áspero critico corintio, que «su cuerpo era débil y su lenguaje despreciable.»
Aquí tenemos el primer discurso registrado de Pablo y es verdaderamente un discurso maravilloso. Los puntos principales son:

1. Su Método Histórico
Él se sumerge en la historia pasada de los hijos de Israel, escogiendo ciertas verdades pendientes en aquella historia, las cuales eran necesarias para la idea principal que tenía en su mente para su discurso.
El método histórico era el favorito de los escritores y predicadores judaicos. Encontramos excelentes ejemplos de este método en el discurso de Moisés a Israel (Deut. 1:29; Salmo 105); el discurso de Pedro en el día de Pentecostés; y también en la defensa maestra de Esteban. Es evidente que el uso de tal método era muy apropiado, pues ellos tenían una historia en la cual se enorgullecían y con razón — era una historia de hombres cuyas memorias ellos reverenciaban y cuyas escrituras y dichos atesoraban y leían. Pablo quiere hablar al pueblo acerca de Cristo y toma el método más fácil para aproximarse a su sujeto principal.
Después de una rápida revista a la historia de los hijos de Israel, pasa del Éxodo de Egipto al establecimiento final en el país de Canaán se refiere a tales caracteres sobresalientes como Samuel, Saúl y David. Habiendo llegado por pasos fáciles y naturales a David, sólo resta un paso de David al Señor y les presenta a "Jesús el Salvador". Pablo no quería hablarles meramente de la historia pasada del pueblo de Israel o de sus jefes. Él quería hablarles de Cristo, pero tenía demasiado tacto para presentarlo abruptamente de una manera que ofendiera a los oyentes.
"El que prende almas es sabio," dice el proverbio; se puede incluir sabiduría en el método de aproximarse, detalle en el cual lamentablemente fallamos muchos de nosotros. Hay más de una manera para atraer la atención de los oídos de los hombres y el método adoptado por Pedro para atraer el oído de Malco no es recomendado, pero en eso muchos de nosotros somos expertos. Otro punto digno de ser notado es:

2. Su Nota Evangélica
En los días antiguos se decía que todas las calles o caminos conducían a Roma. En las predicaciones de Pablo, todos los caminos se dirigían a Cristo. No le hace donde comenzaba, allí siempre terminaba. El tema principal de todos sus discursos fue Cristo. Aquí habla de "un Salvador, Jesús." Pablo conocía solamente un Salvador y su nombre era
Jesús. El Señor Jesucristo fue verdaderamente el Salvador y no hay otro. Según Pablo, Jesús fue:

a)      El Salvador Prometido (Hechos 13:23)
Este Salvador fue prometido en el momento que entró el pecado al mundo y todo el Antiguo Testamento está lleno de cuadros, promesas y profecías acerca de Éste que vendría. "El Viene", era el mensaje prefigurado en los tipos y contenido de las profecías. Así fue que un día vino, y en la alegría de sus corazones dijeron los hombres, "Él ha llegado y nosotros le hemos hallado."

b)        El Salvador Perfecto (verso 28)
Cristo era inocente de todas las acusaciones que se le hicieron. Su juez dijo, "No hallo causa de muerte en El." El ladrón moribundo dijo, "Éste ningún mal hizo." Cristo fue verdaderamente "el Cordero de Dios sin mancha ni arruga," y así fue apto para ser el sacrificio por el pecado y fue calificado para ser el Salvador de los hombres.

c)        El Salvador Pasivo (verso 29)
"Cumplió todo lo que fue dicho de Él" es una declaración muy comprensiva que incluye tales Escrituras como "Horadaron mis manos y mis pies" (Salmo 22:16); "Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes" (Salmo 22:18); "En mi sed me dieron a beber vinagre" (Salmo 69:21).
Estas Escrituras y muchas más fueron cumplidas cuando Cristo murió. Él se sometió voluntariamente a todos los sufrimientos de la cruz, sabiendo que al hacerlo, estaba agradando la voluntad del Padre y cumpliendo las Escrituras. Cuando al fin murió, dijo "Consumado es," queriendo decir entre otras cosas que las Escrituras se estaban cumpliendo: cada tipo tuvo su propio cumplimiento y cada profecía su realización exacta.
d) El Salvador Preservado. (v. 30)
Después que los hombres hicieron lo peor al clavar a Cristo en la cruz, y que sus amigos lo pusieron amorosamente en una tumba donde permaneció tres días, Dios le resucitó de los muertos. Dios tuvo tanto cuidado del cuerpo de Cristo en Su muerte como en Su vida, con el resultado que "El no vio corrupción." Él fue Santo en Su vida y puro en Su muerte. La resurrección de Cristo es una de las verdades cardinales de la Cristiandad; es una verdad histórica respaldada ampliamente por testigos de confianza y en entera armonía con las profecías del Antiguo Testamento concerniente al Mesías. Pablo cita en prueba de ello pasajes de los Salmos 2 y 16 y enseña conclusivamente que estos pasajes no podían aplicarse a David, quien los escribió.

e) El Salvador Presentado (versos 38-39)
Habiendo de esta manera establecido, mediante una comparación de la verdad con las profecías, que Jesús era el Mesías, Pablo procede a proclamar un perdón libre y una total justificación para todo aquel que cree en el Señor Jesucristo. Este discurso no es solamente histórico en su método y evangélico en su tono, sino es también

3.  Doctrinal en su Resumen.
Enseña que la justificación es:
a)     Por. fe;
b)      No por obras;
c)     es ofrecida a todos.
                Este es meramente un resumen condensado de las enseñanzas de Romanos y Gálatas en el importante tema de la justificación. El resultado del discurso: Produjo un gran fermento en la ciudad. A petición de los Gentiles la prédica se repitió el siguiente sábado, cuando sucedió un espectáculo extraño: Casi toda la ciudad se congrego para oír el mensaje de salvación y muchos de los judíos y prosélitos y gentiles aceptaron la fe. Pero pronto se vio una reacción violenta de los judíos, quienes aunque no rehusaron a oír el Evangelio ellos mismos, no toleraban que fuera ofrecido a los gentiles en igual término.
Por lo consiguiente, tan pronto como vieron a los gentiles con el deseo de oír la Palabra de Dios, se llenaron de envidia y determina-ron oponerse a los apóstoles, blasfemando aún el nombre de Jesús. Tenemos aquí el primer ejemplo de la hostilidad de los judíos hacia la predicación del Evangelio a los gentiles — una hostilidad que se presenta a cada paso en la historia subsiguiente de Pablo y que lo exponía a persecuciones aún más severas que las que recibió de los paganos. Sin intimidarse por las fieras persecuciones, los apóstoles valerosamente declararon que, como era manifiesto que los judíos habían detenido el evangelio de los gentiles, ellos, los apóstoles, en obediencia al mandamiento de Dios dado en lenguaje claro en el Antiguo Testamento (Isa. 49:6), se sentían tener derecho de ofrecer a los gentiles las buenas nuevas, las cuales eran para todo el pueblo (Lucas 2:10).
Esta declaración causó grande gozo entre los gentiles, muchos de los cuales creyeron y el evangelio fue predicado en todo el distrito. Este éxito sólo servía para aumentar la hostilidad de los judíos, quienes, habiendo convencido a algunos de los ciudadanos, promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé, obligándolos a salir del país. En obediencia al mandamiento de Cristo (Mt. 10:14), después de haber sacudido el polvo de sus pies contra ellos, los apóstoles dejaron Antioquía y pasaron a Iconio.
El último verso de Hechos 13 es digno de ser notado: "Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo." En vez de estar desconsolados y desalentados por lo que había tomado lugar, y en vez de lamentar la ida de los siervos del Señor, los discípulos encontraron gozo en la continua presencia del Espíritu Santo entre ellos. Los siervos del Señor tendrían tal vez que dejarlos, pero el Espíritu Santo permanece.
Verdades Bíblicas, Septiembre-Octubre 1974, N° 309-310