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domingo, 5 de enero de 2020

LOS SOBREVEEDORES Y SU TRIPLE RESPONSABILIDAD

Los términos “obispos”, “presbíte­ros”, “ancianos”, “pastores”, “sobrevee­dores”, encierran mucho. Son siervos de Dios, puestos por el Espíritu Santo, que han recibido dones, para compartir el privilegio inmerecido en el noble traba­jo del cuidado de “la grey de Dios”, con “EL BUEN PASTOR”, “EL GRAN PASTOR” y “PRINCIPE de los pas­tores” - El Señor Jesús (Ef. 4:11; Jn. 10:11; He. 13-20; la. Pe. 5:4).
Los mismos revelan el carácter, cualidades, don e intensidad de amor de un renacido hacia Cristo y hacia Su pueblo, adquirido “por Su sangre”. Cual­quiera de estos nombres mencionados son correctos y podrían ser usados in­distintamente por el pueblo de Dios; pero los creyentes que se reúnen senci­llamente al Nombre digno del Señor, han preferido usar el término “SOBRE­VEEDORES” por ser una traducción más literal del vocablo griego “episko- pos” y mayormente después del tiempo del “oscurantismo” en que la Biblia era poco menos que imposible de ser obte­nida. Este problema hubiera quedado re­suelto con la formación de las Socieda­des Bíblicas y accesibilidad a la Biblia durante los últimos cien años, a no ser por el mal uso aplicado a los mismos en ciertos círculos.
En la edición de la Biblia anterior a la que usamos en la actualidad, edita­da por la Sociedad Bíblica Americana en el año 1893. versión C. de Valera, lee­mos: “Y enviando desde Mileto a Efe- so, hizo llamar a los ANCIANOS de la Iglesia. . . los cuales como vinieron a él, les dijo: Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño sobre el que el Es­píritu Santo os ha puesto por SOBRE­VEEDORES, para apacentar la Iglesia de Dios” (Hch. 20:17, 28). Las palabras originales nos fueron dadas para ha­cernos entender correctamente ‘la obra” que el Señor les ha encomendado y sus responsabilidades.
El v. 17 mencionado, habla de “AN­CIANOS”: éstos son los hermanos de experiencia, no precisamente por su edad, sino en el andar y disfrutar de co­munión íntima con el Señor, poseídos de “solicitud” por la Iglesia del Señor.
En el v. 28 habla de los mismos an­cianos, pero los llama “SOBREVEE­DORES” u “OBISPOS” indicando por ello que tienen sus corazones puestos en el pueblo del Señor, lo cuidan y apa­cientan. En el v. 31 son exhortados a VELAR, mostrando que son “PASTO­RES” o “PRESBITEROS”, porque de­ben velar por el estado espiritual de los redimidos, como aquellos “que han de dar cuenta” al Señor por ello (Luc. 2:8; He. 13:17). La palabra “PRESBITE­ROS” también significa ancianos; indi­ca pues, que son los hombres de expe­riencia los que tienen la obligación de GUARDAR, VIGILAR, CUSTO­DIAR. Así que, estos presbíteros, an­cianos o sobreveedores, armados con el conocimiento de la Palabra, cumplen su deber para con cada uno de los creyen­tes, habiendo recibido la recomendación del Señor: “CUIDAMELE” (la. Tim. 4:14; Luc. 10:35).

SU TRIPLE RESPONSABILIDAD
1.    CUIDAR LA DOCTRINA. —
¿Y quién como los ancianos, presbíteros, obispos, pastores o sobreveedores deben hacerlo? ¿No es a los tales que el Espí­ritu Santo ha puesto para ello, seleccio­nándolos entre los nacidos de nuevo?
El apóstol Pablo, inspirado, no per­dió una sola oportunidad de mencionar en las epístolas, y especialmente en las llamadas “pastorales”, el valor e impor­tancia de atender a la DOCTRINA. ¿Y para qué todo esto? Dios quiere que los que enseñan, guían, alimentan y edifican a Su pueblo, estén en guardia, para que nada que no esté de acuerdo con la men­te y propósitos del Señor, se infiltre o sea dado a los redimidos A Tito le di­ce: Empero tú, habla lo que conviene a la sana doctrina; y enseñando a Timoteo recalca: “Si esto propusieres a los her­manos, serás buen ministro”, pues el so­breveedor debe ser “retenedor de la fiel palabra que es conforme a la doctrina” (la. Tim. 4:16; Tit. 2:1; 1:9; la. Tim. 4:6; Ef. 4:12).
2.    CUIDADO DE LA GREY. —
Alimentar a la grey: Vigilar por la clase de alimento que recibe: el pueblo de Dios no puede vivir de cualquier cosa, debe tener suficiente alimento sano, nu­tritivo y sólido. El ineludible deber de los pastores o sobreveedores es: “Que sepas como te conviene conversar en la casa de Dios” y ' Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros” (la. Tim. 3:15; la. Pe. 5:2).
¿Con qué apacentarla? El Señor mismo nos dio el ejemplo: “Y les predi­caba la PALABRA” fMar. 2:2). Sen los hombres en cuyos oídos y corazones siempre resuena la voz del 6eñor: “Con­sidera atentamente el aspecto de tus ovejas; pon tu corazón a tus rebaños (Prov. 2/:23 la. Pe. 4:10, 11). Sienten su responsabilidad por el bienestar de los salvos, como un buen padre vigila por la salud de sus hijos (2a. Co. 11:28).
B) Custodiar el andar de la grey: Para que “no sea blasfemado el Nombre del Señor y la doctrina” y para que el evangelio no sufra o sea detenido por la inconducta de los santos en su avance “hasta lo último de la tierra” (1 Tim. 6:1; Hech. 1:8). Y para que se cumpla la exhortación: “Yo pues, preso en el Se­ñor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados”. “Mirad que ninguno dé a otro mal por mal; seguid lo bueno” (Ef. 4:1; la. Tes. 5:15).
3.  CUIDAR DE SI MISMOS. — La Palabra no olvida de amonestar a los so­breveedores a fin de que, ante todo, ellos guarden y cuiden sus propias vidas, pa­ra no tener que lamentarse: "Y mi viña, que era mía, no guardé” o que “habien­do predicado a otros, yo mismo venga a ser reprobado”. Sino que deben llegar a ser los verdaderos "dechados”, ejemplo en todo, “de la grey de Dios” — ya que “a cualquiera que fue dado mucho, mu­cho será vuelto a demandar de él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido” (Cant. 1:6; la. Co. 9:27; la. Pe. 5:3; Luc. 12:48).
Por esto, cada uno debe examinarse a sí mismo. ¿Soy yo un ejemplo en man­sedumbre y humildad; firme en la doc­trina; responsable por el bienestar del rebaño? Y todo ello para no sufrir la sorpresa ante el TRIBUNAL DE CRIS­TO: “Malo y negligente siervo”. “Así que, YO de esta manera corro. . . de es­ta manera peleo. Antes hiero mi cuer­po, y lo pongo en servidumbre; no sea que, habiendo predicado a otros, YO mismo venga a ser reprobado” (Mat. 25:26; 2a. Co. 5:10; la. Co. 9:26, 27).
P. B.

martes, 3 de abril de 2018

SANA DOCTRINA


Empero tú, habla lo que conviene a la sana doctrina" (Tito 2:1).

¿QUE ES LA SANA DOCTRINA? Los hombres, por su propia cuenta, han dividido Las Escrituras en lo que llaman FUNDAMENTAL y de RE­LATIVA IMPORTANCIA, sin la aprobación del Señor, pues no lo hallamos en el Sagrado Volumen. Leemos en La Palabra que "TODA Escritura, es ins­pirada divinamente y UTIL para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfectamente instruido..." (2ª Timoteo 3:16,17); "entendiendo primero esto, que ningu­na... Escritura es de particular interpretación" (2ª Pedro 1:20) y que "Toda palabra de Dios es limpia" (Prov. 30:5). Todo esto nos enseña que no hay Escrituras de relativo valor, sino, que La Biblia entera es de suma impor­tancia y en verdad constituye LA SANA DOCTRINA. Así lo comprendió el apóstol cuando dijo: "no he rehuido de enseñaros TODO EL CONSEJO DE DIOS" (Hechos 20:27).
Por lo tanto, nosotros debemos aprender y estar convencidos de que en Las Escrituras nada puede ser tratado con liviandad — todo es indispensa­ble: "añadir" o "quitar" nos expondrá a ser reprobados por el Señor y su­frir las consecuencias de nuestro error.
La recomendación hecha a Tito: "Empero tú, habla lo que conviene a la sana doctrina" (2:1) debe ser apropiada por cada uno de nosotros con toda seriedad. Esto significa que no debemos copiar lo que hacen otros, o lo que se hace en otras partes, sino, ESCUDRIÑAR asidua, seria y reverentemente La Palabra, preguntándonos: "¿Escrito está? ¿Cómo lees (Lucas 20:26) y, Mas, ¿entiendes lo que lees? (Hechos 8:30).
¿ES POSIBLE APARTARNOS DE LA SANA DOCTRINA? Menciona­remos dos maneras en que podemos apartarnos de la "sana doctrina", con gran daño y peligro para nuestras almas:

1.    No estudiando La Palabra, es decir: olvidando la recomendación constante del Señor: "ocúpate en leer", "Escudriñad Las Escrituras", "El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él". Estudiar incluye la meditación serena y concienzuda, tan­to en privado como públicamente cuando los hermanos están juntos: "Harás congregar el pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros en tus ciudades, para que oigan y aprendan y teman a Jehová".

2. Pretendiendo saber más de lo que está escrito. "Toda palabra es purificada siete veces" (Salmo 12:6) y no tenemos nada que agregar, nada que quitar, nada que perfeccionar. Cuán bueno es el ejemplo de aquellos fieles siervos a los cuales el Espíritu Santo utilizó para decir: "Para que en nos­otros aprendáis a no saber más de lo que está escrito" (1ª Corintios 4:6). Intro­ducir innovaciones es peligroso y condenado por La Palabra, porque esto significa "saber más de lo que está escrito".

¿QUE RESULTARÁ DE APARTARNOS DE LA SANA DOCTRINA? El libro de Los Jueces contiene un triste relato que ningún creyente debe pasar por alto, pues allí Dios presenta la angustiosa vida, lucha y experien­cia que tuvo Su pueblo cuando se apartó de Sus caminos. ¿Cómo llegó a aquel estado? Los ancianos ¡DESCUIDARON LA ENSEÑANZA! Y como resultado "levantóse otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que Él había hecho" y, debido a ello, "Cada uno hacía lo que mejor le parecía".
Hermanos, cuidemos, de nosotros mismos, ocupémonos de la doctrina, para que esto no se repita en medio nuestro.
                                 Pablo Boichenko.

lunes, 6 de noviembre de 2017

La Deidad de Cristo

“En el principio ERA el Verbo, y el Verbo era CON Dios, y el Verbo era DIOS... y Aquel Verbo FUE HECHO CARNE y habitó entre nosotros: ¡Gran­de es el misterio de la piedad, DIOS HA SIDO MANIFES­TADO EN CARNE! Emmanuel — CON NOSOTROS’ Dios”. (Jn. 1:1, 14; Tim. 3:16; Mat. 1:23).
Como tal, el Señor Jesús es presentado en los Evangelios.
CRISTO CONOCE A TODOS. — Natanael recibió con incredulidad la no­ticia de Felipe acerca de su hallazgo del Mesías; pero su argumento: “¿De Nazaret puede haber algo de bueno?”, per­dió toda su fuerza en cuanto se encon­tró con el Señor. Las palabras del Se­ñor Jesús: “He aquí un verdadero Israe­lita, en el cual no hay engaño”, le intri­garon y conmovieron profundamente. Sí, Cristo conocía bien a Natanael y ha­bía llegado la hora de que Natanael co­nociera al Señor. ¿De dónde me cono­ces?, preguntó él, intranquilo, descon­certado y desconfiado. “Antes que Feli­pe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera TE VI”, repuso el Señor. Y en un memento Natanael comprendió que, Quien pudo verlo debajo de la hi­guera y revelar el estado de su corazón, tenía que ser DIOS, y exclamó: “Tú eres el HIJO DE DIOS” (Jn. 1.44-49).

CRISTO CONOCE LOS DICHOS DE TODOS. — El abatido y desmorali­zado Tomás, lleno de temor por lo que para él fue un inesperado giro en los sucesos acaecidos al Señor, estuvo au­sente de la reunión memorable cuando Cristo apareció a los Suyos para confir­mar Su resurrección. Cuando los demás le contaron cuan maravilloso había sido el encuentro, contestó: “Si no viere en Sus manos la señal de los clavos, y me­tiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en Su costado, no creeré”. ¿Fueron oídas estas palabras solamente por sus condiscípulos? Oh, no. Uno más las oyó y tomó nota de lo dicho; y ocho días después visitó a los Suyos y a Tomás le dio la oportunidad de conocerle. Este también, cual Nata­nael, al darse cuenta de que, además de haber resucitado, el Señor conocía lo di­cho por él comprendió Quién era Jesús y prorrumpió en la confesión más cate­górica de un alma iluminada: “¡Señor mío, y DIOS mío!” (Jn. 20:19-28).

CRISTO CONOCE LOS PENSA­MIENTOS DE TODOS. — Estando en Capernaum le trajeron un paralítico pa­ra que lo sanara; pero fueron sorpren­didos al oírle decir: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. ¡Qué bendición pa­ra el enfermo! Pero, los escribas, que no vieron en el Señor más que a “Jesús, el profeta de Nazaret”, pensando en sus corazones, decían: “Blasfemias, dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” Y conociendo luego Jesús que pensaban así dentro de sí mismos, no tardó en revelarles Su auténtica Per­sonalidad al sorprenderles con la pre­gunta: “¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones?” Y, para que tuvie­sen evidencias irrefutables, por Su pala­bra sanó al enfermo ante todos. Y al ver levantarse al paralítico tomó espanto a todos de que, como DIOS, no sólo pu­diera decir “Tus pecados te son perdo­nados”, pero conociera aún los pensa­mientos de sus corazones y, asombrados, dijeron: “Hemos visto maravillas hoy” (Mar. 2:1-12; Luc. 5:26).

CRISTO MOSTRO LA GLORIA DE SU DEIDAD a tres de Sus discípu­los privilegiados. Un día, “El manso y humilde de corazón”, “el despreciado y desechado entre los hombres”, los llevó al monte alto. Mientras ORABA, “la apariencia de Su rostro se hizo otra”, y Sus vestidos se volvieron blancos y res­plandecientes como la luz; y, “he aquí una nube de luz los cubrió” y una voz de la nube dijo: “Este es MI HIJO ama­do, en el cual tomó contentamiento: a El oíd” (Luc. 9:29; Mat. 17-1-6). Y ellos, viendo “la majestad y gloria” revelada en El, y oída la voz, cayeron sobre sus rostros ante Quien es DIOS.
P. B
Sendas de Luz, 1976

miércoles, 1 de octubre de 2014

EL SEÑORÍO DEL SEÑOR ( PARTE I)

PROLOGO
"Sepa ciertísimamente toda la ca­sa de Israel, que a este Jesús que vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho SEÑOR y CRISTO" (Hechos 2:36).
Al presentar una serie de artícu­los sobre el SEÑORIO DEL SEÑOR, deseamos decir lo siguiente: En el día de Pentecostés, Dios quería ha­cer conocer la primerísima cosa a toda la casa de Israel: que él ha hecho SEÑOR y CRISTO a aquel JESUS, que ellos despreciaron, desecharon y crucificaron.
Esta misma verdad, y con mucha más razón, la debe conocer todo renacido. El SEÑORIO DEL SEÑOR debe ser una bendita realidad en la vida, en el hogar, en el negocio, y en SU IGLESIA.
El hombre, por naturaleza es re­belde y quiere ser su propio señor y dueño.
Su presunción le empuja a la in­dependencia, pues se cree capaz de gobernarse a sí mismo y a lo que es suyo. Tal actitud nunca debería ser la de un hijo de Dios. Un alma re­cibida a misericordia, favorecida con el conocimiento de la verdad y guiada por el Espíritu Santo, no lo hace, y si llega a hacerlo se consti­tuye tan transgresor como aquél que no tiene al Señor.
El creyente que no permite ejer­cer al Señor su SEÑORIO sobre su vida y sus bienes, fracasa en su mi­sión como testigo suyo (Hechos 1:8). Por el contrario, todo aquél que voluntariamente entrega su vida al gobierno del Señor, le honra, y lle­ga a ser fructífero y no será "esté­ril en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo" (2 P. 1:9).
Cristo el Señor, tiene pleno dere­cho sobre los suyos, y sobre lo que ellos por pura gracia han recibido de él, pues "lo que somos y tenemos, sólo es nuestro en él" (Himno 383).
Cristo el Señor, tiene pleno dere­cho sobre los suyos, porque son com­prados... por precio" (1ª Corintios 6:20), "con la sangre preciosa" su­ya (I* Pedro 1:19). Tanto el creyente individualmente, como su iglesia, la cual, "ganó por su sangre" (Hechos 20:28), son su exclusiva propiedad.
Donde el SEÑOR SEÑOREA, los hombres no discuten las Escrituras, sino que las obedecen. Y entonces, tanto hermanos como hermanas, es­tán en su lugar (Nehemías 8:7).
Donde el Señor es oído, respetado y obedecido, hay deseo de someterse a su PALABRA, y hay anhelo de vivir una vida digna "de la sobera­na vocación de Dios… vocación santa… vocación celestial" (Filipenses 3:14; 2? Tim. 1:9; Hab. 3:1).
Asimismo donde el Señor no es obedecido, donde no le permiten ejercer su SEÑORIO, habrá desor­den y anarquía espiritual, pues cada uno hará "lo recto delante de sus ojos" (Jueces 21:25).
El Señor nos ayude a ser dóciles a SU SEÑORIO, de tal manera que para nosotros no sea esta reconven­ción: "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?" (Lucas 6:46).

Pablo Boichenko

domingo, 4 de mayo de 2014

LA PRIMOGENITURA DE ESAU

"Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo cansado, dijo a Jacob: Ruégote que me des a comer eso bermejo, pues estoy muy cansado. . . Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a mor ir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo es este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y levantóse y fuese. ASI MENOSPRECIO ESAU LA PRIMOGENITURA”. (Génesis 25:29-34).
"Que ninguno sea fornicario, o profano, como Esaú, que por una vianda vendió SU PRIMOGENITURA, Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue reprobado (que no halló fugar de arrepentimiento), aunque lo procuró con lágrimas” (He. 12:16-17).
¡Qué necio fue Esaú! ¡Vendió su primogenitura a cambio de un guiso bermejo! ¡Qué poco aprecio tuvo de la bendición que contenía! Menospreció lo que realmente importaba por una insignificancia. Ningún hombre muere por estar cansado o por permanecer sin comer un día, sin embargo, "el profano Esaú" dijo:. . .voy a morir; ¿PARA QUE, PUES, ME SERVIRA LA PRIMOGENITURA?
Jacob aprovechó la necedad de su hermano astutamente y con presteza, obteniendo para sí la bendición que despreció Esaú. La primogenitura era de Un valor inapreciable para Jacob, y la codició con todo su corazón.
¡Qué valiosa enseñanza contiene la historia de estos dos hermanos! ¡Cuánto nos quiere hacer ver el Señor mostrándonos la necedad de Esaú y la sabiduría de Jacob! Los siglos pasan, pero la historia de la necedad humana se repite en el menosprecio de la primogenitura. Notemos como podemos llegar a menospre­ciar nuestra primogenitura.

EL DESPERTAR ESPIRITUAL
      El Espíritu Santo comenzó a trabajar profundamente el corazón de sinceros hermanos, en distintas partes del mundo, durante la segunda década del siglo pasado. Esta obra fue tan profunda que en algunos países como Irlanda e Inglate­rra, hasta clérigos y pastores abandonaban sus respectivas denominaciones pa­ra unirse a los sencillos creyentes que se reunían tan solo en el digno Nombre del Señor, conforme a Su voluntad. (Mateo. 18:20).
      Las Sagradas Escrituras eran abiertas y estudiadas por lo que también se abrían los ojos de aquellos que buscaban conocer la MENTE DE CRISTO. Así comenzó un verdadero DESPERTAR ESPIRITUAL.
      ¡Qué equivocados están los que piensan que se consigue DESPERTAR espiritualmente mediante el esfuerzo humano! La potencia del despertar no está en nosotros sino UNICAMENTE EN EL SEÑOR.
            El DESPERTAR del Espíritu Santo tomó fuerza y se extendió al mundo ente­ro. Obtenida la mente de Cristo, los hermanos se identificaron con el Señor llevando EL EVANGELIO Y LA DOCTRINA a todas partes. (Hechos 1:8; 2ª Juan. 9).
            Todos los que salieron tenían la certeza de haber sido salvados por el Señor quien también les había capacitado y les enviaba para cumplir su voluntad. Por eso toda su energía se originaba en la más absoluta dependencia de Él, y en la seguridad de que El era SUFICIENTE para suplirlo todo, proveer lo necesario y completar lo faltante puntual mente. EL SEÑOR SERA SIEMPRE SUFICIEN­TE PARA SOSTENER A LOS QUE DEPENDAN DE EL (Le. 22:35).
            ¡Maravillosa demostración de fe en Cristo! ¡Admirable ejemplo de sumisión al Dios vivo y verdadero! El Señor tenía héroes de la fe, y aún quiere tenerlos ahora, héroes que solo dependan de Él, quienes recibirán merecida honra en AQUEL DIA.
            La obra de gracia que comenzó en el viejo mundo, llegó a nuestra Argentina, como a toda América, en el norte como en el sur. El sencillo testimonio al Nom­bre digno del Señor comenzó en Buenos Aires, en Rosario, en Córdoba, Santia­go del Estero, Salta y en muchos otros lugares.
            A través de aquel DESPERTAR ESPIRITUAL, el Espíritu Santo sacó a luz lo que no manifestó la "Reforma". En su época la "Reforma" hizo conocer al mundo, la gloriosa verdad de la JUSTIFICACION POR LA FE, pero con el DES­PERTAR ESPIRITUAL fue conocido y anunciado TODO lo restante de la gracia de Dios. En el DESPERTAR ESPIRITUAL, los hermanos distinguieron la verdad en cuanto a:
1) LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR
2) REUNIRSE AL NOMBRE DEL SEÑOR
3) CELEBRAR LA CENA DEL SEÑOR EN SENCILLEZ Y HUMILDAD
4) EL SACERDOCIO DE TODOS LOS CREYENTES
5) EL ORDEN EN LA ASAMBLEA
6) EL SUSTENTO DE LA OBRA DEL SEÑOR Y SUS OBREROS
       Aquellos que codiciaron la verdad, como Jacob la primogenitura, la apreciarán en su real magnitud, porque la compraron por su justo precio; pero los que la heredaron, la menosprecian, como lo hizo Esaú. (Pr. 23:23).
      Algunas de las bendiciones que encierra esta PRIMOGENITURA:

REUNIRSE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR
            Los que fueron despertados por el Espíritu Santo percibieron el error denominacional, y el valor que tiene reunirse solo en el nombre del Señor. Las pa­labras del Señor: "Porque donde están dos o tres congregados EN MI NOMBRE, allí estoy yo en medio de ellos", fueron recibidas como una valiosa revelación. (Mt. 18:20). Ellos vieron como un agravio al Señor los nombres denominacionales; pero al imponerse el Registro de Cultos en nuestro país, los hermanos aceptaron imprudentemente un nombre: "Iglesias Cristianas Evangélicas", y esto tan solo para obedecer a las autoridades, no como un nombre denominacional. Sin embargo, el tiempo se encargó de cambiarlo todo. En sus orígenes, los herma­nos dirigían sus cartas y circulares a los hermanos que se reúnen en el Nom­bre del Señor, hoy lamentablemente se hace a la Iglesia Cristiana Evangélica de tal o cual lugar. De este modo, gradualmente, el NOMBRE DEL SEÑOR fue reemplazado sin que se dieran cuenta, por el nombre denominacional. Donde se cambia el nombre, pronto se cambia todo lo demás, como veremos a continuación.
La primogenitura fue tristemente vendida por un plato de lentejas, pocos se dan cuenta de ello y a pocos les duele esta venta humillante. ¡Qué decadencia espiritual en tan poco tiempo! ¡Qué desastre puede hacer la transgresión en la vida espiritual de los creyentes en unos pocos años!

LA CENA DEL SEÑOR
LA CENA DEL SEÑOR, instituida por el mismo Señor, encierra en sí incalculables bendiciones para los que participan dignamente de ella. Su sencillez, solemnidad y reverencia agradan al Señor y benefician al redimido. En la Cena del Señor, el creyente hace memoria de su Señor y Salvador. La mesa, el pan y la copa son su distintivo; el pan simboliza Su cuerpo crucificado y la copa Su san­gre derramada. Pero esta tan sencilla, solemne y significativa reunión se transforma en otra, donde la higiene, la precaución y los escrúpulos son preponderantes, pues, La copa se transforma en “copitas”, El pan en "trocitos" previamente cortados, y el Espíritu Santo responde: "Esto no es comer la Cena del Señor". (1° Co. 11:20). ¿Nos damos cuenta lo que significa vender LA PRIMOGENITURA?

EL MINISTERIO DE LA PALABRA
La transgresión en el MINISTERIO DE LA PALABRA sigue a la de la Cena del Señor. El ministerio fiel edifica, corrige, redarguye y santifica. Cada asamblea necesita el ministerio fiel, pues, sin este los santos no pueden desarrollarse espiritualmente. El ministerio fiel se hace aún más indispensable cuando el pueblo de Dios se une ocasionalmente, y este ministerio fiel puede proporcionarlo solamente el Espíritu Santo. Ninguna comisión, por más bien intencionada que sea, lo puede proveer, pues ningún hombre ni grupo de ellos puede monopolizar al Espíritu Santo. A los ministros de la Palabra los levanta el Señor por Su Espíritu (Le. 1:4).
¡Cuántas maravillas vio el pueblo de Dios, cuando el Espíritu tuvo libertad para escoger y levantar SUS ministros!
Lamentamos la decadencia espiritual, todos la sentimos, pero no pocos logran discernir la causa de esta pobreza espiritual.
Un orador que apela a la humana sabiduría, y que satisface humanos intere­ses, no puede ser un fiel ministro de la Palabra. ¡Cómo fue edificado el pueblo de Dios, cómo fue consolado y prevenido en aquella oportunidad en que el Espíritu Santo levantó a Jahaziel! ¡Con qué docilidad Jahaziel se sometió al Señor para comunicar la verdad al pueblo equivocado!  ¡Con qué gratitud oyó el pueblo el mensaje fiel! (2Cr. 20:8-15) ¡Qué gran consolación recibieron los afligidos, oyendo el ministerio fiel de Obed! ¡Con qué solicitud, con qué amor y fidelidad al Señor, entregó Obed su ministerio, movido por el Espíritu Santo! ¡Qué bendición tan grande es la PRIMOGENITURA de la dependencia del Señor y de la libertad del Espíritu! ¿Necesitamos más ejemplos para reconocer el valor que tiene la PRIMOGENITURA en cuánto al ministerio fiel?

EL MODO DE OFRENDAR AL SEÑOR
¡Qué perfecta y cabal es la enseñanza del Señor sobre el modo de ofrendar a Él y para Su obra!
"Honra a Jehová de tu sustancia, y de las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus trojes con abundancia" (Pr. 3:9-10)
"El alma liberal será engordada, y el que saciare, él también será saciado". (Pr. 11:25).
"Cada primer día de la semana cada uno de vosotros aparte en su casa, guar­dando lo que en la bondad del Señor pudiere"(1 Co. 16:2).
"Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, o por necesidad; porque Dios ama al dador alegre... como de bendición y no como de mezquindad "(1 Co. 9:10-15).
Cada cristiano consciente de su privilegio y de su deber ofrenda al Señor del modo indicado. Ofrenda al Señor de su sustancia, y de las primicias de TODOS sus frutos... apartando en su casa, "regularmente"... como de bendición", y “nunca”... “como de mezquindad”. Los hermanos aprendieron de las Escrituras este modo de dar, en el tiempo del DESPERTAR ESPIRITUAL. Dando así no hay necesidad de pedir, y volver a pedir, de nadie, sino que, basta simplemente presentar las necesidades al Señor, y El las suple siempre en abundancia, en su mucha misericordia. Pero al vender la PRIMOGENITURA, surgen los méto­dos humanos, qué consisten en pasar el plato o la bolsa en reuniones donde no corresponde, imitando a las denominaciones, de esta manera se transforma la ofrenda al Señor en una simple "colecta" INDISCRETA e indiscriminada.
Pedir a los que no son salvos, agravia y ofende al Señor. Dios dice: "Y de ma­no de extranjero NO OFRECERAS EL PAN de vuestro Dios. . . porque su co­rrupción está en ellas: hay en ellas falta, no se os aceptarán"(tv. 22:25).
¡Qué diferencia hay entre el modo de ofrendar indicado por el Señor y el de los hombres!
Los cálculos humanos son atractivos y cautivadores, pero son reprobados por el Señor.
¡CUANTO COSTÓ A ESAU AQUEL POTAJE BERMEJO!
¡CON QUE AMARGURA LO RECORDARA!
¡CON QUE AMARGURA LO RECORDABA DESPUES!
¡CUIDADO CON VENDER LA PRIMOGENITURA!

Sana Doctrina, 1976