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sábado, 25 de julio de 2026

Desear el día de Jehová

 

¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Amós 5:18


En los días de Amós, existía un mal predominante que el profeta señaló particularmente: la audacia del pueblo al expresar su deseo por la llegada del día de Jehová. ¿Acaso no hemos escuchado a personas que profesan ser cristianas, que contribuyen a prolongar la confusión actual, afirmar: «¿Es verdad que la condición de la cristiandad es lamentable, pero el Señor viene pronto y pondrá todo en orden, y eso nos consuela»? En este versículo, leemos claramente una advertencia acerca de este supuesto deseo. “¿Para qué queréis este día de Jehová?”. Sin duda debemos desearlo si vivimos en obediencia y santidad. Sin embargo, es imprudente y engañoso oponerse a las Escrituras y luego afirmar que se anhela el día de Jehová. Justamente este es el pecado de Israel denunciado en este pasaje.

En general, no hay nada más peligroso o terrible que separar las enseñanzas de las Escrituras de su llamado a la conciencia. Si convierto las esperanzas de la Escritura en un simple producto de mi imaginación, en lugar de escucharla como aquello que juzga mis acciones, evidentemente no estoy caminando en comunión con Dios. Cuando el Espíritu de Dios pone ante nosotros el regreso del Señor Jesús, uno de sus propósitos es llevarnos a deshacernos de todo lo que no es conforme a su voluntad. “Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Jn. 3:3). Esto no significa que el Señor purificará todo lo que no esté de acuerdo con él recién en el momento de su venida. Ciertamente lo hará, pero entonces lo hará mediante juicio. Por lo tanto, nadie debería arriesgarse a esperar ese momento para juzgar, en su vida, lo que no es según la voluntad de Dios. Debemos buscar esta purificación ahora, dejando que Dios actúe en nosotros por medio de su Palabra y su Espíritu. Conocemos el amor de Cristo. Cristo es nuestra vida. Por lo tanto, no debemos tolerar en nuestra vida cosas que sean contrarias a su Palabra. Este es el único camino correcto para aquellos que esperan la venida del Señor.                

W. Kelly

martes, 26 de mayo de 2026

Aprender a los pies de Jesús

 


María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra… Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. Lucas 10:39, 42


El único lugar donde realmente podemos aprender del Señor es a sus pies. María de Betania tuvo el privilegio de sentarse en ese lugar y oír su palabra, disfrutando de la buena parte que había escogido y que nadie podía quitarle. En el versículo de hoy, La palabra “parte” implica una porción de algo que disfrutan varias personas. María obtuvo su porción de los beneficios ofrecidos a aquellos dispuestos a escuchar la Palabra del Señor. De esta forma, su elección le otorgó un beneficio eterno. Este pensamiento lo vemos reflejando en Colosenses 1:12, donde los creyentes son exhortados a dar gracias al Padre “que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz”. Los santos son quienes disfrutan de estos privilegios.

Sentarse a los pies de un maestro es una frase bíblica que simboliza la actitud de un aprendiz, implicando humildad y disposición para aprender. Sin embargo, es importante meditar sobre la vida del maestro a quien escuchamos. María se sentó a los pies de Aquel cuyo camino conocía bien, y al escuchar los consejos de sabiduría que emanaban de sus labios, ella comprendió que sus palabras eran totalmente coherentes con su andar. Los pies del Señor Jesús, sucios por el polvo, lo condujeron hacia el leproso marginado, al lecho del enfermo, a la casa del afligido, al mendigo junto al camino, y a los desplazados de la sociedad, para atender a cada necesidad y angustia. Sus enseñanzas nunca estuvieron desconectadas de la realidad.

Deberíamos seguir el ejemplo de María y sentarnos a los pies del Señor. Sentarse no significa hacer una visita rápida y luego volver a nuestras ocupaciones diarias y ajetreadas. Necesitamos dedicar un tiempo tranquilo para estar en la presencia del Señor, prestando atención a lo que él tiene que decirnos. Dios quiera que aprendamos el significado de esto.

J. Barnes

domingo, 28 de diciembre de 2025

Descanso presente y eterno


Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. 
Mateo 11:28-29

¿Has encontrado el descanso bendito en la sangre y la obra de Emanuel? ¿Has buscado el reposo durante mucho tiempo y aún no lo has encontrado? Toda otra paz es falsa, sombría e irreal. Las palabras de gracia del Salvador le ofrecen al alma confianza y paz eterna. Su gracia nos brinda descanso en el presente y en la gloria.

Las aspiraciones inmortales del alma solo pueden ser satisfechas mediante la posesión del favor y el amor de Dios, los cuales se encuentran en Jesús. La invitación es incondicional y todos, sin excepción, están calificados y son bienvenidos. Para los débiles, cansados y cargados de pecado, hay una puerta abierta de gracia. Querido lector, permita que la dulce cadencia de estas palabras de Jesús lo envuelvan en medio de sus preocupaciones terrenales. Refúgiese en él y estará seguro en el tiempo presente y por toda la eternidad. Quizás haya tormentas y dudas temporales, pero estas serán como olas superficiales en el océano, mientras que en lo profundo habrá una serena calma.

Aquellos que son salvos pueden cantar a Dios: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera” (Is. 26:3). Si la anticipación de este descanso es preciosa, ¿qué diremos de su gloriosa consumación? Despertaremos en la mañana de la inmortalidad, habiendo dejado atrás el inquieto mundo terrenal para siempre. La fe dará paso a la visión y la esperanza se convertirá en realidad. No habrá más inclinación hacia el pecado ni principios latentes del mal que perturben la tranquilidad eterna del espíritu.

El corazón tembloroso solo encontrará descanso en Aquel en quien pueda confiar plenamente, reposando de manera permanente en el gozo del Dios infinito.

J. R. MacDuff

sábado, 26 de julio de 2025

Alegría por la mañana

 


Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría. Salmo 30:5


Este versículo, a menudo utilizado en tarjetas de condolencias y cuadros murales cristianos, merece un análisis más profundo. El salmista había experimentado la disciplina de Dios, pero reconoce que esta es temporal en comparación con el gran esquema de todas las cosas. La disciplina es por “un momento” y “para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad” (He. 12:10). En contraste, el favor de Dios para toda la vida y no se ve afectado por las fluctuaciones de nuestra condición espiritual.

La segunda parte del versículo es un reflejo de la primera. El lloro dura una noche, ¡pero da paso a la alegría de una mañana eterna! En hebreo, la palabra durar utilizada en este versículo significa alojarse o pasar la noche. Esto nos presenta la figura de que el llanto es como un huésped temporal que se va por la mañana, no es un morador permanente.

Quizás el Señor Jesús tuvo en mente este versículo durante la noche de su traición, cuando consoló a sus discípulos con las siguientes palabras: “De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero, aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo” (Jn. 16:20). Cristo los estaba preparando para los eventos de su muerte y resurrección, y para el impacto que esto tendría sobre ellos. Ellos tardaron en entender sus palabras y no las comprendieron plenamente hasta después de su ascensión.

La verdad de estos versículos también es cierta para nosotros los cristianos: aunque vivamos en la noche del rechazo de Cristo, y aunque parezca que el “dios de este siglo” hace lo que le place, pronto amanecerá una nueva mañana que nunca acabará, será una “mañana sin nubes” (2 S. 23:4). ¡Cristo ha resucitado!

Brian Reynolds

domingo, 20 de abril de 2025

Amorosa atención a los necesitados

 

Los discípulos [en Antioquía], cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo (Hechos 11:29-30). Con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas [los creyentes macedonios], pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos (2 Corintios 8:3-4).


Desde el mismo comienzo del cristianismo en Pentecostés (Hch. 2), podemos ver cómo el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Ro. 5:5). De hecho, “el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Jn. 3:17-18). Por eso, en la Palabra se nos pide que no amemos no solo con palabras, sino “de hecho y en verdad” (1 Jn. 3:17-18).

Los primeros cristianos en Jerusalén compartían todo sin estar obligados a hacerlo. Vendían sus cosas y ponían el dinero a los pies de los apóstoles para que este se distribuyera según las necesidades. Este amoroso cuidado continuó por algunos años bajo la guía del Espíritu, pero luego la carne se manifestó a través de la falsedad y la murmuración. A medida que la Iglesia crecía y se extendía por todo el Imperio romano, los procedimientos para llevar a cabo este cuidado de amor se volvieron más engorrosos, especialmente cuando se trataba de ayudar a los necesitados en Judea, ya que se debía transportar materialmente el dinero.

Pablo y sus colaboradores se preocupaban por sus hermanos pobres en Jerusalén con gozo y diligencia (Gá. 2:10). Para hacerlo, se recogían donaciones entre las iglesias formadas principalmente por gentiles. Sin embargo, en aquellos días no existían billetes, cheques ni giros bancarios, y las monedas de metal tenían que ser trasladadas por hermanos de confianza. Por lo tanto, ayudar a los santos necesitados era, y aún es, un trabajo de amor para el Señor. ¿Participamos en esta obra de amor? ¿De qué manera?

Eugene P. Vedder, Jr.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Ser lentos para la ira: una cualidad cristiana

 


Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad. Proverbios 16:32


Dios tiene una razón mucho mayor que nadie para estar enojado con la continua desobediencia de innumerables multitudes de la humanidad, sin embargo, él se ha mostrado sorprendentemente lento para la ira. Si su ira se mostrara de acuerdo con su verdad y justicia, seguramente destruiría totalmente al hombre de la faz de la tierra. Él no ignora el gran pecado de la humanidad, sino que es maravillosamente paciente al soportarlo. Sin embargo, llegará el día en que deberá descargar su ira en un juicio imponente y terrible.

Mientras tanto, busca la bendición más pura y vital de sus criaturas. Por precepto y ejemplo, les enseña los principios profundamente importantes que son los atributos mismos de su propia naturaleza. La verdad y la justicia tienen ciertamente su lugar en esta enseñanza, pero la paciencia es igualmente importante y es algo que todos deberíamos apreciar y cultivar profundamente. Puesto que Dios ha sido tan paciente con nosotros, ¿no deberíamos también ser lentos para la ira cuando otros nos someten al trato más injusto?

Lo más importante en esto es la estimación que Dios hace de nuestra lentitud para la ira. Él nos ha dado un espíritu y un alma, y espera que tengamos un control adecuado de cada uno de ellos, al igual que espera que controlemos las acciones de nuestros cuerpos. Cuando somos tratados injustamente por otros, nuestro primer impulso es a menudo responder en defensa propia. Si pienso: «Le haré lo que él me hizo a mí», entonces me hago tan malo como el ofensor. En cambio, cuando alguien actúa o me habla mal, debería darme cuenta de que en realidad se está haciendo más daño a sí mismo que a mí con sus acciones o palabras.

Controlar nuestro temperamento es una conquista mejor que conquistar una ciudad. Que, a nosotros, que conocemos al Señor, se nos conceda la gracia de ser verdaderamente lentos para la ira, pero prontos para escuchar la Palabra de Dios y obedecerla.

L. M. Grant

domingo, 16 de abril de 2023

¿PREOCUPARSE O MEDITAR?


 Estaba yo quebrantado, y no hablaba… ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah. Dije: Enfermedad mía es esta; traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo… Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos. (Salmo 77:4, 9-10, 12)

            Un creyente escribió: «Si eres capaz de preocuparte, entonces también eres capaz de meditar». El Salmo 77 ilustra cómo el peso de nuestras preocupaciones puede ser sustituido por la fuerza que Dios da. La preocupación es el tema principal de la primera parte de este salmo. Asaf, su autor, busca al Señor en el día de su angustia (v. 2). Su espíritu está abrumado, y aunque recuerda sus cánticos en la noche, ahora Dios le parece distante. Incluso se pregunta si el Señor ha dejado de ser misericordioso o si se ha olvidado de Su gracia. Estas expresiones demuestran claramente cuáles son las profundidades de la desesperación. Cuando nos vemos abrumados por la preocupación, vemos todo a través del prisma de nuestros problemas.

            Pero el salmista ha aprendido a distinguir entre su propia ansiedad y la fidelidad de Dios. Traza una línea bajo sus pensamientos, como si dijera: «Estas preguntas son producto de mi preocupación. Dejaré de formularlas y comenzaré a pensar en lo que Dios ha hecho». La preocupación que llenaba su mente, creando constantes pensamientos dolorosos, da paso a un nuevo conjunto de pensamientos acerca de la fortaleza, la redención y el cuidado de Dios por Su pueblo. Estos pensamientos hacen referencia a los días de Jacob y Moisés, como si Asaf no pudiera recurrir ni siquiera a su propia experiencia. Sin embargo, eso fue suficiente, y Asaf recuerda que se puede confiar en Dios.

            La preocupación nos invade, llevándonos a rememorar nuestras dificultades una y otra vez. La meditación, en cambio, nos conduce a recordar continuamente la fidelidad de Dios. Esta meditación no cambiará nuestras circunstancias, pero reemplaza la preocupación y, por lo tanto, ¡nos transforma!

Stephen Campbell

El Señor está Cerca


domingo, 26 de febrero de 2023

EL TRIUNFO DE LA CRUZ DEL CALVARIO

 Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y Él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. (Juan 19:16-18)


“Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron”: Aquí es donde la culpabili­dad del hombre alcanzó su punto más alto. “Y Él, cargando su cruz, salió...”: Aquí es donde se manifestó la gran victoria del amor divino sobre el odio humano. Él no fue arrastrado ni empujado; Él (de su voluntad) “salió”. Ningún hombre le quitó la vida; Él de sí mismo la puso (cf. Jn. 10:18). De su parte no hubo resistencia ni pesar; cada paso que Él dio hacia el Gólgota hizo temblar el reino del diablo.

Y allí “le crucificaron”; y el Cristo crucificado es la respuesta de Dios a la mentira del diablo en Edén. Si Dios hubiese dejado que cosechá­semos los amargos frutos de nuestra rebelión y pecado, no podría­mos habernos quejado; pero, en lugar de eso, se propuso disipar las tinieblas y derribar el poder del diablo por medio de esta poderosa y convincente prueba de su amor hacia nosotros. Satanás le hizo creer a los hombres que Dios era un Señor severo. Dios probó que está lleno de amor. ¿Cómo lo hizo? Dándonos el don más preciado que había en el cielo: Su propio Hijo amado. Desde el mismo momento en que la gloriosa luz de este amor resplandece en los corazones de los hombres, la esclavitud de Satanás llega a su fin. Jesús fue levantado en la cruz y aquel levantamiento proclamó toda la verdad. Desnu­dada la mentira y disipadas las tinieblas de la ignorancia, Dios triunfó.

¡Cuán grandioso es el esplendor del Calvario! Así como cuando el sol se levanta por la mañana, hemos sido despertados de nuestra noche somnolienta. Hemos sido forzados a exclamar: «¡A pesar de todo, Dios nos amaba! La penetración de su Palabra nos dio luz, y con la luz llegó la libertad. Las cortinas de tinieblas se han des­garrado y nuestras almas se han adentrado en el día. ¡En la cruz se manifestó el perfecto amor!

J. T. Mawson

El Señor está Cerca

domingo, 16 de octubre de 2022

LOS DOS ASPECTOS DE LA SANTIFICACIÓN

 


LOS DOS ASPECTOS DE LA SANTIFICACIÓN

 

Dios los ha escogido desde el principio para salvación mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad. (2 Tesalonicenses 2:13 NBLA)

 


Las Escrituras tienen mucho que decir acerca de la santificación en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, y donde sea que la hallemos; significa fundamentalmente separación o ser puesto aparte. En el Antiguo Testamento, la palabra santificación se utiliza tanto en relación a cosas como a personas, mientras que en el Nuevo Testamento está limitada a estas últimas.

Cuando se aplica a los creyentes, tiene un doble significado—uno primario y uno secundario. Sin embargo, en las mentes de muchas personas el significado secundario ha anulado al primario. Para muchos, la santificación de los creyentes es un proceso por el que somos hechos cada vez más santos y agradables a Dios; pero su significado primario es que, por un acto de Dios, hemos sido apartados para Él mismo. En el sentido primario, todo creyente ha sido apartado para Dios. Esta santificación posicional es un hecho objetivo y absoluto. En el sentido secundario, todo creyente debe ponerse aparte para Dios. Esta santificación práctica y progresiva es una experiencia subjetiva. Y cuando permitimos que la experiencia subjetiva eclipse el hecho objetivo, las cosas se salen de su lugar.

No nos volvemos más santos por alcanzar cierto estándar de santidad práctica. Somos santificados de Dios, y debido a ello, la santidad nos incumbe. Así es como Dios quiere que sea, y es según el principio de la gracia. Somos santificados por la obra de Cristo (He. 10:10) y por el Espíritu Santo (2 Ts. 2:13). También está nuestro lado, con las medidas que debemos tomar para promover la santificación. Debemos «evitar» ciertas cosas, «apartarnos de iniquidad», y «limpiarnos» de los instrumentos de deshonra. Así es como progresa la obra práctica de la santificación. Es la gran obra que el Señor está llevando a cabo con Su Iglesia—“para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la Palabra” (Ef. 5:26).

F. B. Hole.

El Señor está cerca, 2022.

miércoles, 23 de febrero de 2022

ACERQUÉMONOS A ÉL

 


Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. (Hebreos 10:22)


Bien podemos detenernos ante este versículo y preguntarnos: ¿Cuánto conocemos de este “acerquémonos”, que implica entrar dentro del velo? De hecho, podemos saber algo de aquella otra exhortación que el escritor hace en el capítulo 4, cuando dice: “Acer­quémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcan­zar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (v. 16). Allí hallamos un refugio al cual huir en medio de las tormentas de la vida; sin embargo, este "acerquémonos” es diferente, nos incita a ir a nuestro hogar para disfrutar bajo el calor de Su amor.

Un refugio es un lugar al cual huimos en tiempos de tormenta. Un hogar es un lugar donde nuestro corazón halla descanso. Todos conocemos a Cristo como refugio, sabemos ir a Él en medio de nuestras dificultades, pero cuán poco lo conocemos como la morada de nuestros afectos. De hecho, Cristo es “escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión ... como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Is. 32:2). Mientras atravesamos este mundo, con todo su sequedal, esterilidad y cansancio, es de gran bendición tener a Alguien a quien dirigirnos en búsqueda de aliento y descanso. Sin embargo, recordemos que, si solo huimos a Cristo como refugio en tiempo de tormenta, corremos el peligro de soltar­nos de su mano cuando las dificultades se acaben.

¡Ay! Esto nos sucede muy a menudo. Nos dirigimos a Él en la tormenta; lo olvidamos en la tranquilidad. Pero si nuestros afectos son atraídos a Él, justo donde Él está ahora, si vemos que su lugar en el cielo también es nuestro, entonces el cielo se convertirá en el hogar de nuestros afectos, el lugar donde podemos tener comunión con Jesús en una escena donde nunca entrará la sombra de muerte, y donde todas las lágrimas serán enjugadas.

Hamilton Smith

El Señor está cerca 2021

miércoles, 19 de enero de 2022

LA DIGNIDAD DEL CORDERO Y LA SANGRE DEL CODERO

 


LA DIGNIDAD DEL CORDERO Y LA SANGRE DEL CODERO

Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con Su san­gre...a Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. (Apocalipsis 1:5-6) Vi...en medio del trono...un Cordero. (Apocalipsis 5:6)

¡Bendito Señor! No tengo nada sino tu amor, un amor que me lleva directo a la casa del Padre para estar contigo donde se manifiesta la plena expresión de aquel amor. Tal amor es algo tan poderoso cuando entra en el corazón, que conduce los pies a caminar de una forma muy diferente a la de un hombre que no lo posee. Puedo mirar a aquel Cristo y decir que nada me puede perturbar; Cristo glorifi­cado en la presencia de Dios es el terreno de mi paz. Lo conozco como Aquel que llevó mis pecados en la cruz y me reveló la gloria de Dios; estoy en relación con Él como el Hombre de dolores, con Él, quién descendió a la tumba, que resucitó y vive para siempre a la diestra de Dios. Y allí, en Él, encontramos nuestro lugar ante Dios.

A medida que pasan los años nos damos cuenta que estas cosas mantienen su valor; ¿pero qué estimación del valor de esa sangre puede tener un pobre pecador? ¿Cómo será cuando lleguemos al hogar, y nos demos cuenta que estamos allí dentro, llevados por aquella sangre a la comunión de lo que Dios es? Y mientras camine­mos a través de la casa del Padre y entremos en la plenitud de gozo reservada para nosotros, veremos que todo está relacionado con los mismos elementos con los que nos otorgó gozo aquí, mientras nos conducía a través del desierto.

¿Cuáles serán las primeras y dulces expresiones que oiremos cuando entremos en el cielo? ¡La dignidad del Cordero y la sangre del Cordero! ¡Qué terrible debe ser el pecado como para necesitar la sangre del mismo Hijo de Dios! Allí arriba, en la presencia de Dios, aprendo algo acerca de la infinidad del pecado, y solamente la san­gre del Hijo de Dios puede sacar la mancha de aquel pecado, y ella lo ha hecho completamente.

G. V. Wigram

domingo, 4 de julio de 2021

MEDITACIÓN

 

[Bernabé] exhortó a todos a que con propósito de corazón per­maneciesen fieles al Señor.  (Hechos 11:23)

UNA EXHORTACIÓN A PERMANECER FIELES AL SEÑOR (2)

          Un corazón distraído es la ruina de un cristiano. Cuando mi corazón está lleno de Cristo, ni mi corazón ni mi vista se sienten atraídos por la basura del mundo. Si Cristo mora en tu corazón por la fe, entonces no existirá esta pregunta: «¿Qué hay de malo en esto o aquello?», sino más bien: «¿Estoy haciendo esto por Cristo? ¿Puede Cristo acompañarme en esto?» No dejes que el mundo entre y confunda tus pensamientos. Este promete muchas cosas que no puede cum­plir. El hecho es que, el corazón de un cristiano es demasiado grande para el mundo, este no lo puede llenar. Al mismo tiempo, el corazón de los cristianos es muy pequeño para Cristo, pues Él llena los cielos de los cielos; sin embargo, Él llenará tu corazón y lo hará rebosar.

Meditemos nuevamente en que debe-mos permanecer fieles al Señor: no a una responsabilidad, no a alguna ley, sino al Señor. Bernabé sabía cuán engañoso es el corazón y con qué prontitud pone algo más en el lugar que le pertenece a Cristo. Tú tendrás que aprender a conocer qué es lo que hay en tu corazón. Permanece con Dios y aprenderás a conocer tu corazón junto con Él, bajo el poder de su gracia; de lo contrario, tendrás que aprenderlo con el diablo a través de tentaciones que te harán caer. Pero Dios es fiel, y si te has alejado de Él y otras cosas han entrado en tu corazón, endureciéndolo, y quieres volver a Él, Dios dice: debes tratar con tu corazón a fin de librarte de su poder engañoso.

Sin embargo, por más descuidado que hayas sido, por más lejos que te hayas alejado de Él, ¡vuélvete a Él! No dudes que se gozará al verte volver; medita en su amor; mira con horror al pecado que te aleja, pero no desconfíes de su amor, como tampoco un esposo o esposa querría ofender a su cónyuge desconfiando de su amor. Ódiate a ti mismo, pero recuerda cuánto te amó Él, y lo hará hasta el fin. No desconfíes de su obra ni de su amor.

J. N. Darby,

Devocional “El Señor está cerca 2020”, 01/12/2020

domingo, 13 de junio de 2021

UNA EXHORTACIÓN A PERMANECER FIELES AL SEÑOR (1)

 

UNA EXHORTACIÓN A PERMANECER FIELES AL SEÑOR (1)

[Bernabé] exhortó a todos a que con propósito de corazón per­maneciesen fieles al Señor. (Hechos 11:23)


            Bernabé exhortó a los nuevos creyentes a que permaneciesen fieles al Señor. Algunos pueden experimentar un largo periodo de alegría en el momento de la conversión, pero Dios conoce nuestros cora­zones, y sabe cuán pronto comenzaremos a depender de nuestro gozo, y no de Cristo. Él es nuestro objeto, no el gozo. No permita­mos que nuestro gozo nos haga olvidar cuál es su fuente. Es justo y precioso en su debido lugar; no tengo nada contra él, ¡no lo per­mita Dios! Solamente quiero advertirte que no descanses en él. No busques fortaleza en él. Existe el peligro de que el gozo haga que te olvides cuán dependientes somos del Señor en todo momento.

Depende sólo de Él: permanece fiel a Él con propósito de corazón. He visto muchos cristianos tan llenos de gozo que pensaban que ya no había pecado en ellos. Es verdad, el pecado ya no permanece sobre ti; pero la carne está en ti hasta el final. El viejo tronco sigue ahí, y te vas a dar cuenta que, si no eres vigilante, si la vida divina no se cultiva en tu corazón por medio de mirar a Cristo y alimentarse de Él, entonces ese viejo tronco producirá sus brotes. Ningún buen fruto puede salir de él. Es el «nuevo tronco» el que da fruto para Dios.

Pero, aunque la carne está en ti, no pienses en eso; piensa en Cristo—aférrate a Él; y permite que tu alma se mantenga en esta verdad: Cristo es tu vida y, al mismo tiempo, el objeto de aquella vida (Gá. 2:20). A medida que crezcas en este conocimiento de Él, tu gozo se volverá más profundo que el que tenías cuando recién te convertiste. Conozco a Cristo hace más de cuarenta años, y puedo decir que tengo diez mil veces más gozo ahora de lo que tuve al principio. Es un gozo más profundo y tranquilo. Es hermoso ver como el agua fluye estrepitosamente en las alturas de una montaña, pero allí hace mucho ruido; más el agua que corre en las llanuras es más profunda, calma y productiva.

J. N. Darby

Devocional “El Señor está Cerca” 2020, día 31 de noviembre.

domingo, 21 de febrero de 2021

MEDITACIÓN

 LAS ALAS DE LA FE

Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas, Jehová solo le guio, y con él no hubo dios extraño. (Deuteronomio 32:11-12)


            Las pruebas nos enseñan qué es la fe; son el terreno fértil donde la confianza echa raíces. Las dificultades son los incentivos divinos que demandan y desarrollan nuestra confianza en la fidelidad y el amor de Dios.

            Para que sus pequeños aprendan a volar, el águila destruye su nido y los lanza al vacío. Ante tales circunstancias, lanzados a sus propios recursos, ellos deben volar o caer. Es en ese momento que los aguiluchos aprenden a usar sus pequeñas alas, y a medida que aletean desesperadamente, ellos descubren el secreto de una nueva vida y gradualmente aprenden a abrirse camino a través de un firmamento sin senderos, lanzados con sus alas al viento y con el sol sobre ellos. Y así es como Dios enseña a sus hijos a usar las alas de la fe. Él desarma sus nidos, quitándoles sus soportes, y a menudo los arroja a un abismo de impotencia, en donde o se hun­den o aprenden a confiar y a echarse al aparente vacío, en donde Dios les muestra que está debajo de ellos, como las alas susten­tadoras que el águila extiende bajo sus crías débiles y luchadoras.

            Es tan fácil para nosotros el apoyarnos en cosas que podemos ver. Sin embargo, es una experiencia completamente nueva el sentirnos solos y caminar con un Dios invisible, tal como lo hizo Pedro cuando caminó sobre las aguas. Esta es una lección que debemos apren­der para que nuestras almas moren siempre en la calma eterna de Dios, en donde la fe debe ser nuestro único sentido, y Dios nuestro todo en todos. Es por eso que, por lo general, la lección que corona nuestra vida espiritual la aprendemos en la escuela del sufrimiento.

Meat in Due Season

Meditaciones Bíblicas Diarias “El Señor Está Cerca”, 2020.

domingo, 17 de enero de 2021

SEGURIDAD: EL CAMINO DE SALVACIÓN

 

Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni prin­cipados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38-39)

            Jesús fue a la cruz como el Cordero llevado al matadero. Allí “padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 P. 3:18). Él “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Ro. 4:25). De este modo, cuando Dios perdona al pecador que cree en Jesús, Él no rebaja sus justas demandas contra el pecado, pues Jesús pagó por completo la pena por el pecado.

            ¿Crees en el Hijo de Dios? Si es así, Dios cumple en ti el pleno valor del sacrificio de Jesús. ¿No es esta una maravillosa forma de salvación, digna de Dios mismo? Su amor, la preciosa gloria de su Hijo, y la salvación del pecador, todo esto está unido. ¡Qué gracia que el Hijo de Dios haya consumado toda la obra y obtenga toda la alabanza, y que tú y yo, al creer en Él, obtengamos toda bendición!

            Pero puede que te preguntes: «¿Por qué no tengo seguridad sobre mi salvación? Si mis sentimientos un día me dicen que soy salvo, otro día estropean toda esperanza. Soy como una nave sacudida por la tormenta y sin lugar donde anclar». ¡Allí está tu error! ¿Has oído alguna vez que alguien haya tratado de anclar un barco manteniendo el ancla de
ntro de la nave? El ancla debe engancharse firmemente fuera de la nave. Puede que entiendas que sólo la muerte de Cristo te da seguridad, pero piensas que lo que sientes dentro tuyo es lo que te da seguridad. ¡Pon tu confianza en Él y en lo que ha hecho, y no en ti mismo y en cómo te sientes!

            G. Cutting

Devocional “El Señor Está Cerca”, 2020

 

Son Tus méritos la fuente de mi salvación;

En tu sangre yo encuentro vida y perdón

F. Crosby

miércoles, 5 de agosto de 2015

Meditación.

“Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto” (1 Samuel 28:10).


En los primeros años de su reinado, Saúl había decretado que todos los adivinos y espiritistas debían ser cortados de la tierra. Pero más tarde las cosas fueron de mal en peor en su vida personal y pública. Después de la muerte de Samuel, los filisteos se concentraron contra el ejército de Saúl en Gilboa. Cuando ya no recibió palabra del Señor, consultó a una adivina de Endor quien le recordó con temor que él había ordenado matar a todos los adivinos de la tierra. Fue entonces que Saúl la tranquilizó diciéndole: “Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto” (1 Samuel 28:10).
La lección es clara: la gente tiende a obedecer al Señor solamente cuando le conviene. Cuando ya no le viene bien siempre inventa historias para hacer lo que quiere.
¿Dije “la gente”? Quizás debí decir “nosotros”. Todos nosotros tendemos a evadir las Escrituras, torcerlas o a encontrar interpretaciones “convincentes” cuan-do no queremos obedecer.
Por ejemplo, hay algunas instrucciones evidentes tocantes al papel de la mujer en la iglesia. Pero éstas parecen entrar en conflicto con el movimiento feminista actual.
¿Y qué hacemos? Decimos que esos mandamientos estaban basados en la cultura de aquellos días y no se aplican a nosotros hoy. Naturalmente, una vez que admitimos ese principio, podemos deshacernos de casi todo el contenido de la Biblia.
Algunas veces nos encontramos con algunas declaraciones firmes del Señor Jesús respecto a los términos del discipulado. Si sentimos que demandan demasiado de nosotros, que vamos a tener que cambiar algo en nuestras vidas que nos va a costar, decimos: “Jesús no quería decir que debemos hacerlo, sino solamente que deberíamos estar dispuestos a hacerlo”. Nos engañamos pensando que estamos dispuestos, cuando no tenemos ninguna intención de hacerlo.
Podemos ser muy firmes demandando que los ofensores sean disciplinados de acuerdo a las austeras demandas de la Palabra, pero cuando el ofensor resulta ser nuestro pariente o amigo, insistimos en que las demandas se aflojen o se pasen por alto por completo.
Otra trampa en la que caemos es la de clasificar los mandamientos de la Escritura como “importantes” o “no importantes”. Aquellos en la categoría de “no importantes” pueden dejarse de lado, o al menos eso es lo que nos decimos a nosotros mismos.

Lo que realmente estamos haciendo con todos estos falsos razonamientos, es luchar con las Escrituras para nuestra propia destrucción. Dios desea que obedezcamos a Su Palabra, si nos viene bien o no. ése es el camino a la bendición.

martes, 2 de diciembre de 2014

Meditación

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Gen_2:15).


Contrariamente al parecer de algunos, el trabajo no es una maldición; sino una bendición. Antes de que el pecado entrara al mundo, Dios designó a Adán para que cuidara del Jardín de Edén. Fue después que el hombre hubo pecado que Dios maldijo la tierra, pero no al trabajo en sí. Decretó que, al tratar de ganar el sustento de la tierra, el hombre encontraría penas, sudor y frustración (Gen_3:17?19).
Un anciano respetable decía: "¡Bendito trabajo! Si llevas la maldición de Dios, ¿Cuánta debe ser Su bendición?" Pero el trabajo no lleva Su maldición. Es parte de nuestro ser esencial, de nuestra necesidad de creatividad y de ser útiles. Cuando sucumbimos a la holgazanería es mayor el peligro de pecar. Y a menudo es al retirarnos de la vida activa que comenzamos a derrumbarnos.
No debemos olvidar que Dios mandó a Su pueblo que trabajara ("seis días trabajarás" Exo_20:9). Los hombres tienden a pasar por alto eso y a enfatizar la otra parte que les manda descansar el séptimo día.
El Nuevo Testamento etiqueta al perezoso como "desordenado" o "indisciplinado" y decreta que si un hombre no quiere trabajar, que tampoco coma (2Te_3:6?10).
El Señor Jesús es el Ejemplo supremo como Trabajador laborioso. "¡Qué días de duro trabajo fueron los Suyos! ¡Qué noches de oración laboriosa! Tres años de ministerio le envejecieron. "Ni aún tienes cincuenta años", le decían, haciendo un cálculo aproximado de su edad. ¿Cincuenta? ¡Solamente tenía treinta! Esto no es ningún secreto" (Ian MacPherson).
Algunas personas le tienen alergia al trabajo porque le notan alguna característica desagradable. Deberían darse cuenta de que ningún trabajo es completamente ideal. Toda ocupación tiene siempre algún inconveniente. Pero el cristiano puede hacerlo para la gloria de Dios: "No para salir del paso, sino triunfalmente".
El creyente trabaja, no sólo para suplir sus propias necesidades, sino para ayudar a otros que están en necesidad (Efe_4:28). Esto añade un motivo nuevo y desinteresado al trabajo.
Aun en la eternidad trabajaremos, ya que la Palabra dice: "sus siervos le servirán" (Apo_22:3).
             Mientras tanto, debemos seguir el consejo de Spurgeon: "Mátense trabajando y luego avívense a través de la oración".

miércoles, 1 de octubre de 2014

Meditación

“Mirad, pues, cómo oís” (Lucas 8:18).


En la vida cristiana debemos cuidar no sólo qué oímos sino también cómo oímos.
Es posible oír la Palabra de Dios con una actitud de indiferencia. Podemos leer la Biblia como si leyéramos cualquier otro libro, aparentemente despreocupados de que sea el Dios Todopoderoso quien nos habla por medio de ella.
Podemos oír con una actitud crítica. Colocamos al intelecto humano por encima de las Escrituras. Juzgamos a la Biblia en lugar de permitir que ella sea la que nos juzgue.
Podemos oír con una actitud rebelde. Cuando leemos aquellas porciones que tratan de las sobrias demandas del discipulado o de la sujeción de la mujer y la necesidad de que se cubra la cabeza, nos enfurecemos y nos negamos por completo a obedecer.
Podemos ser oidores olvidadizos, como el hombre a quien se refiere el libro de Santiago: “que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era” (Lucas 1:23-24).
Quizá la clase más común es la de los oyentes apáticos, éstos oyen tanto la Palabra de Dios que se vuelven insensibles. Escuchan los sermones de una manera tan mecánica y rutinaria que no pueden dejar de bostezar. Están hastiados de escuchar. Su actitud es: “¿Qué puedes decirme que no haya oído ya?”
Cuanto más escuchamos la Palabra de Dios sin obedecer lo que oímos, nos ensordecemos más y más. Si nos negamos a escuchar, terminaremos perdiendo la capacidad de oír.
La mejor manera de oír es hacerlo con toda seriedad y reverencia, determinados a obedecer de todo corazón, aun si nadie más lo hace. El hombre sabio es aquel que no sólo escucha sino que practica lo que oye. Dios está buscando hombres que tiemblen a Su Palabra (Isaías 66:2).
Pablo elogia a los tesalonicenses porque cuando oyeron la Palabra de Dios, no la recibieron: “como palabra de hombres, sino según es en verdad, la Palabra de Dios” (1Te_2:13). Seamos, pues, cuidadosos de cómo oímos.
                        William McDonald