martes, 29 de septiembre de 2026

 


La Fe de Rahab

J. Koechlin 

Josué 2:1-13


Dos grandes obstáculos impiden la entrada del pueblo en Canaán. En primer lugar, el Jordán, que constituye la frontera. Luego, en la otra ribera, la imponente fortaleza de Jericó. Josué envía allá a dos espías. Su misión parece limitada a la visita a Rahab y a conocer no el poder del enemigo sino el poder de Dios que obra en el corazón de esa mujer. Rahab ha oído lo que Dios había hecho por su pueblo Israel. Creyó en él, y aquí se muestra activa, porque “la fe sin obras es muerta”. A esa miserable cananea, Santiago la toma como ejemplo de esta verdad, juntamente con Abraham (Santiago 2:25). A los ojos de los hombres la acción de esta mujer –una traición– es absolutamente reprensible. Pero eso mismo resalta mejor la diferencia que hay entre una obra de fe, agradable a Dios, y una «buena obra» alabada por los hombres. Lo que hace un creyente no siempre es comprendido y aprobado por el mundo.

La fe de Rahab le dio un sitio de honor en dos listas notables del Nuevo Testamento: la genealogía de Jesucristo (Mateo 1) y la enumeración de los fieles testigos de Hebreos 11 donde ella es la única mujer nombrada juntamente con Sara.

Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"

He aquí mi siervo (6)

 



Alfred E. Bouter, El Señor está cerca 

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto. Isaías 53:3

Isaías describió el maltrato sufrido por el Varón de Dolores a manos de su propio pueblo. El profeta utilizó la palabra despreciado dos veces en el versículo 3 (véase NBLA), detallando siete puntos del severo rechazo que experimentó el Mesías. Así como la gente evitaba cualquier contacto con un leproso, de la misma manera ocultaban sus rostros de Jesús, el Mesías. Este relato concuerda con el segundo cántico del Siervo en Isaías 49: “Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones…: Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por Jehová; porque fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió” (Is. 49:7). Este pasaje confirma claramente el compromiso de Dios con su Siervo, al igual que en Isaías 52:13–15, mientras que la primera parte relata el maltrato que recibió de parte de los líderes judíos. Isaías 53:3 constituye la conclusión de la segunda estrofa de esta gran profecía sobre el rechazo del Mesías. A continuación, se exponen estos siete puntos:

1. Despreciado: No fue respetado y fue rechazado.

2. Desechado: La gente evitaba cualquier contacto con él.

3. Varón de dolores: este es un título que implica mucho dolor, sufrimiento y angustia.

4. Experimentado en quebranto: Nuestro Señor Jesús comprendía el sufrimiento, la tristeza y el dolor como un médico que conoce todas las enfermedades.

5. La gente escondía sus rostros y se alejaba de él.

6. Menospreciado o despreciado (NBLA): Palabra mencionada por segunda vez, su desprecio es impactante, un desdén que implica odio.

7. No lo estimamos: concluye con la confesión futura del pueblo, resumiendo cómo lo valoraron.

¡Qué solemne y exacta es esta confesión! No olvidemos que este texto fue escrito aproximadamente 800 años antes de que el Mesías sufriera y muriera. ¡Esta confesión saldrá de los labios del pueblo unos dos mil años después del rechazo del Mesías!

José como figura del siervo de Dios

 William Williams, 1936 


William Williams, 1936  

(1) José se presenta por vez primera en Génesis 30.24, y como objeto de oración. “Se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos.” ¡Qué bendición una madre que teme a Dios! Esta mujer oraba por su familia antes de tenerla, llamando a su primer hijo, “Añadirá Dios.” La oración contestada aumenta nuestra fe, y Él sí añadió, pero a precio elevado. Nació Benjamín y ella falleció.

La verdadera devoción supone sacrificio. La carne tiene que morir si la gracia va a reinar. El grano de trigo tiene que morir, o se queda solo. Raquel se fue, pero José y Benjamín se quedaron, todo según los propósitos divinos. Él añadió esta vez “Un hijo de mi diestra.” Siglos después, un siervo modelo iba a escribir en Filipenses 3.5 que era “de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos.”  Por medio de éste, Dios añadió muchos gentiles, y sigue haciéndolo.

(2) También es bueno recordar en relación con la obra del Señor que Dios puede añadir todavía más. “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: «Mi siervo Moisés ha muerto.» “Es uno de los mejores tributos a Moisés: “Mi siervo Moisés ha muerto.” Pero Dios no, y Él levantó a un Josué. Dios se interesa por, y anticipa, la necesidad de cada generación. Una buena manera para desanimar a un recién entrado en la obra es la de darle a entender que es un tapahuecos al lado de los padres espirituales y los ancianos en la asamblea.

(3) “Amaba [Jacob] Israel a José,” Génesis 37.3. Es un buen fundamento: saber que uno es amado del Padre, y el amor suyo impulsará nuestro servicio ante Dios y los hombres. “Le hizo una túnica de diversos colores [piezas].” Fue un don, y cada siervo del Señor debe servir según la medida de su don. Nuestra Cabeza ensalzada otorga diversos dones a los que le sirven. Dios no está limitado a un solo molde; hay variedad en su proceder. A veces actúa de una manera, y otras veces de otra, y debemos tener cuidado de no pensar que todos tienen que correr sobre los rieles que nosotros hayamos colocado. Dios no aprueba las imitaciones; que cada cual procure con diligencia presentarse a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse; 2 Timoteo 2.15.

(4) “Sus hermanos le tenían envidia.” José no complacía a todos, y mientras más el siervo de Dios aprenda que su objetivo es agradar a Dios, y no a los hombres, mejor será para él o ella. De esta manera, complacerá a todos aquellos que merecen ser complacidos.  Dios estaba detrás de los sueños y dichos de José, así que tengamos cuidado de que la ofensa no sea a causa de nuestras propias expresiones y hechos carnales. Parece que algunos confunden la gracia con la fidelidad.

Tres veces en el capítulo 37 leemos del aborrecimiento hacia José. Si no fuera por Rubén, el asunto hubiera terminado en homicidio. Chupa de uno la salud espiritual el antagonismo hacia los que de una u otra manera sirven al Señor, y es más común de lo que queremos reconocer.

(5) En el capítulo 39 José está en otro salón de la escuela de Dios. Está en Egipto, en la casa de Potifar, para vivir tal vez la etapa más difícil de su vida, pero el capítulo se destaca por contar cuatro veces que “Jehová estaba con José.” Sí, “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo: y si por los ríos, no te anegarán,” Isaías 43.2. Mientras más intensa la prueba, mientras más oscura la nube, mayor el poder y presencia de nuestro Padre. “Como tus días serán tus fuerzas,” Deuteronomio 33.25.

(6) “Era José de hermoso semblante y bella presencia,” 39.6, pero un físico atractivo no necesariamente será un beneficio para quien sirva a su Señor. Los sueños habían expuesto este hombre a la enemistad de sus hermanos, y ahora su buena presencia le expone a la lascivia de una mujer impía.

“Hablando ella a José cada día ...” Si hubiera estado libre, debía haber huido la primera vez como de una mapanare, y sin duda ella se volvió más y más atrevida. La respuesta noble de José, “no escuchándola,” muestra que temía a Dios, pero con todo sentimos que actuó imprudentemente al permitirse estar a solas con la seductora. “Consérvate puro,” 1 Timoteo 5.22, es una advertencia que suena y resuena: puro en pensamiento, en motivo, en conducta. 

Donde hay tentación, huya. Donde hay tentación, más razón para estar acompañado. El Señor envió a los discípulos de dos en dos, y es una buena práctica en la obra del Señor.

(7) “El dejó su ropa en las manos de ella;” tuvo que perder su ropa para salvaguardar su carácter. La prueba circunstancial estaba en su contra, y también una mujer descaradamente mentirosa. José tuvo que pasar a otro salón en la escuela divina. Que el incidente sea una advertencia a no actuar con base en meros indicios. Acordémonos de Deuteronomio 13.14: “Tú inquirirás, y buscarás y preguntarás con diligencia ...”

(8) “Mirad, nos ha traído un hebreo para que hiciese burla de nosotros.” Ella se vale del antisemitismo para vengarse del joven, pero Jehová estaba con éste en el pozo, en la casa y ahora en la cárcel también. José ha podido estar en la casa del oficial con una mala conciencia, pero optó por estar en la cárcel con una buena conciencia. No fue el último que ha tenido que elegir.

(9) “Aconteció que pasados dos años ...,” 41.1. Se había probado su amor, su integridad, y ahora su paciencia. Algunos siervos del Señor son amables, pero su paciencia no aguanta un desayuno desagradable o una noche sin mucho sueño. La tribulación produce paciencia, y tenemos que dejar que haga su obra completa; Romanos 5.3, Santiago 1.4.

Es de esperar que el evangelista, pastor o maestro sea olvidado por el mundo, y es de temer que sea olvidado por sus hermanos también, pero lo más difícil de llevar es que sea olvidado por aquellos a quienes ha hecho bien. Se le ha criticado a José a veces con decir que confió en el copero en vez de Dios, y se ha criticado a los siervos del Señor por un sinfín de faltas, tanto supuestas como auténticas. Generalmente viene de aquellos que nunca han padecido persecución por causa de la justicia. Odiado, vendido, tentado, calumniado, encarcelado y olvidado, José pasa de primaria a secundaria. Al cabo de trece años de persecución, está donde Dios le puede usar.

(10) “Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón,” 41.46. Había hecho falta experiencia para estar en pie ante el rey en esas circunstancias. Ahora bien, el que escribe no va a fijar una edad obligatoria para otro que va a salir en fe a la obra del Señor en su propio país o en otro, pero el tenor de las Escrituras nos indica cautela en animar a uno hacer esto antes de, vamos a decir, los veinticinco años de edad. El hermano dispuesto a dedicarse tranquilamente a las cosas del Señor hasta tal vez los veintiocho o treinta años, atraerá la atención de algún experimentado siervo de Cristo que sabrá consultar a la asamblea del joven (posiblemente sin que éste lo sepa) y luego le invitará a acompañarle en alguna actividad evangelística. A menudo aquella asamblea, conociendo mejor los antecedentes, tendrá el gusto de confirmar el ejercicio y encomendará el hermano a la obra a tiempo completo.

(11) “José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; más hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente,” 42.7. El hombre tenía firmeza, discernimiento y carácter. Son tres cualidades necesarias, porque habrá pruebas y dificultades en la obra del Señor. Se nota una diferencia en ese sentido en la vida de Pablo en contraste con la de Pedro. “El entendido en la palabra hallará el bien,” Proverbios 16.20. Mi reputación es lo que los hombres piensan de mí, pero mi carácter es lo que Dios ve en mí. 

(12) “Besó a todos sus hermanos, y lloró,” 45.15. Este es José en lo mejor de su ser. El hermano de responsabilidad entre el pueblo del Señor está mostrando el carácter de Cristo cuando puede perdonar con franqueza los abusos que ha recibido.

(13) Ocho veces leemos que José lloró. Esto es hermoso. La firmeza y la ternura eran trama y urdimbre de su hermoso carácter, pero lamentablemente es algo que no se encuentra con frecuencia. Por regla general, hay una falta de ternura en aquellos que son firmes por la verdad, como también una falta de firmeza en aquellos que son tiernos. La firmeza para defender la verdad viene con la lectura y aplicación de la Palabra de Dios; la ternura viene con la oración y confesión delante de él

(14) “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen,” Salmo 25.14. José sabía que Dios iba a visitar a su pueblo. “Por le fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos,” 50.26, Hebreos 11.22.

Siete personas, siete caracteres

 

La Epístola de Santiago

José Naranjo



Santiago es rico y abundante en admoni-ciones. Si fue tan necesario las reconvenciones de Santiago en el principio de la iglesia, ¡cuánto más hoy día se necesitan de estas advertencias! La iglesia está en pleno desarrollo, y juntamente con su crecimiento se van introduciendo en ella individuos, caracteres, voluntades y mentes que sólo pueden ser arrancados con la bendita azada de la palabra de Dios. Santiago tiene la propiedad de hablar fuerte porque consideraba la enfermedad por el grado de infección; de acuerdo a la gravedad del mal, así aplicaba el remedio.

Siempre ha habido mentes que creen que la ruina moral en que ha caído la sociedad puede superarse con la educación, el deporte o el ejercicio de la libre voluntad. Esos científicos de las letras tienen la cabeza muy grande y miran el corazón de la humanidad reducido como el de ellos mismos; parecen ignorar que todo el mal del mundo radica en el corazón humano. Así piensan los religiosos también. Muchas sectas hay desengañadas porque no encontraron la perfección del claustro anacoreta, o por la abstinencia y maceración del cuerpo. Han cambiado de proceder y creen conseguir el remedio para la decadencia espiritual por contemporizar con el mundo y ponerse a tono de la generación presente. Ese es el fin que persigue el Concilio Ecuménico y las convenciones protestantes. Eso no es nuevo; en los primeros siglos había unos que se llamaban docetistas que pensaban perfeccionarse por la carne. (Colosenses 2:23) Los esenios judaizantes “prometían a sus discípulos un acercamiento a Dios por medio de lo que apela a los sentimientos”.

Todas estas plantas dañinas impulsaron a Santiago y a los demás apóstoles a escribir fuertemente para arrancar este mal que ha proliferado en todos los tiempos en la iglesia. Veo en el primer capítulo de Santiago siete personas representativas de sendos caracteres.

· El creyente escaso de sabiduría (Santiago 1:5)

De nuestra devoción depende la sabiduría que viene de Dios. Él administra su sabiduría gradualmente según la capacidad del deprecante. Por más que la ciencia se aumente tendrá sus limitaciones, pero la sabiduría de Dios es infinita, y cuando tengas ochenta años escudriñando del arcano tendrás que empezar de nuevo, porque ni aun la mitad de la grandeza de su sabiduría revelada te ha sido descubierta. Tampoco la sabiduría de Dios consiste en la verbosidad, ni en la dialéctica elocuente de la retórica. El sabio dijo: “El principio de la sabiduría es el temor de Dios; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su loor permanece para siempre”. (Salmo 110:10)

De modo que la base para alcanzar la sabiduría de arriba es la fe. Siendo Dios benévolo, quiere que el creyente se acerque a él con confianza. (Hebreos 11.6) La puerta de su gracia se abrirá en bendición para los que en él esperan de veras.

· El creyente inconstante (Santiago 1:8)

¡Cuánta alegría nos produce ver en los creyentes la firmeza de su fe, de su carácter y de sus convicciones! El autor del Salmo 46 fue uno de esos hombres que podemos llamar “cedros de Dios”. Las tribulaciones lo templaron de tal modo que su influencia ha contaminado a otros para repetir lo mismo. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar”. Pablo, otro gigante de la fe, dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo ... En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. (Romanos 8:35)

Algunos necesitan pasar por duras experiencias para aprender de la firmeza de la fe en Cristo: como Pedro, como Jonás, como Lot. La inconstancia ha hecho pacto con el perjuicio, la duda y la incredulidad. La redención de la inconstancia cuesta muchas lágrimas.

· El creyente de diferente condición (Santiago 1:9-11)

Es difícil contentarnos con lo que tenemos. Siempre estamos inconformes; sólo en el estado eterno y perfecto, donde no habrá desigualdad ni injusticia, tendremos un cuerpo adaptado a aquella nueva patria. “Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede”. (1 Corintios 7:20) Hay que tener en cuenta que la conformidad no nace con uno; es algo que se aprende. Pablo lo aprendió y lo enseñó: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado”. (Filipenses 4:12)

Se necesita mucha gracia de Dios para sentir y tener el mismo espíritu de Agur: “No me des pobreza ni riqueza; mantenme del pan necesario”. (Proverbios 30:7-9)

· El creyente sensual (Santiago 1:13-15)

La prueba viene de Dios; la tentación viene del diablo. No obstante, es una tentación permitida de acuerdo a las fuerzas del hombre que la pueda resistir de frente, aguantar encima, rechazar victorioso, o correr para no caer. Es la falta de vigilancia contra el enemigo, la intemperancia y la falta de ejercicio, que dan pábulo a la ociosidad y la tentación.

El gran hombre dijo que “bueno les fuera quedarse como yo”. (1 Corintios 7:8) También dijo: “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. (1 Corintios 9:27)

· El creyente espejo que no refleja (Santiago 1:22-24)

Si un espejo se pone al frente de una luz, esperamos una correspondencia, porque el espejo refleja la luz. La palabra de Dios es luz y nosotros como espejo obtenemos doble beneficio: la luz que recibimos, y la luz que reflejamos. Siempre será criticable un poste sin luz, o un espejo oscuro sin reflejo. Samaniego el fabulista dijo: “Dijo la zorra al busto después de olerlo, tu cabeza es hermosa, pero sin seso”. Como éste hay muchos, que parecen hombres, pero son sólo bustos.

· El creyente acústico y diligente (Santiago 1:25)

Este no echa a sus espaldas la palabra de Dios. Semejante a Pablo dice: “Señor, ¿qué quieres que haga?” Reacciona como Josías, redargüido: “Luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestidos”. Como el eunuco impresionado por la lectura preguntó: “¿De quién el profeta dice esto, de sí mismo, o de algún otro?” Este es el creyente que recibe luz y da luz. (Hechos 9:6, 2 Crónicas 34:19, Hechos 8:35, Mateo 5:14-16)

· El creyente religioso, vano o puro (Santiago 1:26-27)

Ciertamente hay creyentes cuya lengua no fue redimida a no fue bautizada. Muy buenas obras son paralizadas o reducidas a la impotencia por la perversidad de la lengua. Una religión de palabras no cuesta mucho.

La religión pura es práctica, activa, comunicativa. Dorcas le dio expresión a su religión. Bernabé, Filemón y otros muchos nos han dejado un ejemplo patente de su religión constructora; ésta es la religión que propende al lustre del evangelio y la gloria de Jesucristo.

· El hermano falto de sabiduría (Santiago 1:5-7)

Generalmente nacemos tan estúpidos como el pollino de asno montés, y a medida que nuestros pecados se aumentan nos hacemos cerreros e indómitos; luego, semejante al pollino donde subió el Señor para entrar en Jerusalén, al tener contacto con Cristo se tornó manso y servil. También en el hombre nacido de nuevo, su mayor deseo es alcanzar la sabiduría que viene de arriba, que no se consigue en las celdas del seminario, ni en las aulas del liceo, ni en los textos más sobresalientes de filosofía.

El mismo Santiago recomienda lo que él hizo. “Pídala a Dios”. Si este Santiago era pariente del Señor, sabemos que sus padres eran pobres, y que tampoco tuvo la oportunidad de ir a las escuelas rabínicas. De Cristo dijeron: “¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?” (Juan 7:15) Entonces el empeño de Santiago, al recibir a Cristo como su Salvador, fue adquirir sabiduría de lo alto. La sabiduría oculta sólo es revelada a los humildes. (Mateo 11:25) Se nos manda a pedir sabiduría, pero pedirla con fe. La sabiduría de Dios no está en antagonismo con la ciencia humana. Es cuando el hombre se llena la cabeza de sus conocimientos que se hincha, y pone en tela de juicio el poder de Dios. (1 Corintios 1:21)

Que el hermano o hermana aprenda, se instruya, alcance uno o más diplomas, yo me congratulo, pero que su sabiduría terrena no rivalice con la sabiduría que viene de Dios. Antes, sus conocimientos sean puestos a los pies de nuestro Señor, de quien recibimos todo lo que somos y tenemos.

· El hombre inconstante (Santiago 1:8)

A nosotros mismos que no somos perfectos nos incomoda ver la informalidad de los otros. ¡Cuánto más Dios que es santo tres veces se entristece al ver nuestra falta de constancia! El salmista, como se conocía a sí mismo, tenía temor de ser desleal, y rogó al Señor: “Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado”. (Salmo 119:80)

Poncio Pilato fue hombre de doble ánimo. Tan pronto estaba para reconocer la inocencia del Señor, y muy pronto para castigarle y condenarle. Agripa y Félix eran hombres de doble ánimo, convencido e indeciso el primero, temblando, pero aplazando el segundo. Doble ánimo es el reverso de lo que el Señor enseñó: “Vuestro hablar sea: Sí, sí, no, no; porque lo que es de más de esto, de mal procede”. (Mateo 5:37) La persona de doble ánimo dice sí, y no; promete y no cumple, empieza y no sigue, presta y no paga. Sigue la conducta de “los cretenses, siempre mentirosos”. (Tito 1:12)

La firmeza de carácter tiene un poderoso incentivo para el testimonio personal y para el evangelio. “El que aun jurando es daño suyo, no por eso cambia”. (Salmo 15:4) Hace poco salí de un culto y vi como un joven creyente se acercó para saludar a una joven, creyente también. Hablaban muy animados cuando otra joven creyente le dijo a la segunda: “No le hagas caso, Fulana, porque él es muy mentiroso”. Yo enseguida pensé: Si él es mentiroso en su círculo, ¿qué será fuera de él?

· El hermano que es de humilde condición (Santiago 1:9)

Dios les ha confiado a unos, riquezas y a otros les ha dado pobreza. “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas”. (Proverbios 22:1) El pobre se consuela en la esperanza de días mejores. Las promesas del Señor las cree por fe. “... para una herencia incorruptible, incontaminada, reservada en los cielos para vosotros”. (1 Pedro 1:3-5)

Esta confianza hace que el creyente hable con toda certitud, y aun se vanaglorie de su cercana exaltación. Que el hermano rico deponga la altivez, y dé lo mismo que el Señor le presta. Que haciendo bien procure atesorar para la vida eterna. (1 Timoteo 6:17-19)

· El varón que sufre la tentación (Santiago 1:12-15)

El mundo está puesto en maldad y ello envuelve una serie de profundas tentaciones. Por eso reconocemos que es una lucha que estamos librando; si no fuera por la presencia del Señor con nosotros, desde cuándo hubiéramos desmayado y caído. Cada una de las cartas a las iglesias de Apocalipsis termina diciendo, “al que venciere”, y cada vez hay una promesa de superada bendición que no puede compararse con las tentaciones soportadas en este mundo.

Como dijo Don Guillermo Williams de Romanos 8: “Ninguna condenación, v. 1; ninguna equivocación, v. 28; ninguna discriminación, v. 32; ninguna separación, v. 39”.

· El que se olvida de sí mismo (Santiago 1:22-24)

Este está expuesto también a “olvidar la purificación de sus antiguos pecados”,
(2 Pedro 1:9) La palabra de Dios es viva, y si no deja señales indelebles en nuestro ser, y cicatrices en nuestra conciencia, es porque todavía tenemos corazones de piedra. Es patente que el que se olvida de sí mismo, es porque ha olvidado primero cosas muy nobles y sagradas. Olvidó su amor para el Señor; olvida los cultos; olvida los deberes para con su familia; olvida la consideración a sus hermanos; se descuida con su misma persona. No está loco, sino que viene a ser el inconstante del versículo 8.

· El hacedor de la obra (Santiago 1:25)

Este corresponde a las tres bases: “Que la edificación de Dios que es por fe ... amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida”. (1 Timoteo 1:4,5) Lee su Biblia con meditación; va al culto y oye con reverencia. Este sube con Cristo al monte de su santidad. Alcanza la sabiduría por el temor reverente a Dios. Vive confiado sin temor del mal, porque la palabra de Dios es su baluarte. Hace y levanta una obra porque confía en lo que Dios dice. “Este es el sabio, cuyas palabras son como aguijones”. (Eclesiastés 12:11)

· El hombre religioso (Santiago 1:26-27)

Parece que la lección de Santiago es que la marca de una persona religiosa es su caridad piadosa más que sus palabras; o también sus enseñanzas van respaldadas por su conducta y obras prácticas. Hablar mucho sobre el tema del amor, sin tener amor práctico; disertar con mucha sabiduría sobre la fe, sin haber sido probada; hablar muy abundante sobre la paciencia “sin tener su obra completa”; explicar con mesura sobre la templanza y “devorar las casas de las viudas, y por pretexto hacer largas oraciones” (Lucas 20:46,47) — todo esto es pura hipocresía. Pero mucho bien hace “la lengua del sabio, la lengua sana, la lengua apacible”. (Proverbios 12:18, 15:4)

Dios me Hizo Mujer (2)

 


El plan divino de la feminidad

Eleonor Mosquera 

Capítulo 1: La obra maestra de la creación de la mujer

 (continuación)

NUESTROS ATRIBUTOS CLAVE

La Biblia nos enseña que Dios hizo al hombre y a la mujer criaturas iguales en dignidad y valor, y a su imagen divina, pero a la vez con características diferentes según su género. La masculinidad y la feminidad están arraigadas en los atributos clave que Dios le dio a cada uno según su precioso diseño.

Los rasgos que Dios le dio a la mujer forman el núcleo de su feminidad y le permiten cumplir por lo menos tres responsabilidades específicas según el propósito divino: afirmar, ayudar y anidar. A medida que ella las practique, se sentirá realizada y, sobre todo, glorificará a Dios.

Afirmar

En Génesis 1 notamos que, al hacer los animales, Dios creó a ambos géneros a la vez. Pero no fue así con el ser humano, Dios lo recalca en el Nuevo Testamento al decir que "Adán fue formado primero, después Eva" (l Timoteo 2.13).

Hay varias cosas que sucedieron antes de la creación de mujer. En Génesis 2 vemos que Dios hizo un huerto donde puso al hombre (v. 15), y después le trajo los animales para que les pusiera nombre (vv 19-20). También, Dios le dio al hombre la instrucción de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (vv 16-17), un mandato que tendría que enseñarle después a la mujer. No es casualidad que la Biblia nos señale que las cosas ocurrieron en esta secuencia. Todo esto nos muestra que el propósito de Dios es que el hombre sea el líder espiritual y, por lo tanto, es responsable de conocer y enseñar la voluntad de Dios, y de dar el ejemplo en cumplirla.

Luego, cuando Dios hizo a la mujer, Él mismo la "trajo al hombre (v. 22). Dios no le dijo que fuera a buscarlo por su cuenta alrededor del huerto, sino que la condujo a él. La primera persona a la cual la mujer tuvo que seguir fue Dios. Su relación personal con Dios y su comunión con Él eran, siempre deben ser, la prioridad de la mujer.

Con todo esto Dios estaba mostrando que, en su diseño glorioso del hombre y la mujer, Él había establecido un orden importante para nuestra bendición y para su gloria. Al hombre le asignaba la tarea del liderazgo y a la mujer la responsabilidad de afirmar el liderazgo del hombre. Este orden no concede más valor o dignidad a uno que al otro, sino que facilita las funciones de cada uno.

Afirmar es dar firmeza y asegurar una verdad expresando consentimiento y aprobación. En este caso se trata de darle firmeza al liderazgo que Dios le ha asignado al hombre. La sumisión está estrechamente relacionada con la afirmación, pues la mujer afirma la autoridad establecida por Dios al aceptarla, respetarla y someterse a ella.

Dios creó a la mujer con la disposición para aceptar, darle firmeza y fomentar el liderazgo del hombre, para que hubiera armonía en su relación.

Ayudar

Cuando Dios habla por primera vez sobre la mujer, la llama "ayuda idónea" (Génesis 2.18). Ella fue creada "de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre" (v. 22), y fue hecha "para él" (v. 20). Un poco más adelante, Adán le dijo a Dios que Eva era "la mujer que me diste por compañera" (Génesis 3.12). Estos detalles nos ayudan a apreciar otra de las responsabilidades que Dios le dio a la mujer.

En hebreo, la palabra ayuda (ezer) no es un término que sugiere un rol subordinado, una connotación que sí tiene en español. Más bien significa satisfacer la necesidad de otro, o hacer algo por alguien que no puede hacerlo por sí mismo. Esta misma palabra se usa con frecuencia en la Biblia para describir la acción de Dios de proveer una ayuda que es absolutamente indispensable e importante para el ser humano. Por ejemplo, la encontramos en el Salmo 121.1-2, "mi socorro viene de Jehová", y en Hebreos 4.16, "el oportuno socorro.

En toda la Biblia vemos que la ayuda tiene que ver consolar, animar, apoyar, aconsejar, acompañar y cuidar es llamativo que hay una piedra memorial en la Biblia que llamada "Eben-ezer... Hasta aquí nos ayudó Jehová" (l San- 7.12).

Vale la pena notar que Dios no se hace inferior a la fuente de ayuda que nosotros requerimos, sino que Él S' nuestra necesidad manteniendo su dignidad. Las Escri lo resaltan al decir: "El Señor es mi ayudador" (Hebreos 13.6).

Entonces, para reflejar este aspecto de la divinidad crear a la mujer Dios le dio la destreza, los recursos y la fue necesaria para que pudiera ayudar, complementar y apoyar al hombre en las responsabilidades que le había asignado a él.

Anidar

En Génesis 2 vemos que Dios creó al hombre fuera huerto, porque nos dice que después de crearlo "lo puso en el huerto de Edén" (vv 7, 15). Este huerto era un lugar delimitado que se encontraba en la tierra de Edén (que quiere d deleite y placer), y que Dios había preparado para disfrutar comunión con el ser humano.

A diferencia del hombre, la mujer fue creada adentro huerto, el lugar seguro y acogedor que sería su hogar. Dios los bendijo a ambos y les dio la instrucción de formar una familia. "Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructifica multiplicaos... Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mejer, y serán una sola carne” (Génesis 1.28; 2.24). En su soberanía, Dios estaba estableciendo un vínculo estrecho entre la mujer y su hogar, y por eso le dio un instinto para anidar.

Anidar es abrigar, acoger; es crear un ambiente propicio para recibir a otros y fomentar su desarrollo. Es lo que hacen algunas aves hembra cuando cubren el nido con sus propias plumas para que sus polluelos nazcan y crezcan en un lugar seguro y acogedor. Esta característica de las aves ilustra la capacidad que Dios le dio a la mujer para ser "cuidadosa de su casa" (Tito 2.5), la que genera el orden en el hogar. En otras palabras, es la cualidad que le permite ser "una madre que cría con ternura a sus propios hijos" (1 Tesalonicenses 2.7 NBLA).

Es maravilloso que Dios usa esta misma ilustración para describir el tierno cuidado que Él tiene hacia los suyos: "Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro" (Salmo 91.4). Al plantar ese huerto en Edén, Dios estaba disponiendo un lugar especial, protegido y agradable donde Adán y Eva comenzarían sus vidas y tendrían contentamiento.

De la misma manera, Dios le dio a la mujer una habilidad natural para hacer que su hogar sea un lugar de refugio y consuelo donde pueda proteger y criar a sus hijos y promover el desarrollo de otros. Esto incluye también el instinto maternal que le hace dar los cuidados cariñosos y necesarios en esos períodos críticos de la infancia o enfermedad, y la impulsa a promover el desarrollo físico, emocional y psicológico de los que están bajo su cuidado.

Entonces, habiendo considerado brevemente la obra maestra de la creación de la mujer, ciertamente podemos decirle a Dios: "Formidables, maravillosas son tus obras" (Salmo 139.14). Y ojalá que podamos concluir como el salmista: "estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien".

Génesis: la historia del primer hombre

 Vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Génesis 1:31

Murió José… y fue puesto en un ataúd en Egipto. Génesis 50:26

 


Génesis 1:1 nos ofrece una enseñanza sencilla aún incomprendida por muchos científicos: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. La Biblia nos narra la historia de dos hombres: el primero, Adán; y el segundo, el Señor Jesús. En Génesis, vemos la historia del primer Adán. Después de embellecer los cielos y hacer de la tierra un lugar adecuado para el ser humano, Dios puso a Adán como cabeza de esta hermosa creación. Este acto fue el clímax de la obra divina, y Dios declaró que todo era “bueno en gran manera”.

Sin embargo, a medida que la historia avanza, vemos cómo la creación se deterioró rápidamente por el pecado del hombre, quien desobedeció el único mandato que Dios le había dado. Las consecuencias fueron catastróficas. Dios le había advertido a Adán que moriría si comía del árbol del conocimiento del bien y del mal. “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Ro. 5:12).

Con el paso del tiempo, las generaciones fueron sucediéndose. En Génesis, leemos que tuvieron hijos e hijas y que llegaron a vivir muchos años. Sin embargo, salvo una única excepción, todos fueron muriendo uno por uno. Hasta el día de hoy, a pesar de todos los avances y la tecnología, aún prevalecen las palabras del Dios eterno: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (He. 9:27). El último versículo de Génesis nos dice que José murió y fue puesto en un ataúd en Egipto. ¡Qué retrato tan sombrío de este mundo donde la muerte reina como soberana!

Gracias a Dios, ¡este no es el final! Si bien el primer hombre fracasó estrepitosamente, este hecho sirvió como trasfondo para la aparición del Segundo Hombre, el Hijo amado del Padre. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Jn. 3:16).

¡Qué maravilloso es el plan de salvación de Dios!

Jacob Redekop

Lecciones que aprendí en mi asamblea (7)

 

Ministerio y ayuda por la Palabra de Dios

 Peter Fleming


La reacción contra la idea de que un solo hombre—elegido por o para el pueblo y designado por autoridad humana— no podía estar a cargo de todo el ministerio tuvo un efecto errado en algunos. Es decir, algunos llegaron a pensar que todo hombre podía predicar y enseñar a su antojo en la congregación, sin considerar si éste poseía el don para hacerlo, o la gracia para ejercer tal don. Pronto empezamos a ver que esta idea también era errónea, tanto en práctica como en teoría. Claro está que, al reunirnos como adoradores, para ejercer las funciones comunes de nuestro sacerdocio, había para cada cual esa opción de expresar las alabanzas, las acciones de gracia y la adoración, sujeto cada uno al don que tuviera y estando cada uno en la debida condición espiritual por supuesto. Éramos, según 1 Pedro 2.5, edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio del Espíritu Santo. Queríamos cumplir lo dicho en Filipenses 3.3: “...en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne”.

No todos están capacitados para hablar en público.

Pero este principio no es aplicable en la predicación del Evangelio en una reunión pública. Algunos pensaron por un tiempo que sí era aplicable, pero su insuficiencia se hizo evidente. No todos están capacitados para ser evangelistas, ni todos son capaces de hablar ante auditorios públicos. La plataforma debe ser usada solamente por los que tienen la capacidad de emplearla. Una vez que aprendimos esto como la voluntad divina, tuvimos que enfrentar la cuestión difícil de cómo saber quiénes eran los que tenían este don y cómo darles oportunidad para ejercer su ministerio. Desde luego, el mundo es grande y el Evangelio hace falta en todas partes. Pero nuestra primera responsabilidad estaba en el testimonio evangelístico de nuestra propia asamblea, el cual realizábamos en la capilla cada domingo en la noche. Con el correr del tiempo, también estábamos recibiendo ayuda en este sentido de visitantes de otras partes, y Dios bendijo su colaboración.

Sin “reuniones abiertas” ni “ministros fijos”.

Si bien se veía fruto en la salvación de almas, entendíamos que no deberíamos confiar exclusivamente en la ayuda de hermanos visitantes, porque esa práctica daba poca oportunidad para el desarrollo de cualquier don de evangelización que hubiese en nuestra propia asamblea. Las reuniones caseras y la predicación al aire libre habían puesto en evidencia que varios jóvenes entre nuestro número sí tenían capacidad y ejercicio.

Los hermanos que estábamos haciendo la obra de sobreveedores, y sobre cuyos hombros había caído esta responsabilidad de velar por las actividades de la asamblea, llegamos a dos decisiones. Por un lado, daríamos la bienvenida a todos aquellos que el Señor enviara a visitarnos, pero no haríamos arreglos (como algunos deseaban) para que esos hermanos se encargaran de toda la predicación durante lapsos específicos. Habíamos observado que, si un predicador no tenía un mensaje fresco para darnos en el poder del Espíritu, y no había la conversión de almas, un mes de reuniones era excesivo, cualquiera que fuese el arreglo hecho previamente. En cambio, si había poder, si la gente manifestaba deseos de oír la Palabra, si parecía que el Espíritu estaba empleando al hermano, entonces resultaba corto cualquier período de reuniones acordado previamente.

A veces cometimos el error de dejar ir a un hermano en estas condiciones, simplemente porque se había convenido que otro llegaría en determinada fecha. Aprendimos que el segundo no siempre era usado para continuar la obra que el Señor había encomendado al primero. Así, pusimos fin al sistema de “predicadores contratados”, pero de ninguna manera dejamos de agradecer las visitas de aquellos hermanos capacitados e idóneos que el Espíritu nos enviaba de visita de otras asambleas. Más bien, hacíamos los arreglos apropiados para que el visitante tuviese la oportunidad, si parecía apropiado, de ministrar la Palabra de Dios. Por otro lado, pusimos fin al sistema de “cualquier predicador” en lo que se refería a la participación de los hermanos en la asamblea para las reuniones de evangelización. A veces alguno había tomado parte cuando era evidente que no tenía la capacidad de hacerlo; y nos quedábamos mudos en la presencia de inconversos que se preguntaban para qué estaban allí. También dejamos el método de “ministros fijos” ya que, como siempre, debemos ser guiados por el Señor. Gracias al Señor que nunca nos ha fallado.

 

Conforme a la guía del Señor

Nos visitan siervos del Señor de lejos y de cerca, y también hermanos de las asambleas vecinas. Son impulsados por el deseo de colaborar en la proclamación del Evangelio y el ministerio de la Palabra a los creyentes. Al realizar “conferencias”, cuando nos visitan creyentes de asambleas en otras partes como también cristianos de otras afiliaciones, avisamos las fechas a estos siervos y otros hermanos capacitados, limitándonos en ambos casos a aquellos cuyas cualidades han sido probadas. Dejamos con Dios que Él dirija si los tales vendrán o no, y hemos visto que por lo general recibimos todos los mensajes que el tiempo permite. Nuestra práctica ha sido la de dejar a esos hermanos cualquier arreglo entre sí en cuanto al uso del tiempo en la exposición de las Escrituras. Consideramos que sería una indebida intervención humana el hecho de limitar el tiempo de uno de reconocida capacidad, o decirle sobre qué tema debería hablar. A lo mejor nosotros no sabríamos escoger las materias que el Señor sabe que son necesarias para nosotros. Cuando dejamos estos asuntos con Él, para que sus mensajeros impartan sus mensajes, encontramos que Él suple la necesidad y envía palabras en sazón.