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martes, 29 de agosto de 2023

José como figura del creyente espiritual

 

S. J. Saword, La Sana Doctrina


(1)  En 37.5 al 10 leemos de sus dos sueños, indicando que estaba en comunicación directa con los propósitos divinos. En el tiempo presente Dios no está revelando su voluntad a nosotros por medio de sueños, sino por su Palabra; véase Hebreos 1.1,2, “nos ha hablado por el Hijo.” Una indicación clara de la espiritualidad de un joven es su conocimiento de las cosas de Dios, el cual va adquiriendo mediante la lectura y el estudio de la Palabra del Señor.

(2) José no era partidario de los hechos incorrectos que practicaban sus hermanos. Él los denunció a su padre, 37.2, mostrando coraje moral. El que es espiritual no puede ser cómplice ni consentir en las cosas malas.

(3) Se ve la obediencia de José cuando su padre le envió en una misión de amor a sus hermanos. Sin duda sabía que no podía esperar cosa buena de aquellos perversos, pero no vaciló en cumplir con el mandato. El cristiano espiritual es uno que siempre está presto para cualquier buena obra en comunión con su Padre Dios, siendo motivado por amor a sus hermanos.

(4) José, el hombre espiritual, tuvo que andar por una senda no muy agradable, maltratado y vendido por sus hermanos y llevado lejos de su hogar para servir como esclavo. Así nuestro Señor tuvo que sufrir el odio de su propio pueblo judío, y fue vendido por un discípulo falso.

La misma Palabra nos asegura que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución,” 2 Timoteo 3.12.

(5) En Génesis 39 vemos cómo este hombre espiritual pudo contar con el apoyo de su Dios. Pronto ganó la plena confianza de su amo por un comportamiento intachable. El buen testimonio en el empleo y delante del mundo es evidencia de la verdadera espiritualidad.

(6) José pudo vencer la tentación: “¿Cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?” Aquí hay una conciencia ejercitada, una convicción profunda y el temor de Dios. José huyó de la tentadora, perdiendo su ropa, pero salvando su testimonio. Nuestro Señor exhortó a los suyos, aquella noche en el Getsemaní, “Velad y orad, para que no entréis en tentación,” Mateo 26.41.

(7) José fue un testigo fiel en la cárcel, con un mensaje de esperanza para el copero y uno de condenación para el panadero. Dios puede usar, aun en los lugares más difíciles, a los que son espirituales, como hizo con Pablo y Silas en el calabozo.

(8) Cuando Faraón vio la capacidad de José para interpretar sus sueños, reconoció que no hubo otro igual para encargarse de tan importante obra como la de prevenir contra los años de hambre por delante. Los egipcios tenían fama de sabios, pero José contaba con un conocimiento que Dios mismo le había dado. “En Cristo Jesús están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento,” Colosenses 2.3. El hombre espiritual está iluminado con “el conocimiento de Dios,” Colosenses 1.10, el cual no se consigue en los centros de instrucción sino en comunión con él por su Palabra.

(9) Más adelante, cuando empezó el hambre, Faraón dijo a las gentes: “Id a José.” Este llegó a ser el repartidor del pan de vida a los hambrientos. Cuando se presenta una crisis, es el que fue despreciado que se escoge como instrumento de Dios para la bendición de los menesterosos.

(10) En los capítulos que siguen José demuestra su capacidad para lograr la restauración de sus hermanos, los cuales habían ocultado su pecado por veinte años. Gálatas 6.1 nos instruye: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo.” No basta ser llamado anciano de una asamblea para lograr la restauración de un descarriado. Se necesita algo más: ser creyente espiritual.

lunes, 26 de junio de 2023

Moscas muertas y el perfume del perfumista

 Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable, Eclesiastés 10.1



Las moscas son una plaga dañina y propagan enfermedades como la disentería por causa de sus costumbres inmundas. Es muy necesario hacerles guerra, no tolerándolas en la casa. Pero nuestro versículo nos hace ver que la mosca muerta también puede contaminar y corromper.

El sabio Salomón luego se refiere al ungüento fragante del perfumista, que en tiempos bíblicos estaba compuesto de aceite puro de oliva y distintas hierbas, hojas, raíces y vegetales, molidos y ligados con gran pericia por hombres especializados en el arte. El resultado era un producto de mucha estimación.

En Éxodo 30.22 al 33 leemos las instrucciones explícitas de Dios a Moisés en cuanto a la preparación del “superior ungüento” para la unción santa. Dios manifestó gran celo en cuanto a aquel ungüento con que fueron ungidos el tabernáculo, sus muebles y también Aarón y sus hijos. Era exclusivamente para el uso sagrado del servicio de Dios. Era necesario guardarlo de moscas muertas y otras cosas que pudieran contaminarlo.

Adoración y comunión

El creyente ha recibido una unción santa y más grande que aquella de Aarón y sus hijos. Es del Espíritu Santo: “La unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros ... la unción misma os enseña todas las cosas ... según ella os ha enseñado, permaneced en él”, 1 Juan 2.27. El cuerpo mismo del creyente es el templo del Espíritu Santo, y hemos sido comprados a precio infinito: “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu”.

Como el ungüento del cual habla Salomón era cosa sumamente susceptible a la contaminación, así es el alma del creyente. Con alma y espíritu él ofrece adoración a Dios: “Mientras el rey estaba en su reclinatorio [o sea, estaba a su mesa], mi nardo dio su olor”, Cantar 1.12.

Si vamos a la cena del Señor con pensamientos carnales o mundanos en el corazón, entonces nuestra adoración será como ungüento con moscas muertas. Dijo nuestro Señor: “De dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos”, Marcos 7.21. Es el deber del creyente juzgar cada pensamiento malo para que no llegue a ser un hecho. El antídoto es: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable ... en esto pensad”, Filipenses 4.8.

En la antigüedad un dios del mundo pagano se llamaba Baal-zebub y de él leemos en 2 Reyes 1.1 al 6. Su nombre significa “príncipe de las moscas”. Siglos después, los enemigos de Cristo le tacharon con haber sacado demonios por este Beelzebú que en aquella época se refería a Satanás, el príncipe de los demonios; Lucas 11.15. En Efesios él se llama el príncipe de la potestad del aire. Como moscas inmundas, él quiere poner malos pensamientos en nuestras almas. Lo hizo con Judas Iscariote para que traicionara al Señor, y también con Pedro para que le negara con juramentos.

Testimonio y reputación

Pasemos ahora a la segunda parte de nuestro versículo en Eclesiastés: “Así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable”.

Aquí es cuestión del testimonio y la reputación de uno, cosa que no se consigue en un momento. Por medio de su integridad, proceder, trato con otros y temor de Dios, una persona va ganando la confianza y respeto de los demás. Pero he aquí un peligro: una pequeña locura, un descuido en la oración y lectura de la Palabra de Dios puede ser causa de que esa persona pierda su testimonio y la confianza de sus semejantes.

Por ejemplo, Abraham, el gran hombre de fe, perdió su confianza en Dios en tiempo de hambre. El abandonó la vida de peregrino para “descender” a Egipto y “morar” allí. El temor del hombre se apoderó de él, e hizo pacto de mentira con su esposa. Abraham perdió su testimonio delante del rey, quien le despachó diciendo: “Ahora, pues, he aquí tu mujer, tómala, y vete”.

¡Cuán diferente fue el caso de José en Egipto! Su integridad y vida intachable conquistaron la confianza de su amo, pero una mujer mala quiso destruir esa reputación. El temor de Dios le dio la victoria. José perdió su ropa, pero retuvo su testimonio, y Dios le honró maravillosamente.

Parecía una pequeña locura cuando David, paseándose por el tejado de su casa, puso la vista en una mujer vecina que estaba bañándose. El pensamiento concibió el pecado; la mosca muerta cayó en el perfume agradable a Dios del dulce cantor de Israel y produjo una contaminación del alma. La mosca viva del pecado fue muerta con la confesión, el arrepentimiento y el perdón, pero la mosca muerta ha dejado una mancha en la historia de David hasta el día de hoy. El nombre de Dios ha sido blasfemado, y el mal olor perdura.

¿Cómo podemos salvarnos de tales peligros? Dios manda a su pueblo terrenal que debían tapar los envases para que el contenido no se contaminara; Números 19.15. La avenida hacia el alma del creyente pasa por los ojos y los oídos. Debemos comenzar cada día a solas con Dios en oración y en la lectura de su Palabra. Así tendremos una tapa o protección contra las moscas de la tentación que abundan por todas partes.

¡Qué tragedia es un acto de locura de parte de un creyente que ha sostenido por años un buen testimonio en la asamblea y delante del mundo! Hay de éstos quienes han echado a perder su reputación y han muerto fuera de la comunión con el pueblo del Señor, descarriados en el mundo. Pero, cuán bonito es ver a un creyente llevando una vida triunfante, glorificando a Dios por un testimonio bueno y terminando la carrera como el apóstol Pablo: la batalla peleada y la fe guardada. ¡Que así sea con el lector!
Santiago Saword

lunes, 25 de octubre de 2021

LA SENDA PEREGRINA


“Envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cades, diciendo: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha venido; como nuestros padres descendieron a Egipto, y estuvimos en Egipto largo tiempo, y los egipcios nos maltrataron y a nuestros padres; y clamamos a Jehová, el cual oyó nuestra voz, y envió un ángel, y nos sacó de Egipto; y he aquí estamos en Cades, ciudad cercana a tus fronteras”.

“Te rogamos que pasemos por tu tierra. No pasaremos por labranza, ni por viña, ni beberemos agua de pozos; por el camino real iremos, sin apartarnos a diestra ni a siniestra, hasta que hayamos pasado tu territorio”.

“Edom le respondió: No pasarás por mi país; de otra manera, saldré contra ti armado... Y salió Edom contra él con mucho pueblo, y mano fuerte. No quiso, pues, Edom dejar pasar a Israel por su territorio, y se desvió Israel de él”. Números 20


            Este episodio sucedió hacia el fin de las peregrinaciones del pueblo de Israel en el desierto. Contiene lecciones provechosas para nosotros, ya que vamos llegando al final de nuestra peregrinación terrenal con las pruebas que ésta implica, y nos acercamos a la venida de nuestro Señor Jesucristo.

            Israel apela al rey de Edom, buscando su simpatía y ayuda en vista de un parentesco natural, pues los edomitas eran descendientes de Esaú, el hermano de Jacob. Pero quedaron desilusionados. En lugar de brindarles amor fraternal, la gente de Edom les amenazó con la espada y les prohibió transitar por su país.

            Esto mismo ocurre ahora con nosotros. No podemos contar con la simpatía ni la ayuda espiritual de nuestros familiares según la carne, pues la persona no regenerada por el Espíritu es uno de los “enemigos en su mente” ... “por cuanto la mente carnal está en enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede”, Colosenses 1.21, Romanos 8.7.

            Además, es peligroso seguir el consejo de los amigos inconversos en relación con la vida espiritual, por las consecuencias que puede traernos. Pero con todo eso, muchas veces son ellos los primeros en denunciar cualquier incorrección en la vida del creyente.

            Notemos ahora los siete puntos que comprende la petición hecha por Moisés al rey de Edom cuando solicitó permiso para pasar por sus términos.

1. Pasemos por tu tierra. Con ello le daba a entender que no iban a detenerse, pues eran sólo transeúntes. Al añadir, “No pasaremos por labranzas”, le indicaba que no iban a meterse en lo ajeno ni dañar los trabajos de otros. ¡Mucho cuidado! Conviene a todo peregrino este mismo cuidado.

2. Ni por viña. Ellos sabían que la cosecha de las uvas, así como el acto de pisarlas en el lagar, era ocasión de regocijo y alegría, pero de poca duración. Nos habla de los goces efímeros del mundo, que pronto se acaban. Pero no es así con el creyente en el Señor; su gozo es para siempre. Por ello es que, al creer en él, uno deja las cosas del mundo; en el corazón que está rebosando — Salmo 23.5 — no cabe otra cosa.

3. Ni beberemos agua de pozos. El agua es simbólica de la vida. Cristo ha puesto una fuente de agua en todo creyente; es una vida nueva, eterna y abundante. Por eso el creyente no participa en ninguna forma de vida mundana, sea en lo social, lo religioso o lo político. Él ha huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia, siendo que Satanás es el dios de este siglo; 2 Corintios 4.4.

4. Por el camino real iremos. Este es el camino del Rey. Cristo, el Rey de reyes, ha ido por delante, dejándonos un ejemplo para que sigamos en sus pisadas. “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”, Proverbios 4.18. La meta es que seamos “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”, Filipenses 2.15.

5. Sin apartarnos a diestra ni a siniestra. La idea es de andar por el camino recto, o hacer sendas derechas para los pies, como dice en Hebreos 12.13. Nuestro Señor Jesucristo nunca se apartó, ni el espesor de un cabello, del camino de la voluntad de su Padre. Puestos los ojos en Cristo, el Autor y Consumador de la fe, nosotros también llegaremos al blanco sin desvío.

6. Daré precio. Moisés prometió no apropiarse del agua para el ganado sin que pagara su valor. La Palabra manda al creyente: “No debáis a nadie nada”, y, “No paguéis a nadie mal por mal”. Romanos 13.8, 12.17. Abraham constituye un buen ejemplo de la honradez, pues no aceptó regalos del rey de Sodoma. Cuando murió Sara, él insistió en pagar el precio del terreno donde enterraría los restos de su esposa. Cuando un creyente no cancela sus deudas, está manchando el testimonio del Evangelio.

7. Déjame solamente pasar a pie. Lo único que les interesaba era seguir la marcha; no tenían otro motivo. El cristiano debe tener sus pies calzados con el apresto del Evangelio de la paz, Efesios 6.15. De esa manera, mientras avanza él va dejando atrás las huellas de una vida de separación del mundo. Viviendo en paz con el prójimo, debe ser incapaz de hacer mal a otro.

            No obstante, esta solicitud, correcta y justa en todo sentido, Edom no quiso. Salió con su gente a pelear, por lo cual Israel se desvió de él, pues no quería pleitos. Asimismo, el creyente evita pleitos con los inconversos, dejando su caso en manos de aquel que ha dicho: “Mía es la venganza, yo pagaré”, Romanos 12.19.

 Santiago Saword


domingo, 22 de agosto de 2021

EL SEÑOR EN MEDIO

 

Yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel, (Números 35.34) Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mateo 18.20)

                       


            En el libro de Números está escrita la historia de Israel durante sus cuarenta años de peregrinación en el desierto, empezando con el tabernáculo al pie del Sinaí y terminando con su llegada a los campos de Moab, junto al Jordán y frente a Jericó.

            No obstante, la indignidad e incons-tancia, las faltas y flaquezas y los fracasos de aquel pueblo, Dios nunca quitó su presencia de en medio de ellos. Los acompañó cada momento el arca del pacto, la nube de día y la columna de fuego de noche. Eran señales de que El andaba con ellos, habitando sobre el propiciatorio, entre los querubines, en el lugar santísimo, rodeado de luz divina.

            El profeta dio testimonio años después, diciendo: “En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad”, Isaías 63.9.

            Esta presencia de Dios inspiraba confianza en su pueblo cuando marchaban por el desierto seco y peligroso. Además, infundía en ellos un temor reverencial porque Dios es santo y exigía de ellos la santidad. “No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito”.

            Nos maravillamos al pensar en su paciencia y gracia con aquella gente en aguantar sus insolencias: “Por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto”, dijo Pablo en Hechos 13.18. Jehová reservó para ellos el privilegio sublime de su presencia, garantizando su protección, dirección, comunión y bendición.

            Pero todas estas cosas fueron condicionales; para los israelitas había responsabilidades correspondientes. Ellos podrían contar con la protección divina mientras andaban en los caminos del Señor. Al apartarse y andar por sus propios caminos, se hallaban expuestos a enemigos fuertes, y sufrían derrotas. Para disfrutar de esa comunión con Dios era preciso valerse de los medios provistos en las distintas ofrendas por el pecado y la culpa. Para ser objetos de las bendiciones, ellos tenían que obedecer la voz de su Dios y poner por obra sus mandamientos.

            Deuteronomio 28 — el mensaje sobre Monte Ebal — expone lo que hemos dicho en el párrafo anterior. “Acontecerá que, si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos ... Y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy ...”

            De la misma manera nosotros en esta época de la gracia somos los objetos de la soberana bondad de Dios. Nuestros privilegios son infinitamente mayores que los de Israel. Nuestra comunión es con el Padre y con el Hijo, y tenemos entrada velo adentro a la presencia inmediata del Padre celestial, cosa nunca concedida a los israelitas.

            Pero debemos reconocer a la vez cuánto más grande es nuestra responsabilidad, por lo cual el apóstol nos amonesta: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor”, Hebreos 12.28,29.

            Para el arreglo de nuestros pecados, tenemos medios aún más eficaces que los de Israel. En 1 Juan 1 leemos que la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado, y si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. En el capítulo siguiente aprendemos que, si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.

            En cuanto a las contaminaciones del mundo, hay también la purificación. Nuestro Señor oró a su Padre, diciendo, “Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad”, Juan 17.17. La lectura diaria de la Biblia y las oraciones mantienen al creyente purificado.

            Muchas de las preciosas promesas para el creyente son condicionales. “Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros”. Cuando uno no está andando en la luz de la Palabra, se interrumpe su comunión con aquellos hermanos que sí están andando en luz. Cuando hay pecado oculto en el cristiano, él no puede tener el gozo de la salvación. Cuando deja su primer amor, su servicio para Cristo pierde valor.

            Dios tenía que someter a su pueblo antiguo a distintas formas de disciplina. Las aguas amargas de Mara no eran asunto de castigo sino para probarlos y enseñarles que Él era suficiente para toda necesidad. Este aspecto de la disciplina para nosotros lo tenemos en Hebreos 12.4 al 11. Se refiere a las pruebas y aflicciones que Dios permite para purificarnos con el fin de que seamos más consagrados a él.

            En cambio, a veces Dios tuvo que infligir disciplina que era castigo. Esto lo hacía por la desobediencia y defección de su pueblo terrenal, costando muchas veces la vida de muchas personas. En 1 Corintios 11, el apóstol enseña lo sagrado de la cena del Señor, advirtiendo que cualquiera que comiere el pan o bebiere la copa del Señor indignamente será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

            Hermanos, nuestros privilegios son inmensamente grandes, y nuestras responsabilidades también. Por eso dijo el escritor inspirado, “Conservaos en el amor de Dios”, Judas 21.

S. J. Saword

domingo, 4 de julio de 2021

EL CORDÓN DE AZUL

 

Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos ... y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra. Números 15.37 al 41

En esta sencilla ordenanza a los israelitas hubo algo para hacerles recordar constantemente lo que eran y a quién pertenecían. Dios tenía un propósito cuádruple en mandar a poner este bordón en los vestidos: (1) Para inculcar en su pueblo la obediencia a sus mandamientos; (2) Para que no se desviasen de sus caminos; (3) Para que no fuesen olvidadizos de él; (4) Para que fuesen santos delante de él.

            El apóstol Pedro nos escribe en su segunda carta, diciendo: “No dejaré de recor-daros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente”. Es el buen ministerio de un pastor fiel no sólo enseñar cosas “nuevas” a quienes no las sepan sino repasar las “viejas” con quienes tienen conocimiento de la verdad.

                        Los israelitas eran un pueblo redimido y separado. Dios les había salvado para que fuesen enteramente suyos, pero conoce la tendencia al olvido del corazón humano. El apóstol Santiago nos habla en su carta del hombre que considera en un espejo su rostro natural y luego se olvida qué tal era.

            Así Israel. Ese pueblo se olvidaría de Dios y de sus obras: (1) Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehová, y olvidaron a Jehová su Dios, y sirvieron a los baales y a las imágenes, Jueces 3.7. (2) No guardaron el pacto de Dios ... sino que se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado, Salmo 78.11. La triste historia de Israel fue escrita para amonestarnos a nosotros, a quienes los fines de los siglos han alcanzado. Contamos también con tendencias de olvidar qué somos y a quién pertenecemos. “¿Y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio”, 1 Corintios 6.19,20.

            Azul es el color celestial y habla de lo que es divino: la verdad y el amor de Dios. Ese cordón de azul ha debido gobernar el andar y comportamiento de cada cual. El israelita estaba rodeado de esa franja y no podía pasarla por alto. En 2 Juan vemos que debemos andar en verdad y en amor. El Señor dijo a los suyos, “Permaneced en mí, y yo en vosotros”, Juan 15.4. Creo que ésta es la interpretación acertada del cordón de azul. Dios nos ha dejado en su Palabra un recuerdo de la vida de su Hijo en este mundo; Cristo nos ha dejado ejemplo, para que andemos en sus pisadas. Para él, el cordón de azul fue el principio predominante de la vida.

            El Espíritu Santo fue enviado por el Padre para cumplir lo que el Señor mismo había dicho a los suyos. “El Consolador, el Espíritu Santo ... os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”, Juan 14.26. ¡El Espíritu nos rodea como el cordón de azul!

S. J.SAWORD

domingo, 13 de junio de 2021

“LA CANASTA DE LAS PRIMICIAS”

 Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites, entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que Jehová tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre. Y te presentarás al sacerdote, Deuteronomio 26


            En el libro de Deuteronomio el pueblo de Israel se encuentra con el desierto por detrás y su herencia por delante. Entre los últimos consejos de Moisés a aquel pueblo, en el capítulo 26 él les instruye en el asunto de la adoración, la cual formaría una parte importante de su vida en Canaán. Nosotros el pueblo redimido del Señor también podemos sacar ayuda espiritual de la enseñanza de este capítulo.

            En el sentido espiritual el creyente ya ha cruzado el río Jordán porque “ha sido bautizado en Cristo Jesús en la semejanza de su muerte” y resucitado con él para andar en novedad de vida. Cuando Israel entró en la tierra de Dios, tenía un lugar escogido donde podía acercarse a él como adoradores. En la dispensación presente nuestro Señor Jesucristo ha indicado el lugar que nos corresponde: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

            Israel se presentaba delante de Dios con los primeros frutos de cada cosecha, como en agradecimiento por lo que había recibido de la mano bondadosa de su Dios. De la misma manera el creyente quiere manifestar agradecimiento a su Señor por la abundante gracia para con él.

            Los frutos que los israelitas presentaron a Dios eran nuevos y frescos. Así debe ser el fruto de nuestros labios. Ellos no tenían las Sagradas Escrituras en su entereza y riqueza como la tenemos nosotros, y su culto tomaba una forma más material. En lugar de ofrecer un cordero u otro animal, el creyente expresa ahora delante de Dios su concepto y aprecio de la persona y la obra de su amado Salvador.

            Somos adoradores en espíritu y en verdad, y por esto debemos estar meditando en él y lo que ha hecho. Llegando así a la Cena, no presentaremos los frutos viejos y secos, o sea, la misma cosa todos los domingos.

            El clero romano y protestante tiene todo impreso en su misal o libro de oraciones, aprendiéndose y rezando las palabras como loros. No debe ser así el creyente. El que se levanta para dirigir la adoración de los santos debe ser guiado por el Espíritu Santo, y de la abundancia de su corazón — no de la boca — él hablará. Si no ha alimentado su alma con la Palabra antes de asistir a la reunión, ¿cómo puede salir una adoración verdadera de un corazón vacío?

            Una vez cumplidos sus deberes para con Dios, el israelita debía sentir su obligación para con el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda; 26.12. Así es el desenlace práctico de nuestra adoración, y por esto hay la ofrenda al fin de la cena del Señor. Hebreos 13.15,16 presenta el orden divino: primera-mente, la ofrenda espiritual para Dios, y lue-go, “De hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis, porque de tales sacrificios se agrada Dios”.

                        Como sacerdotes santos entra-mos a la presencia de Dios con la canasta de nuestras primicias espirituales, y como sacerdotes reales salimos para dar el evangelio a los pecadores y hacer obras de amor entre nuestros hermanos. Deuteronomio 26 termina recordándoles a los israelitas que ellos eran la posesión exclusiva de Dios, y por eso había mayor razón para guardar sus mandamientos y ser un pueblo santo a Jehová. El apóstol Pedro nos enseña que somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, 1 Pedro 2.9, “para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.

domingo, 16 de mayo de 2021

SIETE MARAVILLAS DE LA ROCA

 

La roca era Cristo. 1 corintios 10.4


La peña herida

            En Éxodo 17 tenemos la historia de la milagrosa providencia de Dios, cuando su pueblo tenía sed, en hacer salir aguas de la peña. En el capítulo anterior se relata la historia del maná en el desierto que es una figura de Cristo en su humanidad como peregrino en este mundo. Ahora en Capítulo 17 la peña en Horeb es una figura de Cristo en su divinidad; se le ve inmutable, perdurable, estable, cual “Fuerte de Israel”, el único capaz de soportar la carga inmensa y la terrible ira divina que nuestros pecados merecieron.

            Moisés llevó en su mano la vara de Jehová, símbolo de la justicia divina, y en presencia de los ancianos de Israel hirió la peña. El acto fue profético del Calvario cuando los representantes de la nación se juntaron para demandar la crucifixión del Hijo de Dios. “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío ... hiere al pastor ...”, Zacarías 13.7.

            El agua saliendo de la peña es tipo de la vida espiritual que emana de Cristo como eterno Hijo de Dios, porque “en él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”, comunicada al creyente mediante el Espíritu Santo; véase Juan 7.39. En el mismo acto fue cumplida la palabra, “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. La vara de Dios debía haber caído sobre nosotros los pecadores, pero Cristo por amor llevó el castigo que nuestros pecados merecieron; Isaías 53.5.

“Hablad a la peña”

            En Números 20 se habla de otra peña, en otra ocasión y otra localidad llamada Meriba. La peña en Horeb significa en hebreo una peña chata y nos hace recordar lo dicho en Filipenses 2.8: “... se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte”. En cambio, la palabra en Números 20 significa una peña empinada, tipo de Cristo en su ensalzamiento a la diestra de Dios. “Dios también le exaltó hasta lo sumo ...”

            En este último caso Dios no mandó a Moisés herir la peña sino, “Hablad a la peña”. Moisés y Aarón cometieron un error terrible al herirla dos veces, porque en realidad ya había sido herida, figurativamente, en Horeb, y este segundo caso se trata de un tipo de Cristo quien en gloria no sufre más. Moisés actuó en pugna contra los propósitos de Dios. Su desobediencia le costó el privilegio de entrar en la tierra prometida: “Pecasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de Meriba ...”, Deuteronomio 32.51.

            Ahora, nosotros tenemos el privilegio de hacer notorias nuestras peticiones directamente a nuestro Señor Jesucristo como el gran sumo sacerdote de su pueblo, y echar nuestra ansiedad sobre él, porque “Él tiene cuidado de vosotros”. En cambio, si empezamos a murmurar y quejarnos con desconfianza, su corazón estará herido y contristado, trayendo así sobre nosotros la disciplina del Señor. Las aguas que salieron de la peña en Meriba son figura del inagotable manantial espiritual que tenemos en el Cristo glorificado.

La hendidura de la peña

            El tercer aspecto de la peña está en Éxodo 33, cuando Moisés pidió de Dios que le mostrara su gloria como garantía de su presencia con su pueblo en toda la travesía del desierto. Jehová le dijo: “He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano”. Así Dios proveyó un fundamento firme para Moisés “sobre la roca” y también un refugio “en la peña”.

            ¡Qué maravillosa comunión para Moisés, sintiendo la misma presencia y gloria de Dios y a la vez protegido de aquel resplandor tan brillante! Nos hace pensar en el privilegio tan sublime que nosotros los creyentes disfrutamos, porque nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. La base es la obra de la cruz (“sobre la peña”) y nuestra posición es la de “aceptos en el Amado”.

            En Cristo significa todo lo que somos y tenemos por soberana gracia. En el Cantar de los Cantares 2.14 el amado se dirige a su amiga, diciendo: “Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz, porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto”. Cristo anhela nuestra comunión, y nosotros debemos anhelar la suya. Cuando las cosas mundanas empiezan a ocupar el corazón hay enfriamiento de nuestro amor por él, como en el caso de la iglesia en Éfeso: “Tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”, Apocalipsis 2.4.

Fuego en la peña

Jueces 6 relata la historia de Gedeón y su encuentro con el ángel de Jehová. Él le preparó una ofrenda de un cabrito cocido (de expiación), panes sin levadura (del presente) y caldo, símbolo de la sangre. Luego el ángel le extendió el báculo que tenía en su mano, y al tocar él estas cosas subió fuego de la peña y consumió todo.

            Este fuego significó que Dios había aceptado la ofrenda. Gedeón edificó un altar a Jehová y lo llamó Jehová-Salom, o Jehová es Paz. El fuego no consumió a Gedeón, sino que le trajo la paz. Así con nosotros: merecimos el fuego del juicio de Dios, pero su Hijo hizo la paz por la sangre de su cruz, por lo cual tenemos paz para con Dios, la paz de Dios y el Dios de la paz.

El milagro sobre la peña

            En Jueces 13 el ángel de Jehová aparece a la pareja destinada a ser los padres de Sansón. El varón, Manoa, pregunta al ángel por su nombre. La respuesta fue “que es admirable”.

            Esto concuerda con Isaías 9.6: “Se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”, títulos que pertenecen exclusivamente al Señor Jesucristo. Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová. El ángel hizo un milagro ante los ojos de la pareja, porque aconteció que cuando la llama subió del altar hacia el cielo, él subió en la llama.

            Se trata de una figura profética de Cristo en resurrección. “Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”, Hebreos 10.12. Nunca debemos separar los sufrimientos de nuestro Salvador en la cruz — el fuego — del triunfo de su resurrección y la gloria correspondiente. “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” Lucas 24.26.

La peña más alta

            En el Salmo 61 el gran anhelo de David, clamando en oración a Dios, es: “Llévame a la roca que es más alta que yo”.

            Esto nos habla de la preeminencia de nuestro Señor Jesucristo como está revelada en Colosenses 1.18: “Él es antes de todas las cosas ... para que en todo él tenga la preeminencia”. La epístola a los hebreos también presenta a Cristo como supremo cual gran sumo sacerdote en su ministerio de amor mediante el trono de la gracia, accesible a su pueblo en todo momento. Él se compadece de nuestras debilidades y es la fuente de gracia para el oportuno socorro, Hebreos 4.16. El traspasó los cielos, hecho más alto que los ángeles. Nos hizo sentar en los lugares celestiales. La venida del Señor se acerca, cuando seremos cambiados en su imagen para estar siempre en su presencia.

Miel de la peña

            “Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, y con miel de la peña les saciaría”, Salmo 81.16. En el Salmo 78 vemos a Israel como un pueblo privilegiado: “Los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos”, 78.72. En el Salmo 80 Israel es un pueblo de oración resuelto a no apartarse de su Dios: “No nos apartaremos de ti; vida nos darás, e invocaremos tu nombre”, 80.18. Pero en el Salmo 81, ¡qué cambio! Ahora Israel es un pueblo rebelde: “Mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí”, 81.11. Por esto perdió las cosas preciosas que su Dios quería proporcionar a su pueblo, y entre éstas la miel de la peña. “¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo! ... con miel de la peña les saciaría”.

            ¿Qué cosa más dulce que la miel? Cristo es la peña, y son más dulces que la miel su amor, gracia, comunión y presencia. Dijo el salmista: “Dulce será mi meditación en él; yo me regocijaré en Jehová”, 104.34. Dice la Palabra que en los últimos días el amor de muchos se enfriará, y parece que muchos están tan materializados que las cosas temporales tienen más lugar en sus pensamientos del que tiene la persona de nuestro Señor Jesucristo.

S. J. Saword


domingo, 11 de abril de 2021

LA VARA DE AARÓN QUE REVERDECIÓ

 


El arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba ... la vara de Aarón que reverdeció, Hebreos 9.4.


           

            En Números 16 leemos de una rebelión en el campamento de Israel en el desierto. Los causantes fueron Coré, Datán y Abiram. El motivo fue la envidia y la soberbia. Tal carnalidad es contagiosa, por lo que se juntaron con ellos doscientos cincuenta príncipes que querían hacerse sacerdotes en plena oposición a la Palabra de Dios. Pronto todo el pueblo fue contaminado con el espíritu de murmuración.

            Los tres cabecillas se enfrentaron con Moisés y Aarón, acusándoles de sobrepasar su autoridad y afirmando que todo el pueblo de Israel era santo y por lo tanto no debía haber distinción. Moisés no entabló una discusión con ellos sino llevó el caso en oración delante de Dios. A los que aspiraban el sacerdocio mandó a traer incensarios con carbones e incienso y presentarse delante de Jehová por la mañana.

            Entonces Moisés fue a la tienda de Coré, Datán y Abiram donde se había reunido la gente, y Dios hizo una cosa asombrosa: se abrió la tierra y se tragó las tiendas de esos rebeldes. Ellos descendieron vivos al infierno con todo lo que tenían, y los cubrió la tierra. Fuego salió de la presencia de Dios y consumió a los doscientos cincuenta príncipes. Sin embargo, se manifestó la clemencia en que Dios perdonó a los hijos de Coré, quienes fueron escogidos más bien para ser cantores en el servicio divino.

            En el Capítulo 17 leemos de las doce varas. El nombre de una tribu fue escrito en cada vara y éstas fueron puestas delante de Jehová durante una noche. Por la mañana la vara de Aarón había reverdecido mientras que las once restantes se quedaban como antes, muertas y secas. De esta manera Dios vindicó a su siervo Aarón como el único sumo sacerdote de Israel.

            Es de notarse que las varas no habían sido metidas en tierra, así que la vida en la de Aarón no era terrenal sino de arriba. Es un tipo de nuestro Señor, como el Padre le vindicó en resurrección como el gran sumo sacerdote de su pueblo. El vino del cielo y ha ido al cielo. En la vara no sólo hubo botones sino flores también. Estas nos hablan de las hermosuras del Señor: el más hermoso de los hijos de los hombres, la gracia se derramó en sus labios. Hubo a la vez almendras, evidencia de una vida fructífera, cual ninguna otra.

            La historia de los tres hombres nombrados se repite, en cambio, en el caso de Absalón quien por su soberbia quería destronar a su propio padre David y reinar en su lugar. Pero, en cuanto a Coré y su séquito, hubo intervención divina, mientras que Absalón sufrió una muerte trágica.

            Volviendo a nuestro Señor, Satanás despertó la envidia y el odio en los corazones de la nación, cosa que culminó en el crimen más horrendo de los siglos. Pero, “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”, Romanos 5.20. Dios es amor y es justo también, y tiene una cuenta pendiente con este mundo malvado. Al cabo de largos años de gracia, vendrá el día de venganza.

            En los tiempos apostólicos había hombres perversos, llamados falsos hermanos y falsos profetas. Judas advierte que “algunos hombres han entrado encubiertamente ... hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios”.

Y, para terminar: Si en realidad hemos resucitado con Cristo, que sean vistas las pruebas de la vida nueva como en la vara de Aarón:

 

·         Vida, no de la tierra sino de arriba, no en mundanalidad sino en espiritualidad.

·         “Flores” adornando la doctrina con un testimonio intachable, que refleje las virtudes de nuestro Señor.

·         “Almendras”, evidencia del fruto del Espíritu Santo en la vida.

           

            Bajo el régimen de la ley le estaba terminantemente prohibido a cualquier persona ajena a la familia de Aarón, ejercer el sacerdocio, aunque fuera un rey como Uzías. Al contrario, en esta dispensación de la gracia, todo creyente en Cristo, varón o hembra, no solamente es sacerdote santo sino también sacerdote real. Mayores son sus privilegios que los del sacerdocio bajo Aarón, pues con confianza puede entrar tras el velo rasgado y ofrecer sacrificios de alabanza, el fruto de labios que confiesan el nombre del Señor.

            “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes [excelencias] de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”, 1 Pedro 2.9. Y esto por los méritos de nuestro Señor Jesucristo.

domingo, 21 de marzo de 2021

LOS CUATRO CÁNTICOS DE MOISES

 La vida de Moisés se divide en tres lapsos de cuarenta años cada uno. A los tres meses de haber nacido, fue puesto por su madre en una arquilla a la orilla del río, donde fue descubierto por la princesa de Egipto. “Y he aquí que el niño lloraba”, Éxodo 2.6. Su vida empezó con lloro, pero terminó con canto, y tal es la experiencia de todo verdadero creyente: empieza la vida espiritual con lágrimas de contrición y arrepentimiento, pero termina con la nota triunfante al entrar en la presencia de su Señor.


Éxodo 15

“Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová ...” En este capítulo encontramos el canto de salvación, en el que Moisés le atribuye a Dios toda la alabanza y gloria por la aplastante derrota de todos sus enemigos. La redención de Israel empieza en el capítulo 12 del Éxodo, cuando fueron salvos por la sangre del cordero. Ahora, al cruzar el Mar Rojo ese pueblo experimenta la salvación por el poder omnipotente de Dios.

            En cuanto a nosotros los creyentes, fuimos redimidos de la culpabilidad por la sangre de Cristo y rescatados del poder de Satanás por el poder de Cristo. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8.36. Este poder es por la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, del cual el bautismo es un símbolo. “Somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”, Romanos 6.4.

            En Hebreos 11.29 hay una referencia breve al cruce del Mar Rojo como un acto de fe, pero triste es notar que después hubo un período largo sin ningún otro acto de fe de parte de Israel, hasta la conquista de Jericó bajo Josué. Ese lapso en la historia de la nación abarca todas las peregrinaciones desde el Mar Rojo hasta el Jordán.

            Muchas referencias hay a la incredulidad durante aquellos cuarenta años, pero muy pocas a la fe de parte de Israel. En 1 Corintios 10 el apóstol da a entender la lección solemne: “De los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros ...” En Hebreos 3.19 se revela la causa de todo: “No pudieron entrar a causa de la incredulidad”.

            La iglesia de los tesalonicenses tuvo un buen principio y un testimonio ejemplar, de suerte que el escritor habla de la obra de su fe, el trabajo de su amor y la constancia en la esperanza en el Señor Jesucristo. Sin embargo, estando ausente, manifestó cierta preocupación al escribirles, deseando saber algo en cuanto a su progreso espiritual.

En el capítulo 3 de su primera epístola, él hace cinco referencias a la fe de aquellos cristianos, que es una parte integral de la vida nueva en Cristo:

 

·         confirmaos respecto a vuestra fe

·         informarme de vuestra fe

·         buenas noticias de vuestra fe

·         consolados ... por medio de vuestra fe

·         completemos lo que falte a vuestra fe

           

            En la armadura del soldado de Cristo hay lo que Efesios llama el escudo de la fe, y Tesalonicenses, la coraza de la fe. Es para proteger el corazón en la batalla. Cuando los gladiadores luchaban en la arena de Roma y otros centros, usaban el escudo para la defensa y la espada para el ataque; al verse uno vencido, no queriendo seguir la pelea, tiraba su escudo en el suelo.

            En 1 Timoteo hay una referencia a dos hombres, Himeneo y Alejandro, que en un tiempo tenían testimonio como creyentes, quienes “naufragaron en cuanto a la fe”. El escritor le exhorta a Timoteo, en cambio, a seguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre, peleando la buena batalla de la fe y echando mano de la vida eterna.

Salmo 90

Este salmo es una “oración de Moisés, varón de Dios”. La célebre oración bien merece su lugar en el libro de Salmos como un cántico con que alabar y adorar a Dios. El alma del autor se acerca a Dios, reconociendo su grandeza, Creador de todo, eternamente el mismo en contraste con los hombres que son como la hierba que en la mañana florece y crece, pero a la tarde es cortada y se seca, 90.5,6.

            La oración termina con seis peticiones entre los versículos 12 y 17:

            Enséñanos Dios cumplió este ruego de Moisés en cuanto a él personalmente en darle un conocimiento maravilloso, no sólo capacitándole para la obra estupenda de llevar a Israel por cuarenta años a través del desierto, sino también para escribir los libros del Pentateuco. Esto es lo dicho en Colosenses 1.9: “Llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual”.

            Vuélvete Aquí Moisés está intercediendo por el pueblo de Dios, pidiendo restauración de corazón.

            Sácianos Él solicita la misericordia divina, y promete que habrá un resultado: “Cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días”. No sería una alegría pasajera, sino una obra duradera.

            Aparezca ¿Cómo se puede efectuar esta transformación en nosotros? “Aparezca en tus siervos tu obra”. La contesta está en 2 Corintios 3.18: “Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.

            Sea la luz Esta petición por la luz de Jehová sobre cada uno nos hace pensar en 1 Tesalonicenses 5.5: “Todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día”. Si andamos en luz, como el Señor está en luz, tenemos comunión”, es la regla de 1 Juan 1.7.

            Confirma La petición es: “La obra de nuestras manos confirma sobre nosotros”. Lo que hacemos independientemente de Dios no le traerá gloria a él, pero lo que hacemos en sujeción a la voluntad suya, y en el poder del Espíritu, llevará el sello de su aprobación. Y, recibirá su recompensa en el tribunal de Cristo: “... para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”, 2 Corintios 5.10.

Deuteronomio 31 y 32

“Este día soy de edad de ciento veinte años; no puedo más salir ni entrar ... Ahora, pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel ...”

            Dios estaba por enterrar a su siervo, y en la ocasión de su cumpleaños Él le enseña un cántico doctrinal, queriendo que su palabra permanezca con su pueblo. La peregrinación por el desierto había comenzado con el cántico al lado del Mar Rojo, y ahora terminaría con otro cerca de la ribera del Jordán. Así debe ser con nosotros: no obstante, las pruebas y las penalidades, el gozo del Señor es nuestra fortaleza y el fin está asegurado.

El cántico encierra el aspecto doble de la doctrina de la fe: lo celestial en 32.1,2, y lo terrenal en el resto. En los primeros dos versículos Moisés exclama que su enseñanza vendrá de arriba. Luego, él procede a lo relacionado con el comportamiento del pueblo de Dios y sus responsabilidades terrenales. Vemos esta división en la Epístola a los Efesios, por ejemplo, donde hay tres capítulos de doctrina, con el creyente en los lugares celestiales y bendecido con toda bendición espiritual, seguidos ellos por tres capítulos que se ocupan mayormente de enseñanza en cuanto al andar y la vida del creyente en el mundo.

Moisés habla en el 32.2 de las distintas formas en que la tierra será refrescada:

 

(1) “Goteará como la lluvia mi enseñanza”. La verdadera doctrina apostólica desciende de lo alto y no es producto de la inteligencia ni la emoción humana.

(2) “Destilará como el rocío mi razonamiento”. El maná en el desierto descendía por la mañanita con el rocío, hablándonos de la gracia de Dios en suministrar alimento espiritual. Cuando el creyente pierde su oportunidad de conseguir alimento para su alma en la mañana, es capaz de andar con el alma vacía durante el día entero.

(3) “Como la llovizna sobre la grama”. Hay grados en el suministro por el Espíritu a los creyentes. Algunos tienen capacidad de asimilar la Palabra más fácilmente que otros; hay los que necesitan la leche espiritual, mientras otros exigen vianda fuerte. En la restauración de Pedro, el primer paso fue en cuanto a su propio amor por el Señor — ¿Me amas más que éstos? — y el segundo fue en cuanto al pastoreo del rebaño, empezando por los corderos. Muy pronto habría un rebaño de tres mil corderos.

(4) “Como las gotas sobre la hierba”. Lo que parece cosa insignificante puede contribuir, en la mano de Dios, al bien nuestro en refrescar el espíritu. Cinco palabras dirigidas por el Espíritu pueden más que un sermón largo dado en la energía de la carne.

            El cántico hace referencia cinco veces a Cristo como la Roca: “Él es la Roca, cuya obra es perfecta”, 32.4 [Israel] “menospreció la Roca de su salvación”, 32.15,18. “¿Cómo podría perseguir ... si su Roca no los hubiese vendido?” 32.30. “La roca de ellos [los enemigos] no es como nuestra Roca”, 32.31 El contraste en el cántico está entre la Roca y la idolatría, y en la doctrina apostólica lo hay entre Cristo y todo ataque de hombre o diablo. Él es “como sombra de gran peñasco en tierra calurosa”, Isaías 32.2, y por esto le seguimos

con la sencillez que está en Cristo.

Apocalipsis 15

“Los que habían alcanzado la victoria ... cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado”. 15.2 al 4

            El canto de Éxodo 15 es el primero en la Biblia y éste, el de Moisés y del Cordero, es el último. Grande será el honor para Moisés, muerto y enterrado durante miles de años antes de que el Cordero fuese inmolado, cuando su cántico sea vinculado con el del Cordero sobre aquel mar de vidrio en el cielo, donde estarán los miles de mártires que habrán salido de la gran tribulación.

            ¡Qué diferencia entre la escena a las orillas del Mar Rojo y la reunión gloriosa en las regiones celestiales! Nos hace recordar lo que éramos y dónde estábamos, y lo que seremos y dónde estaremos en aquel día cuando Cristo venga a buscar los suyos.