miércoles, 1 de marzo de 2017

TITO (PARTE II)

Capítulo 1 (continuación)
El tema del libro: su carácter y su fuerza


Fe en una verdad sostenida y conocida personalmente: la variada presentación del evangelio por Pedro, Pablo y Juan
Se observará aquí que la fe, es fe en una verdad sostenida y conocida personalmente; una fe que solamente el escogido puede tener, que posee la verdad tal como Dios la enseña. La expresión 'La fe' es usada también para describir el Cristianismo como un sistema en contraste con el Judaísmo. Aquí está el secreto de Dios en contraste con una ley promulgada a un pueblo exterior. Esta promesa, que databa desde antes de los siglos revelados, y que era soberana en su aplicación, fue especialmente encomendada al apóstol Pablo para que la anunciara por medio de la predicación. A Pedro se le encomendó el evangelio más como el cumplimiento de las promesas hechas a los padres, lo cual Pablo también reconoce, con los sucesos evangélicos que las confirmaban y desarrollaban mediante el poder de Dios manifestado en la resurrección de Jesús, el testigo del poder de esta vida.
Juan presenta la vida más en la Persona de Cristo y luego impartida a nosotros, los frutos característicos que él expone.
La gran intimidad de confianza de Pablo en Timoteo: la razón por la que Tito fue dejado en Creta: investido con autoridad y enseñado para hacerle competente
Versículo 4. Hallaremos que el apóstol no tiene la misma intimidad de confianza en Tito como en Timoteo. Él no le abre su corazón del mismo modo. Tito es un amado y fiel siervo de Dios y, también, hijo del apóstol en la fe; pero Pablo no le abre su corazón de la misma manera - no le comunica sus ansiedades, sus lamentaciones - no desahoga su alma ante él - del modo que lo hizo con Timoteo. Al contar todo, uno ve que es angustioso e inquietante el trabajo en que uno está involucrado - esa es la prueba de la confianza. Uno tiene confianza con respecto al trabajo, y uno habla de ello con respecto a uno mismo, con respecto a todo, y no hay restricción, no se mide cuán lejos uno debería hablar de uno mismo, de lo que uno siente, de todas las cosas. Esto es lo que el apóstol hace con Timoteo, y al Espíritu Santo le ha complacido retratarlo para nosotros.
Versículo 5. Al escribir a Timoteo la doctrina ocupó, por sobre todo, la mente del apóstol: el enemigo, mediante la enseñanza, obró y se esforzó por arruinar la asamblea. Los obispos[1] sólo aparecen como una cosa accesoria. Aquí tienen un lugar primario. Pablo había dejado a Tito en Creta para que acabase "de poner en orden las cosas que faltaban" (vers. 5 - Versión Moderna), y para establecer ancianos en cada ciudad, como le había mandado. Aquí no se trata del deseo que alguien pudiese tener de llegar a ser un obispo (anciano, supervisor), ni (considerando eso) de describir el carácter apropiado a este cargo, sino de establecerlos (o 'constituirlos' - Versión Moderna, RVR77; o 'designarlos' - LBLA); y para esta tarea Tito fue investido con autoridad por parte del apóstol. Se le dan a conocer las calificaciones necesarias, para que pudiese decidir conforme a la sabiduría apostólica. De modo que, por una parte, él fue investido por el apóstol con autoridad para establecerlos, y, por otra parte, fue instruido por él respecto a las calificaciones requeridas. La autoridad y la sabiduría apostólicas concurrieron para hacerle competente para realizar este digno e importante trabajo.
Cuidado apostólico: la aprobada fidelidad de Tito proporcionada con la propia autoridad de Pablo: autoridad en la asamblea de Dios
Vemos, asimismo, que este delegado apostólico fue autorizado a poner en orden lo que era necesario para el bienestar de las asambleas en Creta. Habiendo sido ya fundadas, con todo, ellas necesitaban instrucciones con respecto a muchos detalles de su andar; y se requería el cuidado apostólico para dárselas, así como para el establecimiento de funcionarios en las asambleas. Esta tarea el apóstol había encomendado a la fidelidad aprobada de Tito, investido con su propia autoridad, de palabra y, aquí, por escrito; de modo que rechazar a Tito era rechazar al apóstol y consecuentemente al Señor que le había enviado. La autoridad en la asamblea de Dios es una cosa seria - una cosa que procede de Dios mismo. Puede ser ejercida por influencia mediante el don de Dios; por funcionarios, cuando Dios los establece por medio de instrumentos que Él ha escogido y enviado para este propósito.
Las calificaciones de un supervisor (obispo)
Versículos 6-11. No es necesario entrar aquí en el detalle de las calificaciones que eran necesarias para desempeñar el cargo de supervisor apropiadamente. Ellas son, en lo principal, las mismas que las mencionadas en la epístola a Timoteo. Son cualidades, no dones; cualidades - externas, morales, y circunstanciales - que demostraban la aptitud del individuo para el cargo de cuidar solícitamente a otros. Puede, quizás, ocasionar sorpresa que la mala conducta soez no tenga un lugar aquí; pero las asambleas eran más sencillas de lo que la gente piensa, y las personas que las componían habían salido recién de las costumbres más deplorables, y, por lo tanto, una buena conducta previa que inspirara el respeto de los demás era necesaria para dar peso al ejercicio del cargo de supervisión. Era necesario, asimismo, que aquel que era investido con este cargo pudiese convencer a los que contradecían. Pues ellos tendrían que vérselas con tales personas, especialmente entre los Judíos, quienes estaban siempre y en todas partes activos oponiéndose a la verdad, y pervirtiendo sutilmente la mente.
El carácter de los Cretenses
Versículos 12, 13. El carácter de los Cretenses ocasionaba otras dificultades, y requería el ejercicio de autoridad perentoria; el Judaísmo se mezclaba con el efecto de este carácter nacional. Era necesario ser firme y actuar con autoridad, para que pudieran continuar sanos en la fe.

Ordenanzas y tradiciones: hablar acerca de conocer a Dios pero negándole en las obras de ellos
Versículos 14-16. Además, él tenía todavía que hablar acerca de ordenanzas y tradiciones, esas plagas malignas en la iglesia de Dios que provocan Su celo, y que, al exaltar al hombre, se oponen a Su gracia. Una cosa no era pura, otra estaba prohibida por una ordenanza. Dios reclama el corazón. Todas las cosas son puras para los puros; para aquel cuyo corazón está corrompido no le es necesario molestarse para encontrar lo que es impuro; sino lo conveniente, para poder olvidar lo que es en su interior. La mente y la conciencia ya están corruptas. Hablan de conocer a Dios, pero en sus obras ellos Le niegan, siendo sin provecho y réprobos en cuanto a toda obra realmente buena.




[1] N. del T.: "Los versículos 5 y 7 aplican términos diferentes a la misma persona - anciano y obispo (o supervisor, sobreveedor), el primero hablando de él en forma personal, el segundo hablando de su obra. Como un anciano, él es uno que ha tenido experiencia, una calificación importante, como 1 Timoteo 3:6 insiste, "no un neófito", uno nuevo en las filas del Cristianismo. Su obra de supervisar es la de preocuparse por el orden espiritual y el bienestar de la asamblea." (L. M. Grant)

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