Lee 2
Tesalonicenses 3.10-13. El verso 10 dice: “Si alguno no quiere
trabajar, tampoco coma”. Dijo William MacDonald: “es el mandamiento para
los perezosos”. Tanto en el primer siglo, como hoy, hay personas adiestradas en
“no trabajar”. Dicen que no encuentran trabajo (¡pero los demás sí!). Sin
trabajo, viviendo a expensas de otros: sus padres, su esposa, o un hermano
“generoso” (ingenuo). El trabajo es bueno e importante. Pero éstos, ya que no
trabajan, tienen tiempo para meterse en otras cosas. “...Andan desordenadamente,
no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno” (v. 11). Lo
ajeno es lo que no les corresponde. Pero como no tienen otras
responsabilidades, se inventan cosas que hacer. Se inventan actividades,
teorías (como el Dióxido de Cloro, o la Tierra Plana, u otras teorías de
conspiraciones), y las protagonizan con los demás. Hablan, pero no trabajan.
Pablo da la
solución: el trabajo “A los tales mandamos y exhortamos por
nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando sosegadamente, coman su propio pan” (v.
12). Que provean para sus propias necesidades. No vivan del paro, o del salario
de otro - su esposa, sus padres, su hermano, etc... Algunos de ellos dicen que
“están buscando trabajo”, pero curiosamente, nunca lo encuentran. Parece que no
están dispuestos a aceptar cualquier trabajo. Pero, trabajar es hacer
bien (v. 13). Aunque se remanguen y trabajen con horas largas y poco
pago, luego hallarán que "dulce es el sueño del trabajador" (Ecl.
5.12). No les sobrará tiempo para otras cosas. Trabajar es mejor que estar
parado, que soñar, y es mejor que entremeterse en lo ajeno.
C.H.
MACKINSTOSH
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