domingo, 15 de febrero de 2026

La Carrera

 

El indebido apresuramiento


Ahora no me propongo escribir sobre la carrera del atleta cristiano, sino sobre la carrera que pone la respiración jadeante, la carrera que trae suspiro, dolor de corazón, lágrimas en los ojos y palabras de desconsuelo. El inexperto dice: ¿De qué carrera hablará éste? El carnal dice: Aunque vaya cojeando yo voy a llegar; pero solamente llegará aquel que persigue una sola cosa “Olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13,14).

Quiero entrar en mi tema. Esta carrera es el apuro, la precipitación con que se procede hoy para llevar a cabo ordenanzas bíblicas doctrinales las cuales necesitan calma, madurez, experiencia; y sobre todo dar lugar al Espíritu Santo para que nos muestre el camino que debemos escoger, la ordenanza que se debe cumplir. Si Pablo y sus compañeros por puros sentimientos, aprehensión o precipitación se hubieran dedicado a hablar la palabra en Asia, o resueltamente hubieran seguido a Bitinia (Hechos 16:6 al 10) la obra hubiera sido de la carne, y el diablo hubiera preparado barreras insalvables en Macedonia.

Hay carrera por ver conversiones. Parece que fuera una desilusión, una vergüenza si predicamos el evangelio en un lugar y no vemos frutos. Somos amantes de las noticias, aún más, de la fama. Aun ponemos una mampara al fracaso, y citamos: “Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía” Isaías 55:11). No nos paramos a pensar si la palabra ha salido de la boca de Jehová, o de mi propia boca; y estos fiascos nos llevan a apurar una confesión poniendo en la boca del individuo las palabras que el Espíritu Santo puede inspirarle.

Un predicador iba camino a su casa y se topó con un borracho, el cual muy alegre se volvió hacia el predicador diciéndole: “Aquí viene mi padre espiritual”; el predicador abrumado, con los ojos muy abiertos, dijo: “Hijo mío debes ser, porque si fueras hijo de Dios no estarías en esa condición”. Es lamentable que este espíritu está contagiando a muchos en las asambleas y a algunos predicadores también.

Hay carrera en bautizar. Hoy no se espera la suficiente prueba en el creyente. Cierto que no tenemos dones apostólicos para conocer a los engañados y a los verdaderos. (Hechos 8:23) Particularmente no estoy de acuerdo, aunque no me opongo a esas asambleas que celebran más de dos bautismos en el año. Valor moral para rechazar evitó un espectáculo de un parto en un bautismo. Conocí a uno bautizado extra, o sea horas después que se había celebrado el bautismo, fue a la cena el domingo y no volvió más nunca. Conocí otra de bautismo extra y el pecado de fornicación estaba oculto.

Carrera hay para predicar y poner a predicar. No hace mucho que hermanos de esos apurados impulsaban a otro creyente de veintiún días de bautizado a predicar, en vez de esperar que el joven en silencio aprendiera a obedecer para después dirigir. Hermanos hay que dejan su asamblea sola y sin ser enviados ni por el Señor, ni por su asamblea, se van el domingo a otras asambleas donde pueden tener chance para predicar; algunos de ellos no tienen don, y otros no gozan de la plena confianza en su propia asamblea.

Hay carrera para la recepción. Hemos llegado al tiempo que el individuo sin ser iniciado en los primeros rudimentos de la doctrina, ya está informado de lo que pasa en el seno de la asamblea; estos sujetos en el culto son pasados adelante a ocupar puestos que los temerosos no se atreven a ocupar. Eso sucede porque hay hermanos que, aunque tienen años en el Señor, parece que disciernen muy poco entre lo limpio y lo inmundo. Algunos de esos metidos se valen de nuestra generosa candidez y se pasan sin consultar con toda confianza más allá de los límites de la prudencia. Pocos hermanos saben que un gran mal necesita un gran remedio. Una señora pasó veinte años justos fuera de la comunión por soberbia; al cabo de este tiempo volvió buscando la comunión, las palabras en su boca fueron: “Hay hermanos que tienen el corazón muy grande y la cabeza muy pequeña o viceversa”.

Ojalá que no tengamos carrera para formar asambleas sin que tengamos la seguridad de que es la voluntad del Señor, pues algunas asambleas son sostenidas por puntales o pie de amigos como casas viejas, que si le quitan los puntales les viene la ruina.

No hay espacio para escribir sobre la carrera para casarse, tema que merece un artículo especial. Carrera para estudiar, que es bueno, sin descuidar lo principal, la palabra de Dios. Carrera para comprar un carro antes que una casa. Carrera para entablar amistad con personas o compañeros que le perjudican, pues no saben si son de Egipto o el mundo, si son de Moab ¾la carne¾ o son de Judá ¾de Dios.

 José Naranjo


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