El indebido apresuramiento
Ahora no me
propongo escribir sobre la carrera del atleta cristiano, sino sobre la carrera
que pone la respiración jadeante, la carrera que trae suspiro, dolor de
corazón, lágrimas en los ojos y palabras de desconsuelo. El inexperto dice: ¿De
qué carrera hablará éste? El carnal dice: Aunque vaya cojeando yo voy a llegar;
pero solamente llegará aquel que persigue una sola cosa “Olvidando ciertamente
lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al
premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13,14).
Quiero
entrar en mi tema. Esta carrera es el apuro, la precipitación con que se
procede hoy para llevar a cabo ordenanzas bíblicas doctrinales las cuales
necesitan calma, madurez, experiencia; y sobre todo dar lugar al Espíritu Santo
para que nos muestre el camino que debemos escoger, la ordenanza que se debe
cumplir. Si Pablo y sus compañeros por puros sentimientos, aprehensión o
precipitación se hubieran dedicado a hablar la palabra en Asia, o resueltamente
hubieran seguido a Bitinia (Hechos 16:6 al 10) la obra hubiera sido de la
carne, y el diablo hubiera preparado barreras insalvables en Macedonia.
Hay
carrera por ver conversiones. Parece
que fuera una desilusión, una vergüenza si predicamos el evangelio en un lugar
y no vemos frutos. Somos amantes de las noticias, aún más, de la fama. Aun
ponemos una mampara al fracaso, y citamos: “Así será mi palabra que sale de mi
boca, no volverá a mí vacía” Isaías 55:11). No nos paramos a pensar si la
palabra ha salido de la boca de Jehová, o de mi propia boca; y estos fiascos
nos llevan a apurar una confesión poniendo en la boca del individuo las
palabras que el Espíritu Santo puede inspirarle.
Un
predicador iba camino a su casa y se topó con un borracho, el cual muy alegre
se volvió hacia el predicador diciéndole: “Aquí viene mi padre espiritual”; el
predicador abrumado, con los ojos muy abiertos, dijo: “Hijo mío debes ser,
porque si fueras hijo de Dios no estarías en esa condición”. Es lamentable que
este espíritu está contagiando a muchos en las asambleas y a algunos
predicadores también.
Hay carrera en bautizar.
Hoy no se espera la suficiente prueba en el creyente. Cierto que no tenemos
dones apostólicos para conocer a los engañados y a los verdaderos. (Hechos
8:23) Particularmente no estoy de acuerdo, aunque no me opongo a esas asambleas
que celebran más de dos bautismos en el año. Valor moral para rechazar evitó un
espectáculo de un parto en un bautismo. Conocí a uno bautizado extra, o sea
horas después que se había celebrado el bautismo, fue a la cena el domingo y no
volvió más nunca. Conocí otra de bautismo extra y el pecado de fornicación
estaba oculto.
Carrera
hay para predicar y poner a predicar.
No hace mucho que hermanos de esos apurados impulsaban a otro creyente de
veintiún días de bautizado a predicar, en vez de esperar que el joven en
silencio aprendiera a obedecer para después dirigir. Hermanos hay que dejan su
asamblea sola y sin ser enviados ni por el Señor, ni por su asamblea, se van el
domingo a otras asambleas donde pueden tener chance para predicar; algunos de
ellos no tienen don, y otros no gozan de la plena confianza en su propia
asamblea.
Hay
carrera para la recepción. Hemos
llegado al tiempo que el individuo sin ser iniciado en los primeros rudimentos
de la doctrina, ya está informado de lo que pasa en el seno de la asamblea;
estos sujetos en el culto son pasados adelante a ocupar puestos que los
temerosos no se atreven a ocupar. Eso sucede porque hay hermanos que, aunque
tienen años en el Señor, parece que disciernen muy poco entre lo limpio y lo
inmundo. Algunos de esos metidos se valen de nuestra generosa candidez y se
pasan sin consultar con toda confianza más allá de los límites de la prudencia.
Pocos hermanos saben que un gran mal necesita un gran remedio. Una señora pasó
veinte años justos fuera de la comunión por soberbia; al cabo de este tiempo
volvió buscando la comunión, las palabras en su boca fueron: “Hay hermanos que
tienen el corazón muy grande y la cabeza muy pequeña o viceversa”.
Ojalá
que no tengamos carrera para formar
asambleas sin que tengamos la seguridad de que es la voluntad del Señor,
pues algunas asambleas son sostenidas por puntales o pie de amigos como casas
viejas, que si le quitan los puntales les viene la ruina.
No hay espacio
para escribir sobre la carrera para casarse,
tema que merece un artículo especial. Carrera para estudiar, que es bueno, sin descuidar lo principal, la palabra de
Dios. Carrera para comprar un carro
antes que una casa. Carrera para entablar
amistad con personas o compañeros que le perjudican, pues no saben si son
de Egipto o el mundo, si son de Moab ¾la carne¾ o son de Judá ¾de Dios.
José Naranjo
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