domingo, 15 de febrero de 2026

DE CIERTO, DE CIERTO

 

—El reino milenial del Hijo del hombre

De cierto, de cierto os digo: De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre. Juan 1:51

Esta es la primera vez que escuchamos al Señor Jesús usar la expresión “de cierto, de cierto”. Quizás pensamos que bastaba con decir “de cierto” tan solo una vez, como lo hizo en varias ocasiones en los otros Evangelios. Sin embargo, en el Evangelio según Juan, él habla de esta forma para resaltar la importancia de las palabras que dice a continuación.

Felipe fue a buscar a Natanael, un hombre que evidentemente estaba esperando al Mesías prometido. Cuando lo halló, le dijo que había encontrado a Aquel de quien Moisés escribió en la Ley, así como los profetas. El Señor Jesús, que conocía todo acerca de Natanael, lo describió como un verdadero israelita en el cual no había engaño. Estas dos cosas indican que Natanael tomaba en serio las Escrituras y tenía un sincero deseo de agradar a Dios. Su historia nos demuestra que el Señor Jesús siempre estará dispuesto a recibirnos cuando respondemos a la invitación que nos dice ven y ve (v. 46). Aunque aquellos que dan testimonio de él pueden hacerlo de manera imperfecta, el Señor suple las deficiencias de sus siervos y atiende a todas nuestras necesidades.

Natanael, sentado bajo la higuera, una figura de Israel, buscaba inicialmente la liberación nacional del oprobio de los romanos. Sin embargo, su encuentro con el Señor Jesús lo llevó mucho más allá. Descubrió que Jesús es el Hijo del hombre que ha de reinar sobre toda la creación, tal como está profetizado en el Salmo 8. Pronto llegará el día en que la tierra y sus habitantes verán “el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre”. En ese día, los ángeles, aquellas poderosas criaturas, ¡llevarán a cabo la voluntad de Dios en este mundo!

—El nuevo nacimiento

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Juan 3:3

Nicodemo se acercó al Señor Jesús de noche para evitar que sus compañeros fariseos lo vieran conversando con un Galileo. A pesar de ello, se dirigió a él llamándolo Rabí y reconoció que Dios estaba con él. Aunque esto fue un buen comienzo, Nicodemo necesitaba ir más allá y creer en él como el Hijo unigénito de Dios (v. 16).

Nicodemo necesitaba comprender que el reino de Dios había llegado y que él no formaba parte de él. Independientemente de nuestras credenciales naturales, todos necesitamos experimentar un nuevo nacimiento para poder ver el reino de Dios. Nicodemo veía las cosas desde una perspectiva terrenal, material y temporal, y no lograba encontrarles sentido. En respuesta, nuestro Señor volvió a utilizar la expresión “de cierto, de cierto”. Entonces le señaló que para nacer de nuevo y entrar en el reino es necesaria una purificación moral por medio del poder del Espíritu (v. 5). En Efesios 5:26 aprendemos que el agua utilizada en este proceso es la Palabra de Dios.

Nicodemo debería haber entendido esto, ya que se menciona en el Antiguo Testamento, por ejemplo, en Ezequiel 36:24–26. Sin embargo, el Señor lo instruyó amablemente, mostrándole que incluso los judíos necesitan nacer de nuevo. ¡Alabado sea el Señor! Nicodemo experimentó este nuevo nacimiento y creyó en él. Más adelante, leemos que Nicodemo intentó defender a Jesús ante los fariseos (véase Jn. 7:50–52) y cuidó de su cuerpo en aquellas tristes y oscuras horas posteriores a su muerte (Jn. 19:39).

Pedro escribió que todo creyente en el Señor Jesús ha nacido de nuevo, “no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 P. 1:23). Tenemos una nueva naturaleza implantada en nosotros por Dios, la cual debe caracterizar a quienes forman parte de su reino espiritual. Sin embargo, él no ha desamparado a su pueblo terrenal. Se acerca el día en que ellos también experimentarán un nuevo nacimiento y Su reinado llenará la tierra (véase Zac. 13:1; Dn. 2:35).

—Realidades eternas

De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Juan 5:19

La Deidad es única en naturaleza, propósito y actividad. Las palabras de nuestro Señor transmiten esto de manera exquisita. Los judíos se ofendieron cuando él sanó a un enfermo durante el día de reposo. Cuando le cuestionaron su acción, el respondió: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (v. 17), lo que los enfureció, pues consideraron que se estaba poniendo a la par de Dios. Los judíos valoraban principalmente la superioridad que creían que el día de reposo les confería como el pueblo terrenal de Dios, permaneciendo indiferentes ante la aflicción de la multitud que yacía bajo los cinco pórticos de Betesda.

Lleno de gracia, el Señor Jesús se presentó como el enviado del Padre para satisfacer todas las necesidades del hombre pecador, ofreciendo incluso más de lo que Israel jamás tuvo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida” (v. 24). ¡Qué afirmación tan potente! La adquisición de la vida eterna, la evasión del juicio, la superación de la muerte y el goce de la vida eterna. Sin embargo, todo esto depende de escuchar su Palabra y creer en Aquel que lo envió. Aunque los judíos eran un pueblo privilegiado, corrían el riesgo de perder esta oportunidad.

Más adelante en este capítulo, nuestro Señor hizo la siguiente declaración: “Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz” (vv. 28–29). No habrá opción de rechazar sus palabras en ese momento. El resultado será una “resurrección de vida”, si durante nuestra vida creímos en él, o una “resurrección de condenación”, mil años más tarde, si no lo hicimos. Nuestro deseo es que todos los que leen o escuchen este mensaje sean parte de la “resurrección de vida”.

—Uno mayor que Abraham

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. Juan 8:58

Cristo les dijo a quienes habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (vv. 31–32). Al igual que los judíos en aquella época, hay quienes pueden ofenderse ante la aseveración de que son esclavos. Ante esto, Cristo afirma: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (v. 34). Esta es una realidad a la que todos nos enfrentamos, y la esclavitud al pecado es la más dura de todas. Sin embargo, es alentador escuchar a Cristo decir: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (v. 36).

Aunque sus oyentes confiaban en su vínculo natural con Abraham, su hostilidad hacia Cristo demostró que realmente no eran descendientes del patriarca ni de Dios, sino del diablo. Cristo, quien siempre habló con verdad, fue insultado cuando sus acusadores no hallaron cómo culparlo. Ante esto, Cristo encomendó las cosas en manos de Dios. Sin embargo, este estallido de violencia anticipaba la persecución de los creyentes, por lo que Cristo anima a sus discípulos, diciendo: “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (v. 51). Aunque puede que enfrenten la muerte, esta no es el fin, sino tan solo una puerta que conduce a la presencia y bendición de Dios.

Finalmente, el Señor comenzó a hablar de sí mismo en relación con Abraham, el padre que tanto respetaban sus enemigos. Les aseguró que Abraham se alegró al anticipar su día, y lo vio, y se gozó. La fe de Abraham preveía la venida del Señor a través de Isaac, el ansiado hijo de la promesa. Sus adversarios no entendieron sus palabras ni su significado, por lo que comenzaron a hablar de él como si fuera un hombre común. Esto lo llevó a hacer la gran proclamación del versículo de hoy. Sí, aquel que se hizo hombre es y siempre será Dios, el gran Yo soy. Hoy en día, las bendiciones del “creyente Abraham” son nuestras en Cristo (Gá. 3:9, 14). ¡Que Dios nos halle siendo fieles a él!. 

Simón Attwood

El Señor está cerca 2025

Simón AttwoSimón Attwood, El Señor está cerca 2025od, El Señor está c

No hay comentarios:

Publicar un comentario