domingo, 15 de febrero de 2026

Qué es y qué simboliza el sacrificio de expiación?


 ¿Qué es y qué simboliza el sacrificio de expiación?


Introducción

Este es el primer sacrificio en el que ya no se habla de “olor grato”, porque tiene relación directa con el pecado. El término expiación proviene de la palabra hebrea kip-per, derivada de la raíz kaphar, que significa literalmente “cubrir”, “purificar”, “propiciar” o “pacificar”. Es la base de Yom Kippur (Día de la Expiación; ver Levítico 16).

Por lo tanto, este sacrificio cubría (no quitaba) los pecados cometidos en alguno de los puntos de la ley, y todo israelita debía presentar un sacrificio por sus pecados.

Características

Este sacrificio por el pecado era realizado por el sacerdote, como representante entre Dios y el pueblo, ofreciendo un becerro sin defecto.

Cada categoría de oferente —ya fuera un sacerdote, la congregación entera (sus representantes), un jefe o una persona común— colocaba su mano sobre la cabeza del animal, que se sacrificaba por los pecados cometidos por error en relación con la ley:

•        El sacerdote y la congregación presentaban un becerro o novillo, cuya sangre era rociada en el santuario delante del velo.

•        Los jefes presentaban un macho cabrío, cuya sangre se ponía en los cuernos del altar.

•        Las personas comunes, fueran importantes o no, presentaban una oveja o una cabra, cuya sangre también se ponía en los cuernos del altar.

En los cuatro tipos de sacrificios, la sangre se derramaba al pie del altar y la grosura, al modo del sacrificio de paz, se quemaba en el altar. Sin embargo, en el caso de los dos primeros sacrificios, el animal era quemado completamente fuera del campamento, en un lugar limpio; mientras que en los otros dos era comido por el sacerdote que oficiaba el sacrificio en el lugar santo (Levítico 6:24-30).

El capítulo 4 de Levítico muestra que había quienes podían ofrecer un animal costoso, pero el capítulo 5 aclara que nadie tenía excusa para decir: “No tengo para un animal tan caro, soy pobre, soy un mendigo, no puedo”. Dios había provisto que las personas pobres pudieran presentar un sacrificio: podían atrapar dos tórtolas o dos palominos.

Además, el capítulo 5 habla del pecado cotidiano de la vida y de la responsabilidad personal de cada israelita, sin importar su estatus social.

Diferencias entre Levítico 4 y 16

C.H. Mackintosh, en su comentario al libro de Levítico, señala que los sacrificios del capítulo 4 (por el pecado del sacerdote y de la congregación) anticipan en forma parcial lo que se desarrolla plenamente en Levítico 16, el Día de la Expiación.

Para él, el capítulo 4 muestra la gravedad del pecado y la necesidad de purificación inmediata, mientras que el capítulo 16 revela la obra completa de la expiación, con un alcance nacional y un poder espiritual mucho más amplio.

 

Simbolismo

Al leer detenidamente Levítico 4, 5 y 16, vemos que el sacrificio se realizaba constantemente. Desde el sacerdote hasta lo último del estrato social debían presentar un sacrificio por el pecado, lo que indica que todos sin excepción son pecadores. Nadie podía decir lo contrario, ya que la ley lo señalaba, y para todos había una forma de realizar expiación por sus pecados.

Y si nos enfocamos en segundo sacrificio, vemos que el pecado era global, es decir, no abarcaba a una sola persona, sino que abarcaba a toda la nación de Israel. Dios es Santo y exige santidad, por eso provee el medio eficaz para lograrlo, la expiación por todo el pueblo.

El simbolismo que encontramos es que la obra de Cristo en la cruz del Calvario está disponible para todos, y nadie puede tener una excusa para rechazarla: “ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18b).

La carta a los Hebreos, en el capítulo 10, indica que estos sacrificios eran sombras de los bienes venideros, “un tenue anticipo de las cosas buenas por venir” (NTV). Eran un constante recordatorio de los pecados, pues la sangre del sacrificio solo los cubría, nunca los quitaba.

En contraste, la obra de Cristo en la cruz del Calvario, y este como sumo Sacerdote (según el orden de Melquisedec), presentó su sangre en el santuario celestial una sola vez y para siempre. El sacerdote del antiguo pacto lo hacía repetidamente y nunca quitaba el pecado, pero el Señor Jesucristo lo hizo de una vez para siempre:

sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22)

“…con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14).

 

Las Escrituras inspiradas por el Espíritu Santo lo confirman. El autor de Hebreos (10:16-17), citando a Jeremías 31: 33a, 34b, dice:

 

Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré. Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones”.

 

Otro simbolismo que encontramos en los dos primeros sacrificios es que el animal era quemado completamente fuera del campamento. Esto nos remite inmediatamente al Señor Jesucristo muriendo en la cruz fuera del Templo de Jerusalén. También vemos que la salvación abarca a todos, ya que están representados los dos grandes estratos: los sacerdotes y el pueblo.

En cambio, los otros dos sacrificios muestran a las personas que se apropian de la expiación y del perdón del pecado. En Lucas 18:9-14 vemos el caso del fariseo y el publicano: este último, presumiblemente, presenta un sacrificio por el perdón de sus pecados porque se reconocía pecador, mientras que el fariseo no.

También se destaca que la grasa, al igual que en el sacrificio de paz, era quemada en el altar. Es decir, lo mejor del animal pertenecía a Dios. El simbolismo es que Cristo ofreció lo mejor: su vida perfecta.

Finalmente, ¿qué simboliza que los sacerdotes comiesen la carne del sacrificio de expiación en el lugar santo? En su caso, indicaba que como mediadores participaban de la expiación. Ellos, por ser muchos mediadores, necesitaban ofrecer primero sacrificio por sí mismos cada día. En cambio, nuestro Señor Jesucristo, como el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5), lo hizo una vez para siempre (cf. Hebreos 7:27).

Conclusión

Este sistema apunta a la obra de Cristo como sacrificio perfecto y definitivo, realizado una vez para siempre, aboliendo el antiguo sistema sacrificial.

Por lo tanto, nadie podía decir que nunca pudo acceder a la expiación de sus pecados, ya que Dios había hecho provisión incluso para el más pobre. En el nuevo pacto, todos pueden acceder al perdón de los pecados por la gracia de Dios a través del sacrificio de su Hijo en la cruz del Calvario.

S.K.R.

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