¿Qué es y qué simboliza el sacrificio de expiación?
Introducción
Este es el primer sacrificio
en el que ya no se habla de “olor grato”, porque tiene relación directa con el
pecado. El término expiación proviene de la palabra hebrea kip-per, derivada de
la raíz kaphar, que significa literalmente “cubrir”, “purificar”, “propiciar” o
“pacificar”. Es la base de Yom Kippur (Día de la Expiación; ver Levítico 16).
Por lo tanto, este sacrificio
cubría (no quitaba) los pecados cometidos en alguno de los puntos de la ley, y
todo israelita debía presentar un sacrificio por sus pecados.
Características
Este sacrificio por el pecado
era realizado por el sacerdote, como representante entre Dios y el pueblo,
ofreciendo un becerro sin defecto.
Cada categoría de oferente —ya
fuera un sacerdote, la congregación entera (sus representantes), un jefe o una
persona común— colocaba su mano sobre la cabeza del animal, que se sacrificaba
por los pecados cometidos por error en relación con la ley:
• El sacerdote y la congregación presentaban un becerro o
novillo, cuya sangre era rociada en el santuario delante del velo.
• Los jefes presentaban un macho cabrío, cuya sangre se ponía en
los cuernos del altar.
• Las personas comunes, fueran importantes o no, presentaban una
oveja o una cabra, cuya sangre también se ponía en los cuernos del altar.
En los cuatro tipos de
sacrificios, la sangre se derramaba al pie del altar y la grosura, al modo del
sacrificio de paz, se quemaba en el altar. Sin embargo, en el caso de los dos
primeros sacrificios, el animal era quemado completamente fuera del campamento,
en un lugar limpio; mientras que en los otros dos era comido por el sacerdote
que oficiaba el sacrificio en el lugar santo (Levítico 6:24-30).
El capítulo 4 de Levítico
muestra que había quienes podían ofrecer un animal costoso, pero el capítulo 5
aclara que nadie tenía excusa para decir: “No tengo para un animal tan caro,
soy pobre, soy un mendigo, no puedo”. Dios había provisto que las personas
pobres pudieran presentar un sacrificio: podían atrapar dos tórtolas o dos
palominos.
Además, el capítulo 5 habla
del pecado cotidiano de la vida y de la responsabilidad personal de cada
israelita, sin importar su estatus social.
Diferencias
entre Levítico 4 y 16
C.H. Mackintosh, en su
comentario al libro de Levítico, señala que los sacrificios del capítulo 4 (por
el pecado del sacerdote y de la congregación) anticipan en forma parcial lo que
se desarrolla plenamente en Levítico 16, el Día de la Expiación.
Para él, el capítulo 4 muestra
la gravedad del pecado y la necesidad de purificación inmediata, mientras que
el capítulo 16 revela la obra completa de la expiación, con un alcance nacional
y un poder espiritual mucho más amplio.
Simbolismo
Al leer detenidamente Levítico
4, 5 y 16, vemos que el sacrificio se realizaba constantemente. Desde el
sacerdote hasta lo último del estrato social debían presentar un sacrificio por
el pecado, lo que indica que todos sin excepción son pecadores. Nadie podía
decir lo contrario, ya que la ley lo señalaba, y para todos había una forma de
realizar expiación por sus pecados.
Y si nos enfocamos en segundo
sacrificio, vemos que el pecado era global, es decir, no abarcaba a una sola
persona, sino que abarcaba a toda la nación de Israel. Dios es Santo y exige
santidad, por eso provee el medio eficaz para lograrlo, la expiación por todo
el pueblo.
El simbolismo que encontramos
es que la obra de Cristo en la cruz del Calvario está disponible para todos, y
nadie puede tener una excusa para rechazarla: “ya ha sido condenado, porque no
ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18b).
La carta a los Hebreos, en el
capítulo 10, indica que estos sacrificios eran sombras de los bienes venideros,
“un tenue anticipo de las cosas buenas por venir” (NTV). Eran un constante
recordatorio de los pecados, pues la sangre del sacrificio solo los cubría,
nunca los quitaba.
En contraste, la obra de
Cristo en la cruz del Calvario, y este como sumo Sacerdote (según el orden de
Melquisedec), presentó su sangre en el santuario celestial una sola vez y para
siempre. El sacerdote del antiguo pacto lo hacía repetidamente y nunca quitaba
el pecado, pero el Señor Jesucristo lo hizo de una vez para siempre:
“sin derramamiento de
sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22)
“…con una sola ofrenda hizo
perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14).
Las Escrituras inspiradas por
el Espíritu Santo lo confirman. El autor de Hebreos (10:16-17), citando a
Jeremías 31: 33a, 34b, dice:
“Este es el pacto que haré
con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus
corazones, y en sus mentes las escribiré. Y nunca más me acordaré de sus
pecados y transgresiones”.
Otro simbolismo que
encontramos en los dos primeros sacrificios es que el animal era quemado
completamente fuera del campamento. Esto nos remite inmediatamente al Señor
Jesucristo muriendo en la cruz fuera del Templo de Jerusalén. También vemos que
la salvación abarca a todos, ya que están representados los dos grandes
estratos: los sacerdotes y el pueblo.
En cambio, los otros dos
sacrificios muestran a las personas que se apropian de la expiación y del
perdón del pecado. En Lucas 18:9-14 vemos el caso del fariseo y el publicano:
este último, presumiblemente, presenta un sacrificio por el perdón de sus pecados
porque se reconocía pecador, mientras que el fariseo no.
También se destaca que la
grasa, al igual que en el sacrificio de paz, era quemada en el altar. Es decir,
lo mejor del animal pertenecía a Dios. El simbolismo es que Cristo ofreció lo
mejor: su vida perfecta.
Finalmente, ¿qué simboliza que
los sacerdotes comiesen la carne del sacrificio de expiación en el lugar santo?
En su caso, indicaba que como mediadores participaban de la expiación. Ellos,
por ser muchos mediadores, necesitaban ofrecer primero sacrificio por sí mismos
cada día. En cambio, nuestro Señor Jesucristo, como el único mediador entre
Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5), lo hizo una vez para siempre (cf. Hebreos
7:27).
Conclusión
Este sistema apunta a la obra
de Cristo como sacrificio perfecto y definitivo, realizado una vez para
siempre, aboliendo el antiguo sistema sacrificial.
Por lo tanto, nadie podía
decir que nunca pudo acceder a la expiación de sus pecados, ya que Dios había
hecho provisión incluso para el más pobre. En el nuevo pacto, todos pueden
acceder al perdón de los pecados por la gracia de Dios a través del sacrificio
de su Hijo en la cruz del Calvario.

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