domingo, 15 de febrero de 2026

LEYENDO DIA A DIA 2 CORINTIOS (2)

 

Capítulo 1: El Dios de toda consolación


Al considerar los primeros versículos de este capítulo conviene llevar en mente que algunos se oponían a Pablo, y esta circunstancia realza la hermosa ternura del saludo que manda. Hará mención de sus aflicciones, pero comienza con “bendito” y reconoce que viene de Dios el consuelo que tiene.

Sus sufrimientos le han traído una revelación nueva de Dios expresada en un Nombre nuevo, uno que es maravilloso en su ternura: “Padre de misericordias y Dios de toda consolación”. Él es el originador de todas las misericordias, la fuente de donde fluyen. Es “el Padre de las luces”, Santiago 1.17; “las misericordias de Dios”, Romanos 12.1; “el Padre de los espíritus”, Hebreos 12.9; “el Padre de gloria”, Efesios 1.17. Si hay una misericordia, Él es su Padre, cualquiera que sea. Es a la vez el Padre de toda consolación, y tiene el buen ánimo y consuelo que el amor puede impartir a un ser amado al llenar su más íntima necesidad.

Pablo hace mención de las misericordias y la consolación antes de hablar de la aflicción, pero en toda ocasión cuando había estado afligido, fue sostenido por la mano de Dios, y de ella derivó bendiciones. ¿Bendiciones? Sí, y no la menor de ellas la oportunidad de extender simpatía a otros, fruto de la simpatía divina que él mismo había recibido. Tenía no sólo una revelación nueva de parte de Dios, sino también un poder nuevo para consolar a otros, y sus contratiempos añadían a su utilidad en el servicio del Señor.

Es solamente en la medida que de buena gana se aprenda y se acepte el reproche de Cristo que el sufrimiento está absorbido por su consolación, v. 5. Con todo, lo que le tocó a Pablo en el servicio de Cristo fue para el bien de los corintios, y él veía las aflicciones de ellos como un testimonio de que compartían su consuelo. No quería que ignoraran lo que había sufrido, ya que le permitía manifestar cuán profundo era su cuidado por ellos. Su tribulación le había enseñado a Pablo una confianza inconmovible en Dios, vv 9, 10. ¡Estaría con él en toda y cualquiera circunstancia el Dios que podía conducirle a través de la tribulación en Asia, v. 8!

En cuanto al hecho de que no les había visitado, él tenía buena conciencia, vv 12 al 14. Además, era hombre de ciertas convicciones, vv 15 al 24. Sus decisiones no eran “según la carne”; su mensaje era definitivo, y la razón por su ausencia era la del v. 23. Como siempre, su amor por ellos gobernaba su actuación.

por B.Osborne


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