domingo, 15 de febrero de 2026

La Mujer que agrada a Dios (8)

 Instrucciones adicionales

Ahora mencionaremos otros tres pasajes que tratan sobre la sujeción. Estos van dirigidos específicamente a las esposas. "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos" (Ef. 5:22-24). Véase también Colosenses g: 18. Obsérvese que el mandato es "estén sujetas", indicando una aceptación voluntaria de esta posición. Los versículos que siguen (vs. 25-33), imponen una carga muy pesada sobre los maridos: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella Dios ha puesto la autoridad, que debe estar acompañada de amor, en el marido y Dios dispone que la esposa ayude al marido a cumplir su responsabilidad, no a hacerla difícil para él. La sujeción de las esposas a sus maridos, igual que la sujeción de la iglesia a Cristo, constituye una parte importante del testimonio de la iglesia ante el mundo. Es una ilustración hermosa de la verdad divina.

En I Pedro 3:1-4 leemos: "Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa, Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el   interno, el del corazón, el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de gran estima delante de Dios."

Aun cuando estas instrucciones van dirigidas particularmente a las esposas, dan a conocer la clase de mujer que agrada a Dios, sea casada o soltera. Ciertamente un estilo de vida lleno de virtud y sin dar importancia a adornos externos sino a la belleza del carácter, debe ser la aspiración de todas nosotras. La preciosa cualidad de un espíritu afable y apacible parece estar muy distante de las demandas y pretensiones de asertividad, de las voces estridentes y de la agresividad que se ven en algunas mujeres hoy día. Se nos exhorta a no conformarnos a este siglo, pero a transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento (Ro. 12:2). La sujeción no es fácil para ninguna de nosotras Porque el comportamiento natural del ser humano es la afirmación propia. pero debemos exhibir lo sobrenatural, la misma vida de Cristo, “quien no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse… sino se despojó a sí mismo… hasta la muerte, y muerte de cruz” por nosotros (Fil 2:5-8), ¿De qué otra manera mejor podríamos mostrar la vida de Cristo en nosotras, haciéndole visible al mundo que nos rodea, que siguiendo su ejemplo de sujeción? Él dijo: Levad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt. 11:29).

De nuevo puntualizamos que la sujeción no significa inferioridad ni debilidad, más bien indica fortaleza de carácter. "El que se enseñorea de su espíritu (es mejor) que el que toma una ciudad" (Pr. 16:32).

Una palabra final sobre la sujeción, Obviamente este privilegio no es exclusivo para las esposas, o para todas las mujeres, sino que es para todo cristiano. Pablo escribe: " Sed llenos del Espíritu . . . someteos unos a otros en el temor de Dios" (Ef. 5:21). Véase también I Pedro 5:5. Un corazón sumiso debe ser característica de todo creyente; primero al reconocer el señorío de Cristo en su vida entera y luego al rendir su vida al servicio de sus semejantes (l Jn. 3:16).

Las mujeres cristianas no necesitan atraer la atención a sí mismas con adornos externos, ni buscar "posición social" con actividades públicas.  Al estar conscientes de su valor ante los ojos de Cristo y de su posición   en él, ellas tienen una dignidad y belleza interior que el mundo no les puede dar. Durante el primer siglo, al observar la modestia y la sencillez de las mujeres cristianas, contrastándolas con las extravagancias de las mujeres paganas y con su inmoralidad, un escritor llamado Libanius comentó: "Qué mujeres tienen esos cristianos!"

EL PRINCIPIO DEL SILENCIO

I Corintios 14:84, 85; I Timoteo 2:1115

Unido al principio de autoridad y sujeción está el del silencio de la mujer en las reuniones de la iglesia. Pablo escribe: "La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio" (l Ti. 2:11, 12).

La prohibición específica es que la mujer no enseñe a los hombres ni tenga autoridad sobre ellos en asuntos de la iglesia. Y se dan razones: “Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión" (l Ti. 2: 13, 14). Aquí el apóstol Pablo apela al orden de la creación y a la caída como el principio básico para el mandato de silencio de la mujer, no a una situación local o cultural del primer siglo.   Se trata de un principio fundamental y por lo tanto el mandato es válido para nosotras en el día de hoy. Obsérvese también que en I Timoteo 2 Pablo restringe la oración pública a los hombres.

Pablo escribió a los creyentes en Corinto: "Vuestras mujeres callen en las congregaciones, porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas… Es indecoroso que una mujer hable en la congregación (I Corintios 14:34,35), Algunos sostienen que Pablo está prohibiendo la charla y los chismes de las mujeres durante el servicio, pero la palabra traducida "hablar" no tiene el significado de "charlar" Es la misma palabra que se usa con relación a Dios en el versículo 21.

Observemos que todo el capítulo 14 trata sobre el orden en las reuniones y la edificación de la iglesia (vs. 4, 5, 12, 19, 23, 33). Se establecen normas para el uso de lenguas, el ministerio de los profetas-y se dan instrucciones para las mujeres. Es con respecto a esto, pues, que se expone cuál es el comportamiento correcto de las mujeres: no se les permite hablar y se les pide la obediencia. El hablar en público invalidaría la sujeción de ellas. El testimonio uniforme del Nuevo Testamento es que, a pesar de los muchos ministerios valiosos que ellas tienen, a la mujer no se le ha dado un ministerio público en la iglesia. De hecho, no les está permitido ni siquiera hacer preguntas en público (v. 35). E. W, Rogers escribe: "Toda la controversia en cuanto al lugar de la mujer se basa en la noción exagerada de la importancia del ministerio desde el púlpito. Todo siervo de Dios sabe que la oración es más importante que la predicación y esto es exactamente lo que las hermanas pueden hacer, tal vez mejor que los hombres."

Nótese que Pablo dice: "Lo que os escribo son mandamientos del Señor" (v, 37). Esto incluye todo lo que ha tratado previamente, incluyendo las instrucciones sobre las mujeres. ¡Estas no son ideas particulares de Pablo!

No podemos dejar el tema del silencio sin hacer mención de lo que se dice en I Corintios 11:5: "Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza," ¿Estaban las mujeres orando y profetizando en público? ¿Está Pablo permitiendo el ministerio público de las mujeres en I Corintios ll y prohibiéndolo en I Corintios 14? ¡Difícilmente! Mucho se ha escrito desde todos los puntos de vista Posibles sobre el significado y la importancia de este versículo. Sólo podemos señalar que el tema bajo consideración en el capítulo ll es la autoridad y la sujeción, no el orden en la iglesia. Pablo no está tratando aquí el asunto de si la mujer debe o no debe hablar en público. Cuando este tema está presente al tratar sobre el orden en la iglesia (cap. 14), no hay duda en cuanto a la enseñanza: se ordena el silencio. ¿Cómo podemos entender, pues, la referencia al orar y profetizar de las mujeres en el capítulo ll? Podemos llegar a la conclusión que, si las mujeres estaban orando y profetizando en público en Corinto, esto estaba fuera del orden normal y estaba mal hecho, no fue la costumbre en las otras iglesias (l Co. ll: 16). En Corinto había numerosas irregularidades, El mandamiento a guardar silencio es muy claro en I Corintios 14 y I Timoteo 2 y concuerda con la enseñanza sobre autoridad y sujeción que encontramos en 1 Corintios ll. No debemos poner la enseñanza clara en duda por una referencia incidental a las actividades irregulares de las mujeres en Corinto.

Fay Smart y Jean Young

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