Instrucciones adicionales
Ahora mencionaremos otros tres
pasajes que tratan sobre la sujeción. Estos van dirigidos específicamente a las
esposas. "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la
iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia
está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos" (Ef.
5:22-24). Véase también Colosenses g: 18. Obsérvese que el mandato es
"estén sujetas", indicando una aceptación voluntaria de esta
posición. Los versículos que siguen (vs. 25-33), imponen una carga muy pesada
sobre los maridos: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó
a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella Dios ha puesto la autoridad, que
debe estar acompañada de amor, en el marido y Dios dispone que la esposa ayude
al marido a cumplir su responsabilidad, no a hacerla difícil para él. La
sujeción de las esposas a sus maridos, igual que la sujeción de la iglesia a
Cristo, constituye una parte importante del testimonio de la iglesia ante el
mundo. Es una ilustración hermosa de la verdad divina.
En I Pedro 3:1-4 leemos:
"Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que
también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta
de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa, Vuestro
atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de
vestidos lujosos, sino el interno, el
del corazón, el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es
de gran estima delante de Dios."
Aun cuando estas instrucciones
van dirigidas particularmente a las esposas, dan a conocer la clase de mujer
que agrada a Dios, sea casada o soltera. Ciertamente un estilo de vida lleno de
virtud y sin dar importancia a adornos externos sino a la belleza del carácter,
debe ser la aspiración de todas nosotras. La preciosa cualidad de un espíritu
afable y apacible parece estar muy distante de las demandas y pretensiones de
asertividad, de las voces estridentes y de la agresividad que se ven en algunas
mujeres hoy día. Se nos exhorta a no conformarnos a este siglo, pero a
transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento (Ro. 12:2).
La sujeción no es fácil para ninguna de nosotras Porque el comportamiento
natural del ser humano es la afirmación propia. pero debemos exhibir lo
sobrenatural, la misma vida de Cristo, “quien no estimó el ser igual a Dios
como cosa a que aferrarse… sino se despojó a sí mismo… hasta la muerte, y
muerte de cruz” por nosotros (Fil 2:5-8), ¿De qué otra manera mejor podríamos
mostrar la vida de Cristo en nosotras, haciéndole visible al mundo que nos
rodea, que siguiendo su ejemplo de sujeción? Él dijo: Levad mi yugo sobre
vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt. 11:29).
De nuevo puntualizamos que la
sujeción no significa inferioridad ni debilidad, más bien indica fortaleza de
carácter. "El que se enseñorea de su espíritu (es mejor) que el que toma
una ciudad" (Pr. 16:32).
Una palabra final sobre la
sujeción, Obviamente este privilegio no es exclusivo para las esposas, o para
todas las mujeres, sino que es para todo cristiano. Pablo escribe: " Sed
llenos del Espíritu . . . someteos unos a otros en el temor de Dios" (Ef.
5:21). Véase también I Pedro 5:5. Un corazón sumiso debe ser característica de
todo creyente; primero al reconocer el señorío de Cristo en su vida entera y
luego al rendir su vida al servicio de sus semejantes (l Jn. 3:16).
Las mujeres cristianas no
necesitan atraer la atención a sí mismas con adornos externos, ni buscar
"posición social" con actividades públicas. Al estar conscientes de su valor ante los
ojos de Cristo y de su posición en él,
ellas tienen una dignidad y belleza interior que el mundo no les puede dar.
Durante el primer siglo, al observar la modestia y la sencillez de las mujeres
cristianas, contrastándolas con las extravagancias de las mujeres paganas y con
su inmoralidad, un escritor llamado Libanius comentó: "Qué mujeres tienen
esos cristianos!"
EL
PRINCIPIO DEL SILENCIO
I Corintios 14:84, 85; I Timoteo 2:1115
Unido al principio de
autoridad y sujeción está el del silencio de la mujer en las reuniones de la
iglesia. Pablo escribe: "La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción
no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar
en silencio" (l Ti. 2:11, 12).
La prohibición específica es
que la mujer no enseñe a los hombres ni tenga autoridad sobre ellos en asuntos
de la iglesia. Y se dan razones: “Porque Adán fue formado primero, después Eva;
y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en
transgresión" (l Ti. 2: 13, 14). Aquí el apóstol Pablo apela al orden de
la creación y a la caída como el principio básico para el mandato de silencio
de la mujer, no a una situación local o cultural del primer siglo. Se trata de un principio fundamental y por
lo tanto el mandato es válido para nosotras en el día de hoy. Obsérvese también
que en I Timoteo 2 Pablo restringe la oración pública a los hombres.
Pablo escribió a los creyentes
en Corinto: "Vuestras mujeres callen en las congregaciones, porque no les
es permitido hablar, sino que estén sujetas… Es indecoroso que una mujer hable
en la congregación (I Corintios 14:34,35), Algunos sostienen que Pablo está
prohibiendo la charla y los chismes de las mujeres durante el servicio, pero la
palabra traducida "hablar" no tiene el significado de
"charlar" Es la misma palabra que se usa con relación a Dios en el
versículo 21.
Observemos que todo el
capítulo 14 trata sobre el orden en las reuniones y la edificación de la
iglesia (vs. 4, 5, 12, 19, 23, 33). Se establecen normas para el uso de
lenguas, el ministerio de los profetas-y se dan instrucciones para las mujeres.
Es con respecto a esto, pues, que se expone cuál es el comportamiento correcto
de las mujeres: no se les permite hablar y se les pide la obediencia. El hablar
en público invalidaría la sujeción de ellas. El testimonio uniforme del Nuevo
Testamento es que, a pesar de los muchos ministerios valiosos que ellas tienen,
a la mujer no se le ha dado un ministerio público en la iglesia. De hecho, no
les está permitido ni siquiera hacer preguntas en público (v. 35). E. W, Rogers
escribe: "Toda la controversia en cuanto al lugar de la mujer se basa en
la noción exagerada de la importancia del ministerio desde el púlpito. Todo
siervo de Dios sabe que la oración es más importante que la predicación y esto
es exactamente lo que las hermanas pueden hacer, tal vez mejor que los hombres."
Nótese que Pablo dice:
"Lo que os escribo son mandamientos del Señor" (v, 37). Esto incluye
todo lo que ha tratado previamente, incluyendo las instrucciones sobre las
mujeres. ¡Estas no son ideas particulares de Pablo!
No podemos dejar el tema del
silencio sin hacer mención de lo que se dice en I Corintios 11:5: "Pero
toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su
cabeza," ¿Estaban las mujeres orando y profetizando en público? ¿Está Pablo
permitiendo el ministerio público de las mujeres en I Corintios ll y
prohibiéndolo en I Corintios 14? ¡Difícilmente! Mucho se ha escrito desde todos
los puntos de vista Posibles sobre el significado y la importancia de este
versículo. Sólo podemos señalar que el tema bajo consideración en el capítulo
ll es la autoridad y la sujeción, no el orden en la iglesia. Pablo no está
tratando aquí el asunto de si la mujer debe o no debe hablar en público. Cuando
este tema está presente al tratar sobre el orden en la iglesia (cap. 14), no
hay duda en cuanto a la enseñanza: se ordena el silencio. ¿Cómo podemos
entender, pues, la referencia al orar y profetizar de las mujeres en el
capítulo ll? Podemos llegar a la conclusión que, si las mujeres estaban orando
y profetizando en público en Corinto, esto estaba fuera del orden normal y
estaba mal hecho, no fue la costumbre en las otras iglesias (l Co. ll: 16). En
Corinto había numerosas irregularidades, El mandamiento a guardar silencio es
muy claro en I Corintios 14 y I Timoteo 2 y concuerda con la enseñanza sobre
autoridad y sujeción que encontramos en 1 Corintios ll. No debemos poner la
enseñanza clara en duda por una referencia incidental a las actividades
irregulares de las mujeres en Corinto.
Fay Smart y Jean Young
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