Nos llama la atención las
muchas referencias en las Sagradas Escrituras a distintas clases de cinturones.
La ropa larga y holgada, al estilo oriental,
hace necesario recogerla y amarrarla con un cinturón al entregarse uno a algún
trabajo. Hace años mirábamos mientras unos trabajadores descargaban sacos de
maíz, de cincuenta kilos cada uno, en una playa de La Vela de Coro. Cada uno
llevaba un cinturón de lona de unos doce centímetros de ancho. Al meterse en
las olas a recibir su saco, el obrero apretaba bien su cinturón, permitiéndole
llevar esa carga en circunstancias difíciles. Nos hizo pensar en el creyente en
Cristo, ceñido de la verdad para llevar la carga que le corresponde.
La
pascua en Egipto
Dios dio instrucciones al pueblo de Israel por
su siervo Moisés para la celebración de la pascua la noche de su salida de
Egipto. Él mandó en Éxodo 12.11 que ellos comiesen con los lomos ceñidos, sus
pies calzados y su bordón en la mano. Ellos tenían que estar completamente
prevenidos para salir apresuradamente al oír la llamada divina. Los israelitas
esperaban el momento de comenzar la marcha, como el cristiano hoy en día está
en espera de la venida del Señor y el traslado al cielo.
Los tres requisitos tienen su
contraparte espiritual para el creyente. En cuanto a los lomos, Pedro nos da la
aplicación: “Ceñidos los lomos de vuestro entendimiento”, 1 Pedro 1.13. O sea,
no debemos dejar vagar los pensamientos por las cosas del mundo, sino poner la
mirada en las cosas de arriba.
En cuanto a los pies, sabemos
que parte de la armadura del soldado es el calzado, y que Efesios 6.15 nos
manda a guardar los pies calzados con el apresto del evangelio de la paz. Todo
nuestro andar debe ser controlado por el testimonio que damos, adornando con
los labios la doctrina del Señor. En lugar de contención, chismes y escándalos,
“sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”, Romanos 14.19.
El que se llama hermano, pero manifiesta un espíritu contencioso, es un estorbo
en el testimonio de la asamblea.
En cuanto a la mano, el bordón
es la insignia del verdadero peregrino. En el célebre capítulo sobre los héroes
de la fe, Jacob recibe sólo una mención breve. En Hebreos 11.9 él mora en
tiendas, o sea, sin hogar permanente en esta vida; y en el 11.21, al morir, él
“adoró apoyado sobre el extremo de su bordón”.
Jacob, entonces, mantuvo su carácter de
peregrino hasta el fin, apoyándose sobre un bordón de madera. ¡Pero el nuestro
es superior! El Señor “nos ha dado preciosas y grandísimas promesas” para que
por ellas lleguemos a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido
de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;” 2 Pedro
1.4.
Jesús
en el aposento alto
En Juan 13 tenemos el noble ejemplo de nuestro
Señor cuando Él se ciñó con una toalla y lavó los pies de sus discípulos. Fue
un acto de humillación y un ministerio de amor. Fue un ejemplo para ellos,
mostrándoles que deberían hacerlo entre sí.
Años atrás, conocimos en lo que eran las selvas
del Yaracuy, una parte llamada Agua Negra, a un hermano en Cristo llamado
Jacinto. Cuando niñito él sufría de lo que llaman clavitos en la planta de los pies. Le fue aplicado el tratamiento
muy crudo de meter sus pies en agua sumamente caliente, con el resultado que
era cojo hasta el fin de sus días. Es una lección para nosotros, a fin de que
mostremos compasión al intentar la corrección de alguna falta en otro. La
amonestación en Gálatas 6.1 es, “considerándote a ti mismo, no sea que tú
también seas tentado”.
El
Señor entre las iglesias
“Vi ... a uno semejante al Hijo del Hombre,
vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un
cinto de oro”, Apocalipsis 1.13.
Aquí Cristo practica su
ministerio del gran sumo sacerdote entre las asambleas. El escudriña cada
iglesia, dando palabras de recomendación al alabar sus méritos y palabras de
censura al condenar sus errores. Sólo en esta escritura encontramos a uno ceñido
de oro por el pecho.
El oro habla de su soberanía, y el pecho
significa que actúa por amor. Sus ojos “como llama de fuego” en el versículo
siguiente hacen saber que es imposible esconder algo de él, lo que nos impone
un santo temor. “Sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque
nuestro Dios es fuego consumidor”, Hebreos 12.28,29.
Los
siervos en espera de su amo
“Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras
lámparas encendidas, y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su
señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en
seguida”, Lucas 12.35,36. Este pasaje trata de nuestra fidelidad, testimonio
(figurado en la lámpara), ejercicio (indicado por los lomos ceñidos), y
vigilancia en la oración en la ausencia de nuestro Señor. Habrá una admirable
recompensa por el cumplimiento en su ausencia, pero los versículos 45 al 47
sirven de advertencia para el siervo infiel.
La primera referencia es a los
lomos ceñidos en servicio. En vista de la ausencia de su señor, el siervo fiel
no quita su cinturón para hacerse el flojo; él sigue prevenido y ocupado en los
negocios que le han sido encomendados. También se encuentra velando (para
nosotros, la oración), a diferencia de los tres discípulos en el Getsemaní que
no pudieron velar una hora con su Señor.
“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su
señor venga, le halle haciendo así”. Que estas palabras nos constriñan a ser
más cumplidos y consagrados en nuestro servicio para Cristo.
Santiago Saword
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