El plan divino de la feminidad
Eleonor
Mosquera
Capítulo 1: La obra maestra de la creación de
la mujer
"Jehová
Dios... hizo una mujer", (Génesis 2.22)
Para
estudiar el tema de la feminidad, necesitamos comenzar donde Dios reveló el
diseño que había en su corazón: en el principio de la creación. "¿No
habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?"
(Mateo 19.4). Esta fue una excelente pregunta que hizo el Señor Jesucristo en
referencia al recuento bíblico del origen del hombre y la mujer en Génesis 1 y
2. Esta pregunta es también para nosotras: ¿No hemos leído? Aunque ya lo
hayamos hecho, sería bueno que nos tomáramos el tiempo ahora para leer
cuidadosamente los primeros dos capítulos de la Biblia.
Génesis 1 y 2 nos enseñan que durante seis días
Dios estuvo creando un hermoso mundo nuevo. Él colocó el sol, la luna y las
estrellas con precisión en el cielo; demarcó hábilmente los lagos, ríos y
mares; adornó espectaculares paisajes con toda clase de plantas y flores; e
hizo asombrosos animales grandes y pequeños para que llenaran la tierra, los
mares y el aire. Dios tenía todo el escenario preparado para recibir la obra
maestra final que estaba a punto de hacer. Había gran regocijo en el cielo
cuando, en el momento cumbre, "creó Dios al hombre a su imagen, a imagen
de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios" (Génesis
1.27-28).
Génesis 2 nos dice con más detalle que Dios
formó al hombre del polvo de la tierra, y luego "hizo caer sueño profundo
sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne
en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una
mujer" (vv 21-22). La mujer fue la última creación de Dios, y justo
después de haberla creado, "vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí
que era bueno en gran manera" (Génesis 1.31).
Desde
el principio notamos que la mujer es una creación de Dios, y, por lo tanto, Él
es el que decidió qué es la verdadera feminidad y cuál es su intención. ¡Qué
bueno que esto no es un asunto condicionado por la cultura ni determinado por
nuestros sentimientos cambiantes!
NUESTRO
EXTRAORDINARIO DISEÑADOR
Si queremos entender realmente
el diseño de la mujer, necesitamos conocer a su Diseñador. La Biblia deja bien
en claro que "Jehová Dios... hizo una mujer" (Génesis 2.22). El Dios
infinito, perfecto y todopoderoso, que también es un Dios personal, confiable y
bondadoso, fue el que diseñó e hizo a la mujer con intención y amor.
Dios es un Dios inmenso, sin medida y sin fin,
pero que ha revelado a sí mismo en su Palabra para que nosotros podamos
conocerlo. Aquí sólo vamos a considerar brevemente cuatro atributos de nuestro
extraordinario Diseñador divino que nos ayudarán a apreciar mejor por qué nos
hizo como nos hizo:
·
Dios es soberano y,
por lo tanto, tiene la autoridad suprema para decidir cómo hacer las cosas.
"Todo lo que Jehová quiere, lo hace" (Salmo 135.6), y Él "hace
todas las cosas según el designio de su voluntad" (Efesios 1.11). Esto nos
da la confianza de que su diseño de la mujer es excelente, porque la Biblia
resalta el hecho de que la voluntad de Dios siempre es buena, agradable y
perfecta (Romanos 12.2).
·
Dios es sabio y, al
crear todas las cosas, hizo "todas ellas con sabiduría" (Salmo
104.24). Su conocimiento es perfecto e infinito. Nadie tuvo que enseñarle ni
aconsejarle cómo hacer las cosas; tampoco nadie lo ayudó. Eso quiere decir que
nadie podría haber creado las cosas mejor que Dios. Por eso tenemos la garantía
de que su diseño de la mujer no se puede mejorar ni comparar con ninguna idea
humana de la feminidad.
·
Dios es "bueno... y bienhechor"
(Salmo 119.68), y lo dejó ver en toda su maravillosa y perfecta creación.
Cuando Dios observó la creación completa, concluyó que todo "era bueno en
gran manera" (Génesis 1.31). Entonces, ¡tenemos la certeza de que esto
incluye a la mujer también!
·
"Dios es amor" (1
Juan 4.8), y su amor infinito e incondicional es lo que motiva cada una de sus
acciones. El amor de Dios no se basa en el objeto que lo recibe, sino en sí
mismo, y Él siempre da, sin lo mejor de lo mejor. Por eso Dios dijo en una
ocasión: "Yo sé los planes que tengo para ustedes. Son plan para su bien,
y no para su mal, para que tengan futuro lleno de esperanza" (Jeremías
29.11 RVC). Este atributo de Dios nos asegura que el diseño divino de la
feminidad es perfecto, y para nuestro beneficio bendición.
Este asombroso Diseñador divino hizo a la mujer
una criatura hermosa, dándole características únicas y específicas según su
voluntad y para su complacencia, porque tenía en mente un propósito eterno y
admirable para ella.
NUESTRO PROPÓSITO SUPREMO
Todo lo que Dios creó, lo hizo
con un propósito especial y específico. Por ejemplo, Dios creó el sol, la luna
y las estrellas para que "sirvan de señales para las estaciones, para días
y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre
la tierra" (Génesis l.14-15). En el caso del hombre y la mujer, Dios dice:
"Para gloria mía los he creado" (Isaías 43.7). ¡Qué privilegio nos ha
dado! Pero ¿cómo podemos darle gloria a Dios?
Cuando Dios creó al ser
humano, vemos que lo hizo con especial atención y cuidado. En vez de crearlo
con el poder de su palabra, como el resto de la creación, "Dios formó al
hombre del polvo de la tierra" (Génesis 2.7). Cual alfarero, Él decidió
hacer una obra artística a mano, y con deliberado interés hizo al ser humano
"a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis
1.27).
De todas sus innumerables
criaturas, el hombre y la mujer son las únicas que Dios creó a su imagen y
semejanza, con la finalidad de que ambos reflejaran a su Creador. Así, Dios les
estaba otorgando a ambos igual valor y dignidad.
En Génesis 1.27, al usar los términos
biológicos (varón y hembra), Dios está señalando que las diferencias entre los
géneros tienen la intención de que el hombre refleje la imagen de Dios a través
de su masculinidad y que la mujer lo haga a través de su feminidad. De esta
manera, cada uno puede darle gloria a Dios y, en conjunto, presentan un cuadro
de Dios más completo. Esto debe hacernos apreciar tanto la igualdad como la
diversidad de los géneros.
Además, así como Dios creó todo con intención,
podemos ver que también nos equipó con lo necesario para poder cumplir ese
propósito.
(continuará)

