A.Hy
“Como
la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama”. Proverbios
26:14
Acordémonos de Herodes en
Marcos 6:20. Escuchaba de buena gana a Juan el Bautista, lo tenía por un hombre
santo, también obraba de acuerdo con sus consejos; sin embargo, lo hizo
encarcelar y decapitar. Ustedes también oyen de buena gana hablar de Jesús, no
tienen duda en cuanto a quién es él, y seguramente cumplen con muchas de las
cosas prescritas en el Evangelio. Pero si su corazón no conoce personalmente a
Cristo, el Enemigo encontrará la ocasión para que se asocien a los que
crucifican “de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios” (Hebreos 6:6). ¡Qué cosa
más terrible! Tal vez les parezca imposible llegar a tal extremo. Pero,
¡cuidado! Si, como la puerta, no han avanzado, si su conciencia, tal como la de
Herodes, no ha sido alcanzada, ustedes son como una ciudad sin muralla delante
del invasor. Este principio se aplica tanto a los que confiesan que Jesús es su
Salvador, como a los que hasta ahora han permanecido completamente
indiferentes.
En el segundo versículo, el perezoso fue a cazar, es decir, ha oído la Palabra. Como Rut, espigó en el campo del verdadero Booz; pero ella desgranó las espigas que recogió, mientras que el perezoso no asó lo que cazó; dejó estropearse lo que tanto esfuerzo le costó. Algunas veces ustedes sintieron una emoción real en presencia del amor de Jesús, entendieron la seriedad que conlleva el testimonio cristiano, tomaron la decisión de no quedarse más en la “puerta”. Pues bien, entonces ya no son indiferentes, tienen un botín. Pero, ¡qué desgracia!, como en Marcos 4:19, la semilla que cayó en medio de las espinas no ha llevado fruto a causa de “las codicias de otras cosas”. La primera impresión fue desvaneciéndose poco a poco, la bendición pasajera se evaporó porque no la cultivaron, «dejaron la caza sin asar». Rut es llamada una “mujer virtuosa” (Rut 3:11) porque demostró energía espiritual permaneciendo en el camino en donde se encontraba la bendición. Booz le dio seis medidas de cebada; entonces, con la que ella había recogido, tuvo siete: la plenitud. “Añadid a vuestra fe virtud” (2 Pedro 1:5).
Mis palabras no van dirigidas a ignorantes,
sino tal vez a “puertas” y a algunos “perezosos”.
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