Introducción
“En
el ciclo de las siete fiestas, Pentecostés ocupa el centro, el desenlace de las
tres primeras” (G. André, Las siete fiestas de Jehová).
El
término Pentecostés nos es conocido por lo que relata Hechos 2. Esta
palabra corresponde a una transliteración del griego y se utiliza para indicar
“el día cincuenta” o “quincuagésimo”. En hebreo se emplea la palabra Shavuot,
que se traduce como “semanas”; de ahí que en varios pasajes se mencione como
“fiesta de las semanas”, según el contexto (véase Levítico 23:15; Deuteronomio
16:9; Éxodo 23:16; 34:22).
Esta
fiesta se celebraba exactamente cincuenta días después de la Pascua, el 6 de
Siván, es decir, al inicio del tercer mes lunar, cuando comenzaba la
recolección del trigo, entre finales de abril y principios de junio.
Deuteronomio
16:9–10 la llama “la fiesta de la cosecha del trigo”, indicando el cierre de la
cosecha; y Éxodo 34:22 la denomina “las primicias de la cosecha del trigo”. Si
entendemos correctamente estos dos puntos aparentemente yuxtapuestos, veremos
que para Pentecostés ya se había recolectado suficiente trigo maduro, aunque no
era el fin de la recolección. Por tanto, se presentaban las primicias en forma
de panes hechos con trigo nuevo, como agradecimiento por la abundante
producción de la tierra.
Como
nota al margen, la tradición rabínica asocia esta fecha con la entrega de la
Ley en el Sinaí a Moisés.
Rito
Como
se celebra esta fiesta se encuentra en Levítico 23:15–21, donde se detalla el
ritual de agradecimiento que debía realizar el sacerdote.
Se presentaban dos panes como ofrenda mecida
con grano nuevo. Estos tenían la particularidad de estar hechos “de dos décimas
de efa de flor de harina (equivalente a 2 gómer o 4,8 kilos), cocidos con
levadura, como primicias para Jehová”. Es importante notar que este es el único
caso en que se presenta una ofrenda con levadura.
Con esta ofrenda se ofrecían “siete corderos de
un año, sin defecto, un becerro de la vacada y dos carneros”, para “holocausto
a Jehová”, acompañados “con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de
olor grato para Jehová”. Además, se debía ofrecer un macho cabrío por expiación
y dos corderos de un año en sacrificio de ofrenda de paz. El sacerdote los
presentaba como ofrenda mecida “delante de Jehová”, junto con el pan de las
primicias y los dos corderos. Estas ofrendas eran cosa sagrada para Jehová y
pertenecían al sacerdote.
Después se convocaba ese mismo día “santa
convocación”, y nadie debía realizar “trabajo de siervos”. Era una ordenanza o
“estatuto perpetuo dondequiera que habitéis por vuestras generaciones”.
La llegada del Espíritu Santo en Pentecostés marca un antes y un después en el plan divino para la salvación. Se establece el punto de inflexión donde la Ley queda atrás como algo insuficiente para alcanzarla (cf. Hebreos 8:13). Ningún hombre puede afirmar que ha cumplido perfectamente los diez mandamientos, excepto el Señor Jesucristo (Mateo 5:17).
El judío, sabiendo que nadie podía cumplirlos,
añadió más reglas, creyendo que así tendría mayor mérito ante Dios (cf. Marcos
15:1–20). Pero para Dios tiene más valor un corazón quebrantado que el corazón
orgulloso y altivo de un religioso que cree estar haciendo lo correcto sin
reflexionar sobre su error. La parábola del fariseo y el publicano ilustra esto
claramente: el publicano, con su corazón completamente quebrantado, es quien
sale “justificado” (cf. Lucas 18:9–14); el fariseo, en cambio, sale tal como
entró: vacío.
Al leer con atención Levítico 23 y los otros
pasajes, podemos observar las siguientes características que llaman nuestra
atención:
1.
Periodo de cincuenta días
El camino hacia esta fiesta incluye otras
celebraciones: la Pascua, los Panes sin Levadura y las Primicias. Cada una
tipifica el proceso que el Señor atravesó para lograr nuestra redención: su
muerte, sepultura y resurrección.
Después de su resurrección, el Señor capacitó a
los suyos durante cuarenta días: “…a quienes también, después de haber
padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles
durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3). Los
diez días restantes hasta la fiesta debían permanecer en Jerusalén.
2.
“Las primicias de la cosecha de trigo”
“Cuando
llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2:1). Estos
perseveraban “unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la
madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14). Las primicias eran esos 120
creyentes que estaban unánimes orando (Hechos 1:15). Fueron ellos las primicias
de este “trigo nuevo espiritual”.
3. Dos panes con levadura de
harina nueva
En
los sacrificios, son escasas las ocasiones en que se presenta una ofrenda de
tortas o panes con levadura (Levítico 2:11; 7:12; 8:26; Números 6:15). En las
fiestas anteriores estaba prohibido el uso de levadura, como en la Pascua, los
Panes sin Levadura y las Primicias.
En
esta ocasión sí se permitía ofrecer pan leudado hecho con harina de trigo
nuevo. El Espíritu Santo nos enseña que estos 120 creyentes, “las primicias del
trigo nuevo”, son presentados a Dios como panes leudados. Ellos representan el
inicio de un nuevo tiempo: la venida del Espíritu Santo sobre cada uno. En este
acto se marca la diferencia con el Antiguo Pacto, donde el Espíritu venía sobre
las personas, pero no moraba en ellas. Ahora, en esta “nueva generación de
creyentes”, el Espíritu Santo habita en ellos y los llena.
Los
dos panes nos hablan de condición humana (levadura) revestida por el Espíritu
Santo (harina). Siendo pecadores, tenemos el sello del Espírito Santo en
nuestros corazones (Efesios 1:13-14; 4:30; 2 Corintios 1:21-22).
¿Por qué dos panes? Simbolizan a los creyentes
que formarían la Iglesia: judíos y gentiles.
4.
Holocausto a Jehová
El holocausto representa el sacrificio de olor
fragante de nuestro Señor Jesucristo. En este contexto, simboliza la
satisfacción de Dios con la Iglesia santificada por Cristo.
5. Los
obreros
En
toda faena de recolección de trigo se requieren obreros capacitados. Estos
primeros creyentes fueron preparados por el mismo Señor Jesucristo y obtuvieron
una “buena cosecha”: tres mil personas (Hechos 2:41), y luego cinco mil (Hechos
4:4). Capacitados por el Espíritu Santo, divulgaron el evangelio a samaritanos,
gentiles y por todo lugar donde iban, dejando discípulos preparados para
continuar la obra (2 Timoteo 2:24).
6.
“Fiesta de la cosecha de trigo”
Esta
expresión apunta a un tiempo futuro, cuando se complete la cosecha y el Señor
llame a descansar. Entonces celebraremos con Él los frutos obtenidos.
Conclusión
Esta fiesta marca la inauguración de la
Iglesia, representada por los dos panes con levadura: símbolo de una Iglesia
aún imperfecta, pero santificada por el sacrificio de Cristo. Al mismo tiempo,
nos proyecta hacia el futuro, cuando la cosecha termine y el “Señor de la
tierra” recompense a sus obreros por el trabajo realizado.
Aunque no sabemos cuándo volverá el Señor por
los suyos, esto no nos debe detener la recolección del “fruto”; el evangelio
debe llegar a todos los hogares, pues en ellos puede haber “pueblo de Dios”.
Paráfrasis
del relato italiano sobre la Villa Areconati que no enseña a no desanimarse:
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