domingo, 23 de agosto de 2026

¿Qué es y qué simboliza la fiesta de Pentecostés?

 Introducción

“En el ciclo de las siete fiestas, Pentecostés ocupa el centro, el desenlace de las tres primeras” (G. André, Las siete fiestas de Jehová).

El término Pentecostés nos es conocido por lo que relata Hechos 2. Esta palabra corresponde a una transliteración del griego y se utiliza para indicar “el día cincuenta” o “quincuagésimo”. En hebreo se emplea la palabra Shavuot, que se traduce como “semanas”; de ahí que en varios pasajes se mencione como “fiesta de las semanas”, según el contexto (véase Levítico 23:15; Deuteronomio 16:9; Éxodo 23:16; 34:22).

Esta fiesta se celebraba exactamente cincuenta días después de la Pascua, el 6 de Siván, es decir, al inicio del tercer mes lunar, cuando comenzaba la recolección del trigo, entre finales de abril y principios de junio.

Deuteronomio 16:9–10 la llama “la fiesta de la cosecha del trigo”, indicando el cierre de la cosecha; y Éxodo 34:22 la denomina “las primicias de la cosecha del trigo”. Si entendemos correctamente estos dos puntos aparentemente yuxtapuestos, veremos que para Pentecostés ya se había recolectado suficiente trigo maduro, aunque no era el fin de la recolección. Por tanto, se presentaban las primicias en forma de panes hechos con trigo nuevo, como agradecimiento por la abundante producción de la tierra.

Como nota al margen, la tradición rabínica asocia esta fecha con la entrega de la Ley en el Sinaí a Moisés.

 

Rito

Como se celebra esta fiesta se encuentra en Levítico 23:15–21, donde se detalla el ritual de agradecimiento que debía realizar el sacerdote.

Se presentaban dos panes como ofrenda mecida con grano nuevo. Estos tenían la particularidad de estar hechos “de dos décimas de efa de flor de harina (equivalente a 2 gómer o 4,8 kilos), cocidos con levadura, como primicias para Jehová”. Es importante notar que este es el único caso en que se presenta una ofrenda con levadura.

Con esta ofrenda se ofrecían “siete corderos de un año, sin defecto, un becerro de la vacada y dos carneros”, para “holocausto a Jehová”, acompañados “con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de olor grato para Jehová”. Además, se debía ofrecer un macho cabrío por expiación y dos corderos de un año en sacrificio de ofrenda de paz. El sacerdote los presentaba como ofrenda mecida “delante de Jehová”, junto con el pan de las primicias y los dos corderos. Estas ofrendas eran cosa sagrada para Jehová y pertenecían al sacerdote.

Después se convocaba ese mismo día “santa convocación”, y nadie debía realizar “trabajo de siervos”. Era una ordenanza o “estatuto perpetuo dondequiera que habitéis por vuestras generaciones”.

 

Profecía


La llegada del Espíritu Santo en Pentecostés marca un antes y un después en el plan divino para la salvación. Se establece el punto de inflexión donde la Ley queda atrás como algo insuficiente para alcanzarla (cf. Hebreos 8:13). Ningún hombre puede afirmar que ha cumplido perfectamente los diez mandamientos, excepto el Señor Jesucristo (Mateo 5:17).

El judío, sabiendo que nadie podía cumplirlos, añadió más reglas, creyendo que así tendría mayor mérito ante Dios (cf. Marcos 15:1–20). Pero para Dios tiene más valor un corazón quebrantado que el corazón orgulloso y altivo de un religioso que cree estar haciendo lo correcto sin reflexionar sobre su error. La parábola del fariseo y el publicano ilustra esto claramente: el publicano, con su corazón completamente quebrantado, es quien sale “justificado” (cf. Lucas 18:9–14); el fariseo, en cambio, sale tal como entró: vacío.

Al leer con atención Levítico 23 y los otros pasajes, podemos observar las siguientes características que llaman nuestra atención:

 

1. Periodo de cincuenta días

El camino hacia esta fiesta incluye otras celebraciones: la Pascua, los Panes sin Levadura y las Primicias. Cada una tipifica el proceso que el Señor atravesó para lograr nuestra redención: su muerte, sepultura y resurrección.

Después de su resurrección, el Señor capacitó a los suyos durante cuarenta días: “…a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3). Los diez días restantes hasta la fiesta debían permanecer en Jerusalén.

2. “Las primicias de la cosecha de trigo”

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2:1). Estos perseveraban “unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14). Las primicias eran esos 120 creyentes que estaban unánimes orando (Hechos 1:15). Fueron ellos las primicias de este “trigo nuevo espiritual”.

3. Dos panes con levadura de harina nueva

En los sacrificios, son escasas las ocasiones en que se presenta una ofrenda de tortas o panes con levadura (Levítico 2:11; 7:12; 8:26; Números 6:15). En las fiestas anteriores estaba prohibido el uso de levadura, como en la Pascua, los Panes sin Levadura y las Primicias.

En esta ocasión sí se permitía ofrecer pan leudado hecho con harina de trigo nuevo. El Espíritu Santo nos enseña que estos 120 creyentes, “las primicias del trigo nuevo”, son presentados a Dios como panes leudados. Ellos representan el inicio de un nuevo tiempo: la venida del Espíritu Santo sobre cada uno. En este acto se marca la diferencia con el Antiguo Pacto, donde el Espíritu venía sobre las personas, pero no moraba en ellas. Ahora, en esta “nueva generación de creyentes”, el Espíritu Santo habita en ellos y los llena.

Los dos panes nos hablan de condición humana (levadura) revestida por el Espíritu Santo (harina). Siendo pecadores, tenemos el sello del Espírito Santo en nuestros corazones (Efesios 1:13-14; 4:30; 2 Corintios 1:21-22).

¿Por qué dos panes? Simbolizan a los creyentes que formarían la Iglesia: judíos y gentiles.

4. Holocausto a Jehová

El holocausto representa el sacrificio de olor fragante de nuestro Señor Jesucristo. En este contexto, simboliza la satisfacción de Dios con la Iglesia santificada por Cristo.

5. Los obreros

En toda faena de recolección de trigo se requieren obreros capacitados. Estos primeros creyentes fueron preparados por el mismo Señor Jesucristo y obtuvieron una “buena cosecha”: tres mil personas (Hechos 2:41), y luego cinco mil (Hechos 4:4). Capacitados por el Espíritu Santo, divulgaron el evangelio a samaritanos, gentiles y por todo lugar donde iban, dejando discípulos preparados para continuar la obra (2 Timoteo 2:24).

6. “Fiesta de la cosecha de trigo”

Esta expresión apunta a un tiempo futuro, cuando se complete la cosecha y el Señor llame a descansar. Entonces celebraremos con Él los frutos obtenidos.

Conclusión

Esta fiesta marca la inauguración de la Iglesia, representada por los dos panes con levadura: símbolo de una Iglesia aún imperfecta, pero santificada por el sacrificio de Cristo. Al mismo tiempo, nos proyecta hacia el futuro, cuando la cosecha termine y el “Señor de la tierra” recompense a sus obreros por el trabajo realizado.

Aunque no sabemos cuándo volverá el Señor por los suyos, esto no nos debe detener la recolección del “fruto”; el evangelio debe llegar a todos los hogares, pues en ellos puede haber “pueblo de Dios”.

Paráfrasis del relato italiano sobre la Villa Areconati que no enseña a no desanimarse:

El jardinero contratado por el dueño de una gran casa lleva décadas trabajando. Todos los días realiza su labor. Cuando un viajero le pregunta cuántas veces ha venido el dueño, responde: “unas pocas veces”. El viajero le dice: “Usted tiene el jardín tan bien cuidado y tan hermoso como si su dueño fuera a venir mañana”. La respuesta del jardinero es clara y precisa: “El dueño podría venir hoy mismo, y todo debe estar listo.”                              S.K.R.

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