domingo, 23 de agosto de 2026

Asa – un rey que hizo lo recto

 Asa – santo y obediente

Después de Salomón, Roboam y Abías reinaron sobre Judá (véase 1 Reyes 14 y 15; 2 Crónicas 12 y 13). Ambos hicieron lo malo ante los ojos del Señor. El pueblo hizo lo mismo: sirvió a dioses extraños y provocó a Dios.

Después reinó Asa. Dios declara que Asa hizo “lo bueno y lo recto ante los ojos del Señor su Dios”, como su padre David (1 Reyes 15:11; 2 Crónicas 14:1). ¿Cómo pudo lograrlo? Su corazón “fue perfecto para con el Señor toda su vida” (2 Crónicas 15:17; 1 Reyes 15:14). Asa quiso honrar a Dios, por eso puso fuera de su alcance todo lo que no pudiera agradarle. “Quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera”; y mandó a su pueblo “que buscase al Señor… y pusiese por obra la ley y sus mandamientos” (2 Crónicas 14:3-4). Este ejemplo nos estimula a ser, nosotros también, santos y obedientes.

 

Asa da pruebas de su fe

Este hombre se fortaleció, incluso en medio de las pruebas y las dificultades. Asa fue asediado por Zera etíope. Pero en esa grave situación confió en el Señor; se apoyó en Aquel que ayuda “al que no tiene fuerzas” (2 Crónicas 14:9-11), y el Señor recompensó su confianza: deshizo a los etíopes. Así experimentó que los hombres no pueden hacer nada contra nosotros, si el Señor es por nosotros (Romanos 8:31).

Después de la batalla contra los etíopes, Asa fue animado por el profeta Azarías. “El Señor estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado

de vosotros” (2 Crónicas 15:2). Esto lo experimentó en el combate contra los etíopes. Nosotros también podemos asirnos de esta promesa. Si vivimos con el Señor Jesús, si

lo buscamos, él estará con nosotros; sentiremos su cercanía, gozaremos de su comunión y experimentaremos su ayuda en las diversas circunstancias de nuestra vida.

“Esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra” (2 Crónicas 15:7). Con estas palabras el profeta seguía animando a

Asa, quien escuchó el consejo. Esto dio un nuevo impulso a su vida espiritual, y enseguida se puso manos a la obra. Valientemente quitó los ídolos abominables y renovó el altar del Señor.

¿Vive usted momentos difíciles? ¿Ve que entre los creyentes han penetrado cosas que no agradan al Señor? Entonces, ¡esfuércese y anímese! (Salmo 31:24). La resignación y la apatía no cambian nada. Y siempre debemos comenzar con nosotros mismos: ¿Hay en mi vida cosas que «molestan» y deshonran al Señor? Tal vez haya ídolos, es decir, cosas que roban al Señor el primer lugar en mi corazón y en mi vida. Si el Señor no es el centro de nuestra vida, de nuestros corazones y afectos, no somos verdaderamente libres para servir a Dios y adorarlo.

 

Asa – un modelo para su pueblo

La obediencia y firmeza de Asa fueron de bendición para su entorno. Como Asa buscaba a Dios y vivía en comunión con él, Dios estaba con él. Esto también lo vemos en lo concerniente a otros hombres de Dios. Su vida era auténtica, vivía de todo corazón para agradar a Dios, y como resultado muchos de Israel también se animaron a buscar “de todo su corazón y de toda su alma” al Señor, el Dios de sus padres (2 Crónicas 15:12).

Si obedecemos a Dios, si nuestros corazones están verdaderamente con él y vivimos en su comunión, el Señor nos concederá un profundo gozo. “Todos los de Judá se alegraron de este juramento; porque de todo su corazón lo juraban, y de toda su voluntad lo buscaban, y fue hallado de ellos” (2 Crónicas 15:15).

 

Asa – enfermo de los pies

Lamentablemente en la historia de Asa también hay una parte negativa. Tuvo un tiempo de decadencia espiritual, pues no se apoyó más en el Señor su Dios. En este mal estado espiritual no quiso escuchar las palabras de advertencia del profeta de Dios (2 Crónicas 16:10). ¿Qué consecuencias acarreó esto? Asa se enfermó gravemente de los pies.

Si descuidamos la comunión íntima y confiada con el Señor, nuestro andar se debilita, y tarde o temprano eso se manifestará. Sólo hallaremos la fuerza para vivir de una manera que honre a Dios si permanecemos en él y obedecemos su Palabra.

Ch. M.

Traducido de «Folge mir nach»

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