Asa – santo y obediente
Después de Salomón, Roboam y Abías reinaron
sobre Judá (véase 1 Reyes 14 y 15; 2 Crónicas 12 y 13). Ambos hicieron lo malo
ante los ojos del Señor. El pueblo hizo lo mismo: sirvió a dioses extraños y
provocó a Dios.
Después reinó Asa. Dios declara que Asa hizo
“lo bueno y lo recto ante los ojos del Señor su Dios”, como su padre David (1
Reyes 15:11; 2 Crónicas 14:1). ¿Cómo pudo lograrlo? Su corazón “fue perfecto
para con el Señor toda su vida” (2 Crónicas 15:17; 1 Reyes 15:14). Asa quiso
honrar a Dios, por eso puso fuera de su alcance todo lo que no pudiera
agradarle. “Quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró
las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera”; y mandó a su pueblo “que
buscase al Señor… y pusiese por obra la ley y sus mandamientos” (2 Crónicas
14:3-4). Este ejemplo nos estimula a ser, nosotros también, santos y
obedientes.
Asa da pruebas de su fe
Este hombre se fortaleció, incluso en medio de
las pruebas y las dificultades. Asa fue asediado por Zera etíope. Pero en esa
grave situación confió en el Señor; se apoyó en Aquel que ayuda “al que no
tiene fuerzas” (2 Crónicas 14:9-11), y el Señor recompensó su confianza:
deshizo a los etíopes. Así experimentó que los hombres no pueden hacer nada
contra nosotros, si el Señor es por nosotros (Romanos 8:31).
Después de la batalla contra los etíopes, Asa
fue animado por el profeta Azarías. “El Señor estará con vosotros, si vosotros
estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado
de vosotros” (2 Crónicas 15:2). Esto lo experimentó en el combate
contra los etíopes. Nosotros también podemos asirnos de esta promesa. Si
vivimos con el Señor Jesús, si
lo buscamos, él estará con nosotros; sentiremos su cercanía, gozaremos
de su comunión y experimentaremos su ayuda en las diversas circunstancias de
nuestra vida.
“Esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras
manos, pues hay recompensa para vuestra obra” (2 Crónicas 15:7). Con estas
palabras el profeta seguía animando a
Asa, quien escuchó el consejo. Esto dio un nuevo impulso a su vida
espiritual, y enseguida se puso manos a la obra. Valientemente quitó los ídolos
abominables y renovó el altar del Señor.
¿Vive usted momentos difíciles? ¿Ve que entre
los creyentes han penetrado cosas que no agradan al Señor? Entonces,
¡esfuércese y anímese! (Salmo 31:24). La resignación y la apatía no cambian
nada. Y siempre debemos comenzar con nosotros mismos: ¿Hay en mi vida cosas que
«molestan» y deshonran al Señor? Tal vez haya ídolos, es decir, cosas que roban
al Señor el primer lugar en mi corazón y en mi vida. Si el Señor no es el
centro de nuestra vida, de nuestros corazones y afectos, no somos verdaderamente
libres para servir a Dios y adorarlo.
Asa – un modelo para su pueblo
La obediencia y firmeza de Asa fueron de
bendición para su entorno. Como Asa buscaba a Dios y vivía en comunión con él,
Dios estaba con él. Esto también lo vemos en lo concerniente a otros hombres de
Dios. Su vida era auténtica, vivía de todo corazón para agradar a Dios, y como resultado
muchos de Israel también se animaron a buscar “de todo su corazón y de toda su
alma” al Señor, el Dios de sus padres (2 Crónicas 15:12).
Si obedecemos a Dios, si nuestros corazones
están verdaderamente con él y vivimos en su comunión, el Señor nos concederá un
profundo gozo. “Todos los de Judá se alegraron de este juramento; porque de
todo su corazón lo juraban, y de toda su voluntad lo buscaban, y fue hallado de
ellos” (2 Crónicas 15:15).
Asa – enfermo de los pies
Lamentablemente en la historia de Asa también
hay una parte negativa. Tuvo un tiempo de decadencia espiritual, pues no se
apoyó más en el Señor su Dios. En este mal estado espiritual no quiso escuchar
las palabras de advertencia del profeta de Dios (2 Crónicas 16:10). ¿Qué
consecuencias acarreó esto? Asa se enfermó gravemente de los pies.
Si descuidamos la comunión íntima y confiada
con el Señor, nuestro andar se debilita, y tarde o temprano eso se manifestará.
Sólo hallaremos la fuerza para vivir de una manera que honre a Dios si
permanecemos en él y obedecemos su Palabra.
Ch. M.
Traducido de «Folge mir nach»
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