domingo, 17 de enero de 2021

José, el hombre espiritual

 Dijo Faraón a sus siervos, ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? Génesis 41.38


            En la historia de José podemos aprender cuáles son las características de un cristiano espiritual. Es notable que los acontecimientos más destacados sucedieron en su juventud, y por esto el joven puede sacar mucho provecho del ejemplo de José en cuanto a su propia vida espiritual.

            1. En 37.5 al 10 leemos de sus dos sueños, indicando que estaba en comunicación directa con los propósitos divinos. En el tiempo presente Dios no está revelando su voluntad a nosotros por medio de sueños sino por su Palabra; véase Hebreos 1.1,2, “nos ha hablado por el Hijo”. Una indicación clara de la espiritualidad de un joven es su conocimiento de las cosas de Dios, el cual va adquiriendo mediante la lectura y el estudio de la Palabra del Señor.

            2. José no era partidario de los hechos incorrectos que practicaban sus hermanos. El los denunció a su padre, 37.2, mostrando coraje moral. El que es espiritual no puede ser cómplice ni consentir en las cosas malas.

            3. Se ve la obediencia de José cuando su padre le envió en una misión de amor a sus hermanos. Sin duda él sabía que no podía esperar cosa buena de aquellos perversos, pero no vaciló en cumplir el mandato de su padre. El cristiano espiritual es uno que siempre está presto para cualquier buena obra en comunión con su Padre Dios, siendo motivado por amor a sus hermanos.

            4. José, el hombre espiritual, tuvo que andar por una senda no muy agradable, maltratado y vendido por sus hermanos y llevado lejos de su hogar para servir como esclavo. Así nuestro Señor tuvo que sufrir el odio de su propio pueblo judío, y fue vendido por un discípulo falso. La misma Palabra nos asegura que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”, 2 Timoteo 3.12.

            5. En Génesis 39 vemos como “el hombre espiritual” pudo contar con el apoyo de su Dios. Pronto se ganó la plena confianza de su amo por un comportamiento intachable. El buen testimonio en el empleo y delante del mundo es evidencia de la verdadera espiritualidad.

            6. José pudo vencer la tentación con sus palabras nobles: “¿Cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?” Aquí hay una conciencia ejercitada, una convicción profunda y el temor de Dios. José huyó de la tentadora, perdiendo su ropa, pero salvando su testimonio. Nuestro Señor exhortó a los suyos, aquella noche en el Getsemaní, “Velad y orad, para que no entréis en tentación”, Mateo 26.41.

            7. José fue un testigo fiel en la cárcel, con un mensaje de esperanza para el copero y uno de condenación para el panadero. Dios puede usar, aun en los lugares más difíciles, a los que son espirituales, como hizo con Pablo y Silas en el calabozo.

            8. Cuando Faraón vio la capacidad de José para interpretar sus sueños, él reconoció que no hubo otro igual para encargarse de tan importante obra como la de prevenir contra los años de hambre por delante. Los egipcios tenían fama de sabios, pero José contaba con un conocimiento que Dios mismo le había dado.

            “En Cristo Jesús están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”, Colosenses 2.3. Esto es super conocimiento. El hombre espiritual está iluminado con “el conocimiento de Dios”, Colosenses 1.10, el cual no se consigue en los centros de instrucción sino en comunión con él por su Palabra.

            9. Más adelante, cuando empezó el hambre, Faraón dijo a las gentes: “Id a José”. Este llegó a ser el repartidor del pan de vida a los hambrientos. Cuando se presenta una crisis, es el que fue despreciado que se escoge como instrumento de Dios para la bendición de los menesterosos.

            10. En los capítulos que siguen José demuestra su capacidad para lograr la restauración de sus hermanos, los cuales habían ocultado su pecado por veinte años. Gálatas 6.1 nos instruye: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo”. No basta ser llamado anciano de una asamblea para lograr la restauración de un descarriado. Se necesita algo más: ser creyente espiritual.

            Muerto José, sus huesos fueron llevados por el pueblo de Israel a través del desierto durante cuarenta años como recuerdo constante de su benefactor. “La memoria del justo será bendita, más el nombre de los impíos se pudrirá”, Proverbios 10.7. La espiritualidad vale más delante de Dios que cualquier otra recomendación que uno pudiera tener.

Santiago Saword

¿Qué es el espiritismo? (3)

 En el Nuevo Testamento encontramos numerosos ejemplos de personas poseídas por espíritus inmundos, los que en diversos lugares son llamados demonios. Véase, por ejemplo, Marcos 5: 1-20 y Mateo 8: 16 y 28-34.


Pasajes tales como el de Marcos 3: 22-30 muestran con evidencia que estos demonios eran satánicos. En efecto, cuando los escribas dicen del Señor: "que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios", Jesús les dice: "¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?". Esta observación es importante, porque algu­nos afirman que los demonios o espíritus eran los espí­ritus de personas que habían muerto, mientras que el Señor nos dice que eran de Satanás. Podemos añadir que no está probado que la expresión "espíritus" se refiera a los de aquellos que han muerto. Efectivamente, la Escritura emplea este término al hablar de los ángeles (Hebreos 1: 7) y de demonios (Marcos 3:11), así como de hombres, sean justos (Hebreos 12:23) o malos (1 Pedro 3: 19). En esto reside la diferencia entre el hombre y la bestia. Ésta, además de un cuerpo material, es un ser viviente (Génesis 1: 20), o sea que tiene una vida animal, sin ninguna relación inteligente con Dios, mientras que esta relación existe para todos aquellos que tienen un espíritu. Lo que se dice en Eclesiastés 3:21 no constituye una excepción, ya que la palabra tra­ducida por "espíritu", es una expresión general que sig­nifica "respiración" (v. 19). Pero incluso aquí, sin que­rer entrar más en el sentido del pasaje, existe una dife­rencia clara entre la respiración de la bestia que des­ciende a la tierra —que no es más que eso: "la respira­ción"— y la del hombre que sube al cielo. Exteriormente se trata de la misma respiración, pero en realidad la del hombre es mucho más: "vuelve a Dios que lo dio" (Eclesiastés 12: 7), en lugar de descender a la tie­rra.

Estos demonios de los cuales hemos hablado tenían poder. Ello es evidente, ya que también se necesitaba poder para echarlos fuera, poder que naturalmente el Señor poseía y que podía transmitir a sus discípulos (Mateo 10:8; Marcos 3: 15 y Lucas 9: 1). Este poder era divino (Mateo 12:28). Sabemos muy poco acerca del poder de Satanás. Él es llamado el "príncipe de la potestad del aire" (Efesios 2: 2). Los verdaderos cristia­nos son librados "de la potestad de las tinieblas" (Colosenses 1:13), expresión empleada por el Señor en Lucas 22: 53, cuando todo el poder del Enemigo, príncipe de este mundo, se concentraba contra Él, sirviéndose de la enemistad de los hombres malvados para acosarle en las últimas horas de su vida aquí en la tierra.

Cuando los pecadores se convierten, se vuelven "de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios" (Hechos 26: 18). Nuestro deseo es que todo hijo de Dios pueda tener un sentimiento creciente de la potestad del gran adversario, entre cuyas manos se encontraba antaño cautivo, contra las astucias del cual es preciso estar siempre atento y despierto, hasta el fin de la carrera, lo que nos obliga a revestirnos de toda la arma­dura de Dios (Efesios 6:11). Ojalá pueda también ver siempre en aumenta su convicción acerca de la gracia y el poder que fue capaz —y aún lo es— de librarle de semejante adversario, convicción de la cual tenemos necesidad para introducirnos sanos y salvos en el esce­nario en el cual toda traza de la presencia del adversario habrá desaparecido para siempre.

No encontramos en ningún lugar de la Escritura un solo indicio de que el hombre, en su estado actual, pueda tener cualquier tipo de relación con los espíritus de los muertos. Al contrario, como lo hemos podido ver, el Señor tiene "las llaves de la muerte y del Hades" (Apocalipsis 1:18) y solamente él tiene poder para hacer salir de allí a los espíritus, lo que hará en las dos únicas ocasiones ya mencionadas, o sea en la primera resurrección para los santos (1 Tesalonicenses 4: 16) y en la resurrección de juicio para los malvados (Juan 5: 29). Mientras le esperamos, el espíritu del creyente muerto está con el Señor, "ausentes del cuerpo, y pre­sentes al Señor" (2 Corintios 5:8); para nosotros, que vivimos en la tierra, él ha partido (Filipenses 1: 23), pero los espíritus de los malos están "encarcelados" (1 Pedro 3: 19), motivo por el cual no tienen la libertad de salir cuando se les llama.

En aquellos tiempos, como ahora, había personas que pretendían tener y procurar comunicaciones con los espíritus. Los hijos de Dios son alertados contra tales actividades. Deben probar los espíritus, no consul­tándoles, sino empleando con respecto a ellos esta pie­dra de toque: «¿Confiesan a Jesús venido en carne?» No basta confesar que Jesús ha venido en carne, sino que es imprescindible confesarle o reconocerle a Él como Dios venido así. En cada uno de los pasajes de 1 Juan 4: 2-3 y 2 Juan 7 (según el texto original griego) se habla de confesar a Jesús venido en carne y no de confesar que Jesús vino en carne, porque ya existía antes, de siempre como Persona divina y eterna. Los demonios no reconocen voluntariamente que Jesús es el Señor, si bien al final, cuando tenga lugar el juicio, serán forzados a confesarle como tal (Filipenses 2: 10). El rechazo a reconocer la deidad del Hombre Cristo Jesús es el espíritu del Anticristo. Satanás es el instigador de todo ataque contra la humanidad sin mancha o contra la verdadera deidad del Señor Jesucristo.

Había en el tiempo de los apóstoles falsos profetas que estaban bajo la influencia satánica, así como había verdaderos profetas que hablaban siendo inspirados por el Espíritu Santo de Dios (2 Pedro 1:21; 1 Corintios 12: 1-11); pero nótese que cada vez que se trata de un profeta divinamente inspirado se habla del Espíritu de Dios y no de espíritus. Hay diversidad de dones, pero un solo Espíritu, o sea el Espíritu de Dios. Es de gran importancia para el hijo de Dios recordar todo esto, pues el Espíritu habita en él (1 Corintios 6: 19), es guiado por el Espíritu (Romanos 8: 14), es enseñado por el Espíritu (Juan 14:26; 16:13; 1 Corintios 2:9-16) y por todo ello es independiente de todas las revelaciones espirituales, pretendidas o reales. Este Espíritu de Dios siempre glorifica a Cristo (Juan 16: 14) y siempre produce en el alma la sumisión a la Palabra de Dios. "Nosotros (los apóstoles) somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error" (1 Juan 4: 6).

Preguntas y Respuestas

 


1. Sólo existe una fuente de información autoriza-da sobre la Asamblea. ¿Cuál es ésa?

àLa Biblia (2 Ti 3:15-17).

2. ¿En qué parte de la Biblia buscaría usted la verdad sobre la Asamblea, en el Antiguo o en el Nuevo Testamento? y ¿por qué?

àEn el Nuevo Testamento, porque en Mt 16:18 el Señor Jesús dijo: «Edificaré mi Asamblea», indicando que era una cosa futura aún; y en Ef 3:1-11 el apóstol Pablo se refiere a la Asamblea como un misterio que estuvo oculto en Dios en las edades, pero es AHORA revelado a Sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu.

3. El Nuevo Testamento ha sido traducido a 391 idiomas y dialectos. ¿En qué idioma fue escrito originalmente?

àEn griego.

4. La palabra que en el idioma inglés se usa para designar la Iglesia (Church), la cual es tomada de una palabra griega que significa «aquello que pertenece al Señor», no es la palabra griega usada en la Biblia para designar la Asamblea. ¿Cuál es la palabra griega?

àKuriake. (Esta palabra se corrompió por el término «Kirk», que es aún la palabra escocesa para «iglesia»).

5. Cite uno o dos ejemplos en el Nuevo Testamento en los cuales se usa esta palabra griega.

àSe usa en Ap 1:10: «Estaba en el Espíritu en el Día del Señor» (Kuriake); y en 1 Co 11:20: «la cena del Señor» (Kuriakos).

(Nota del traductor: Hemos tenido a bien hacer referencia a la etimología de la palabra «iglesia» en el idioma inglés, atendiendo a la enseñanza escritural que de ella se deriva para el lector de habla española).

6. ¿Cuál es la palabra griega traducida «Iglesia» en nuestra Biblia?

àEcclesia (Mt 16:18).

7. ¿Qué palabra sería mejor que la palabra «Iglesia» para traducir la palabra griega «ecclesia»?

àAsamblea.

8. Además de su aplicación a la Asamblea cristiana, existen otros dos usos de la palabra griega «ecclesia» en el libro de los Hechos ¿Cuáles son éstos? y ¿dónde se hallan?

àUno se halla en Hch 7:38, traducido «congregación», y se refiere a la congregación de Israel en el desierto. El otro se encuentra en Hch 19:32, 39, 40, traducido «concurrencia», «asamblea» y «concurso», refiriéndose a una asamblea de gentiles

9. ¿Qué término usó el Señor Jesucristo, el cual distingue a la Asamblea cristiana de cualquier otra asamblea?

àÉl se refirió a ella como «Mi Asamblea» (Mt 16:18).

10. Si la palabra «Asamblea» expresa la intención del Espíritu Santo al usar el vocablo «ecclesia» (una asamblea de personas llamadas fuera), ¿por qué muchos creyentes usan la palabra Iglesia?

àEn primer lugar, porque la palabra «Iglesia» es el término empleado en la versión de Cipriano de Valera que es la versión española de la Biblia corrientemente usada en los países de nuestra lengua; y la segunda razón es que la mayoría de los creyentes no tienen cabal comprensión de la enseñanza bíblica sobre la Asamblea.

LAS HORMIGAS

 

¡Las hormigas se encuentran casi en todas partes! Viven en todos los lugares del mundo, excepto en áreas siempre cubiertas de nieve. Viven más hormigas sobre la tierra que cualquier otra es­pecie de insecto.

            Hay miles de diferentes especies de hormigas. […] Todas ellas son enérgicas trabaja­ doras, aunque cada especie de hormiga hace las cosas de una manera algo diferente. No viven solas, sino en colonias que gene­ralmente contienen miles de hormigas que trabajan juntas.

           

Muchas personas consideran a las hormigas como una plaga. A veces lo son, si entran en nuestros hogares o deterioran nuestros alimentos. Sin embargo, la Palabra de Dios nos exhorta a que aprendemos de la hormiga y estudiemos sus maneras de vivir, Pro­verbios 6:6. Al hacerlo así, aprendemos muchas lecciones y pode­mos corregir cosas en nuestras vidas que hemos estado haciendo mal. A lo largo de los siglos, las hormigas y los hombres han tenido que afrontar muchas cosas semejantes, como climas muy cálidos y muy fríos, o hambre y guerras. Debido a esto, podemos estudiar la manera en que las hormigas se comportan frente los problemas que tienen.

            Durante años la gente ha contado interesantes historias acerca de las hormigas. Algunas de las historias que la gente ha contado pueden haber sido ciertas, y otras no. Hoy en día hay excelentes datos científicos en los que podemos confiar, porque algunas per­sonas han pasado muchos años de sus vidas estudiando a las hor­migas con sumo cuidado.

            Los que estudian las hormigas han demostrado una y otra vez que son insectos asombrosos. Trabajan mucho y en colaboración con otras en su nido. Cada hormiga desempeña su tarea, y la de­sempeña bien. ¡Tomémonos tiempo para observar a las hormigas, aprender de sus caminos y adquirir sabiduría!

 

Del Prólogo del libro “Las Asombrosas Hormigas” de Adela de Letkeman, Editorial “Publicaciones Cotidianas”

LA SEGUNDA EPÍSTOLA A TIMOTEO (12)

 4. Los Recursos del Piadoso en los Postreros Días

Capítulo 3

 

            En el segundo capítulo se no has enseñado con respecto a la baja condición de la iglesia profesante, manifestándose ya en aquel día. Este tercer capítulo nos da una solemne descripción de la terrible condición en la que caerá la profesión cristiana en los últimos días.

            Al vivir nosotros en estos días podemos estar agradecidos de que no se nos deja que nos formemos nuestro propio juicio en cuanto a la condición de la Cristiandad. Dios ha predicho y ha descrito esta condición, de modo que podamos tener una estimación justa, y entregada divinamente, del pueblo de Dios profesante.

            Careciendo de un pensamiento verdadero del cristianismo tal como la Escritura lo presenta, la masa de la profesión cristiana ve el cristianismo meramente como un sistema religioso a través del cual el mundo será reformado gradualmente y los paganos serán civilizados. Incluso, muchos de los hijos de Dios, con sólo un conocimiento parcial de la salvación que trae el evangelio, abrigan la falsa expectativa de que, mediante la propagación del evangelio, el mundo se convertirá gradualmente y el Milenio será introducido.

            Así, entre los meros profesantes, y en muchos de los verdaderos hijos de Dios, existe la equivocada impresión de que la Cristiandad está progresando hacia una victoria triunfante sobre el mundo, la carne y el diablo. La verdad evidente de la Escritura es que la iglesia, contemplada en la responsabilidad de los hombres, ha sido arruinada tan completamente que la masa de los que forman la Cristiandad va camino del juicio.

            Los escritores inspirados del Nuevo Testamento se unen al advertirnos del mal predominante de la profesión cristiana en los últimos días y del juicio que alcanzará a la Cristiandad. Santiago nos dice que "el juez está a las puertas" (Santiago 5: 7-9 - VM); Pedro nos advierte que "es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios" y que, en los postreros días, la profesión Cristiana estará caracterizada por burladores y un materialismo grosero (1 Pedro 4:17; 2 Pedro 3: 3-5); Juan nos advierte que en el último tiempo surgirán anticristos del círculo Cristiano (1 Juan 2: 18, 19); Judas nos habla de la apostasía venidera; y el apóstol en este pasaje solemne nos prepara para la pasmosa corrupción que caracterizará a la profesión Cristiana en su final.

            Sin embargo, si para nuestra advertencia tenemos esta detallada descripción de la forma en que concluyen los días finales, del mismo modo tenemos, para el estímulo del piadoso, una revelación igualmente clara de la plenitud de nuestros recursos para permitir al creyente escapar de las corrupciones de la Cristiandad y vivir piadosamente en Cristo Jesús.

            Estas, entonces, son los dos grandes asuntos de este tercer capítulo - el mal de la Cristiandad profesante en los últimos días y los recursos del piadoso en presencia del mal.

 

            (a) Las corrupciones de la Cristiandad en los últimos días (versículos 1-9)

        

(V. 1). Dios no querría que quedásemos ignorantes en cuanto a la condición de la Cristiandad, ni que, bajo ningún pretexto especial de caridad, fingiéramos indiferencia al mal. Por consiguiente, el siervo de Dios abre esta parte de su enseñanza con las palabras, "También debes saber esto…" Él prosigue entonces a advertirnos de que "en los postreros días vendrán tiempos peligrosos (o 'difíciles')."

            (Vv. 2-5). El apóstol procede a darnos con suma precisión un cuadro terrible de la condición en que la Cristiandad caerá, delineando detalladamente las características preponderantes de aquellos que formarán la masa de la profesión cristiana es esos últimos días. El Espíritu de Dios habla de estos profesantes religiosos como de "hombres" pues no hay ninguna base para llamarles santos o creyentes. Sin embargo, es de notar, que el apóstol no está describiendo la condición de "hombres" paganos sino la de aquellos que profesan ser cristianos fingiendo la forma externa de piedad. En este cuadro terrible diecinueve características son hechas desfilar ante nosotros.

            (1) "Los hombres serán amadores de sí mismos." (VM). La primera y destacada característica de la Cristiandad en estos días es el amor al yo. Esto está en contraste directo al cristianismo verdadero que nos enseña que Cristo "murió por todos, para que los que viven, no vivan ya para sí mismos, sino para aquel que por ellos murió, y volvió a resucitar." (2 Corintios 5:15 - VM).

            (2)"Avaros" (RVR60) o, "amadores del dinero" (VM). Amarse a sí mismo conducirá a amar el dinero, pues con ello los hombres pueden comprar aquello que contribuirá a la gratificación del yo. El cristianismo nos enseña que el amor al dinero es la raíz de todos los males, y que aquellos que lo codicien se extraviarán de la fe y serán traspasados de muchos dolores. (1 Timoteo 6:10).

            (3)"Vanagloriosos". El amor al dinero hará que los hombres se vuelvan vanagloriosos (o jactanciosos). Leemos en la Escritura acerca de los que "confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan." (Salmo 49:6); y otra vez, "el malo se jacta del deseo de su corazón, bendice al codicioso, y desprecia a Jehová." (Salmo 10:3). Los hombres no solamente se jactan de su habilidad adquiriendo riqueza, sino que, habiendo acumulado riquezas, ellos a menudo aprovechan la oportunidad para hacer notorios sus actos de caridad, en contraste a la humilde gracia del cristianismo que nos enseña dar de tal manera que la mano izquierda no sepa lo que hace la mano derecha.

            (4)"Soberbios" o 'arrogantes'. La jactancia que lleva a gloriarse en uno mismo está estrechamente ligada con la arrogancia, o soberbia, que da mucha importancia al nacimiento, a la posición social y a las capacidades naturales, en contraste al cristianismo que nos conduce a estimar esas cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, nuestro Señor. (Filipenses 3:8).

            (5) "Blasfemos" o 'maldicientes'. La soberbia conduce a la blasfemia. Orgullosos de sus logros y de sus habilidades intelectuales, los hombres no dudan en hablar "mal de cosas que no entienden" (2 Pedro 2:12); y hablan “palabras contra el Altísimo." (Daniel 7:25) y atacan la Persona y la obra de Cristo, rechazando la revelación y mofándose de la inspiración.

            (6) "Desobedientes a los padres". Si los hombres son capaces de blasfemar contra Dios, nos asombra poco que sean desobedientes a los padres. Si tienen poco respeto por las Personas divinas, no tendrán ningún respeto para con las relaciones humanas.

            (7) "Ingratos" o 'desagradecidos'. Para aquellos que son desobedientes a los padres, toda misericordia de Dios es recibida como un asunto de derecho adquirido donde no hay ningún llamamiento al agradecimiento. El cristianismo nos enseña que todas las cosas creadas son misericordias "para que con acción de gracias" participen de ellas, "los creyentes y los que han conocido la verdad." (1 Timoteo 4:3).

            (8) "Impíos" o "profanos". Si los hombres no agradecen las bendiciones temporales y espirituales, ellos pronto despreciarán y desdeñarán la misericordia y la gracia que concede las bendiciones. Esaú despreció profanamente la primogenitura mediante la cual Dios le habría bendecido.

            (9) "Sin afecto natural". El hombre que trata ligeramente el amor y la misericordia de Dios pronto perderá el afecto natural hacia sus semejantes. El amor por sí mismo conduce a ser indiferente a los lazos de la vida familiar, o incluso a ver estos lazos como un obstáculo para la propia satisfacción.

            (10) "Desleales" (RVR1909), o "implacables" (RVR60). El hombre que es insensible al llamamiento del afecto natural seguramente será implacable, o será un hombre que no está abierto a ser convencido y que no puede ser apaciguado.

            (11) "Calumniadores" o 'falsos acusadores'. Aquel cuyo espíritu vengativo es insensible a toda instancia no dudará en calumniar o acusar falsamente a aquellos que contraríen su voluntad.

            (12) "Intemperantes" (RVR60) o "desenfrenados" (LBLA). El hombre que no duda en calumniar a los demás con su lengua, será uno que pierde el control de sí mismo fácilmente y actúa sin restricción.

            (13) "Crueles" (RV60), o "fieros" (VM), o "salvajes" (LBLA y Versión J. N. Darby en inglés). Aquel que calumnia a los demás al hablar y actúa sin restricción, exhibirá una disposición salvaje que carece totalmente de la gentileza que caracteriza al espíritu cristiano.

            (14) "Aborrecedores de los que son buenos" (VM), o "aborrecedores de lo bueno" (RVR60). La disposición salvaje ciega inevitablemente a los hombres a aquello que es bueno. No se trata solamente de que existan aquellos en la profesión cristiana que aman el mal, sino que ellos realmente aborrecen "lo bueno".

            (15) "Traidores". No teniendo amor por lo que es bueno, los hombres no vacilarán en actuar con la malicia que traiciona las confianzas y que no tiene respeto por las intimidades de aquellos de quienes ellos profesan tratar como amigos.

            (16) "Arrebatados" (RVR1909), o "impetuosos" (RVR60, LBLA), o "protervos" (VM). El hombre que puede traicionar a sus amigos es uno que procurará determinadamente hacer su voluntad, indiferente a las consecuencias y sin consideración por los demás.

            (17) "Infatuados" (RVR60), o "hinchados de orgullo" (VM), o "envanecidos" (LBLA). Lleno de vanidad, el hombre infatuado busca cubrir su obstinación bajo el vano fingimiento de que él está actuando por el bien general.

            (18) "Amadores de los placeres, más bien que amadores de Dios" (VM). Siendo vanas las pretensiones de los hombres, sus búsquedas carecerán igualmente de toda seriedad. Las nubes del juicio venidero se pueden estar reuniendo, pero la Cristiandad, cegada por su propia vanidad y egoísmo, se abandona a sí misma a un torbellino de entusiasmo, procurando encontrar su placer en el gozo sensual, siendo los ministros profesantes de la religión, muy a menudo, los líderes en toda clase de placer mundano.

            (19) "Tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella" (RVR60), o "teniendo la forma de la piedad, más negando el poder de ella" (VM). De este modo, en los días finales de la Cristiandad, se hallará a la masa profesante abandonándose a toda forma de mal, mientras procura cubrir su maldad con el manto de la santidad. Así, los cristianos nominales llegan a ser más malvados que los paganos, pues, mientras se complacen en todos los males del paganismo, ellos añaden a su maldad procurando ocultarlo bajo la forma de cristianismo, aunque completamente desprovisto de su poder espiritual. ¿Qué puede ser más desesperadamente malvado que el esfuerzo por usar el Nombre de Cristo como un manto para cubrir el mal? Es este manto de santidad lo que constituye los "días peligrosos" de los postreros días, pues la apariencia de piedad a veces engaña incluso a verdaderos cristianos.  

SEGURIDAD: EL CAMINO DE SALVACIÓN

 

Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni prin­cipados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38-39)

            Jesús fue a la cruz como el Cordero llevado al matadero. Allí “padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 P. 3:18). Él “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Ro. 4:25). De este modo, cuando Dios perdona al pecador que cree en Jesús, Él no rebaja sus justas demandas contra el pecado, pues Jesús pagó por completo la pena por el pecado.

            ¿Crees en el Hijo de Dios? Si es así, Dios cumple en ti el pleno valor del sacrificio de Jesús. ¿No es esta una maravillosa forma de salvación, digna de Dios mismo? Su amor, la preciosa gloria de su Hijo, y la salvación del pecador, todo esto está unido. ¡Qué gracia que el Hijo de Dios haya consumado toda la obra y obtenga toda la alabanza, y que tú y yo, al creer en Él, obtengamos toda bendición!

            Pero puede que te preguntes: «¿Por qué no tengo seguridad sobre mi salvación? Si mis sentimientos un día me dicen que soy salvo, otro día estropean toda esperanza. Soy como una nave sacudida por la tormenta y sin lugar donde anclar». ¡Allí está tu error! ¿Has oído alguna vez que alguien haya tratado de anclar un barco manteniendo el ancla de
ntro de la nave? El ancla debe engancharse firmemente fuera de la nave. Puede que entiendas que sólo la muerte de Cristo te da seguridad, pero piensas que lo que sientes dentro tuyo es lo que te da seguridad. ¡Pon tu confianza en Él y en lo que ha hecho, y no en ti mismo y en cómo te sientes!

            G. Cutting

Devocional “El Señor Está Cerca”, 2020

 

Son Tus méritos la fuente de mi salvación;

En tu sangre yo encuentro vida y perdón

F. Crosby

ESCENAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO (52)

 


Isaías y su visión

                Nunca faltan las personas que hablan de sus visiones. El joven tiene visiones de una riqueza y fama futura; el soñador afirma que por una visión sabe que le vendrá buena o mala suerte. Pero pocos reconocen las visiones que hayan tenido de su condición espiritual delante de Dios. Pocos obedecen la verdadera luz que por algún medio hayan recibido.

            El profeta Isaías tuvo sus visiones. Viendo a los demás, pronunció sus ayes contra casi todos sus conciudadanos. “Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez”. “Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad”. “Ay de los que juntan casa a casa, y allegan heredad, hasta acabar el término”. Los hay hoy día que asimismo condenan a los demás.

            Se asomó el espectro de la muerte, llevando como víctima a Uzías, rey de Israel. Sea por la impresión hecha por aquella defunción, o por alguna otra causa, le vino al profeta Isaías visión, ya no de sus prójimos, sino de sí mismo ante la presencia de Dios. En medio de la gloria y santidad divina, las voces de serafines exclamaron: “¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos!” Esto le hizo temblar y reconocer: “¡Ay de mí! Que soy muerto, que siendo hombre inmundo de labios … han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos”.

            El compararse el hombre con sus semejantes parece resultar a menudo a la vanidad. Nunca falta quien parezca más bajo que nosotros. Pero, qué de necedad compararnos los unos con los otros. Es ante Dios que tendremos que comparecer. No nos juzgarán los hombres, sino el Dios del cielo; y no conforme a las reglas humanas, sino según la santidad suya. Compárese usted a esa santidad y vea si no está condenado de una vez por su propia conciencia.

            El desespero se apoderó de Isaías al ver la santidad divina. Veía imposible que un inmundo estuviese en la presencia de un Ser tan santo. Imposible. ¿Acaso el hombre no podría purificarse a sí mismo? Lo mismo sería como mandar una fuente sucia a limpiarse de su inmundicia. Pero, lo que el hombre no pudo hacer para sí mismo, lo hizo otro. Cuando Isaías reconoció su desgracia e ineptitud para cam-biar su estado, el Señor se hizo presente a bendecirle.

            Uno de los serafines volvió hacia él, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con tenazas. Tocando con el carbón la boca del inmundo, dijo: “He aquí esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado”.

            El altar de donde el serafín tomó el carbón encendido llevaba siempre puesto un fuego, sobre el cual ardía a continuo un sacrificio por el pecado. En llevarle ese carbón del altar para purificarle, tocando sus labios, le hizo a Isaías comprender que sólo por el sacrificio de otro hay salvación. Ninguno puede purificarse a sí mismo; sólo hay salud espiritual por la muerte de un sustituto.

            Dios habla todavía a los hombres por la muerte de sus semejantes y por otras circunstancias, pero principalmente por medio de las Sagradas Escrituras. La Biblia revela el único medio de salvación y limpieza de pecado: “Así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo”, Romanos 5.21.

            Encontrado y aplicado el medio de limpieza, Dios le pronunció a Isaías limpio, y éste tuvo paz y gozo en creerlo. Así en el sacrificio de Cristo en el Calvario Dios ha provisto para la salvación de todo ser humano. Él anuncia su perfecta satisfacción en la obra de Jesús. Al decir de Isaías 53. 6, Él cargó en él pecado de todos nosotros.

Valiéndose usted de esa obra, la Palabra de Dios le asegura de perfecta salvación. No añada obras ni ceremonia, ni pensar que se trataría de una solución pasajera, pues Tito 3.5 proclama que, “No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia nos salvó”.