sábado, 12 de marzo de 2022

Disfrute su Biblia (3)

 Más bases Bíblicas

William Macdonald


EL MÉTODO LITERAL

Una de las reglas más importantes en el estudio bíblico es, “Si puedes interpretar un pasaje en forma literal, hazlo.” En otras palabras, si la primera lectura tiene sentido, no busque otro significado. Si la Biblia dice que Cristo reinará sobre la tierra por mil años, entonces quiere decir que Él reinará por mil años. La interpretación literal de la Biblia es preferible. La alternativa es intentar espiritualizar o alegorizar todo. ¡El pro­blema con esto último es que luego nadie sabe cuál interpreta­ción es la correcta!

 

POSICIÓN Y PRÁCTICA

Existe una diferencia entre posición y práctica. La posición es lo que somos en Cristo. La práctica es lo que deberíamos ser en nuestra vida diaria. En Colosenses 3:1 fuimos resucitados con Cristo; esa es nuestra posición. Y debemos buscar las cosas de arriba; esa es nuestra práctica. Nuestra posición es perfecta. Nuestra práctica nunca lo será hasta que veamos el rostro del Salvador, pero debemos crecer siempre para parecemos más a Cristo mientras llega ese día.

 

ROL OFICIAL Y CARÁCTER PERSONAL

También existe diferencia entre el rol oficial y el carácter per­sonal. Juan el Bautista fue mayor que cualquiera de los profetas que fueron antes que él, es decir, fue mayor en su rol como predecesor del Mesías (Le. 7:28). Pero esto no necesariamente quiere decir que fuera mayor en cuanto a su carácter. María fue bendecida entre las mujeres por ser madre de nuestro Señor (Le. 1:28), pero esto no demuestra que ella tuviera mejor carácter que las mujeres del Antiguo Testamento. Dios Padre fue mayor en Su rol como Padre que Su Hijo mientras estuvo en la tierra (Jn. 14:28). Pero en cuan­to a su persona, ellos eran absolutamente iguales. El Señor se des­pojó a sí mismo de su posición cuando vino a la tierra para ser nuestro Salvador (Fil. 2:7), pero no se despojó de Su persona o de Sus atributos. Eso hubiese sido imposible. Los poderes guberna­mentales son ordenados por Dios. Esto significa que oficialmente son siervos de Dios, aun cuando no lo conozcan personalmente.

 

EL TEXTO EN CONTEXTO

Estudie un texto dentro de su contexto. Aquí hay algunos ejemplos:

Vigile Jehová entre tú y yo cuando nos apartemos el uno del otro (Gen. 31:49).

Esta no es una bendición cordial, como podría usarse hoy en día, ¡sino una petición a Dios para que vigile dos tramposos mientras se separaban y no podían vigilarse ellos mismos!

Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas ni vendadas ni suavizadas con acei­te (Isa. 1:6).

Estos términos comúnmente usados para describir la total depravación de un hombre, en esta ocasión describe cómo Dios ha castigado a Judá hasta quedar lastimada de la cabeza a los pies, y aun así la nación no se arrepentía.

El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden (Jn. 15:6).

Este pasaje se refiere a la producción de fruto mediante la permanencia, no a la salvación. No dice que Dios toma a los pámpanos secos y los echa al fuego. Los hombres lo hacen. Esto probablemente ilustra el menosprecio con el que el mundo trata al cristiano que no permanece.

Antes bien, como está escrito: “Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman”. (1 Cor. 2:9).

Este versículo habla de la realidad del cielo, describe verda­des que eran desconocidas en el período del Antiguo Testamento pero que nos han sido reveladas por los apóstoles y profetas de la Iglesia Primitiva. En el versículo 10 Pablo nos habla de algo que es real en la actualidad, no es algo que obtendremos cuan­do lleguemos al cielo: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu”.

De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si de ninguna manera los muertos resuci­tan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos? (1 Cor. 15:29).

El contexto en este caso tiene que ver con la persecución y el martirio. Si no hay resurrección de los muertos, sería tonto que un creyente se expusiera a la muerte al ser bautizado para llenar las filas de aquellos que murieron como mártires.

Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A menos que estéis reprobados! (2 Cor. 13:5).

Este versículo no enseña sobre la seguridad de la salva­ción a través de la introspección, es decir, que cada creyente examine dentro de sí mismo para encontrar evidencias de su regeneración. En lugar de eso, Pablo, como padre espiritual, ¡les dice a los corintios que su salvación es una evidencia de su apostolado!

No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará (Gál. 6:7).

En el contexto, Pablo no estaba describiendo los pecados de un pecador, sino la miseria de un santo.

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obe­decido, no solamente cuando estoy presente, sino mucho más ahora que estoy ausente, ocupaos en vues­tra salvación con temor y temblor (Fil. 2:12).

Pablo no está enseñando acerca de la salvación por obras, sino más bien, está diciéndoles a los creyentes que se ocupen de la solución a su problema (la desunión) al seguir el ejemplo del Señor Jesús.

Pero ante todo entended que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada (2 P. 1:20).

Este pasaje tiene relación con el origen de las Escrituras, no con la manera en la que la interpretamos. Los escritores no die­ron su interpretación particular de las cosas, sino que hablaron según la motivación del Espíritu Santo.

La Escritura se interpreta a sí misma. Lucas 14:26 se explica en Mateo 10:37. La palabra aborrecer es un término comparati­vo, que quiere decir amar menos.

Stuart Briscoe, un predicador escocés, muestra la importan­cia de estudiar un texto en su contexto a través de esta graciosa historia. Un anciano iba caminando a la orilla del camino con su mula y su perro, cuando de pronto un camión los atropella a los tres, haciéndoles caer a una zanja. El hombre agredido demanda al conductor, pero el abogado del mismo declara que el anciano había dicho al conductor en el momento del acciden­te que él “nunca se había sentido mejor en su vida”.

Volviendo a preguntarle al anciano, el abogado dijo, “¿Mi cliente vino a preguntarle si estaba bien después del accidente?” “Sí.”

“¿Y usted le contestó que nunca se había sentido mejor en su vida?”

“Bueno,” dijo el anciano, “yo iba caminando con mi mula y mi perro cuando este hombre apareció por la esquina a alta velocidad, y nos empujó a la zanja. Entonces saltó del camión con su arma. Fue a mi perro, y estaba sangrando, así que le dis­paró. Fue a ver a mi muía y como su pata trasera estaba quebra­da, también le disparó. Después me preguntó, ‘¿Está usted bien?’ y entonces tuve que responderle, ‘¡Nunca me había senti­do mejor en mi vida!”’

VOCABULARIO BÍBLICO

Asegúrese de tener definiciones acertadas a disposición. No busque definiciones teológicas en un diccionario secular. Use un diccionario bíblico de confianza. Allí usted podrá aprender que, a diferencia de lo secular, un misterio no se refiere a una cues­tión “misteriosa” o algo sin resolver (¡menos una historia de detectives!), sino una “verdad hasta el momento desconocida y humanamente imposible de conocer, pero que ahora es revelada por el Señor.” Cualquier definición debe incluir todos los usos de dicha palabra en la Biblia.

En uno de sus libros, Johan Bengel, un erudito bíblico ale­mán de hace años, escribió, “Cualquiera que entienda veinte grandes palabras de la Biblia, entiende la Biblia.” Nunca pudi­mos encontrar sus veinte palabras, así que le proveeremos nues­tras propias veinte.

1.  Expiación. Cuando se usa en conexión con los pecados en el Antiguo Testamento, significa cobertura, pero no remi­sión. También significa la provisión de limpieza ceremonial que se aplicaba a las personas o las cosas. No es una palabra del Nuevo Testamento, pero en el lenguaje moderno ha adquirido el significado de reconciliación entre Dios y el hombre a través de la obra sacrificial de Cristo.

2.  Elección. La divina elección soberana de los creyentes antes de la fundación del mundo “para que fuéramos santos y sin man­cha delante de él” (Ef. 1:4). Esta doctrina debe equilibrarse siem­pre con la verdad de la responsabilidad humana. El hombre debe aceptar al Señor Jesús a través de un acto de su propia voluntad.

3.  Fe. Creencia o confianza, especialmente en el Señor y en Su Palabra. También usada como el objeto de la creencia, como en “la fe que ha sido dada una vez a los santos” (Judas 1:3).

4.  Presciencia. La mención consiente de personas y eventos antes de que éstos existan.

5.  Perdón. Remisión de los pecados y liberación de la culpa. El perdón de Dios está basado en la obra de Cristo en el Calvario. El pecador recibe perdón judicial al confiar en el Señor Jesús. El creyente recibe perdón paternal cuando confiesa sus pecados.

6.  Glorificar. Honrar, alabar, adorar. La gloria de Dios es Su perfección. El creyente será glorificado cuando reciba su cuerpo resucitado.

7.  Evangelio. Buenas noticias, generalmente las buenas nue­vas de salvación. En un sentido más general, puede referirse a todas las grandes verdades del Nuevo Testamento.

8.  Gracia. El favor de Dios para aquellos que no lo merecen, sino que, de hecho, merecen todo lo opuesto. Es un regalo gra­tuito, que se recibe por la fe.

9.  Justificar. Contar como justo. El hombre justifica a Dios cuando reconoce que El es justo y correcto. Dios justifica al hombre cuando éste se arrepiente y cree en el evangelio. Esta última justificación es por gracia, fe, sangre, obras, poder, y por Dios. Gracia significa que no lo merecemos. La fe es el medio por el cual la recibimos. La sangre es el precio que fue pagado por Cristo. Las obras son la prueba de nuestra justificación. El poder de la resurrección de Cristo muestra la aceptación de Su obra por parte de Dios. Y Dios es Aquel que justifica.

10.  Ley. Mandamiento. En el Antiguo Testamento, Dios probaba al hombre bajo la ley con un castigo por cada falla. La bendición estaba condicionada a la obediencia del hombre. Los mandamientos del Nuevo Testamento son instrucciones justas para aquellos que han sido salvos por gracia. Ahora la obediencia es motivada por el amor, no por el temor al castigo.

11.  Predestinación. Pre designación de las personas para cierta posición o bendición por parte de Dios. Los creyentes son predestinados a ser conformes a la imagen del Hijo de Dios.

12.  Propiciación. El acto por medio del cual se muestra misericordia a causa de una paga satisfactoria, como la obra sacrificial de Cristo.

13.  Reconciliación. Remoción de la enemistad y creación de paz entre dos partes. Los creyentes son reconciliados con Dios gracias a que el Señor Jesús removió la causa del conflicto, es decir, el pecado.

14.  Redimir. Volver a comprar. Éramos el pueblo de Dios desde la creación. A través del pecado, nos volvimos esclavos de Satanás. Cristo nos volvió a comprar a un costo enorme, Su propia sangre preciosa.

15.  Arrepentimiento. Una vuelta, un giro completo. Es un cambio en la manera de pensar respecto a uno mismo, al peca­do, a Dios y a Cristo, lo cual cambia también la actitud, y por ende las acciones. Involucra no sólo la mente sino la conciencia. Es cuando el pecador reconoce su impiedad, su perdición, su desamparo, y desesperanza, y también su necesidad de gracia. Es ponerse del lado de Dios contra el propio ego.

16.  Resurrección. Cuando un cuerpo vuelve a la vida. Siempre se refiere al cuerpo, nunca al espíritu o al alma.

17.  Justicia. La calidad de hacer lo que es justo y correcto, lo opuesto al pecado y la desobediencia. Dios es absolutamente justo. El imputa (acredita en la cuenta) Su justicia a aquel que cree en Cristo. Esa es la justicia posicional. De ahí en más, el creyente debería vivir justamente. Esa es la justicia práctica.

18.  Salvación. Liberación, ya sea del pecado, el juicio, la prisión, morir ahogado, etc. A menudo se usa respecto a la sal­vación del alma, pero el significado preciso debe ser juzgado según su contexto.

19.  Santificar. Apartar. Cristo se apartó a sí mismo para la obra de la cruz. La gente que no es salva puede ser santifi­cada por el Espíritu Santo, es decir, ser apartada a una posi­ción de privilegio externo. Los creyentes son apartados del mundo para Dios en el momento de su conversión en cuanto a su posición, pero deben apartarse ellos mismos día a día. Serán perfectamente santificados cuando estén en el cielo. Las cosas inanimadas también pueden ser apartadas para el servicio del Señor.

20.  Pecado. Cualquier pensamiento, palabra o hecho que se aleje de la perfección de Dios. El pecado es la desobediencia, es hacer lo malo, y fracasar en hacer lo que es correcto.

Disfrute su Biblia, cap. III.

El poder de la conducta

 

Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre


            Están cayendo los valores más insignes: la fe, el patriotismo, la obediencia a las autoridades, el pudor y toda moral. A expensas de este retroceso está incólume la influencia de la conducta. “Porque ninguno vive para sí, y ninguno muere para sí. Mas sea vuestro hablar Sí, sí, No, no, porque lo que es demás de esto, de mal procede.” (Romanos 14:7, Mateo 5:37)

            La experiencia me ha enseñado a conocer que la conducta es algo que se funde en el carácter, que conciencia y conducta son sinónimo. Ciencia y educación se pueden aprender en las instituciones docentes, pero la conducta procede del estado del corazón. La temperatura varía gradualmente, se mide por el vapor o la humedad, pero la conducta tiene dos polos: o está arriba, o está abajo.

            Un solo desliz puede hacer maltrecha una vida. David fue hombre según el corazón de Dios, pero su crimen intelectual y su adulterio voluntario “ha hecho blasfemar a los enemigos de Jehová.” (1 Samuel 11 y 12). Hasta hoy los criterios parodian la conducta inmoral de David, y muchos de los caídos toman como excusas y mampara frente aquella escisión en la vida del buen David.

            Ciertamente somos tan bajo que nuestro juicio y nuestros ojos no buscan sino ver lo vulgar y ruin del hombre. Por eso Dios no nos juzga por juicio humano, ni nos ve con ojos de carne. “Dios si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón para que seas reverenciado.” (Salmo 130:3,4)

            El rey filósofo observó entre muchas de las cosas que se hacen debajo del sol: “Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.” (Eclesiastés 8:14)

            Muchas veces la mentira parece pequeña y justificada, ¡pero qué influjo dañoso ocasiona a la conducta! “Sabroso es el pan de la mentira; pero después su boca será llena de cascajo.” (Proverbios 20:17) Otro gran hombre fue Abraham, llamado “amigo de Dios.” (Isaías 41:8) Abraham puso sombra a su conducta; fue “el profeta regañado.” Llegó a errar y por un prejuicio temeroso miente, expone a su esposa, y como hombre él mismo se expone; tuvo que salir del lugar como indeseable. (Génesis 20:1-18)

            Otra cosa que afecta la conducta es la informalidad. “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.” (Eclesiastés 5:5) Votos, promesas o protestas no agradan al Señor. Su contentamiento está en los que le temen. Ananías y Safira ofrecieron al Señor tanto. Después que vendieron la heredad les pareció mucho lo que habían ofrecido y con apariencia de piedad y mentira negaron a dar una parte de lo que habían ofrecido. Su engaño era como una afrenta al Espíritu Santo; por tanto, su cortamiento vino enseguida.

            El creyente de conducta paga sus cuentas, paga sus impuestos, cumple sus compromisos, es puntual a su palabra. “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel, y en lo que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.” (Lucas 16:10)

            La puntualidad es la hija mayor de la conducta, aunque para muchos hoy ser puntual es ser adulante, ser golpista, patronal o imperialista. El creyente debe ser imitador de aquellos que tenemos por ejemplo. “El mensajero que había ido a llamar a Miqueas, le habló diciendo: He aquí, la palabra de los profetas a una voz anuncia al rey cosas buenas; yo, pues, te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos, que hables bien. Dijo Miqueas: Vive Jehová, que lo que mi Dios me dijere, eso hablaré.” (2 Crónicas 18:12,13)

            La conducta regida en el temor de Dios es un arma poderosa para intimidar a los mundanos y licenciosos. Aunque se sometan con burlas, la conducta es justificada. Cierto hermano de buena conducta era objeto de burla y crítica de sus compañeros por su puntualidad y responsabilidad. Un día sus compañeros le vieron venir y con sorna dijeron: “Ahí viene el pastor pasaporte. ¡Todos derechitos! ¡Nadie se ría!” El hermano pasó saludando y sonriendo. Los otros representaban su papel sin pensar que estaban honrando la conducta del hermano. Ante la conducta de algunos hermanos hay personas que se cohíben de hablar vulgarmente por respeto al testimonio del evangélico. (Job 21:22)

            No hay palabras para explicar los sufrimientos, pero fue la conducta del Señor con sus crueles dolores en la cruz que ganó al centurión para la gracia de Dios. El historiador Josefo dice: “Muchos de los crucificados desde que eran clavados empezaban y terminaban la vida maldiciendo.” Pero del Señor dice Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar, había expirado así, dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.” (15:39)

            Aun en los momentos críticos de nuestra vida, si la paciencia es unida a la conducta hará, que seamos vencedores. José calumniado fue metido en la prisión. Doce o trece años estuvo preso aquel joven. “Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona.” (Salmo 105:17-22) Pero la conducta de José fue conspicua. “No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que hacía, Jehová lo prosperaba.” (Génesis 39:23)

            Probamos la conducta según la educación y el estado de ánimo con que tome una persona las adversidades en un susto dan un alarido; en un caso de muerte gritan y se desesperan; si reprenden a un niño, todo el vecindario se informa; si hay reclamos entre los esposos, lo hacen con escándalos; si reciben una injusticia, usan la espada de la lengua sin comedimiento.

“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.” (Santiago 3:13)

José Naranjo

La Restauración

 En el Salmo 32 vemos cómo David consiguió el perdón de sus pecados, que sin duda incluyeron su nefando crimen contra Urías. Pero cuando llegamos al Salmo 51 vemos los grandes ejercicios de alma que tuvo David para conseguir la restauración.

            Cuando una persona se somete a una operación quirúrgica, por lo regular el médico le impone una dieta por unos días después, hasta que consiga la plena restauración de su fuerza física. Pero, hay creyentes que, después de haber alcanzado el perdón de un pecado de gravedad, no han mostrado la debida contrición de espíritu sino han procedido como si no hubieran experimentado fracaso alguno en su vida. Esta falta de ejercicio y humillación les ha expuesto a un ataque nuevo de parte del enemigo, resultando en el desastre. David alcanzó el perdón, pero también sintió la necesidad de una completa restauración, y no se contentó con nada menos.

El alejamiento

            En el Salmo 51 es instructivo notar las consecuencias funestas del pecado:

1. El pecado deja una mancha muy fea en el corazón: “lávame más y más; purifícame … lávame; crea en mí, oh Dios, un corazón limpio”.

2. El pecado es un insulto al carácter de Dios. El corazón de nuestro Padre celestial sufre hondamente cada vez que un hijo suyo peca. “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos”.

3. El alma queda abatida y triste. “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido”.

4. El pecado produce una nube entre el creyente y su Señor. “Esconde tu rostro de mis pecados”.

5. El espíritu del creyente sufre un desperfecto cuando uno peca. “Renueva un espíritu recto dentro de mí”.

6. El creyente que persiste en su pecado, o no lo confiesa, al fin se halla abandonado por Dios. “No me eches de delante de ti”.

7. Al pecar, el creyente pierde el gozo de la salvación. “Vuélveme el gozo de tu salvación”. Sin ese gozo, no tiene filo su testimonio. “Entonces [una vez restaurado] enseñaré a los transgresores …”

8. El pecado tapa la boca del creyente en cuanto a la alabanza a Dios. “Líbrame …cantará mi lengua tu justicia”.

El retorno

            Es sumamente fácil extraviarse de Dios por la senda del pecado. Es cuesta abajo, mientras que el camino de regreso es cuesta arriba. David clamaba a Dios con espíritu quebrantado, corazón contrito y humillado, pero tenía la plena confianza de que Dios le oiría y le concedería una restauración completa.

            Cuando sacamos la cuenta, viendo cuán costoso es el pecado para Dios y nosotros, y muchas veces para la víctima de nuestra transgresión, ciertamente se nos impone un temor filial. A la vez nos despierta una vigilancia mayor contra nuestros tres enemigos que nos incitan a pecar.

            Algunos han presumido imitar el pecado de David, pensando que ellos también alcanzarían el perdón y restauración porque David lo recibió. Pero uno no puede tocar el alquitrán sin mancharse las manos, ni jugar con la candela sin quemarse. David destruyó el hogar de Urías y él tuvo que cosechar en su hogar de la semilla que sembró. Dios decretó que la espada no se apartaría de su casa, y sucesivamente la tranquilidad de su familia iba sufriendo golpes trágicos hasta el fin de su vida. Dios tenía que vengar la sangre de su fiel siervo Urías.

            La Palabra nos exhorta a apartarnos de toda especie de mal, y así cantamos:

 

Evita el pecado, procura agradar
a Dios, a quien debes por siempre ensalzar.
No manche tus labios impúdica voz;
tu corazón guarda de codicia atroz.

Santiago Saword

Preguntas y Respuestas


 I. Cuando Cristo ascendió a lo alto, llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres. ¿Cuáles de estos dones se mencionan en Efesios?

àApóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros (Ef 4:11).

2. ¿Cuáles de estos dones han sido quitados? y ¿por qué?

àLos apóstoles y los profetas han sido quitados. Ellos fueron usados del Señor para echar el fundamento de la Asamblea y establecerla (Ef 2:20). Teniendo, como tiene al presente, la Asamblea, la Biblia completa, que es la Palabra escrita de Dios por la cual guiarse, tanto los apóstoles como los profetas del Nuevo Testamento no son ya necesarios.

            Ahora han quedado evangelistas, pastores y maestros (doctores). ¿Cuál es el trabajo de un evangelista?

            El oficio del evangelista es predicar el Evangelio a los inconversos. Por medio de su ministerio los pecadores son salvos e introduci­dos en la Asamblea.

3. ¿Cuál es el oficio de un pastor?

àEl pastor pastorea el rebaño de Cristo. Por medio de su ministerio ovejas y corderos reciben aliento y se guardan de alejarse del Señor. Si se alejan, trata de atraerlas de nuevo.

4. ¿Cuál es el oficio de un maestro?

àEl maestro les enseña la Palabra de Dios a los creyentes. Por su ministerio éstos son establecidos en la verdad y edificados en su san­tísima fe.

5. Cristo ha hecho de cada creyente un siervo suyo. ¿Por qué ha dado Él a su Asamblea los dones de evangelistas, pastores y maes­tros?

à«A fin de perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio» (Ef 4:12 primera parte).

6. ¿Por qué desea Cristo a todos Sus santos perfeccionados para la obra del ministerio?

àPara que todos sean idóneos para la edificación del Cuerpo de Cristo, que lo es la Asamblea (Última parte del verso 12 y todo el verso 13 de Ef 4).

7. Si cada santo (creyente) asumiera su responsabilidad de ejercer propiamente el don que Cristo le ha dado, ¿cuál sería el resulta­do?

àEl resultado sería el desarrollo propio de cada creyente y por ende el de todo el Cuerpo (Ef 4:4-16).

8. ¿Cómo dice Pedro que debe cada uno ejercer el don que Dios le ha dado?

à«Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 P 4:10, 11).

9. ¿Qué palabra escrutadora dirige el apóstol Pablo a los creyentes en Roma con respecto al ejercicio de los dones en el servicio del Señor?

àÉl les dice que los distintos hermanos poseen diferentes dones, conforme a la gracia que les es dada, y exhorta a cada uno a que ejer­za su don conforme a la medida de fe que Dios le ha dado (Ro 13:3-8). Nota: Esto es, no descuide el uso del don, y cuando lo use no trate de ir más allá de la fe que para el uso del cual Dios le ha dado.

10. Cuando Pablo deseó mostrar a los corintios que cada creyente como miembro del Cuerpo de Cristo, la Asamblea, tiene un minis­terio definido para ésta, ¿con qué comparó el Cuerpo de Cristo?

àÉl compara el Cuerpo de Cristo, la Asamblea, con un cuerpo humano y sus distintos miembros, mostrando cómo cada miembro es necesario al bien del cuerpo en su totalidad (1 Co 12:12-27).
Fred Wurst

Figuras de Cristo (3)

 

por W.A. Deans


El cordero de Abel

Génesis 4:1-15


            La primera persona nacida en este mundo fue un asesino. Caín el primogénito de Adán y Eva mató a su hermano menor, Abel.

Adán y Eva habían pecado en el huerto del Edén. Luego trataron de cubrirse con hojas, pero Dios no aceptó el traba­jo que ellos hicieron para cubrirse. Él quiso derramar sangre para cubrirlos. Así que los cubrió con la piel de un animal que murió en lugar de ellos.         

Caín y Abel, los hijos de Adán y Eva sabían que era necesario el sacrificio con sangre para ser aceptados por Dios. No debemos pensar que Caín era más pecador que Abel. Ambos eran pecadores y ambos necesitaban el perdón.

¿Por qué Dios aceptó el sacrificio de uno de ellos y no el del otro? Porque sus sacrificios eran diferentes. Dios vio los sacrificios y aceptó uno y rechazó otro.

Caín ofreció a Dios lo que había cultivado en el campo. Pero Dios había maldecido la tierra, Génesis 3:17. Así que no podía producir un sacrificio aceptable a Dios. El sacrificio de Caín era como las hojas que Adán y Eva habían usado para cubrir su desnudez. Este no era el tipo de sacrificio que Dios aceptaba, en él no había derramamiento de sangre.

Caín estaba equivocado al pensar que los vegetales, las frutas y las flores agradarían a Dios. El hombre solamente puede acercarse a Dios por un camino. Solamente puede acercarse a él mediante un sacrificio con derramamiento de sangre.

Abel era pastor de ovejas. Él tomó un cordero de su rebaño, lo mató y lo ofreció como sacrificio a Dios.

Dios no se fijó en Caín ni en Abel. Él miró solamente sus sacrificios. Aceptó el sacrificio de Abel y rechazó el sacrificio de Caín que no era con sangre, Génesis 4:4,5. Caín no tenía fe, pero trató de acercarse a Dios por el camino que creía era el mejor. En cambio, Abel fue aceptado porque su sacrificio agradó a Dios. Él ofreció un sacrificio con sangre en la fe, Hebreos 11:4.

Dios reprendió a Caín y le mostró que él también sería aceptado y perdonado si ofrecía el sacrificio correcto, Génesis 4:7. Pero Caín no quiso obedecer. En lugar de esto atacó y asesinó a su hermano. Dios puso una marca sobre Caín y él huyó para errar por el mundo. A dondequiera que él iba la gente sabía que era pecador.

El cordero de Abel es una figura de Cristo. Cristo es el perfecto cordero de Dios. Juan el Bautista vio a Jesús que se acercaba hacía él y lo llamó "El Cordero de Dios" que quita el pecado del mundo, Juan 1:29,30. El Señor Jesús no se defendió cuando los soldados lo arrestaron, Juan 18:7-12. Él se portó como un cordero que no ofrece resistencia al que lo trasquila, y como una oveja que es conducida al matadero, Isaías 53:7.

            Hoy un pecador debe tener fe en el sacrificio de Cristo en la cruz si quiere ser aceptado por Dios. Sus pecados pueden ser perdonados solamente a través de la sangre del Señor Jesús, el cordero de Dios, 1 Pedro 1:18,19 nos dice que nosotros no somos liberados por algo que pierde su valor, como el sacrificio de Caín, sino por la preciosa sangre de Cristo que fue como un cordero perfecto, sin mancha ni defecto.

Dios no miró a Caín ni a Abel sino a sus sacrificios. Así también, él no nos mira a nosotros sino al sacrificio por medio del cual nos acercamos a él, el sacrificio de Cristo, o nuestras propias obras.

Es inútil que tratemos de agradar a Dios con nuestras obras. Solamente podremos ser perdonados si creemos en Cristo Jesús el cordero de Dios que se ofreció a sí mismo en la cruz por nuestros pecados. Cuando hacemos esto, Dios nos acepta para siempre.

MUJERES DE FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO (3)

 3. Agar

“Mi socorro viene de Dios”. (Salmo 121.2)


            La historia está en Génesis 16 y 21.9-21.

            Día tras día Agar caminaba por el desierto de Shur, anhelando llegar a Egipto, su tierra natal - una mujer desechada, desprovista y encinta. Dios le había prometido a Abraham un hijo con su esposa Sara, pero los años pasaron y el hijo prometido no había nacido. Entonces ellos planearon ayudar a Dios. Hemos notado que Sara, en su incredulidad, le sugirió a Abraham procrear hijos con su sierva Agar, y que cuando Agar salió embarazada, miraba a Sara con desprecio. Luego Sara la afligía, y Agar, sin derecho de hacerlo, huyó del hogar.

            Por lo tanto, Agar estaba a punto de perecer en el desierto. Pero el Ángel de Jehová la halló al lado de una fuente de agua y habló con ella sobre sus circunstancias, aconsejándola a volver a su ama y someterse a ella. El Ángel de Jehová prometió multiplicar su descendencia, declaró el nombre de su hijo antes de su nacimiento y describió cómo sería el comportamiento de él entre sus hermanos.

            El resultado fue que Agar entendió que el Ángel era Dios mismo y le dijo: “Tú eres el Dios que puede ser visto”. Las Escrituras declaran que "a Dios nadie le vio jamás” (Juan 1.18) en referencia a Dios Padre. Así que creemos que el Ángel de Jehová que le apareció primero a Abraham, luego a Agar y después a otros en el Antiguo Testamento fue Dios Hijo, el Señor Jesucristo. ¡Cuán maravillosa fue la revelación que la pobre esclava egipcia en su profunda necesidad recibió aquel día! Él es el mismo Dios que nos ve cuando más necesitamos su ayuda.

            Entonces Agar le dijo al Señor: “Tú eres el Dios que puede ser visto” y llamó el pozo “El pozo de Él que vive y me ve”. ¡Cuán improbable era que una esclava procedente de un país pagano fuera una de las primeras en darle un nombre a Dios! Y eso fue el resultado de la revelación maravillosa que recibió en su profunda necesidad.

            Humilde ahora, Agar regresó a la casa de Abraham y Sara, y más tarde dio a luz un hijo cuyo nombre fue Ismael, que significa “Dios oye”. Catorce años después, en otra ocasión, ya no era Agar que estaba despreciando a Sara, sino Ismael que estaba burlándose de Isaac (Génesis 21.9). Entonces Abraham, por órdenes de Sara y con la aprobación de Dios, tuvo que despedir definitivamente a Agar y a su hijo Ismael y él les dio solamente pan y un odre de agua.

            Agar e Ismael se fueron y anduvieron errantes por el desierto de Beerseba. Cuando llegaron al fin de sus recursos Agar dejó al muchacho debajo de un arbusto y fue a sentarse sola a cierta distancia porque no quería ver a su hijo morir.

            Pero Dios oyó al joven llorando y el Ángel de Dios, quien creemos que fue el Señor Jesucristo, le habló a Agar desde el cielo, diciendo: “No temas, Dios ha oído la voz del muchacho”. (El mandamiento de Dios repetido más veces en la Biblia es “no temas”). Entonces Dios le abrió los ojos a Agar y ella, viendo una fuente de agua, llenó el odre con agua y le dio de beber a su hijo. Leemos que Dios estaba con el muchacho.

            Dios le abrió los ojos de Agar y ella vio un pozo de agua. El Espíritu Santo abre el corazón de las personas que están buscando la salvación y las lleva a la Fuente de Agua Viva (Juan 4.14). El Señor oyó al joven en el desierto y cuando nos parece que estamos en un desierto espiritual debemos recordar que nuestro Dios vive, nos ve, y nos oye, y Él es nuestro amparo. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4.16).

LA EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES (1)

 

Introducción   

            Hechos 16 relata el trasfondo de la epístola y explica que Filipos era una colonia romana, ya que había venido gente de Roma y se había radicado allí en medio de una población distinta a ellos. Eran ciudadanos romanos con costumbres, idioma, leyes y vestimenta propios de su origen. Estos colonos estaban sujetos al emperador de Roma y los soldados del imperio romano los protegían. Sin embargo, la predicación del evangelio había dado lugar a una colonia celestial, y el pueblo del Señor estaba en el deber de conducirse como ciudadanos celestiales con fidelidad a Cristo.

            Parece que la epístola fue escrita por dos razones: (a) para expresar la gratitud de Pablo por la dádiva que la asamblea le había enviado; 4.10 al 20; y (b) para rectificar el desacuerdo que había surgido entre dos hermanas en la fe; 4.2,3. Había el gran peligro de que los creyentes se alinearan con la una o la otra, dando lugar a la contención y división, y por esto Pablo les exhorta a tener unanimidad de criterio y propósito:

     1.27            firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes

     2.1 al 11 nada … por contienda y vanagloria

     2.14 al 16 sin murmuraciones y contiendas

     4.2,3 que sean de un mismo sentir

 Les advierte también de los enemigos de la asamblea:

     1.28 al 30 los que se oponen

     3.2 los perros, los malos obreros

     3.18,19       enemigos de la cruz de Cristo

La Epístola se divide en cuatro capítulos:

1.   La confianza en los propósitos de Dios

2.   La conformidad al patrón de Cristo

3.   La constancia en conocer más de Cristo

4.   La consideración por el pueblo de Dios

·      En el capítulo 1 el apóstol manifiesta su confianza en el propósito de Dios a pesar de las circunstancias en las cuales se encuentra. Si tengo esa confianza, la mente de Cristo me dará un amor por el evangelio y un gozo en saber que este es predicado.

·      En el capítulo 2 Pablo expone el patrón perfecto de la humildad y la disposición de servir a otros, exhortando a sus lectores a conformarse a Cristo. En esta humillación y servicio la mente de Cristo me producirá amor por la asamblea y me estimulará a promover humildemente el bienestar de los cristianos.

·      El capítulo 3 enseña la necesidad del progreso constante en la senda cristiana, con Cristo como meta. Entonces la mente de Cristo fomentará en mí un apetito por vivir un estilo de vida celestial.

·      En el capítulo 4 el apóstol manifiesta su preocupación por el bienestar de Evodia y Síntique, y así por todos los creyentes. Si me ocupo en lo mismo, la mente de Cristo me proporcionará un amor que buscará sanar toda brecha que haya.