domingo, 26 de marzo de 2023

Disfrute su Biblia (15)

 

ARCHIVOS

William Macdonald

Al ser humanos, muchos de nosotros olvidamos las cosas si no las escribimos. Y a medida que envejecemos, pareciera que nues­tras “olvidancias” se vuelven más activas que nuestras vivencias.

Una solución para esto es anotar en un cuaderno nuestras observaciones, preguntas, ideas, etc. Todo estudiante serio de la Palabra considerará usar un sistema de registro de citas notables, explicaciones útiles de textos bíblicos, artículos de revistas, y otra información útil para predicar o enseñar.

Normalmente, el sistema de registro se divide en dos secciones, una para libros de la Biblia y el otro para otros temas. En la prime­ra sección, usted puede registrar todas las explicaciones de versícu­los bíblicos o pasajes e ilustraciones de textos bíblicos que le resul­ten útiles. La otra sección estaría dedicada a información de utili­dad que usted cree algún día puede usar para el tema en cuestión.

Haga fotocopias del texto que usted desea conservar de los libros que lee, y documente las citas con: Nombre del autor, título del libro, ciudad y nombre de los publicadores, fecha de publicación, y número de página.

Por ejemplo:

Ironside, Harry A. Expository Messages on the Epistle to the Galatians (Mensajes Expositivos sobre la Epístola a los Gálatas). New York: Loizeaux Brothers, 1941. p. 34.

Acumule el material en una carpeta de archivo grande eti­quetada “recortes”, y archívela dos veces al año.

A continuación, le proveemos un modelo de lista de temas. No tiene el objetivo de ser utilizada fielmente, sino que la proponemos como ilustración. Hemos agregado asteriscos (*) a algunos temas que no son tan utilizados por algunos. Todos querrán elegir sus propios temas:


Aborto

Acción de Gracias

Administración del Tiempo*

Adoración

Ancianos

Ángeles

Anticoncepción

Apologética

Arminianismo*

Arqueología

Ateísmo

Atributos de Dios

Autoestima

Ayuno

Bautismo

Biblia

Biografías

Bodas

Calvinismo*

Castigo Capital

Castigo Eterno

Catolicismo Romano

Cena del Señor

Cielo e Infierno Ciencia

Condiciones Mundiales

Confesión

Consejería*

Consuelo

Creación vs. Evolución

Cristo

Cruz

Dadivosidad

Demonismo

Denominaciones*

Día del Señor Diablo Diáconos Dios

Discipulado

Dispensaciones

Divorcio y Segundas Nupcias

Dones del Espíritu

Educación Cristiana

Enseñanza

Escuela Dominical*

Espíritu Santo

Estudio Bíblico

Eternidad

Ética

Evangelio

Evangelismo

Judío

Falsas Enseñanzas

Fe

Filosofía

Finanzas

Funerales

Gracia

Guía

Hijos

Historia de Israel Historia de la iglesia*

Historia*

Hogar Cristiano

Hombre

Homosexualidad

Iglesia

Inspiración

Juicio y Tribunal de Cristo

Juventud

Lenguas, Hablar en

Ley y Gracia

Liberalismo/Modernismo

Madre

Mapas y Esquemas*

Maravillas de Dios

Mártires

Matrimonio

Memorización de Escrituras Milagros

Ministerio Femenino

Misceláneos

Misiones

Movimiento Ecuménico Música

Nacimiento Virginal* Navidad

Neo-Ortodoxismo*

Objeción Consciente

Oración Pactos*

Pecado

Películas

Pentecostales/Carismáticos

Perdón

Poesía

Política/Votación

Predicación

Preguntas

Profecía

Psicología

Publicidad

Rapto

Recompensa

Reforma*

Religiones Mundiales*

Resurrección

Salvación

Sanidad

Santidad

Satanás

Sectas

Segunda Venida Seguridad

Señales y Maravillas

Separación del Mundo

Servicio cristiano

Sexo

Sufrimiento*

Tabernáculo

Televisión/Internet

Tentación

Tiempo de Quietud

Tipología

Tratados*

Trinidad

Versiones de la Biblia

Vida Cristiana

Vida de Cristo

Vida Espiritual

 

 

 


¿Qué significa ser un cristiano nacido de nuevo?

 ¿Qué significa ser un cristiano nacido de nuevo? El pasaje clásico de la Biblia que responde a esta pregunta es el de Juan 3:1-21. El Señor Jesucristo está hablando con Nicodemo, un fariseo prominente y miembro del Sanedrín (el consejo gobernante de los judíos). Había venido a Jesús de noche para hacerle algunas preguntas.

Mientras Jesús hablaba con Nicodemo, Él dijo "...De cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios". Nicodemo le dijo, "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?" Jesús contestó, "De cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo..." (Juan 3:3-7).

La frase "nacido de nuevo" literalmente significa "nacido de arriba". Nicodemo tenía una necesidad verdadera. Él necesitaba un cambio de corazón – una transformación espiritual. El nuevo nacimiento, el nacer de nuevo, es un acto de Dios por el cual la vida eterna es impartida a la persona que cree (2 Corintios 5:17; Tito 3:5; 1 Pedro 1:3; 1 Juan 2:29; 3:9; 4:7; 2:1-4, 18). Juan 1:12, 13 indican que "el nacer de nuevo" también transmite la idea de "volverse hijo de Dios" al confiar en el nombre de Jesucristo.

La pregunta viene de manera lógica, "¿Por qué una persona necesita nacer de nuevo?". El apóstol Pablo en Efesios 2:1 dice, "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados...". A los Romanos en Romanos 3:23, el apóstol escribió, "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios". (Romanos 3:23). Los pecadores están espiritualmente "muertos"; cuando reciben vida espiritual a través de la fe en Cristo, la biblia lo compara con un nuevo nacimiento. Sólo aquellos que han nacido de nuevo tienen sus pecados perdonados y tienen una relación con Dios.

¿Cómo ocurre eso? Efesios 2:8,9 declara, "Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe". Cuando uno es "salvo", él (o ella) ha nacido de nuevo, ha sido renovado espiritualmente, y ahora es hijo de Dios por el derecho de este nuevo nacimiento. Confiar en Jesucristo, en Aquel quien pagó el castigo del pecado al morir en la cruz, es lo que significa "nacer de nuevo" espiritualmente. "De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es..." (2 Corintios 5:17).

Si nunca ha confiado en el Señor Jesucristo como su Salvador, ¿consideraría usted dar lugar al Espíritu Santo mientras Él le habla a su corazón? Usted necesita nacer de nuevo. ¿Haría usted la oración de arrepentimiento para así volverse hoy una nueva creación en Cristo? "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios". (Juan 1:12-13)

Si usted desea aceptar a Jesucristo como su Salvador y nacer de nuevo, aquí está una oración modelo. Recuerde, hacer esta oración o cualquier otra, no va a salvarlo. Es solamente el confiar en Jesucristo lo que le puede librar del pecado. Esta oración es simplemente una manera de expresar a Dios su fe en Él, y agradecerle por proveerle su salvación. "Dios, sé que he pecado contra ti y merezco el castigo. Pero Jesucristo tomó el castigo que yo merecía, de manera que a través de la fe en Él yo pueda ser perdonado. Me aparto de mi pecado y pongo mi confianza en Ti para la salvación. ¡Gracias por Tu maravillosa gracia y perdón – el don de la vida eterna! En el nombre de Jesús, ¡Amén!"

¿Ha hecho usted una decisión por Cristo por lo que ha leído aquí? Si es así, por favor oprima la tecla “¡He aceptado a Cristo hoy!”

Got Questions
https://www.gotquestions.org/Espanol/

LA DIGNIDAD DEL CORDERO Y LA SANGRE DEL CORDERO


 

Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con Su san­gre...a Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén (Apocalipsis 1:5-6). Vi...en medio del trono...un Cordero. (Apocalipsis 5:6)


¡Bendito Señor! No tengo nada sino tu amor, un amor que me lleva directo a la casa del Padre para estar contigo donde se manifiesta la plena expresión de aquel amor. Tal amor es algo tan poderoso cuando entra en el corazón, que conduce los pies a caminar de una forma muy diferente a la de un hombre que no lo posee. Puedo mirar a aquel Cristo y decir que nada me puede perturbar; Cristo glorifi­cado en la presencia de Dios es el terreno de mi paz. Lo conozco como Aquel que llevó mis pecados en la cruz y me reveló la gloria de Dios; estoy en relación con Él como el Hombre de dolores, con Él, quién descendió a la tumba, que resucitó y vive para siempre a la diestra de Dios. Y allí, en Él, encontramos nuestro lugar ante Dios.

A medida que pasan los años nos damos cuenta que estas cosas mantienen su valor; ¿pero qué estimación del valor de esa sangre puede tener un pobre pecador? ¿Cómo será cuando lleguemos al hogar, y nos demos cuenta que estamos allí dentro, llevados por aquella sangre a la comunión de lo que Dios es? Y mientras camine­mos a través de la casa del Padre y entremos en la plenitud de gozo reservada para nosotros, veremos que todo está relacionado con los mismos elementos con los que nos otorgó gozo aquí, mientras nos conducía a través del desierto.

¿Cuáles serán las primeras y dulces expresiones que oiremos cuando entremos en el cielo? ¡La dignidad del Cordero y la sangre del Cordero! ¡Qué terrible debe ser el pecado como para necesitar la sangre del mismo Hijo de Dios! Allí arriba, en la presencia de Dios, aprendo algo acerca de la infinidad del pecado, y solamente la san­gre del Hijo de Dios puede sacar la mancha de aquel pecado, y ella lo ha hecho completamente.

G. V. Wigram

El Señor está Cerca

MUJERES DE FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO (15)

 


Ana, la madre de Samuel

Ana oró y dijo: “Mi corazón se regocija en Jehová”. (1 Samuel 2:1)

La historia está en 1 Samuel 1 y 2.

 

Muchas mujeres han sufrido a causa de falsas acusaciones, ingratitudes y desprecios inmerecidos. Ana, la madre de Samuel, fue una de ellas. Esto sucedió un día cuando el anciano sacerdote Eli, sentado en el tabernáculo de Dios, vio a esta mujer. Ana, sintiéndose tan cargada de tristeza, estuvo largo rato orando al Señor. Eli podía ver que sus labios se movían, pero no oyó ni una palabra y pensó que estaba borracha. “¿Hasta cuándo estarás ebria?”, le preguntó.

 

Ella contestó que no había tomado vino, sino que estaba atribulada de espíritu. El segundo capítulo de 1 Samuel habla de la mala conducta de los hijos del sacerdote, pero, aunque Eli no tuvo valor para disciplinarlos a ellos, él acusó falsamente a aquella mujer cuando oraba.

Pero Ana vivía en comunión con Dios y en aquellos momentos se encontraba muy cerca al Señor. Por eso no se defendió furiosamente ni le llamó la atención a sus propias faltas. “Soy una mujer atribulada de espíritu... que he derramado mi alma delante de Jehová”, le dijo. Escuchando esta confesión, Eli reaccionó y le dio la bendición, diciendo: “Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho”.

Ana tenía razón para estar triste. Una vez más el país de Israel estaba en un estado de decadencia y corrupción moral, y le faltaba un líder espiritual. Pero ella no se contaminó con la maldad a su alrededor. No podía tener hijos, y en Israel la gente decía que la mujer estéril estaba bajo la ira de Dios. Elcana, su esposo, practicaba la poligamia, pues tenía dos esposas. Sabemos que el propósito de Dios es que el hombre tenga una sola esposa, como leemos en Génesis 2.24, Mateo 19.5 y Efesios 5.31.

Penina, la otra esposa de Elcana y madre de algunos hijos, atormentaba a Ana hasta que ella lloraba y no quería comer. Así hacía Penina cada año cuando Elcana llevaba a su familia al tabernáculo, la casa de Dios en Silo, para la adoración. Pero esta mujer de Dios soportaba la burla en silencio.

Por años Ana le había rogado al Señor que le diera un hijo que pudiera llevar a cabo la restauración espiritual de la nación. Pero aquel día de la fiesta de Israel ella se apartó de su familia y, en su desesperación, le presentó a Dios su petición allí en el tabernáculo con un voto. “Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y.… dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida” (1 Samuel 1.11). Fue la primera mujer en la Biblia que hizo un voto y en aquellos momentos ella estaba en íntima comunión con su Señor.

Volviendo otra vez adonde estaba su esposo Elcana, Ana se sintió renovada y ya no estaba triste. Ya no pensaba en sí misma, sino que confiaba en el poder de Dios. Por la mañana la familia regresó a su hogar en Ramá. Dios contestó su oración y el año siguiente nació Samuel. Luego Ana dijo: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí”.

Debemos pedirle a Dios que nos dé hijos espirituales, almas salvadas como resultado de nuestro testimonio delante de ellos. Como escribió S. D. Gordon: “El pueblo más importante de la tierra hoy día es el pueblo que ora. No me refiero a los que hablan acerca de la oración, ni a los que pueden explicar qué es la oración, sino a los que se toman el tiempo para orar”.

Dios esperaba aquella oración silenciosa de Ana, y, por lo tanto, le dio respuesta a su tristeza personal y a la debilidad de la nación. Debemos evitar el desánimo, conscientes de que Él controla nuestras circunstancias. “Él es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3.20).

Entonces Ana tuvo una responsabilidad singular: preparar a su hijo para el servicio de Dios en el tabernáculo. De ella Samuel aprendió la abnegación, la adoración y la importancia de la oración. (Lo de dejarse crecer el cabello era en aquellos tiempos señal de que él sería nazareo, dedicado al servicio del Señor, como indica Números 6.1,5).

 

¡Cuánto le habrá costado a Ana entregar a su hijo, al que había esperado con anhelo por tanto tiempo! El sacerdote Eli era muy anciano, sus hijos eran hombres infames, y no parecía buen ambiente para el niño Samuel. Sin embargo, cuando el niño llegó a una edad cuando podía estar apartado de sus padres, Ana y Elcana llevaron a su hijo al sacerdote en el tabernáculo de Silo. Ana, con su perspectiva espiritual, dedicó a su hijo a Jehová para todos los días de su vida, y aquel día el niño Samuel adoró al Señor.

Sus padres regresaron a Ramá y Samuel comenzó a servir al Señor en Silo. Ana amaba a su hijo y mostraba ese amor tejiendo para él una túnica cada año, llevándosela cuando subía con Elcana a Silo para ofrecer sacrificios. El sacerdote Eli, observando la bondad de Ana, pidió que Dios le diera hijos en lugar de Samuel y ella fue madre de cinco hijos más.

La gratitud que Ana sentía en su corazón fue mostrada en su cántico, que contiene algunas verdades espirituales no conocidas por las mujeres en aquellos tiempos. Sin duda ella fue guiada por el Espíritu Santo. La alabanza de la virgen María en Lucas 1 refleja los pensamientos de Ana. En ambas hay expresiones de adoración al Dios Todopoderoso: su poder y santidad, su salvación y su bondad hacia los humildes.

Mediante el cántico, Ana mostró la profundidad, el fervor y el gozo de una mujer feliz. Ella daba toda la gloria a Dios, no solamente por haberle dado un hijo, sino por sus atributos y por lo que Él es. La profecía en su alabanza se extiende al futuro cuando el Ungido, el Rey de Reyes, nuestro Señor Jesucristo ha de reinar.

Es interesante notar que, aunque los líderes religiosos judíos despreciaban a sus mujeres y pensaban que no valía la pena enseñarles, esta oración de Ana durante siglos ha sido incluida en la lista de las Escrituras leídas los sábados en las sinagogas de muchos lugares del mundo.

Con gozo Ana le entregó su hijo al Señor, que para ella era lo más precioso. Ella se refirió a sí misma como una sierva, mostrando su humildad y el gran aprecio que tenía hacia Dios. Como María, la madre de nuestro Señor, Ana le entregó su hijo a Dios, y luego vivió una vida sin publicidad.

Samuel fue el último de los jueces que gobernaron en Israel y “juzgó al pueblo todo el tiempo que vivió” (1 Samuel 7.15). “Todo Israel conoció que Samuel era fiel profeta de Dios” (1 Samuel 3.20).

Sobre todo, fue un hombre de oración y aprendió la importancia de la oración por el ejemplo de su madre Ana. Samuel mismo fue la respuesta de Dios a sus oraciones.



Figuras de Cristo(15)

 La fuente de bronce (Éxodo 30:17-21)

El altar de bronce estaba dentro del patio del Tabernáculo. Allí la sangre de los sacrificios era vertida y el sacerdote quemaba los cuerpos de los animales.

El Vaso de Bronce estaba lleno de agua y estaba situado en el patio entre el altar de bronce y el Tabernáculo. Los sacer­dotes lo usaban para lavarse las manos y los pies antes de en­trar en el Tabernáculo. Éxodo 30:17-21.

Así, vemos que había solamente dos cosas en el patio del Tabernáculo. Ambas hechas de bronce, Éxodo 40:30-32. El altar era de bronce y madera de acacia. El bronce es una figura de la justicia de Dios y la madera de acacia nos recuer­ da que Cristo se hizo hombre.

Un sacerdote podía entrar al patio solamente a través de la puerta. Primero venía al altar de bronce en su camino hacia el Tabernáculo. Antes de entrar en el Tabernáculo tenía que lavar el polvo de sus pies y de sus manos.

Aarón y sus hijos empezaron su trabajo como sacerdotes de la misma manera. Moisés los trajo a la puerta del Tabernáculo lavó sus cuerpos en agua limpia. Después, ellos no tenían que bañarse de la misma manera. La ley exigía que esto se hiciera una sola vez. (Por supuesto, en sus tiendas, ellos se bañaban como las demás personas, pero esto nada tenía que ver con la ley.) Después de esto, ellos tenían que lavarse solamente las manos y los pies en el vaso de bronce antes de entrar al Tabernáculo.

Estas cosas son también verdaderas para aquellos que son sacerdotes hoy día. Todos los creyentes gozan del privilegio de ser sacerdotes, 1 Pedro 2:5,9 y pueden acercarse a Dios. Cuando hemos sido salvos a causa dpi sacrificio de Cristo por nosotros, estamos dedicados completamente a él. Hemos sido limpios del pecado por el ofrecimiento de su propio cuerpo una vez por todas, Hebreos 10:14. Hemos recibido el perdón y por eso no necesitamos otro sacrificio para borrar nuestros pecados, Hebreos 10:18.

Un día, el Señor Jesús estaba lavando los pies de sus discípulos y quería lavar los pies de Pedro, pero éste se opuso. El Señor le dijo que no sería más su discípulo si no se lavaba los pies, Juan 13:8. Cuando Pedro oyó esto, pidió al Señor que le lavara todo el cuerpo, pero el Señor le dijo que una persona limpia, necesita solamente lavar sus pies, Juan 13:10.

Una persona es hecha limpia ante Dios por la sangre de Cristo el día en que cree en Jesucristo. De ahí en adelante, es un sacerdote y debe ofrecer sacrificios espirituales y acep­tables a Dios a través de Cristo Jesús, 1 Pedro 2:5; Hebreos 13:15. Pero si peca, debe limpiarse de nuevo antes de que pueda acercarse a ofrecer sus sacrificios a Dios.

El sacerdote que servía a Dios en el Tabernáculo iba al Altar de Bronce para lavarse antes de entrar en el tabernáculo. El Vaso de Bronce es como Cristo. Nosotros, los sacerdotes de hoy debemos venir a Él cada día para con­fesar nuestros pecados y ser limpios de nuevo.

Cristo es el Verbo, Juan 1:1. Venimos a Él para que nos limpie con su palabra, las Sagradas Escrituras. El agua en el vaso de bronce es una figura de la Palabra de Dios. El Señor Jesús pidió a su Padre que les apartara a los creyentes para Él mismo por medio de la verdad, esto es, por medio de la Palabra, Juan 17:17. Necesitamos limpiarnos cada día a través de la Palabra de Dios. Lea Efesios 5:25 y 26.

Cada persona es limpia de sus pecados cuando cree en el Señor Jesucristo. Pablo escribió a los corintios que ellos habían sido limpios del pecado y apartados por Dios. Ellos habían sido puestos en paz con Dios por el nombre del Señor

 

Jesucristo y por el Espíritu Santo, 1 Corintios 6:11.

Más adelante, Pablo escribió a ellos acerca de la limpieza diaria. Él dijo que debemos purificarnos de todo lo que man­cha el cuerpo o el alma y que debemos buscar la santidad vi­viendo en el temor de Dios, 2 Corintios 7:1.

Un cristiano puede llegar a mancharse por el pecado. En­tonces, debe venir a Jesucristo para arrepentirse y confesar su pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros. Pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él nos per­donará y nos limpiará de toda nuestra maldad, 1 Juan 1:8,9.

Un sacerdote podía ser castigado por Dios si se acercaba a adorar sin haberse limpiado de sus pecados. Recuerde lo que sucedió a los hijos de Aarón, Nadab y Abiú. Ellos eran sacer­dotes y vinieron ante Dios para ofrecer algo diferente de lo que Dios les había dicho que ofrecieran. Salió fuego de delante de Dios y los destruyó, Levítico 10:1,2.

Examinémonos a nosotros mismos porque si nos ex­aminamos a nosotros mismos primero, no vendremos bajo el juicio de Dios, 1 Corintios 11:28 y 30:32.

W.A. Deans

Ahimaas y Cusi

 En 2 Samuel 18 se relata el fin de la vida de Absalón y en los versículos 19 al 32 leemos de dos hombres que nos enseñan una lección provechosa.

Ahimaas era joven, hijo del sacerdote Sadoc, pronto para ayudar, entusiasta, pero porfiado y sin preparación para la misión que quería emprender. Casi nada sabemos de Cusi (nombre traducido en la nueva versión como etíope, ya que quiere decir negro) pero él resultó ser el hombre del momento porque había visto el triste fin de Absalom.

Ahimaas estaba muy deseoso de llevar al rey las noticias de la muerte de su hijo, pero no era apto para eso ni tenía mensaje claro. Le dijo Joab: “Hoy no llevarás las nuevas: las llevarás otro día”. Pero fue, y cuando el rey le preguntó cómo fue la cosa, él tuvo que confesar, “No sé qué era”.

El rey David le puso a un lado.

Cada miembro del cuerpo místico de Cristo tiene su ministerio correspondiente. Esta es la enseñanza de 1 Corintios 12. Es para cada cual sujetarse a la dirección del Espíritu Santo, no como Ahimaas que no quiso guiarse por la disposición de General Joab, y desagradó al rey.

David había tenido el gran deseo de edificar un templo para Dios, pero Él le indicó que no era el hombre aparente para esto; 2 Samuel 7.12,13. No debemos meternos en un servicio que corresponde a otro. En una buena carpintería hay toda clase de herramientas, ordinarias y finas, grandes y pequeñas. El maestro sabe escoger aquella que es propia para el trabajo que está realizando, mientras que un neófito sería capaz de hacer un disparate y usar un hierro que echaría a perder la obra.

El Señor no deja a nuestro criterio lo que debemos hacer. Hay hermanos que aspiran ocupar la plataforma para predicar el evangelio o ministrar la Palabra pero carecen de don para hacerlo. Como Ahimaas, salen mal. En cambio, hay otros como Cusi, humildes, que sin imponerse pueden dar un mensaje claro y eficaz. Hay quienes desean cuidar la puerta y asentar la gente, pero les falta nitidez en su apariencia y cortesía cristiana en su trato con los demás. Ellos rebajan la dignidad del evangelio, y sin los requisitos para tal servicio, no deben aspirar a ello.

Nos llama la atención esa respuesta de Joab: “Hoy no ... otro día”. Hay peligro de querer hacer una cosa fuera de tiempo; debemos actuar cuando el Espíritu está guiándonos claramente, y no según nuestro capricho. Un hermano demasiado precipitado en anunciar un himno en la cena del Señor, por ejemplo, es capaz de echar a perder el resto del culto. Hay hermanos que tienen fama de alargar sus oraciones. Al final de una reunión, cuando la hora se ha cumplido, es el que ora en forma concisa y corta que se necesita.

Hermanos, cuántas veces hemos sido culpables, como Ahimaas, de hacer las cosas en la energía y entusiasmo de la carne, y no han resultado en ningún bien. Si queremos ser de ayuda en el servicio del Señor y entre su pueblo, tendremos que ser guiados de manera que nuestra intervención sea para edificación de los santos y la gloria de Dios.


EL PROFETA JOEL(4)

 

LOS EVENTOS DEL DÍA DEL SEÑOR:

LOS ENEMIGOS DE ISRAEL JUZGADOS Y EL REINO ESTABLECIDO

                                                                                                                                                                   Arno Gaebelein 

                  

1.   El juicio de las naciones (3:1-8)

2.   Las anteriores guerras de las naciones y como terminaran (3:9-16)

3.   Jehová en medio de Su pueblo (3:17-21)

 

Vv. 1-8. El primer verso especifica el tiempo cuando Jehová hará lo que anuncia en los dos versos que siguen. Esto será en aquellos días, en ese tiempo, cuando la cautividad de Judá y Jerusalén termine. Claramente entonces hasta ese tiempo esto no puede verse, porque la cautividad de Su pueblo aún no ha terminado. Ellos todavía están dispersos entre las naciones de la tierra. Es futuro el tiempo cuando la cautividad de Judá y Jerusalén termine. Israel, las diez tribus no son mencionadas aquí, pero están incluidas en esta profecía; ellos de igual manera serán restaurados. Joel solo menciona a Judá, porque Su profecía fue dirigida a Judá y Jerusalén. La cautividad, o dispersión, que es la misma cosa, del pueblo de Israel no terminará hasta que el poder divino cumpla esto de acuerdo a las muchas promesas de la palabra de Dios. Y cuando al final los cielos no estén más silenciosos y Jehová en Su poder comience a cumplir Sus promesas y su cautividad termine, esto significará el juicio para las naciones.

Es Jehová mismo quien habla, y dice lo que va a hacer en ese día, cuando se levante y tenga misericordia de Sión. "Reuniré a las naciones y las traeré al valle de Josafat." Cómo Él reunirá a estas naciones y cumplirá Su propósito es revelado en los vv. 9-12. Por tanto, ahora pasamos por alto esto hasta que lleguemos a la segunda parte de este capítulo. Pero aquí también es mencionado el lugar donde este gran juicio de naciones será ejecutado. Este será en el valle de Josafat. La palabra traducida "Jehová juzga." Este nombre ocurre en otras partes de la palabra de Dios. El rey Jehú fue hijo de Josafat y él fue el hijo de Nimsi (2 rey 9:2). Los significativos nombres del rey que tenía que juzgar, porque Jehú significa "Él es Jehová;" Josafat, "Jehová juzga;" y Nimsi, "Jehová revela."

En 2 Crón. 20 leemos el relato de la victoria del rey Josafat sobre las naciones hostiles. Pero el lugar donde esto tuvo lugar no es el valle de Josafat, sino el que se llama "Beraca", es decir, bendición.

Mencionamos esto porque algunos expositores han demandado que el lugar donde el rey Josafat trajo juicio sobre estas naciones es el valle del cual habla Joel.

El valle de Josafat puede ser visto en la inmediata vecindad de Jerusalén. Este es generalmente situado en el valle del Cedrón al oriente de Jerusalén. Este puede aún no estar en existencia. En Zac. 14 leemos acerca de los mismos eventos que son aquí predichos. Cuando el Señor aparezca Sus pies se posarán en el monte de los Olivos. El monte de los Olivos entonces se partirá en medio y se formará un gran valle (Zac.14:4). Este gran valle puede ser aquel donde el Señor juzgará a las naciones.

En el valle de Josafat el Señor tratará con las naciones y Su juicio será a causa de Su pueblo y heredad, Israel. Las naciones lo han dispersado y se han repartido Su tierra. Ellos han tratado a Su pueblo como esclavos, arrojado suerte sobre ellos, vendido a sus niñas por vino.

El gran pecado de las naciones, de los poderes gentiles, es el pecado contra Israel. Esto es repetidamente mencionado por los profetas de Dios. El fundamento del juicio de las naciones del cual habla nuestro Señor en Mt.25 de igual modo es el tratamiento de los judíos. Lea también Salmos 79:1-3; 83:1-6; Isa. 29:1-8; 34:1-3; Jer. 25:13-17; Zac. 1:14-15; 12:2

En el día de Joel tal maldad como la que se describe aquí de arrojar suerte por Su pueblo y vender a sus niños fue parcialmente conocida. Los filisteos han hecho esto, como también Tiro y Sidón. Pero estas palabras fueron cumplidas durante la cautividad babiloniana y en aquella gran dispersión que fue producida por el imperio romano. Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 ocurrió la misma cosa hablada por el profeta. Casi un millón y medio de seres humanos perecieron en Jerusalén y la tierra en esa terrible guerra. Sobre 100.00 fueron tomados prisioneros. Estos cientos de miles de judíos fueron tratados por Tito, de acuerdo a Josefo, de la siguiente manera: Aquellos bajo17 años de edad eran públicamente vendidos; el resto, algunos eran ejecutados inmediatamente, otros llevados a trabajar a las minas en Egipto (que era peor que la muerte) , otros guardados para espectáculos públicos de lucha con bestias salvajes en todas las principales ciudades; solo los más altos y hermosos eran reservados para la entrada triunfal en Roma." Los judíos eran vendidos por un pequeño precio como una medida de cebada; miles fueron tratados de este modo," Y podría añadirse de la historia de los siglos, las crueles y terribles persecuciones que la heredad de Dios ha sufrido, miles y miles de masacrados, torturados, ultrajados y vendidos como esclavos. ¿No hemos visto recientes horrores en Alemania? Y la historia aún no ha terminado. Estallidos de odio contra la heredad de Israel todavía han de manifestarse hasta que llegue el tiempo de angustia para Jacob que eclipsará todos sus sufrimientos anteriores. Este será un tiempo de tribulación tal como no lo ha habido desde el comienzo del mundo ni lo habrá jamás (Mt. 24:21). El día vendrá cuando Dios juzgará a las naciones por el mal que han hecho.

 

Vv. 9-16. Esta es una profecía que muestra lo que precede al juicio de estas naciones. El juicio de Jehová de los ejércitos, los ángeles, son vistos como viniendo, entonces Él aparecerá en toda Su majestad, mientras el sol y luna se oscurecerán. Esta es una gran escena dramática que despliega el Espíritu Santo. Ordenamos esto, añadiendo los diferentes personajes que hablan, para manifestar su pleno valor:

El Señor hablando:

» ¡Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes!

¡Acérquense, vengan todos los hombres de guerra!

10 Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces y diga el débil: "¡Fuerte soy!"

11 Juntaos y venid, naciones todas de alrededor, y congregaos. ¡Haz venir allí, Jehová, a tus fuertes!

12 Despiértense las naciones y suban al valle de Josafat, porque allí me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor.

 

El Señor a su ejército de juicio:

13 Meted la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended, porque el lagar está lleno y rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos.

 

El profeta viendo la reunión

14 Muchos pueblos en el valle de la Decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la Decisión.

15 »El sol y la luna se oscurecerán,

y las estrellas perderán su resplandor.

16 »Jehová rugirá desde Sión, dará su voz desde Jerusalén y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, la fortaleza de los hijos de Israel.

17 Entonces conoceréis que yo soy Jehová, vuestro Dios, que habito en Sión, mi santo monte. Jerusalén será santa y extraños no pasarán más por ella.

18 »Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, de los collados fluirá leche y por todos los arroyos de Judá correrán las aguas. Saldrá una fuente de la casa de Jehová y regará el valle de Sitim.

19 Egipto será destruido y Edom será vuelto en desierto asolado, a causa de la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente.

20 Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación.

21 Yo limpiaré la sangre[o]de los que no había limpiado. Y Jehová morará en Sión».

 

A través de toda la palabra profética leemos que grandes naciones confederadas se opondrán a Dios y Sus propósitos cuando esta edad termine. Allí habrá una gran confederación occidental, el restaurado imperio romano. (Ver anotaciones sobre Dn.2 y 7). También habrá una alianza de naciones del norte. Esta es la que está en vista aquí. Consulte el Sal. 2; 68:1-6; Isa. 29:1-8; 34:1-3; Jer. 25:29-33; Ezeq. 38; Zac. 12,14, y Apoc. 19:19. El juicio entonces cae sobre estas naciones que se oponen. El juicio es mencionado como segando y pisando el lagar, lo mismo que en Apoc. 14:14-20.

 

Vv. 17-21. Como casi todos los otros libros proféticos, Joel termina con la visión del reino y con Jehová morando en medio de Su pueblo. Él aparecerá en toda Su gloria. Jehová será un refugio para su pueblo. Cuando ellos lleguen a ese conocimiento que largamente han rechazado, que Jehová libertador es su Dios. Pero el Jehová que aparece allí no es otro que el Señor Jesucristo, aquel que estuvo en medio de ellos y fue entregado por Su pueblo para ser crucificado. ¡Qué día será aquel cuando "ellos miren a aquel que traspasaron y se lamenten por él"! (Zac. 12:10) Él morará en Sion, el monte de gloria. La gloria desde arriba encontrará un lugar de descanso sobre esa santa montaña.

Allí Él será entronizado como Rey (Sal. 2:6). Desde allí la gloria se extenderá sobre todo (Isa. 4; 5, 6; Sal. 68:16). "Porque Jehová ha escogido a Sion; la ha deseado como su habitación. Este es mi descanso para siempre; aquí moraré porque lo he deseado" (Sal. 132:13-14). Este es el Sion literal y no algo espiritual. Aun buenos expositores de la Biblia han perdido de vista esto. Un buen comentador dice: "Porque Sion o Jerusalén de la tierra de Palestina, ciertamente no es la Palestina terrenal, sino la santificada y glorificada ciudad del Dios viviente, en la cual el Señor estará eternamente unido con Sus redimidos, la santificada y glorificada iglesia." Tal exposición emana de ignorar los propósitos de Dios Su pueblo terrenal y por no dividir justamente la palabra de Dios.

Joel también habla del juicio que caerá sobre Egipto en ese día. Isaías también habla del juicio, pero a través de él aprendemos que Egipto se volverá a Dios y el Señor en gracia lo sanará (Isa.19). Judá permanecerá para siempre.

Su pueblo será limpiado. Jehová, nuestro siempre bandito Señor, morará en Sión. El feliz y glorioso estado de la tierra prometida y de toda la tierra durante el milenio es de este modo concisamente declarado. Porque cuando Él reine allí en justicia y paz; la gloria cubrirá la tierra como las aguas cubren el mar. De este modo termina la gran visión de Joel, el h de Petuel. Pueda el ojo de la fe ver estas benditas revelaciones y podamos vivir en anticipación de lo que pronto tendrá lugar.