domingo, 30 de julio de 2023

Los que introdujeron la democracia en el culto

 Caín, Balaam y Coré


“¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré”. (Judas 11)


Dios ha dicho por su Espíritu: “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. (1 Corintios 3:17) Estos tres hombres, Caín, Coré y Balaam, son de significación importante, porque establecieron precedentes dañinos que muchos han imitado, haciendo un gran daño a la Iglesia del Señor.

Caín inventó la religión, Balaam comerció en la religión y Coré cambió el sacerdocio en la religión. El primero popularizó la religión; el segundo enseñó que el fin justifica los medios y que no debe haber escrúpulos para conseguir riquezas por medio de la religión; y el tercero es la estampa elocuente de la soberbia en los religiosos. Estos hombres que actuaron en las dispensaciones pasadas tienen su correspondencia en la formación y desarrollo de la iglesia en todos los tiempos.

Caín mató a su hermano por envidia; los judíos entregaron al Señor a la muerte por envidia. (Marcos 15:9-16, 1 Juan 3:1) En toda la trayectoria de la iglesia ha habido persecución contra los justos, que son los que viven en una regla de vida de acuerdo a la palabra de Dios, y que, siendo justificados por la fe en Cristo, se consagran a su servicio. Entonces los que siguen el camino de Caín y practican la religión popular sienten envidia de no poder llevar una vida santa como la de los creyentes. Se declaran enemigos voluntarios, discutiendo unos, burlándose otros, y arremetiendo contra todos. La historia de los religiosos es elocuente.

 

Caín es el hombre a quien corresponde muy bien la inventiva de “religión” en el mundo, pues al principio no había diferencia ni divisiones. “Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová”. (Génesis 4:26) Hasta aquí, aquéllos practicaban su devoción como se les había transmitido Adán y Eva; pero a Caín se le ocurrió cambiar el orden divino por una forma más agradable a los ojos y sentidos humanos: una forma, pero sin regla: `Dios ha hecho el hombre libre, podemos vivir como nos da la gana, y con una ofrenda atractiva podemos propiciar a desagraviar a Dios´.

A los malos, el recurso que siempre les ha quedado es el de la imitación; ellos saben que “el justo no será removido jamás”. (Proverbios 10:30) Así Caín se edificó una ciudad y llamó a la ciudad por el nombre de su hijo, pensando con esto perpetuar su nombre y su memoria; eso mismo pensó también Absalón con su columna. (2 Samuel 18:18)

Los descendientes de Caín siguen tradicionalmente su religión. Su “quincanieto” Lamec, estropea el símbolo del vínculo matrimonial, pues es el primero que aparece en la historia con dos mujeres, desacreditando con ellos la santidad figurativa de lo que será Cristo y su Iglesia. Como la religión es tolerante y permisiva, aun para el pecado más abominable, se presta como mampara para mitigar los escrúpulos de conciencia. Así, Lamec, siguiendo el camino de Caín, un día mató a un hombre, y su religión apagó los dardos de su conciencia, improvisando un rezo en parodia de la presencia de Dios para con Caín. “Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces lo será”. (Génesis 4:23,24)

Un “sextanieto” de Caín se llamó Jubal, y para esta fecha el camino de Caín ya estaba bien establecido. Caín ya estaba viejo, época en la que se vive de recuerdos; hasta es posible que empezara a repetir muchas veces la historia de su juventud. Pero se acercaba su fin, y un granito de arena le molestaba en el zapato de su conciencia al recordar el día cuando rechazó la redención por fe en la sangre derramada, cuando su orgullo natural fue atizado por el diablo, y se decía: `Dios me hizo, y por eso debe aceptar lo que yo ofrezco. Dios me trajo al mundo, y sabe lo que debe hacer conmigo. Dios me ha guardado, y puede llevarme al cielo´.

Ahora, estos paliativos no satisfacen la conciencia de Caín. “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. (Génesis 4:10) Cuando estos pensamientos acosaban a Caín, apareció su hijo Jubal con un instrumento músico de su invención. (Génesis 4:21) Luego que empezó a tocar sus instrumentos, Caín se distraía, se sentía mejor, como Saúl cuando “David tomaba el arpa y tocaba con su mano”. (1 Samuel 16:23)

En Génesis capítulo 4 se describe la oportunidad de salvación despreciada por Caín; en Hebreos 11:4 hallamos el sacrificio incruento ofrecido por Caín; en 1 Juan 3:12 leemos de las obras perversas de Caín; y en Judas 11 miramos el camino extraviado que enseñó Caín.

El creyente carnal no puede sentir ningún gozo en el culto racional guiado por el Espíritu, sin música, sin acompañamiento, sin coros, sin pastores ni ceremonias; esto es muy simple para los sensuales. Una asamblea sin organización directiva no llama la atención, y una campaña sin programa y propaganda es un fracaso; esto es para los que buscan la satisfacción de los sentidos solamente.

El camino de Caín tiene sus estatutos, a saber: `La salvación es por buenas obras para gloriarse en ellas; lo emocional por levantar la mano, firmar una tarjeta, o doblar la rodilla en oración. Se puede acreditar el reino de los cielos por ser bautizado cuando niño, o por la imposición de las manos de un pastor. Se puede ser miembro de la iglesia para dar sus ofrendas y desempeñar su ministerio, aunque se viva en bigamia por la comedia del divorcio, como los católicos y protestantes, o vivir en poligamia como los mormones.

En fin, la apostasía empezó con el camino de Caín desde el principio del mundo.

 

Balaam estaba dispuesto a maldecir al pueblo de Israel a cambio de dinero que le ofrecía Balac, rey de Moab. Él no maldijo porque Dios se lo impidió, pero enseñó a los moabitas la manera cómo debían tentar a Israel, con el fin de levantar a Dios en contra de su pueblo. (Apocalipsis 2:14, Números 31:15,16, 25:4-9) Simón el mago quiso comercializar con el don del Espíritu Santo, como está escrito: “Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero (Hechos 8:18), y de haberlo logrado también hubiera sido canal de maldición para el pueblo como lo fue Juan Tetzel con su venta de indulgencias, de tal manera errada y absurda que un portavoz de esa doctrina declaró recientemente: “Yo bien podría morir en los brazos de una mujer pública, y de allí ir derechito al cielo”. La proposición de Simón el mago sublevó el espíritu de Pedro, quien le dijo: “Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene por dinero”. (Hechos 8:19-23) Igualmente, el negocio de Tetzel irritó de tal modo el espíritu de Lutero que dio principio a la Reforma, clavando él sus noventa y cinco tesis a la puerta de la catedral de Wittemberg.

Es posible que a solas Balaam se gloriaría de que, si no maldijo al pueblo, enseñó cómo lo haría caer, para que Dios en su enojo lo maldijera como castigo. Esa ha sido siempre la táctica del diablo: presentar la codicia atractiva, para que el mandamiento mate sin misericordia. (Romanos 7:11) ¡Cuántos hermanos hay que ven sólo la rosa y son ciegos a las espinas! Se juntan en yugo desigual; del mundo, usan sus modas en el vestir, en el cabello, en las cejas, con las uñas, en los zapatos. “Es por esto que muchos de ustedes están enfermos y débiles, y también algunos han muerto”. (1 Corintios 11:30 en la Versión Popular) Muchas de las iglesias de Asia no existen porque hicieron levantar a Dios en juicio contra ellas su candelero. La doctrina de ese falso profeta sigue igualita sin variar; toma más influencia a medida que el fin se acerca. (2 Pedro 1-3, 10-22)

 

Coré es la imagen viva del cura Torres Amat. Las notas en la versión de la Biblia de ese sacerdote son una contienda hiriente y contradictoria contra los evangélicos. Para confirmar su herejía, dice una nota: “He aquí, una prueba de que Dios no prohibió absolutamente el hacer imágenes, como dicen los protestantes”. (Números 21:8) “¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré”. (Judas 11)

Coré se anticipó a Jeroboam; de la noche a la mañana ya tenía doscientos cincuenta sacerdotes, y es posible que tuviera listo su programa para introducir innovaciones en el culto. Esos seguidores de Coré son los que “hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en el error”. (2 Pedro 2:12) Estos descendientes de Coré aparecen periódicamente en la iglesia. Vienen con ideas nuevas contra la doctrina enseñada desde el principio; desconocen la autoridad de los ancianos y de los siervos del Señor; y dicen: “Todos somos santos y sacerdotes (Números 16:3), todos tenemos libertad para enseñar y predicar como el Espíritu nos dé que hablemos. Los tales no han bajado a la medida de conocerse a sí mismos.

¡Cuán diferente es el hombre espiritual que puede errar por soberbia y, al reconocer su pecado, se humilla y confiesa como David: “Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre”. (2 Samuel 24:17)

Viviendo por encima del promedio (3)

 Muestras Heroicas de la semejanza a Cristo

William Macdonald


Un apóstol de amor


El joven Robert Chapman fue criado en una familia acaudalada, con una casa lujosa, un equipo de sirvien­tes, y un vehículo que lleva el escudo de la familia en el costado. La familia era religiosa pero no muy sólida en su fe.

Cuando tenía veinte años, un amigo lo invitó a escuchar la prédica de James Harrington Evans. Fue un punto de in­flexión en la vida de Chapman. Se convirtió a Dios en unos pocos días.

Vio en el Nuevo Testamento que los creyentes debían ser bautizados, por lo cual le pidió al Sr. Evans que lo bau­tizara. El predicador cauteloso le dijo: “¿No crees que de­berías esperar un poco y considerar el tema?”

Chapman respondió: “No, creo que debo apresurarme a obedecer el mandamiento del Señor.” Ese espíritu obedien­te y que no se detenía por tonterías lo acompañó a través de la vida.

Aunque se convirtió en un abogado exitoso, sintió que el Señor lo estaba llamando al trabajo cristiano a tiempo completo. No tuvo paz hasta que renunció a todo para se­guir a Cristo. En su caso, dejar “todo” significaba vender sus posesiones, entregar su fortuna, y dar la espalda al sta­tus y prestigio de su práctica legal. Su ambición era traba­jar entre los pobres. Después de todo, “¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2:5). ¿No se les debía predicar el evangelio a los pobres? (Mateo 11:5) ¿Acaso la muchedumbre no oía a Jesús de buena gana? (Marcos 12:37)

Las personas vieron a este joven abogado, alto, de cara sonriente, guiar a una mujer decrépita, pobre y ciega que no tenía a nadie más que la llevara a las reuniones de la iglesia. Cuando llegaron al pasillo juntos, fueron un repro­che viviente para aquellos que, aunque tenían una sana doctrina, eran egoístas y carecían de amor en la práctica.”

Finalmente, Chapman se mudó a una zona marginal en Barnstaple, Inglaterra, para alcanzar a los pobres y despre­ciados. Era un escenario de borrachera, suciedad, ratas de callejón, casas llenas de enfermedades y pobreza. Sin em­bargo, él ministraba a las personas constantemente y siem­pre eran bienvenidos al ir a su hogar.

Él dijo: “Hay muchos que predican de Cristo, pero no son muchos los que viven a Cristo; mi gran objetivo será vivir a Cristo.” Años más tarde, John Nelson Darby dijo: “Él vive lo que yo predico.”

Cuando el abrigo de Chapman se gastó, un amigo cre­yente le dio uno nuevo, pero el donante nunca lo vio usar­lo. Se enteró después que se lo había dado a un hombre po­bre que no tenía uno. Lo que desconcertaba a Robert Chapman era que las personas pensaban que esto era extra­ordinario.

Sus familiares y amigos estaban perplejos por su estilo de vida sacrificial. Uno de ellos decidió visitarlo para ver qué estaba sucediendo. Cuando el taxi paró frente a la casa de Chapman, el familiar regañó al taxista:

“Le dije que me llevara a la casa del Sr. Chapman.”

“Esta es la casa, caballero.”

Una vez adentro, el visitante sorprendido dijo: “Robert, ¿qué estás haciendo aquí?”

“Estoy sirviendo al Señor en el lugar al que Él me mandó.”

“¿Cómo vives? ¿Tienes una cuenta en el banco?”

“Sólo confío en el Señor y le digo todo lo que ne­cesito. Él nunca me falla, y por eso mi fe crece, y la obra continúa.”

El visitante vio que la despensa estaba prácticamente vacía, entonces se ofreció para comprarle algo de comida. Robert le dijo que fuera a un almacén específico. En reali­dad, el dueño de esa tienda había sido amargamente hostil con el Sr. Chapman. Cuando se le dijo al almacenero que llevara ese gran pedido de comida a R.C. Chapman, se sin­tió abrumado. Fue directo a la casa de Chapman con el pe­dido, y, con lágrimas de sincero arrepentimiento, le pidió perdón. Además, aceptó a Cristo como Señor y Salvador.

La hospitalidad se convirtió en una parte importante del ministerio. Chapman compró una casa al otro lado de la calle de la suya, y le pidió al Señor que enviara huéspedes a Su elección. No tenía costo, y a nadie se le preguntaba cuándo pensaba partir. A los huéspedes se les pedía que pusieran sus zapatos y botas fuera de la puerta cada noche. Por la mañana estaban todos lustrados. Era la manera del Sr. Chapman de lavarles los pies de sus huéspedes. Esta hospitalidad fue diseñada para enseñarles a los huéspedes sobre la vida de fe y de servicio hacia el pueblo del Señor. “Había una gran alegría en la mesa, se escuchaban cons­tantemente palabras de sabiduría y gracia; pero no había lugar para la conversación que se degenerara en charlas frí­volas. Era una regla de la casa, que nadie debería hablar mal de una persona ausente, y cualquier infracción a esta regla provocaba una firme pero amable reprimenda.”

La virtud que más distinguía a Robert Chapman era el amor. Uno de los que lo criticaban prometió que nunca más tendría algo que ver con él. Nunca más le hablaría de nuevo. Un día se encontraron caminando por la misma ve­reda, uno al lado del otro. Chapman sabía todo lo que el otro hombre había dicho de él. Pero cuando se encontra­ron, Robert puso sus brazos alrededor del hombre y le dijo:

“Querido hermano, Dios te ama, Jesús te ama, y yo te amo.” El hombre se arrepintió y retomó a la comunión en la iglesia.

Por increíble que parezca, un amigo desde otro país en­vió una carta dirigida simplemente a la siguiente direc­ción: R.C. Chapman, Universidad del Amor, Inglaterra. Y fue entregada.

Al Señor Chapman no le gustaban las divisiones denominacionales en la iglesia, pero amaba a cada hijo verda­dero de Dios, sin importar cuál fuera la afiliación de su iglesia. Cuando una parte de su iglesia quiso separarse y reclamó ser dueña de la propiedad, él estuvo de acuerdo con su demanda. Luego, cuando el gobierno local quiso un predio que Chapman había comprado para una iglesia, lo cedió para la ciudad. Él no iba a llevar estos asuntos ante la justicia, a pesar de sus propias habilidades como abogado. En el manejo de las disputas personales evitaba las accio­nes precipitadas, pero recurría a la oración. Una vez, cuan­do reprendió a J.N. Darby por actuar precipitadamente, Darby defendió su acción diciendo: “Esperamos seis sema­nas.” Chapman respondió: “Nosotros habríamos esperado seis años.”

Chapman llevó una vida disciplinada que incluía el pa­sar tiempo en oración, la lectura de la Palabra, las comi­das, las visitas casa por casa, el alimentar a los hambrien­tos, el ayudar a los desposeídos, el predicar al aire libre y el enseñar la Biblia. Ayunaba los sábados y trabajaba con su tomo, haciendo platos de madera como regalos para otras personas.

Uno de sus biógrafos, Frank Holmes, dijo de él: “En cuanto a una vida santa, carácter sólido, y auto-sacrificio, pocos pueden igualarlo; pero a la vez, era simple y humil­de como un niño. Era un gigante espiritual. Ni una pulgada de su estatura se debió a los métodos camales de los exper­tos en el marketing.”

Cristo les enseñó a sus discípulos que sus vidas debían estar por encima del promedio si querían causar un impac­to para Él. Eso se cumplió en la vida de R.C. Chapman. Uno de sus familiares sentía curiosidad en cuanto a qué ha­cía que Robert siguiera un estilo de vida tan fuera de lo co­mún. Se dio cuenta de que “Chapman era dirigido por una fuerza interior de la que él no tenía conocimiento.” Se pro­puso entonces a encontrar lo que le faltaba. “Le dijo a Chapman muy francamente cuál era su posición. Ambos oraron y estudiaron juntos. El resultado fue que cuando el visitante se fue a su hogar, era un hombre cambiado.”

Para nuestros tiempos sofisticados, con sus trucos y es­trategias manipuladoras, un hombre como Robert Chap­man parece un marciano, alguien de otro mundo. Y es ver­dad. Lo era. Él vivía en “el lugar secreto del Altísimo, bajo la sombra del Omnipotente.” Fue sobre personas como él que A. W. Tozer escribió:

El verdadero hombre espiritual es en reali­dad una rareza. No vive para sí mismo, sino para promover los intereses de Otro. Busca persuadir a las personas para que entreguen to­do a su Señor y no pide ninguna parte o cuota para sí mismo. No se alegra en recibir honra, sino en ver a su Salvador glorificado a los ojos de otros. Su gozo es ver que el Señor sea exal­tado y él sea olvidado.

Encuentra pocos a los que les preocupa ha­blar de lo que es el objetivo supremo de su interés, por esto a menudo está en silencio y preocupado en medio del ruidoso argot reli­gioso. Debido a esto, se gana la reputación de ser aburrido y demasiado serio, entonces se lo evita, y el abismo entre él y el resto de la so­ciedad se ensancha. Busca amigos en cuyas vestiduras pueda detectar el olor de mirra, áloe y casia provenientes de los palacios de marfil, y al encontrar a alguien o a nadie, él, al igual que la María de antaño, mantiene estas cosas en su corazón.

Que podamos hacer de esto nuestra ambición para ser verdaderos creyentes espirituales en nuestra generación.

¿Cómo puedo estudiar la Biblia?

 


¿Cómo puedo estudiar la Biblia?


Nuestro Dios es parco en lo que a milagros se refiere. Habiendo Él hecho al hombre a su imagen (Génesis 1:27), habiendo provisto un perfecto manual de instrucción por medio de la inspiración sobrenatural (2 Pedro 1:21) y habiéndonos dotado con el mejor de los maestros en la persona del Espíritu Santo (Juan 16:13), no esperemos un cuarto milagro para transmitir la verdad de las Escrituras a nuestras mentes. En otras palabras, ¡no hay atajo hacia la espiritualidad! Sólo por el estudio serio y sistemático de la Palabra crecerá el creyente joven en el conocimiento de Dios, y así será capaz de permanecer firme frente a las tormentas de este mundo, la carne y el diablo. Y esto significa trabajo arduo.

            La gente de Berea (Hechos 17:11,12) nos proporcionan un modelo a seguir. Ellos estudiaban las Escrituras con propósito (“escudriñaban”), ardientemente (“con toda solicitud”), regularmente (“cada día”) y fructíferamente (“creyeron muchos de ellos”). ¡No se sugiere aquí que encontraron tedioso o malgastado el tiempo dedicado a la Palabra! Si nos acercamos al Libro de Dios en expectativa humilde, nunca seremos desilusionados. Al contrario, diremos que, como el salmista, “He regocijado en tu palabra como el que haya muchos despojos” (Salmo 119:162).

            Desde luego, si estamos decididos y predispuestos a aburrirnos, seremos aburridos. “Cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él [una persona]” Proverbios 23:7. Pero no es necesario. ¿Qué puede ser más apasionante que ocupar nuestras mentes con la verdad infalible del Dios vivo? ¿Qué puede ser más importante y trascendente? Para vivir con gozo en el mundo de Dios, hemos de vivir por la Palabra de Dios.

¿Cómo, entonces, puede el cristiano joven estudiar la Biblia? Ofrecemos sugerencias:

 

Ayudas al estudio 

Las ayudas más sencillas son las mejores. En vez de recomendar un sinfín de comentarios, déjenos enumerar aquellas herramientas con las cuales cualquier creyente puede desentrañar los tesoros de la Palabra de Dios. Primero, se requiere una buena versión de la Biblia. La Reina-Valera Revisión de 1960 es tan buena como cualquiera [y considerablemente mejor que la mayoría]. De todos modos, consulta otras, pero asegúrate siempre que su texto básico sea una traducción confiable. Segundo, cuenta con cuaderno y bolígrafo, porque es importante tomar nota de lo que el Señor te enseñe para tu estímulo en el futuro. Moisés en Éxodo 17:14 es un ejemplo de esto, interesante por ser la primera mención de trascripción de las Escrituras.

            Tercero, una concordancia es esencial […]. Nos referimos a la obra original y no a la condensación de la misma, o de otras, que viene encuadernadas en muchas ediciones de la Biblia. Y, no desdeñes las referencias marginales de tu Biblia; te conducirán a pasajes paralelos y versículos relacionados con la porción que te interesa.

            Todo esto, naturalmente, lleva su tiempo, pero es tiempo bien empleado (Efesios 5:16). Sabes, el estudio auténtico de la Biblia es costoso. Al joven que dijo, “Yo daría el mundo por entender la Biblia como usted la conoce,” Harold St. John respondió, “Es exactamente lo que a mí me ha costado”,

 

Acceso al estudio  

El descubrimiento del sepulcro vacío en Juan 20 ilustra el acceso ideal a las Escrituras. En los versículos 5 al 8 el verbo “ver” figura tres veces en la Versión de 1960 pero en realidad expresa tres vocablos diferentes en el griego original. Esto nos sugiere pasos clave a dar en el estudio de la Biblia.

 

1. Confrontación        La palabra “vio” en v. 5 significa simplemente darse cuenta, o notar. Juan tuvo que agacharse y entrar a la tumba para darse cuenta de lo acontecido. Y nosotros debemos abrir la Palabra de Dios sumisamente si queremos que su verdad, capaz de transformarse en vida, nos impacte. Haz tuya la oración de Salmo 119:18: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley”, La lectura consecutiva desde Génesis a Apocalipsis es indispensable, ¡y sin pasar por alto los pasajes difíciles!

Para llegar a dominar un libro en particular, léelo una y otra vez hasta que tu mente esté saturada de él. No puede haber sustituto para la Biblia misma. La facilidad con que disponemos de tanta literatura cristiana hoy en día nos tienta a leer libros en vez de la fuente y origen de ellos, las Sagradas Escrituras. Deuteronomio 11:18 al 21 es un desafiante recordatorio del lugar que la Palabra de Dios en su entereza debe ocupar en nuestras vidas.

2. Observación           “Vio” en vv. 6,7 quiere decir ver, reparando en los detalles. Pedro observa la disposición de las vendas dentro del sepulcro, cosa que de demanda más que una mirada pasiva. Para aprovechar las Escrituras al máximo, debemos leerlas seria y concienzudamente, y lentamente a la vez. Dios no revela su voluntad a aquellos que tratan su Palabra con prisa y poca atención. El estudio concienzudo significa “que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15), lo que incluye entre otras cosas la debida atención respecto al contexto (por ejemplo, el contexto de esos célebres y predilectos versículos en Filipenses 4:7,19), el sentido común (identificando el lenguaje figurativo en, vamos a decir, Mateo 23:14) y comparación (muchas veces un versículo difícil se explica en un pasaje paralelo o relacionado al tema). Observa cuidadosamente ¾ este Libro demanda una concentración total.

3.  Interpretación       “Vio” en v. 8 equivale a discernir. Esto es, descifrar el significado de aquello que se ve. Juan interpreta correctamente la colocación ordenada de aquellas vendas como una evidencia de la resurrección del Señor. Y cuando leemos la Palabra, hemos de estar alerta para obtener el significado correcto. Una comprensión del propósito global y la estructura de cada libro nos protegerá de un buen número de errores de interpretación.

4.  Aplicación En v. 8 Juan cree lo que ve. Todas las Escrituras han de ser creídas y, en lo que a nosotros se refiere, obedecidas. De hecho, la sola lectura de ellas fortalecerá nuestra fe (Romanos 10:17). Bengel dice, “Aplícate tú mismo enteramente a las Escrituras y aplica las Escrituras completamente a ti mismo”. En última instancia la meta del estudio de la Biblia no es el saciar nuestra curiosidad, sino el modelar nuestras vidas para Dios. Como la profecía en el Nuevo Testamento, es para edificación (doctrina, para la mente), exhortación (obligación, para las manos) y consolación (devoción, para el corazón” (1 Corintios 16:3). ¿El estudio de la Palabra está surtiendo una influencia real en mi vida? Si no, algo está mal en el fondo.

El tiempo es poco. Repasemos y recordemos nuestras prioridades para invertir nuestro tiempo, talento y energía en el estudio de la Palabra de Dios. Al fin y al cabo, sólo esto contará para la eternidad.

DAR GRACIAS EN TODO

 


Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. (Lamentaciones 3:22-23)

Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Sesos Jesucristo. (Efesios 5:20)


Si estás triste y deprimido, ¡trata de dar gracias! Si estás desanimado y te sientes molesto, ¡trata de alabar! ¿Alabar y agradecer por qué? Bueno, ¿te ha dejado Dios en tal miseria que ya no hay más bendiciones ni recursos de su parte por los cuales estar agradecido? En Lamentaciones 3 vemos la gran angustia del profeta a medida que enumera todos sus dolores: "Me dejó en oscuridad ... me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas; aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración; cercó mis caminos con piedra labrada, torció mis senderos ... me dejó desolado" (vv. 6-9, 11). Leemos más de treinta quejas acerca de sus circunstancias desesperadas, y finaliza con estas tristes palabras: "Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová" (v. 18). Luego, de repente, todos sus pensamientos se dirigen hacia Dios, y comienza a hablar de una forma completamente diferente: "Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto, esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré" (vv. 21-24). Así es cuando nos dirigimos a Dios. Nos damos cuenta que siempre habrá muchas razones por las que agradecerle. Lleva tus problemas y tristezas al Señor. Háblale acerca de todo lo que te deprime y desanima. Cuéntale todo, pero no dejes de darle las gracias por todas las bendiciones que has recibido de Él y por la felicidad de tenerlo a Él. Dios se interesa personalmente en ti como tu Padre, así que puedes ir a Él con toda confianza. "Dad gracias en todo" (1 Ts. 5:18).

E. C. Hadley

El Señor está Cerca

MUJERES DE FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO (19)




 La Viuda de Serepta

Ahora conozco que… la palabra de Jehová es verdad” (1 Reyes 17:24).

La historia está en 1 Reyes 17 y Lucas 4.26.


“Te ruego que me traigas también un bocado de pan”, le dijo el hombre a la viuda pobre que estaba recogiendo leña a la puerta de la ciudad de Sarepta. Primero había pedido agua para tomar y cuando ella fue a buscar agua de la poca que tenía guardada, él le pidió pan también.

Aunque era la primera vez que ella veía a ese hombre, le contestó: “Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo”. Llorando, dijo en voz baja que ésta sería su última comida antes de morir de hambre.

Lo que pasó con esta viuda sucedió durante un período de decadencia, cuando el rey Acab y su esposa Jezabel introdujeron la idolatría en Israel. Como dice la Escritura: “Acab... hizo lo malo... más que todos los que reinaron antes de él” (1 Reyes 16.30). Elías fue el profeta enviado por Dios a pronunciar juicio sobre la nación con el fin de restaurarlos. Lo primero que hizo fue presentarse delante del rey y anunciar que no iba a llover por tres años y medio. Entonces hubo sequía en todo el país y luego una gran hambre.

En obediencia a Dios, Elías fue primero al arroyo de Querit donde los cuervos le llevaron pan y carne para comer. Cuando se secó el arroyo, el profeta fue lejos a Sarepta, un pueblo en Sidón, el país de la malvada Jezebel, esposa de Acab y enemiga de Elías.

Guiado por el Señor, el profeta llegó a la puerta del pueblo, vio a una mujer recogiendo leña y le dijo: “Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba”. La mujer miró a aquel hombre extraño que llevaba puesto un manto de piel con un cinturón de cuero, y luego fue a buscarle agua. Él le dijo: “No tengas temor... hazme a mí primero una pequeña torta... y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover”.

La pobre mujer se detuvo un momento. Cuánto le iba a costar hacer lo que él decía, pero percibiendo que era un varón de Dios, obedeció. Como resultado, Elías, la viuda y el hijo de ella recibieron diariamente, según la buena mano de Dios, la provisión de comida que necesitaban durante todo el tiempo de hambre. (Elías ocupó un cuarto en el piso superior de la casa de la mujer).

Todas las bendiciones futuras para esa viuda dependieron de la manera en que ella respondió a la petición. Elías dijo: “Hazme a mí primero”. La palabra “primero” implica que habría más, y él dijo: “después harás para ti y para tu hijo”.

El apóstol Pablo escribió a la iglesia en Corinto: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo”, como una ofrenda (1 Corintios 16.2). El Señor Jesucristo dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios” (Mateo 6.33). Lo primero de todo lo que tenemos debe ser para el Señor.

Un tiempo después de que la viuda mostrara su fe en Dios, fue severamente probada otra vez. Su hijo se enfermó y murió repentinamente. Sospechando que su muerte había sido ordenada por Elías a causa de algún pecado que ella había cometido, la pobre mujer le preguntó: ¿Qué tiene usted contra mí, que está matando a mi hijo y recordándome mi pecado?

“Dame acá tu hijo”, dijo Elías, y al tomar el niño muerto, lo llevó a su cuarto, y lo extendió sobre su cama. Clamando a Dios, dijo: “Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir a su hijo?” Luego se tendió sobre el muerto tres veces y oró. El Señor oyó su ruego y el muchacho volvió a vivir. Elías lo llevó a la planta baja y se lo entregó a la madre. Como resultado, la mujer expresó su confesión de fe a Elías: “Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca”.

Muchos años después el Señor Jesucristo, hablando a la gente en su pueblo de Nazaret, hizo referencia a la viuda de Sarepta. Él dijo que había muchas viudas en Israel, pero esta mujer gentil fue la única que creyó las palabras del profeta y vio el gran poder de Dios obrando por medio de él para suplir sus necesidades.

Vemos que la mujer fue probada dos veces y la primera vez tuvo que decidir y actuar. De su decisión dependía su bienestar para su necesidad en el presente. Pero cuando murió su niño, la pobre mujer perdió la esperanza de tener un hijo que pudiera ayudarla en el futuro, y nada podía hacer para mejorar la situación. Así sucede en nuestras vidas, a menudo tenemos que escoger lo que debemos hacer en el presente y podemos hacerlo según la voluntad del Señor. Pero en otras ocasiones se presentan circunstancias fuera de nuestro control.

Entonces, el único recurso es lo que hallamos en la Palabra de Dios: “Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo” (Salmo 55.22). El Dios de la viuda de Sarepta es nuestro Dios también.

Figuras de Cristo (19)

 El velo, el arca y el propiciatorio (Éxodo 26:31-32;25:10-22; 37:1-9)

W.A. Deans

Un velo dividía las dos partes del Tabernáculo. Estaba hecho de lino fino y tenía figuras de ángeles hechas con hilos azul, púrpura y escarlata, Éxodo 26:31,32.

Solamente el Sumo Sacerdote podía entrar al lugar santísimo una vez en el año, en el día de la expiación. En esa ocasión, él tenía que rociar sangre sobre el propiciatorio. Esta sangre era por sí mismo y por los pecados de todo el pueblo, Hebreos 9:6,7.

Muchos años después, los israelitas vivieron en la tierra de Canaán y construyeron el templo en lugar del tabernáculo. En ese tiempo ellos ya no eran peregrinos por el desierto y no tenían que trasladar el tabernáculo de un lugar a otro. El velo dividía el Lugar Santo del Santísimo en el templo, lo mismo que en el tabernáculo. Nadie podía entrar en el Lugar Santísimo, excepto el Sumo Sacerdote.

Pero cuando el Señor Jesús murió en la cruz, el velo del templo se rompió en dos partes de arriba a abajo. Ahora, el camino está abierto para que los creyentes se acerquen a Dios. Desde que Cristo murió no hay nada que impida acer­carse. Hoy tenemos completa libertad para entrar al Lugar Santísimo por medio de la muerte del Señor Jesucristo. Él ha abierto para nosotros un camino nuevo, un camino vivo, a través de su propio cuerpo. El velo se rompió y su cuerpo fue muerto. Él es el Gran Sumo Sacerdote en la casa de Dios. Así que podemos acercarnos a Dios con corazones sinceros y con la seguridad de que hemos sido limpios de una conciencia culpable, Hebreos 10:19-22.

Volvamos ahora a pensar en el tabernáculo en el desierto. El arca estaba en el Lugar Santísimo y en la cubierta del arca estaba el propiciatorio, Éxodo 25:10-12.

El arca era de madera de acacia y estaba cubierta de oro por dentro y por fuera. Medía tres cuartos de metro de alto y tenía cuatro argollas, una en cada esquina. Los sacerdotes ponían dos varas cubiertas de oro a través de esas argollas y cargaban el arca cuando el pueblo se trasladaba de un lugar a otro.

La cubierta del arca era de oro puro. De la misma pieza de oro los trabajadores hicieron las figuras de dos querubines que se enfrentaban uno al otro en la cubierta. Entre ellos el Sumo Sacerdote colocaba la sangre del sacrificio del altar de bronce. Esta cubierta se llamaba el Propiciatorio.

 


Había tres cosas sobre el arca. Los versículos 3 y 4 de Hebreos 9 nos dicen que contenía, primero, la urna de oro con el maná; segundo, la vara de Aarón que reverdeció y tercero, las tablas de piedra con las palabras proféticas escritas en ellas. La urna de oro contenía maná que los israelitas comieron en el desierto. Este maná no se pudrió. Esto recordaba a Israel, que Dios los alimentó fielmente cuando estuvo en el desierto. Para nosotros, el maná es una figura de Cristo, el Pan de Vida, Juan 6:31-35; 50 y 51.

La vara de Aarón que reverdeció, Números 17:5-11 estaba en el arca para recordar a Israel el pecado del pueblo, Números 16. Dios castigó a los rebeldes que habían tratado de convertirse en sacerdotes. El dijo a Moisés que pusiera doce varas secas, una por cada tribu dentro del tabernáculo por la tarde, para que Dios mostrara a cuál había escogido para que fuera su sacerdote. Por la mañana, solamente la vara de Aarón tenía signos de vida, había empezado a crecer. Podemos ver en esta vara una figura de Cristo, que murió y recibió vida de nuevo y trajo fruto cuando fue levantado de la muerte, Juan 12:24.

Las tablas de piedra estaban en el arca en el tabernáculo y en el templo, pero el maná y la vara de Aarón solamente estuvieron en el tabernáculo. Las tablas de piedra per­manecieron para mostrar que la ley de Dios no pasará nun­ca. El Señor Jesucristo no vino para destruir la ley, sino para cumplirla, Mateo 5:17.

El propiciatorio de oro puro muestra cómo puede un hom­bre enco ntrar a Dios. La sangre del sacrificio se ponía sobre el propiciatorio. Dios puede tener comunión con los hombres por medio del Señor Jesucristo, quien soportó la ira de Dios y derramó su sangre por nosotros.

Los querubines de oro que estaban sobre el propiciatorio, no tenían espadas de juicio como aquellos que guardaron el Huerto del Edén, después de que Adán y Eva pecaron y tuvieron que dejar el Huerto. Estos querubines miraban la sangre sobre el propiciatorio. Los hombres han infringido la ley de Dios, pero ahora, esta ley ha sido puesta bajo la sangre de redención, la sangre del sacrificio y los pecadores pueden obtener paz con Dios.

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2.1 al 10: Vida nueva y creación nueva


¡Qué triunfo es la vida de entre los muertos! El gran poder de Dios realizó no sólo la resurrección de Cristo, sino también una vida nueva para nosotros. Estábamos muertos; muertos para Dios, del todo insensibles a sus derechos sobre nosotros, 2.1. Desde luego, teníamos buena respuesta a las insinuaciones sutiles de Satanás que gobiernan a los hombres de este mundo.

Esto, dice Pablo, era el caso con el judío y el gentil. Éramos todos hijos caracterizados por desobediencia, y por esto hijos que provocaban la ira de Dios, 2.2,3.

Pero Dios ha actuado. Considérese su gran amor con que nos ha amado; reflexione en las abundantes riquezas de su gracia hacia nosotros. Por gracia, el favor inmerecido de Dios, hemos sido salvos. “Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”.

La salvación de nuestros pecados es un proceso diario a medida que vayamos velando y orando y nuestro Señor intercede por nosotros. Él “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”, Hebreos 7.25. La salvación de la presencia del pecado es futura. “Ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos”, Romanos 13.11. Pero ya hemos sido salvos del castigo eterno de nuestros pecados. Podemos decir que “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”, Tito 3.5.

Dios ha actuado de tal manera que en los siglos venideros podrá desplegar las incomparables riquezas de su gracia hacia nosotros. Somos hechura suya, una creación nueva. No nos podemos atrever a jactarnos secretamente, ni estar satisfechos, en cuanto a nuestros esfuerzos. “No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová …”, Jeremías 9.23,24. Así como el elogio para una buena obra va al artesano que la hizo, también la alabanza para la obra de Dios en nosotros es exclusivamente suya.

Pero Dios tiene también un propósito presente. Somos creados de nuevo para andar, caminando paso a paso a lo largo de la vida, en una senda de buenas obras. Existimos para hacer conocer el carácter de Dios quien es bueno y hace lo bueno, siguiendo en las pisadas de Aquel que andaba haciendo bienes. Debemos hacer bien a todos, especialmente a los que son de la familia de los creyentes, Gálatas 6.10.

Dios ha designado nuestras buenas obras: dar a los necesitados, visitar a los enfermos, practicar la hospitalidad. Oremos que a diario estemos preparados para toda buena obra; digamos como el rey David, “: ¿No ha quedado nadie … a quien haga yo misericordia de Dios?” 2 Samuel 9.3. “Recuérdales”, escribió Pablo, “que estén dispuestos a toda buena obra”, Tito 3.1.

Dios “nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”, Efesios 2.5,6.

K.T.C. Morris