Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos. Isaías 53:12
El Señor Jesucristo sufrió y murió en la cruz,
pero Dios lo resucitó al tercer día y le dio la posición más elevada que puede
existir. Esta posición se menciona varias veces en el Nuevo Testamento:
En Efesios, aprendemos
que el propósito de Dios es exaltar a Cristo. En el capítulo 1, leemos que el
beneplácito de Dios es “reunir todas las cosas en Cristo… las que están en los
cielos, como las que están en la tierra” (Ef. 1:9–10). De acuerdo con ese
propósito, Dios lo hizo sentar “a su diestra en los lugares celestiales, sobre
todo principado y autoridad y poder y señorío” (Ef. 1:20–22).
EnColosenses, vemos que
la gloria de su Persona requiere este lugar exaltado. Si él es “la imagen del
Dios invisible, el primogénito de toda creación”, si es aquel por quien todas
las cosas fueron creadas, aquel que es antes de todas las cosas y por quien
todas las cosas subsisten, entonces es necesario “que en todo tenga la
preeminencia” (Col. 1:15–18).
En Filipenses, su
gracia y su profunda humillación le aseguran este lugar exaltado. “Se despojó a
sí mismo… y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios
también le exaltó hasta lo sumo…” (Fil. 2:7–9).
En Hebreos, vemos que
sus sufrimientos lo prepararon para su exaltación. “Convenía” a Aquel que fue puesto,
sobre todo, y coronado de gloria y de honra, ser “perfeccionado por
aflicciones” (He. 2:7–10).
En 1 Pedro, la
exaltación de Cristo es el testimonio que Dios da por el precio que él tiene
ante sus ojos. La piedra que los hombres rechazaron es “escogida y preciosa”
para Dios. (véase 1 P. 2:4–7).
En Juan, el Señor Jesús
declara que sus sufrimientos y su muerte son el camino necesario de su
exaltación, para que otros puedan tener parte en la bendición y en la gloria
que le están unidas. “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda
solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Jn. 12:23–24).

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