sábado, 25 de julio de 2026

La visita más estupenda de los siglos

 

El Señor Jesucristo sentado


Se pueden aprender lecciones sencillas pero útiles de las cinco ocasiones mencionadas a continuación cuando se nos presenta al Señor sentado.


1. Sentado para enseñar

Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba. Mateo 5.1,2

El hecho de que El haya subido al monte para instruir a los suyos nos sugiere la necesidad de alejarnos del tumulto y los quehaceres cotidianos con el fin de ocupar la mente en las cosas celestiales de la Palabra de Dios. El que dijo, “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí”, todavía está enseñando a los suyos por medio del ministerio del Espíritu Santo y la Palabra.

Al referirse a la manera de ser del mundo gentil, el apóstol Pablo recordó a los creyentes de Éfeso que ellos no habían aprendido así a Cristo, “si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús”. Discernimos en este pasaje que lo que Cristo enseña no es apenas teórico sino muy aplicable, y produce una diferencia inequívoca entre el andar del creyente y el que no lo es.

El hecho de que el Señor Jesús se haya sentado nos haría recordar que Él se adaptó a la capacidad de sus oyentes. El habló con autoridad, pero a la vez habló en el lenguaje y los términos que todos podrían entender, ya que la gente común le oía de buena gana. Su método de enseñanza sería muchas veces al estilo de cómo deben ser nuestros estudios bíblicos, con preguntas y respuestas.

Un estudio bíblico puede ser muy provechoso cuando hay ejercicio e interés de parte de los que enseñan y de los que están deseosos de aprender.

2. Sentado para adorar

Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Lucas 22.14,15

Probablemente éste fue el último breve descanso para él antes de que manos tiernas quitaran su cuerpo santo de la cruz para ponerlo en una tumba nueva. El recibe aquí el lugar que le correspondió, como anfitrión en la institución de la Cena. Él fue y es ejemplo para nosotros en la puntualidad, sentándose “cuando era la hora”.

Le vemos cual Señor de los suyos, el centro y objeto de su reunión, y la base de su comunión. Hoy en día, al cabo de 1900 años, tenemos todavía el privilegio de hacer memoria de él de la misma manera sencilla y humilde:

A tu palabra, mi Señor, humilde vengo aquí, y en esta fiesta con amor, memoria haré de ti.

Cuando El preside, podemos esperar que haya puntualidad, reposo, orden, separación y verdadera adoración.

3. Sentado para interceder

Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Hebreos 1.3

Él está allí como Autor y Consumador de la fe. La diestra da a entender que todo poder y autoridad le han sido encomendados, y Él está sobre el trono de la gracia como nuestro sumo sacerdote que traspasó los cielos, 4.14 al 16.

En este sacerdocio inalterable, Él puede compadecerse de nuestras debilidades, y “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”, 7.25. En él hay la plenitud de poder con Dios y con los hombres. El Padre mismo le mandó sentarse allí, “hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”, y es esto lo que llena de consuelo y confianza en todo tiempo el corazón de los creyentes cansados y sufridos.

4. Sentado para refinar

Se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. Malaquías 3.3

Este día de juicio se refiere primeramente a Leví, Judá y Jerusalén, y se realizará en el futuro. Pero el pasaje nos revela un aspecto importante del ministerio que el Señor realiza actualmente a favor de los suyos. Tal como la vid requiere ser podada para que lleve más fruto, así la plata que es nuestra fe tiene que pasar por el fuego del refinador para que sea quitada la escoria; “... para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza”, 1 Pedro 1.7.

El horno de Nabucodonosor sólo pudo soltar los amarres de aquellos tres hebreos, sin quemar las puntas de su cabello, y así el fuego de la persecución y aflicción es, en los propósitos soberanos de Dios, para librar el cristiano de las cosas del mundo que le encierran. “Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”, Romanos 8.28.

Cierta señora cristiana le preguntó a un platero si realmente hacía falta que él se sentara a mirar mientras se fundía la plata. El afirmó que sí, porque había el peligro que la plata se dañara al no haber quien cuidara el proceso; por esto él quitaba la escoria poco a poco, hasta ver reflejada su imagen en el metal

Es un gran consuelo al hijo de Dios saber que cuando él pasa por la prueba, el Señor está sentado cerca “para afinar y limpiar la plata”, y que no nos quitará la vista hasta que su propósito sea realizado. “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”, 1 Corintios 10.13.

5. Sentado para reinar

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3.21

Cristo no sólo está sentado aquí como vencedor, sino que promete exaltar en el futuro a su trono a aquellos que vencen también mientras estén en la tierra. Este es su último llamado a la Iglesia en los días finales de su decadencia terrenal. Va dirigido a individuos, a personas que tienen oído para oír lo que el Espíritu está diciendo.

Para los que son fieles testigos del Señor en su ausencia, les espera un gran futuro: “Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él”, 2 Timoteo 2.11. Durante el poco tiempo que vamos a estar aquí, que seamos estimulados de corazón hacia amor y devoción a su nombre, sabiendo que El llamará los suyos a sentarse con él en su trono.

Santiago Saword


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