El Señor Jesucristo
sentado
Se pueden aprender lecciones sencillas pero útiles
de las cinco ocasiones mencionadas a continuación cuando se nos presenta al
Señor sentado.
1. Sentado para enseñar
Viendo la multitud, subió al monte; y
sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba. Mateo 5.1,2
El hecho de que El
haya subido al monte para instruir a los suyos nos sugiere la necesidad de
alejarnos del tumulto y los quehaceres cotidianos con el fin de ocupar la mente
en las cosas celestiales de la Palabra de Dios. El que dijo, “Llevad mi yugo
sobre vosotros, y aprended de mí”, todavía está enseñando a los suyos por medio
del ministerio del Espíritu Santo y la Palabra.
Al referirse a la
manera de ser del mundo gentil, el apóstol Pablo recordó a los creyentes de Éfeso
que ellos no habían aprendido así a Cristo, “si en verdad le habéis oído, y
habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús”.
Discernimos en este pasaje que lo que Cristo enseña no es apenas teórico sino
muy aplicable, y produce una diferencia inequívoca entre el andar del creyente
y el que no lo es.
El hecho de que el
Señor Jesús se haya sentado nos haría recordar que Él se adaptó a la capacidad
de sus oyentes. El habló con autoridad, pero a la vez habló en el lenguaje y
los términos que todos podrían entender, ya que la gente común le oía de buena
gana. Su método de enseñanza sería muchas veces al estilo de cómo deben ser
nuestros estudios bíblicos, con preguntas y respuestas.
Un estudio bíblico puede ser muy provechoso cuando
hay ejercicio e interés de parte de los que enseñan y de los que están deseosos
de aprender.
2. Sentado para adorar
Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les
dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Lucas 22.14,15
Probablemente éste fue
el último breve descanso para él antes de que manos tiernas quitaran su cuerpo
santo de la cruz para ponerlo en una tumba nueva. El recibe aquí el lugar que
le correspondió, como anfitrión en la institución de la Cena. Él fue y es
ejemplo para nosotros en la puntualidad, sentándose “cuando era la hora”.
Le vemos cual Señor de los suyos, el centro y
objeto de su reunión, y la base de su comunión. Hoy en día, al cabo de 1900
años, tenemos todavía el privilegio de hacer memoria de él de la misma manera
sencilla y humilde:
A tu palabra, mi Señor,
humilde vengo aquí, y en esta fiesta con amor, memoria haré de ti.
Cuando El preside, podemos esperar que haya
puntualidad, reposo, orden, separación y verdadera adoración.
3. Sentado para
interceder
Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí
mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Hebreos 1.3
Él está allí como
Autor y Consumador de la fe. La diestra da a entender que todo poder y
autoridad le han sido encomendados, y Él está sobre el trono de la gracia como
nuestro sumo sacerdote que traspasó los cielos, 4.14 al 16.
En este sacerdocio inalterable, Él puede
compadecerse de nuestras debilidades, y “puede también salvar perpetuamente a
los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”,
7.25. En él hay la plenitud de poder con Dios y con los hombres. El Padre mismo
le mandó sentarse allí, “hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus
pies”, y es esto lo que llena de consuelo y confianza en todo tiempo el corazón
de los creyentes cansados y sufridos.
4. Sentado para refinar
Se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos
de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en
justicia. Malaquías
3.3
Este día de juicio se refiere primeramente a Leví,
Judá y Jerusalén, y se realizará en el futuro. Pero el pasaje nos revela un
aspecto importante del ministerio que el Señor realiza actualmente a favor de
los suyos. Tal como la vid requiere ser podada para que lleve más fruto, así la
plata que es nuestra fe tiene que pasar por el fuego del refinador para que sea
quitada la escoria; “... para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más
preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada
en alabanza”, 1 Pedro 1.7.
El horno de Nabucodonosor sólo pudo soltar los
amarres de aquellos tres hebreos, sin quemar las puntas de su cabello, y así el
fuego de la persecución y aflicción es, en los propósitos soberanos de Dios,
para librar el cristiano de las cosas del mundo que le encierran. “Sabemos que
a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”, Romanos 8.28.
Cierta señora
cristiana le preguntó a un platero si realmente hacía falta que él se sentara a
mirar mientras se fundía la plata. El afirmó que sí, porque había el peligro
que la plata se dañara al no haber quien cuidara el proceso; por esto él
quitaba la escoria poco a poco, hasta ver reflejada su imagen en el metal
Es un gran consuelo al hijo de Dios saber que
cuando él pasa por la prueba, el Señor está sentado cerca “para afinar y
limpiar la plata”, y que no nos quitará la vista hasta que su propósito sea
realizado. “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis
resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que
podáis soportar”, 1 Corintios 10.13.
5. Sentado para reinar
Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como
yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3.21
Cristo no sólo está
sentado aquí como vencedor, sino que promete exaltar en el futuro a su trono a
aquellos que vencen también mientras estén en la tierra. Este es su último
llamado a la Iglesia en los días finales de su decadencia terrenal. Va dirigido
a individuos, a personas que tienen oído para oír lo que el Espíritu está
diciendo.
Santiago Saword
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