"Y llamarás su
nombre Emmanuel, que, declarado, es: Dios con nosotros" (Mateo 1:23).
Cuando el anuncio tomó realidad, cuando el
Verbo de Dios fue hecho carne, cuando vino el Emmanuel prometido -- Dios con
nosotros— tendióse entonces el puente sobre el abismo de separación. La
mediación redentora estaba realizada. El eslabón divino fue unido a la cadena
rota. Dios ofrecía al hombre el medio para obtener la reconciliación. “Porque
de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia”.
Consideremos, pues, la grata significación del
Dios humanado y el de Dios en la vida del hombre. Lo primero, extracto
maravillosa Cristología, y lo segundo, obtención del resultado positivo de la
vida cristiana en el mundo. Vivimos hoy día en un mundo saturado de toda clase
de crisis, de subversión de valores, fascinado totalmente por los adelantos
científicos y técnicos. Conforme esa manera de vivir va ganando terreno y
corazones, el hombre moderno está
La gran trascendencia es que el Hijo de Dios
vino para habitar entre nosotros, especialmente para siempre en los corazones
reconocidos y redimidos. El testimonio del apóstol Pablo en Colosenses 1:9-23,
es elocuente, bien definido. Cristo "es la imagen del Dios
invisible", el primero de toda criatura, creador de todas las cosas,
eterno, cabeza de la iglesia, reconciliador, “en el cual tenemos redención por
su sangre, la remisión de pecados”. Estamos rodeados de gentes incrédulas, que
niegan o reniegan del Mesías, así también, en contraste, de gentes dadas a las
idolatrías más estrafalarias.
Hermanos creyentes, procuremos afianzar bien
nuestra fe en la divinidad de Cristo. Estemos firmes permaneciendo en la
verdad. Por todas partes florecen doctrinas contradictorias, ya sea en lo
social, en lo religioso, como en lo filosófico. ¡El materialismo modernista y
la idolatría desenfrenada por encima de los propósitos divinos! Olas de
angustia y de tinieblas es el triste espectáculo de hoy. Todo es producto de la
insubordinación a Dios.
Ciencia, arte, progreso, prosperidad, son
valores secundarios. No hemos de dar tanta importancia a lo secundario
descuidando lo verdaderamente trascendente. La santidad y majestad de Dios, la
grandeza de sus obras, su amor y misericordia, es lo digno de admiración,
motivos de adoración al Señor. De adoración ciertamente; pues es menester sentir
esa reverencial inclinación del espíritu a su Creador. La adoración es el
profundo sentimiento de gratitud y reconocimiento del corazón cristiano;
rechazarla sería muestra de un corazón desagradecido, egoísta, falso e
infecundo. Los ángeles alabaron a Dios, diciendo: "Gloria en las alturas a
Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres". La piedra
principal la tenemos ya Jesús es Dios, es Emmanuel.
Dios
envió al Señor Jesucristo por amor nosotros. La renuncia y la abnegación divina
nos conmueve. Existe, por lo tanto, una invitación a que renunciemos de la vida
y vivamos según Cristo. "A que dejéis, cuanto, a la pasada manera de
vivir, el viejo hombre que está viciado conforme a los deseos de error; ya
renovaros en el espíritu de vuestra mente, y
Francisco Fernández Marín,Contendor por la Fe
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