Introducción
Los habitantes del mundo
hebreo del Antiguo Testamento eran agricultores en su gran mayoría y, por lo
tanto, toda bendición que recibían de parte de Jehová debía ser agradecida ante
su altar. Por ello, al inicio de la cosecha, cuando las primeras gavillas
empezaban a madurar, estas eran llevadas al santuario. Dicha presentación se
realizaba el primer día de la semana después de la Pascua. De hecho, mientras
no se efectuase esta acción de gracias, estaba prohibido comer de los frutos o
preparar pan con ellos.
También cabe destacar que
existían otros tipos de primicias: de animales, frutos, vino, del primogénito,
masa, grano, aceite y lana (Éxodo 22:29; Deuteronomio 18:4, etc.). Sin embargo,
nuestro estudio se centrará en la ceremonia nacional.
Ceremonia
Contamos con una serie de
pasajes en el Antiguo Testamento que abordan este tema, especialmente en el
Pentateuco: Éxodo 22:29, Levítico 23:10-14, Números 15:17-21 y Deuteronomio
26:1-11. Adicionalmente, encontramos menciones en Nehemías 10:35 y Ezequiel
44:30.
El pasaje de Éxodo 22:29
declara la ordenanza formalmente: “No demorarás la primicia de tu cosecha ni
de tu lagar”. Por su parte, la ceremonia o acto representativo a nivel
nacional se describe en Levítico 23:10-14, donde se detalla cómo debía hacerse
la presentación de las primeras gavillas. Esta ofrenda se presentaba el día
después del día de reposo, y el sacerdote la «mecía delante de Jehová».
Asimismo, las instrucciones señalaban: “ofreceréis un cordero de un año, sin
defecto, en holocausto a Jehová”. También se acompañaba de una ofrenda de “dos
décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová
en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin”.
Los hebreos tenían prohibido
comer pan, grano tostado o espigas frescas hasta que se hubiese realizado esa
ceremonia; solo después de esta se les permitía consumir pan elaborado con la
harina del grano nuevo.
Por otro lado, en Números
15:17-21 encontramos la ofrenda familiar o doméstica por los primeros productos
que obtendrían para alimentarse al entrar a la Tierra Prometida. Para ello,
debían presentar una «torta» amasada: “de las primicias de vuestra masa
daréis a Jehová”. Esta disposición debía cumplirse como una “ofrenda por
vuestras generaciones”, para siempre.
Finalmente, en Deuteronomio
26:1-11 se detalla el rito individual; es decir, cómo un agricultor o viñador
debía presentar la ofrenda por sus primeros frutos. El oferente debía
colocarlos en una canasta, llevarlos al tabernáculo (y posteriormente al
templo) y presentarlos al sacerdote, declarando: “Declaro hoy a Jehová tu
Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos
daría”. Entonces, el sacerdote tomaba la canasta y la colocaba delante del
altar de Jehová.
Luego, el oferente
pronunciaba:
“Un arameo a punto de perecer
fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y
allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios
nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y
clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio
nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de
Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales
y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que
fluye leche y miel. Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la
tierra que me diste, oh Jehová”.
Tras esta declaración, el
oferente adoraba delante de Jehová.
Símbolo
Si la Pascua tipifica la
muerte del Señor Jesucristo por nuestra salvación, en la fiesta de las
primicias —celebrada el primer día de la semana posterior a la cena pascual—
podemos hallar paralelismos teológicos muy profundos.
Evidentemente, esta festividad
profetizaba la resurrección del Señor Jesucristo, lo cual se cumplió con
precisión el primer día de la semana posterior a su muerte. A la luz de esta
fiesta, podemos interpretar este hecho bajo la premisa de que “todo lo
primero y lo mejor pertenece a Dios, y que Cristo mismo es la primicia de la
nueva creación” (C.H. Mackintosh).
El apóstol Pablo escribió lo
siguiente a los Corintios: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos;
primicias de los que durmieron es hecho…” (1 Corintios 15:20-23). Cristo es
la primicia de la nueva vida, y este hecho es la garantía para todos los que
durmieron en Él de que no permanecerán en el sepulcro cuando Él vuelva por los
suyos.
También podemos colegir que
esta fiesta enseña una actitud de fe. Así como los agricultores del Antiguo
Testamento se acercaban al santuario confiando plenamente en que Dios los
bendeciría con una producción abundante en el futuro cercano —pues en ese
momento las espigas aún no habían madurado por completo—, del mismo modo, la
providencia divina obra hoy para que la cosecha espiritual sea abundante.
Otras
Primicias
No debemos olvidar las otras
ofrendas de primicias de carácter personal, las cuales utilizaban los levitas y
sacerdotes para su sustento. Esto nos invita a reflexionar en que hoy también
debemos ser capaces de ofrendar para el sostenimiento de los hermanos que
entregan su vida por completo a la predicación del evangelio, o bien para
ayudar a los necesitados, como las viudas que se encuentran solas y
desamparadas.
El apóstol Pablo ya había
instaurado esta visión de las primicias en 1 Corintios 16:2 para socorrer a los
creyentes de Jerusalén que atravesaban por dificultades: “Cada primer día de
la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo,
para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”.
Por último, hay otro aspecto
que llama poderosamente la atención: los primogénitos. ¿Acaso esto no nos
señala la consagración que deben tener los creyentes para el servicio de su
Señor? Tú que lees esto, ¿estás plenamente consagrado al Señor? Recuerda que le
perteneces a Él.
Conclusión
La fiesta de las primicias es una fiesta dada
por el mismo Dios que los iba a bendecir con una producción abundante. De modo
que podemos afirmar, que, dado que es profecía una referencia a la resurrección
del Señor Jesucristo, esta está cumplida.
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