sábado, 25 de julio de 2026

¿Qué es y qué simboliza la fiesta de las primicias?

 Introducción

Los habitantes del mundo hebreo del Antiguo Testamento eran agricultores en su gran mayoría y, por lo tanto, toda bendición que recibían de parte de Jehová debía ser agradecida ante su altar. Por ello, al inicio de la cosecha, cuando las primeras gavillas empezaban a madurar, estas eran llevadas al santuario. Dicha presentación se realizaba el primer día de la semana después de la Pascua. De hecho, mientras no se efectuase esta acción de gracias, estaba prohibido comer de los frutos o preparar pan con ellos.

También cabe destacar que existían otros tipos de primicias: de animales, frutos, vino, del primogénito, masa, grano, aceite y lana (Éxodo 22:29; Deuteronomio 18:4, etc.). Sin embargo, nuestro estudio se centrará en la ceremonia nacional.

Ceremonia

Contamos con una serie de pasajes en el Antiguo Testamento que abordan este tema, especialmente en el Pentateuco: Éxodo 22:29, Levítico 23:10-14, Números 15:17-21 y Deuteronomio 26:1-11. Adicionalmente, encontramos menciones en Nehemías 10:35 y Ezequiel 44:30.

El pasaje de Éxodo 22:29 declara la ordenanza formalmente: “No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar”. Por su parte, la ceremonia o acto representativo a nivel nacional se describe en Levítico 23:10-14, donde se detalla cómo debía hacerse la presentación de las primeras gavillas. Esta ofrenda se presentaba el día después del día de reposo, y el sacerdote la «mecía delante de Jehová». Asimismo, las instrucciones señalaban: “ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto a Jehová”. También se acompañaba de una ofrenda de “dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin”.

Los hebreos tenían prohibido comer pan, grano tostado o espigas frescas hasta que se hubiese realizado esa ceremonia; solo después de esta se les permitía consumir pan elaborado con la harina del grano nuevo.

Por otro lado, en Números 15:17-21 encontramos la ofrenda familiar o doméstica por los primeros productos que obtendrían para alimentarse al entrar a la Tierra Prometida. Para ello, debían presentar una «torta» amasada: “de las primicias de vuestra masa daréis a Jehová”. Esta disposición debía cumplirse como una “ofrenda por vuestras generaciones”, para siempre.

Finalmente, en Deuteronomio 26:1-11 se detalla el rito individual; es decir, cómo un agricultor o viñador debía presentar la ofrenda por sus primeros frutos. El oferente debía colocarlos en una canasta, llevarlos al tabernáculo (y posteriormente al templo) y presentarlos al sacerdote, declarando: “Declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría”. Entonces, el sacerdote tomaba la canasta y la colocaba delante del altar de Jehová.

Luego, el oferente pronunciaba:

 

“Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová”.

Tras esta declaración, el oferente adoraba delante de Jehová.

 

Símbolo

Si la Pascua tipifica la muerte del Señor Jesucristo por nuestra salvación, en la fiesta de las primicias —celebrada el primer día de la semana posterior a la cena pascual— podemos hallar paralelismos teológicos muy profundos.

Evidentemente, esta festividad profetizaba la resurrección del Señor Jesucristo, lo cual se cumplió con precisión el primer día de la semana posterior a su muerte. A la luz de esta fiesta, podemos interpretar este hecho bajo la premisa de que “todo lo primero y lo mejor pertenece a Dios, y que Cristo mismo es la primicia de la nueva creación” (C.H. Mackintosh).

El apóstol Pablo escribió lo siguiente a los Corintios: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho…” (1 Corintios 15:20-23). Cristo es la primicia de la nueva vida, y este hecho es la garantía para todos los que durmieron en Él de que no permanecerán en el sepulcro cuando Él vuelva por los suyos.

También podemos colegir que esta fiesta enseña una actitud de fe. Así como los agricultores del Antiguo Testamento se acercaban al santuario confiando plenamente en que Dios los bendeciría con una producción abundante en el futuro cercano —pues en ese momento las espigas aún no habían madurado por completo—, del mismo modo, la providencia divina obra hoy para que la cosecha espiritual sea abundante.

Otras Primicias

No debemos olvidar las otras ofrendas de primicias de carácter personal, las cuales utilizaban los levitas y sacerdotes para su sustento. Esto nos invita a reflexionar en que hoy también debemos ser capaces de ofrendar para el sostenimiento de los hermanos que entregan su vida por completo a la predicación del evangelio, o bien para ayudar a los necesitados, como las viudas que se encuentran solas y desamparadas.

El apóstol Pablo ya había instaurado esta visión de las primicias en 1 Corintios 16:2 para socorrer a los creyentes de Jerusalén que atravesaban por dificultades: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”.

Por último, hay otro aspecto que llama poderosamente la atención: los primogénitos. ¿Acaso esto no nos señala la consagración que deben tener los creyentes para el servicio de su Señor? Tú que lees esto, ¿estás plenamente consagrado al Señor? Recuerda que le perteneces a Él.

 

Conclusión

La fiesta de las primicias es una fiesta dada por el mismo Dios que los iba a bendecir con una producción abundante. De modo que podemos afirmar, que, dado que es profecía una referencia a la resurrección del Señor Jesucristo, esta está cumplida.

Pero aun podemos sacar otra conclusión, que, dado que Dios no bendecirá con abundancia, del mismo modo, como se mandaba al pueblo de Israel, de dar las primicias de todos para el mantenimiento de los levitas y sacerdotes, del mismo modo debemos dar para el mantenimiento de la obra del Señor. 

S.K.R.

No hay comentarios:

Publicar un comentario