sábado, 25 de julio de 2026

La Mujer que agrada a Dios (12)

Los Dones Espirituales                                                                Fay Smart y Jean Young 

Romanos 12:4-8; I Corintios 12:7-11, 27-31; Efesios 4:7, 8, 11-13


¿Cuáles de los dones del Espíritu son para los hombres? ¿Cuáles para las mujeres? Un estudio de este tema demuestra que ninguno de los dones fue designado para un sexo exclusivamente. A medida que examinamos los dones, tenga presente que cualquiera de ellos puede ser suyo.

DEFINICION

Un don espiritual es una capacidad conferida a un creyente por la gracia de Dios para la edificación y exhortación y consuelo del pueblo de Dios. En el nuevo Testamento la palabra "don" es carisma, tomada del griego caris, que significa "gracia". En otras palabras, estos dones no son de origen humano, sino que son otorgados libremente por la gracia de Dios "como él quiere". Son conferidos "a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Ef. 4:11, 12). En otras palabras, éstos son dados con el propósito de producir servicio y no para el disfrute privado.

ORIGEN

En los tres grandes pasajes bíblicos que tratan acerca de los dones se menciona a cada miembro de la Trinidad como fuente de los mismos: "Conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno" (Ro. 12:3). Pero a cada uno de vosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo" (Ef. 4:7). "Acerca de los dones espirituales . . . todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno como él quiere" (l Co. 12:1, ll).

DESCRIPCION

Lea los siguientes pasajes con cuidado haciendo una lista de los dones a medida que va leyendo. Romanos 12:4-8; I Corintios 12:7-11, 27-31; Efesios 4:7, 8, 11-13.

Una forma conveniente para agrupar los dones, eliminando el traslapo de los pasajes, es verlos como dones de hablar, de servici9 0 de señal, como en el arreglo siguiente:

A. Dones de hablar

I. Apóstoles. El apostolado puede tener dos significados: uno general y otro limitado. La palabra significa uno que es enviado y equivale a nuestra palabra "misionero". En el sentido general todo cristiano es misionero, es decir, una persona enviada con un mensaje. Pero en el sentido limitado el don del apostolado es sólo para los doce discípulos que estuvieron con el Señor Jesús desde el principio de su ministerio, los que tuvieron un llamado personal de él y fueron testigos de su resurrección. Ellos colocaron el fundamento de la iglesia (Ef. 2:20), tuvieron autoridad especial y fueron acreditados por señales especiales. Este don especial fue necesario únicamente en el período primitivo de la iglesia.

II. Profetas. Esta palabra también tiene un sentido general y otro que es limitado. Significa hablar o exponer en público. El predicador que da a conocer públicamente un mensaje que viene de Dios es un profeta. Pero el don especial de profecía incluye el recibir el mensaje directamente de Dios mediante revelación especial y luego darlo a conocer públicamente. Este don fue necesario mientras se escribía el Nuevo Testamento y la necesidad cesó una vez que todo el mensaje de Dios estaba en forma escrita. Ninguna revelación añadirá algo a lo que forma parte de la Biblia.

III. Evangelistas. Este don es la habilidad especial de comunicar el evangelio con claridad a los inconversos teniendo como resultado conversiones. Incluye el evangelismo personal, así como el ejercicio público del don. Aparentemente podemos hacer la obra de un evangelista aun cuando no poseamos el don especial (2 Ti. 4:5).

IV. Pastores. Estos tienen una habilidad especial para cuidar a sus compañeros creyentes, guiarlos, alimentarlos y protegerlos del mal, como un pastor que cuida a sus ovejas.

V. Maestros. Este don consiste en la habilidad sobrenatural de explicar claramente y aplicar efectivamente las verdades de la Palabra de Dios. Pero no es únicamente impartir información sino conducir a otros a la práctica de los preceptos bíblicos.

VI. Exhortadores. El exhortador viene al lado del compañero creyente para amonestarlo a que siga cierto curso de conducta o para darle ánimo frente a un fracaso o una prueba. Él o ella es un consejero espiritual.

VII. Palabra de ciencia. Este don capacita al creyente para escudriñar y resumir la enseñanza de la Palabra de Dios para lograr una comprensión profunda de la verdad divina y para comunicar ésta a otros.

VIII. Palabra de sabiduría. Este don consiste en aplicar las verdades bíblicas a las necesidades y problemas de la vida, poniendo el conocimiento de la Palabra a trabajar en la experiencia diaria.

B. Dones de servicio

I. Ayudar. Este don capacita a uno para servir fielmente entre bastidores, ayudando en formas prácticas en la obra del Señor, animando y fortaleciendo espiritualmente a otros. Podría incluir el importante ministerio de la oración e igualmente el de la hospitalidad, el cual es altamente estimado en el Nuevo Testamento.

II. Dar o repartir. Esta es la habilidad dada por Dios para dar de nosotros mismos y de nuestros bienes para ayudar a la obra del Señor y a su pueblo, con sacrificio, sabiduría y regocijo.

III. Administración. El que tiene este don está capacitado para establecer metas, motivar a otros, implementar planes que promuevan la obra de Dios y el bienestar de su pueblo.

IV. Hacer misericordia. Esta es la habilidad dirigida por el Espíritu Santo para mostrar amor compasivo y práctico hacia los que sufren en el cuerpo de Cristo. No es tan sólo una palabra amable, sino la acción que consiste en darse a uno mismo,

V. Fe. Esto, por supuesto, es más que la fe salvadora. Es la habilidad de ver algo que Dios desea hacer y creer que Dios lo hará, aunque de momento parezca imposible. Aquellos que poseen este don sueñan grandes sueños y emprenden grandes obras para Dios.

VI. Discernimiento. Aunque todo creyente es responsable de probar los espíritus (l Jn. 4:1), algunos tienen una habilidad particular para hacerlo. Es necesario distinguir entre el espíritu de verdad y el espíritu del error, entre aquello que es de Dios y aquello que pretende serlo. Este don fue especialmente necesario antes de que se completara el Nuevo Testamento,

C. Dones de señales

I. Milagros. Este don consiste en la habilidad de hacer obras con poder sobrenatural, produciendo asombro, con el fin de acreditar al mensajero y confirmar su mensaje que proviene de Dios. Este don fue necesario en la era apostólica.

II. Sanidad. Esta es la habilidad de sanar cualquiera y todas las enfermedades con poder sobrenatural, Este parece haber sido un don temporal y de acreditación en los primeros días de la iglesia.

III. Las lenguas y su interpretación. Este consiste en la habilidad sobrenatural de hablar en una lengua desconocida por el mensajero para comunicar el mensaje de Dios. Este también fue característico de la época apostólica y fue dado para acreditar al mensajero y comunicar su mensaje.

Estos tres dones de señales se distinguen de los otros en que en ninguna parte se nos ordena a hacer estas cosas. No hay exhortaciones para hacer milagros, o sanar, o hablar en lenguas. Sin embargo, se espera de todos nosotros que nos ocupemos en cierta medida de evangelizar (Mr. 16:15), pastorear (Gá 6:2, 10), enseñar (Col. 8:16), Ofrendar (1 Co. 16:2), etc., aun cuando no tengamos ese don particular.

DESCUBRIMIENTO

¿Cómo sé cuáles dones poseo? La mejor forma es de probar alguno de ellos. Un esfuerzo sincero, ejercitado en oración, puede ser luego evaluado con los siguientes criterios: (l) ¿Siento gozo cuando hago esto? Usted sentirá placer al hacer lo que Dios le ha capacitado para hacer. (2) ¿Confirman otros que tengo este don? Con frecuencia los otros pueden evaluar el trabajo mejor de lo que Ud. misma puede hacerlo. Es muy fácil engañarse uno mismo. (3) ¿Me está usando Dios para su gloria en la edificación del cuerpo de Cristo?

DESARROLLO

En cierta medida muy práctica se requiere perseverancia, diligencia y esfuerzo para desarrollar el don y para encontrar las oportunidades de usarlo. Pero Dios espera que usemos nuestros dones fielmente: "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 P. 4:10). "No descuides el don que hay en ti… (l Ti. 4:14). "Que avives el fuego del don de Dios que está en ti (2 Ti. 1:6).

Todos los dones otorgados por la Cabeza son necesarios para la edificación y el funcionamiento del cuerpo de Cristo. De la misma manera que el pequeño flautín aporta su sonido y se nota su ausencia, así es responsabilidad de todo cristiano, hombre o mujer igualmente, de ejercitar sus dones para la bendición y el enriquecimiento de uno y otro.

Pablo escribió: "Mas yo os muestro un camino aún más excelente" que la posesión y el uso de los dones, y acto seguido señaló la necesidad del amor (l Co. 12:81; 13:1-18). El ejercicio de los dones, sin amor, no trae bendición; pero el creyente que está caminando en amor hacia Dios y hacia sus compañeros será un canal de bendición para todos los que le rodean.

El fruto del Espíritu (Ga. 5:22, 28) en la vida de un creyente es de más valor para Dios que el ejercicio de los dones más espectaculares. Por lo tanto, debemos tener cuidado cuando buscamos descubrir y desarrollar nuestros dones espirituales de no sacar las cosas fuera de equilibrio. No descuidemos la cosa más importante, el camino más excelente, el camino del amor.

En la introducción a este curso afirmamos que no podríamos tener un honor más alto que el de ser lo que Dios tiene en su propósito que seamos. Hemos aprendido muchas lecciones en este estudio de la Palabra de Dios, sin embargo, la más sencilla pero no obstante la más profunda, es la declaración del propósito de Dios para nosotras de que seamos "conformes a la imagen de su Hijo" (Ro. 8:29). Es la ocupación de nuestro corazón con Cristo y el permitir que su Palabra more en nosotras lo que produce su semejanza en nosotras. Esto no se alcanza por el esfuerzo o la gestión humana sino mediante nuestra rendición diaria a Dios. El Espíritu Santo, obrando en una vida rendida, produce en nosotras la semejanza a nuestro Señor y de este modo nos transformamos en la clase de mujeres que agrada a Dios.


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