domingo, 25 de septiembre de 2011

TITO

Capitulo 3
Versículos 1, 2. Con respecto a la conducta del cristiano hacia el mundo, la gracia ha desterrado la violencia, y el espíritu de rebelión y resistencia que agita el corazón de aquellos que no creen, y que tiene su fuente en la voluntad propia que lucha por mantener sus propios derechos en relación a los demás.
El Cristiano tiene su porción, su herencia, en otra parte; él está reposado y sumiso aquí y preparado para hacer el bien. Incluso cuando los demás son violentos e injustos hacia él, él lo soporta recordando que antes no era diferente en cuanto a él mismo: una difícil lección, pues la violencia y la injusticia agita el corazón; pero el pensamiento de que es pecado, y de que nosotros también fuimos anteriormente sus esclavos, produce paciencia y piedad. La gracia sola ha hecho la diferencia, y conforme a esa gracia nosotros hemos de actuar hacia los demás.
Versículo 3. El apóstol presenta un penoso resumen de las características del hombre según la carne - lo que nosotros éramos en otro tiempo. El pecado era insensatez - era rebeldía; el pecador estaba extraviado - era esclavo de concupiscencias, lleno de malicia y envidia, aborrecible, y aborreciendo a los demás. Tal es el hombre caracterizado por el pecado. Pero la bondad de Dios, de un Dios Salvador, Su buena voluntad y Su amor hacia los hombres (¡dulce y precioso carácter de Dios!)[1] se ha manifestado. El carácter que Él ha asumido es el de Salvador, un nombre especial dado a Él en estas tres epístolas, para que llevemos su impronta en nuestro andar, para que impregne nuestro espíritu. Nuestro andar en el mundo y nuestra conducta hacia los demás dependen de los principios de nuestra relación con Dios. Lo que nos ha hecho diferentes de los demás no es algún mérito en nosotros mismos, alguna superioridad personal: algunas veces somos, incluso, como ellos. Es el amor tierno y la gracia del Dios de misericordia. Él ha sido tierno y misericordioso con nosotros: hemos conocido lo que esto es, y somos así con los demás. Es verdad que al limpiarnos y renovarnos esta misericordia ha obrado por un principio y en una esfera de vida que son completamente nuevos, de modo que nosotros no podemos andar con el mundo como hacíamos antes; pero nosotros actuamos hacia los demás que están aún en el lodo de este mundo, del modo que Dios ha actuado hacia nosotros para sacarnos de él, para que podamos disfrutar de aquellas cosas que, conforme al mismo principio de gracia, deseamos que otros también disfruten. La conciencia de lo que éramos en otro tiempo, y del modo en que Dios actuó hacia nosotros, se combinan para gobernar nuestra conducta hacia los demás.
Versículos 4-6. Ahora bien, cuando la bondad de un Dios Salvador se manifestó, no fue algo vago e incierto, Él nos ha salvado, no por obras de justicia que hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia lavándonos y regenerándonos. Este es el doble carácter de la obra en nosotros, los mismos dos puntos que encontramos en Juan 3 en el discurso del Señor a Nicodemo; excepto que aquí se añade aquello que tiene ahora su lugar debido a la obra de Cristo, a saber, que el Espíritu Santo es derramado también en nosotros abundantemente para ser la fuerza de esa nueva vida de la cual Él es la fuente. El hombre es lavado, limpiado. Es lavado de sus antiguas costumbres, pensamientos, deseos, en el sentido práctico. El hombre era moralmente malo y corrupto en su vida interior y exterior. Dios nos ha salvado purificándonos; Él no podía hacerlo de otro modo. Para estar en relación con Él debe haber pureza práctica.

Pero esta purificación era minuciosa. No se trataba del exterior del vaso. Era la purificación por medio de la regeneración; identificada, sin duda, con la comunicación de una nueva vida, que es la fuente de nuevos pensamientos, en conexión con la nueva creación de Dios, y capaz de disfrutar de Su presencia y en la luz de Su rostro, pero que en sí misma es un pasaje desde el estado en que estábamos a uno completamente nuevo, desde la carne por medio de la muerte al estado de un Cristo resucitado.
Pero había un poder que actuaba en esta vida nueva y que la acompaña en el cristiano. No se trata meramente de un cambio subjetivo, como dicen. Hay un Agente divino activo que imparte algo nuevo, de lo cual Él mismo es la fuente - el Espíritu Santo. Es Dios actuando en la criatura (pues es por el Espíritu que Dios actúa siempre en forma inmediata en la criatura); y es en el carácter del Espíritu Santo que Él actúa en esta obra de renovación. Se trata de una nueva fuente de pensamientos en relación con Dios; no sólo una capacidad vital, sino una energía que produce aquello que es nuevo en nosotros.
Ha habido una pregunta, ¿Cuándo sucede esta "renovación por el Espíritu Santo" (RVR77)? ¿Es al comienzo, o es después de la regeneración[2] de la cual habla el apóstol? Yo creo que el apóstol habla de ello conforme al carácter de la obra; y añade, "derramó en nosotros" (lo que caracteriza la gracia de este período presente) para mostrar que hay una verdad adicional, a saber, que el Espíritu Santo, como 'derramado en nosotros', continúa para mantener mediante Su poder el disfrute de la relación a la que Él nos ha traído. El hombre es limpiado en conexión con el nuevo orden de cosas; pero el Espíritu Santo es una fuente de una vida enteramente nueva, pensamientos completamente nuevos; no sólo de una nueva forma moral de existencia, sino de la comunicación de todo aquello en lo cual esta nueva forma de existencia se desarrolla. No podemos separar la naturaleza de los objetos con respecto a los cuales la naturaleza se desarrolla, y que forma la esfera de su existencia y que la caracteriza.
Es el Espíritu Santo quien da los pensamientos, quien crea y forma todo el ser moral del hombre nuevo. El pensamiento y lo que piensa no pueden separarse, moralmente, cuando el corazón se ocupa de ello. El Espíritu Santo es la fuente de todo en el hombre salvado: él es salvo, en última instancia, porque así son las cosas con él.
El Espíritu Santo no sólo da una nueva naturaleza; Él la da en conexión con un orden enteramente nuevo de cosas (una "nueva criatura"), y nos llena, en cuanto a nuestros pensamientos, con las cosas que están en esta nueva creación. Esta es la razón por la que, aunque somos colocados en ella de una vez y para siempre, esta obra - en cuanto a la operación del Espíritu Santo - continúa; porque Él nos comunica siempre más y más de las cosas de este mundo nuevo al que Él nos ha traído. Él toma de las cosas de Cristo y nos las hace saber; y todo lo que tiene el Padre es de Cristo (Juan 16:15). Yo creo que la "renovación por el Espíritu Santo" (RVR77) comprende todo esto; pues Él (el Espíritu Santo) dice, "el cual derramó en nosotros abundantemente." Así que no se trata sólo de que nacemos de Él, sino que Él obra en nosotros, comunicándonos todo lo que es nuestro en Cristo.
Versículo 7. El Espíritu Santo es derramado en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que, habiendo sido justificados por la gracia de este Salvador, nosotros fuésemos constituidos herederos según la esperanza de vida eterna. Yo creo que lo que antecede a "para que" del versículo 7, es "por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo" (final del versículo 5); y que la frase, "el cual derramó abundantemente en nosotros por Jesucristo nuestro Señor", es un paréntesis accesorio introducido para mostrar que tenemos la plenitud del disfrute de estas cosas mediante el poder del Espíritu Santo.
Él nos ha salvado así por esta renovación para que pudiésemos ser constituidos herederos según la esperanza de vida eterna. No es nada externo, terrenal, o corpóreo. La gracia nos ha dado vida eterna. Para esto, hemos sido justificados por la gracia de Cristo. Por eso hay energía, poder, esperanza, a través del rico don del Espíritu Santo. Para que participemos de ello hemos sido justificados por Su gracia, y nuestra herencia está en el gozo incorruptible de la vida eterna.
Dios nos ha salvado, no por obras - no por medio de[3] nada de lo que somos, sino por Su misericordia. Pero entonces, Él ha actuado hacia nosotros conforme a las riquezas de Su gracia, conforme a los pensamientos de Su corazón.
Versículo 8. El apóstol desea que Tito se ocupe de estas cosas - de aquello que nos lleva con acción de gracias a la relación práctica con Dios mismo y nos hace sentir que nuestra porción está, nuestra porción eterna, delante de Él. Esto actúa sobre la conciencia, nos llena de amor y buenas obras, nos hace respetar todas las relaciones de las cuales Dios es el centro. Nosotros estamos en relación con Dios conforme a Sus derechos; estamos delante de Dios, quien ocasiona que todo lo que Él tiene establecido sea respetado por la conciencia.
Versículo 9. Tito tenía que evitar las cuestiones insensatas y las disputas sobre la ley, junto con todo lo que destruiría la sencillez de nuestra relación con Dios conforme a la revelación inmediata de Él y de Su voluntad en Jesucristo. Sigue siendo el Judaísmo gnóstico erigiéndose contra la sencillez del evangelio; es la ley y la justicia humana, y aquello que, mediante seres intermediarios, destruye la sencillez y el carácter inmediato de nuestra relación con el Dios de gracia.
Versículos 10, 11. Cuando un hombre procurase establecer sus propias opiniones, y mediante ello formar grupos en la asamblea, después de haberle amonestado una vez y una segunda vez, él tal tenía que ser desechado; su fe se había pervertido. Él peca, siendo condenado por su propia conducta. Él no está satisfecho con la asamblea de Dios, con la verdad de Dios: él quiere hacer una verdad propia. ¿Por qué razón es él un Cristiano, si el Cristianismo, como Dios los ha dado, no le es suficiente? Al hacer un grupo para sus propias opiniones, él se condena a sí mismo.
Versículos 12-14. Tenemos, al final de la epístola, un pequeño vislumbre de la actividad cristiana que el amor de Dios produce, los sufrimientos asumidos para que la grey pueda disfrutar toda la ayuda con la cual Dios proporciona para la asamblea. Pablo deseaba que Tito viniese a él: pero los Cretenses necesitaban sus servicios; y el apóstol establece la llegada de Artemas o Tíquico (este último bien conocido por los servicios que había prestado a Pablo) como condición para la partida de Tito desde el campo en que estaba trabajando. Hallamos, también, que Zenas, un intérprete de la ley, y Apolos, quien había mostrado también su celo activo en Éfeso y Corinto, fueron dispuestos para ocuparse en Creta en la obra del Señor.
Observen, también, que tenemos dos clases de obreros: los que estaban en conexión personal con el apóstol como colaboradores, quienes le acompañaban, y a quienes él enviaba a otra parte para continuar la obra que él había comenzado, cuando ya no podía continuarla él mismo; y aquellos que trabajaban libremente e independientemente de él. Pero no había celos de esta doble actividad. Él no descuidaba los rebaños que le eran queridos; se alegraba de que algunos que eran sanos en la fe regasen las plantas que él mismo había plantado. Anima a Tito a mostrarles afecto, y a suministrarles cualquier cosa que necesitaran en su viaje. Este pensamiento le sugiere el consejo que sigue; a saber, que sería bueno que los cristianos aprendiesen cómo hacer buenas obras para suplir las necesidades de los demás, así como las de ellos mismos.
El apóstol finaliza su epístola con las salutaciones que el amor cristiano produce siempre; pero, como vimos al principio, no hay la misma expansión de corazón que hallamos en las comunicaciones de Pablo a Timoteo. La gracia es la misma en todas partes; pero hay afectos y relaciones especiales en la asamblea de Dios.

Traducido del Inglés por: B.R.C.O.-


[1] En Griego, φιλανθρωπία,  se trata de la palabra filantropía, que es utilizada aquí al hablar de Dios; y que además tiene una fuerza mayor que la palabra Inglesa, porque filía es un afecto especial por alguna cosa, una amistad.
[2] La palabra Griega utilizada aquí (παλιγγενεσία, palingenesia) no significa 'nacer de nuevo'. Se utiliza, además de este pasaje, solamente al final de Mateo 19 para el milenio (Mateo 19:28). La renovación por el Espíritu Santo (RVR77) es una cosa distinta de la regeneración. Esto último es un cambio de un estado de cosas a otro.
[3] Aquí, como en todas partes en la Escritura, la responsabilidad del hombre y la gracia salvadora de Dios, mediante la cual el propósito es llevado asimismo a cabo, están claramente diferenciadas.

Doctrina acerca de Dios (Teología Propia)

La existencia de Dios (continuación).


(Continuaremos presentando los diferentes medios probatorios o argumentos que el hombre ha encontrado para demostrar la existencia de Dios y exponerla ante los que no creen en Dios.)

b)  Argumentos cosmológico: Causa – Efecto
            Es bien conocido que todo efecto tiene una causa que la originó. Si plantamos una semilla, el efecto será una planta o árbol. Si se prende un fuego y se coloca madera en él, esta se quemará.
            Todo sucede en forma ordenada. La cosmología es la rama de la física que trata el carácter del universo como un sistema ordenado. Por lo cual el universo tiene  una causa primera, es decir un creador.  Por más que el hombre presente argumentos probatorios sobre el origen del universo y su composición, nunca ha podido probar que este haya aparecido sin la intervención de un Ser superior al hombre. Y este Ser superior es claramente identificado en la escritura como Dios (ver Génesis 1).
            Tomás de Aquino fue el primero en formalizar este argumento. Este argumento lo podemos racionalizar de la siguiente manera: “Aquello que existe es sólo a través de algo ya existente”. También lo podemos expresar del siguiente modo: “Algo no puede proceder de la nada, pero algo existe, por tanto, algo a existido siempre”.
            Podemos concluir  esta nota del argumento del siguiente modo: Al  materialista que solo ve la materia; pero para el cristiano, Dios es el autor, fuente y origen de todo. (Romanos 1.20, Hechos 14.15.)

c) Argumento Teleológico: Designio
            También conocido como teleológico[1] que indica que la perfección del diseño, la belleza y el orden evidentes en el universo indican que debe haber o existir, una mente suprema dotada de insondable inteligencia y sabiduría (cf. Salmos 139:6). Como no maravillarnos de ver los inmensos océanos, las abismales profundidades; la vida en el mar y la tierra; la perfección de los movimientos del ser humano, de los animales, las nieves; el susurrar de los árboles cuando el viento pasa a través de ellos; sentir el estampido de los truenos y el poder de los relámpagos. Como no maravillarnos de ver los escarpados picos y ver como una cabra montés la sube como si caminase en un plano. Todas las especies se han adaptado perfectamente bien a las zonas a las cuales fueron confinadas. Lo únicos que podemos pensar es que es demasiado perfecto y que tiene un designio o propósito, que todo lo que existe no pudo haberse constituido al azar, donde la suerte tuvo todo el trabajo de esta perfección. Ante esto, el único pensamiento es que una Mente majestuosa hizo todo esto con un propósito y nosotros solo podemos exclamar como el salmista mientras miraba el cielo, la luna y las estrellas: Digo:  ¿Qué es el hombre,  para que tengas de él memoria,   Y el hijo del hombre,  para que lo visites? (Salmos 8:4)
            En el estudio de las especies, podemos darnos cuentas que las madres le enseñan a sus crías y a su vez  ellas le enseñan a las suyas. Y si nos retrotraemos en la historia de una especie, podemos enlazar este aprendizaje hasta llegar a un punto inicial, y surge la pregunta ¿quién le enseño a la primera especie? O ¿cómo se adquirió este aprendizaje? ¿Quién le enseñó, por ejemplo, a la cebra recién nacida que debía memorizar las formas de las rayas y figuras de la piel de su madre, y que le permitirán reconocerla, y a ella ponerse ante su cría para que las memorice?  Y que diremos, quién fue primero, ¿el huevo o la gallina? Los cristianos tenemos la respuesta y los científicos todavía lo discuten.
            De este modo podemos tener muchos ejemplo en la naturaleza, que está constituida con orden perfecto. Por tanto, como ya se ha  dicho, la teleología es el estudio de evidencias de designio o propósito en la naturaleza. Tomás de Aquino dijo: “Ahora vemos que en el mundo, cosas de una naturaleza distinta armonizan en un orden, por ello de ahí alguien, por cuya providencia el mundo es gobernado. Y le llamamos Dios. El orden de las cosas nos muestra que fueron designadas con un propósito”.
             Un ejemplo que es utilizado para explicar en pocas palabras y ejemplificar este argumento es el del reloj. Un reloj no sólo supone la existencia de un relojero o artífice,  sino también uno que lo ideó; y de un mecanismo sincronizado que permite que el segundero una vez que completa una vuelta, le da paso al minutero, y este, cuando completa, su recorrido le permite al horario que avance. Todo esto se produce en un orden perfecto, con  un único propósito (designio) de dar la hora y sea acorde con el transcurso del día.

d) Argumento Ontológico: Ser
           
            Otro de los argumentos utilizados es el llamado Ontológico, que  trata de describir a la persona, al ser verdadero, al ser interior de uno mismo, independiente de los modos o fenómenos que podamos tener.
            El estudio de esta ciencia tiene una línea de razonamiento  que parte de Dios, la primera causa absoluta de todas las cosas, y se dirige a las cosas  que Él ha causado. Específicamente, la idea innata  de la existencia de Dios, que está presente en la mente humana.
            La Ontología es apriorística[2], es decir, se trata de una demostración en la que no interviene ningún factor de la realidad. Se basa en argumentos acerca de un «ser mayor que el cual no puede ser pensado».
            Este argumento fue enunciado por Anselmo de Canterbur, y el expresaba este pensamiento del siguiente modo: "Todos, incluso aquellos que niegan la existencia de Dios, tienen en su mente la noción de Dios. En efecto, si no la tuvieran, no entenderían lo que dicen cuando afirman que no existe. Ahora bien, esa noción es la del ser más allá del cual no cabe ni siquiera concebir algo más perfecto. Pues bien, ese ser perfectísimo ha de existir necesariamente, pues, de no ser así, cualquier cosa que existiera sería más perfecta que Él y eso sería contradictorio. Por lo tanto, es necesario que Dios exista."

e) Argumento Antropológico: Moral
            El ser humano está compuesto de dos partes principales, una material y la otra espiritual[3]. La primera tiene que ver con todo lo físico y químico del ser; lo segundo, tiene que ver con elementos de la vida, inteligencia y sensibilidad, voluntad, conciencia y una innata creencia en Dios.
            La vida no puede brotar de la materia inerte como piensan los evolucionistas, sino que necesariamente debe provenir de la vida misma. La naturaleza misma enseña que es imposible que de un muerto o algo sin vida  genere vida.  Podemos usar las palabras de un historiador: La vida procede de la vida
            Este creador de vida, entregó al hombre características propias de Él, así como los padres entregan genes a su descendencia. Dios puso en el ser humano, entre otras cosas, su ley (cf. Ro 2.12-14). Esta ley es la denominamos moral, el hombre sabe del bien y el mal, por algo establece reglas de conducta y juzga a través de ellas.
            Podemos resumir este argumento en los siguientes puntos:     
·         Basado en la naturaleza del hombre con sus impulsos y aspiraciones indica la existencia de un gobernante personal (Salmos 42:2).
·         Todos los hombres tienen un conocimiento del bien y del mal. Algunos dicen que es: “La voz de Dios en la conciencia del hombre”.
·         El hombre siente el Hacer o No hacer algo que perjudica a otro, o  Debe o no debe hacer. Además posee de algún rasgo de Amor, Justicia,  Verdad, Sabiduría
·         Es una voz que habla desde el interior, que tiene contacto con DIOS (St. 2:19).

f) Argumento de Congruencia
            El término congruencia se define  como la Relación lógica y coherente que se establece entre dos o más cosas. Y desde el punto de vista teológico podemos definirla como la Eficacia de la gracia de Dios, que obra sin destruir la libertad del hombre.
            La creencia en un Dios personal que existe por sí mismo, está en armonía con todos los hechos de nuestra naturaleza mental y moral, así como con todos los fenómenos del mundo natural. Si Dios existe, la creencia en su existencia es natural.
            Podemos ejemplificar el argumento con la siguiente analogía: es una llave que se adapta perfectamente a cualquier cerradura y puede abrirlas, entonces sabemos que es la llave perfecta.
            La Existencia de Dios es natural para la raza humana. Con  esta creencia queda satisfechas muchas de las preguntas que se realiza el hombre. El hombre de por sí tiene una naturaleza religiosa y de por sí responde a muchas preguntas asociadas con la naturaleza y el ser. El ateísmo, al quitar a Dios de en medio, deja un vacio  inmenso y todas las cosas sin explicación y  convierte en mentira las verdades que siempre hemos creído, incluso a la historia misma.

g) La Biblia
          La mayor parte del conocimiento que Dios tenemos  se apoya en el testimonio de la Biblia. Lo que sabemos sobre distintas culturas que no conocemos personalmente se basa en lo que los viajeros escribieron o en los descubrimientos arqueológicos. Si Marco Polo no hubiese escrito la relación de su viaje, no sabríamos nada por donde el viajó ni de los lugares que visitaron. Por lo mismo se le da una autoridad propia para aceptar que lo que escribió estaba en lo correcto. ¿Por que no dar el mismo crédito a la Biblia?  ¿Por qué no nos satisface la evidencia que ella misma da acerca de la existencia de Dios, si la Biblia es auténticamente histórica?
          Es claro que hay cosas que requieren más pruebas, y esto es manifiesto sobre la existencia de Dios. Pero ¿por qué no darle el crédito que le corresponde? Ya que la historia Bíblica es suficiente para demostrar la existencia de Dios; Israel es un claro ejemplo, el pueblo, después de miles de años, aun está en medio nuestro, no así imperios como el asirio y el babilonio, el Hitita y el griego,  con su cultura extraviada en el tiempo, de los cuales solo quedan unos remilgos de historia. Y que decir de las profecías, en las cuales su cumplimiento no se explica sin tener a Dios como parte activa  en la realización de ellas.
          La historia humana nos proporciona evidencia de una Providencia que todo lo dirige. Por providencia entendemos que  es la intervención divina en los asuntos humanos, gobierno de Dios en los asuntos históricos del hombre y las naciones. Siguiendo esta línea argumental,  la profecía que Daniel recibió sobre la sucesión de los imperios nos muestra como los mismos aparecieron y desaparecieron conforme a lo que estaba escrito. ¿Dónde están los imperios Babilónico, el persa, el griego y el romano? Simplemente está en el polvo del tiempo y en los libros de historia. En cambio la Biblia perdura junto al pueblo escogido de Dios, Israel.
          Un ejemplo de profecías cumplidas en forma perfecta son la que declara el sufrimiento que había de padecer el Señor a manos de su pueblo y que Isaías la dejó plasmadas en sus escritos y estas se encuentran en el capítulo 53 de su libro.
            Con respecto al Señor Jesucristo, su persona es aceptada en diversas religiones. Su singularidad es evidente en su nacimiento, ministerio (enseñanza, milagros), vida, muerte y resurrección están atestiguadas en la Biblia. Todo lo que el Espíritu Santo quiso dejarnos respecto a lo que el Señor Jesucristo quiso enseñarnos ¿no están en las benditas Escrituras? El Señor Jesucristo vino a revelarnos a Dios como Padre amante que desea que el hombre no se pierda (Juan 3:16). De hecho el Señor habla de Dios no como algo etéreo, de algo que fue inventado, sino que vive y tiene un propósito acerca de los hombres.  Por tanto, si Él habló de un Dios vivo y existente, ¿Quiénes somos nosotros para poner en duda lo que el Señor habló de su Padre? (cf. Juan 1:18; 14:1. Se pueden revisar otros textos: Juan 14:7-9,11; 16:25-30; Hechos 17:22-31; Ro 1:18-25; 2:15.
            La Escritura no trata de probarnos la existencia de Dios. Lo afirma, la supone, y declara que el conocimiento de Dios es universal (Ro 1:19-21, 28, 32; 2:15). Ella afirma que esta verdad esta grabada en el ser humano, de modo que todos, sin excepción, damos testimonio de Él.

 

Conclusión

            Basten estos ejemplos para entender algunos medios probatorios sobre la existencia de Dios.
            Así como el mundo ateo busca pruebas y argumentos para negar la existencia del creador, los creyentes han buscado medios para demostrar que Dios existe, han ideado medios más o menos complejos. Podemos en forma particular buscarlos y estudiarlos, por ejemplos, algunos han postulados que la historia es un medio probatorio; Tomás de Aquino, en su libro Summa Teológica, ha propuesto un sistema llamado de cinco vías, etc.
            Podemos decir como el hermano Trenchar: “…al examinar las doctrinas bíblicas no tenemos necesidad depender de estas pruebas[4]”. Para nosotros estas pruebas existen y son válidas, y no necesitamos ningún empirismo para creer en Él como un ser real y creador de todo lo que nos rodea. Los únicos que están en la obligación de buscar pruebas de la existencia de Dios son los que la niegan (Salmo 14:1). Dios mismo dice: “YO SOY EL QUE SOY…”.
            Los  siguientes son algunos versículos que nos hablan de Dios como un Dios vivo y que actúa  por nosotros y para nosotros: Génesis 1:1,  Salmos 8:1,  2 Corintios 9:8,  2 Corintios 5:5, Lucas 20:38,  Lucas 18:27.


[1] Viene de "teleos" que significa designio o propósito.
[2]A priori” es una locución latina que significa “de lo anterior”. Se utiliza para realizar una demostración que desciende de la causa al efecto, de la esencia de algo a sus propiedades. También se refiere a aquello que se realiza antes de examinar el asunto de que se trata.
[3] Entiéndase esta expresión como Alma y Espíritu.
[4] Estudio  De Doctrina Bíblica, CEB, Editorial  Portavoz, página 36

La Biblia - Resumen de Sus 66 Libros

Miqueas

"Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová." Miqueas 4:2


Miqueas ("¿Quién como Jehová?") muestra al Señor viniendo a juzgar, no solo a Israel, sino a todas las naciones. La condición de Judá e Israel es vista como siendo una indicación de la condición de los "pueblos todos" - la "tierra, y cuanto hay en ti." Así que si Dios, en Amós, debe juzgar a Israel una vez que Él haya empezado a juzgar a las naciones; en Miqueas, Él debe juzgar a las naciones si Israel debe ser juzgado. Porque Israel no es sino una muestra de toda la humanidad: ahora que se ha probado su culpabilidad, esto es la prueba de la culpabilidad de todo el mundo (comparen con Romanos 3: 19). Por consiguiente, Dios solo puede ejecutar juicio, y Él es infinitamente capaz de hacerlo.
Después, también, el remedio es visto solamente en Dios, quien perdona la iniquidad debido a que Él se deleita en la misericordia. Él hace que Su pueblo vuelva a Él, y echa todos sus pecados en lo profundo del mar. La bendición de Israel significará gran bendición para las naciones también, las que se deleitarán en el monte de Jehová en Jerusalén.
El capítulo 5 contiene una gran profecía de la venida del Mesías, el Protector de Su pueblo cuando los asirios de los últimos días los ataque.
El libro, entonces, muestra de manera hermosa que cuando todo lo demás falla completamente, Dios es la Roca eterna: -¿Qué Dios como tú?


Nahúm

"¡Jehová es lento en iras y grande en poder, y de ningún modo tendrá por inocente al rebelde! ¡Jehová tiene su camino en el torbellino y en la tempestad, y las nubes son el polvo de sus pies!" Nahúm 1:3 (VM)

Nahúm ("Consuelo") es una vigorosa profecía del juicio de Nínive, la cual, siendo la capital de Asiria, representa aquel imperio, el Rey del Norte en un día por venir. Mientras Egipto representa para nosotros el mundo en su complaciente independencia de Dios, Asiria indica la viciosa oposición a Él.
La profecía fue indudablemente ocasionada por la crueldad de Asiria cuando Senaquerib ("El devastador" cap. 2: 1 - VM) invadió Israel, y fue parcialmente cumplida cuando Nínive fue destruida: pero esto mira hacia el futuro juicio de Dios del Rey del Norte en los últimos días.
Noten que la decidida rapacidad de este enemigo es igualada plenamente por el rigor inflexible del juicio de Dios.
Con todo, mientras que los primeros pocos versículos del Libro describen la indignación y fiereza de Su ira, esto es seguido por el maravilloso consuelo del versículo 7: "Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían." Él es lento para la ira, perfecto en tranquila deliberación; porque Él no desea condenar. Pero Él juzgará el mal, ya sea por medio de un torbellino o de una tempestad: y aquí será vista la sabiduría de "Su camino".
Aprendamos bien, entonces, de este profeta, la tremenda fuerza de la ira de Dios así como la bendita fuerza de Su protección.

 

Habacuc

"Se levantó, y midió la tierra; Miró, e hizo temblar las gentes; Los montes antiguos fueron desmenuzados, Los collados antiguos se humillaron. Sus caminos son eternos." Habacuc 3:6

Habacuc ("Ardiente abrazo") es una profecía que trata particularmente con el profundo ejercicio y dolor de un Israelita piadoso al considerar la vergüenza y degradación de su propia nación, habiendo sido ellos llevados cautivos por "los caldeos, nación cruel y presurosa." Este enemigo despectivo - el Imperio Babilónico - es el retrato exacto del mundo en su corrupción y confusión religiosa, es decir, en su grosero mal uso de las bendiciones de Dios. Poco nos maravilla que un alma piadosa sea profundamente apenada por la cautividad de Israel por un tipo tal de maldad. ¿Acaso no ha esclavizado hoy en día el mismo terrible enemigo a la Iglesia profesante?
Con todo, estas penas son la causa de que el profeta 'abrace ardientemente' las promesas de Dios. Lo conducen a una confianza completa en el poder y la gracia soberanos de Dios. Él reconoce que Dios mide por sí mismo la tierra y, por lo tanto, todo lo que hay en ella: las naciones que Él humillará dolorosamente: las montañas (las más altas autoridades) que él dispersará, aunque los hombres piensen que son eternos; y las colinas (las autoridades de menor rango) se inclinarán en señal de reverencia ante Él. Siendo esto verdad, entonces no obstante lo grande que pueda ser la destitución y desolación a la que Israel sea reducida, el profeta puede decir verdaderamente, "Con todo, yo me alegraré en Jehová" (cap. 3: 18).
Este es un libro de preciosa ayuda a aquellos que, enfrentados al mal y a difíciles condiciones, se afligen delante de Dios.

 

Sofonías

"¡Jehová tu Dios está en medio de ti; el que es poderoso te salvará: se regocijará sobre ti con alegría, descansará en su amor, y saltará de gozo sobre ti, cantando!" Sofonías 3:17 (VM)

Sofonías ("Ocultado por Jehová") profetizó en los días de Josías, un rey piadoso cuyas fe y energía habían producido un notable avivamiento en el estado exterior de Israel. Pero este libro no toma nota de este avivamiento: en cambio, presenta inmediatamente una declaración del arrollador juicio de Dios, Su forma de consumir por completo todo lo que hay en la tierra. El aparente avivamiento era exterior solamente: la verdadera condición del corazón de la nación permanecía igual que antes, y esto se hizo evidente inmediatamente después de la muerte de Josías. Cualquier mejora aparente se podría haber desarrollado, pero Dios ya había decretado que Su juicio saldría en toda dirección, siendo Judá y Jerusalén el centro de ello.
Sin embargo, el libro también se extiende de forma hermosa sobre los efectos de estos juicios produciendo  grandes bendiciones en un día venidero. Se le volverá a dar a los pueblos pureza de labios, y el Señor Dios estará en medio de la una vez culpable ciudad, salvando a aquella nación afligida, regocijándose sobre ella, descansando en su amor, habiendo terminado Su larga obra para con ella; y el duelo de Su corazón a causa de ella se volverá un canto exultante.
Poner atención a esta profecía seguramente nos preservaría del error frecuente de los días presentes, de que la medida de los avivamientos podrían impedir el juicio de Dios sobre la Cristiandad. ¡No! La venida del Señor es inminente.

El Verdadero Discipulado

Capítulo 9: EL DOMINIO DEL MUNDO

Dios nos ha llamado a dominar el mundo. No fue su intención que naciéramos hombres y muriéramos almaceneros. Su propósito no fue que ocupáramos nuestra vida siendo ofi­ciales de empresas intrascendentes.
Cuando Dios creó al hombre, le dio do­minio sobre toda la tierra. Le coronó de gloria y honra y puso todas las cosas bajo sus pies. El hombre fue investido de dignidad y soberanía poco menos que los ángeles. Cuando Adán pecó, perdió el dominio que había sido suyo por decreto divino. En vez de ejercer una su­premacía indiscutible, gobernó en forma ines­table sobre un reino incierto.
Hay un sentido en el Evangelio en el cual recuperar el dominio. Ahora no se trata del control que se pueda tener sobre perros gruñones o víboras venenosas, sino el pedir las naciones como nuestra herencia y los términos de la tierra como posesión nuestra. "El verdadero imperialismo constituye un imperio por la soberanía espiritual y moral; atracción y dominio por la fascinante radian­cia de una vida pura y santificada."
Realmente, la dignidad del llamamiento cristiano es algo que Adán jamás conoció. Somos coadjutores con Dios en la redención del mundo. "Este es nuestro mandato: que unjamos hombres en el nombre de Cristo para una vida real, para que sean soberanos sobre el yo, para servir en el reino."
Es una tragedia que muchos en el día de hoy no hayan podido comprender la alta digni­dad de nuestro llamamiento. Estamos conten­tos con pasar los años congratulando las baje­zas, ó destacándonos en cosas sin importancia. Nos arrastramos en vez de volar. Pocos han tenido la visión de pedir países para Cristo.
Spurgeon fue una excepción. Escribió el siguiente mensaje a su hijo: "No me gustaría que tú, siendo llamado por Dios para ser misionero, mueras millona­rio. No me gustaría que siendo apto para ser misionero fueras coronado rey.
¿Qué son los reyes, los nobles, las diade­mas, todo junto, cuando los comparas con la dignidad de ganar almas para Cristo, con el honor especial de edificar para Cristo, no sobre el fundamento de otro hombre, sino predicando el Evangelio de Cristo en regiones lejanas? "
Otra excepción fue Juan Mott. Cuando el Presidente Coolidge le pidió que fuera em­bajador en Japón, Mott contestó: "Señor Presidente, desde que Dios me llamó para ser Su embajador, ya no tengo oídos para otros llamamientos".
Billy Graham habló de otra excepción "Cuando la Standard Oil Co. buscaba hombre en el Lejano Oriente, escogieron un  misionero para que fuera su representante. Le ofrecieron 10.000 dólares al año, y él rehusó. Veinticinco mil. Rehusó. Cincuenta mil. Nuevo rechazo. Ellos le preguntaron: "¿Qué hay de malo?” El les contestó: "Su precio es muy bueno pero el trabajo insignificante. Dios me ha llamado para que sea misionero."
El llamamiento del cristiano es el más noble y si lo comprendemos, nuestra vida tendrá más altura. Ya no hablaremos de  de nosotros mismos como "llamados a ser plomeros", o médicos, o dentistas. Seremos uno de aquellos que ha sido llamado a ser apóstol de Jesucristo, y todo lo demás será solamente el medio por el cual obtenemos el sustento. Nos sentire­mos llamados a predicar el Evangelio a toda criatura, a hacer discípulos de entre todas las naciones, a evangelizar el mundo.
¿Dices que es una tarea inmensa? Sí, inmensa, pero no imposible. La inmensidad de la tarea está indicada por la siguiente visión gráfica del mundo en miniatura: Si reducimos el mundo imaginariamente a una población de mil, tendríamos que 290 de ellos serían cristia­nos profesantes y 710 no lo serían, 80 perso­nas serían comunistas con un dominio sobre 370 personas. De los 290 cristianos profesan­tes, 70 serían protestantes. La mitad de este pueblo no habría oído mencionar el nombre de Cristo, pero más de la mitad estaría en condiciones de oír acerca de Marx. Mientras tanto, un 35 por ciento de la riqueza de este pueblo estaría en manos de los protestantes, los cuales consumirían un 16 por ciento de los alimentos producidos (siendo ellos mismos un 7 por ciento de la población). Ellos se preocu­parían de hacer fuertes reservas para el futuro, mientras el resto de la población pasaría hambre.
¿Cómo va a ser ganado el mundo para Cristo en esta generación con estadísticas co­mo la citada? Imposible, a menos que haya hombres y mujeres que amen a Dios con todo su corazón, y que amen a su prójimo como a sí mismos. La tarea será cumplida solamente con la dedicación y devoción que brotan de un amor imperecedero.
Los que han sido constreñidos por el amor de Cristo considerarán que ningún sacri­ficio es demasiado grande para realizarlo por él. Harán por amor a El lo que jamás habrían hecho por una ganancia material. No contarán su vida preciosa para nada. Gastarán y se gas­tarán con tal que los hombres no perezcan sin haber oído el Evangelio.

Crucificado Señor,
dame un corazón como el tuyo.
Enséñame a amar las almas que perecen.
Que mi alma y corazón
el contacto contigo aprecien,
como el de Aquel que dio el Hijo suyo,
por dar a los perdidos salvación que no merecen.

La causa está perdida, a menos que el amor la motive. De otro modo, nada sirve. El ministerio cristiano entonces llega a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Pero cuando el amor es la estrella guiadora, cuando los hombres van inflamados con devoción a Cristo, ningún poder existe en la tierra que pueda detener el avance arrasador del Evange­lio.
Obsérvese entonces un grupo de discípu­los entregados enteramente a Cristo, atrave­sando océanos y tierras como portadores de un glorioso mensaje, incansables, siempre pro­curando entrar en nuevas áreas, encontrando en cada persona una vida por la cual Cristo murió y ambicionando que sean adoradores de Cristo por la eternidad. ¿Qué métodos usan estos hombres que no son de este mundo para dar a conocer a Cristo?
El Nuevo Testamento presenta dos méto­dos principales para alcanzar al mundo con el Evangelio. El primero era la proclamación pública. El segundo es la instrucción privada.
En cuanto al primer método fue usado por Jesucristo y sus discípulos. Donde quiera que se reúnan gentes, allí había una oportuni­dad para predicar las buenas nuevas. Así en­contramos que se proclamó el Evangelio en los mercados, prisiones, sinagogas, playas, y en las riberas de los ríos. La urgencia y el carácter superlativo del mensaje, hacía que fuera impo­sible pensar en lugares convencionales de re­unión.
El segundo método de propagación de la fe cristiana es la doctrinación de individuos. Este es el método que Jesús usó en la prepara­ción de los doce. Llamo a este pequeño grupo de hombres para que estuvieran con El y para poderlos enviar. Día a día los instruyó en la verdad de Dios. Les puso por delante la tarea para la cual estaban destinados. Les advirtió detalladamente los peligros y dificultades que encontrarían. Les introdujo a los consejos pri­vados de Dios y les hizo partícipes de los glo­riosos pero arduos planes de Dios. Los envió como a ovejas en medio de lobos. Los dotó del poder del Espíritu Santo y se lanzaron al mundo las nuevas del Salvador resucitado ascendido y glorificado. La efectividad de este método se ve en el hecho de que ese grupo, reducido a 11 por la defección del traidor, revolucionó el mundo para gloria del Señor Jesús.
El Apóstol Pablo no solamente practicó este método, sino que urgió a Timoteo a que lo practicará. "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros". (2 Tim. 2:2) El primer paso es la se­lección cuidadosa y con oración de los hom­bres fieles. El segundo es el impartirles la gloriosa visión. El tercero es enviar a estos hombres que doctrinen a otros (Mateo 28:19).
A los que codician ver números y piden del Señor grandes multitudes este método, les parecerá tedioso y aburrido. Pero Dios sabe lo que El está haciendo y sus métodos son los mejores métodos. Dios puede hacer mucho más por medio de unos pocos discípulos dedi­cados a El que por medio de un ejército gigan­te de religiosos satisfechos.
Cuando estos discípulos salen en el nombre de Cristo ellos siguen ciertos principios básicos bosquejados en la Palabra de Dios. En primer lugar son astutos como serpientes, pero inofensivos como palomas. Su sabiduría la piden de Dios para poder seguir el difícil cami­no que tienen que transitar. Al mismo tiempo son mansos y humildes en sus contactos con sus semejantes. Nadie puede temer la violencia física de parte de ellos. Los hombres deben temer solamente a sus oraciones y a su inque­brantable testimonio.
Estos discípulos se mantienen libres de la política de este mundo. No se sienten llama­dos a luchar contra ninguna forma de gobier­no ni contra ideas políticas. Pueden trabajar bajo cualquier forma de gobierno y ser leales a tal gobierno mientras no se les exija com­prometer su testimonio o negar a su Señor. Entonces ellos rehúsan obedecer y se someten a las consecuencias. Pero ellos nunca conspiran contra un gobierno humano, ni se comprome­ten en luchas revolucionarias. ¿No dijo el Señor: "Si mi reino fuera de este mundo mis servidores pelearían?” Estos hombres son em­bajadores de un país celestial y pasan por este mundo como peregrinos y extranjeros.
Son absolutamente honestos en todos sus tratos. Evitan los subterfugios de cualquier tipo. Su sí es sí y su no es no. Rechazan la mentira popular de que "el fin justifica los medios". Bajo ninguna circunstancia hacen el mal para que venga algún bien. Cada uno es una conciencia encarnada que preferiría morir antes que pecar.
Otro principio invariablemente seguido por estos hombres es que su trabajo lo unen a una iglesia local. Salen al mundo a ganar almas para Cristo, pero ganadas las almas las ponen en comunión con la iglesia local donde pueden ser fortalecidas y edificadas en su santísima fe. El verdadero discípulo comprende que la iglesia local es la unidad de Dios puesta para propagar la fe y que el trabajo mejor y más duradero se edifica siguiendo esos delineamientos.
Los discípulos son prudentes y evitan el implicarse en alianzas de cualquier tipo. Fir­memente rehúsan permitir que sus movimien­tos sean dictados por organizaciones humanas. Reciben sus órdenes de marchar directamente del cuartel general en los cielos. Esto no signi­fica que operan sin la confianza y la recomen­dación de la iglesia local. Por el contrario, con­sideran tal recomendación como una confir­mación del llamamiento de Dios para el servicio. Pero insisten en la necesidad de servir a Cristo en obediencia a su Palabra y en que él les guíe.
            Ellos no buscan publicidad. Tratan de mantenerse en el segun­do plano. Su propósito es glorificar a Cristo y hacer que El sea conocido. No buscan gran­des cosas para sí, ni quieren revelar su estrate­gia al enemigo. De modo que trabajan silen­ciosamente sin ostentación, indiferentes a las alabanzas o las calumnias de los hombres. Sa­ben que el cielo será el mejor lugar y el más seguro para conocer los resultados de su labor.

domingo, 28 de agosto de 2011

Breves Comentarios


¿Cuál Día, el sábado o el Día del Señor?
"Para los cristianos el primer día de la semana perpetúa, en la dis­pensación de la gracia, el principio de que una séptima parte del tiem­po es especialmente sagrada; pero en todo lo demás el primer día se halla en contraste con el sábado. El uno es el día séptimo, el otro el día primero. El séptimo día conmemora el descanso que Dios tuvo después de la obra de la creación; el primer día conmemora la resurrección de Cristo. En el día séptimo Dios des­cansó; en el primer día Cristo esta­ba incesantemente activo. El sábado es símbolo de una creación concluida; el primer día, de una reden­ción consumada. El sábado era obligatorio según la ley; el primer día es un día de adoración y ser­vicio voluntarios. En el libro de los Hechos el sábado se menciona únicamente en relación con los judíos, y en el resto del Nuevo Testamento hay sólo dos versículos que se refieren a él (Colosenses 2:16; Hebreos 4:4). En estos pasajes se explica que el sábado, o sea el séptimo día, no es para el cristiano un día que debe observarse, sino un tipo de descanso que al presente disfruta el redimido cuando él tam­bién reposa "de todas sus obras" y confía en Cristo".
—La Biblia Anotada de Scofield

Breves Comentarios


El Fundamento de Nuestra Paz
            Nuestra natural inclinación es de buscar en nosotros, o en nuestras cosas, algo que pueda constituir, junto con la sangre de Cristo, el fundamento de nuestra paz… Esta­mos inclinados a mirar los frutos del Espíritu en nosotros, como si fuesen el fundamento de nuestra paz, en vez de mirar a la obra de Cristo por nosotros... El Espíritu Santo no ha hecho la paz, es Cristo quien la ha hecho (Colosenses 1:19-20). No se nos dice que el Espíritu Santo sea nuestra paz, mas se nos dice que Cristo es nuestra paz (Efesios 2:13- 14). Dios no envió a predicar "la paz por el Espíritu Santo", sino "la paz por medio de Jesucristo" (Hechos 10:36).
            Jamás podremos percibir con demasiada sencillez esta diferencia tan importante. Sólo por la sangre de Cristo obtenemos la paz, la justifi­cación perfecta y la justicia divina. El es quien purifica nuestras con­ciencias, quien nos introduce en el Lugar Santísimo, quien hace que Dios sea justo recibiendo al peca­dor que cree, y quien nos da dere­cho a todos los goces, a todos los honores, y a todas las glorias del cielo. (Véanse Romanos 3:24-26; 5:9; Efesios 2:13-18; Colosenses 1:20-22; Hebreos 9:14; 10:19; 1 Pedro 1:19; 2:24; 1 Juan 1:7).
— (adaptado)

Pensamientos

No sólo deseamos las cosas celestiales, sino que en ellas tenemos el gozo y el poder de hacerlas realidad. Podemos disfrutar del bien, amarlo y practicarlo. Con tales bendiciones, ¿cómo podemos regocijarnos un solo momento en el pecado? Sería horroroso. No obstante, ello ocurre y nos hace perder toda comunión con el Padre y con el Hijo. En este caso, apresurémonos a confesar nuestros pecados. Él es fiel, y no puede faltar a sus promesas. Es justo, no solamente para con nosotros, sino para con Aquel que llevó nuestros pecados, y puede así “perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).