domingo, 15 de mayo de 2022

Disfrute su Biblia (5)

 Casos Especiales

William Macdonald


LENGUAJE FIGURATIVO

Quizá sea mejor decir que la Biblia debe ser interpretada con naturalidad en lugar de decir que se interprete literalmen­te. Eso nos permite interpretar figuras del lenguaje que no tomamos “literalmente”, pero que su significado es real y verda­dero. Por ejemplo, cuando en el libro de los Salmos se dice que los árboles dan palmadas de aplauso, nosotros sabemos que no se habla de manos reales; sin embargo, si vemos a los álamos cuando mueven sus ramas, podemos contemplar una hermosa imagen de la obra de arte de Dios alabándole.

Analogía. Una cosa es comparada con otra, usando el térmi­no como. "... sus ojos, como llama de fuego” (Ap. 1:14).

Metáfora. Una cosa es semejante o representa a otra sin necesidad de usar las palabras “como” o “semejante a”. “Este [pan] es Mi cuerpo” (Mt. 26:26).

Metonimia. Un sustantivo se usa para referirse a otro relati­vo. En 1 Corintios 11:26, la palabra copa es usada refiriéndose al contenido de la copa. En Colosenses 3:5, 8-9, nuestro cuerpo terrenal, lo que se refiere a nuestro cuerpo físico, es usado para los pecados que se cometen con el mismo.

Hipérbole. Una exageración tan obvia que no puede ser malinterpretada. “Guías ciegos, que coláis el mosquito y tra­gáis el camello” (Mt. 23:24).

Parábola. Una narración, cierta o ficticia, que posee un significado más profundo bajo la superficie. Muchas veces, cada detalle de la parábola tiene significado; otras veces, sólo es ilustrado un mensaje. Nuestro Señor usó parábolas para que aquellos que sinceramente deseaban conocer la verdad pudie­ran entenderla, y su luz fuese encubierta de quienes no eran serios (Mt. 13:10-17).

Alegoría. Es similar a una parábola, frecuentemente de mayor longitud. Al igual que la parábola, no necesita ajustarse a demasiados detalles. Pablo usa la historia de Abraham como una alegoría, mostrando que la gracia y la ley no pueden mezclarse (Gál. 4:21-31). El Progreso del Peregrino de John Bunyan es una alegoría más extensa, ilustrando la jornada de un pecador desde el reino de Satanás a la Ciudad Celestial.

Paralelismo. “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmos 19:1). Dos maneras de decir una misma cosa. Esta es una de las técni­cas favoritas de la poesía hebrea. Alguien dijo una vez, “A dife­rencia de nosotros, ellos ‘riman’ ideas, no palabras.”

Ironía. Uso de palabras que expresan algo diferente al signi­ficado literal, que con frecuencia contienen humor, sátira o sar­casmo. En 2 Corintios 11:8, Pablo dice que ha despojado a otras iglesias para poder predicarle a los corintios sin cargo alguno.

Sinécdoque. Se usa una parte para representar un todo; polvo eres” (Gén. 3:19); o el todo para representar una parte: un edicto... que todo el mundo fuera empadronado” (Le. 2:1).

Para los hebreos, un día de 24 horas se contaba como un onah, y cualquier parte del día también se contaba como un onah. Esta es una explicación de cómo Cristo estuvo tres días y tres noches en el corazón de la tierra — parte del viernes, todo el sábado, y parte del domingo (Mt. 12:40).

TIPOLOGÍA

La palabra tipología no tiene nada que ver con imprentas o con la tipografía, aunque estas palabras provienen del mismo término en griego, typos. Significa marca, figura, patrón, ejem­plo, o en tipología específicamente un “carácter”. En 1 Corintios 10:11 vemos que las cosas que les sucedieron a los israelitas del Antiguo Testamento eran patrones o imágenes prescritas de ver­dades espirituales que serían enseñadas en el Nuevo Testamento.

Puede tratarse de una persona, como Melquisedec; un lugar, como Canaán; o una cosa, como las partes del tabernáculo. Aquí veremos los más claros y conocidos:

El Arca de Noé. La inmersión del arca en las aguas del juicio simboliza el bautismo de Cristo para muerte en el Calvario. Así como fueron salvos sólo los que estaban en el arca, también son salvos sólo los que están en Cristo (1 Ped. 3:18-22).

Melquisedec. “Tú [Cristo] eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (Heb. 7:17).

Moisés. Moisés dijo, “Un profeta como yo te levantará Jehová, tu Dios, de en medio de ti...” (Deut. 18:15).

La Pascua, “porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Cor. 5:7).

El Sumo Sacerdote, “tenemos tal Sumo Sacerdote [en el Señor Jesús]...” (Heb. 8:1).

Las Ofrendas. “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fueran purificadas así; pero las cosas celestia­les mismas, con mejores sacrificios que estos” (Heb. 9:23).

El Velo del Tabernáculo. “... a través del velo, esto es, de su carne” (Heb. 10:20b).

El Tabernáculo. “Y el Verbo se hizo carne y habitó (lit. hizo morada o “armó su tienda”) entre nosotros...” (Jn. 1:14).

El Maná. Jesús dijo, “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo” (Jn. 6:51).

La Roca, “porque bebían de la roca espiritual que los seguía. Esa roca era Cristo” (1 Cor. 10:4b).

La Serpiente. “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levanta­do” (Jn. 3:14).

José (el hijo de Jacob, no el esposo de María). Aunque nunca se ha dicho que él es una figura simbólica del Señor Jesús, de acuerdo con Ada Habershon y Arthur Pink, existen más de 100 correspondencias entre los dos. Esto nos anima a buscar otros símbolos y figuras en las Escrituras.

Se deben evitar los extremos. Aceptar sólo las figuras men­cionadas específicamente en el Nuevo Testamento, resulta algo muy rígido a la luz de las palabras “todas estas cosas.” El otro extremo está en exagerar con la imaginación y encontrar símbo­los en todas partes, aun en el Nuevo Testamento.

Sin embargo, ninguna figura simbólica es perfecta. Especialmente en los casos referidos a nuestro Señor, sólo el antitipo (Jesucristo) es perfecto.

Además, no es sabio formar doctrinas basados en símbolos. Estos confirman o ilustran doctrinas e interpretaciones proféticas, pero no son una fuente válida para fundamentarlas.

SIMBOLISMO BÍBLICO

Tierra, se usa con frecuencia para referirse a Israel. Por consi­guiente, el tesoro escondido en el campo podría ser un símbolo de Israel, por quien el Señor vendió todo lo que tenía para poder comprarlo (Mt. 13:44). La bestia de la tierra (Ap. 13:11) se entien­de que sugiere la figura de un poderoso dictador de los últimos tiempos en la tierra de Israel, probablemente el Falso Profeta.

Mar, es posible que simbolice a los gentiles. Observe cómo la perla de gran precio es tomada del mar (Mt. 13:47), lo cual puede representar a la Novia gentil de Cristo, y la bestia que sube del mar (Ap. 13:1) a un gobernante del Imperio Romano renovado.

Egipto, puede tomarse como una imagen del mundo con sus atracciones, placeres e idolatría.

Canaán, no es el cielo, sino nuestra posición actual en lugares celestiales en Cristo. En Canaán hay guerra; en el cielo no la habrá.

Sólo algo a tener en cuenta. Estos simbolismos no son res­petados invariablemente a lo largo de las Escrituras.

NÚMEROS BÍBLICOS

En la Biblia, los números tienen significado. Ese significado puede ser descifrado al comparar su uso repetido en los diferen­tes contextos.

Número 1. Sugiere exclusividad y supremacía. Es como decir, “Es el restaurante número 1 en Nueva York.” La unicidad de Dios puede verse en el credo hebreo llamado Shema (“Oye”): “Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es” (Deut. 6:4) y en la predicción del reino venidero: “En aquel día será — ‘El Señor es uno, y Su nombre es uno.’”

Número 2. Sugiere la confirmación de un testimonio. “Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acu­sación” (Deut. 19:13).

Número 3. Significa integridad y plenitud divinas, como en las tres Personas de la Deidad: “En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19).

Número 4. Este es el número de la universalidad. Existen cuatro evangelios, cuatro puntos cardinales, cuatro vientos (Jer. 49:36 y Ap. 20:8). Cuatro bestias representan el dominio mun­dial de los gentiles (Dan. 7:3).

Número 5. Este indica debilidad y dependencia humanas. Los discípulos solo pudieron proveer 5 rodajas de pan de cebada para alimentar a 5,000 (Jn. 6:9). En Mateo 25:2, se habla de 5 vírgenes sabias y 5 necias. También denota nuestra responsabili­dad frente a Dios.

Número 6. Este número es uno menos que 7, el número de la integridad. Goliat media 6 codos y un palmo de altura; los judíos en Juan 2:6 tenían 6 tinajas para la purificación. El ejem­plo mejor conocido es el 666, el número de la Bestia del Apocalipsis. El seis es el número del hombre; él ha pecado y ha sido destituido de la gloria (o perfección) de Dios.

Número 7. El siete representa la perfección y la plenitud. Le tomó 6 días a Dios crear el mundo, y al séptimo día descansó. La sangre era esparcida delante del Señor 7 veces en la ofrenda por el pecado (Lev. 4:6, 17). Nuestro Señor nos da una visión completa del reino de los cielos a través de 7 parábolas en Mateo 13, y de la iglesia actual en Apocalipsis 2:3.

Número 8. Este número denota un nuevo comienzo. El mundo fue repoblado después del diluvio por 8 personas. Un niño judío era circuncidado en el octavo día. Cristo fue transfigurado en un octavo día (Le. 9:28), refiriéndose al reino venidero, y se levantó en un octavo día. El Día del Señor es un octavo día, un nuevo comienzo. En la numeración griega, el nombre de Jesús (Iesous) suma exactamente 888, seguramente no es coincidencia.

Número 10. Este número representa la responsabilidad humana. Existen 10 mandamientos, y tenemos 10 dedos en las manos y en los pies con los que hacemos y nos movemos. Dios envió 10 plagas a Egipto (Ex. 7:12) y el amo le confió dinero a 10 de sus siervos en la parábola de Lucas 19:13.

Número 12. Este es un número de gobierno, administra­ción, y clara soberanía. Había 12 tribus de Israel, 12 apóstoles del Cordero, 12 cimientos en la Nueva Jerusalén, con sus 12 puertas guardadas por 12 ángeles.

Número 40. La responsabilidad humana (10) multiplicada por la universalidad (4) es igual a la probación de la humanidad entera (40). Llovió 40 días y 40 noches en el Gran Diluvio. Moisés fue probado en tres períodos de 40 años de su vida: en Egipto, en el desierto siendo pastor de ovejas, y guiando al pueblo de Israel también en el desierto. Tanto Saúl como David tuvieron reinados de 40 años, durante los cuales fueron probados. A Nínive se le dieron 40 días para arrepentirse. La tentación de nuestro Señor en el desierto duró 40 días y 40 noches.6

COLORES BÍBLICOS

Los colores tienen significado. El púrpura está asociado (así como con nosotros) con la realeza (Jud. 8:26), el rojo con el pecado (Isa. 1:18), el blanco con la pureza y la justicia (Ap. 6:11, cf. 19:8), el azul o zafiro con el cielo (Éx. 24:10).

NOMBRES BÍBLICOS

En la Biblia los nombres también tienen significado. Jacob quiere decir “tramposo” o “suplantador”. A una persona así, la llamaríamos un “infiel”. Él fue renombrado Israel, que significa “príncipe de Dios”.

Una de las características que ha hecho a los libros de Charles Dickens tan memorables por más de 150 años es su maravillosa elección (o podríamos decir, invención) de nom­bres para sus personajes. Estos parecen encajar tan bien. ¿Quién puede olvidar los nombres Murdstone, Steerforth, Pickwick, Chuzzlewit, Nickleby y Uriah Heep? Por supuesto, Dickens pudo haber inventado cualquier nombre porque sus personajes eran de ficción.

Los nombres bíblicos son memorables por diferentes razo­nes. Estos también se adecúan al personaje, pero en este caso, son nombres reales de personas reales. Un Dios soberano se encargó de que grandes hombres y mujeres en Su Palabra obtu­vieran nombres con significado — a menudo dándoles la llave para su personalidad y carácter.

ALGUNOS NOMBRES PRINCIPALES

Antiguo Testamento

Adán: rojo, tierra

Eva: dadora de vida

Caín: adquisición

Abel: pradera

Abram: padre excelso

Abraham: padre de multitudes

Sara: princesa

Isaac: el que ríe

Jacob: tramposo, suplantador

Judá: alabanza

Miguel: ¿quién como Dios?

Isaías: Jehová salva Nuevo Testamento Jesús: El Señor salva María: amargura José: multiplicador Pedro: piedra

Felipe: amante de caballos

Esteban: guirnalda (una corona ganada en juegos atléticos) Pablo: pequeño

OTROS DETALLES

Metales. Aun los metales tienen sus asociaciones. El oro está relacionado con la gloria y la deidad. La plata habla de reden­ción. El bronce es un símbolo de juicio y el hierro de fuerza.

Fechas. No se detenga demasiado en las fechas cuando esté estudiando la Biblia. Porque, por ejemplo, Génesis 1:1 no está fechado. La edad del hombre sobre la tierra puede calcularse a través de las genealogías, aunque existen algunas brechas meno­res en ellas. Hablando en términos generales, su disfrute y bene­ficio no serán afectados por conocer o no las fechas exactas.

Tiempo. En la Biblia existen diferentes maneras de identifi­car el tiempo. Los judíos tenían un método, los romanos otro. Lo que a menudo parece ser una contradicción, es sólo el resul­tado de haber usado diferentes calendarios o una manera dife­rente de identificar las horas del día.

Pesos, Medidas, Moneda. Aquí tampoco debería insistir en definiciones exactas. Estas cosas tienen su forma de cambiar a través de los años. El contexto con frecuencia le dirá si la canti­dad es exorbitante, inadecuada o suficiente.

EL EDITOR DIVINO

La siguiente es una regla muy útil para recordar. Cuando el Espíritu Santo cita un pasaje del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento, Él es la ley en Sí mismo. Eso quiere decir que Él puede tomar un pasaje y usarlo en un contexto completamente diferente. Cuando Oseas habla por Dios diciendo, “No son Mi pueblo” (1:9), se está refiriendo a Israel cuando estaba apartado de Dios. Pero cuando Pablo cita el pasaje de Oseas en Romanos 9:25-26, lo está aplicando a los gentiles. ¡No hay problema! El mismo Espíritu Santo que lo escribió la primera vez, puede usar­lo la próxima vez en cualquier forma que se le ocurra.

Disfrute su Biblia, cap. V.

Cuatro huellas de la religión Pura

 

Obediencia, reverencia, conciencia, diligencia


                Estas cuatro huellas son marcas esenciales que deben mostrar todos los que son discípulos de Cristo. Son frutos ante Dios y ante los ojos de los hombres que han experimentado un nuevo nacimiento.


· La primera marca de uno que profesa una religión pura es la obediencia.

            Pedro nos escribe con lujo de detalles los diferentes caracteres de la obediencia. Somos elegidos para obedecer. (1 Pedro 1:2) Por nuestra obediencia somos purificados. (1 Pedro 1:14) Por la obediencia a las leyes y a los gobernantes granjeamos alabanza a los que hacen bien. (1 Pedro 2:13,14) Hay la obediencia del empleado al patrón para tener buena conciencia delante de Dios. (1 Pedro 2:18,19) Hay la obediencia de la esposa a su marido en el Señor. (1 Pedro 3:6) Hay la obediencia a Cristo, de los ángeles, las autoridades y potestades en los cielos. (1 Pedro 3:22) Hay la perdición irremisible para los que no obedecen al evangelio de Dios. (1 Pedro 4:17) En fin, hay la obediencia de los jóvenes a los ancianos. (1 Pedro 5:5)

            ¡Qué ejemplo nos da el Señor! Toda su vida estaba sumiso a la voluntad de su Padre. “Yo hago siempre lo que le agrada” y su obediencia fue tan implícita que se hizo “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. (Juan 8:29, Filipenses 2:8) La porción del Señor, en la cual encuentra meollo, es la obediencia de su pueblo. “No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en la agilidad del hombre. Se complace Jehová en los que le temen, y los que esperan en su misericordia”. (Salmo 147:10,11) ¡Cómo se enternece su corazón cuando hay la desobediencia deliberada! “Oh, si me hubiera oído mi pueblo y si en mis caminos hubiera andado Israel”! En un momento habría yo derribado a sus enemigos, y vuelto mi mano contra sus adversarios”. (Salmo 81:13,14)

· La segunda marca de uno que profesa una religión pura es la reverencia.

            “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardo para hablar, tardo para airarse. Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. (Santiago 1:19,20) Si el hombre guarda silencio es oportunidad para Dios obrar. Si el hombre está en soberbia, Dios calla pero obra conforme a su voluntad. “Mi santuario tendréis en reverencia. Yo Jehová.” Siglos después otro escribió: “La santidad conviene a tu casa”. (Levítico 19:30, Salmo 93:5)

            Es necesario tener más celo en cuanto a nuestra conducta en la casa de Dios. Hay casos frecuentes cuando creyentes han tenido el pecado en embrión, por lo cual algunos hermanos que lo saben son escandalizados; con todo eso, el tal creyente llega al culto y es el primero en abrir el culto con himno, o se atreve a enseñar al pueblo del Señor. Otros han pecado con la esposa, y sin arreglo ninguno van al culto a tomar ejercicio. Es irreverente la hermana que habiéndose mochado el cabello vaya a la casa de Dios donde “los serafines cubren sus rostros y sus pies”. Es irreverente en la casa de Dios la ostentación y mundanalidad por medio de modas y adornos que le restan contemplación al Señor.

Salomón y Pablo coinciden respecto a la reverencia que se debe guardar en la casa de Dios: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie, y acércate más para oír que para dar el sacrificio de los necios, porque no saben que hacen mal”. “Para que, si tardo, sepas cómo debe conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad”. (Eclesiastés 5:1,2, 1 Timoteo 3:15)

            La sincera reverencia es la expresión de un corazón agradecido por la condescendencia del Dios infinito en habitar con los hombres; y a esto se une el cúmulo de sus beneficios con que nos colma cada día.

· La tercera marca del que profesa una religión pura es la buena conciencia.

            “Desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”. (Santiago 1:21) La mala conciencia forma su juicio de sí mismo, y no admite el discernimiento de la palabra de Dios; da pábulo a la crítica, murmura de los predicadores. Tiene un ojo impúdico, anda mirando en la congregación a quien echarle el gancho de los amores carnales.

            El asunto que más afecta a hipócritas es hablar de la conciencia; ellos juzgan a los demás por su mismo proceder. Pablo dijo en el concilio: “Yo con buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy”. La palabra llegó hasta el mismo corazón del sumo sacerdote Ananías; herido su orgullo, “ordenó a los que estaban junto a él, golpeándose a Pablo en la boca”. (Hechos 23:1,2)

            ¿Cómo se puede ir a la casa de Dios a ofrecer sacrificio sin pedir perdón al hermano ofendido? La buena conciencia demanda perdón para los que nos ofenden (Marcos 11:25,26); limpieza en el ministerio que desempeñamos (2 Corintios 4:1,2); honradez en el manejo de los intereses del Señor (2 Corintios 6:20,21); testimonio a Cristo, de su muerte y su resurrección; respaldo a la palabra con la conducta (Hechos 24:15,16).

· La cuarta marca del que profesa una religión pura es la diligencia.

            “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. “Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse sin mancha del mundo”. (Santiago 1:22,27) Oído diligente, servicio diligente, andar diligente. En nosotros mismos hay un enemigo de la diligencia, y es nuestro hombre viejo. (Romanos 8:7) Si no somos activos para aguijonear la carne, perdemos el culto, o la mitad del culto. Si no nos sobreponemos mediante concentración e interés, perdemos la enseñanza y olvidamos las experiencias. Muchas vidas hay arruinadas por la negligencia; se han acostumbrado a no trabajar; se contentan con vivir en la miseria y habitar en una miseria: “El indolente ni aun asará lo que ha cazado; pero haber precioso del hombre es la diligencia”. (Proverbios 12:27)

            La falta de diligencia afecta el amor, enferma el cuerpo, arruina los sentimientos y puede matar el alma. La diligencia es práctica y activa con hechos y oración. Empieza conmigo, con los míos, con mi casa, sigue con mis hermanos en el Señor, y sigue con mis prójimos hasta terminar en el amor fraternal: “Poniendo toda diligencia por esto mismo añadid a vuestra fe virtud”. “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado”. “Por tanto es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”. (2 Pedro 1:5-7, 1 Timoteo 2:15, Hebreos 2:1)
    José Naranjo

Todo el día

 Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir, y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso. Salmo 71.17 al 19


            El Salmo 71 fue escrito por un anciano y contiene un mensaje estimulante para los cristianos mayores en edad en todo lugar y circunstancia. No estoy de acuerdo con lo que una señora comentó en mi presencia años atrás al exclamar, “¡Oh, la tragedia de la vejez!” Parece que ella temía envejecerse.

            Reconocemos, sin embargo, que en la sociedad moderna es difícil encontrar empleo cuando uno tiene muchos años encima, y para algunos las circunstancias se tornan onerosas. Pero nuestro Padre celestial ha prometido que, “como tus días serán tus fuerzas”, Deuteronomio 33.25.

Una actitud positiva

            En este salmo encontramos a un creyente anciano en pleno empleo. El no percibe tragedia sino triunfo en sus años avanzados. Su oración en el versículo 8 es, “Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día”, y en el versículo 15 él afirma que, “Mi boca publicará tu justicia y tus hechos de salvación todo el día”. Su propia fuerza física está menguando, pero él declara confiadamente, “Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor”. Él sabía dónde está la fuerza. Ahora, este salmista mira atrás a dos circunstancias muy favorables en su vida: (1) Fue salvo cuando joven, “Seguridad mía desde mi juventud”, 71.5. (2) Fue instruido desde joven, “Me enseñaste desde mi juventud”, 71.17

            Él se había aprovechado de sus años formativos, inscrito en la escuela de Dios, y ahora en su postrimería estaba cosechando los frutos preciosos de las verdades que fueron sembradas en su corazón juvenil muchos años atrás. El creyente joven que dedica tiempo suficiente a la lectura cuidadosa de las Escrituras y la meditación con oración, cosechará dividendos ricos en años posteriores. Aquellos que malgastan los primeros años de convertido lamentarán no haberlos aprovechado, una vez que lleguen a la edad cuando la mente no absorbe lo que oye y lee.

            El Espíritu Santo trae a nuestra memoria aquello que hemos atesorado por atención concienzuda a la Palabra de Dios. “El Consolador, el Espíritu Santo, …os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”, Juan 14.26.

            Los versículos finales del Salmo nos presentan un cuadro hermoso del anciano canoso cantando con arpa a Jehová. Está feliz en su alma, ocupándose de su salvación: “Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, y mi alma, la cual redimiste”. El estaba anticipando su ocupación eterna, cuando acompañaría las huestes de todas las edades en el himno que proclama: “Digno eres … porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido … y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes”.

Habla la boca

El último versículo le encuentra todavía en el mundo hostil, ya que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”, 2 Timoteo 3.12, pero sus enemigos no pueden taparle la boca. Es una gran bendición cuando la lengua no deja de funcionar en la vejez, aun cuando uno pierda su vista o la fuerza corporal, ¡si es que con la lengua puede expresar el gozo que siente en el Señor!

            Pero, las Escrituras registran algunos casos tristes del mal que puede hacer la lengua entre los ancianos en edad. María, hermana de Aarón y Moisés, empleó muy bien su lengua para cantar la alabanza de Jehová en su mejor época, pero hacia el final de la carrera ella la prestó para la obra del diablo, la maledicencia. En su juventud ella había manifestado amor para su hermano menor cuando él se encontró abandonado en una arquilla, pero cuando canosa ella fue excluida del campamento por siete días por hablar mal de él.

            De la misma manera Aarón, quien gozaba de un privilegio singular ante Dios y los hombres, tuvo que confesar su necedad y pecado en hablar en contra de Moisés. Finalmente, nos acordamos del pecado trágico de Moisés mismo. En vez de hablarle a la roca, como Dios le mandó hacer, él la golpeó y luego perdió los estribos con el pueblo, “y él habló precipitadamente con sus labios”, Salmo 106.33.

            Que nuestra oración constante sea la del Salmo 141.3: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios”.
Santiago Saword

Figuras de Cristo (5)

 por W.A. Deans


Melquisedec

Génesis 14:17-24


Melquisedec es un tipo de Cristo como Rey y Gran Sumo Sacerdote. Este hombre vivió durante el tiempo de Abraham. Era rey de Salem, más tarde llamada Jerusalén y fue también Sacerdote del Dios Altísimo, Génesis 14:18.

Melquisedec fue un hombre, pero la Biblia no nos dice nada acerca de sus padres. A propósito, Dios ocultó esta in­formación, de tal manera que Melquisedec fuera un tipo de Cristo, que nació aquí en la tierra en una forma misteriosa, pero que había existido eternamente en los cielos.

Lea lo que la Biblia dice en Génesis 14 acerca de Mel­quisedec. Cuatro reyes estaban peleando contra cinco reyes y los reyes de Sodoma y Gomorra fueron derrotados. Los reyes victoriosos tomaron todo el botín de Sodoma y Gomorra y todas sus provisiones y también a Lot el sobrino de Abraham, que vivía en Sodoma, Génesis 14:11,12.

Abraham oyó acerca de esto y reunió a todos sus siervos, 318 hombres. Siguió al enemigo, le dio alcance y lo derrotó. Abraham tomó los animales que los reyes victoriosos habían tomado a los prisioneros y rescató a su sobrino Lot junto con los demás prisioneros, vss. 13-16.

Melquisedec encontró a Abraham cuando regresaba de la batalla. Él le dio comida y vino y lo bendijo en el nombre del Dios Altísimo. Abraham dio a Melquisedec una décima parte de todo lo que había tomado a los reyes, vs. 20.

El rey de Sodoma salió para recibir a Abraham y para pedirle que le devolviera su gente y que guardara para sí, el ganado. Pero Abraham rehusó tomar cosa alguna del rey de Sodoma, porque no quería que este pudiera decir que él lo había enriquecido, vs. 23.

Así, pues, Abraham escogió entre estos dos reyes: Mel­quisedec, el rey de Salem y Sacerdote del Dios Altísimo y el rey de Sodoma. Él escogió a Melquisedec y recibió su regalo y su bendición. Abraham le dio una décima parte de lo que había tomado de los otros reyes en la batalla, pero rehusó recibir los regalos del rey de Sodoma, aquella depravada ciudad.

Hebreos 6:20 y 7:1-28 muestran que Melquisedec es un tipo de Cristo. Nótese las maneras en las cuales, Melquisedec es como el Señor Jesucristo:

1)   Jesús nació en una forma milagrosa. No sabemos nada acerca del nacimiento de Melquisedec, ni acerca de sus padres. La Biblia no nos dice nada acerca del principio y fin de su vida. De esta manera, él se asemeja al Señor Jesús que nació en este mundo en una forma milagrosa, pero que ha existido para siempre como Dios el Hijo, Hebreos 7:3.

2) Cristo es rey. El nombre Melquisedec significa el rey de justicia; también fue rey de Salem que quiere decir paz, Hebreos 7:2. Cristo también es rey:

-     Los profetas del Antiguo Testamento lo llamaron rey, Mateo 21:4,5; Salmos 2:6; Daniel 7:13,14.

-     Cuando el Señor Jesús nació, Herodes lo llamó rey de los judíos, Mateo 2:2.

-     Pilato le preguntó si Él era rey; Juan 18:37; 19:14,15.

-     El Nuevo Testamento lo llama Rey de Reyes, Apocalipsis 17:14 y 19:16.

3)   Cristo es nuestro Gran Sumo Sacerdote, Hebreos 7:1-28. Cristo nació de la tribu de Judá y no de la tribu de Leví, a la cual le había dado Dios el trabajo del sacerdocio, Hebreos 7:5,14. Aarón, el primer Sumo Sacerdote fue levita y todos los sacerdotes después de él, también fueron levitas.

Pero Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo vivió antes de que naciera Leví. Abraham honró a Melquisedec, dándole una décima parte de lo que había recibido. Abraham al hacer esta ofrenda estaba tomando el lugar de Leví, que fue un descendiente suyo. Cuando Abraham se inclinó ante Melquisedec, fue como si Leví se hubiera inclinado delante de él. Esto demuestra plenamente que Melquisedec era más grande que Leví. Lea Hebreos 7:2.

Dios llamó a Jesucristo, Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec, Salmo 110:4; Hebreos 6:20 y 7:17,21. Todos los demás sacerdotes murieron pero él vive para siempre para interceder por su pueblo, Hebreos 7:15,16,25.

4) El nuevo pacto de Cristo, nuestro Gran Sumo Sacer­dote es mejor que el de la familia de Leví, Hebreos 7:22.

-Cristo es mediador de un mejor pacto entre Dios y los hombres porque está basado en promesas de cosas me­jores, Hebreos 8:6.

-Este es un nuevo pacto, Hebreos, 8:7,8.

            Todos los sacerdotes de la tribu de Leví tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de que pudieran ofrecer por los pecados del pueblo. Pero, nuestro sacerdote, el Señor Jesucristo, no tiene pecado. Él se ofreció a sí mismo una vez, como sacrificio por los pecados de los hombres para que nosotros pudiéramos recibir eterna salvación, Hebreos 7:23,24.

- Dios nunca se acordará de nuestros pecados, Hebreos 8:12,13 y 10:17,18.

Lea también Hebreos 10:9,18. Usted se alegrará al pensar sobre la obra perfecta del Señor Jesucristo, nuestro sacrificio, nuestro Gran Sumo Sacerdote y nuestro Rey.

Preguntas y Respuestas



1. ¿Cuál es la idea escritural de un anciano?

àUn anciano es un hombre avanzado en años, quien está capacitado para sobreveer en la Asamblea. Primordialmente es un hombre de experiencia (1 Ti 3:6). Se le denomina sobreveedor u obispo (que significan lo mismo ambas palabras, según el original).

2. ¿Quién ordenaba a los ancianos en la Asamblea apostólica?

àLos apóstoles, o delegados de éstos para esta obra, tales como Tito y Timoteo (Hch 14:23; Tit 1:5).

3. El apóstol Pablo comunicó a Timoteo y a Tito las cualificaciones que un anciano debía tener a fin de ser apto para la obra de sobreveer en la Asamblea. ¿Puede usted decir en qué parte de la Biblia se hallan esas cualificaciones?

àEn Tit 1:5-9 y 1 Ti 3:1-7 (léanse los pasajes).

4. Compare Hch 20:17 y 28 para demostrar que los ancianos se llamaron «obispos».

àHch 20:17 nos dice que Pablo envió a Éfeso a llamar a los ANCIANOS de la asamblea. El versículo 28 nos dice que el Espíritu Santo ha constituido a estos ancianos OBISPOS (sobreveedores) sobre el rebaño del Señor.

5. Compárese Tit 1:5 y 7 para demostrar que los ancianos se llamaron «obispos».

àTit 1:5 trata sobre la ordenación de «ANCIANOS en cada ciudad» (no uno sobre un grupo de «iglesias» como se hace hoy). El versí­culo 7, que sienta las cualificaciones que estos ancianos deben poseer, dice: «Porque es necesario que el OBISPO sea irreprensible».

Lea la muy bella exhortación que Pedro dirige a los ancianos. Léase 1 P 5:1-4.

6. No teniendo a los apóstoles para llevar a cabo la elección de ancianos y a falta de instrucción específica dada a alguna asamblea en particular en cuanto a cómo debían éstos elegirse, ¿cómo hemos de reconocer ancianos en la Asamblea en la actualidad?

àSi la experiencia de los años (1 Ti 3:6) hace creer a los hombres que Dios los ha preparado para gobernar (1 Co 12:28 «gobernacio­nes»), deben ejercitarse en cuanto a la sobrevivencia en la Asamblea (1 Ti 3:1-7). Si lo hacen con diligencia (Ro 12:8) y en el espíri­tu de 1 P 5:1-3, sus hermanos no tendrán dificultad en reconocerles (1 Ts 5:12) como ancianos escrituralmente cualificados. Compárese 1 Cr 12:32.

7 ¿Cuál es el posible peligro de dar a un anciano un título oficial?

àPuede inconscientemente convertirse en un clérigo en la Asamblea.

8. ¿Espera Dios que reconozcamos a los ancianos que sirven bien?

àDebemos tenerlos «en mucha estima y amor por causa de su obra» (1 Ts 5:13).

9. ¿Deben los ancianos que gobiernan bien ser tenidos como dignos de honra?

àDeben «ser tenidos por dignos de doble honor» (1 Ti 5:17).

10. ¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia los ancianos mientras llevan a cabo su obra de sobreveer en la Asamblea?

àSe nos ordena «recordarlos», «obedecerles», y «sujetarnos a ellos» (He 13:7, 17).

11. Pablo escribe a Timoteo acerca de los diáconos. Diácono es la palabra griega no traducida. Significa «siervo». Dé algunos ejem­plos de su uso.

àRo 16:1: «Febe, la cual es diaconisa de la asamblea» (sierva). Jn 2:5: La madre de Jesús «dijo a los que servían» (siervos). Mt 22:13: «El rey dijo a los que servían» (siervos).

12. ¿Quiénes son llamados con frecuencia «los primeros diáconos»?

            Los siete varones que fueron elegidos por los hermanos y ordenados por los apóstoles para servir a las mesas (Hch 6:1-6).

13. No teniendo los apóstoles hoy para nombrar diáconos o siervos para servir en cosas temporales, ¿de qué tenemos que depender?

àDependemos del Espíritu Santo, para que use a aquellos que tienen las cualificaciones que el apóstol Pablo menciona en Ti 3:8-13 (léanse los versículos).


Fred Wurst

MUJERES DE FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO (5)



 

5. Lea


“Dios no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón”. (1 Samuel 16.7)

            La historia está en Génesis 29-31,33y Rut 4.11.


            En la Biblia hallamos relatos verídicos de mujeres de la antigüedad cuyas luchas se asemejan a las de muchas mujeres hoy día. Probablemente ninguna mujer que lea esta historia se encuentre en circunstancias iguales a las de Lea, pero pertenecemos a una raza caída y la desilusión y el fraude abundan.

            El relato de Raquel y Lea es bien conocido. Jacob salió del hogar de sus padres y llegó a donde vivía su tío Labán, quien tenía dos hijas, la mayor Lea y la menor Raquel. Jacob amó a Raquel y le dijo a Labán: “Yo te serviré siete años para ganarla por esposa”. Como estaba tan enamorado de ella le pareció como pocos días.

            “Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer, pero los ojos de Lea eran delicados”. No sabemos si Lea sufría alguna enfermedad de la vista o si simplemente sus ojos no brillaban, pero es claro que a ella le faltaba la belleza que tenía su hermana menor y durante su juventud vivió a la sombra de ella.

            Al fin de los siete años Labán hizo una fiesta de bodas. La costumbre era que el padre de la novia la condujera al dormitorio de su esposo. Pero Labán, en vez de llevar a Raquel, condujo a su hija Lea y en la oscuridad se la entregó a Jacob. De manera que Jacob pasó la noche con Lea pensando que era Raquel y por la mañana se dio cuenta del engaño de Labán. Durante una semana se cumplió con la acostumbrada fiesta nupcial y luego el padre le entregó a Raquel por esposa. Jacob tuvo que trabajar otros siete años más para ganarla a ella.

            "Vio Jehová que Lea era menospreciada”. A veces se ve en operación la ley de la compensación en ciertas personas que sufren de alguna deficiencia. Dios les otorga cualidades que contrapesan su deficiencia y así fue en el caso de Lea.

            Viendo el Señor que Lea no recibía el amor de Jacob, Él hizo que ella fuera la más fértil. Toda mujer judía anhelaba tener hijos y Dios escogió a Lea para ser madre de seis de los hijos de Jacob. Paradójicamente cada hermana poseía lo que la otra deseaba tener, Lea fue madre del mayor número de hijos de Jacob pero no fue amada por su esposo, mientras que Raquel era amada por Jacob pero por algunos años fue estéril.

            Los nombres que Lea le dio a sus hijos indican el crecimiento de su fe en Dios. Ella llamó a su primer hijo Rubén, diciendo: “El Señor ha visto mi aflicción; ahora sí, me amará mi esposo” (Génesis 29.32). Cuando nació Simeón, que quiere decir “oído”, Lea dijo: “Oyó Jehová que yo era menospreciada”. Leví significa “unido” y ella pesaba: “Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo”. Al nacer Judá, que quiere decir “alabanza”, algo cambió en Lea y ella dijo: “Esta vez alabaré a Dios”. Más tarde nació Isacar, y dijo: “Dios me ha dado mi recompensa”. Y cuando dio a luz a su sexto hijo, Lea dijo: “Dios me ha dado una buena dote”, y llamó su nombre Zabulón. Lea reconoció que fue Dios quien le había dado sus hijos.

            Su esposo, Jacob, no mostró el debido amor para con ella, pero es evidente por los nombres que Lea le dio a sus hijos que había aprendido a no enfocarse en su falta de amor sino en agradecer la buena mano de Dios en su vida. Ella aprendió lo que Dios quiere enseñarnos a cada una de nosotras: el verdadero gozo en la vida viene de Dios. El matrimonio y los hijos pueden ser una bendición, pero Dios es la fuente de la suprema satisfacción.

            Lea fue honrada siendo madre de seis de los hijos de Jacob. Miembros de la tribu de Leví fueron los sacerdotes y levitas. De la descendencia de Judá nació el Señor Jesucristo, el que ha de ser Rey de Reyes.

            Dios se goza en tomar lo menospreciado y lo débil del mundo para cumplir sus propósitos (1 Corintios 1.27-29). El Señor tiene propósitos para la vida de cada una de nosotras. Él dijo: “Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29.11). Como Lea, podemos hallar nuestra mayor satisfacción en Dios, quien nos ama y dio a su Hijo Jesucristo para que muriera por nosotras. “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero” (1 Juan 4.19).

LA EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES (3)

 


1.12 al 30 El propósito de la vida


            Los intereses del Señor se promocionan por la predicación del evangelio, 1.12 al 18; por la proyección de Cristo en la vida del creyente, 1.19 al 26; y por la protección del testimonio, 1.27 al 30.

            Lo que parecía ser un revés en la divulgación del evangelio fue en realidad una ayuda, 1.12, de manera que el apóstol se alegra en saber que éste era proclamado, 1.18. En la predicación del evangelio se estaban promocionando los intereses de Cristo y esto le contentaba, ya que no le preocupaban las circunstancias. Por esto expresa confianza que sería guardado del desaliento o de avergonzarse, y esto se debía a la predicación, 1.18; a la oración del pueblo del Señor, y a la provisión del Espíritu, 1.19.

            Para él era importante que Cristo fuese magnificado en su cuerpo, y Pablo estaba dispuesto a vivir o morir con tal que su muerte cumpliera ese fin. Todo el propósito de su vida era Cristo. “Para mí el vivir es Cristo”, 1.21. La vida es la oportunidad para promover los intereses de Cristo, comunicar el evangelio, ayudar al pueblo de Dios e identificarse con Cristo en un mundo que le rechaza. Una sola pasión debe llenar el corazón, la de afecto por Cristo; un propósito debe llenar la vida, el de vivir por Cristo. La muerte era ganancia —algo mucho mejor— pero Pablo tenía el carácter de esclavo y por lo tanto estaba dispuesto a quedarse en beneficio de otros.

            Para Pablo la vida tenía valor tan sólo al tener por resultado la gloria de Cristo, y por esto no buscaba su propio bienestar sino el de los demás. Si esta resolución caracteriza la vida de cada uno en la congregación, se mantendrá el testimonio no obstante los ataques del enemigo. El comportamiento de cada cual sería gobernado de tal forma que se ajustará al evangelio en todo detalle; todos estarán firmes ante cualquier arremetida, con un solo propósito y meta. Habrá unanimidad de disposición y una sola energía de la fe, con el consecuente coraje que confía en un fin asegurado; 1.27 al 30.

            Que este propósito caracterice cada uno de nosotros para la gloria de Dios, la exaltación de Cristo en nuestras vidas y el bienestar espiritual de los creyentes con quienes nos congregamos.