domingo, 26 de febrero de 2023

¿Quién es un cristiano?

La palabra "cristiano" es utilizada tres veces en el Nuevo Testamento — en Hechos 11:26; Hechos 26:28, y 1 Pedro 4:16. Los seguidores de Jesucristo fueron llamados "cristianos " primero en Antioquía debido a que su comportamiento, actividad y forma de hablar, fueron como los de Cristo. (Hechos 11:26). Literalmente la palabra cristiano significa "perteneciente al partido de Cristo" o "partidario o seguidor de Cristo", lo cual es muy similar a la manera en la que el Diccionario Webster lo define.

Desafortunadamente con el paso del tiempo, la palabra "cristiano" ha perdido mucho de su significado y a menudo es utilizada para describir a alguien religioso o que tiene altos valores morales, en lugar de un verdadero seguidor de Jesucristo. Mucha gente que no cree ni confía en Jesucristo, se considera cristiana simplemente porque asiste a la iglesia o vive en una nación "cristiana". Pero asistir a la iglesia, servir a aquellos menos afortunados que uno, o ser una buena persona, no lo hace a uno un cristiano. "Asistir a la iglesia no hace a uno un cristiano, al igual que ir a un garaje no hace a uno un automóvil". Ser un miembro de una iglesia, asistir a los servicios regularmente, y dar para la obra de la iglesia, no lo hacen cristiano.

La Biblia nos enseña que las buenas obras que hacemos no nos pueden hacer aceptables a Dios. Tito el capítulo 3 y versículo 5 nos dice que "Dios nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo". De manera que, un cristiano es alguien que ha sido nacido de nuevo por Dios (espiritualmente hablando) y ha puesto su fe y confianza en Jesucristo. Esto lo vemos en Juan 3:3,7, y en 1 Pedro 1:23. En Efesios 2:8 leemos que "Por gracia somos salvos por medio de la fe y esto no procede de nosotros, sino que es un regalo, un don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe ni se jacte".

Un verdadero cristiano es una persona que ha puesto su fe y confianza en la persona de Jesucristo, que reconoce que Él murió en la cruz como pago por todos los pecados personales de cada uno de nosotros y que resucitó al tercer día para obtener la victoria sobre la muerte, para dar la vida eterna a todos los que creamos en Él. Juan 1:12 nos dice: "Más a todos lo que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". Un verdadero cristiano es en verdad un hijo de Dios, una parte de la verdadera familia de Dios, y uno a quien le ha sido dado una nueva vida en Cristo. La marca de un cristiano verdadero es demostrar amor hacia los demás y la obediencia a la Palabra de Dios. Esto lo vemos en las Sagradas Escrituras en 1 Juan 2:4 y en 1 Juan 2:10

Got Questions
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EL TRIUNFO DE LA CRUZ DEL CALVARIO

 Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y Él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. (Juan 19:16-18)


“Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron”: Aquí es donde la culpabili­dad del hombre alcanzó su punto más alto. “Y Él, cargando su cruz, salió...”: Aquí es donde se manifestó la gran victoria del amor divino sobre el odio humano. Él no fue arrastrado ni empujado; Él (de su voluntad) “salió”. Ningún hombre le quitó la vida; Él de sí mismo la puso (cf. Jn. 10:18). De su parte no hubo resistencia ni pesar; cada paso que Él dio hacia el Gólgota hizo temblar el reino del diablo.

Y allí “le crucificaron”; y el Cristo crucificado es la respuesta de Dios a la mentira del diablo en Edén. Si Dios hubiese dejado que cosechá­semos los amargos frutos de nuestra rebelión y pecado, no podría­mos habernos quejado; pero, en lugar de eso, se propuso disipar las tinieblas y derribar el poder del diablo por medio de esta poderosa y convincente prueba de su amor hacia nosotros. Satanás le hizo creer a los hombres que Dios era un Señor severo. Dios probó que está lleno de amor. ¿Cómo lo hizo? Dándonos el don más preciado que había en el cielo: Su propio Hijo amado. Desde el mismo momento en que la gloriosa luz de este amor resplandece en los corazones de los hombres, la esclavitud de Satanás llega a su fin. Jesús fue levantado en la cruz y aquel levantamiento proclamó toda la verdad. Desnu­dada la mentira y disipadas las tinieblas de la ignorancia, Dios triunfó.

¡Cuán grandioso es el esplendor del Calvario! Así como cuando el sol se levanta por la mañana, hemos sido despertados de nuestra noche somnolienta. Hemos sido forzados a exclamar: «¡A pesar de todo, Dios nos amaba! La penetración de su Palabra nos dio luz, y con la luz llegó la libertad. Las cortinas de tinieblas se han des­garrado y nuestras almas se han adentrado en el día. ¡En la cruz se manifestó el perfecto amor!

J. T. Mawson

El Señor está Cerca

Disfrute su Biblia (14)

 

ESTUDIOS ESPECIALES

William Macdonald

 


“No existe nada más extraño que la gente”, dijo una granje­ra estadounidense una vez. Y tenía razón. También, podríamos poner la palabra interesante en lugar de la palabra extraño.

La Biblia está repleta de biografías de personas alegres, crue­les, devotas, engreídas, humildes, hermosas y terribles. La palabra biografía viene de las palabras griegas que significan “escri­tura de la vida”.

Otra verdad que encaja con las biografías es el viejo dicho, “La verdad es más extraña que la ficción”. Las historias de José, Ester, David, y muchos otros son impresionantes y, aun así, creíbles.

Las novelas que incluyen varias “biografías” dentro de las cuales encontramos los libros de Dickens, tienen cierto aire de realidad en ellas. ¿Por qué? Porque están basadas en una minuciosa observación de la vida real. Todas las biografías en la Biblia son verdaderas, pero están interpretadas para ense­ñar una verdad divina. Hay mucho sin detallar, ninguna es completa.

Algunas “biografías” son cortas y amenas. Por ejemplo,

Enoc: Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Después que engendró a Matusalén, caminó Enoc con Dios trescientos años, y engendró hijos e hijas. Así, todos los días de Enoc fueron trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios (Gén. 5:21-24).

Jabes: Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: “Por cuanto lo di a luz con dolor”. Invocó Jabes al Dios de Israel diciendo: “Te ruego que me des tu bendición, que ensanches mi territorio, que tu mano esté conmigo y que me libres del mal, para que no me dañe”. Y le otorgó Dios lo que pidió (1 Cron. 4:9-10).

Del otro lado del espectro tenemos cuatro evangelios. Estos son también selectivos, y remarcan la última semana de la vida de nuestro Señor, su muerte, resurrección, y su ministerio de 40 días posterior a la resurrección.

La mayoría de las historias de vida en la Palabra de Dios se ubican entre Enoc y el Señor Jesús en cuanto a extensión.

Personas como Noé, Abraham, Sara, Jacob, José, Rut, Ezequías, Ester, María, Pedro, Pablo, todas tienen material sufi­ciente para construir buenas biografías de ellos en el texto.

Aquí veremos cómo construir una mini biografía a partir del texto. Hemos escogido a Sara.

Paso 1: Busque el nombre de la persona en una concordancia

Podemos ver enseguida que Sara aparece varias veces en la Biblia, principalmente entre Génesis 17 y 49, pero también una vez en Isaías y tres veces en el Nuevo Testamento. La forma posesiva aparece dos veces en Génesis y una en Romanos.

Debajo de éstas podemos encontrar también el nombre Sarai. Puede que no supiéramos que éste era el nombre original de Sara, aunque cuando leemos sus primeras referencias en Génesis 17:15 podemos darnos cuenta de ello. Desde Génesis 11:29 hasta el 17:15 aparece el nombre Sarai, lo cual sugiere un cambio importante en su historia de vida.

Paso 2: Busque, lea, y tome notas de los diferentes eventos en la vida de la persona.

Primer Pasaje (Gen. 11:29-31): Sarai se casa con Abraham, pero no puede tener hijos.

Segundo Pasaje (Gen. 12:5): Sarai parte hacia Canaán con Abraham y su familia.

Tercer Pasaje (Gen. 12:10-20): La hermosa Sara es llevada a la casa del Faraón luego de que Abraham dijera que era su hermana (una verdad a medias). Dios castiga a Faraón y él manda a Abraham y Sarai de regreso.

Cuarto Pasaje (Gen. 16:1-9): Sarai persuade a su marido de tener un bebé para ella con su criada egipcia, Agar. Esta era una costumbre aceptable en aquellos días, según notas y diccionarios bíblicos. Sarai, siendo despreciada por Agar por ser estéril, la trata con rudeza y la pobre criada egipcia huye. Luego es persua­dida a volver bajo la autoridad de Sara por el ángel del Señor.

Quinto Pasaje (Gen. 17:15-19): Dios cambia el nombre de Sarai a Sara (“Princesa”) pues Él la escogió para ser la madre de la nación del pacto, aun a su edad avanzada.

Sexto Pasaje (Gen. 18:6-15): Sara sirve a tres visitantes celes­tiales en su tienda. Ella se rió mientras escuchaba la noticia de que tendría un hijo a esa edad. Por temor, Sara niega haberse reído.

Séptimo Pasaje (Gen. 20:1-18): Por la decepción de Abraham, Sara es tomada por Abimelec, rey de Gerar, a causa de su belleza. Otra vez, un incrédulo sufre por el pecado de un siervo de Dios, Abraham. Sara es repudiada por el rey (v. 16).

Octavo Pasaje (Gen. 21:1-8): Sara da a luz a Isaac (que significa “él ríe”).

Noveno Pasaje (Gen. 21:9-12): Ismael se burla de Isaac, por lo que Sara echa a Agar y su hijo del lugar. Dios le dice a Abraham que escuche la voz de Sara, pues Isaac es el heredero de la promesa.

Décimo Pasaje (Gen. 23:1-19): Sara muere a la edad de 127 en Quiriat-arba (= Hebrón). Sara es sepultada en la cueva de Macpela, comprada a Efrón. Algunos comentarios o diccio­narios bíblicos dirán que la tumba de Abraham y Sara aún está allí en Israel. Abraham y su hijo hacen duelo por Sara (23:2), y luego Isaac lleva a su desposada a la tienda de su madre (24:67). (Gén. 25:12 no pertenece a la historia de Sara). Luego Abraham, Isaac y Rebeca, Lea (49:31), y en su momento Jacob (50:13) se unen a Sara en su tumba.

Décimo primer Pasaje (Isa. 51:1-2): Isaías anima a los justos a ver sus raíces en Abraham y Sara. Referencias de Sara en el Nuevo Testamento:

Décimo segundo Pasaje (Rom. 4:19): La esterilidad del vientre de Sara no fue impedimento para la fe de Abraham en la promesa de Dios.

Décimo tercer Pasaje (Rom. 9:9): Pablo cita Génesis 18:10 para ilustrar que Sara es la madre del linaje prometido del Mesías.

Décimo cuarto Pasaje (Gal. 4:21-31): (Nota: Este texto importante no será encontrado en la concordancia, ya que el nombre de Sara no se utiliza. Lo único que puede alertarlo res­pecto a su existencia es una referencia, conocimiento previo, un comentario o diccionario bíblico.)

Pablo usa a Sara y Agar como una alegoría de la ley y la gracia, la esclavitud y la libertad, la carne y el espíritu. Sara tiene el honor de representar los buenos aspectos en cada caso.

Décimo quinto Pasaje (Heb. 11:11): Puede verse cómo Sara ejercita su fe en concebir a su edad avanzada (algunas ver­siones retraducidas, dan todo el crédito a Abraham, pero cree­mos que la versión RV es preferible a la luz de dicho pasaje).

Décimo sexto pasaje (1 Pe. 3:5-6): Sara se describe como una mujer santa que confiaba en Dios (fe), y que era sumisa al liderazgo de su esposo. Su belleza incluía un espíritu tranquilo (v. 4).

Tales mujeres, hoy en día pueden ser llamadas “hijas de Sara.”

Paso Tres: Realice un esquema de los eventos y elabore la historia, acorde al texto escritural, y permitiendo perspectivas históricas y arqueológicas cuando sea válido.

Los puntos principales puede que sean la propia Historia de Sara (Gén. 11-49) y el Legado Espiritual de Sara (Isa. 51:2 y el Nuevo Testamento).

Su historia puede dividirse en el 17:15, cuando su nombre es cambiado de Sarai a Sara.

Una lección de Escuela Dominical, una clase bíblica, men­saje o estudio para mujeres, o un sermón biográfico son ideas que pueden derivarse de estas notas.

MUJERES DE FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO (14)

 


Rut

“Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”. (Rut 1.16)




La historia está en el libro de Rut.


El bello relato de este libro muestra la intervención y el cuidado de Dios en las vidas de algunos que confiaban en Él. Aunque la inmoralidad prevalecía en aquellos tiempos, vemos la gracia de Dios en las experiencias de unas personas humildes. También vemos en la historia de Rut una ilustración de la redención efectuada por el Señor Jesucristo.

Cinco veces la protagonista es llamada “Rut la moabita”, porque había nacido en Moab y Moab era un país enemigo de Israel. A pesar de la insistencia de Noemí de que ella regresara al hogar de sus padres, Rut no lo hizo. Estaba determinada a dejar lo suyo y los suyos en su tierra natal, compartir su incierto futuro con su suegra y confiar en el Dios verdadero.

Por esta razón Rut expresó su firme decisión con esta noble confesión: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada”. “Rut escogió su destino, su morada, su pueblo, su Dios, y aun su sepultura”.

Viendo Noemí que Rut estaba resuelta a ir con ella, no dijo más.

Las dos viudas, mujeres sin nada, llegaron a Belén al comienzo de la cosecha. Necesitando alimentos para las dos, Rut tomó la iniciativa y fue al campo a espigar, siguiendo a los obreros. Dios había hecho provisión para los necesitados, las viudas y extranjeras, dándoles el derecho de recoger las gavillas que los segadores dejaban en las esquinas de los campos (Deuteronomio 24.19).

Por la misericordia de Dios el dueño del campo donde trabajó Rut fue Booz, un hombre rico e influyente, pariente de la familia de Elimelec, el difunto esposo de Noemí. Aquel hombre de carácter espiritual trataba a sus empleados con consideración. Booz ya había oído de la conversión a Dios de aquella joven mujer y de su buen comportamiento con su suegra. Sabiendo que la joven que trabajaba en su campo era nuera de Noemí, le habló cariñosamente, aconsejándole que siguiera espigando allí y que no fuera a otro campo.

Por supuesto Rut no tenía necesidad de ir a otro campo y exponerse a peligros cuando había abundante protección, granos y agua para tomar en el campo de Booz. Para nosotras, como creyentes en Cristo, no hay razón de ir a los campos del mundo cuando en la congregación de los santos podemos gozar de protección y abundante alimento espiritual.

Así que, Rut humildemente bajó su rostro e inclinándose a la tierra preguntó por qué él se había fijado en ella, una mujer extranjera. Booz respondió que sabía cómo ella se había portado con su suegra desde que murió su esposo y como dejó su patria para venir a un país extraño y que se había convertido a la verdadera fe en Dios. Él le dijo: “Tu recompensa sea cumplida de parte del Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte” (Rut 2.8-12).

A los obreros Booz dio órdenes de dejar caer manojos que ella pudiera recoger, y al final del día Rut le llevó a su suegra lo que había espigado. Al saber Noemí que Rut había recibido los granos en el campo de Booz, se contentó y empezó a pensar en cómo él podría redimir la propiedad de Elimelec y “hallar hogar” para Rut. Vemos la manera desinteresada en que su suegra aconsejó a Rut, habiendo renunciado a sus propios derechos, y cómo fue contestada su oración de que Rut hallara descanso (seguridad) en casa de su marido.

Pasaron unos tres meses y Noemí, creyendo que la buena mano del Señor estaba con ellas, aconsejó a Rut en lo que ella debía hacer según la cultura judía de aquel tiempo, para que Booz cumpliera sobre ella, diciéndole que era una mujer virtuosa, o como decimos nosotros, espiritual. Noemí, una anciana prudente, confiaba que Booz iba a proceder con honradez y aconsejó a Rut estar quieta y esperar.

Booz dijo de los deberes del pariente redentor: “El mismo día que compres las tierras de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la Moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión”.

Los ancianos del pueblo se congregaron a la puerta de la ciudad para actuar como testigos. El familiar más cercano pasó por allí, y le dijo a Booz que él no podía redimir la herencia. Tal vez pensaba que al hacerlo podría perder su propia herencia. Entonces Booz anunció que él sí iba a redimir lo que era de Elimelec y sus hijos. También él iba tomar a Rut la moabita por esposa y así preservar el nombre de su difunto esposo Mahlón.

Entonces Booz se casó con Rut y cumplió su propia oración acerca de ella: “Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová”. Los que estuvieron presentes dijeron: “Testigos somos”, y pronunciaron su bendición, deseándoles una numerosa descendencia como la de Raquel y Lea.

Dios recompensó la fidelidad de Rut y Booz dándoles un hijo, cuyo nombre fue Obed. Booz era descendiente de Rahab. (En la genealogía de Mateo 1 la palabra engendró quiere decir “fue padre de”). “Salmón engendró de Rahab a Booz”, y eso concuerda con Rut 4.21-22: “Booz engendró a Obed, Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David”. La lista de nombres no está completa, pero podemos ver que Obed figura en la genealogía de Jesucristo. Vemos la gracia de Dios cuando Rahab, siendo antes una ramera, y Rut, una moabita, fueron incluidas en el linaje del Señor Jesucristo.

La historia de Rut es una ilustración de la redención que el Señor Jesucristo efectuó en la cruz del Calvario. Redimir quiere decir comprar otra vez para poner en libertad. Rut era una viuda sin recursos, miembro de una sociedad inmoral y pagana. Noemí podía aconsejar a su nuera, pero no podía redimirla, ni tampoco podía el otro pariente. Pero Booz, un hombre compasivo, estaba resuelto a pagar el precio y llevó a cabo su propósito. Así él nos hace pensar en nuestro Redentor.

Ciertamente la gracia del Señor Jesucristo fue infinitamente mayor que la de Booz. El pagó el precio de la culpa de nuestro pecado cuando murió en la cruz. “En otro tiempo no éramos pueblo, pero ahora somos pueblo de Dios, y hemos alcanzado misericordia”

(1 Pedro 2.10). Un día Él llevará a su Esposa, la Iglesia Universal compuesta de todos los que han puesto su fe y confianza en Él, a las Bodas del Cordero en el cielo (Apocalipsis 19.7). Ojalá que cada uno de los que lee este libro esté entre los redimidos en aquel día.

El predicador del evangelio Albert Hull escribió: Las mujeres consagradas al Señor son de mucha estima en la congregación de los santos. Rut es un ejemplo singular en cuanto a su determinación y devoción. Aquella humilde mujer nunca habría pensado que unos tres mil años después de su vida su biografía sería leída. Hay lecciones espirituales y prácticas que debemos aprender de aquella mujer, cuyo amor y lealtad fueron el resultado de su sencilla confianza en Dios.

Figuras de Cristo (14)

 El altar de bronce. Éxodo 27:1-8; 38:1-7


El Altar de Bronce permanecía dentro del patio cerca a la puerta. Permanecía allí como un vigilante porque la sangre debía ser derramada primero a todo el que quisiera aproxi­marse a Dios.

Los cuatro lados de este Altar eran todos de la misma longitud: 21/2 metros (aproximadamente), cada uno. Y tenía aproximadamente 1V2 metros de alto. Estaba hecho de madera de acacia que no se pudre y estaba cubierto con bronce, un metal que no se funde al fuego.

El Altar era cuadrado, lo cual significa que la gente de todo el mundo puede acercarse a Dios de la misma manera y beneficiarse del sacrificio ofrecido en el altar. La madera de acacia es una figura del cuerpo terrenal y sin pecado del Señor Jesucristo, 1 Pedro 2:22; Hechos 13:35.

En la Biblia el bronce habla del juicio de Dios. En este altar el bronce habla de Cristo como hombre. El altar mismo es una figura de Cristo que sufrió el juicio y la ira de Dios en nuestro lugar. El Señor Jesús es el altar, Hebreos 13:10 y él es también el sacrificio sobre el altar. Así que vemos aquí dos figuras de nuestro Salvador. Cristo mismo hace santo el sacrificio que fue ofrecido en el altar. En Mateo 23:19 leemos que el altar santifica la ofrenda.

El pecador podía traer un animal limpio (un toro, buey, una oveja, una cabra o una paloma), él colocaba su mano sobre la cabeza del animal para dar a entender que el animal tomaba su lugar. El animal era sacrificado y su sangre rociada al lado del altar. El sacerdote ponía pedazos del animal sobre el altar para quemarlo. El hombre era entonces aceptado por Dios y sus pecados eran cubiertos.

Cristo se ofreció a sí mismo como sacrificio y este sacrificio de Cristo agradó a Dios mucho más que los sacrificios de los animales. Ofreciéndose a sí mismo, Cristo obtuvo el perdón del pecado y la paz con Dios para toda per­sona que cree.

El Señor Jesús hizo la voluntad de Dios, su Padre, cuando se ofreció a sí mismo para tomar nuestro lugar. Él se presentó una sola vez y para siempre, para quitar el pecado por el sacrificio de sí mismo, Hebreos 9:26; Juan 10:17,18.

Varias clases de sacrificios se ofrecían sobre el altar de bronce. El libro de Levítico da las instrucciones concer­nientes a los diferentes sacrificios. Lea los capítulos 1 - 5 y se sorprenderá de las cosas preciosas que estos sacrificios enseñan acerca de Cristo.

Pensemos acerca de dos de estos sacrificios. En Levítico 4:1-12 leemos acerca de la ofrenda por el pecado. Compare esta ofrenda con el Señor Jesucristo que sufrió el juicio de nuestros pecados en nuestro lugar. Él era sin pecado, pero Dios lo hizo pecado para que nosotros pudiéramos compar­tir la justicia de Dios, 2 Corintios 5:21. Cristo vino a ser nuestra ofrenda por el pecado.

Veamos también en Levítico 1 los versículos 3 al 13, acerca de la ofrenda encendida. Esta era una de las ofrendas de olor grato que agradaban a Dios, vs. 9 y 12. Era quemada com­pletamente y es una figura de Cristo que se ofreció a sí mismo completamente como sacrificio de olor grato; agradable a Dios.

A través de Cristo, como la ofrenda por el pecado, nosotros somos librados del juicio de Dios y recibimos el perdón de nuestros pecados, Efesios 1:7. Por medio de Cristo, como la ofrenda encendida, somos aceptados por Dios, porque Cristo obedeció a Dios y murió por nosotros. El animal de la ofrenda encendida era aceptado en lugar de la persona que lo ofrecía, Levítico 1:4. De la misma manera, nosotros somos aceptados por Dios, porque el Señor Jesús murió en nuestro lugar. 

W.A. Deans


La devolución del arca del testimonio

 

No daré sueño a mis ojos ... hasta que halle lugar para Jehová, Salmo 132.4,5


En este hermoso salmo David manifiesta su gran preocupación por el arca del testimonio, símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo.

En el libro de Éxodo leemos de la hechura del arca de madera forrada con oro puro. Sobre ella estaba el propiciatorio con querubines de oro, y Dios dijo que allí moraría El con su pueblo. El arca, con su propiciatorio estaban en el lugar santísimo de más adentro del tabernáculo. Allí entraba el sumo sacerdote una sola vez al año en el día de la expiación, cuando rociaba sangre de la víctima siete veces delante del arca y una vez sobre el mismo mueble; Levítico 16.14,15. Se realizó en esas ocasiones una expiación perfecta por los pecados del pueblo, y solamente en este caso podría Dios habitar en medio de Israel.

En 1 Samuel 4.11 leemos que el arca del testimonio cayó en manos de los filisteos, cuando fue llevada al campo de batalla por los dos malvados hijos de Elí. Ellos no tuvieron temor de Dios, pero sí tenían una superstición que el arca podría salvarles. Al contrario, lo que hicieron fue para su condenación. Por nuestra parte, gozamos de grandes libertades, pero éstas no deben convertirse en licencia. La exhortación apostólica en Hebreos 12 es que sirvamos a Dios agrandándole con temor y reverencia, porque, dice, Él es fuego consumidor.

Los filisteos colocaron el arca en el templo de su dios Dagón, y por la mañana vieron a éste postrado en tierra. Le devolvieron a su lugar y el día siguiente Dagón estaba caído de nuevo, postrado en tierra, degollado y con las manos cortadas. El arca pudo defenderse a sí misma ante los filisteos hasta que ellos fuesen vencidos por el temor de Dios. Él puede defender la gloria suya sin que nadie intervenga.

Al cabo de siete meses los filisteos resolvieron devolver el arca a la tierra de Israel. Lo colocaron sobre un carro tirado por dos vacas, cuyos becerros se quedaron encerrados “en casa”. Sin guía, las vacas dieron las espaldas a sus becerros y se dirigieron por el camino de Bet-semes. Los príncipes de los filisteos seguían tras las vacas hasta ese punto, sin duda convencidos que el Dios verdadero estaba con el arca. 1 Samuel 6.12.

 Hubo gran regocijo de parte de la gente de Bet-semes. Ellos sacrificaron las vacas, pero su fiesta terminó en tragedia, ya que los hombres tuvieron el atrevimiento de mirar dentro del arca. Fue una profanación que resultó en gran mortandad, y el pueblo lloró diciendo: “¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo?”

Luego los de Quiriat-jearim llevaron el arca a la casa de Abinadab, donde se quedó por veinte años. Al fin se levantó David con todo el pueblo para llevarlo a Jerusalén, pero ellos no obedecieron las instrucciones divinas.

En lugar de dejar que el arca fuese llevada sobre los hombros de los levitas, ellos ensamblaron un carro nuevo para ser tirado por bueyes al estilo de los filisteos. Uza, uno de los que guiaba el carro, extendió la mano para sostenerlo porque los bueyes tropezaron. Enseguida Dios le mató por su temeridad, y David tuvo que abandonar su propósito.

Los filisteos son una figura del mundo religioso, y nosotros no debemos copiar sus innovaciones. Algunos ejemplos serían los de un pastor asalariado, las copas individuales en la cena, la música instrumental, la presencia de la dama cristiana en las reuniones con cabeza descubierta, la participación de las mujeres en las reuniones públicas, y las colectas tomadas de todas las personas presentes. Nuestra obligación es de someternos al mismo orden establecido por los apóstoles.

Por falta de reverencia los moradores de Bet-semes y Uza fueron castigados por la mano de Dios. Por participar de la cena del Señor indignamente, siglos después, algunos en la asamblea de Corinto ya habían muerto cuando el apóstol escribió, y otros estaban debilitados.

En cambio, el arca estuvo en la casa de Obed-edom por tres meses y Jehová bendijo aquel hogar. Este hecho animó a David de nuevo, con toda la gente, a trasladar el arca de Dios hasta Jerusalén de la manera indicada. La historia está en 2 Samuel capítulo 6.

De todo esto podemos aprender cómo Dios en su santidad escogió habitar en medio de Israel, su pueblo redimido por la sangre del cordero pascual. A su vez, nuestro Señor ha dado su promesa que, estando dos o tres congregados en su nombre, Él está en medio de ellos; Mateo 18.20.

Para Israel era necesario mantenerse santificados y en obediencia a las leyes de Dios. El les dijo: “Sed santos porque yo soy santo”. Cuando la nación se apartó y el arca cayó en poder de los filisteos, la mujer de uno de los hijos de Elí, gritó al dar a luz, “¡Traspasada es la gloria de Israel!”

Cosa solemne es cuando por incumplimiento con nuestro Señor, su presencia y poder no se sienten en la asamblea y prevalece la condición de Laodicea. Es grande nuestro privilegio de gozar de la presencia suya en medio de la congregación, pero debemos apreciarlo. Cada individuo está en la obligación de aportar al bien de la asamblea, renunciando a la impiedad y los deseos mundanos para vivir en “este siglo” piadosamente; Tito 2.12. Así alcanzaremos la condición ideal que se ve en el Salmo 132.

Santiago Saword

EL PROFETA JOEL (3)


 Arno Gaebelein

LA VENIDA DEL DÍA DEL SEÑOR: ARREPENTIMIENTO Y RESTAURACIÓN DE ISRAEL

 


1.   La alarma tocada y el día cerca (2:1-2)

2.    El ejército invasor del norte (2:3-11)

3.    El arrepentimiento del pueblo y su clamor por ayuda (2:12-17)

4.    "Entonces”. El gran cambio (2:18)

5.    Promesas de restauración, y la lluvia temprana y tardía (2:19-27)

6.    Derramamiento del Espíritu sobre toda carne (2:28-31)

7.    Libertad en el monte Sión y Jerusalén (2:32)

 

Vv. 1-2. Con este capítulo alcanzamos el corazón de la profecía de Joel. La descripción de las langostas literales no es más continuada. Como hemos mostrado, las langostas literales en sus diferentes etapas simbolizan a las naciones desolando la tierra como lo han hecho las langostas. Dispensacionalmente el primer capítulo nos muestra todos los tiempos de los gentiles, que comenzaron con Nabucodonosor (Dn. 2:36-38), y que continúan hasta que llegue el tiempo cuando el Dios del cielo establezca un reino que no puede ser destruido. El segundo capítulo nos lleva enseguida al fin de los tiempos de los gentiles, cuando el día del Señor sea establecido. Antes de que el Señor aparezca en ese día, la más grande angustia estará sobre la tierra y el pueblo; habrá un tiempo de tribulación tal como nunca lo ha habido (Mt. 24:21.) El remanente de Su pueblo clamará a Dios por intervención y libertad, y Dios responderá a su clamor y los libertará. Entonces su tierra vendrá a ser una vez más como el huerto de Edén, allí habrá un gran derramamiento del Espíritu sobre toda carne y desde Jerusalén el gran centro de bendiciones el reino se extenderá a todas las naciones.

Todo este capítulo como también el próximo no ha sido cumplido. Nada de esto ha sido cumplido. Antes de que esto pueda cumplirse una parte del pueblo de Israel debe ser restaurado a la tierra de la promesa y las antiguas ceremonias e instituciones serán al menos parcialmente restaurados.

El capítulo comienza con el sonido de alarma porque "el día de Jehová viene, y está cerca." La última semana profética de Daniel está ahora en proceso de cumplimiento. (Ver anotaciones sobre Dn. 9.) Una parte del pueblo volverá a la tierra, habiendo retornado allí en incredulidad, justo como lo vemos hoy en el movimiento sionista. Pero en medio de ellos se encontrará también un remanente piadoso. El toque de trompeta muestra que ellos han revivido sus antiguas costumbres (Núm. 10:1,2,9). También mencionamos que las trompetas están a menudo conectadas con la aparición del Señor y la restauración de Israel En el v.2 ese día es descrito y puede compararse con Sof. 1:15-16 e Isa. 60:2. Después tenemos un ejército invasor que es plenamente descrito en los versos que siguen. Las palabras, "como el amanecer se extiende sobre las montañas", son una descripción del día del Señor que es un día de oscuridad y tinieblas, por otra parte, es "como el amanecer se extiende sobre las montañas." Después de la oscuridad, aparecerá la luz de la mañana "la mañana sin nubes" (2 Sam. 23:4.)

Vv. 3-11. Muchos ejércitos en la historia pasada han ocupado y desolado la tierra de Israel, pero aquí está la futura gran invasión del norte. Esta invasión es mencionada también por el profeta Isaías. El asirio que vino en días de Isaías para tomar Jerusalén es el tipo del asirio final que amenazará la tierra y pueblo con destrucción. Él es también prefigurado por Antíoco Epifanes, quien vino a la tierra de Israel como el predicho cuerno pequeño, levantándose de una de las divisiones del imperio Greco-Macedonio (Dn.8)

Este ejército de enemigos de Israel encuentra la tierra como el huerto de Edén; ésta ha sido restaurada, regada y cultivada a través del sionismo político. Los judíos están ahora en ella, determinados a hacer de Palestina el huerto del mundo, su Edén, como se ha dicho. Después viene el rudo despertar. Ellos piensan que están seguros; ellos pensarán que los planes que han hecho sin confiar en Jehová y sin verdadero arrepentimiento, han tenido pleno éxito. Pero ahora la más grande tribulación de su larga historia de sangre y lágrimas está cerca. La tierra una vez más es despojada de su belleza.

 

"Ante ellos la tierra es como huerto de Edén,

Y detrás de ellos como un desierto desolado,

Si, y nada escapará de ellos"

 

Dios usará estos destructivos poderes para humillar a Su pueblo, para mostrarles que Él es su ayuda, cuando esta gran calamidad venga sobre ellos. El lenguaje simbólico aquí es característico de otras profecías.

 

"La tierra tiembla ante ellos;

Los cielos se sacuden,

El sol y la luna se oscurecen,

Y las estrellas dejan de brillar"

 

Porque el día de Jehová es grande y terrible. Compare esto con los siguientes pasajes: Isa. 11:11, Hab.1:6,12; zac.14:3,4.

Vv. 12-17. Aquí está Jehová llamando a Su pueblo a retornar a Él con verdadero arrepentimiento (compare con Oseas 5:15-6:1). Y durante esa gran tribulación habrá una verdaderamente penitente porción del pueblo que se volverá a Él de manera descrita en este capítulo. Es este remanente que será salvado en ese día, mientras la parte impenitente será cortada en juicio. Ezeq. 20:38 y Zac. 13:8-9 hablan de esto. Lo que Moisés dijo mucho tiempo atrás tendrá entonces lugar (Dt. 30:1-4). Los muchos ruegos proféticos registrados en los Salmos, como se ha señalado en las anotaciones de ese libro, serán entonces ofrecidos por este remanente piadoso (Sal. 44:13-14; 115:2-3; 79:9-10, etc.) Este lamento y ruego por liberación precede la manifestación visible del Señor en ese día de Su venida. Cuando al final llegue la libertad habrá otra lamentación. Esta se encuentra en Zac. 12:9-14 y Apoc.1:7.

V. 18. "Entonces Jehová será celoso por Su tierra y tendrá piedad de Su pueblo." Aquí está el gran cambio. Hasta este punto no hemos visto nada sino calamidad y juicios. Langostas literales han devorado la tierra, tipos de las naciones que desolarán la tierra. Ellos vinieron, y Jerusalén fue hollada por los gentiles. Los tiempos de los gentiles terminarán en la tribulación o angustia de Jacob, de la cual ellos serán salvados (Jer. 30:7.) Vimos su gran arrepentimiento. Aquí está la respuesta desde arriba. Cuando su poder haya desaparecido completamente (Dt. 32:36), entonces el Señor será celoso por Su tierra y tendrá piedad de Su pueblo. A menudo esta pequeña palabra "entonces" se encuentra en la palabra profética haciendo el gran cambio, de los juicios y rechazo pasados de Israel a la libertad y gloria. Los siguientes pasajes debiesen ser cuidadosamente examinados y comparados con el v.18 aquí: Isa.14:25; 24:23; 32:16; 35:5-6; 58:8,14; 60:12; Ezeq. 28:25-26, etc.

La manifestación personal del Señor no es manifestada aquí. La libertad no viene aparte de la segunda venida de nuestro Señor. Toda la palabra profética da testimonio de esto. "Entonces saldrá el Señor y peleará contra estas naciones como peleó en el día de la batalla. Y sus pies se afirmarán en ese día en el monte de los Olivos, que está ante Jerusalén" (Zac. 14:3-4). "Cuando Jehová edifique Sión, él aparecerá en gloria" (Sal. 102:16). "Jehová saldrá como poderoso hombre, movido a celos como un hombre de guerra; él clamará, si, rugirá, y prevalecerá contra sus enemigos" (Isa. 42:13.)