sábado, 30 de agosto de 2025

Desprecio de las cosas Santas

 

Profanar algunos pactos


Entre muchos de los de los compromisos que Israel quebrantó para con su Dios, notamos cuatro infracciones que dieron por resultado la profanación de varios pactos que Dios había hecho con ellos. De las experiencias de aquéllos aplicamos a la urgente necesidad de la Iglesia hoy día, ya que se cometen las mismas, y más provocaciones. “Y estas cosas le acontecieron en figura y son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado.” (1 Corintios 10:11)

Aunque en conjunto fue un solo pacto el de Dios con Israel, en su reglamentación observamos las diferentes infracciones que cometió Israel.

Profanando el pacto de Leví: “Mas vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos.” (Malaquías 2:8)

Este pacto fue de paz, y fue celebrado en virtud del celo que mostró Finees, hijo de Eleazar, y la dignidad en vindicar el nombre de su Dios, el día en que el pueblo se dio a la licencia abominable de caer en la idolatría de Baal-peor. Pero ya para el tiempo de Malaquías el sacerdote su había bajado de sus altares. “En sus labios ya no habla ley de verdad. En vez de apartar a otros del pecado, más bien lo confundían y lo complicaban en la iniquidad.

También hoy son muchos los creyentes que han perdido el celo de los primeros días. “Todos buscan lo suyo propio y no lo que es de Cristo Jesús.” (Filipenses 2:21) Unos han perdido aquella templanza para contener los apetitos. “Todo me es lícito, mas no todo conviene.” “Antes hiero mi cuerpo y lo pongo en servidumbre.” (1 Corintios 10:23, 9:27) Pablo fue celoso de la dignidad de la iglesia de Cristo. (2 Corintios 11:2)

Profanando el pacto de nuestros padres: ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha criado un mismo Dios? ¿Por qué menospreciaremos cada uno a su hermano, quebrantando el pacto de nuestros padres?” (Malaquías 2:10)

Este pacto era pacto de honor, alusivo a la alianza que Dios hizo con el pueblo en el Sinaí. “Ahora pues, si diereis oído a mi voz y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos ... y vosotros seréis mi reino de sacerdotes y gente santa.” (Éxodo 19:5,6) En todas las generaciones estos judíos debían reconocerse como hermanos por ser descendientes de un mismo Padre.

También en la gracia dice el Señor: “Uno es vuestro maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y vuestro Padre no llaméis a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en el cielo.” (Mateo 23:8,9) Siendo Dios nuestro Padre debemos andar dignos de tan noble adopción (Efesios 4:1) y el honor principal debe ser para nuestro Padre. (Malaquías 1:6) Siendo hijos de Dios por la fe en el Señor Jesucristo, todos somos hermanos. “Amando los unos a los otros con caridad fraternal. Previendo con honra los unos a los otros.” (Romanos 12:10,16)

Los corintios dieron principio a la infracción de la unidad diciendo: “Yo cierto soy de Pablo, pues yo de Apolos, y yo de Cefas, y yo de Cristo.” Estaban peleando el hermano con el hermano en juicio ante los infieles. (1 Corintios 1:2, 6:10) Los corintios han tenido muchos sucesores que han multiplicado las divisiones en el pueblo de Dios.

Profanando el pacto de santidad: “Prevaricó Judá y en Israel y en Jerusalén ha sido cometida abominación; porque Judá ha profanado la santidad de Jehová que amó y se casó con hija de dios extraño.” (Malaquías 2:11)

Este pacto era de separación. La simiente santa no debía ser mezclada con la de los pueblos gentiles. La noche que fueron redimidos por la sangre del cordero, fueron también consagrados un pueblo exclusivo para Dios. Dios era considerado como el esposo. El nunca falló a sus misericordias; por eso era considerado como adulterio la infidelidad de Israel.

La Iglesia tiene advertencias muy claras en cuanto a nuestra separación. “No os juntéis en yugo con los infieles. ¿Qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas? (2 Corintios 6:14,18) La separación del creyente implica más del yugo desigual en el matrimonio. Abarca el negocio, los compañeros, la política, las reuniones sociales, la diversa doctrina, los hermanos carnales. “No erréis: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.” (1 Corintios 15:33) Dios es santo, y como tal pide que los hijos sean santos.

Profanando el pacto del matrimonio: “Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu mocedad, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.” (Malaquías 2:14)

Este pacto era de amor conyugal y la conservación de una simiente de Dios, v. 15. Ese pueblo en su caída, ya que por su pecado Dios los echó en tierra de extraños, empezó a ver las mujeres paganas con ojos codiciosos, como al principio de las generaciones. “Viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomáronse mujeres, escogiendo entre ellas.” (Génesis 6:2)

Las mujeres judías oraban a Dios por sus maridos para que regresaran y no interrumpieron el pacto que en su mocedad juraron. Las mujeres llevaban sus ofrendas al altar del Señor, y las ofrecían con lágrimas, v. 13, como Anna en los días del sacerdote Elí. (1 Samuel 2:11)

También la Iglesia ha sido desleal con su Señor. Si en los tiempos apostólicos el Señor recriminó a la iglesia de Éfeso, “Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor,” (Apocalipsis 2:4) cuánto más ahora que estamos más lejos de la cruz de Cristo. La prometida del Señor se está olvidando cada día más del pacto con El el día que creímos. Este pacto fue en la virtud de su sangre derramada en la cruz. “Para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.” (Efesios 5:27)

A propósito, ¿qué hay de la fidelidad a nuestras esposas? ¿Tenemos secretos para ellas? ¿Las amamos con el amor del principio? ¿Los años nos hacen ver en ella algunos defectos? No nos engañemos; que, si no amamos a aquellos que estamos viendo, ¿cómo amamos al Señor que no vemos?

“Guardaos pues en vuestros espíritus, y no seas desleales.” (Malaquías 2:16)

José Naranjo

Lejanía y cercanía de la presencia de Dios

 

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Génesis 3:8


El jardín solía ser el lugar de comunión entre Jehová Dios y Adán. Sin embargo, debido al pecado de Adán, este se convirtió en un escondite donde no podía experimentar la presencia de Dios. Desde el momento en que el pecado entró, Adán instintivamente evitó la gloria de Dios. Ahora bien, no solo el hombre pecador es quien trata de evitarla, sino que la misma gloria de Dios repele el pecado. Pablo resume esta realidad con las siguientes palabras: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23).

Entonces, Jehová Dios hizo túnicas de pieles y vistió con ellas a Adán y Eva (véase Gn. 3:21). Este versículo establece un principio importante: para que el hombre pueda volver y disfrutar nuevamente la presencia de Dios, primero debe ser revestido con una justicia provista por Dios mismo. Esta justicia demandaba la muerte de un animal inocente. Esto ilustra de manera asombrosa la muerte del Señor Jesús en la cruz. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21). Jesús cargó con nuestros pecados y ofensas contra Dios, pues “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Ro. 4:25).

La justicia de Dios se ha manifestado en la cruz de Cristo. En Romanos 3:22 leemos: “La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia”. Dios ofrece una justicia adecuada para su presencia, la cual está disponible “para todos”. Sin embargo, solo aquellos que creen en él pueden recibirla. Por otro lado, aquellos que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de Jesucristo enfrentarán la destrucción eterna, alejados de la presencia y gloria del Señor (véase 2 Ts. 1:9).

Richard A. Barnett

El monte de la oración: Cristo el gran intercesor

 

Despedida la multitud, subió Jesús al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Mateo 14.23. Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. Romanos 8.34. Es de notar que nuestro Señor no encargó a ninguno de los apóstoles a despedir la gente. Lo hizo El mismo, enseñándonos la importancia de este ministerio. Al presenciarse uno extraño a las reuniones, la manera en que se le despide puede dejar con él una impresión para bien o para mal. Acompañando la despedida con una invitación amable a volver, puede resultar en otro paso para ganar esa persona para Cristo. En cambio, una despedida con frialdad puede desanimar al visitante.

La oración es devoción

Los discípulos entraron en la barca y Cristo subió cerro arriba para orar a solas. Cuando bajó ya era la cuarta vigilia, o sea entre las 3:00 y las 6:00 de la mañana, de manera que Él había pasado la noche en oración. Los discípulos estaban bregando con las olas y el viento, pero la barca no podía zozobrar porque Cristo estaba orando por ellos.

En el Evangelio según Lucas, que presenta a Cristo en su humanidad, se destaca su vida de oración. En tal sagrado ejercicio se le encuentra siete veces antes de su crucifixión:

¨       en 3.21, en su bautismo

¨       en 5.16, en un lugar desierto

¨       en 6.12, toda la noche

¨       en 9.18, orando aparte

¨       en 9.28, en el monte de la transfiguración

¨       en 11.1, en un lugar no nombrado

¨       en 22.41, en el Getsemaní

Él es la inspiración perfecta para nosotros, para que sigamos sus pisadas. En Lucas se finaliza el relato de su ascensión con él alzando las manos en el acto de oración, derramando sobre sus discípulos las bendiciones del Padre. Es el gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, dice Hebreos 4.14, añadiendo, “retengamos nuestra profesión”.

En Salmo 141 David clama a Dios en un gran apuro, diciendo: “Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde”. El culto del templo en Jerusalén empezaba con los primeros rayos de la luz, cuando el cordero era ofrecido en holocausto sobre el altar de bronce, figura de Cristo padeciendo en el Calvario. Fue el lugar afuera donde se realizó el acto que satisfizo la justicia de Dios y abrió a la vez el paso para que los adoradores adorasen a Dios. De nuevo a las 3:00 de la tarde había el holocausto con el sacrificio de un cordero, y es notable que Mateo relata que fue “cerca de la hora novena” — las 3:00 p.m. — que Cristo clamó en las tinieblas con gran voz, diciendo, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

Y, antes de entregar el espíritu, El clamó, “Consumado es”. Este acontecimiento asombroso sincronizó con la hora de la oración, Hechos 3.1, cuando en el lugar santo el sumo sacerdote estaba ofreciendo incienso sobre el altar de oro. Este altar es figura de él, quien entró en la presencia de Dios y abrió para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo rasgado. Por eso cantamos, “En Cristo habiendo hallado Pontífice real, por él a Dios llegamos con libertad filial ...” El incienso que tenemos ahora es la fragancia de su nombre glorioso y la excelencia de todos sus atributos.

La oración es dedicación

Habiendo considerado el lado devocional en cuanto a Cristo y la oración, pasamos al práctico.

En Hechos de los Apóstoles, después de la ascensión del Señor, vemos a los discípulos perseverando todos unánimes en oración y ruego por diez días. De repente el Espíritu desciende sobre ellos, y “les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego ... y fueron llenos del Espíritu Santo”.

En este día de Pentecostés la Iglesia tuvo su principio en la cuna de la oración, la cual respaldó su testimonio dinámico delante del mundo cuando tres mil almas fueron convertidas. La oración es una potencia irresistible, y es la primogenitura de todo verdadero hijo de Dios.

Enseguida, en la conversión milagrosa de Saulo de Tarso, el Señor se comunicó desde la gloria con Ananías, su fiel discípulo, para enviarle a donde estaba hospedado este nuevo convertido. Dijo: “He aquí, él ora”. Sin duda Pablo había pasado los tres días de su ceguedad en la oración, Hechos 9.9,11. No leemos de otra persona tan entregada a la oración, aparte del Señor mismo, como él.

En Romanos 8.15 dice, “Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, ¡Abba, Padre!” Una evidencia de vida en una criatura al nacer es su clamor. La madre lo interpreta como solicitud por alimento. Hay la oración privada con la cual el creyente debe empezar y terminar el día, y también puede valerse del acceso a su Padre celestial en todo momento.

En 1 Timoteo 2.1 al 3 se trata de la oración pública, nombrando cuatro elementos: (1) rogativas: son peticiones que nacen de una necesidad específica. (2) oraciones: es la palabra básica que se usa aquí, significando la reverencia al dirigirse uno a Dios. (3) peticiones: indican la confianza de un niño en pedir una cosa; es el agradecimiento que va junto con la oración

Por un lado, podemos pedir confiadamente: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?” Lucas 11.11,12. Por otro lado, debemos pedir según la voluntad divina: “Esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye”, 1 Juan 5.14.

Nuestro Señor nos da una lección práctica en Lucas 18.9 al 14, hablando de dos hombres y dos clases de oración. Un hombre era fariseo y el otro publicano, y ambos subieron al templo a orar. El fariseo oraba consigo mismo, pero no fue oído. El llamaba a Dios, pero en simple formalismo. En cambio, hubo en el publicano un espíritu de humillación y arrepentimiento. El no multiplicó palabras, pero las seis que usó salieron de su corazón: “Dios sé propicio a mí, pecador”. El comentario de Cristo es que el publicano descendió a su casa justificado, antes que el otro.

Ahora, ¿dónde orar? La respuesta es: “en todo lugar”, 1 Timoteo 2.8. Jonás oró desde el vientre del gran pez, y Dios le oyó. Pedro oró al hundirse en el mar. Su oración fue la más breve y urgente de toda su vida: “¡Señor, sálvame!” Cristo no demoró en contestarle: “Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él”, Mateo 14.30,31. Pablo y Silas oraron en el calabozo, Hechos 16.25,26. De repente hubo un gran terremoto, pero ellos dos habían estado orando y cantando himnos a medianoche. Dios les contestó enseguida, permitiendo su libertad y dándoles también el gozo de ver convertidos al carcelero y su familia.

Dios contesta la oración

“Antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”, Isaías 65.24. Dios contestó las oraciones de su pueblo a favor de Pedro cuando estaba bajo sentencia de muerte. Rescatado por un ángel, él se pareció a la puerta de la casa donde estaban orando los creyentes, y ellos mismos no podían creerlo posible. ¡Su culto de oración terminó súbitamente!

Por otro lado, hay las oraciones inválidas, que no reciben respuesta. “Pedís mal, para gastar en vuestros deleites”, Santiago 4.3. Hay a la vez las oraciones que sí son respondidas, pero no como fue pedido. Por ejemplo, Pablo pidió tres veces al Señor que le fuese quitado un aguijón en la carne, pero se quedó con él. El recibió más bien un antídoto: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. El apóstol quedó completamente satisfecho con la contesta.

La norma es: “Perseverad en la oración”, Colosenses 4.2. Hay ocasiones cuando Dios no contesta de una vez. El prolongado ejercicio es para nuestro bien y es saludable para la vida espiritual. Nos inspira el ejemplo de Elías en la cumbre del Carmelo, postrado en tierra. Él puso su rostro entre las rodillas y clamó a Dios por lluvia. Envió su criado seis veces para ver si había señal de lluvia, pero la respuesta fue negativa cada vez. Por fin, la séptima vez el criado vio una pequeña nube, como la palma de la mano de un hombre, 1 Reyes 18.41 al 45. Con esto el profeta sabía que Dios había contestado su oración, y enseguida se oscurecieron los cielos con nubes y viento. Hubo una gran lluvia.

No debemos desmayar en las súplicas a favor de los hijos y otros seres queridos que no son salvos. Mejor las oraciones con lágrimas antes que ellos mueran en vez de después, como en el caso de David. Nunca leemos que él haya orado por Absalón su hijo rebelde, pero leemos de su llanto inconsolable cuando fue demasiado tarde.

En una ocasión en el tiempo del rey Ezequías y el profeta Isaías, estaba acampado fuera de Jerusalén el rey Senaquerib, quien se consideraba invencible, con su ejército formidable. Él estaba resuelto a destruir la ciudad. Ezequías clamaba a Dios en oración, y aquella misma noche el ángel de Jehová mató a 185.000 soldados enemigos.

Nuestro Señor, antes de efectuar la resurrección de Lázaro, se dirigió al Padre en oración. Le dio las gracias por haberle oído, y luego clamó a gran voz, “¡Lázaro, ven fuera!” El que había muerto salió, Juan 11.41 al 43.

La oración no ha perdido su eficacia, y en tiempos modernos lo milagroso ha sucedido y está sucediendo en respuesta a la oración.

Sra. Logan, quien servía al Señor con su esposo en el África en años recientes, estaba viajando con sus hijos pequeños en una balsa en un río caudaloso. Había escasez donde vivían, y ella buscaba provisiones en otra parte. Todo iba bien hasta que un cocodrilo empezó a seguirles; era un animal capaz de quitarles de la balsa. La señora madre comenzó a orar fervorosamente a Dios, pidiendo protección del cocodrilo y alimento para su familia. De repente un gran pez saltó del agua, y en un momento el cocodrilo le quitó la cabeza al pez y desapareció, dejando el resto del pez flotando sobre la superficie. El africano que guiaba la balsa buscó los restos, preparó el buen pescado a la orilla del río y acompañó a la familia en su buena comida.

En mi propio caso hubo la ocasión cuando levantaba un pequeño local evangélico en Boquerón, después de haber visto allí fruto en el evangelio. Al regresar un mediodía a Boquerón desde Valencia, descubrí que mis anteojos bifocales no estaban en mi bolsillo, ni los encontré en otra parte. Un muchacho, llamado Bachiller, por cierto, ofreció ayudarme hacer un rastreo de la hacienda de caña por donde yo había caminado al caserío, pero no encontramos nada allí ni más lejos. “Bachiller”, pregunté, “¿tú crees en Dios?” “¡Sí!” me contestó.

“¿Y crees en la oración?” “Cómo no”, respondió.

“¿Entonces crees que El me conseguirá los anteojos?” “¡Eso no! Los anteojos están perdidos”. Monté un carro de alquiler y, siendo el único pasajero, empecé a conversar con el chofer. Sin darme cuenta que él fue quien me llevó en el viaje el día antes, comenté la pérdida de mis anteojos.

El día siguiente oímos un toque de bocina. El mismo chofer me exclamó: “¡Aquí están, Papá!” Efectivamente, el estuche y los lentes. Él explicó que había quitado los asientos para lavar el carro, y así encontró lo perdido. Lo primero que hice fue buscar a Bachiller para mostrarle que Dios sí contesta la oración.

Nuestro Dios es omnisciente, sabe todo; omnipresente, está en todo lugar; y, omnipotente, nada es demasiado difícil para él. Sus recursos son inagotables y le honramos al llevarle todo en oración. Echemos, entonces, toda nuestra ansiedad sobre él, porque Él tiene cuidado de nosotros, 1 Pedro 5.7.

Jehová-nisi

El primer encuentro del pueblo de Israel con el enemigo después de cruzar el Mar Rojo, emprendida la peregrinación por el desierto, fue con Amalec, quien es en la Biblia un tipo de la carne. El creyente en su peregrinación por este mundo, convertido y bautizado, debe estar pendiente de los ataques contra el alma, porque tiene tres enemigos que son el mundo, Satanás y la carne.

Moisés mandó a Josué escoger varones y salir a pelear contra Amalec, y éste fue derrotado a filo de espada. Sabemos por Hebreos 4.12 que la espada es una figura de la Palabra de Dios. Pero el secreto de la victoria de Josué y su ejército en el campo de batalla se ve en lo que estaba sucediendo en la cumbre del collado. Allí estaba Moisés sentado sobre una piedra, y mientras él alzaba las manos Israel prevalecía, pero si las bajaba Amalec prevalecía; por esto, Aarón y Ur sostuvieron las manos de Moisés y la victoria fue segura. La piedra es, por supuesto, una figura de Cristo, “piedra viva, escogida y preciosa”, 1 Pedro 2.4: el fundamento de nuestra fe.

¿Cuál será la lección para nosotros? Como Josué, tenemos que usar la espada del Espíritu y juzgar la carne que está en nosotros. En Aarón vemos una figura de nuestro gran sumo sacerdote, arriba en “la cumbre”, y en Moisés discernimos al creyente con las manos alzadas delante de Dios en oración. “... que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas”, 1 Timoteo 2.8. Ur también es tipo del Espíritu, quien siempre intercede por nosotros con gemidos indecibles.

La promesa de Cristo en Juan 14.16 es: “Yo rogaré al Padre, y él os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”. Es muy notable que la palabra consolador signifique “uno a nuestro lado;” es parákletos, traducida como abogado en 1 Juan 2.1. Nuestro “parákletos” está en el cielo y en espíritu está con nosotros aquí. “He aquí estoy con vosotros todos los días”, dice. Está allí, delante de la justa presencia de Dios, para defendernos en nuestras faltas y flaquezas.

Para celebrar la victoria, Moisés levantó con Israel un altar llamado Jehová-nisi, que quiere decir, “Jehová es mi bandera”. Le atribuyeron la victoria a Dios, y cuán importante es rendir las gracias al Señor en cada triunfo que Él nos conceda: “Cual pendón hermoso desplegamos hoy, la bandera de la cruz. La verdad del evangelio, el blasón del soldado de Jesús”.

Santiago Saword

Viviendo por encima del promedio (26)

 Derribados en el Amazonas


Jim y Roni Bowers habían ido al consulado en Letitia, Colombia, para conseguir una visa de residencia para Charity, su hija recién adoptada (de siete meses). Ahora volaban de regreso a su casa flotante en Iquitos, Perú, en el hidroavión Cessna de su misión. El piloto era un colega misionero y, además, íntimo amigo, Kevin Donaldson. Asomándose por una de las ventanas de atrás estaba Cory Bowers (de siete años), fascinado por el exuberante paisaje peruano.

Pronto Kevin y Jim notaron que un avión de combate de la fuerza aérea peruana los estaba siguiendo. No habían visto que había otro jet con tripulación de la CIA que estaba cooperando con el avión de combate, parte de un operativo masivo para detener el flujo de drogas en esa área. La CIA dice que ellos le aconsejaron al piloto peruano que investigara con cuidado antes de dispararle al Cessna, pero fue demasiado tarde.

Una bala atravesó la espalda de Roni, y luego la cabeza de Charity, quien estaba en brazos de Roni. Ambas murieron instantáneamente. Otra bala destrozó la Pierna derecha del piloto. Y otras agujerearon el tanque de combustible, y prendió fuego el avión. Jim pudo apagar el fuego en la cabina y Kevin milagrosamente asentó el avión en sus pontones sobre un afluente del Amazonas. El piloto de combate seguía disparándoles a los misioneros, aun después que el avión se había detenido.

Para entonces el avión estaba en llamas, pero Jim pudo salvar los cuerpos de su esposa e hija, y sacarlos hasta el agua. Se sentía bastante tranquilo a pesar del infierno que estaban viviendo.

Kevin nadó con Cory en su espalda mientras Jim se alejaba del avión en llamas cargando los cuerpos de Roni y Charity. Las sostenía con sus rostros hacia abajo para que Cory no viera las caras de su madre y su hermana muertas. Cuando el avión se hundió lo suficiente para extinguir el fuego, Kevin y Jim volvieron y se sostuvieron de uno de los flotadores del avión.

Pronto aparecieron algunas personas de allí para ayudarlos en un bote motorizado.

Las autoridades peruanas y la tripulación de vigilancia de la CIA se culpaban unos a otros por el asesinato y el derribamiento del avión sin sentido alguno. Y en total contraste estaba la actitud cristiana de Jim Bowers, Kevin Donaldson, y la sede de la misión en los Estados Unidos. No había dedo acusador, ni ninguna amenaza de demanda. En lugar de eso habían repetidos testimonios de fe en el Señor y de sujeción a Él.

Luego Bowers dijo: ''Nuestra actitud hacia los responsables fue de perdón. ¿No es asombroso? Pues no debería serlo para nosotros los cristianos. He estado orando por ellos (los pilotos). He hablado con su supervisor al respecto. Y está muy interesado en saber más del Señor. Lo he llamado desde aquí (desde casa). Así que en ese sentido todo va bien. Sin resentimientos."

A pesar de su terrible pérdida, dijo: "Tanto Cory como yo estamos experimentando una paz inexplicable: La revista Newsweek comentó: "Pocos tienen una fe tan inquebrantable."

En la reunión en memoria de su devota esposa y su bebe, Jim pudo mostrar el rayo de sol en medio de la tormenta. Vio la mano de Dios en una serie de milagros que ocurrieron ese doloroso día.

De la descarga de balas que penetraron la cabina, ni una le dio a Cory o a él a pesar del hecho de que una de las que vino por detrás de él hizo un agujero frente al lugar donde estaba sentado.

El extinguidor funcionó maravillosamente bien por un rato, contrario a lo que generalmente sucedía. Estaba sorprendido.

Si la bala que mató a Roni y Charity no se hubiese detenido donde lo hizo, probablemente hubiera matado al piloto, y en ese caso todos los ocupantes del avión habrían muerto.

Ni Cory ni él quedaron aterrorizados. No hubo gritos ni llantos. Experimentaron la paz de Cristo que sobrepasa todo entendimiento. Pudieron pensar claramente y reaccionar rápidamente.

Un piloto necesita usar las piernas para aterrizar un Cessna. A pesar de la seria lesión de Kevin, todavía pudo ubicar el avión a salvo sobre el río, aunque estaban muy lejos de donde les dispararon la primera vez. Kevin sabe que fue el Señor quien piloteó el avión hasta el agua.

Jim tuvo la fuerza suficiente para sacar los cuerpos de Roni y Charity del avión a pesar de las llamaradas. Se maravilla de no haber sentido el calor del fuego. Estaba frío. Su experiencia es como un reflejo de los tres hebreos en el horno de fuego (Daniel 3:27).

Cuando el avión se hundió lo suficiente como para extinguir las llamas, Kevin, Cory y Jim pudieron sostenerse de uno de los pontones y mantenerse a flote.

Un bote motorizado llegó justo cuando Kevin y Jim se estaban quedando sin fuerzas para seguir a flote con Cory y los dos cuerpos.

Fueron derribados sobre un poblado donde Jim tenía algunos conocidos. Estas personas fueron testigos de lo había sucedido y tenían una radio para pedir ayuda. Esta dio en particular funcionaba.

Cuando Jim usó la radio para llamar a la esposa de Kevin, ella estaba en casa. Un piloto amigo estaba justo ahí, listo para volar a buscar a Kevin y llevarlo al servicio de emergencia.

Cory y Jim experimentaron una paz sobrenatural, obviamente en respuesta a las oraciones del pueblo de Dios. Algunas personas le dijeron a Jim que no le iba a durar, pero él tenía la confianza de que sí.

Un último milagro: Los Bowers, los Donaldson y todos los cristianos que estaban involucrados de alguna manera tuvieron una actitud perdonadora hacia quienes fueron responsables por la tragedia. Fue el amor de Dios que se derramó ampliamente en sus corazones.

Roni y Charity no murieron en vano. Su partida movió un nuevo interés por la obra misionera. La gente se ha visto desafiada a responder a la Gran Comisión. Jim dijo: “Creo mismo, y quizá más que nada despertar a aquellos nen poco o ningún interés en Dios."

Finalmente, Dios extendió la vida de Cory, dándole una oportunidad de recibir a Jesucristo como Señor y Salvador

A medida que pasa el tiempo, se hace más y más dente que el mundo ha visto una vívida imagen de que los cristianos son diferentes. Un noticiero del horario central dio un informe bastante completo del atentado del 24 atentado de mayo de 2001. En ese programa, Diane Sawyer llamo incidente “una historia de amor humano, y sufrimiento, y un tipo de fe absoluta que la mayoría de nosotros sólo contemplamos desde lejos."

William MacDonald

¿Has estado hoy en el santuario?


 ¿Siente usted miedo? ¿Se enfrenta a dificultades en la vida? Al leer el Salmo 27:4, podríamos pensar que David vivía en circunstancias serenas e idílicas. Sin embargo, el contexto en el que fue escrito este salmo nos muestra que no era así.

El rey David debía enfrentar constantemente todo tipo de conflictos y temores. Sin embargo, a pesar de que la guerra amenazaba con estallar en su contra y que sus enemigos lo amenazaban, él estaba confiado. “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado” (v. 3). ¿Cómo obtuvo David esta confianza? La clave para vencer sus temores radicaba en que Jehová era su luz y salvación (v. 1). Ahora bien, ¿dónde lo aprendió? En la “casa de Jehová”, David encontró la fortaleza y el entendimiento que necesitaba para confiar en Dios. Y lo mismo sucederá con nosotros si buscamos estar en la presencia de Dios con un corazón sincero y sencillo.

David solo anhelaba habitar en la presencia de Dios y contemplar la hermosura (literalmente la gracia) de Jehová. También deseaba “inquirir en su templo”. Estas dos cosas son el antídoto contra el miedo y el desánimo para todo creyente.

En primer lugar, al enfocarnos en la gloria de Cristo, somos transformados a su imagen. Aunque la transformación completa sucederá en la resurrección, podemos ser cambiados a la semejanza moral de Cristo mientras estamos aquí en estos cuerpos de humillación (véase 2 Co. 3:18; Fil. 3:21).

En segundo lugar, podemos buscar a Dios. Es en el santuario de Dios donde podemos hacer preguntas en tiempos difíciles y aprender acerca de sus caminos.

Asaf asegura lo mismo en el Salmo 73:16-17. Esta será verdaderamente la experiencia y porción de todos los que buscan. ¿Ha estado usted hoy en el santuario de su presencia? (adaptado)

Brian Reynolds, 
El Señor está cerca 2025

LEYENDO DIA A DIA 1 CORINTIOS(16)

 

14.1 al 25: Ministerio que edifica


Quedarán resueltos los problemas de esta sección si “seguimos el amor”. Cuán importante es el capítulo 13, ubicado entre los dones del capítulo 12 y su aplicación en el capítulo 14. Pablo prepara cuidadosamente, dando permiso para una ambición personal en esferas espirituales, pero especificando el mayor.

Encabeza la lista con el don de la profecía. ¿Qué es esto? Es hablar por Dios a los hombres, no tanto hablar de lo que va a suceder sino exponer verdades. Lo contrasta con hablar en lenguas (idiomas) como el primer don en la lista y el último en 12.8 al 10, 28 al 30. De lenguas dice que es una capacidad inútil para los hombres porque nadie entiende lo dicho, mientras que el profeta habla para edificación, consuelo y consolación. Dice también que hablar en una lengua es personal, pero profetizar es para el provecho de todos. Aunque Pablo está permitiendo las lenguas por el tiempo entonces presente, él da precedencia al profeta y su ministerio, v. 5, y afirma que hablar públicamente en lenguas es confundir sin que la iglesia obtenga provecho, vv 6 al 11.

El celo por los dones espirituales debe ser regulado por su valor constructivo y práctico, vv 12 al 14. El ministerio en la iglesia no sólo debería darse en el Espíritu, sino con la comprensión del ministro y del oyente, quien puede añadir inteligentemente su asentimiento, vv 15 al 17. Él valora cinco palabras inteligentes por encima de diez mil en un idioma desconocido. Aunque afirma que puede hablar en lenguas, v. 18, nunca en las Escrituras le encontramos haciéndolo.

Él aplica sus conclusiones. El v. 20 da a entender que debe haber progreso salvo en la cuestión de la malicia. Las lenguas no son más que una señal a los no creyentes, mientras que la profecía es lo opuesto. Los extraños van a ver el hablar en idiomas desconocidos como locura, pero van a quedarse convictos al oír a hombres hablando inteligentemente por Dios; habrá una respuesta en reconocer a Dios y confesar su presencia, vv 21 al 25.

Esto debe ser nuestra meta. Hoy estamos rodeados de un clamor por dones espectaculares, novedosos y emocionales. Unos preguntan: ¿Estoy perdiendo algo al no contar con esos dones? Señor, danos mentes quietas, una conducta controlada por el Espíritu y una lengua capaz de hablar la verdad tuya con convicción y comprensión.

Lección: ¿Qué pido a Dios? ¿Me conformo con lo de segunda o quiero lo mejor que Él me puede dar? ¡Reflexione!

sábado, 26 de julio de 2025

No su Nacimiento, Sino su muerte

 

Según 1 Corintios 15.3-4, el evangelio que predicamos es: "Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras". Gracias a Dios, Cristo nació. Pero el tema no es Su nacimiento, sino Su muerte y resurrección. Juan Dennison escribe lo siguiente:

"Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis” (1 Co. 11.26). Pero, ¿por qué usar pan y vino? ¿Por qué no un mini-pesebre para recordar" que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores"(1 Ti. 1:15)? ¿Por qué no un martillo de bronce para recordar su vida en Nazaret como carpintero (Mr. 6:3)? ¿Por qué no una roca para recordar que "No está aquí, sino que ha resucitado" (Lc. 24:6)? ¿Por qué no una trompeta de oro para recordar que Él dijo: "Vendré otra vez" (Jn. 14:3)? Lo demás no tendría sentido si no fuera cierto que "Cristo murió por nuestros pecados" (1 Co. 15.3). Pero cada domingo, los ángeles (1 Co. 11.10), y Dios mismo escucharán una y otra vez la proclamación simbólica de que "Cristo... murió por los impíos" (Ro. 5.6). ¡Qué proclamación! ¡Qué privilegio!

John Dennison, Devoción A Diario, lectura para 16 de febrero.