domingo, 26 de abril de 2026

El poder de la conducta

 


Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre


Están cayendo los valores más insignes: la fe, el patriotismo, la obediencia a las autoridades, el pudor y toda moral. A expensas de este retroceso está incólume la influencia de la conducta. “Porque ninguno vive para sí, y ninguno muere para sí. Mas sea vuestro hablar Sí, sí, No, no, porque lo que es demás de esto, de mal procede.” (Romanos 14:7, Mateo 5:37)

La experiencia me ha enseñado a conocer que la conducta es algo que se funde en el carácter, que conciencia y conducta son sinónimo. Ciencia y educación se pueden aprender en las instituciones docentes, pero la conducta procede del estado del corazón. La temperatura varía gradualmente, se mide por el vapor o la humedad, pero la conducta tiene dos polos: o está arriba, o está abajo.

 

Un solo desliz puede hacer maltrecha una vida. David fue hombre según el corazón de Dios, pero su crimen intelectual y su adulterio voluntario “ha hecho blasfemar a los enemigos de Jehová.” (1 Samuel 11 y 12). Hasta hoy los criterios parodian la conducta inmoral de David, y muchos de los caídos toman como excusas y mampara frente aquella escisión en la vida del buen David.

Ciertamente somos tan bajo que nuestro juicio y nuestros ojos no buscan sino ver lo vulgar y ruin del hombre. Por eso Dios no nos juzga por juicio humano, ni nos ve con ojos de carne. “Dios si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón para que seas reverenciado.” (Salmo 130:3,4)

El rey filósofo observó entre muchas de las cosas que se hacen debajo del sol: “Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.” (Eclesiastés 8:14)

Muchas veces la mentira parece pequeña y justificada, ¡pero qué influjo dañoso ocasiona a la conducta! “Sabroso es el pan de la mentira; pero después su boca será llena de cascajo.” (Proverbios 20:17) Otro gran hombre fue Abraham, llamado “amigo de Dios.” (Isaías 41:8) Abraham puso sombra a su conducta; fue “el profeta regañado.” Llegó a errar y por un prejuicio temeroso miente, expone a su esposa, y como hombre él mismo se expone; tuvo que salir del lugar como indeseable. (Génesis 20:1-18)

Otra cosa que afecta la conducta es la informalidad. “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.” (Eclesiastés 5:5) Votos, promesas o protestas no agradan al Señor. Su contentamiento está en los que le temen. Ananías y Safira ofrecieron al Señor tanto. Después que vendieron la heredad les pareció mucho lo que habían ofrecido y con apariencia de piedad y mentira negaron a dar una parte de lo que habían ofrecido. Su engaño era como una afrenta al Espíritu Santo; por tanto, su cortamiento vino enseguida.

El creyente de conducta paga sus cuentas, paga sus impuestos, cumple sus compromisos, es puntual a su palabra. “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel, y en lo que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.” (Lucas 16:10)

La puntualidad es la hija mayor de la conducta, aunque para muchos hoy ser puntual es ser adulante, ser golpista, patronal o imperialista. El creyente debe ser imitador de aquellos que tenemos, por ejemplo. “El mensajero que había ido a llamar a Miqueas, le habló diciendo: He aquí, la palabra de los profetas a una voz anuncia al rey cosas buenas; yo, pues, te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos, que hables bien. Dijo Miqueas: Vive Jehová, que lo que mi Dios me dijere, eso hablaré.” (2 Crónicas 18:12,13)

La conducta regida en el temor de Dios es un arma poderosa para intimidar a los mundanos y licenciosos. Aunque se sometan con burlas, la conducta es justificada. Cierto hermano de buena conducta era objeto de burla y crítica de sus compañeros por su puntualidad y responsabilidad. Un día sus compañeros le vieron venir y con sorna dijeron: “Ahí viene el pastor pasaporte. ¡Todos derechitos! Nadie se ría” El hermano pasó saludando y sonriendo. Los otros representaban su papel sin pensar que estaban honrando la conducta del hermano. Ante la conducta de algunos hermanos hay personas que se cohíben de hablar vulgarmente por respeto al testimonio del evangélico. (Job 21:22)

No hay palabras para explicar los sufrimientos, pero fue la conducta del Señor con sus crueles dolores en la cruz que ganó al centurión para la gracia de Dios. El historiador Josefa dice: “Muchos de los crucificados desde que eran clavados empezaban y terminaban la vida maldiciendo.” Pero del Señor dice Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar, había expirado así, dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.” (15:39)

Aun en los momentos críticos de nuestra vida, si la paciencia es unida a la conducta hará, que seamos vencedores. José calumniado fue metido en la prisión. Doce o trece años estuvo preso aquel joven. “Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona.” (Salmo 105:17-22) Pero la conducta de José fue conspicua. “No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que hacía, Jehová lo prosperaba.” (Génesis 39:23)

Probamos la conducta según la educación y el estado de ánimo con que tome una persona las adversidades en un susto dan un alarido; en un caso de muerte gritan y se desesperan; si reprenden a un niño, todo el vecindario se informa; si hay reclamos entre los esposos, lo hacen con escándalos; si reciben una injusticia, usan la espada de la lengua sin comedimiento.

“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.” (Santiago 3:13)

La Mujer que agrada a Dios (10)

La Mujer fuera del hogar

 EN LA VIDA COMERCIAL Y PROFESIONAL

En la lección anterior mencionamos varias maneras en las cuales la mujer puede servir a Dios en su hogar. Las que están en empleos seculares también tienen oportunidad para testificar eficazmente para él. Su testimonio descansa principalmente en el impacto que deje su estilo de vida, su personalidad, sus intereses. Estas cosas abrirán el camino para el testimonio hablado si están alertas a las oportunidades. En cualquiera situación en que nos encontramos podemos brillar para el Señor. Pero hay que tener cuidado de no usar el tiempo de nuestro patrón para testificar. Debemos cumplir fielmente el trabajo para el cual se nos está pagando. Pablo escribió a los cristianos en Colosas que ellos debían trabajar "no sirviendo al ojo, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor" (Col, 3:22, 23).

EN LA IGLESIA

Con respecto a la iglesia local, el ministerio de las mujeres es de gran valor. Normalmente ellas llevan la carga principal de la obra con los niños en la Escuela Dominical y en la Escuela Bíblica de vacaciones, conducen servicios evangelísticos y estudios bíblicos para mujeres, se ocupan de la oración misionera y de los grupos de trabajo, ayudan con la música y pasan muchas horas visitando enfermos y ayudando a quienes están en necesidad, tanto espiritual como material. Gran parte del recibimiento cálido y afectuoso que se ofrece a visitas de la iglesia viene de mujeres cuyos corazones Dios ha tocado. ¡Qué ayuda es para los hombres que llevan la responsabilidad de instruir y guiar a la iglesia tener el estímulo, el apoyo en la oración y la presencia de las mujeres! Nuestras actitudes y condición espiritual son importantes, a pesar de que nuestras voces no se oigan en las reuniones públicas. Somos un cuerpo y la condición de cada parte afecta al todo. No es necesario decir que la contribución de las mujeres en el aspecto de la comunión fraternal en la vida de la iglesia es importante y estimada en gran manera, pero ésta no es la única contribución que pueden hacer. Hay un ámbito extenso para que las mujeres ejerzan sus dones espirituales dentro de la estructura del orden de la iglesia local tal como lo establece el apóstol Pablo. Un ministerio de respaldo es esencial para el funcionamiento y bienestar de la iglesia, como sucede en un ejército que necesita diez hombres detrás de las líneas por cada soldado que tiene en la línea de fuego. ¿Y quién puede decir cuál es el más importante? ¿Qué honor más alto podríamos tener que el de ser llamadas siervas de la iglesia, ayudantes de muchos, colaboradoras en Cristo Jesús (Ro. 16:1-3)?

EN EL CAMPO MISIONERO

Nuestro centro de atención particular en esta lección es el lugar de las mujeres en el campo misionero, una esfera de actividad en la cual las mujeres se han destacado a través de los años. Desde la mañana de resurrección cuando a María Magdalena se le dijo: "Ve y diles" lo que has visto y escuchado (Jn. 20:17, 18), las mujeres han estado testificando para su Señor. El principio del siglo XIX vio a las primeras mujeres misioneras ir del occidente a tierras extranjeras. Los nombres de algunas son bien conocidos: María Slessor, Amy Carmichael, Malla Moe; pero miles, cuyos nombres nos son desconocidos, han hecho lo que Dios las envió a hacer, aportando su valiosa contribución en silencio con devoción al Señor.

l. ¿Cómo puedo saber?

La primera pregunta que viene a nuestras mentes es, ¿cómo sé que Dios quiere que yo sea una misionera? Mucho se ha escrito sobre el tema de cómo conocer la voluntad de Dios y sería imposible agotar esa discusión aquí. Alguien ha dicho: "La dificultad que tenemos en conocer la voluntad de Dios se determina por la distancia a que nos encontramos de él." El creyente que va caminando en consciente comunión con su Señor, anhelando hacer su voluntad día tras día, rendido a él para obedecerle en todas las cosas, es el creyente que conocerá la voluntad del Señor paso a paso. Muchas de nosotras quisiéramos un diseño gráfico completo de lo que Dios tiene en sus planes para nosotras, pero Dios no obra de este modo. Él nos conduce un paso a la vez, y por lo general no revela el segundo paso hasta que no demos el primero.

2. ¿Cómo me preparo?

Nuestra responsabilidad primaria como cristianas es conocer al Señor en su Palabra y en la experiencia. No hay substituto para la meditación diaria y el estudio constante de la Biblia, por cuanto Dios se revela en su Palabra. Esto no es exclusivo para los misioneros, o sólo para los hombres. Madres y secretarias, maestras y operarias de fábricas, todas las que deseamos agradar a Dios debemos dar tiempo y atención a lo que él ha dicho en la Biblia.

Antes de su ascensión el Señor dijo a sus discípulos: "Y me seréis testigos." (Hch. 1:8). Porque un testigo tan sólo puede decir lo que él mismo ha visto, escuchado y experimentado, es necesario que tengamos algún conocimiento y experiencias personales con el Señor para compartir con otros. Un cristiano recién convertido puede compartir el gozo del perdón de sus pecados, pero un misionero debe saber más que esto. Los misioneros deben estar capacitados para enseñar y guiar a quienes conducen a Cristo para que lleguen a estar firmemente arraigados en la fe, hasta que sean fuertes y fructíferos, capaces de resistir la tentación y de sobrevivir la persecución y la oposición que tan a menudo sigue a la conversión a Cristo.

En otras palabras, antes de que una persona pueda hacer el trabajo de un misionero debe ser una persona en cuya vida Dios ha estado actuando. Esta es la persona a quien llega el llamado de Dios. Él nos llama a ocupar un lugar en su programa, tal vez en nuestro país, tal vez en el extranjero. Nuestro sexo, edad, educación y posición social no son de principal importancia y no deben ser motivo de preocupación para nosotras. El Señor que nos conoce en todo es el que nos asigna nuestro lugar con sabiduría y amor. Nunca nos llama a una labor para la cual no nos haya capacitado.

¿Se necesitan misioneros?

Muchos en la actualidad hacen esta pregunta. La respuesta es un sí absoluto. La gran comisión está vigente hasta que el Señor regrese por su pueblo. El Señor dijo: "Id y he aquí yo estoy con vosotros" (Mt. 28:18-20).

¿Pero no han cambiado las condiciones? ¿No hay muchos países cerrados a los misioneros? De nuevo, sí. Pero aún hay muchas puertas abiertas y el soberano Señor es quien abre y cierra puertas (Ap. 3:7). Él está en control de la situación mundial, aunque a veces no nos parezca así.

Ministerios de hoy

 En nuestros días las mujeres misioneras están ocupadas en una gran variedad de ministerios en el mundo. Algunas son directamente de evangelización, otros son ministerios de apoyo.

Medicina. Tal vez nada ha abierto las puertas al evangelio tanto como lo que ha hecho el trabajo médico. El mismo Señor sanó enfermos. La atención amable de las enfermeras y de los médicos misioneros ha dado a conocer el amor de dios y ha hecho que la gente esté dispuesta a escuchar el evangelio. En muchos países donde en el pasado se realizaba un amplio servicio médico los gobiernos nacionales ya se están encargando de la salud del pueblo, pero en muchas áreas rurales del mundo aún se necesita de personal médico misionero. En áreas musulmanas donde las mujeres están aisladas en sus hogares las doctoras y enfermeras están haciendo una gran labor. Médicos misioneros están aún sirviendo y están aún en demanda en partes de Africa, Asia y Latinoamérica.

Educación. En los primeros años de las misiones las escuelas eran parte integral de la obra porque era necesario que los cristianos aprendieran a leer para que pudiesen leer la Biblia. Las escuelas misioneras eran las únicas en muchos lugares. Hoy día la mayoría de los gobiernos se ha hecho cargo de la educación, pero afortunadamente se les permite a muchos misioneros enseñar las Escrituras en escuelas patrocinadas por el gobierno. Además, hay escuelas para los hijos de los misioneros para las cuales hay que proveer personal capacitado para que la escuela cumpla con los requisitos educativos de los países de donde proceden los misioneros. Algunas misioneras enseñan ciencias y economía doméstica. Prácticamente todo misionero está ocupado en algún tipo de enseñanza, en la Escuela Dominical y en clases bíblicas. En vista de esto es muy útil que todos los misioneros que van a partir al extranjero tengan algunas nociones de pedagogía y educación cristiana.

Literatura. El ministerio de las letras tiene muchas facetas, comenzando con un estudio de lingüística para proveer símbolos escritos a una lengua que no los tenga, Luego viene el trabajo de traducción de la Biblia y otra literatura. Más tarde hay clases de alfabetización cuando se enseña a la gente a leer. Hay escritura y redacción, impresión y distribución de la literatura por medio de librerías, del correo y del contacto personal. Las mujeres están ocupadas en todas estas tareas. Los cursos por correspondencia Emmaús forman gran parte del ministerio literario de muchos misioneros y las destrezas de oficina son de gran valor en el manejo de los cursos. La literatura es un medio excelente en la propagación del evangelio, pero no puede tomar el lugar del contacto personal. La abnegación y la atención personal del obrero, el encuentro cara a cara, es todavía la forma más efectiva de ganar almas para Cristo.

Campamentos. Los que han tenido experi-encia en el trabajo de campamentos se dan cuenta del valor de este ministerio. Los misioneros también están encontrando que el trabajo de campamento es realmente fructífero y están ampliando su alcance en muchas áreas del mundo.

Otros ministerios. Estos incluyen trabajo secretarial, muy necesario en hospitales, casas editoras, imprentas y cualquier tipo de institución; producción de programas de radio; administración de orfelinatos o casas de huéspedes para jóvenes; servicio de ama de llaves en dormitorios de estudiantes; preparación de dibujos y diseños para la imprenta; hospitalidad para otros misioneros. La lista puede seguir y seguir. Cualquier don o aptitud que tengamos, no importa cuán pequeño sea, puede usarse para el Señor si se rinde a él.

“Vivan, pues, con gran sentido de responsabilidad, no como quienes no conocen el significado y el propósito de la vida, pero como aquellos que sí lo conocen. Aprovechen bien el tiempo a pesar de todas las dificultades de estos días. No sean indecisas. No vacilen. Aférrense a lo que entienden ser la voluntad de Dios” (Paráfrasis de Ef. 5:15-17).

Fay Smart y Jean Young


Nuestra fuente de fortaleza

 


El Dios mío será mi fuerza. Isaías 49:5


Esta es una de las afirmaciones bíblicas que, incluso fuera de su contexto original, puede brindarnos lecciones valiosas y motivación en diversas situaciones. Si confiamos únicamente en nuestras habilidades, probablemente terminemos confundidos. Reyes y dignatarios han confiado en sus propias fuerzas y han resultado destruidos; comerciantes han confiado en sus recursos comerciales y han terminado arruinados (véase Is. 10:12–16; 23:1–14). Cuando el pueblo de Dios buscó ayuda en otras naciones, terminó lastimado y humillado (véase Is. 30:1–7). En cambio, cuando buscamos al Señor, su poder se perfecciona en nuestra debilidad (2 Co. 12:9). “Él da fuerzas al fatigado, y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor… Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas” (Is. 40:29, 31 NBLA).

Sin embargo, nuestro versículo adquiere un significado especial en su contexto. Isaías 49:1–12 forma parte de uno de los cánticos del siervo que hay en Isaías y es una profecía acerca de Cristo, el perfecto Siervo de Dios. A pesar de venir a aquellos que deberían haberle recibido, él fue rechazado, como si hubiera trabajado en vano y malgastado sus fuerzas (v. 4). Este sentimiento es el que lo llevó a llorar sobre Jerusalén, ya que no reconocieron el tiempo de su visitación (véase Lc. 19:41–44).

El Señor Jesús es nuestro ejemplo, incluso cuando se trata de este sentimiento de decepción y tristeza. En lugar de abandonar su misión, él enfatizó su dependencia de Dios. Él dijo: “Mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios” (v. 4). A menudo, el rechazo o incluso una indiferencia apática pueden desalentarnos hasta el punto de perder el entusiasmo en nuestro trabajo para el Señor. Sin embargo, esto solo demuestra que nuestra fuerza dependía de la aprobación de los demás. Cristo, sin embargo, no buscaba aprobación, incluso de aquellos que lo alababan (véase Jn. 2:24). Cuando nuestro Dios es nuestra fuerza, él nos ayudará y nos preservará (v. 8) como lo hizo con su Siervo perfecto.

Stephen Campbell

Lecciones que aprendí en mi asamblea (2)

 Separación del denominacionalismo

Durante un año entero habíamos empleado todos los medios a nuestro alcance para dar lugar a una mejor condición espiritual en las iglesias a las cuales pertenecíamos, pero sin éxito. Encontramos que las reglas constitucionales de esas organizaciones no permitían los cambios que propusimos, tales como la negativa de recibir miembros inconversos, y la exclusión de ancianos entregados a las apuestas y otros medios de ganancia ilícita. Preguntamos qué autoridad bíblica había para rociar a los bebés con agua, escoger a los ministros por voto, limitar el ministerio a un solo hombre (y por cierto a veces el menos calificado espiritualmente). Nos dijeron que “estas son las normas de la iglesia”, y no había nada que hacer.

Esperando en el Señor e inquiriendo su Palabra

A la vez, estábamos orando en privado, pidiendo dirección y luz sobre nuestra senda. Creo que había una verdadera disposición de avanzar en cualquier rumbo que nos fuese revelado. Debo decir aquí que ninguno de nosotros —los que formábamos el grupo al cual me refiero—habíamos conocido una asamblea de creyentes que se congregaban sencillamente en el nombre del Señor Jesucristo conforme al modelo apostólico. No había semejante cosa en la zona. Algunos habían oído que existía algo de esta índole, pero ninguno sabía qué hacía esa gente. Ahora, después de tantos años, yo sólo puedo decir que estoy agradecido que haya sido así. Este desconocimiento nos llevó única y absolutamente al regazo del Señor y su Palabra; no copiamos a otros ni seguimos una senda abierta por ejercicio ajeno.

Siempre hay un poder verdadero al ser enseñado directamente de las Escrituras, y es poco probable que uno pierda o abandone fácilmente lo que aprende así. Si el rumbo que tomamos es simplemente aquel que otros nos han sugerido, y si las verdades que practicamos son las que convienen, y si el Espíritu nunca nos ha convencido personalmente de estas cosas, entonces es de esperar que seamos débiles y que habrá cierta disposición de renunciar a esta senda y a estas prácticas para dar lugar a algo más aceptable para el mundo en derredor.

En mis cincuenta años entre las asambleas locales he visto esto una y otra vez. Cuando las verdades divinas no se afianzan en la conciencia y no controlan el corazón, entonces sus exigencias no encuentran una respuesta legítima en nuestro servicio, adoración y andar. Se empieza a oír un clamor por un régimen más amplio y una mayor “libertad” para los descontentos. Cuando la verdad se concibe como la verdad divina, y cuando uno la siente en su propia alma, no surge el deseo de atenuarla, ablandarla o de eludir su fuerza por conveniencia.

Separación de los inconversos y del denominacionalismo

Así, el resultado de aquellos meses de espera delante de Dios y de búsqueda en su Palabra fue que vimos imposible continuar en la congregación eclesiástica donde figurábamos como miembros. No era que tuviéramos pleito personal con el pastor —el “ministro”— de aquella iglesia, ni con sus diáconos ni los miembros en general, sino que el sistema en sí que nos impedía la obediencia a las doctrinas bíblicas que habíamos descubierto.

Los inconversos que eran miembros de nuestras congregaciones estaban haciendo lo posible para impedir una obra evangelística o cualquier mejoría en la conducta interna de la misma. Nuestras almas se afligían al ver la mundanalidad que prevalecía, y no podíamos discernir posibilidades de que la situación mejorara.

De manera que doce de nosotros, tristes al dejar a personas que amábamos, salimos de nuestras respectivas congregaciones, todos en un mismo día. Obedecimos al llamado del Señor en 2 Corintios 6.17: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré...” Cortamos nuestra asociación con la religión mundana y con la comunión con los inconversos en sus iglesias. Dejamos el sistema, y no a los cristianos en el sistema, porque vimos que éste se oponía a la Palabra de Dios.

Por mi parte, no tengo el más mínimo deseo de volver, ya que creo que la Palabra de Dios no me permite hacerlo. Si estoy en lo cierto al creer que obedecí a la voz del Señor viviente al separarme de aquello, me es evidente que su voz no me enviará a eso de nuevo. Este es el principio, sencillo pero bíblico, que me ha gobernado durante todos estos años.

 Peter Fleming

Por qué murió Cristo

 Vamos a notar cinco pasajes bien conocidos en el Nuevo Testamento que presentan dos razones cada uno de por qué murió Cristo. Cada uno afirma que El murió (i) en bien de nosotros, y (ii) para realizar un propósito en nosotros. En otras palabras, cada versículo de los cinco dice primeramente que la muerte del Señor fue a causa de nuestros pecados, pero con algún objetivo por delante. El locomotor corre sobre dos rieles, y el cristiano tiene que reconocer dos aspectos de la doctrina de la salvación, que son (i) el devocional y (ii) el práctico.

1. Romanos 4.25: Jesús, Señor nuestro ... el cual (i) fue entregado por nuestras transgresiones, (ii) y resucitado para nuestra justificación.

Este pasaje enseña el perdón y la justificación. Uno no es perdonado si nunca ha sido culpable de una falta, pero uno que es justificado está en una posición como si nunca hubiera cometido la falta. Cristo hizo todo; sí, es cierto. Pero Dios espera que nosotros, como consecuencia, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente; Tito 2.12. La gracia viene de Dios, pero obra en nosotros.

2. Gálatas 1.4: Nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo (i) por nuestros pecados (ii) para librarnos del presente siglo malo.

El gran tema de Gálatas es “la libertad con que Cristo nos hizo libres”, 5.1. El proclamó en Juan 5.8: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Estamos sueltos de lo que nos atraía antes: el mundo social, el político y el religioso. El afán de Pablo era de no gloriarse en otra cosa que no fuera la cruz de Cristo. La actitud del mundo hacia el Señor es, “Crucifícale”, y El murió para librarnos de ese mundo malo.

3. Tito 2.14: Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros (i) para redimirnos de toda iniquidad (ii) y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Nuestro Señor es el mercader que halló una perla de gran precio — la Iglesia — y vendió todo lo que tenía y la compró. Él fue celoso para redimirla, pero quiere que los suyos que son la Iglesia sean celosos en su testimonio ante el mundo. Su último llamado en este sentido fue el que dirigió a la iglesia de Laodicea, cuya condición era deplorable. “Reprendo y castigo a todos los que amo”, advirtió, y mandó: “Sé, pues, celoso, y arrepiéntete”.

El celo se ha definido como “fuego en el alma”. Cuando Robert Stephenson presentó la primera locomotora de vapor, varios personajes públicos asistieron al acto. Uno se atrevió a abrir la puerta del cilindro donde estaba la candela, pero la cerró apresuradamente. El exclamó, “Ese animal tiene fuego en sus entrañas; una vez que comience, ¡no habrá quién lo pare!” Alguno le preguntó al inventor qué sucedería si una vaca atravesara la vía ferroviaria, y él contesto, “¡Pobre vaca!” Esto es celo: fuego en el alma, y Cristo murió para contar con un pueblo celoso de buenas obras.

4. 1 Pedro 3.18: Cristo padeció una sola vez (i) por los pecados, el justo por los injustos, (ii) para llevarnos a Dios.

Somos salvos de la condenación, y para la gloria. No seremos separados eternamente, y hemos sido llevados a Dios. En el capítulo anterior de su epístola, Pedro ha dicho que Cristo llevó nuestros pecados en su cuerpo; ahora dice que Él nos lleva a Dios. Somos salvos por la resurrección de Jesucristo, 3.21, “quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios”.

5. Efesios 5.26,27:  Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, (i) para purificarla ... (ii) a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa ...

Tenemos aquí en forma resumida una visión del pasado, presente y futuro de la salvación. En el pasado Jesucristo se entregó, dio a tal extremo que nadie ha podido dar más. Hoy día El purifica a los suyos, aplicando por el Espíritu el agua de la Palabra para separarnos de todo lo que contamina. En el futuro, nos presentará: “He aquí yo y los hijos que Dios me dio”, Hebreos 2.13.
Santiago Saword

¿Cuáles son las siete fiestas de Jehová?

 


Introducción

Encontramos principalmente las siete fiestas en Levítico 23, las cuales se realizaban en el Israel Bíblico y en los tiempos del Señor Jesucristo.

Historia

Hubo tiempos en que no se realizó estas fiestas, porque simplemente un rey, Acaz, cerró el templo (2 Crónicas 28:24). Este abandono que provocó la orden de rey, fue revertido por la orden de su hijo Ezequias (2 Crónicas 30:1-5) que volvió a establecer la Pascua que no se había celebrado por “mucho tiempo”.  En el caso indicado en 2 Crónicas35:18, Josías celebra la Pascua “como no se había celebrado desde los días de los jueces”.

Los profetas, por su parte, también habían reclamado por el ritual vacío en que se habían convertido estas fiestas (véase Amos 5:21-23, Oseas 2:11).

Evidentemente a durante la deportación a Babilonia no se realizaron las fiestas y al regreso no se realizaban porque el templo esta destruido (Nehemias 8:17). Aunque se vio un renacer espiritual con en tiempo de Nehemías (vea cap. 8-10), el profeta Malaquías (1:6-14) reclamaba que el pueblo ofrecía sacrificios defectuosos y menospreciaban la ofrenda.

En tiempo del Señor Jesucristo se celebraban estas fiestas a las cuales el mismo asistía, sin embargo, confrontó a los líderes religiosos por convertir las tradiciones en cargas vacías (Mateo 15:7–9).

Fiestas

A continuación, se detalle cada una de ellas:

1.       La pascua (Levítico 23:5; Éxodo 12:1-14): (Pesaj) Recuerda la liberación de Israel de Egipto por la sangre del cordero. Se celebraba el 14 de Nisán, que en nuestro calendario corresponde a los meses marzo-abril

2.       Pan sin levadura (Levítico 23:6-8; Éxodo 12:15-20). Su celebración era inmediatamente posterior a la pascua y se celebraba del 15-21 de Nisán, en los meses de marzo-abril

3.       Primicias (Levítico 23:9-14): Celebración de la primera cosecha. Esta se celebraba el 16 de Nisan, es decir el siguiente día a sábado de pascua, que estaría entre los meses de marzo y abril de nuestro calendario

4.       Pentecostés (Levítico 23:15-22): (Shavuot). También llamada fiesta de las semanas o fiesta de la cosecha. Se celebraba 50 días después de las primicias, en mes de Siván, y correspondía al fin de la recolección de la cosecha.

5.       Trompetas (Levítico 23:23-25; Números 29:1-6): Yom Teruá, Día de proclamación y llamado al arrepentimiento. Se celebraba el 1 de Tishri, entre septiembre y octubre

6.       Día de la Expiación (Levítico 23:26-32; Levítico 16): Yom Kippur. Día solemne de arrepentimiento y expiación por los pecados. Cuya celebración se realizaba el 10 de Tishri y corresponde en nuestro calendario entre septiembre y octubre.

7.       Tabernáculos (Levítico 23:33-44; Deuteronomio 16:13-15): Recuerda la protección de Dios en el desierto. Se celebraba entre 15–21 de Tishri, que correspondería a fechas entre septiembre y octubre.

¿Quiénes asistían?

Estas fiestas de Jehová eran “santas convocatorias” (Levíticos 23:2) y todo Isreal debía ir donde estaba el tabernáculo. Posteriormente, desde los tiempos de Salomón, se convocaban en Jerusalén porque ahí estaba el templo. El Mismo Señor Jesucristo asistía a estas fiestas, varios pasajes de los evangelios lo reflejan:

 

Pascua

·         Lucas 2:41–42: “Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua; y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.”

·         Juan 2:13: “Estaba cerca la Pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén.”

·         Mateo 26:17: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! (Lucas 22:15)

 

Fiesta de los Tabernáculos

·         Juan 7:2, 10: “Estaba cerca la fiesta de los tabernáculos de los judíos… Pero después que sus hermanos habían subido a la fiesta, entonces él también subió, no abiertamente, sino como en secreto.”

 

Profético

Cómo veremos más adelante encontramos que todas ellas tienen un aspecto profético que hablan de la muerte de Cristo, de su resurrección, del nacimiento de la Iglesia, y de milenio.

 

Conclusión.

Las siete fiestas a Jehová era dedicadas a Jehová, no al pueblo, no al rey, sino solo a Jehová.  En ellas se hace recuerdo, se da gracias por la producción y has constricción por los pecados. Tres veces en el año debían presentarse estuviese el tabernáculo (y posteriormente en Jerusalén).

Queda claro en los pasajes referenciados que sacerdote, dirigente y el pueblo no estuvieron a la altura de lo que significaban estas fiestas, simplemente no las realizaban. Dios a través de los profetas declaraba su inconformidad y declaraba que, si seguían por ese camino, esto no iba a terminar bien, tal como la historia nos ha mostrado: Pueblo en exilio y el templo quemado.

Nosotros examinaremos cada una de las fiestas y veremos su aspecto ceremonial, teológico y profético.

S.K.R.

LEYENDO DIA A DIA 2 CORINTIOS (4)

 

capítulo 3: Cartas y pactos


Los corintios eran la “carta” de Pablo, fruto de sus labores, y eran también “carta de Cristo”. Así como Dios escribió en tablas de piedra para Israel, ahora Cristo está grabando en los corazones de su pueblo. La vida del cristiano es una epístola; es un mensaje de Cristo al mundo, ya que el sermón más poderoso es una vida cristiana consecuente. ¿Su mensaje es legible en nuestras vidas?

Pablo no tomaba para sí algún crédito por el cambio en la vida de ellos; era obra de Dios, vv 4, 5. La misma suficiencia divina le capacitó a él para ser ministro competente del nuevo pacto. El viejo se basaba en un documento escrito, Éxodo 24.1 al 8, pero el nuevo pacto en el poder de un Espíritu vivificante. El viejo le decía a uno qué debía hacer, pero el nuevo le cambia a uno, dándole poder para cumplir. El viejo era un instrumento de muerte debido a la incapacidad del hombre a cumplirla, y la pena era la muerte. Aquel viejo pacto nació en gloria con un resplandor que es eterno, vv 7 al 9, y aquella gloria estaba ilustrada en el rostro de Moisés, pero no era intrínseca ni permanente. Por esto Moisés cubrió el rostro para que el pueblo no viera la gloria pasajera, v. 13. Aquel velo simboliza también el velo que está puesto sobre la mente de ellos al leer las Escrituras. Ellos no ven que la gloria del viejo pacto está eclipsada por el resplandor del nuevo, pero aquel velo les será quitado cuando buscan al Señor, v. 16.

    La aspiración de Moisés había sido la de ver la gloria de Dios, Éxodo 33.18, y ella está realizada en el pacto nuevo, v. 18. Además, nosotros estamos transfigurados a aquella gloria. ¿Cómo estamos transformados? Al contemplar y concentrarnos en Cristo como está visto en su Palabra, confiando en el Espíritu Santo para efectuar el cambio. Será progresivo: “de gloria en gloria”. El Espíritu realiza un cambio dentro de nosotros, transformándonos a diario a la imagen de nuestro Señor. Contemplamos y adoramos en silencio; Él efectúa en nuestras vidas lo que vemos en Cristo. Mirando somos transformados, dice el v. 18.