miércoles, 19 de enero de 2022

Preguntas y Respuestas

 


1. ¿Qué diría usted a un creyente que dijera que la enseñanza de la Biblia es muy clara, pero que no puede llevarse a efecto en los tiempos actuales?

àDecidle que Dios dice: «El obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros» (1 S 15:22).

2. ¿Qué dice la Palabra de Dios acerca de «juntarse en yugo desigual con los infieles»?

à«No os unáis en yugo desigual con los incrédulos» (2 Co 6:14-18).

3. ¿Cuál, dice la Biblia, debería ser nuestra actitud hacia uno que viene a nosotros y no trae «la doctrina de que Jesucristo es veni­do en carne»?

à«No lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras» (2 Jn 10, 11).

4. Si usted le dijera a otro cristiano que el partimiento del pan es una grata fiesta rememorativa y él le pidiera una descripción breve de la reunión de la Asamblea para el partimiento del pan, ¿qué le diría usted?

àEl primer día de la semana (Hch 20:7) los creyentes se juntan para recordar al Señor Jesús en Su muerte. Están reunidos a Su Nombre (Mt 18:20). El Señor está en medio de ellos para dirigir sus alabanzas (He 2:12). El Espíritu Santo está presente para conducir la reu­nión conforme a la Palabra de Dios (1 Co 14:25). Y se participa de los emblemas del sacrificio de amor de nuestro Salvador (el pan y la copa), los cuales yacen sobre la mesa. Si aquellos que están presentes se han juzgado a sí mismos propiamente antes de venir a la Mesa del Señor y esperan en Él, el Señor los guiará por el Espíritu Santo en su adoración y se sentirán alegres en sus corazones.

5. Existía un velo en el templo que vedaba la entrada hasta el lugar santísimo. Este velo hacía a Dios inaccesible por parte del pue­blo. ¿Qué sucedió a este velo cuando el Señor Jesucristo consumó la obra de redención en la cruz?

à«El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo» (Mt 27:51).

6. ¿Dónde entró Cristo después de irse de la tierra?

àEntró en el mismo cielo (He 9:11, 12).

7. Ahora que Cristo, nuestro pontífice, está en el lugar santísimo, en el mismo cielo, ¿Qué cambio ha tomado lugar en cuanto al culto?

àEl lugar de la adoración se ha cambiado de la tierra al cielo (He 10:19-22).

            Bajo la ley sólo los miembros de la familia de Aarón podían ser sacerdotes. ¿Quiénes son sacerdotes bajo la dispensación actual? Todos los creyentes son sacerdotes bajo la dispensación actual, e independientemente de los dones que puedan poseer, todos están en igual plano delante de Dios, con respecto a este sacerdocio (1 P 2:5, 9; Ap 1:6).

por Fred Wurst


MUJERES DE FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO (1)

     1. Eva

“La serpiente con su astucia engañó a Eva”. (2 Corintios 11.3)

La historia está en Génesis 1.26, 2.18, 4.1 y 1 Timoteo 2.13-14.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra... Y creó Dios al hombre a su imagen, varón y hembra los creó”. De todo lo creado solamente los seres humanos fueron capacitados para tener comunión con Él.

            En respuesta al deseo y la necesidad de Adán, Dios le hizo una ayuda idónea, una mujer, hecha de una costilla del hombre. Siendo una verdadera belleza, dotada de perfecta inteligencia, Adán exclamó: “Ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada”.

            El matrimonio es de por vida, una relación única. En las Escrituras la homosexualidad es claramente condenada (Romanos 1.26-28). La verdadera libertad en el matrimonio se logra cuando los dos siguen el patrón divino. “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2.24).

            Dios colocó a nuestros primeros padres en un huerto donde había árboles frutales de los cuales podían comer. A Adán se le prohibió comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, y se le advirtió: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”. Seguramente Adán le comunicó a Eva la advertencia de Dios.

            Pero un funesto día Eva actuó sin buscar el consejo de su marido, cuando escuchó la voz de Satanás, quien estaba disfrazado de serpiente (Apocalipsis 20.2). El tentador empezó su engaño poniendo en duda las palabras de Dios: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”

            Eva añadió a la prohibición las “ni lo tocareis”. Dios dijo: “Ciertamente moriréis”, pero Eva minimizó la advertencia con las palabras “para que no muráis”. Al oír lo que ella dijo, Satanás negó la penalidad de muerte, declarando: “No moriréis”. El diablo es mentiroso y padre de mentira (Juan 8.44) al decir que uno puede pecar y no sufrir las consecuencias. Pero “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23).

            Siendo engañada, Eva creyó lo que dijo Satanás en vez de obedecer a Dios. No solamente comió del fruto prohibido, sino que se lo dio a su esposo y él lo comió también. Así Adán compartió el pecado de Eva. Fueron abiertos los ojos de ambos y experimentaron los tristes resultados de su desobediencia. Estaban desnudos y sintieron vergüenza, su pureza desapareció y su relación con Dios se rompió.

            Notemos que Eva procuró librarse de culpa, diciendo: “La serpiente me engañó”, pero ella comió voluntariamente. Si somos honestas admitiremos que a veces hemos culpado a otros por el mal que nosotras hemos hecho.

            Eva no sólo pecó contra Dios, pero también contra Adán por actuar independientemente de él tomando la posición de liderazgo que pertenecía al hombre. ¡Y qué tragedia produjo! Cuando nosotras violamos el orden de Dios y nos apartamos de la función que Él nos ha designado no podemos esperar otra cosa que no sea desorden y aflicción[1]

            El pecado de Adán fue deliberado e intencionado, como dice Romanos 5.12: “El pecado entró en el mundo por un hombre”. Eva fue engañada: “La mujer, siendo engañada incurrió en transgresión” (1 Timoteo 2.14). Pero para ambos los resultados fueron inevitables; un Dios santo no puede vivir con el pecado.

            Por lo tanto, las condiciones para Eva cambiaron, la maternidad iba a estar acompañada de dolor y angustia y su marido iba a gobernar sobre ella. La maldición del pecado sobre el hombre y la mujer ha aumentado el sufrimiento de la mujer en su esfera de dependencia. Lamentablemente el hombre ha ido mucho más allá en su pecado y ha abusado cruelmente su autoridad al dominar a la mujer.

            Adán mostró su fe llamando a Eva la madre de todos los vivientes cuando hasta ese momento no había nacido ni un solo niño. Dios hizo vestidos de pieles por medio de la muerte de animales, una figura de la muerte de Cristo que provee ropas de justicia para los que confían en Él.

            Adán y Eva murieron espiritualmente cuando desobedecieron a Dios. A pesar de no haber muerto físicamente en el acto, la muerte les estaba aguardando. A causa de su pecado el acceso al árbol de la vida les fue negado y fueron expulsados del huerto. Pero Dios continuó cuidándolos.

            Eva reconoció que Dios le había dado sus hijos. Aun después del dolor de saber que Caín había matado a su hermano Abel, ella dijo que Dios le había dado otro hijo: Set. Dios miró con agrado a Abel y su ofrenda. Es posible que Eva le haya enseñado a Abel la clase de ofrenda que sería agradable a Dios. Algunos de sus nietos comenzaron a invocar el nombre de Dios, tal vez por la buena influencia de Eva.

            Por la gracia de Dios, de la descendencia de Eva nació María, la madre de nuestro Señor Jesucristo. La primera promesa en cuanto al Redentor está en Génesis 3.15, donde Dios habla a la serpiente de poner enemistad entre los descendientes espirituales de Satanás y la simiente de la mujer, el Señor Jesucristo, quien finalmente ha de herir mortalmente a Satanás. Pero Satanás iba a causarle sufrimiento a Cristo (herirle en el calcañar) en su crucifixión.

            Nos da consuelo y esperanza meditar en lo que escribió un siervo del Señor: “Así vemos que una mujer introdujo el pecado en el mundo,      y somos advertidos de no dudar la Palabra de Dios ni desobedecer sus mandamientos como lo hizo Eva. Pero cuando envió a su Hijo para ser el Salvador, Él nació de una mujer (Gálatas 4.4). Ya que hemos puesto nuestra fe en la obra del Redentor vamos a ganar mucho más como resultado de su muerte en la cruz de lo que se perdió a causa de la desobediencia de nuestros primeros padres”.


[1] Faye Smart, La Mujer que Agrada a Dios. (Emaús: versión fuera de impresión), p.12

 

LA DIGNIDAD DEL CORDERO Y LA SANGRE DEL CODERO

 


LA DIGNIDAD DEL CORDERO Y LA SANGRE DEL CODERO

Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con Su san­gre...a Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. (Apocalipsis 1:5-6) Vi...en medio del trono...un Cordero. (Apocalipsis 5:6)

¡Bendito Señor! No tengo nada sino tu amor, un amor que me lleva directo a la casa del Padre para estar contigo donde se manifiesta la plena expresión de aquel amor. Tal amor es algo tan poderoso cuando entra en el corazón, que conduce los pies a caminar de una forma muy diferente a la de un hombre que no lo posee. Puedo mirar a aquel Cristo y decir que nada me puede perturbar; Cristo glorifi­cado en la presencia de Dios es el terreno de mi paz. Lo conozco como Aquel que llevó mis pecados en la cruz y me reveló la gloria de Dios; estoy en relación con Él como el Hombre de dolores, con Él, quién descendió a la tumba, que resucitó y vive para siempre a la diestra de Dios. Y allí, en Él, encontramos nuestro lugar ante Dios.

A medida que pasan los años nos damos cuenta que estas cosas mantienen su valor; ¿pero qué estimación del valor de esa sangre puede tener un pobre pecador? ¿Cómo será cuando lleguemos al hogar, y nos demos cuenta que estamos allí dentro, llevados por aquella sangre a la comunión de lo que Dios es? Y mientras camine­mos a través de la casa del Padre y entremos en la plenitud de gozo reservada para nosotros, veremos que todo está relacionado con los mismos elementos con los que nos otorgó gozo aquí, mientras nos conducía a través del desierto.

¿Cuáles serán las primeras y dulces expresiones que oiremos cuando entremos en el cielo? ¡La dignidad del Cordero y la sangre del Cordero! ¡Qué terrible debe ser el pecado como para necesitar la sangre del mismo Hijo de Dios! Allí arriba, en la presencia de Dios, aprendo algo acerca de la infinidad del pecado, y solamente la san­gre del Hijo de Dios puede sacar la mancha de aquel pecado, y ella lo ha hecho completamente.

G. V. Wigram

LA EPÍSTOLA A LOS EFESIOS (7)

 


VII ¾ 4.17 al 5.20;
 Hilos recogidos

En esta sección Pablo parece retomar hilos que había insertado en la tela de su carta, y los enlaza de tal manera que la parte doctrinal que precede se une con la parte práctica, formando de esta manera un conjunto unido. Veamos algunos de estos hilos.


“En Cristo”

Esta es una frase especialmente característica de los escritos de Pablo; p.ej. 1.3. Señala la posición del creyente ante Dios, pero tiene sus implicaciones prácticas. Nuestra condición debe estar acorde con nuestra posición.

            Hay una diferencia entre “en Cristo” y “en Jesús”, 4.21. La última se refiere a los días del Señor en la carne y su estilo de vida aquí en la tierra. “En Cristo” se refiere a la asociación del creyente con Él en su resurrección y su gloria celestial. Pero hay más. Los creyentes deberían moldear sus vidas ahora según el estilo de vida de Jesús cuando estaba aquí. Se da por entendido que le han oído como todas las ovejas oyen la voz del pastor (“si en verdad le habéis oído” en el 4.21 no insinúa duda, sino presume que así es) y que ha venido a ser un patrón para su vida diaria. Se nos ha dado más que un esquema de ética o moral; el cristianismo no es una filosofía. Se nos ha dado una Persona y la vida suya para la imitación nuestra.

            Esto es toda la antítesis de la manera de vida que caracterizaba la sociedad a la cual pertenecíamos. La descripción que Pablo da de aquella conducta en los versículos 17 al 22 es muy parecida a lo que escribió a los romanos en cuanto a aquellos que están en los bajos fondos del pecado, Romanos 1.20 al 32. Pero ahora que hemos sido sacados de esa posición lastimosa, debemos “andar como él anduvo”. Por cuanto nuestra posición ya no es como era (“ya no sois”, 2.19), nuestro estilo de vida ya no debe ser lo que era: “que ya no andéis como los otros gentiles”, 4.17.

Los santos

Este sustantivo y el adjetivo santo figuran mucho en esta carta: 1.1,4,15,18, 2.19,21, 3.5,8,18, 4.12, 5.3,27,6.18. El propósito afirmado por Dios que seamos “santos y sin mancha” será cumplido a la postre, 5.27. Mientras tanto Pablo enfatiza que la santidad de conducta debería caracterizar a los hijos de Dios. La “mancha” que tipifica el mundo no debe estar presente con nosotros. Obsérvese el vocabulario: inmundicia, avaricia, deshonestidad, necedad, truhanería (chistes con doble sentido), fornicación, inmundicia.

            ¡Qué lista! Nada sorprende que la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, 5.6. Es vergonzoso aun hablar de estas cosas que los tales hacen en secreto, pero son vistas por los ojos del Dios-que-Ve, 5.12,13. El Espíritu Santo de Dios mora en el creyente y por esto su vida debería ser santa. El hecho de que hayamos sido sacados de la esfera baja del pecado, y puestos en el templo santo de la presencia de Dios, requiere que su pueblo ande por sendas limpias.

La gracia

Su gracia nos ha dado aceptación en el Amado, 1.6. El vocablo griego empleado aquí se encuentra en Lucas 1.28, “muy favorecida”, pero en ninguna otra parte del Testamento. Da a entender que no tan sólo hemos sido hechos objetos de su gracia, sino también que su gracia ha sido derramada libremente sobre nosotros, o al decir del 1.6 en algunas traducciones, Él la otorgó gratuitamente. Es apropiado, entonces, mandarnos a ser benignos unos con otros, perdonando (mostrando gracia), como Dios también nos perdonó a nosotros, 4.32.

            ¡Cuánta gracia se nos ha mostrado! Hemos leído de “la gloria de su gracia”, 1.6, “las riquezas de su gracia”, 1.7, salvos “por gracia”, 2.5,8, “la gracia de Dios”, 3,2,7, “esta gracia”, 3.8, “fue dada la gracia”, 4.7, “dar gracia”, 4.29, y “la gracia sea con todos”, 6.24. El perdón de parte de Dios emanó de su gracia soberana. La parábola del Señor registrada en Mateo 18.21 al 35 (los dos deudores) se debe leer en este contexto. Su bondad para con nosotros, Efesios 2.7, debería encontrar una respuesta práctica en un perdón benévolo de nuestros semejantes.

El Espíritu de Promesa

El creyente ha sido sellado con el Espíritu de Dios. Por esto está señalado como posesión exclusiva de Dios, asegurado hasta el día de la redención, 1.13,14. Esta redención se ve en el 1.7 como una posesión presente y en Romanos 8.23 como algo a realizarse en el futuro (“las primicias del Espíritu”). Por esto no debemos contristar al Espíritu, 4.30, y el contexto del versículo hace ver cómo podríamos hacerlo. La deshonestidad, impureza de vocabulario, amargura, ira, gritería y maledicencia, y el enojo, le provocan tristeza al Espíritu, quien no es insensible a la conducta de uno en cuyo cuerpo Él mora.

            Además, debemos ser “llenos del Espíritu”, 5.18. No debemos concebirle como huésped en la casa que es nuestro cuerpo, limitado a ciertos departamentos, sino como dueño con acceso a la vida entera. No debe ser excluido de nada. Hay un pasaje correspondiente en Colosenses 3.16, y parece* que la manera en que podemos ser “llenos” es por permitir que la palabra de Cristo more ricamente en nosotros. (* si entendemos la palabra “corazones” como una referencia a la parte espiritual de nuestro ser que está vivificado por el Espíritu de Dios).

            A diferencia de aquella euforia que acompaña el consumo de vino, habrá la expresión gozosa de los labios por medio de salmos, himnos (alabanzas) y cánticos espirituales, y entendemos que los salmos son las composiciones dirigidas a Dios y los cánticos aquello que se dirige a los prójimos.

Alumbramiento

Los ojos del corazón del creyente han sido alumbrados, 1.18, de manera que ahora él no está en tinieblas. Una vez era como los gentiles, “teniendo el entendimiento entenebrecido ... por la dureza de su corazón”, 4.18. Pero las cosas son diferentes ahora, y los santos han sido alumbrados; como vimos en la oración de Pablo en el capítulo 1, ellos son capaces de “conocer” los detalles del consejo y la obra divina.

            En un tiempo eran “tinieblas” pero ahora son “luz en el Señor”, 5.8. Por esto deben andar como hijos de luz, o, cambiando de metáfora, deben llevar fruto en la práctica, en bondad, santidad y verdad. No conviene participación alguna en las obras infructuosas de las tinieblas. “¿Qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis?” Romanos 6.21.

            Habiendo sido hechos copartícipes de la promesa, Efesios 3.6, ellos no deberían ser partícipes con los impíos, 5.7, ni deberían participar en las obras de las tinieblas, 5.11. No se permite la neutralidad ni un compromiso en este asunto. Los hechos vergonzosos deben salir a la luz, a saber, por la desaprobación que puede ser administrada por la vida y por los labios del cristiano. Los inconversos aman más las tinieblas que la luz porque sus obras son malas. Las hacen “en secreto”, pero al ser éstas se hacen ver como son.

            Los cristianos que guardan silencio en cuanto a las tales cosas son culpables de perfidia y el enemigo es el beneficiario. Los tales creyentes son como otros en un campo de batalla donde hay soldados muertos y soldados dormidos y uno no distingue entre ellos. Para estos creyentes incumplidos es el 5.14: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo”. Haciendo esto, ellos se darán cuenta del calor y la luz de la presencia de Cristo. Parece que Pablo no está citando ningún pasaje específico en el 5.14, sino recogiendo el sentido general de Isaías 60.1 (“levántate, resplandece”), 26.19 (“despertad y cantad, moradores del polvo”) y 9.2 (“no habrá siempre oscuridad”).

El andar

Esta es aún otro hilo en la tela de esta carta. El autor ha empleado el verbo en el 2.2,20, 4.1,17, 5.2,8.15. “Andar” significa conducta, y el andar de los santos no debe ser ahora como era antes, ni debe conformarse al mundo irregenerado. Ellos deben andar como es digno de su vocación, 4.1, y en particular andar en amor, 5.2. Su Ejemplo es Cristo, quien les amaba y manifestó aquel amor al entregarse a sí mismo por nosotros, ofrenda (en vida) y sacrificio (en muerte) a Dios en olor fragante, 5.2. El último versículo del capítulo anterior afirma que el resultado de esto es nuestro perdón. Nosotros, entonces, como hijos amados, debemos ser imitadores de Dios, andando como Cristo anduvo.

            Y, andamos como hijos de luz, 5.8, cosa que Pablo trata también en 1 Tesalonicenses 5.6 al 8: “velemos y seamos sobrios ...” El sueño y la borrachera caracterizan a aquellos que son de la noche; la vigilancia y seriedad a los que son del día.

            Además, debemos mirar con diligencia cómo andamos, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos, 5.15,16. Así como un comerciante apercibido acapara el mercado, nosotros debemos lograr el máximo beneficio espiritual que sea posible. La Reina-Valera habla de mirar “con diligencia” y otras de “cuidar mucho”, sugiriendo una regla que gobierne nuestros pasos. Aquella regla es, desde luego, las Sagradas Escrituras, las cuales señalan la senda a seguir y los peligros a ser evitados.

El “nuevo hombre”

Pablo alude a él en el 2.15, “crear [un] nuevo hombre”, y recoge el hilo en el 4.24, “vestíos del nuevo hombre”. El primer trozo tiene que ver con nuestra posición y el segundo con nuestra conducta. El “viejo hombre” es nuestra antigua manera de vivir, la cual debe ser desechada, así como Eliseo echó sus vestidos a un lado y tomó los de Elías, 2 Reyes 2.12,13. Son las vestimentas de justicia y santidad de la verdad según Efesios 4.24. Por esto se deja de decir mentira y de hurtar. Se rinde una jornada de trabajo justa, no tan sólo para guardar una saludable dependencia de otros, 1 Tesalonicenses 4.11,12, sino también para disponer de algo para ayudar a otros, Efesios 4.28.

Un cuerpo

Esta figura también se encuentra en el 2.16, “reconciliar ... a ambos en un solo cuerpo”. Ahora en el 4.25 el escritor les recuerda a los efesios que ellos son miembros el uno del otro y por ende deben rehusar la falsedad y hablar verdad cada uno con su prójimo. Es inconcebible que un miembro del cuerpo humano en buen estado de salud traicione a otro miembro, pero es posible que ocurra en un cuerpo enfermo.

            Cuán notable es que una carta que nos instruye en las más elevadas verdades de doctrina incluya a la vez tantas exhortaciones prácticas y sencillas sobre el vivir diario del creyente en Cristo. Pero cuán fácil es que nos ocupemos hábilmente de la doctrina y a la vez nos descuidemos de nuestra conducta. Por esto, el Espíritu de Dios, por medio de Pablo, da directrices tan bien equilibradas para la mente y para los pies.

domingo, 12 de diciembre de 2021

Al Señor de los clavos

 


Al Señor de los clavos

cuyas manos y pies

fueron horadados

 

Nardos blancos

fueron traspasados

por el ruin clavo

 

Señor de los clavos,

sin mediar palabras

fuistes quebrantado

 

Cordero mudo,

blanco inmaculado

regando tu sangre

cual manto sagrado.

 

A ti Señor de los clavos

esta torpe alma

reconoce tu dolor callado

 

Cristo Santo, puro increado,

al hombre bendijiste

desde el madero en alto

gritando con voz firme

todo ha sido consumado

                             Chloë Χλοη

POTENCIAL DE FUERZAS SOBRE FUERZAS

 Nuestra suficiencia es de Dios


            No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios. (2 Corintios 3:5)


            Un proverbio callejero dice: “La pelea es peleando.” Cualquiera cree que es poca cosa, pero es una lucha que el creyente está librando en la gracia para alcanzar el objetivo, y Pablo nos demuestra en cuatro maneras el desarrollo:

·  Gran esfuerzo: “Pues tú, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” (2 Timoteo 2:1)

            La idea parece de bajar frutos de un hermoso árbol cargado de deliciosas frutas, empinándose para bajar las más elevadas, pues el árbol no puede ser golpeado, ni tampoco es permitido que los frutos caigan a tierra. (1 Samuel 3:19)

            He aquí un cuadro de esforzarse de la gracia: comunión santa con Dios y frutos limpios para los hombres. La gracia de Dios es superabundante, pero el Señor espera la colaboración nuestra para derramar de su río lleno, abundante bendición que nos capacite para enseñar también a otros. (2 Timoteo 2:2)

·  Conforme a sus fuerzas: “Pues de su grado han dado conforme a sus fuerzas, y aun sobre sus fuerzas.” (2 Corintios 8:3)

            Hubo grande expresión de su amor por medio de su contribución espontánea, pasando por una pobreza extrema y una tribulación terrible. Estos macedonios se dieron primeramente al Señor al saber que “en esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 3:10)

            Los macedonios llegaron a lo profundo de la filosofía “que no se puede amar sin dar,” pues Dios nos amó y nos dio al hijo de su amor. Parece que Pablo fue conmovido por tanta liberalidad de los macedonios y trató de persuadir a que ellos retirasen aquel sacrificio, pero los propósitos de los macedonios eran abnegados y puros: “Pidiéndonos con muchos ruegos que aceptásemos la gracia y la comunicación del servicio para los santos.” (2 Corintios 8:4)

            ¡Cuántos son estrechos en sus propias entrañas! No se disponen a sacrificar algo para el Señor. Han regateado con lo que no es de ellos, es del Señor. Entonces han establecido un hábito en su vida, la ofrenda para el Señor en el primer día de la semana es un real, o un bolívar, o dos bolívares, y más nada dan en pro de la obra de Cristo. Así pueden pasar muchos años sin entender que el Dios de toda gracia es el Dios de todas las cosas. El da todo lo que basta, para toda buena obra. (2 Corintios 9:8)

·  Con todas sus fuerzas: “En trabajos, en fatigas, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez.” (2 Corintios 11:27)

            Pablo consagró todas sus fuerzas físicas, mentales, morales y espirituales a la causa más noble que hay en el mundo. El amor a sus Señor le hizo renunciar en sus capacidades a todo aquello que pudiera darle ganancia según el mundo. Tuvo un desprendimiento de sí para vivir a Cristo y al cuidado de otros. Con todas sus fuerzas se empujaba como el buey, para agradar a Aquel que lo tomó por soldado. (Filipenses 3:7, 2 Timoteo 2:4)

            Los peligros no lo detuvieron, las amenazas no lo acobardaron, la ingratitud de muchos no lo desanimaron. Los sufrimientos templaron mejor el acero de su carácter para hacerlo más útil al Señor y a su pueblo. Su consigna: “De ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo, solamente que acabe mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.” (Hechos 20:24)

· Sobre sus fuerzas: “Porque hermanos no queremos que ignoréis de nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia: que sobre manera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas de tal manera que tuvimos en duda de la vida.” (2 Corintios 1:8)

            La tribulación excedió a la capacidad humana, una carga doble a su peso. Estaban seguros de morir. Dios permite estas extremidades en algunos de sus hijos para que dependan exclusivamente de Él. En el problema que se vea el hijo de Dios, por más intrincado que sea, siempre hay lecciones de consuelos para que podamos consolar a otros.

            Jeremías fue herido y puesto en el cepo por Pashur sacerdote. El profeta de Dios estaba en gran aflicción. (Jeremías 20:7-10) Con todo eso el Señor estaba con su siervo, animándole y consolándole: “Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.” (Jeremías 20:11)

            Arrimémonos pues, más a Él, y nos dará de su caudal para hacernos vencedores. (Romanos 8:31-37)

José Naranjo

GUARDANDO LA PUERTA DEL HORMIGUERO

Las hormigas como puertas vivientes

Hay unas insólitas hormigas que viven dentro de las ramitas de un árbol. Estas hormigas no tienen un nombre común, porque la mayor parte de la gente nunca las ha visto, pero los científicos las llaman «colobopsis».

Su hormiguero contiene una reina, algunas obreras y cinco o seis soldados. Los soldados tienen unas cabezas que parecen algo semejante a un tapón. Sus cabezas son casi cuadradas y parecen un trozo de madera o de caucho que se podría usar para tapar un agujero. Estos soldados usan sus grandes cabezas como una puerta. Llenan el agujero de la entrada con la cabeza y ninguna hormiga puede entrar ni salir del nido hasta que el soldado saca la cabeza.

[…]

Esta «puerta viviente» mantiene su cabeza en el agujero de en­trada en todo momento. Las hormigas de otros hormigueros y los enemigos no pueden entrar. Sólo hay UN CAMINO para entrar en el hormiguero, y éste es por medio de la «puerta viviente». Una obrera llama a la cabeza del soldado de una manera determinada cuando vuelve con comida para el nido. El soldado se echa hacia atrás y deja que entre la hormiga. Tan pronto como la hormiga ha pasado, la puerta vuelve a quedar cerrada.

Cristo como la Puerta viviente

[…] Una puerta es la vía por la que la gente entra o sale de un edificio.

El Señor Jesús dijo que Él es como la puerta del redil, Juan 10:7, 9. También dijo que Él es el Pastor de las ovejas. El redil es un lugar donde el pastor guarda sus ovejas. La gente es muy semejante a las ovejas, 1 Pedro 2:25, y muchos versículos en la Biblia emplean la palabra oveja refiriéndose a las personas, Mateo 9:36. Las per­sonas y las ovejas gustan de seguir a alguien que las conduzca. Cuando una oveja hace algo, las otras quieren también hacerlo.

Las ovejas perdidas están en gran peligro. No pueden cuidarse a sí mismas. Pierden peso y enferman, y no se pueden defender de las fieras. Algunas ovejas pertenecen a pastores que no cuidan de ellas; también pueden debilitarse y enfermar porque no se las alimenta bien. Pero un buen pastor cuida diariamente de sus ove­jas: las alimenta, conduce y protege.

El Señor Jesús es el Pastor en quien podemos confiar. El cuidó tanto a las ovejas perdidas que dio su vida por ellas, Juan 10:11. Lo hizo para que las ovejas perdidas pudieran llegar a ser suyas y pudieran vivir en su redil. Esto significa que, por la muerte de Jesús, Él abrió un camino a la presencia de Dios, Hebreos 10:19, 20, y este camino es «el único camino», Juan 14:6; 1 Timoteo 2:5.

Todos los que entran por la puerta pertenecen al Buen Pastor y pueden gozar de su presencia. Las ovejas pertenecen ahora a alguien que realmente se cuida de ellas. Pero éste es sólo el co­mienzo. Durante la vida de las ovejas, el Pastor las llama con ternura, las conduce y camina delante de ellas, Juan 10:3,4. Las ali­menta y provee para todas sus más profundas necesidades.

Las hormigas enseñan sabiduría

Las hormigas nos enseñan lo importante que es entrar por la puerta. Sólo hay una manera de entrar al hormiguero: a través del guarda, que es la «puerta viviente». Sólo los que entran por aquella puerta pueden gozar del calor y de la protección del hormiguero. Sólo Cristo es la puerta para entrar a la presencia de Dios en el cielo. La hormiga guardiana sabe qué hormigas pertenecen al hor­miguero y el Buen Pastor sabe qué ovejas le pertenecen, Juan 10:14, 27. Él les da vida eterna a sus ovejas, y promete que nadie podrá arrebatárselas, Juan 10:28.

Adela de Letkeman, Las asombrosas hormigas, Capítulo 24