sábado, 16 de abril de 2022

La consagración del hogar

 

José Naranjo


El temor de Dios y el cumplimiento en casa

            El hogar que pone a Dios primero será el hogar ideal y constructivo, hogar donde el hombre hallará respiro y alivio de los afanes y molestias originados por el pecado. Para llegar a la realidad de este hogar es menester guardar condiciones que no son onerosas, pero sí son responsabilidades que traen lustre y privilegios a un verdadero hogar de refrigerio. Muchas familias se contentan con un conocimiento teórico de la grandeza de Dios, y dicen: “Dios es sobre todas las cosas”. Otros ponen un texto en el vestíbulo de su casa, “Cristo es supremo en este hogar”, cuando esa casa es más bien digna de un manicomio, o bien de un texto elevado que diga, “El mundo tiene su imperio en este hogar.”

            Hace un tiempo visitamos una asamblea, y después del culto hablé con un sujeto que estaba sentado atrás. Pregunté si era salvo. Me dijo que tenía varios años de convertido. “¿Es bautizado?” Me dijo que no. Le dije: “Pues hay un caucho espichado. Su carro no está corriendo bien”. Entonces me contó que un hermano había ido a visitarlo y al entrar en su casa el visitante dijo: “¿Esta casa es de Dios o es del diablo?” Él se enojó por eso y no había pedido el bautismo. Un tiempo después volví a la misma asamblea y encontré al mismo individuo; le pregunté si ya era bautizado. “El inconveniente ha sido quitado,” le dije, “el hermano de su dificultad está con el Señor”. El hombre cerró la boca. Su casa sigue siendo más del diablo que de Dios. La falta de aseo; las inmoralidades; la grita de los grandes y los pequeños parecen chirridos de araguatos.

            Dos cosas contribuyen al ambiente de un hogar feliz: el temor de Dios y el cumplimiento de las obligaciones mutuas. El temor de Dios no consiste en palabras solamente; el temor de Dios es activo. Nuestro Señor Jesucristo llegó a la casa de Pedro y sanó a su suegra. Ella se levantó y enseguida le servía. Lo mismo sucedió en el hogar de Betania, en el hogar de Felipe el evangelista en Cesarea, en el hogar de Lidia en Filipos, etc.

            Empecemos con el Señor en el hogar. “Yo y mi casa serviremos a Jehová”. (Josué 24:15) No es prudente emprender un servicio sin oración. “Ante todo, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres”. (1 Timoteo 2:1,2) En un hogar consagrado hay vigilancia y cumplimiento en la oración. Job se levantaba en la mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de sus hijos. Cornelio era piadoso y temeroso de Dios con toda su casa. Hacía muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios siempre. (Job 1:5, Hechos 10:2)

            Se requiere celo en el cumplimiento y el amor a Dios que impone obligaciones. El Señor tomó a sus discípulos más confidenciales y les dijo: “Quedaos aquí, y velad conmigo ... Vino lego y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. (Mateo 26:38-41) Es posible que la indulgencia de la carne y la tolerancia en consentir cosas que antes condenábamos han invertido el orden enseñado por el Señor, y hoy es el espíritu el que está enfermo y la carne ligera, precipitada y complaciente. Más oración aunada en el hogar atraerá más bendiciones que disfrutar. Es la oración de fe constante y devocional que produce milagros y bienaventuranzas.

            Otra cosa en el hogar consagrado es la lectura y reverencia a la palabra de Dios. No es preciso cursos por correspondencia, ni clases de moral para hacer un hogar agradable. La palabra de Dios enseña las atribuciones que corresponden al marido que obra por amor a su Señor, a su esposa y a sus hijos. No hallaremos un hogar perfecto mientras “el hombre animal” sea primero; habrá defectos, pero éstos debemos encerrarlos en la palabra de Dios. Está escrito: “El amor cubrirá multitud de pecados”. (1 Pedro 4:8)

 La palabra de Dios enseña a la esposa sus obligaciones que en su capacidad propenden en gran manera hacer del hogar una casa de Dios y un ambiente gozoso. Una de las iglesias en Roma estaba establecida en la casa de Priscila y Aquila. La casa de Aristóbulo eran todos amigos de Pablo. La casa de Narisco todos eran fieles al Señor. Una de las iglesias en Laodicea estaba fundada en la casa de Ninfas. (Romanos 16:3,5,10,11, Colosenses 4:15)

            La mujer que se sujeta a su marido le obedece por amor. Entonces el amor demanda. Lo primero que hace es convidar a su marido a la oración privada. Esto no solamente hace el hogar agradable, sino que lo hace poderoso. Lo segundo, pide a su marido sin imponerle carga agravante cosas indispensables, necesarias para el hogar. Su ejemplo lo toma de la mujer fuerte de Proverbios 31. Lo tercero, cuida de los niños, “criándolos en disciplina y amonestación del Señor”. (Efesios 6:4) Para mantener la paz honesta del hogar, la esposa vigila con esmero la clase de amigos que toman sus hijos. Hay varios hogares que hoy están llorando por contemporizar con las amistades de sus hijos. Estos consiguieron sus amistades entre sus condiscípulos, los cuales los empujaron a una senda de rebelión y criminales felonías.

            Fuera del descanso que han recibido nuestras almas por la fe en Cristo, el otro reposo para el hombre en la tierra es el hogar donde hay amor. La dicha no estriba en el lujo, las comodidades o la abundancia, sino donde marido y mujer son correspondidos. “Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordo donde hay odio. Mejor es un bocado seco y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones. Mejor es vivir en un rincón del terrado, que con mujer rencillosa en espaciosa casa.” (Proverbios 15:17, 17:1, 21:9) Amor, paz y humildad nos enseñan los tres versículos, virtudes suficientes para hacer un hogar bendecido.

            Otra de las atribuciones para hacer un hogar con espíritu cristiano es el servicio que se dispensa por amor a Cristo y a su obra. ¡Qué cambio hizo el evangelio en el hogar de Filemón! ¡Cuántos más hogares que no alcanza la espada para nombrarlos se gozaron de servir con alegría hospedando a los santos! Entre ellos se destacan Gayo, Estéfanas, Aquila y Priscila, y Febe de la iglesia de Cencrea.

            Así que, hermanos, tenemos suficiente material de instrucción ejemplar para aprender a imitar, y los malos ratos que podamos pasar vencidos por las penas del pecado sean mitigados en el refugio de un hogar donde nuestro Señor Jesucristo, el rechazado, también pueda encontrar solaz.

Figuras de Cristo (4)

 por W.A. Deans


El Arca de Noé

Génesis 6-9


La gente que vivía en los tiempos de Noé era muy malvada y solo tenía malos pensamientos. Dios vió que toda la tierra se había contaminado y dijo que su Espíritu no permanecería en el hombre para siempre. Entonces, decidió destruir al hombre con un diluvio: todos los hombres, los animales y las aves morirían en el agua, Génesis 6:17.

Hoy el mundo es tan malvado como lo era entonces. El hombre no teme el juicio de Dios sobre sus pecados. Pero Dios mostró su misericordia a Noé, un hombre justo. Noé andaba con Dios como lo había hecho Enoc, Génesis 5:24 y 6:8,9 y Dios preparó un camino para salvarlo. Él mandó a Noé que construyera un barco y le dio las medidas para que lo hiciera. Dijo también a Noé que pusiera una ventana en la parte alta y una puerta al lado. Luego Noé cubrió el arca por encima y por los costados con brea para resguardarla del agua. Noé obedeció e hizo todas las cosas como Dios le había mandado, Génesis 6:19-22.

Dios en su gracia ha preparado también un camino de salvación para el hombre de hoy, que solamente merece el juicio por sus pecados. El Arca es una figura de Cristo en quien el creyente puede refugiarse de la tormenta del juicio venidero.

Noé dijo a la gente de esos días que estaban en peligro de ser juzgados por Dios. El predicó acerca de la rectitud y acer­ca del juicio y la salvación, 2 Pedro 2:4,5.

Noé y sus hijos construyeron el arca tal como Dios les había ordenado. La gente se burló de ellos, pero Noé con­tinuó predicando y construyendo hasta el final de su obra. Luego Noé entró en el arca con su familia, ocho en total, por fe, según dice Hebreos 11:7. Los animales y las aves de cada especie también entraron en el arca y Dios cerró la puerta tras ellos. Génesis 17:16.

Ahora, los siervos de Dios predican que el hombre será juzgado por sus pecados; predican que el Hijo de Dios ven­drá otra vez; pero hoy, como en los días de Noé, el hombre continúa en sus prácticas pecaminosas. No quiere recibir la salvación de Dios por creer en él, 2 Pedro 2:5.

Finalmente, la lluvia empezó a caer tan pronto entró Noé en el arca y arreció tanto que se convirtió en una tormenta y las aguas cubrieron toda la tierra.

¿Qué pasó a la gente que se burló de Noé y que no creyó en su palabra? Ellos tuvieron que permanecer fuera del arca, bajo la lluvia torrencial y empezaron a trepar las colinas y montañas para tratar de salvarse. Quizás algunos tocaron a la puerta del arca y pidieron a Noé que les permitiera entrar, pero el tiempo en que ellos podían entrar al arca para salvarse, ya había pasado. Todas las personas, los animales y las aves murieron. Todos, excepto, los que habían entrado en el arca.

El arca de Noé es una figura del Señor Jesucristo. Las per­sonas que estaban dentro del arca se salvaron cuando Dios envió el juicio del diluvio sobre la tierra. Solamente había un camino para salvarse y ese camino era entrar en el arca, a través de su única puerta, Génesis 6:16; Juan 10:9.

La tormenta no hizo ningún daño al arca ni a ninguno de los que estaban adentro. De la misma manera, el Señor Jesús soportó la tormenta del juicio de Dios que nosotros debíamos recibir. La ira de Dios se descargó sobre él. Él tomó nuestro lugar; Él murió en lugar nuestro y nosotros podemos tener vida eterna creyendo en él.

Finalmente cesó la lluvia; las aguas empezaron a descender y el arca se posó sobre el monte Ararat. Los que estaban en el arca, salieron a tierra, la cual nunca más fue cubierta por las aguas. Noé construyó un altar, Génesis 8:14-20 y ofreció sacrificios al Señor, Génesis 8:20-22.

Dios hizo salir un arco iris en las nubes como señal del pac­to que había hecho con el hombre. En este pacto, Dios pro­metió que nunca más destruiría la tierra con agua, Génesis 9:8-17. En el futuro, Dios volverá a juzgar la tierra y la destruirá de nuevo, pero esta vez será con fuego, 2 Pedro 3:4-14.

Lea Lucas 17:24,26,27 y nota lo que el Señor dijo acerca de Noé y del diluvio y pregúntese a usted mismo, si está listo para su venida.

De Tragedia a triunfo

 

Santiago Saword


Bien que fuisteis echados entre los tiestos, seréis como alas de paloma cubiertas de plata, y sus plumas con amarillez de oro. Salmo 68.13


            Este hermoso cántico de David alaba el gran poder y la maravillosa gracia de Dios en la redención. En el versículo 18 el Salmo alude proféticamente a la ascensión de nuestro Señor Jesucristo, y el texto se emplea en Efesios 4.8: “Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones para los hombres”. El autor también mira atrás a las cadenas de servidumbre para Israel en Egipto y adelante al glorioso reino milenario del Señor.

            Sin ocuparnos de las varias interpretaciones contradictorias que se han publicado en torno del versículo 13, veámoslo como un cuadro hermoso de lo que la gracia redentora ha hecho en bien nuestro. Vemos en el versículo lo que éramos, somos y seremos.

El pasado

            Las palabras, “fuisteis echados entre los tiestos”, [o sea, entre los pedazos de ollas rotas y vasijas de barro inútiles] ofrecen una descripción realista de los hijos de Israel en su degradación y miseria en Egipto. Ellos mismos hablarían posteriormente de haberse sentado “a las ollas de carne”, Éxodo 16.3. Aquellas ollas y aquellos tiestos eran sucios y negros, cosas carnales que Faraón empleaba para mantener a ese pueblo quieto en su estado oprimido.

            Todo esto nos hace recordar lo que éramos también. “Años mi alma en vanidad vivió, ignorando a quien por mí sufrió …” Nos encontrábamos “echados entre los tiestos” y otros desechos rotos y sucios del mundo, nuestras justicias como trapo de inmundicia ante los ojos de Dios. Espiritualmente, éramos débiles e incapaces de remediar la situación; estábamos expuestos a la ira de Dios.

El presente

            Ante un trasfondo tan oscuro, un rayo de luz celestial penetra la penumbra. “¡Seréis como alas de paloma cubiertas de plata!” La plata es la sobresaliente figura bíblica de la redención, y en la paloma encontramos el ministerio tan favorable del Espíritu Santo.

            Israel fue salvo de la pena del pecado por la sangre, fue librado de Egipto por poder, y fue tomado “sobre alas de águilas”, Éxodo 19.4. Ese pueblo fue objeto de la gracia de Dios en todo momento. Las alas simbolizan el poder que levanta el pecador que cree, sacándole de donde estaba y llevándole a sentarse en lugares celestiales con Cristo Jesús, o sea, de la muerte espiritual a la resurrección espiritual. Sólo el amor del Padre, la sangre preciosa de Jesús y la obra regeneradora del Espíritu Santo pueden efectuar un milagro de tan grandes proporciones.

            La paloma no come carne. Ella simboliza la inocencia, pureza y paz. Encontrándose lejos de su lugar, siempre quiere regresar, y así es que el esposo en el Cantar dice que la esposa tiene ojos como de paloma. La visión del creyente debe ser controlada por el Espíritu Santo, ocupada más de todo con su hogar celestial.

            Probablemente el cuervo no quiso volver al arca de Noé por haber visto tantos cadáveres flotando sobre las aguas; esa carne muerta apelaría a su apetito inmundo. La paloma rehusó todo aquello y voló al arca de nuevo, manifestando que tenía una naturaleza diferente. El creyente es participante de la naturaleza divina y ha huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia, 2 Pedro 1.4. La corrupción abunda en la sociedad, política y religión, pero el cristiano se guarda sin tacha, andando por una senda de separación y en compañía de Uno rechazado por el mundo.

El futuro

            Leemos que “mejor es el fin del negocio que su principio”, Eclesiastés 7.8, y así es en nuestro versículo: “… y sus plumas con amarillez de oro”.

            Las plumas nos hablan de la consolación del Espíritu, quien es nuestro Consolador a lo largo de toda la peregrinación. A su vez, el oro nos representa la gloria por delante. Hemos sido “sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida”, Efesios 1.13,14. “Gracia y gloria dará Jehová”, Salmo 84.11: gracia suficiente para la necesidad presente, y gloria en la venida del Señor.

“Vamos muy pronto al célico hogar, do gozaremos de gloria sin par”. La mayor parte del pueblo del Señor ven poco del oro perecedero aquí en este mundo, pero viene día cuando conoceremos de cerca la ciudad cuya calle es de oro puro, transparente como vidrio, Apocalipsis 21.21.

Preguntas y Respuestas

 

por Fred Wurst


1. ¿Consulta Dios al hombre con respecto al don que le agradaría poseer?

àNo, Él reparte «a cada uno en particular como Él quiere» (1 Co 12:11).

2. ¿Cómo otorga Dios los dones?

àDios inviste al creyente con el don que Él mismo desea que éste posea y da a la Asamblea los dones que desea ésta tenga (1 Co 12:4, 7, 11, 28).

3. ¿Debe estar un creyente descontento con el don que Dios le ha otorgado y desear uno que sea más conspicuo?

àSiendo Dios el Dador, el creyente debe contentarse con el don que Él le ha conferido y debe agradecer el privilegio que tiene de ser­vir al Dador.

4. Si alguien le pidiera a usted que le ayudara a descubrir su don, ¿qué le sugeriría usted?

àQue se ejercite delante del Señor en cuanto al servicio cristiano que él pueda rendir. Estará entonces usando y desarrollando el don que el Espíritu Santo le ha impartido.

5. ¿Puede un siervo apto de Cristo hacer mal uso de su don?

àSí, si está fuera de comunión con el Señor, y no está dirigido por el Espíritu Santo, puede usar el don que tiene para servir a sus pro­pios intereses y en favor de su propio ensalzamiento, en vez de usarlo para la gloria de Cristo y la bendición de las almas.

6. ¿Cuál es el motivo que constriñe al siervo de Cristo a trabajar por su Señor?

à«El amor de Cristo» (2 Co 5:14).

7. ¿Qué principio establece la Biblia con respecto al sostén de aquellos que se dedican al servicio de Cristo?

à«Los que anuncian el Evangelio, que vivan del Evangelio» (1 Co 9:4, 7, 11, 14).

8. Cite aquel versículo de las epístolas de Juan que nos dice qué tomaron de los gentiles algunos hermanos que salieron a hacer la obra del ministerio?

à«Porque ellos salieron por amor del Nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles» (3 Jn 7).

9. Si alguien le pregunta qué derecho tiene usted de ministrar la Palabra de Dios a los creyentes y a los pecadores, ¿qué escritura podría usted citarle?

à«Nosotros también creemos, por lo cual también hablamos» (2 Co 4:13).

10. ¿Qué dice la Biblia acerca del hablar las mujeres en las asambleas?

àLa Biblia dice que las mujeres «callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar» (1 Co 14:34, 35).

11. ¿Qué dice la Biblia acerca de la mujer de si debe enseñar o tomar autoridad sobre el hombre?

à«Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio» (1 Ti 2:12).

12. La idea de un clero es extraña al Nuevo Testamento; no obstante, existe un gobierno en la Asamblea. ¿Por quién es ejercido ese gobierno?

àPor los ancianos (1 Ti 5:17; 1 P 5:1-13).

MUJERES DE FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO (4)

 

Por Rhoda Cumming


4. Rebeca


“Que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad”. (1 Timoteo 5.21)

La historia está en Génesis 24 al 28.


            “¿Irás tú con este varón?” le preguntaron a Rebeca y ella respondió: “Sí, iré”. El relato de cómo Isaac consiguió a su esposa Rebeca es una de historias las más interesantes en el Antiguo Testamento. Abraham, “el amigo de Dios”, no quería una mujer pagana para su hijo y se ocupó de hacer algo al respecto. Mandó a su siervo, un hombre en quien confiaba, a hacer un viaje largo en busca de una esposa apropiada para su hijo Isaac.

            Guiado por Dios, el siervo llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor, donde hizo arrodillar a sus camellos al lado de una fuente de agua y oró al Señor pidiéndole un buen encuentro y diciendo: “Si la joven de quien yo pido agua está dispuesta a darle agua a mis diez camellos también sabré que ella es la que has elegido para tu siervo Isaac”. Al abrir sus ojos vio a la bella joven bajar su cántaro. Le pidió agua y ella, después de darle de beber a él, buscó también agua para sus diez camellos. El hombre quedó maravillado por la manera en que el Señor había contestado sus oraciones y dio gracias a Dios por haberle llevado a una joven de la familia de su amo.

            Rebeca le dio agua y buscó agua para sus diez camellos, mostrando su amabilidad y buena voluntad para servir. Era una hermosa virgen quien luego se mostró decidida, respetuosa y dispuesta a hacer lo que era el plan de Dios. Ella llevó a los visitantes al hogar de su familia. Después de oír la historia del siervo, de cómo había sido guiado por Dios en su búsqueda de una esposa para Isaac, la familia reconoció que todo era de Dios. Ellos dieron su aprobación para que Rebeca dicho Jehová”.

            Id siervo dio regalos preciosos a su familia y los hombres pasaron la noche en el hogar de aquella familia, primos de Abraham. Por la mañana la familia dijo que querían que Rebeca se quedara unos diez días antes de salir, pero el siervo estaba deseoso de partir aquella mañana. Llamaron a Rebeca y le preguntaron: “¿Irás tú con este varón?” y ella respondió: “Sí, iré”. Entonces Rebeca, su ama y sus criadas se prepararon, se montaron en los camellos y salieron con el siervo de Abraham. La joven estaba dispuesta a dejar a su familia e ir lejos a compartir su vida con un hombre que jamás había visto.

            La historia de la disposición de Rebeca cuando dijo “Sí, iré”, ha sido una ilustración del inconverso que decide dejar el mundo y seguir a Cristo. El siervo es una ilustración del Espíritu Santo enviado a conseguir una esposa para el Señor Jesucristo, la iglesia universal.

            Al final del largo viaje, Rebeca vio de lejos a Isaac, quien había salido al campo a orar, y ella preguntó quién era. Cuando supo que era el hombre que iba ser su esposo, Rebeca se bajó del camello y se cubrió con un velo en señal de respeto y sumisión. El siervo le contó a Isaac todo lo que había pasado para asegurarle de que esa era la esposa que Dios había preparado para él. Seguidamente Isaac la llevó a la carpa de Sara.

            Aunque no la había visto nunca antes, Isaac amó a esa mujer tan ejemplar y fue consolado después de la muerte de su madre. A pesar de que la poligamia era común en aquel entonces, no leemos que Isaac tomara otra mujer sino sólo a Rebeca.

            Isaac tenía cuarenta años cuando se casó con Rebeca. Después de orar por veinte años que Dios le diera un hijo, su petición fue concedida y Rebeca iba a dar a luz gemelos. Cuando sus hijos luchaban dentro de su seno ella le preguntó a Dios la razón. El Señor le indicó a la futura madres que ellos serían progenitores de dos naciones y luchaban porque el hijo mayor serviría al menor.

            Jacob, el menor, fue el hijo favorito de Rebeca, porque era varón tranquilo que pasaba más tiempo en el hogar. Isaac quería más a Esaú, el mayor, porque le gustaba comer de lo que Esaú cazaba. Tristemente el favoritismo causó discordia y rivalidad en aquel hogar.

            Un día cuando Jacob estaba preparando un guiso, Esaú llegó agotado del campo, hambriento y con ganas de comerse aquel guiso. Jacob le pidió sus derechos de hijo mayor como pago por el plato de comida. Esaú se lo juró, comió el guiso y de esta manera perdió las bendiciones. “Por una sola comida vendió su primogenitura” (Hebreos 12.16-17).

            Aunque el mensaje celestial que recibió Rebeca señalaba a Jacob como el heredero de la primogenitura, Isaac se propuso secretamente concedérselo a Esaú. Cuando Rebeca supo de su plan, tramó con Jacob la manera de engañar al anciano Isaac para que le diese la bendición a su hijo favorito. Su meta era que se cumpliera lo dicho por Dios, pero lo cierto es que sus acciones no fueron correctas. Su plan tuvo éxito, pero Rebeca se había convertido en una tramposa y perdió el gozo de ver a Dios hacer las cosas a su manera.

            Como resultado la paz en el hogar fue destruida y hubo tal enemistad entre los hermanos que Esaú tenía deseos de vengarse y matar a Jacob. Por consiguiente, Jacob tuvo que huir del hogar y parece que Rebeca nunca más vio a su hijo favorito. El doctor Higgins hizo este comentario: “Si Isaac no se dio cuenta, ¡qué trágico que Rebeca tuvo que vivir con el conocimiento de haber engañado a su propio esposo!”

            Es obvio que, como Sara antes de ella, Rebeca no supo prever los resultados de sus malas acciones. Lamentablemente, los descendientes de Esaú (llamados árabes hoy día) han sido enemigos del pueblo de Israel durante siglos. Todos los días mueren descendientes de Esaú y Jacob a causa de esa enemistad perpetua.

            Aquella mujer tan agradable, designada por Dios para ser la esposa del patriarca Isaac, no cumplió con lo que se esperaba de ella. Su historia es una advertencia para nosotras. “Debemos mantener el enfoque de nuestro pensamiento y la prioridad de nuestra vida en el poder de Dios, que nos capacita para que nuestro trabajo no sea en vano. Solamente así podemos hacer un servicio que agrade al Señor”.

            “La mujer sabia edifica su casa; más la necia con las manos la derriba” (Proverbios 14.1). La esposa prudente conserva la unidad y la paz en el hogar, mostrando respeto y sumisión a su marido. La madre juiciosa es imparcial y ama a todos sus hijos por igual.

LA EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES (2)

 

1.1 al 11: La oración de Pablo


            El apóstol escribe en su condición de siervo (doulus) de Jesucristo, para manifestar fidelidad absoluta a él y enfatizar la humildad. Cada creyente ha sido comprado a precio, y por tanto debe manifestar estas características. “Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, … no sois vuestros … habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”, 1 Corintos 6.19,20.

            “Santos” quiere decir “personas puestas aparte”, y esto se hace evidente en las vidas puestas aparte para Dios. Posicionalmente, estos creyentes estaban en Cristo, pero en la práctica vivían sus vidas en Filipos. Sus vidas debían estar en entera armonía con su posición en Cristo, y por esto Dios había provisto gracia y paz para ellos; 1.1,2.

            Los recuerdos que el apóstol tenía formaban la base de su agradecimiento a Dios cuando pedía por ellos, 1.3,4. Su pasado le causaba gratitud, pero había una necesidad presente; los logros ya realizados no sacian la necesidad del testimonio del momento. Las gracias que Pablo da se deben a su comunión con ellos en el evangelio, 1.5, y con su confianza en Dios, 1.6. Cuán necesario es ser consecuente en la senda cristiana, y cuán estimulante es saber que Dios logrará su propósito.

            Consciente de que Dios era testigo, versículo 8, Pablo oraba a Dios para que fueran evidentes ciertas características en los cristianos:

·      Incremento de su amor, versículo 9, como un río que aumenta en volumen en su viaje hacia el mar, fluyendo entre la ciencia por un lado y el conocimiento por otro. La palabra “conocimiento” sucede solamente en este versículo, y conlleva la idea de la percepción y un sentir hacia otros. Así el incremento del amor tiene que ver con estar conscientes de la voluntad de Dios y comprender cada situación, tomando en cuenta la reacción de los demás.

·      Inteligencia en discernimiento, versículo 10, aprobando lo que es excelente. La idea es percibir qué vale más. Las cosas espirituales valen más que los materiales, y el bienestar de la asamblea es más importante que el mío propio.

·      Irreprochables en conducta, versículo 10, “Sinceros e irreprensibles”. Ser sincero es ser puro, sin elementos extraños, sin apariencia falsa. Ser irreprensible es conducirse de manera que otro no sea estorbado. Cuando nosotros somos así también, podemos promover la gloria y alabanza de Dios con el fruto que exhala la fragancia de Cristo, versículo 11.


sábado, 12 de marzo de 2022

PENSAMIENTO

 

No solamente los designios de Dios están detrás de las circunstancias que suceden, sino que también Él mismo pone todo en movimiento. Necesitamos apren­der esto, dejarlo actuar y no pensar demasiado en los movimientos de la actividad del hombre. Éstos cumpli­rán los propósitos de Dios o serán reducidos a cenizas y desaparecerán. Sólo debemos hacer tranquilamente la voluntad de Dios.

J. N. Darby