sábado, 26 de julio de 2025

Viviendo por encima del promedio (25)

 

Descalzos en la iglesia


Escribiendo en "Nuestro Pan Diario"27, Denis DeHaan nos cuenta de una pequeña crisis que surgió en una gran iglesia suburbana. Un domingo, un joven cristiano de una universidad cercana entró descalzo, vistiendo una camiseta y jeans. La congregación de pronto se inquietó. ¿Acaso no sabe que no se asiste a la iglesia descalzo? ¿No se da cuenta de que los hombres tienen que usar traje y una camisa de vestir?

Bueno, las bancas estaban tan llenas que Bill tuvo que ir hasta adelante. Y como allí no había asientos libres, se sentó en el suelo, bien en frente del púlpito. Nadie había hecho esto antes. Fue un día de tradiciones rotas, y no les sentó bien a algunos feligreses.

Entonces un anciano artrítico rompió con otra tradición. Tomando su bastón, se dirigió hasta adelante. Ahora, ¿qué iba a suceder? Soltó su bastón, e inclinándose dolorosamente, se sentó junto al joven Bill. No quería que este joven se Sintiera solo y rechazado.

Me hace recordar un incidente similar que ocurrió en una capilla no muy lejos de donde vivo. Era en la época de los hippies, los hijos de las flores, la generación del amor. Un creyente nuevo apareció descalzo en la reunión de la

Cena del Señor. No muchos le prestaron atención al hecho, Pero una anciana se sintió obligada a ponerlo en su lugar al finalizar la reunión. Un anciano vio lo que estaba sucediendo y, entonces, cuando ella terminó su discurso, él se acercó, rodeó al joven con su brazo, y le dijo: "No te fijes. Creo que son hermosos." El respondió: "Bueno, son originales."

Me quito el sombrero ante el anciano artrítico y el compasivo. Y también ante cualquier creyente que pueda ver más allá de lo externo y detectar un corazón que ama al Señor Jesús. La crítica sólo los alejará. El amor los ayudará a crecer. El espíritu Cristo céntrico dice: "Dejen que vengan a Mí."

William Macdonald

¿Enojarme y no pecar?

 


Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. Efesios 4:26-27


A menudo se piensa que es incorrecto que un cristiano sienta disgusto o enojo, pero las Escrituras y otras enseñanzas demuestran que puede ser apropiado. Sin embargo, debemos ser cautelosos acerca de la fuente y la naturaleza de nuestra ira. Si nuestra ira surge simplemente como una reacción egoísta o como venganza, esto va en contra de todo lo que Cristo representa. Encontramos en él ejemplos de ira hacia ciertas personas o circunstancias, lo cual demuestra claramente que tenía un profundo sentimiento acerca de lo que era contrario a Dios (véase Mr. 3:5).

Es posible que otros lo acusen de falta de amor si usted habla enérgicamente en contra del mal en alguien o algo. Pero esto no es cierto; denunciarlo en lugar de ignorarlo es un verdadero acto de amor. El verdadero amor consiste en tener siempre los mismos sentimientos que Dios tiene hacia lo que se nos presenta. Podemos tener comunión con lo que Dios aprueba, pero no debemos amar lo que Dios aborrece.

“Airaos, pero no pequéis”. Existe un gran peligro de pecar cuando nos enfadamos, por eso se nos añade esta advertencia. El simple sentimiento de enojo hacia alguien que ha pecado puede y debe ser un sentimiento santo, siempre y cuando no vaya más allá. Así es como debemos sentirnos en la presencia de Dios.

Ahora bien, ¿cómo podemos saber si estamos pecando cuando nos airamos? “No se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Si nuestro espíritu se mantiene irritado, con impaciencia, antipatía o desprecio, entonces es claro que nuestra ira no es según de Dios. Cuando el sol se pone, es tiempo de buscar la comunión pacífica con Dios, en lugar de alimentar nuestro resentimiento lejos de su presencia. Por eso se añade: “Ni deis lugar al diablo”. Cuando alimentamos la ira o guardamos resentimientos en nuestra mente y corazón, entonces le estamos abriendo la puerta a Satanás con facilidad, y luego de esto se hace difícil expulsarlo de ahí.

W. Kelly

LEYENDO DIA A DIA 1 CORINTIOS (15)

 

Capítulo 13: El amor en el laboratorio


      Pablo lleva al laboratorio de la investigación apostólica esta principal virtud moral y la somete a un examen triple.

• Lo pesa por su densidad, vv 1 al 3. Es de mayor peso que la excelencia lingüística, de la eminencia profética y de la benevolencia filantrópica. En esta operación Pablo prueba hasta lo superlativo; nótense sus medidas: lenguas de hombres y de ángeles, todo misterio, todo conocimiento, toda fe, todos mis bienes — ¡pero aparte del amor estos son sólo un ruido, una cifra, la bancarrota! El amor debe impulsar el amor el ministerio, la habilidad y la caridad. No importan la boca, la cabeza ni la mano, sino el corazón.

• Lo examina por su calidad, vv 4 al 7. Cada examen es progresivamente más intenso.

      Nótense su apariencia externa y sus acciones manifiestas. Son hermosas en su simetría — no irregularidad, v. 4; no inferioridad, v. 4, porque el amor desconoce los celos; no anormalidad, v. 4, porque el amor no hace gala de sus dones; no vulgaridad, v. 5, nunca insolente, indecente ni de mal gusto. Su superficie es lisa; el amor no pone reparos.

      Ahora nótense su construcción interna y sus mociones escondidas. Son hermosas en su abnegación propia. El amor se sacrifica, v. 5; el amor se mantiene en segundo plano, v. 5; se olvida de sí, v. 5; no se acuerda de heridas, porque su interés no es en sí mismo, v. 6; nunca se contenta cuando otros yerran. Es fuerte, es tolerante, tiene confianza, es crédulo, nunca sospechoso, abriga esperanza y aguanta. Acepta no recibir lo que le es debido, y perdura cuando recibe lo que no es debido.

• Lo mide por su durabilidad, vv 8 al 13. Expresa primeramente su conclusión. ¡El amor nunca deja de ser! Nunca es insuficiente, y perdura más que el ministerio espiritual, vv 8 al 10. Estos se muestran inferiores ante el amanecer de lo perfecto. Su alcance supera la madurez física, vv 11, 12. Los placeres humanos y las tendencias cambian, pero el amor es constante. Aun cuando la fe y la esperanza están acordes con el amor, ellas conducen a un punto final, pero el amor es en sí lo definitivo.

      Lección: ¡Siga el amor! 14.1 Hágalo suyo.

por S.Emery

domingo, 29 de junio de 2025

La Reunión de Oración

 


En el Nuevo Testamento no vemos ninguna reunión de jóvenes, ni ninguna reunión de mujeres. Toda la iglesia se reúne, como vemos en el siguiente texto: "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones". Hechos 2.42.

Todos los que toman la Cena del Señor deben también reunirse para "orar". La oración es un privilegio y a la vez una responsabilidad de los que están en comunión en una asamblea. El patrón apostólico incluye todo lo que vemos en Hechos 2.42. Los que se reúnen para partir el pan deben estar también en la reunión para el ministerio de la Palabra, y en la reunión de oración.

Es curioso que los musulmanes van a la mezquita para orar 5 veces cada día, o sea, 35 reuniones cada semana.  En cambio, a veces a los cristianos les cuesta acudir a orar sola una vez cada semana. Revisemos nuestras prioridades. (Mt. 6.33; He. 10.25).

Dios Revelado

 

Dios revelado en la creación

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1

Nuestro Dios es el Dios vivo, no es un Dios lejano e incomprensible que nos ha dejado sin una revelación de sí mismo. Al contrario, se ha manifestado en tres formas diferentes: a través de la creación, de la Biblia y de Cristo.

Estos tres aspectos de la revelación divina se presentan de manera sorprendente en el Salmo 19, como un extraordinario registro de los tres libros que Dios ha utilizado para revelarse: los cielos, las Escrituras y el Salvador.

La primera revelación de Dios se encuentra en la creación misma, específicamente en los cielos que el salmista llama “la obra de sus manos”. En la actualidad, los astrónomos han adquirido un mayor conocimiento sobre la inmensidad del universo creado. Sabemos acerca de las enormes distancias que conforman los cielos estelares y de las innumerables galaxias que contienen miles de millones de estrellas, muchas de ellas mucho más grandes que nuestro sol. Los científicos utilizan el término «principio antrópico» para describir cómo el universo parece estar afinado y adaptado de manera precisa para el ser humano. Todos estos descubrimientos no hacen más que confirmar y reforzar lo que ya sabemos: Dios creó el universo y nos colocó en él para que le diéramos gloria.

“No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz,” (vv. 3-4). La creación tiene voz y habla a la conciencia del ser humano, o al menos debería hacerlo. Por eso, el apóstol Pablo les habló de la creación de Dios a los paganos e idólatras atenienses (véase Hch. 17:23-27). Aunque no tenían la Biblia, ellos tenían el libro de la creación. Lamentablemente, el ser humano ignora, muchas veces voluntariamente, este testimonio del “eterno poder y deidad” de Dios, lo que lo hará “inexcusable” en el día del juicio (véase Ro. 1:19-20).

¡Qué grande es nuestro Dios! Su poder y entendimiento es infinito (Sal. 147:5).

 

Dios revelado en la Biblia

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.” Salmo 19:7

En la primera parte de este salmo, el libro de la revelación de Dios en la creación, David utiliza el nombre divino El, que significa Poderoso. Él es el Dios poderoso que se muestra en la creación y que es observado por las naciones paganas. Pero, en el resto del salmo, utiliza el nombre Jehová (vv. 7-14). El uso del nombre Jehová aquí es significativo, pues es el nombre que Dios utiliza en relación con su pueblo.

El filósofo y teólogo alemán, Immanuel Kant, escribió una vez en una de sus obras filosóficas más conocidas: «Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí». La primera parte de esta afirmación es correcta, como vemos en los primeros seis versículos de este salmo. Sin embargo, la segunda parte demuestra los límites de la filosofía humana. Debido a que la teología liberal de Kant tenía una baja estima de la inspiración de las Escrituras, esta se apartó de la Biblia y se dirigió a la conciencia humana en busca de dirección, la cual es claramente deficiente. En la Biblia, Dios nos ha dado una guía confiable, a diferencia de la ley moral del hombre caído o de sus filosofías.

La segunda revelación de Dios se encuentra en la Biblia. La Palabra de Dios tiene un valor indescriptible. Es más valiosa que el oro refinado y más dulce que la miel. Restaura el alma, instruye a los sencillos, alegra el corazón, ilumina los ojos y limpia la vida (vv. 7-9). Todo aquel que lee la Biblia puede afirmarlo. A través de las Escrituras, el siervo de Dios es amonestado. Pablo le dijo algo similar a Timoteo, expresando que la Palabra de Dios es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir”, con el propósito de que el hombre de Dios esté completamente preparado para toda buena obra (2 Ti. 3:16-17).

En el Salmo 19, el “siervo de Dios” es amonestado por la Palabra de Dios, mientras que en 2 Timoteo 3, el “hombre de Dios” es instruido y preparado por ella. En cualquier caso, el mensaje es claro: debemos valorar y conocer su contenido.

 

Dios revelado en el Redentor

“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” Salmo 19:14

Hasta ahora hemos visto como, en el Salmo 19, Dios se ha revelado a través del libro de la creación y a través de la Ley. Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos (vv. 1-6), mientras que la Ley de Jehová es perfecta, la cual hace sabio al sencillo (vv. 7-11). Sin embargo, ninguno de estos libros puede salvar nuestras almas. La grandeza de los cielos nos permite conocer el poder y la deidad de Dios, pero no su amor. La Ley, aunque es santa, justa y buena (véase Ro. 7:12), no puede redimirnos. De hecho, a través de la Ley adquirimos “el conocimiento del pecado” (Ro. 3:20).

La tercera parte del salmo aborda el asunto del pecado (vv. 12-14). Se trata de una oración para ser purificados del pecado oculto y guardados del pecado voluntario. Como cristianos, hemos sido justificados por la preciosa sangre de Cristo, quien nos ha limpiado de todo pecado, por lo que no es necesario repetir esta obra. Sin embargo, la confesión diaria es una parte importante de una vida cristiana saludable y vibrante, ya que nos ayuda a mantener nuestra comunión con Dios. El versículo 12 hace referencia a los pecados de ignorancia, pero David también ora para ser guardado de los pecados voluntarios en el versículo 13. Al seguir estos pasos de cuidado y confesión, seremos preservados de caer en “gran rebelión” (v. 13) y evitaremos caídas repentinas en el pecado, aunque siempre debemos estar alerta, porque siempre tendemos a deslizarnos gradualmente.

En el último versículo de este salmo, David llama a Jehová “roca mía” y “redentor mío”. Esta última expresión se utiliza tan solo dos veces en la Biblia, siendo David y Job (véase Job 19:25) los únicos que la utilizan. Este salmo comienza con el Creador y termina con el Redentor (comp. Ap. 4:11; 5:9).

Finalmente, David concluye con una hermosa oración que resalta a nuestro maravilloso Redentor: que las palabras de nuestra boca y la meditación de nuestro corazón sean agradables a él.

Brian Reynolds

El Señor Está Cerca

¿Qué cosas no se encuentran en el las iglesias del nuevo Testamento?

 



En el nuevo testamento no encontramos:

v  El templo,

v  los edificios consagrados,

v  los altares,

v  el candelero,

v  las velas,

v  el incienso,

v  el aceite de unción,

v  los sacrificios de animales,

v  los sacerdotes levíticos,

v  las comidas prohibidas,

v  los instrumentos musicales,

v los coros, cantantes y directores de alabanzas

v un calendario religioso de días festivos

v los diezmos

Tales cosas pertenecen al viejo pacto, no a la iglesia, y fueron "impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas"(He. 9.10). En el lenguaje de Hebreos: "vamos adelante" (He. 6.1).

El diablo, la carne y el mundo

 

El diablo tienta, la carne tienta


Estas tres potestades tienen un vínculo muy íntimo entre sí, y todas trabajan en una combinación asidua y tenaz para la ruina y perdición de los hombres. La carne es la carroza y el mundo es el escenario donde el diablo anda y opera. Con todo esto, cada una de estas potestades tiene su esfera autónoma para obrar en el campo que los hombres le facilitan.

La mayoría de las veces el hombre, después que ha caído y ha complacido sus placeres carnales, dice: “El diablo me tentó, el diablo se me metió y cometí un disparate; es que no sé cómo el diablo me cegó y caí en sus trampas.” Alguno ha dicho que ninguno cae en público sin antes haber caído en secreto. Las Escrituras definen claramente cuál es el pecado del hombre, cuál la tentación del diablo y cuál la maldad de mundo.

Nunca leemos cuando el pecado de David de que Dios, o el profeta Natán, o el mismo David, acusaron al diablo de haberlo incitado a adulterar con Bath-sheba y a eliminar a Uría. No leemos que Acán haya sido impedido por el diablo a sustraer objetos del anatema en Jericó. Nada nos prueba que Esaú fue impulsado por el diablo a menospreciar su primogenitura; tampoco Nadab y Abiú a ofrecer fuego extraño en el altar; ni a Nabal para mostrarse tan avaro con David; y de otros tantos que por falta de espacio no podemos citar.

En cambio, hay pruebas contundentes en la Palabra de Dios de casos donde el diablo sí hizo directamente su nefanda obra. “Mas Satanás se levantó contra Israel e incitó a David a que contase a Israel.” (1 Crónicas 21:1) A Pedro Cristo dijo: “Apártate de mí Satanás, me eres escándalo.” “Satanás os ha pedido para zarandearos.” (Mateo 16:23, Lucas 22:31)

Satanás dijo a Eva: “Mas sabe Dios que el día que comiereis de él ...” (Génesis 3:5) Leemos que Caín era del maligno y mató a su hermano. (1 Juan 3:12) Satanás tentó al Señor: “Si eres hijo de Dios.” ((Lucas 4:3) Pablo dijo: “Me es dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee.” (2 Corintios 12:7) Pedro preguntó a Ananías: “Por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo?” (Hechos 5:3)

El diablo está enjuiciado y eternamente condenado, no por ser diablo, sino porque enseñó a los hombres a pecar y a dudar de la veracidad de la Palabra de Dios. El hombre se ha adelantado en la maldad, que ha perdido dos cosas que el diablo conserva: “Los demonios creen, y tiemblan.” (Santiago 2:19) El hombre moderno ha perdido las dos cosas.

Consideramos ahora que si el diablo tienta, la carne también tienta.

“Y el vulgo que había en medio tuvo un vivo deseo, y volvieron, y aun lloraron los hijos de Israel, y dijeron: “¡Quién nos diera a comer carne!” (Números 11:4) y dice la Palabra que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y cebado. (Santiago 1:14)

El incestuoso de la iglesia en Corinto fue tentado primero de la carne, entonces en la disciplina fue entregado a Satanás para la prueba de su fe con la muerte de la carne. El diablo le hizo la vida tan triste a aquel hermano que para siempre tendría el recuerdo de haber ofendido a su Señor. Aunque perdonado y restaurado, sentía con hondo pesar la mancha de su vestido.

Es notorio que hoy día son pocos los caídos que dan muestras y señales de la profunda gravedad de su pecado. Algunos se olvidan muy pronto y empiezan a ocupar el lugar de jueces, criticando y murmurando los errores de sus hermanos. Otros no tienen la suficiente prudencia para esperar unos años, sino que al poco tiempo empiezan a tomar parte en el ministerio desde la tribuna.

Y de la otra potestad leemos que “todo el mundo está puesto en maldad.” (1 Juan 5:19), y el mundo es el campo magnético de más grande tentación. En el mundo el diablo se pasea con su trío unificado: “La concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida.” (1 Juan 2:16)

El mundo tiene sus riquezas y pasatiempos. Tiene sus modas y caprichos en las mujeres lo más deshonesto en los últimos tiempos, con sus faldas y pantalones que excitan la codicia y el deseo de la manera más vulgar. El mundo tiene sus cortes y composturas de cabello, sus pinturas extravagantes y sus pinturas llamadas naturales, pero que son pinturas que muchas hermanas usan para el cabello, para las uñas, para las mejillas, para las cejas. Todo esto junto con los “implantes” y sus vestidos de corte anatómico que exhiben las formas de la mujer, vienen del mundo que trabaja para la carne, y la carne y el mundo para el diablo.

El mundo tiene su política que ofusca los ojos y la mente de muchos. Demas fue uno de estos. (2 Timoteo 4:10) Del mundo vienen los noviazgos impuros y vulgares, y los matrimonios fuera de los principios bíblicos. La ruina de muchos matrimonios se debe a que en el noviazgo han revuelto y ensuciado el agua que se han de beber. Del mundo vienen los cumpleaños, los balnearios, las excursiones bastardas y las reuniones sociales que terminan en la molicie.

Entonces ¿cuál será el remedio para resistir a estos tres enemigos? Bien:

·         lo del diablo:            “Al diablo resistid y de vosotros huirá. (Santiago 4:17)

·         lo de la carne: Huid la fornicación. (1 Corintios 6:18)

Huye también los deseos juveniles (2 Timoteo 2:22)

·         lo del mundo:  Aborreced – “No améis el mundo ni las cosas que están en el mundo.”  (1 Juan 2:15)