sábado, 4 de mayo de 2013

Discipulado: Yo Primero


EL VIGILANTE DE LAS IGLESIAS
El Señor Jesús dijo a sus discípulos lo que él quería que hicieran después de que él regresara a los cielos. ¿Vivió la Iglesia primitiva de acuerdo a las recomendaciones del Señor Jesús? La respuesta la encontramos en el capítulo 1 de Apocalipsis.
Los tres primeros capítulos de Apocalipsis muestran a la iglesia en el tiempo de los Apóstoles y a través del tiempo hasta hoy. Esta descripción nos enseña algunas lecciones im­portantes en forma fácil e interesante. El Señor Jesús dice: "Yo vengo pronto. Retened lo que tenéis y ninguno os arrebate la corona o recompensa " Apocalipsis 3:11. Este versículo nos hace pensar que el Señor está hablando a toda la iglesia hasta el tiempo cuando sea arrebatada del mundo. El Señor Jesús está siempre observando a la iglesia muy de acuerdo porque es el Señor y Amo de ella.
No queremos decir que los capítulos 1 a 3 de Apocalipsis nos muestren cómo será cuando comparezcamos delante de Cristo y él juzgue nuestras vidas, 2 Corintios 5:10. En ésta ocasión, el Señor reunirá a su pueblo y juzgará el valor de su servicio para él. Dirá a algunos: "Vosotros sois siervos buenos y fieles. Habéis hecho bien." Y dará la recompensa a aquellos que le hayan servido fielmente.
A veces una persona recibe pruebas de manera no an­ticipada. El alumno a veces tiene que contestar preguntas en un examen las cuales no se ha preparado y a consecuencia no pasa con buenas notas por haber contestado mal. Tal vez diría: "Hubiera estudiado esta materia si hubiera sabido. No sabía que esta materia era tan importante para estar en el ex­amen. Por eso no la estudié y no pasé el examen." ¿Pen­saremos así cuando nos presentamos delante de Cristo? ¿Pensaremos: "No sabía lo que me iba a preguntar; no sabía lo que para él era importante"?
En su mensaje a las iglesias, el Señor Jesús ha mostrado claramente qué cosas son importantes para él. El nos ha dicho las cosas que él quiere y las cosas que él no quiere. El dijo claramente: "Tengo algo contra ti. Algo que no me gusta." Y alabó también a las iglesias y dijo; "Tú eres pa­ciente, has sufrido por mi causa " Apocalipsis 2:3. A medida que leemos estos capítulos vemos que el Señor Jesús se agrada con ciertas cosas que hacen los creyentes y desaprueba otras.
En Apocalipsis 1:9 vemos qué clase de persona es Cristo. El es el Señor de la iglesia. El apóstol Juan escribió: "Yo com­parto contigo los sufrimientos y su reino porque somos uno en Cristo." Los tiempos actuales son de sufrimiento y pacien­cia. Nosotros entraremos en el reino de Cristo cuando él venga de nuevo, gobernaremos con él. Pero ahora, debemos esperar con paciencia. La mayor parte de las personas en este mundo no desean el reinado de Cristo, pero los que lo deseamos debemos esperar su venida pacientemente. En esto consiste principalmente la era de la iglesia.
Juan dijo que él había sido llevado a la isla de Patmos por­que había predicado la Palabra de Dios y la verdad acerca de Cristo, Apocalipsis 1:9. Nosotros aún sufrimos porque hacemos lo que Dios dice en este mundo. La gente se burla y dice cosas crueles acerca de los que obedecen a Dios. El creyente puede encontrar esto duro de soportar y quisiera, a veces, cambiar las enseñanzas de la Biblia y adaptarlas a la filosofía del mundo.
Juan fue desterrado a la isla de Patmos por predicar a Cristo. Entonces el Espíritu de Dios vino sobre él y oyó una gran voz como el sonido de una trompeta. Esta voz le dijo: "Yo soy el Principio y el Fin. Escribe las cosas que ves y envíalas a las siete iglesias que están en Asia." Estas iglesias eran grupos de cristianos que necesitaban saber las cosas que el Señor le dijo a Juan que escribiera. Creo que la iglesia de hoy también necesita estas enseñanzas, más aún que la iglesia primitiva.
La voz que habló a Juan dijo que hiciera conocer estas cosas. Mucho tiempo antes, un ángel le había dicho a Daniel que sellara el libro que él había escrito para que per­maneciera en secreto por algún tiempo, Daniel 12:4. En Apocalipsis 10:4 una voz del cielo le ordenó a Juan que no di­jera a otros lo que habían dicho los siete truenos. Pero el mensaje a las iglesias no era para ser mantenido en secreto. La voz dijo a Juan "Escribe estas cosas y envíalas a las iglesias." Es claro que el Señor quería que este mensaje quedara escrito en la Biblia para todas las iglesias. A cada iglesia le fue enviado un mensaje especial. El Señor no creyó conveniente enviar una carta común a todas las iglesias, sino una para cada iglesia.
Juan nos dice que él se volvió para ver al que le estaba hablando y vio siete candeleros. Y entre los candeleros vio a alguien como un hombre, Apocalipsis 1:12-13. Luego, Juan describe a esa persona en los versículos 13 al 16. En estos versículos dice que Cristo gobierna en la iglesia. Nadie puede cuestionar su autoridad y todo el mundo debe obedecerle por que él es el Señor de la Iglesia. Cada iglesia o grupo de creyentes en cualquier lugar es como un candelero que brilla en las tinieblas que la rodean. Cada iglesia es testigo de Cristo y cada creyente es también un testigo. El Señor está entre las iglesias y las observa cuidadosamente. El es el mismo que estuvo con sus discípulos durante cuarenta días después de su resurrección y también es el mismo que ascen­dió a los cielos y vendrá de la misma manera como sus discípulos le vieron ascender al cielo, Hechos 1:11. El está ahora vivo, no solamente como Espíritu sino con un cuerpo visible.
Juan vio al Señor Jesús personalmente durante su vida en la tierra y también lo vio entre las iglesias según nos dice Apocalipsis capítulo 1 y también lo vio venir y poner un pie en la tierra y otro en el mar, Apocalipsis 10:2. Así que el Señor actúa en las iglesias y también regresará a la tierra.
Los creyentes en Cristo viven en diferentes lugares, for­mando pequeños grupos. Algunos de estos son tan pequeños y al parecer tan insignificantes, que no hay en ellos alguien que pueda predicar bien. Pero todo grupo de creyentes por pequeño que sea, es tan importante para el Señor Jesús como las iglesias de Éfeso o Esmirna o Tiatira.
Cada creyente y cada grupo de creyentes es importante para Cristo y él los vigila y gobierna. Si fue importante que las iglesias en Éfeso y Esmirna supieran lo que el Señor dijo, así también es importante que los creyentes y las iglesias de hoy le obedezcan. El dijo a cada iglesia las cosas que no quiere que hagan y él advierte a los creyentes acerca de ellas. Así mismo nos dice cuando hay cosas falsas en nuestra vida y en nuestra iglesia. A veces pensamos que las iglesias de los primeros tiempos eran puras y llenas de fe, pero no fue así. Los creyentes de Galacia trataron de guardar la ley de Moisés y estaban viviendo como la gente del mundo. Los creyentes de Corinto estaban enseñando cosas falsas. Algunas veces pensamos que las primeras iglesias fueron muy buenas y fuertes. Esto no es del todo cierto. La iglesia empezó a tener problemas desde el momento en que el hombre comenzó a dirigirla; pero debemos recordar que Cristo aún se mueve en medio de ellas y está siempre ahí.
No había nadie entre Cristo y la iglesia en Apocalipsis 1. Ningún dirigente. No reprendió a nadie por permitir el mal en las iglesias. Cristo se movía entre las iglesias y dijo a cada una sus errores.
Miremos a la persona que se movía entre los candeleros. Juan dijo que él vio una persona con apariencia de hombre y luego nos describe cómo es. El tenía puesto un manto que le llegaba hasta los pies y una banda dorada alrededor de su pecho. Después, Juan habló de su cabeza, sus ojos, sus pies, su voz, sus manos, su boca y su cara. Estas siete cosas de Cristo nos enseñan cómo es él y cómo se muestra a su pueblo. El parecía muy diferente al Jesús de Nazaret que Juan conoció cuando vivió aquí en la tierra.
Jesús tenía puesto un manto que le llegaba hasta los pies. El manto largo nos enseña que es Rey y Juez. El tiene autoridad sobre toda persona. Su manto no es ordinario. Es el manto de una persona importante, de un Rey. Así que Cristo tiene autoridad sobre el mundo.
El tenía una banda dorada alrededor de su pecho. La gente ve diferentes significados en esta banda dorada. Nosotros pensamos que significa esto: en la Biblia la única persona que lleva puesta una banda dorada es el Sumo Sacerdote, Éxodo 28:4. El Señor Jesús conoce nuestras faltas y debilidades, pero él es nuestro Sumo Sacerdote que está delante de Dios y nos guarda. El habla a Dios a favor nuestro y nos guarda de estar lejos de él. El conoce nuestros pecados y faltas y tiene poder para olvidar los pecados y restablecer nuevamente nuestra comunión con el Padre.
Nosotros podemos ver algunas fallas o flaquezas entre el pueblo de Dios y pensamos que somos llamados a corregirlos. Pensamos que podemos limpiar nuestras faltas espirituales como limpiamos nuestra casa. Pero esto es im­posible. Solamente el Señor Jesucristo puede resolver estos problemas en la iglesia. Nosotros debemos entender que él gobierna la iglesia, y debemos pedirle que corrija los errores.
Jesús tenía puesto un manto que caía hasta sus pies y una banda dorada alrededor de su pecho. Sus cabellos eran tan blancos como la lana, como la nieve. Los cabellos blancos nos hablan de un anciano. Un anciano debe ser un hombre sabio, esto nos muestra que el Señor Jesús es Dios. El no tuvo comienzo y es sabio. Conoce todas las cosas. El sabe qué sucederá antes que suceda. Conoce todas las cosas que están sucediendo ahora mismo. Pablo dijo que Dios ha hecho a Cristo nuestra sabiduría, 1 Corintios 1:30. El es el único cuyos cabellos son blancos como la lana o como la nieve.
Algunos piensan que saben más que Dios. Trazan planes y caminos para ayudar a los creyentes. Piensan que muchas cosas de la Biblia son tan antiguas que no pueden ser una ayuda y creen que ellos tienen mejores cosas para el día de hoy. Ellos dicen que pueden trazar un nuevo camino por donde vaya la iglesia. Es verdad que nosotros necesitamos hacer las cosas correcta y ordenadamente, 1 Corintios 14:40. Nosotros podemos estar ocupados con nuestra propia vida y no saber qué hacer. Debemos recordar que no somos más sabios que los demás hermanos en la iglesia y que necesitamos pedir al Señor Jesús que él gobierne y guíe a la iglesia. El es más sabio. El tiene toda la sabiduría. Nosotros no podemos ver lejos, no podemos ver claro; no podemos entender muy claramente.
Debemos traer nuestros problemas al Señor, ser honestos y decir a nuestros hermanos en Cristo que no tenemos la respuesta para el problema. No debemos decir: "No sé la respuesta, así que veamos qué piensa la mayoría; hagamos una cosa, hallemos la respuesta nosotros mismos." ¿Por qué no poner nuestro problema en las manos del Señor? El tiene toda la sabiduría. Debemos venir a él y decir: "Oh, Señor, tú amas a la iglesia mucho más que nosotros. La iglesia es tú prometida. Tú pusiste en marcha este pequeño grupo de creyentes para que sean tus testigos. Nosotros no sabemos qué hacer. Unos decimos una cosa y otros dicen otra cosa. No sabemos qué es lo correcto."
Jesucristo se mueve entre sus iglesias y él tiene toda la sabiduría de Dios. El es nuestro Señor y Maestro y él puede darnos sabiduría si se la pedimos, Santiago 1:5,6. ¿Podría él rehusar darnos sabiduría y entendimiento si se lo pedimos y deseamos usarlos en su iglesia para su gloria? El ciertamente puede darnos la sabiduría que necesitamos. El puede resolver el asunto si traemos el problema a él y le decimos, "Nosotros no podemos. Necesitamos tú sabiduría."
En cierta parta de África, en varias ocasiones, hubo pro­blemas entre los creyentes. Alguien dijo que un hombre creyente había cometido un pecado. Pero el culpable dijo: "No, yo no lo hice. Nadie puede probar que lo haya hecho. No puede encontrar a alguien que diga que yo lo he hecho. No he hecho nada malo." Puede ser que nadie lo haya visto, y aún tener la seguridad de que lo hizo. Ellos no saben qué hacer. Esto puede suceder en su asamblea. Algunos dicen*. "No podemos probar que él hizo algo malo. Pero otros pueden estar seguros que sí lo hizo y que debe ser castigado." Pero esto no es correcto. Nosotros debemos decir a esa per­sona que no podemos probar que hizo algo malo y decir al Señor que ponemos esto en sus manos y pedirle su dirección en este caso.
Los cristianos en el África no sabían qué hacer con el hom­bre que había pecado, por eso ellos preguntaron al Señor qué debían hacer. Muchas veces pidieron a Dios que juzgara y en efecto, El juzgó. Mostró en corto tiempo quién estaba en lo cierto y quién estaba equivocado. Dios esclareció el asunto. Esto se repitió varias veces. En otra ocasión, nuevamente un hombre fue acusado de cometer cierto pecado y ellos pidieron a Dios que lo juzgara, pero el hombre dijo: "No, no, yo no deseo que Dios me juzgue. Yo sé que ustedes pidieron a Dios que juzgara el caso anterior, yo no deseo que Dios me juzgue." El admitió que hizo algo malo.
Podríamos ser sabios y fuertes si confiamos al Señor el gobierno de su iglesia. Podemos estar ocupados haciendo cosas para él y pensar que somos los únicos que podemos hacerlo. Podríamos permitir que el Señor actuara cuando no sabemos qué hacer. ¿Puede Dios hacer cosas en su propia iglesia? ¡Sí! El puede y las hace. El trabaja en su iglesia si nosotros realmente deseamos que sea honrado. Nosotros podríamos hacer que los creyentes temieran el castigo de Dios dejando que él juzgue y castigue a todos aquellos que hacen algo malo en la iglesia. El es la persona más sabia y podemos tener la confianza que él usará su sabiduría a favor de nosotros. Cuando alguien peca, debe ser expulsado de la iglesia por el hombre de Dios, Josué 7:10; 1 Corintios 5:4,11.
Los ojos del Señor Jesús resplandecen como fuego, Apocalipsis 1:14. El fuego en la Biblia se usa como tipo de la justicia de Dios. El puede penetrar los pensamientos y el co­razón de una persona. Sus ojos no miran únicamente lo ex­terno sino que pueden ver su interior también. Sus ojos no ven solamente los vestidos limpios, la sonrisa de nuestra cara y nuestra simpatía para hablar con la gente; sus ojos pueden ver los pensamientos de nuestro corazón. Sus ojos ven cosas que nosotros no vemos. Nosotros podemos hacer suposi­ciones acerca de lo que piensa una persona, pero nunca ver su interior. El Señor Jesús nunca hace suposiciones. Todas las cosas están claras y abiertas delante de sus ojos, Hebreos 4:13. Esta es una de las verdades maravillosas del Señor Jesús.
            Algunos piensan que las reuniones de los creyentes no son ni importantes, ni necesarias. ¿Es realmente importante que tengamos estas reuniones si vivimos para Cristo? ¿Tenemos que ir, ocupar una silla, en la reunión? La idea de que estas reuniones no son importantes es una tontería si pensamos que la iglesia es muy valiosa para el Señor. Nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo. Su cuerpo no puede ser dividido en partes. Un hombre perdió un dedo en un ac­cidente y lo guardó dentro de una caja. ¿Tendría alguna utilidad ese dedo, guardado en la caja? Un creyente que no asiste a las reuniones de la iglesia es como este dedo. La iglesia es un cuerpo, el Señor está cerca y la purifica. Sus ojos son como fuego. Sus pies resplandecen como bronce bruñido, Apocalipsis 1:15. Esto significa que sus pies brillan como bronce ardiente. Tan caliente que llega a ser blanco. El bronce resplandeciente nos hace pensar en la justicia de Dios. El Señor Jesús habla y se mueve entre sus iglesias y mira todo lo que ellas están haciendo. Sus pies son como bronce bruñido. El no envía a alguien a vigilar su iglesia de vez en cuando; El mismo las observa y controla.
La voz de Cristo suena como una gran catarata, Apocalip­sis 1:15. Cuando estamos cerca a una catarata y nuestros amigos nos hablan, no los podemos oír. Solamente oímos el ruido del agua cayendo. La voz de Jesús es como el sonido del agua que cae; es más fuerte que los otros sonidos. No podemos oír otros sonidos mientras El habla. Y habla con plena autoridad. Su voz es como el rugido de una gran catarata que está por encima de los demás sonidos.
El tiene siete estrellas en su mano derecha, Apocalipsis 1:16. En el versículo 20, el Señor nos dice que las siete estrellas son los siete ángeles de las siete iglesias, que representan a los líderes espirituales de cada iglesia. Ellos están en su mano. El los controla. Una espada cortante de dos filos sale de su boca. Esta espada es su palabra. La Biblia dice que su Palabra es tan cortante como espada de dos filos, Hebreos 4:12. Su palabra corta y divide, hace separación en­tre el alma y el espíritu. El alma hace referencia a nuestros pensamientos, nuestros deseos y nuestra manera de hacer las cosas. Las cosas del alma van unidas a nuestro cuerpo, nuestra vida natural. El espíritu se refiere a nuestra relación con Dios. La Palabra de Dios separa y divide las cosas naturales de la vida de las cosas de Dios.
Algunas veces no hacemos separación entre las cosas del alma y las cosas del espíritu, las cosas que vienen de Dios. Pensamos que un hombre es espiritual si es muy inteligente, pero esto no es cierto. La espada de la Palabra de Dios divide, separa y muestra quién es verdaderamente espiritual.
Su cara brilla como el sol a mediodía, Apocalipsis 1:16. Su voz es como el sonido de una gran catarata, cuyo fuerte estruendo impide oír otros sonidos. Su cara brilla como el sol, de tal manera que no podemos ver otras luces. Todas las luces son opacas ante su brillante luz.
Leamos lo que él dijo a las siete iglesias en Apocalipsis, capítulo 2 y 3: "Veo tus faltas, pero también veo en ti algunas cosas que me agradan. Conozco vuestra tristeza, dificultades y sufrimientos. Conozco todo esto." El Hijo de Dios es también el Hijo del Hombre y tiene autoridad plena sobre su iglesia. El tiene derecho a moverse entre las iglesias y puede decir qué es correcto y qué es falso. El tiene un premio para todo lo que es correcto y juzga todo lo que es falso y malo. Algunas cosas son muy buenas y valiosas para nosotros, quizás son muy importantes en este mundo, pero no debemos hacerlas si no agradan a Dios. El es el Señor de la iglesia.
Los apóstoles fueron al lugar donde los envió Cristo en Mateo 28. Bernabé y Pablo fueron a donde los llevó el Espíritu Santo en Hechos 13 y Pablo fue a donde Dios deseaba que fuera en Hechos 16. Podemos hacer justamente como él dice. Nosotros debemos decirle: "Señor, esta es tú iglesia. Haremos como tú Palabra diga. No haremos nada que tú no nos hayas dicho". Quiera Dios ayudarnos a hacer exactamente lo que él dijo que hiciéramos en su Palabra.

domingo, 7 de abril de 2013

PENSAMIENTO


¿Tenemos "los ojos puestos en el cielo"? (Hechos 1:10). ¡Ah, qué corazones inconstantes poseemos! ¡Cuán variables y superficiales son!
El Espíritu Santo dirige siempre nuestra mirada hacia Jesús y quiere mantenerla fija sobre él.         Por tanto, el propósito habitual del Espíritu es revelar y glo­rificar a Jesús. 

Todo Aquel que Cree


¿Comprendes, querido lector, lo que quieren decir estas palabras?
Estaba sentado a la orilla de un paseo un pobre ciego, leyendo en su Biblia de relieve. Una y otra vez pasaba su dedo sobre las letras, y una y otra vez leía: to-do a-quel... pero no lo comprendía. Pasaba por allí entonces un muchacho, y lla­mándole el ciego, le preguntó: "Hijo mío, ¿qué quiere decir todo aquel?" Y el muchacho respondió: "Quiere decir usted y yo y todos". Entonces dijo el ciego: "Es verdad, quiere decir yo".
Un joven moribundo oyó leer en aquel supremo momento las siguientes palabras: "Todos los que en El creyeren, recibirán perdón de pecados" (Hechos 10:43). Dirigiéndose a su madre, le dijo: "Repíteme, madre, esas expresiones: Todos los que... eso sin duda quiere decir yo".
Supongamos que Dios, en lugar de decir: Todos los que... hubiese dicho Fulano de tal, ¿dudarías entonces de qué hablaba con noso­tros? No; pues aún más claramente nos alude diciendo: Todo aquel... porque de un mismo nombre puede haber más de una persona, ¿y cuál sería pues la señalada? Pero cuando dice Todo aquel... comprende a todos, te comprende a ti.
Sería muy útil buscar y retener en la memoria, y principalmente en el corazón, todos los textos que con­tienen tales palabras: veamos aquí algunos:
·         Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo uni­génito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).
·         Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre (Hechos 10:43).
·         Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado (Romanos 10:11).
·         Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Juan 5:1).
·         Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente (Juan 11:26).
·         Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas (Juan 12:46).
·         Todo aquel que invocare el nom­bre del Señor, será salvo (Romanos 10:13).

Los Ángeles: El ángel de Jehová


4. Los Ángeles.


El ángel de Jehová


¿Quién es este Ángel?
            Unas de las preguntas que para algunos es difícil de responder y para otros es muy fácil de encontrar es la identidad de este ser. En sí es un ser misterioso; pero por el análisis de los textos que hemos repasado no es un ángel común, es más, muestra un alto grado de dignidad,  en grado tal, que los que se han acercado, han tenido que rendirle homenaje. Algunos creyentes lo han identificado con el Señor Jesucristo. De ser así, entonces corresponde a teofanía o  más bien, una Cristofanía, es decir, una manifestación del Señor Jesucristo antes de su encarnación.
            Los Rabinos también han encontrado en este ángel a un ser particular, que escapa al arquetipo de un ángel común.  De hecho le dieron un nombre particular para identificarlo. Le llamaron Metratón y que quiere decir, el Ángel de su Faz. Este nombre o designación no se encuentra en el Antiguo Testamento (Tanaj) ni en el Nuevo Testamento.
            En el Talmud Babilónico y en el Zohar (dos libros de interpretaciones de los rabinos) encontramos  referencia a este ser. En el primero se habla que esta sentado en la posición que le corresponde a Dios mismo. Y en el segundo, lo identifica con el ángel que guió a pueblo de Israel por el desierto, después de haber salido de Egipto y lo muestra como un sacerdote celestial.
            En otro comentario, el Talmud dice: «El Metratón, el ángel del Señor, está unido al Dios Altísimo en perfecta unidad en su naturaleza», mientras que otras fuentes hablan acerca de él como de uno que «tiene dominio so­bre todo lo creado». La Midrash, que es antiquísi­ma, conocida como Otiot de Rabbi Akiba, hace la siguiente declaración respecto al ángel del Señor: «El Metratón es el ángel, el príncipe de la faz, el príncipe de la ley, el príncipe de la sabiduría, el príncipe de la fortaleza, el príncipe de la gloria, el príncipe del templo, el príncipe de los reyes, el príncipe de los gobernantes, de los que ocupan altos cargos y de los exaltados.»
            Después de cientos de años, aun se discute la etimología de la palabra "Metratón". Se parece a la palabra latina “Metator” que significa mensajero, guía, líder.  La palabra “Metatron” es numéricamente equivalente a Shaddai (Dios) en hebreo gematria  (Numerología en hebreo); por lo tanto le dicen que tiene un “nombre como su amo.”

El Señor Jesucristo.
            El  Ángel de Jehová le dice a Abraham en Génesis 22: De cierto te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar, y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz (Gn. 22:17-18).
            Ningún ángel, ni ningún ser creado (Sal. 148:2,5),  puede hacer la promesa a Abraham. Para ello se necesita poseer los atributos  propios de Dios, que son la omnisciencia y omnipotencia. El primero se requiere para tener conocimiento del futuro, y el segundo para que la promesa se haga realidad. Tanto la omnisciencia como la omnipotencia son atributos únicos e incomunicables de Dios.
            Si recorremos el Antiguo Testamento vamos a encontrar que el Ángel de Jehová tiene ciertas características muy peculiares. Por ejemplo:
·         Tiene la autoridad para perdonar pecados (Ex. 23:21), algo que es prerrogativa absoluta de Dios (Dn. 9:9; Mr. 2).
·         Acepta Adoración (Jos. 5:14).
·         Consolar
·         Castiga a los rebeldes
·         El Nombre de Dios está en él
·         Demanda adoración (Ex. 3:5). Sólo Dios es digno de adoración (Mt. 4:10; Ap. 22:8).
·         Acepta sacrificios (Jue. 13:19-23).
·         Intercede
            ¿Y por qué lo comparamos con el Señor Jesucristo? En los evangelios encontramos sus dichos y actos, y en ellos podemos encontrar características que nos llevan a meditar en la similitud con el Ángel de Jehová, que nos llevan a pensar que es la misma persona. Revisemos algunas de ellas:
1.      El Señor dijo que Abraham se había gozado viendo este momento (Juan 8:56)
2.      El Señor Perdonó Pecados (Mateo 9:2; Lucas 7:48)
3.      El Señor Aceptó adoración (Juan 9:38)
4.      Dijo que él y el Padre eran uno solo (Juan 10:30).
5.      Consoló a muchos
     Es evidente que es Jesucristo, no por gusto le decía Jesús a los judíos que Moisés había escrito de El (Juan 1:45; 5:46). Cuando Felipe encontró a Natanael y le dijo: Hemos encontrado a aquel de quien Moisés escribió en la Ley, y también los Profetas: a Jesús de Nazaret, el hijo de José (Juan 1:45).
     El Señor Jesucristo al resucitar cito: “¿No era necesario que el Cristo padeciese estas cosas y que entrara en su gloria?  Y comenzando desde Moisés y todos los Profetas, les interpretaba en todas las Escrituras lo que decían de él” (Lucas 24:26-27). Y si leemos los libros de Moisés, notaremos que "aparentemente" no se habla de el Señor Jesucristo (aunque si encontramos muchas figuras), son pocas las profecías, pero si habla mucho de "El Ángel de Jehová".
¿Cómo explicamos todas estas similitudes? La respuesta está en la doctrina de la Trinidad. El Ángel de Jehová es Jesucristo, la Segunda Persona de la Trinidad. Esta es la conclusión inevitable a la que llegamos luego de conocer que la invisibilidad de Dios Padre es establecida en Juan 1:18, 4:24, 5:37; 1 Timoteo 1:17, 6:16; Hebreos 11:27, etc., y que el Espíritu Santo también es invisible (Jn. 3:8, 14:17). Corresponde señalar enfáticamente que cuando indicamos que el Ángel de Jehová es Jesucristo, bajo ningún concepto entendemos que Jesucristo es un ángel o un ser creado. La palabra usada, malak, significa mensajero, y si bien se usa también para mensajeros humanos, la connotación sobrenatural y divina  es más que obvia en los pasajes referentes al Ángel de Jehová. Si reconocemos que existe una unidad y una consistencia indudable entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, tenemos que aceptar la realidad de que Jesucristo pre-encarnado es la imagen del Dios invisible en el Antiguo Testamento.
Hay cuatro cuestiones que nos pueden ayudar a identificar al ángel de Jehová con Cristo en sus apariciones previas a la encar­nación.
(1) La segunda persona de la Trinidad, el Hijo, es el Dios visible del Nuevo Testamento (Jn 1:14, 18; Col. 2:8, 9). De la mis­ma manera, el Hijo era la manifestación visible de Dios también en la época del Antiguo Testamento.
(2) El ángel de Jehová no volvió a aparecer tras la encarnación de Cristo. Una referencia como la de Mateo 1:20 no identifica a ningún ángel en especial, por lo que se debería entender como una referencia a un ángel del Señor.
(3) Ambos fueron enviados por Dios y tuvieron ministerios parecidos como revelar, guiar y juzgar. El Padre no fue nunca enviado.
(4) Este ángel no podía ser el Padre ni el Espíritu, ya que éstos nunca toman forma corporal (Jn. 1:18; 3:8).
Una multitud de similitudes entre el Ángel de Jehová y la persona de Jesucristo apoyan esta doctrina. Ambos tienen ministerios similares tales como comisionar, consolar, liberar a los cautivos, proteger a los siervos de Dios, comunicar o revelar verdades, portar grandes promesas, interceder por la gente de Dios, etc.
Sumado a esto, la ausencia total del Ángel de Jehová en el Nuevo Testamento, nos ayuda a concluir que el Ángel de Jehová es nuestro amado Señor Jesucristo.

Resumen
El ángel de Jehová se nos ha mostrado igual en esencia a Jehová, si bien distinto de Él. La única solución a esta aparente contradic­ción es que el ángel de Jehová es una aparición pre encarnada del Señor Jesús, el Hijo eterno. De hecho, es la Cristofanía más fre­cuente del Antiguo Testamento. Sus ministerios son diversos, dila­tados y bien conocidos en los tiempos del Antiguo Testamento, desde los días de Abraham hasta los de Zacarías. Entre sus ministerios se encuentran algunos que sólo Dios mismo puede realizar; y son tan paralelos a los de Cristo que suponen un argumento más a favor de su identificación como el Cristo pre encarnado.

LA IGLESIA QUE ES SU CUERPO


Mi presente propósito es considerar brevemente la obra del Santo Espíritu en la formación de la iglesia de Dios - el cuerpo de Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu" (I Cor. 12:13). El bautismo del Espíritu es débilmente entendido por la mayoría. Alguno imagina que esto es una especie de "segunda bendición" a la cual se entró a través de un menor favor en algún momento subsiguiente a la salvación; otros lo suponen como una cosa repetida, para ser solicitada a través de la oración encarecida por los santos individualmente y colectivamente.
            La Escritura habla de otra forma. El bautismo del Espíritu (Cristo siendo el que bautiza, Juan 1:33) es mirando al cuerpo de Cristo. Por medio de esta razón los santos de Dios, de cualquier modo numerosos, están unidos a la vida de la Cabeza en el cielo, para cada cual. Semejante cosa era desconocida hasta que Cristo fue glorificado. Hubieron hombres piadosos primero, por supuesto; la fe individual había sido desde los días de Abel, si no de Adán. Pero no estaba la unión, ni pudo estar hasta que la redención fue efectuada y Cristo ascendido a la diestra de Dios. Entonces fue extraído un propósito, que fue realizado ante el mundo que estaba, más se mantuvo oculto en el corazón de Dios hasta que correspondió con el momento de la venida. Ese propósito era para tener una compañía de personas en la gloria celestial con el Segundo Hombre para tomar parte con Él en todos los resultados de Su obra gloriosa, en asociación personal con Él como miembros de Su cuerpo. Los miembros están reunidos mientras los consejos de Dios concerniente a la tierra son despreciados. Cuando el Mesías se presentó a Israel, fue rechazado. Esto ha retardado el reino, con toda su bendita conexión para la tierra entera. Todo ha sido hecho bueno poco a poco y todo lo que los profetas han hablado ha sido cumplido; pero para el presente, Cristo se ha sentado a la diestra de Dios y el Santo Espíritu está aquí, reuniendo Sus miembros y coherederos. Cuando el número este completo, el Señor descenderá en el aire y les recibirá así mismo. Esto es una cosa maravillosa tener parte en semejante designio. Era un inmenso privilegio de la antigüedad ser un judío y estar en posesión de la Palabra de Dios, y el divino santuario. Más el vino nuevo es sobre pasadamente mejor por fe. En la nueva compañía toda distinción carnal entre el judío y el Gentil desaparece, la muralla de en medio de separación había sido derribada; todos tienen acceso por medio de un mismo Espíritu al Padre y todas las bendiciones de aquel que es la Cabeza ascendida son nuestras, quienes son uno con Él (Ef. 2). De este modo para conocer nuestro lugar verdaderamente, nosotros debemos aprender el lugar de Cristo; para aferrar nuestra porción celestial, la porción de Cristo debe ser discernida, pues en esto todos los miembros comparten a través de la infinita gracia de Dios. Todas las bendiciones espirituales en los cielos son nuestras en Él; y todo el amor del Padre descansa sobre nosotros en Él.
            Esto eleva las almas justas fuera del mundo y le da un carácter celestial. Si nuestra porción es totalmente celestial y si nosotros somos realmente uno con el Hombre exaltado allí, esto nos hace desear saber que está allí y se familiariza con todo. Es imposible que un santo pudiera realmente tomar por medio de la fe su unión con Cristo en gloria, amando a un mundo hostil y malo. El entendimiento intelectual es indigno y vano.
            La comprensión de un lugar semejante de bendición y privilegio, lleva con sus correspondientes responsabilidades durante nuestro andar en la tierra. Esto los apóstoles impelen en 1 Corintios 12. La diferencia entre Efesios y 1 Corintios considera la verdad del un cuerpo, en la cual uno nos da el lado celestial y el otro el terrenal. Los miembros han recibido todo lo importante de la Cabeza para la edificación general y bendición, y es, para no estar descontento con el lugar y funciones divinamente asignado para cada uno (1 Corintios 12:14-18). En otro lado está para no ser despreciado en relación a la porción del más eminente dotado para aquellos que son más desairados. Todos son necesario y ninguno está para ser despreciado (vers. 19-21). El débil y el menos digno miembro, lejos de ser inútil en el cuerpo, están para tener nuestro especial afecto y cuidado. Es para ser una comunidad de interés entre los miembros de Cristo (vers. 22-26).
            Nosotros vemos estos divinos principios que fueron entendidos y realizados, en la fe por los primeros santos. El cuadro presentado por medio del Espíritu de Dios, en Hechos de los Apóstoles en los primeros capítulos, es cautivador en su belleza y simplicidad. Desde todo esto, la iglesia de Dios se ha desviado gravemente. El vaso honrado que fue usado como el administrador de la verdad de Cristo y la iglesia - el Apóstol Pablo - contemplo con aflicción, a la vasta mayoría declinando antes de que él hubiese sido llamado a su reposo. ¡Cuán rápida es la declinación después de su partida! ¡Cuán pronto estaba la verdad completamente perdida! Es solo lo último que Dios había recuperado para Su propiedad. Muchas verdades concernientes a la bendición individual de los creyentes, fueron victoriosos atrás en el siglo decimosexto, pero, poco o nada fue entonces incorporado dentro de la iglesia de Dios. Pero el Espíritu de Dios había traído la verdad poniéndola al frente nuevamente ante la venida del Señor. Él debería tener a los santos entrando en su verdadera comunión a Cristo, que ahí puede estar un correcto andar, individualmente y colectivamente, a una actitud correcta hacia Él.
            Esto podría ser argüido, que es prácticamente imposible actuar sobre tales principios después todo eso ha venido a la profesión de la iglesia. Con el vasto conjunto de confesores de Cristo, gastan sus energías en edificar humanamente al formar cuerpos ¿Qué debe ser hecho? No debemos olvidar que la iglesia de Dios está hecha de individualidades y cada santo individualmente tiene su propia responsabilidad ante el Señor. Para intentar obtener el cuerpo público verdadero (en justicia) es inútil; cada uno debe pisar la senda del Señor por sí mismo. El Santo Espíritu está aún en la tierra y el cuerpo de Cristo está aún aquí, como leemos, "un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación" (Ef. 4:4). Sin embargo, sí pocos buscan llevar esto externamente en fe, pueden considerar que la presencia del Señor y el poder del Espíritu de Dios, está con ellos. ¿Qué más puede el corazón desear? (Mt. 18:20).
Traducido por Denis Valencia

LA UNCIÓN CON ACEITE


« ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor; y la oración de fe salvará al enfermo; y si hubiese cometido pecados, le serán perdonados» (Santiago 5:14-15)
                                              

            Muchas veces los enfermos rescatados del Señor se han cuestionado el tema de este pasaje y se han preguntado si no deberían hacerse ungir con aceite, esperando así ser librados de sus sufrimientos. Otros lo han hecho y no han recibido ningún alivio. ¿Por qué?
            La cosa es bien simple si nos recordamos que esta epístola, la de Santiago no está dirigida a la Iglesia cristiana, sino más bien a las doce tribus de Israel. Es por esto que encontramos la sinagoga y otras cosas que parecen extrañas si no tomamos el cuidado del primer versículo de esta epístola; cosas que pueden ser sencillas si nos colocamos, por el pensamiento, en el terreno del pueblo terrenal de Dios. La unción con aceite era algo frecuente en las ordenanzas del antiguo pacto. Se ungía a aquel que debía subir al trono; se ungía también a los sacerdotes cuando entraban en sus funciones; el tabernáculo y todos los utensilios debían ser ungidos con aceite de la santa unción, etc. Esta función prefiguraba (o simbolizaba) la venida del Espíritu Santo que, mas tarde, debía habitar en los creyentes y en la Iglesia (o Asamblea de creyentes), que es la casa de Dios. De ningún modo estamos sorprendidos al encontrar esta unción con aceite en los versículos que nos ocupan. Aquí, tiene que ver con un pueblo terrenal que se movía en medio de las sombras de las cosas celestiales. Ahora que tenemos la plena realidad de esas cosas, no tenemos que ver con lo que eran las sombras, las figuras (Hebreos 8:5), y esto mas aún, en lo que concierne a la Iglesia, no vemos ninguna ordenanza de esta índole.
            Luego, ungir a un enfermo, es volverse a colocar en un terreno donde nada ha sido conducido en perfección y en la cual el creyente ha sido libertado para siempre por la gracia de Dios. Podemos también agregar que nunca un hijo de Dios fiel desearía arrogarse el título de anciano desde que la autoridad apostólica, que solo tenía el derecho de nombrar, no estuviera mas allí para hacerlo. Desear usurpar este título denotaría una fuerte dosis de pretensión de parte de aquel que lo hiciera.
            ¿No hay nada que hacer con respecto a los enfermos que están entre nosotros? Ciertamente, la oración de fe tiene siempre el poder y su eficacia en todos los tiempos y en todas las dispensaciones. Puede suceder que un enfermo estuviera bajo el golpe de una disciplina particular de parte del Señor a causa de algún pecado que no ha sido juzgado. ¿Qué hacer en tales circunstancias? Confesarlo. El asunto es muy simple y verdadero en todos los tiempos (Ver Salmo 32). Sucede también a menudo que la enfermedad está permitida por el Señor para probar la fe de aquel que la padece y de aquellos que están en contacto con él. Epafrodito había estado enfermo y muy cerca de la muerte realizando el precioso servicio que le había sido confiado por lo filipenses a favor del apóstol Pablo (Filipenses 2:25). Nadie desearía pensar que esta enfermedad era la consecuencia de sus pecados, como tampoco las frecuentes indisposiciones del fiel Timoteo (1ª Timoteo 5:23). El Señor se servía entonces de estas enfermedades para el bien de aquellos que estaban aquejados y para la prueba de su fe, así que para aquellos que se beneficiaban son su fiel servicio.
            Hoy día es lo mismo. Tenemos necesidad de sabiduría en todo tiempo. Cuidemos de guardar las enseñanzas de la Palabra de nuestro Dios, con el fin de no dejarnos desorientar en nuestro andar. A menudo se ha hundido en grandes aflicciones a almas fieles, ignorantes puede ser, y que están padeciendo enfermedad, u otras cosas penosas, volviéndose a si mismas en lugar de volver su miradas a Aquel que es el Pastor fiel de su rebaño querido. En lugar de encontrar amigos que venían a reconfortarlo, ellos encontraban, como Job, consoladores falsos que venían a agobiarlo ocupándose de ellos mismo, en lugar de hablar de Aquel que solo podía gozar su corazón en lo profundo de la prueba.
Traducido de "El Mensajero Evangélico año 1944

En El Mar Rojo


Éxodo 15:1-19

I. Texto. "Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente" (Éxodo 15:1).

II. Lección Principal. Los hijos de Israel, habiendo sido librados de Egip­to, y traídos a través del Mar Rojo, y habiendo visto sus enemigos muer­tos en la orilla del mar, cantan su canción de triunfo. Es la primera canción registrada en la Biblia, y es la primera de las canciones de sal­vación que abundan en las Escrituras. Nos enseña el gozo dé la salvación y cómo cantar la nueva canción que Dios pone en la boca de Sus redi­midos. La salvación y el cantar van juntos.

III. El Escenario de la Canción.
Los hijos de Israel, después de estar en Egipto por 430 años, son sacados gloriosamente. La canción puede lla­marse:
1.    Una Canción de Redención. El cordero de la Pascua ha sido inmolado, la sangre ha sido rociado sobre las casas, el destructor ha pasado y Dios había salvado a los primogénitos de Israel porque "El vió la sangre." Ellos eran un pueblo redimido - redimidos por sangre y poder. Solamente tales pueden realmente cantar.
2.    Una Canción de Resurrección. Ellos habían pasado a través del mar y la nube, una figura de muerte, sepultura y resurrección en Cristo. Fue como si el mar (la muerte) los hubiera tragado y después devuelto su presa en resurrección.
En 1 Cor. 10:2 leemos: "Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar." Así somos bautizados en Cristo, en Su muerte y resurrección (Rom. 6:3-4). Podemos cantar la nueva canción - "Morí, por lo tanto vivo."
3.    Una Canción de Libertad. El cruel cautiverio y esclavitud de Egipto han pasado y se han ido para siempre. Quién entonces debe can­tar como ellos. Así que somos "libres." El pecado ya no tendrá dominio sobre nosotros; estamos bajo la gracia (Rom. 6:14). ¡Oh el gozo de los redimidos, el gozo de los libres!
4.    Una Canción de Regocijo. No solo de regocijo en la salvación, sino en el Señor mismo. "Jehová es mi cántico" (v. 2). Amamos al Se­ñor por lo que ha hecho, pero más por lo que es. Nos regocijamos en Su salvación, pero nos regocijamos más en el Señor mismo.

IV. La Canción.
v. 1. Es una Canción de Triunfo. "Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar el caballo y al jinete."
v. 2. Fortaleza, Cántico, Salvación. "Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación". (Esta nota de alabanza es repetida frecuentemente en las Escrituras. Aparece en el Salmo 118:4, Isaías 12:2 y en varias formas a través de le Palabra de Dios).
v. 3-16. El Señor es un Hombre de Guerra. Esta nota de la canción es profética. Predice el triunfo de Cristo en justicia sobre toda la tierra. Edom, Moab, Canaán fv. 15), todos caerán ante El, y estos son solamente figuras del conjunto de fuerzas en la tierra que se oponen a Dios.
vv. 11 - 16. Su carácter es maravillosamente descrito.
"Glorioso en santidad."
"Temeroso en alabanzas."
"Haciendo maravillas."
v. 17. Su bendición para Su pueblo. El los guió en misericordia. Los guió hacia el lugar santo, introduciéndoles y plantándoles en el monte de Su heredad, "en el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado."
v. 18. El Triunfo Final. Jehová reinará eternamente y para siempre.
Así que la Primera Canción es un reconocimiento del pasado (triunfo y salvación), del presente (bendición y descanso) y del futuro, el glorioso reino de Cristo (es eternamente y para siempre).

V. Otras Lecciones de la Canción.
1.   Todo el Gozo Cristiano está Basado en la Obra Terminada de Cristo. Los hombres no pueden cantar hasta que son redimidos y libra­dos del poder del pecado. Los prisioneros no pueden cantar. La pri­mera canción fue una consecuencia de la salida de Egipto.
2.   La Salvación y el Gozo están siempre Asociados. Así fue con Israel. Y así es con pecadores salvados por gracia. Cuando el Evangelio vino, el ángel que lo anunciaba lo llamó "Buenas nuevas de gran gozo." Hubo gran gozo donde quiera que fue predicado, como cuando Felipe lo predicó en Samaria, y con individuos como el Eunuco (Hechos 8:39), el carcelero de Filipos (Hechos 16:34) y muchos otros.
Todas las falsas religiones son sombrías y tristes. En Cristo está el gozo inefable y plenitud de gloria.
3.    El Gozo Cristiano no es una Conmoción. Es el "gozo de la fe." Es gozo "en el Señor." Se regocija en la obra de Dios, creyéndola. Se regocija en la salvación, en Cristo y es el "gozo de la esperanza", anti­cipando la venida y el futuro triunfo de Cristo. Nos regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios. Cuán diferente es esto de la emoción y estímulo de la carne o de la hueca y vacía risa del mundo.
4.   El Triunfo en el Mar Rojo es un tipo de nuestra muerte, sepul­tura y resurrección con Cristo. Para entrar completamente en esto como una experiencia, y cantar con gozo de corazón, debemos creerlo en fe, porque Dios lo ha dicho, y debemos actuar como si así fuera, creyendo simplemente y sinceramente como aquellos que murieron con Cristo (Col. 3:3), y como resucitados con El; dejando de prestar atención a las cosas mundanas, mas buscando las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Colosenses 3:1).
5.   Cantando una Canción espiritualmente sana. Quizás unas cien veces viene la orden de "Cantar al Señor." David, en los Salmos, dice una y otra vez, "Yo cantaré," y nos exhorta a cantar (a veces la mejor medicina para un corazón triste). El ser llenos del Espíritu se confirma "hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones" (Efesios 5:18-20). "Dando gracias siempre a Dios por todas las cosas."
6.   Cantando un Gran Testimonio. Cuando la Reina de Sabá vio la gloria de Salomón dijo, "Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos."
Cuando otros nos ven gozosos en Cristo y nos oyen alabando al Señor, serán atraídos a El.
7. Nuestro Tema de Gozo y Canto no debe ser egoísta. Esos cristianos que siempre andan buscando excitación no son obreros estables y útiles; andan para su propia satisfacción. El gozo no debe ser buscado como una gratificación; acompañará todo trabajo de fe y obra de amor en Cristo. Su principal tema es Cristo, Su obra, Su venida, y especialmen­te Su futuro glorioso. "Jehová reinará eternamente y para siempre." No estoy buscando gozo, sino servir al Señor. Encuentro gozo en ese servi­cio, pero mi gozo verdadero vendrá cuando vea al Señor en Su gloria.
Verdades Bíblicas – Nº 337-338