sábado, 3 de agosto de 2013

Meditaciones (IV)

I.                    “Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres”  (Sal 12:1).
Los fieles son una especie en peligro de extinción; están extinguiéndose rápidamente de la raza humana. Si David lamentaba su desaparición en aquellos días, a menudo nos preguntamos como se sentiría si viviera hoy.
Cuando hablamos de una persona fiel, nos referimos a aquella que es digna de confianza y segura. Si hace una promesa, la cumple. Si tiene una responsabilidad, la cumple, si tiene que ser leal, lo es inquebrantablemente.
El hombre infiel hace una cita y a la postre, o no la cumple o llega inexcusablemente tarde. Se compromete a enseñar en la clase de la escuela dominical y no previene quién le remplace cuando no puede estar presente. Nunca se puede depender de él. Su palabra no significa nada. No es de extrañar que Salomón dijera: “Como diente roto y pie descoyuntado es la confianza en el prevaricador en tiempo de angustia” (Pro 25:19).
Dios está buscando hombres y mujeres fieles. Desea administradores que sean fieles cuidando Sus intereses (1Co 4:2). Aspira a tener maestros que sean fieles transmitiendo las grandes verdades de la fe cristiana (2Ti 2:2). Anhela creyentes que sean fieles al Señor Jesús, compartiendo Su vituperio y llevando la cruz. Quiere gente que sea inflexiblemente fiel a Su Palabra inspirada, inerrante e infalible. Se complace en los cristianos que son fieles a la asamblea local, en vez de vagar de iglesia en iglesia como vagabundos religiosos. Dios ve con buenos ojos a los santos que son fieles a otros creyentes y fieles también a los que no son salvos.
Como en todas las otras virtudes, el Señor Jesús es nuestro ejemplo supremo. Él es el Testigo fiel y verdadero (Apo 3:14), un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere (Heb 2:17), fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1Jn 1:9). Sus palabras son verdaderas, Sus promesas son infalibles y Sus caminos son totalmente seguros.

Aunque los hombres no valoren suficientemente la lealtad, Dios sí. El Señor Jesús alababa la fidelidad de sus discípulos con las palabras: “Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi padre me lo asignó a mí” (Luc 22:28-29). Y la recompensa máxima a la fidelidad será escuchar Su alabanza: “Bien, buen siervo y fiel... entra en el gozo de tu Señor” (Mat 25:21).

Meditaciones (III)

I.      “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”  (1 Juan 4:10).
                                                           El amor es esa cualidad de Dios que le hace prodigar ilimitadamente Su afecto a los demás. Este amor se manifiesta dando buenas dádivas y dones perfectos a los que ama.
            He aquí algunos versículos de los miles que hablan de ese amor: “Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia (Jeremías 31:3). “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó...” (Efesios 2:4). Y, por supuesto, el más conocido de todos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
            Cuando Juan dice que “Dios es amor” (1 Juan 4:8), es importante ver que él no está definiendo a Dios, sino insistiendo en que el amor es uno de los elementos claves de la naturaleza divina. No adoramos al amor, sino al Dios de amor.
            Su amor no tuvo principio y tampoco tendrá fin. Es ilimitado en sus dimensiones, absolutamente puro y sin mancha de egoísmo o cualquier otro pecado. Es sacrificado y nunca repara en el coste. Busca solamente el bienestar de los demás, y no espera nada a cambio. Tiende su mano al agradable y al repugnante, al enemigo y al amigo. Este amor no se da como premio a las virtudes de aquellos que lo reciben; viene solamente de la bondad del Dador.
            Las implicaciones prácticas de esta sublime verdad son evidentes: “Sed, pues, imitadores de Dios” dijo Pablo: “como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros” (Efesios 5:1-2a). Nuestro amor debe ascender al Señor, fluir a nuestros hermanos, y extenderse al mundo perdido.
            La contemplación de Su amor debe inspirar también la adoración más profunda. Cuando caemos a Sus pies, debemos decir repetidamente:

¿Cómo puedes amarme como me amas
Y ser el Dios que eres?
Oscuridad es a mi razón
Pero sol a mi corazón.

Meditaciones (II)

I.     “Dios... sabe todas las cosas” (1Juan 3:20).
            La omnisciencia de Dios significa que tiene un conocimiento perfecto de todas las cosas. Nunca le fue necesario aprender y jamás lo hará.
            Uno de los grandes pasajes sobre el tema es el Salmo 139:1-6, donde David escribió: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender”.
            Del Salmo 147:4 aprendemos que Dios cuenta el número de las estrellas y las llama por nombre. La maravilla de esto se acrecienta cuando Sir James Geans nos informa que: “el número total de las estrellas en el universo es probablemente algo parecido al número total de granos de arena que hay en todas las playas del mundo”.
            Nuestro Señor les recordó a sus discípulos que ni un gorrión cae a tierra sin el consentimiento de nuestro Padre. Y en el mismo pasaje se señala que los cabellos de nuestra cabeza están contados (Mateo 10:29-30).
            Es evidente que: “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). Esto hace que nos unamos con Pablo para exclamar: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33).
            La omnisciencia de Dios está llena de significado práctico para cada uno de nosotros. Nos advierte: Dios ve todo lo que hacemos, no podemos hacer nada a Sus espaldas.
            En la omnisciencia de Dios hay consuelo. Conoce todas nuestras aflicciones, como dijo Job: “Mas él conoce mi camino” (Job 23:10). Cuenta nuestras huidas y pone nuestras lágrimas en su redoma (Salmo 56:8).
            En la omnisciencia de Dios hay ánimo. Nos conoce por completo, y a pesar de eso nos salvó. Percibe los sentimientos que no podemos expresar cuando oramos y adoramos.

            En la omnisciencia de Dios hay asombro. Aunque Dios es omnisciente, puede olvidar los pecados que ha perdonado. Como decía David Seamands: “No sé cómo la omnisciencia divina puede olvidar, pero lo hace”.

Meditaciones (I)

I.     “Más Jehová estaba con José, y fue varón próspero” (Génesis 39:2)
He oído que una de las primeras versiones de la Biblia Inglesa traducía así este versículo: “Y el Señor estaba con José, y era un joven con suerte”. Quizás la expresión: “con suerte” en aquellos tiempos tenía un significado diferente. Pero nos alegramos de que los traductores posteriores hayan sacado a José del reino de la suerte.
Para el hijo de Dios la suerte no existe. Su vida está controlada, guardada y planeada por un amoroso Padre Celestial. Nada le sucede por casualidad.
Siendo esto así, es impropio que un cristiano le desee “buena suerte” a otro; tampoco debe decir “estoy de suerte”. Todas estas expresiones niegan la verdad de la providencia divina.
El mundo de los incrédulos asocia algunas cosas con la buena suerte: la pata de un conejo, el hueso del deseo, un trébol de cuatro hojas, la herradura de un caballo (¡siempre con los extremos apuntando hacia arriba para que la suerte no se escape!). La gente cruza los dedos y toca madera, como si estas acciones afectaran de manera favorable los eventos o apartaran la mala fortuna.
Estas mismas personas asocian también otras cosas con la mala suerte: un gato negro, el martes 13, pasar debajo de una escalera, el número 13 en la puerta de una habitación o sobre el piso de un edificio. Es triste pensar en todos los que viven bajo la esclavitud de estas supersticiones, una servidumbre innecesaria e infructuosa.
En Isaías 65:11 Dios amenazó con castigar a aquellos de Judá que adoraban a los dioses de la suerte y la fortuna: “Pero vosotros los que dejáis a Jehová, Que olvidáis mi santo monte, Que ponéis mesa para la Fortuna, Y suministráis libaciones para el Destino”.
No sabemos con seguridad el pecado particular que esto apunta, pero parece ser que la gente traía ofrendas a los ídolos asociados con la suerte y el azar. Dios lo aborrecía y hasta ahora lo aborrece.

Qué confianza nos da saber que no somos los juguetes impotentes del destino, del azar ciego o del giro caprichoso de imaginarios dados cósmicos. Todo en nuestra vida está planeado, lleno de significado y propósito. Para nosotros todo lo que sucede depende de nuestro Padre, no del destino; de Cristo, no de la casualidad; del amor, no de la suerte.

Los Ángeles: Satanás (VII)

7.  Posición
a)    Su dignidad
Como se ha indicado, del pasaje de Judas:Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda” (Judas 1:9), se desprende que Satanás aún conserva su dignidad como querubín, porque Miguel no profirió Juicio sobre él.  

b)    Dominio
   i.            Jefe
Un jefe implica que hay alguien que planifica y dirige a los ejecutores de las acciones planificadas.
Satanás  es el jefe o príncipe de todos los ángeles caídos, y estos constituye un tercio de todos los ángeles creados por Dios (Mateo 12:24; Apocalipsis 12:4,9); y “para el diablo y sus ángeles” (jefe y soldado) tendrán que cumplir su condena en un lugar que ya está preparado para ellos (Mateo 25:41).
Como jefe o caudillo,  comanda todos los ángeles que se oponen a Dios (Apocalipsis 12:7).  Y el ataque no solo se centra en Dios, sino contra los creyentes, ante lo cual se  nos manda estar vestidos de toda la armadura de Dios (Efesios 6:10-13).
                       
ii.            Soberano
Soberanía implica dominio y gobierno sobre un territorio asignado; implica una organización. Por tanto, Satanás rige y domina a todos seres sean esto espirituales como a los hombres  no rescatados por la el Señor Jesucristo. “El mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).
En la Escritura él es llamado “príncipe de este mundo” (Juan 12:31) por el mismo Señor Jesucristo; y Pablo afirma en la segunda carta a los corintios que es el “dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). También es llamado “padre” (Juan 8:44) en relación a que es la fuente del pecado, y el  hombre realiza sus obras. Tres formas para indicar que reina en distintas esferas de la vida del ser humano: están bajo su gobierno los reinos de este mundo (Lucas 4:5-6); en lo divino se considera dios; y en lo moral padre que engendró el pecado y sus hijos le siguen.
De la forma que sea, como príncipe o dios, su función es oponerse al evangelio por la forma que sea, y una de las formas es cegar u obscurecer el entendimiento de los inconversos (2 Corintios 4:4), ya sea  el método que use, impide que la luz del evangelio les alumbre.
Como ya vimos, el mundo está afectado completamente o bajo el gobierno de él, entonces el creyente debe tener claro que no somos parte de él ni debemos amar a este mundo. Veamos algunos pasajes: “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:14). “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1Juan 2:15-17).

c)     Territorio
   i.            Regiones Celestes
Satanás y sus huestes están en el ámbito de la esfera espiritual (Efesios 6:11-12). En ese ámbito,  ahí se encuentra poblado por  principados y potestades de Satanás y al mismo Satanás. Por lo cual la lucha del creyente no es en un ámbito físico, aunque el enemigo pueda atacar por allí. Pero al mismo tiempo el creyente no está desamparado (Efesios 2:6).

ii.            Acceso al Cielo
El acceso al cielo no está vedado para Satanás. En el libro de Job vemos  cómo puede ir y presentarse ante Dios y conversar con Dios (Job 1:6; 2:1). Además tiene la osadía de acusar a los creyentes delante de Jehová (Zacarías 3:1). Sin embargo, llegará el día en que será expulsado del Cielo y el acceso le será vedado para siempre (cf. Apocalipsis 12:10).

iii.            Actividad en la Tierra
La actividad de Satanás o el Diablo en la tierra es de oposición a Dios. Vimos que  ya en el tercer capítulo de Génesis tienta al hombre a pecar contra Dios y lo logra. Provocando con ello que desde ese momento el hombre se constituyese en enemigo de Dios porque hace las obras de Satanás.
El Señor Jesucristo nos declara que el diablo también planta semillas en los campos donde Él ha sembrado. Este enemigo planta cizaña, que en su crecimiento se confunde, pero cuando ya es adulta, se manifiesta la verdadera naturaleza de una y otra (Mateo 13:30,39).  La figura contada es para mostrarnos la oposición  de diablo a la divulgación de evangelio. En mismo sentido, Pablo indica: “…el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2Corintios 4:4).
        En relación al  creyente, el ataque también se deja sentir. Pedro nos declara: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1Pedro 5:8). Este ser busca destruir al pueblo de Dios, pues con ello ataca al mismo Dios. Y Pablo nos insta a “…tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes…” (Efesios 6:12-19).

d)    Limite
Satanás no estará eternamente en libertad para actuar. En Apocalipsis 20:1-3, se muestra como es confinado en el abismo por un tiempo. Pero pasado este tiempo, y posterior a la rebelión que organiza contra el Señor Jesucristo (Apocalipsis 20:7-8).  Pero no prospera esta rebelión y es lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 20:10).
En la actualidad está libre, pero en una libertad limitada por Dios mismo. Vemos como Dios puso límite para lo que hiciese él con Job (Job 1:12; 2:6). Además el mismo Señor Jesucristo rogó por los creyentes para que pudiesen permanecer firmes: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:15). Y  “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no práctica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” (1Juan 5:18).

Los Ángeles: Satanás (VI)

6. Carácter
El carácter es una parte de la persona que implica que posea de cualidades que lo identifican o lo distinguen de los demás. Es posible que estas características puedan ser disfrazadas por otras, como lo haría un buen actor, pero siempre sale a flote la verdadera realidad de lo que es su ser.
El carácter es amoldado por las actividades que realiza en su vida. Así una persona que puede ser duro en su trato con los demás y hasta perverso en su qué hacer en las obligaciones impuestas, pero desde su conversión puede llegar a ser una persona dulce, mansa y pacífica. Un ejemplo de esto lo vemos en Pablo, que de ser un pertinaz perseguidor de la iglesia en sus comienzos, se convirtió en hombre que dispuso todos sus talentos a la causa que el mismo perseguía.
Lucero era un ángel distinguido que estaba en la presencia misma de Dios por su función. Pero por causa de egoísmo el pecado entró en su ser y lo corrompió por completo, convirtiéndolo en un ser  perverso y degenerado, pero como buen actor, puede fácilmente engañar a los creyentes y al mundo en general. La Biblia reúne algunas características importantes de esta persona, y lo describe como:

a)    Homicida
            El término traducido por homicida proviene de la palabra “anthropoktonos”  que significa, literalmente, «matador de hombre»,  y expresa la idea de un asesino, que mata con crueldad y saña. Algunas traducciones usan la palabra asesino en vez de homicida, porque esta última tiene el sentido (en castellano) de una persona que mata en defensa propia o sin tener mala intención.
            En el caso Satanás sabemos que no son bien intencionados sus intentos de ataques. El Señor Jesucristo dijo de  él que era “homicida desde el principio” (Juan 8:44). Si leemos los que nos relata Génesis capítulo 3, vemos cómo logró que el hombre muriese, primero, en forma espiritual y, luego, en forma física (como le sucede a todo ser humano y ser viviente). La serpiente había inoculado su veneno de muerte en el primer hombre, y esta muerte le ha  sido heredada a todas las generaciones futuras.  
            Al ser opositor a Dios, no había  esperado mucho tiempo para obstaculizar la obra de Dios.  Ideó y Planeó poner en práctica la tentación, de modo que el hombre cayese seducido por la mentira envuelta en visos de verdad.
El gran contrataste que existe entre Dios y Satanás se refleja en  la siguiente expresión: Dios dio la vida al hombre, y Satanás (que no puede dar vida) le dio la muerte al hombre.

b)    Mentiroso
            Por definición mentira es una acción calculada para engañar, donde se expone algo como cierto y verdadero pero su fin es “perverso”, pues tuerce el conocimiento del interlocutor, provocando que sus decisiones sean alteradas y no sigan el camino correcto si desde un comienzo se hubiese hablado con la verdad. El término que se utiliza para describir esto “Pseudos” que indica imitación o parecido engañoso; y es el hecho de negar la  verdad. Cuando es utilizada como prefijo, como por ejemplo, falso profeta (pseudoprofetes, 1 Juan 4:1, 2 Pedro 2:1), falsos apóstoles (pseudapóstolos, 2 Corintios 11:13),  falsamente llamados o de nombre falso (pseudonumos, 1 Timoteo 6:20), falsos hermanos (pseudoadelfos, 2 Corintios 11:26; Gálatas 2:4) y falsos Cristos (pseudocristos, Mateo 24:24; Marcos 13:22), falsos testigos (pseudomartus, Mateo 26:60), denota que existentes actitudes y modos de ser que son mentiras.
El Señor Jesucristo lo califica con la expresión “Padre de Mentiras” (Juan 8:44) para indicar que él posee la paternidad de crear mentiras para engañar a los demás. Sólo basta ver cómo logró entusiasmar a Adán y a Eva para que  cayesen en pecado. Para ello logró armar en sus mentes y corazón un mundo que no tenía ninguna base de verdad; y al comer del fruto tuvieron la visión verdadera de la terrible y amarga realidad, de la muerte (separación) eterna con su creador.
      Además el Señor destaca algunas cualidades negativas que se encuentran en su persona: “no ha permanecido en la verdad”; “no hay verdad en él”; “habla mentira”. Es decir, de él solo se puede encontrar solo engaños utilizado la verdad a su conveniencia para engañar aun a los creyentes. Y constantemente sigue en esta actividad creando doctrinas para engañar a los escogidos y al mundo (2 Corintios 11:13-15; 1 Timoteo 4:1).
Es importante dejar claro que una mentira, cual sea el nombre que le demos es una mentira.  Pablo escribiendo a los de Éfeso dice “… desechando la mentira, hablad verdad…” (Efesios 4:25). Por lo cual, en palabras de un hermano, “El decir la verdad puede causar mucho dolor, pero nunca producirá el daño que se da por causa de la mentira.”

c)     Ladrón
            En Juan 10:10 se hace referencia al ladrón que tiene un solo objetivo, y este es el de hurtar.
            El ladrón hurta cuando se le presenta la oportunidad, y Satanás realiza sus actos del mismo modo.  Y con nuestras actitudes y pecados damos constantemente oportunidades para que el ladrón Hurte.  O bien, ¿no han pensado que una mala actitud nuestra hacia otro puede provocar que esa persona se pierda? Ha sido hurtada un alma que podía ser para gloria del Señor, esa alma nos va ser demandada (Ezequiel 3.18)
Si lo podemos expresar de otro modo, sólo Satanás actúa cuando el Señor se lo permite, porque estamos en su mano y bajo su protección (Juan 10:28,29 cf.  1 Corintios 5:5). Este Ladrón nunca podrá robar, porque  esta acción implica usar violencia contra el propietario, y esto nunca se dará con el Señor, porque Él es DIOS.
                       
d)    Destructor, Devorador.
            Los términos expuestos implican que están esperando la oportunidad de atacar de repente, de forma súbita. En Juan 10:10, vemos al ladrón que entra para destruir y matar; y en  1 Pedro 5:8, se utiliza la figura del “león rugiente”, y estamos descuidado nos puede devorar.
            En ambos casos, el ataque es inmisericorde.
            El ladrón va con el objetivo expreso de  hacer el mayor daño posible. Como creyentes, permitimos, por causa de nuestras concupiscencias (Santiago 1: 14,15; 2 Pedro 2:10) le damos lugar al diablo (Efesios 4:27).  Y en algunos casos, Dios mismo permite que Satanás zarandee al creyente (vea 1 Corintios 5:5 y compare Lucas 22:31) con el fin de que el creyente sea corregido por causa de un pecado no confesado.
            Y  cuando el creyente está vestido con  “toda la armadura de Dios” (Efesios 6:11), utiliza otros medios para devorar a su presa, utilizado la persecución y el sufrimiento. En la historia tenemos las diversas pruebas de persecución que sufrió la iglesia en los principios de ella o en tiempos  más cercano a los nuestros en los países comunistas o mahometanos.

e)    Engañador
            Por definición  el que engaña seduce a la otra persona, utiliza la apariencia para desvirtuar la verdad, por lo cual es un impostor.
            El verbo usado en griego es Planao” (en castellano planes) y como adjetivo se usa como  “Planos” (que se traduce por engañador). El engaño es la estrategia o la planificación cuidadosa que lleva a la persona al error para mantenerlo errante y sin propósito.
            De acuerdo a la definición, Satanás es un engañador sutil que utiliza todo tipo de tácticas para lograr desviar a los creyentes de su camino o impedir que un inconverso llegue a los pies de la Cruz del Calvario, utilizando  para ellos diversos medios como son las aflicciones, las persecuciones, afanes, riquezas, o simplemente rechazándola por la dureza de sus corazones  (Mateo 13:1-9,18-23).
            Pero el engaño que provoca mucho daño en la filas de los creyentes, es la introducción de doctrinas extrañas dentro de las asambleas y para ello utiliza la misma Palabra de Dios dándole su propia interpretación. Satanás es un maestro en conocimiento de la Palabra (Génesis 3:1; Mateo 4:1-11),  y las sabe muy bien. Muchas veces tiene apariencia de verdad, pero son engaños. Por ejemplo, la doctrina que el creyente puede perder la salvación, o que debe guardar el día sábado como se guardaba en el periodo de la ley, negación de la doctrina de la TriUnidad (Trinidad), negación de que el Señor Jesucristo es Dios, que la salvación es por medio de obras y no por la gracia de Dios, etc.

f)      Tentador
            Tentar es  poner a prueba, es tratar, intentar  o inducir a una persona que vaya en una dirección que queremos, ya sea esta para bien o mal.
            En la Escritura, cuando la tentación proviene de Satanás  se utiliza la palabra peirazo, y es con finalidad de destrucción. Cuando Dios prueba se utiliza la palabra Dokimazo, y se utiliza para expresar que la prueba es para edificación del creyente.
                En Mateo 4:3 se muestra la tentación al Señor Jesucristo y a Satanás cómo el tentador (peirazo), que utiliza las Escrituras para llevar a cabo su obra. El Señor se defiende de los ataques con la misma Escritura.  El hecho que el Señor venciese, nos fortalece porque sabemos que puede socorrernos cuando somos tentados  (Hebreos 2:18).
            Tengamos presente que a pesar de esta capacidad de él, es limitada. No puede ir más allá de lo que Dios le permite (1 Corintios 10:13).
Somos nosotros los que abrimos las puertas de la tentación, ya que nos dejamos llevar por la concupiscencia (deseo) de la carne (Santiago 1:12-16 compárese con Génesis 4:7). Caín no habría asesinado a Abel si hubiese dejado la tentación a la puerta “de su casa”. (Génesis 4:6-7); pero desgraciadamente cedió al impulso asesino que lo invadía.

g)     Acusador
            Según Apocalipsis 12:10, Satanás será lanzado fuera del cielo y ya no tendrá acceso a él.  Este hecho es futuro y sucederá durante la gran tribulación. Pero por el versículo podemos visualizar que él acusa a los creyentes ante Dios. Él espía nuestros actos y va a Dios a denunciarnos (acusarnos). Un ejemplo tenemos en el libro de Zacarías: “Me mostró al sumo sacerdote Josué,  el cual estaba delante del ángel de Jehová,  y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle” (Zacarías 3:1).
            Pero el creyente no debe sentirse solo ante el acusador, pues tiene alguien que le defienda. El mismo sacerdote Josué tenía un defensor: “Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda,  oh Satanás;  Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda.   ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?” (Zacarías 3:2). Y Juan escribía para aquellos que habían pecado: “Hijitos míos,  estas cosas os escribo para que no pequéis;  y si alguno hubiere pecado,  abogado tenemos para con el Padre,  a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). Un abogado tenemos, y es el mismo que defiende al sumo sacerdote Josué, a Jehová, la segunda persona de la Trinidad.

h)    Hacedor de Pecado
Satanás es el autor del pecado, y como tal lo practica concienzudamente. Ya vimos como en él nació el pecado (Isaías 14:12-17; Exequiel 28: 11-19)  y lo ha practicado desde entonces (1Juan 3:8b); y como “serpiente” inoculó este veneno a todos los seres humanos que nació de Adán y Eva.  Y desde entonces la raza humana practica el pecado, pasando a ser propiedad de Satanás (1Juan 3:8a), y “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. (1Juan 3:8c).
No solo el pecado afectó a la humanidad, sino que afectó a la naturaleza entera (Génesis 3:17; Romanos 8:22).
Como nota final de este punto, podemos encontrar en la Escritura un pasaje que nos da luz de como aplica todas sus tácticas para atacar. Satanás intentó introducir el pecado que él practica en la naciente iglesia a través de Ananías y Safira, mencionado en Hechos 5:1-11. En pasaje encontramos algunos pecados que Satanás impulsa a hacer,  aprovechándose de la concupiscencia del ser humano, porque el matrimonio no tenía necesidad de vender ni de entregar sus bienes a la iglesia, nadie se lo exigía (aunque los que lo practicaban, lo hacían como un acto de amor al Señor y a los hermanos. Léase Hechos 2:44-47). Si bien es cierto que en este pasaje no aparece mencionado  el nombre de Satanás, se desprende que él estaba manipulado a estos dos creyentes “tras bambalina”.  Al leer el pasaje encontramos que:
(a) hurtaron (sustrajeron al precio), 
(b) mintiese al Espíritu Santo (Dios), y
      (c) Tentaron  al “Espíritu del Señor”.