domingo, 16 de febrero de 2025

Viviendo por encima del promedio (20)

 


Sucedió, algún tiempo después de la resurrección de Cris­to, que el infame Nerón ascendió al poder. Tenía una división de soldados selectos que eran escogidos por sus proezas atlé­ticas. Eran conocidos como los gladiadores del Emperador. Físicamente estos hombres eran especímenes sobresalientes de la humanidad. Eran apuestos, musculosos, y bien propor­cionados, la “crema” de la masculinidad romana.

Cuando marchaban hacia el Coliseo, cantaban: “Somos los luchadores del Emperador. Luchamos por ti, oh rey. Sea que vivamos o muramos, todo es para tu gloria.” Luego competirían en una lucha por Nerón.

Llegó el tiempo en el que fueron enviados al norte para pelear contra tribus germánicas. También sucedió en ese tiempo que se dictó un decreto para suprimir la fe cristiana. Nerón envió órdenes específicas de escardar a cualquier cristiano que estuviera en el ejército. “Escardar” era un eu­femismo para la palabra destruir.

Al final del invierno, el general Vespasiano alineó sus tropas, incluyendo a los gladiadores. Luego dijo a grande voz: “Ha llegado a mi conocimiento que algunos de ustedes podrían haber adoptado esta nueva superstición llamada cristianismo. Dudo que sea verdad. Son demasiado astutos para eso. Pero si alguno de ustedes es cristiano, quiero que dé un paso al frente.” Para su sorpresa, cuarenta gladiadores dieron el paso que podría costarles la vida.

El general despidió al resto de las tropas y durante el resto del día intentó disuadirlos de su fe. “Piensen en sus fa­milias. Piensen en sus compañeros soldados. Piensen en loque están perdiendo. Piensen en las consecuencias de no re­nunciar al cristianismo.” Los cuarenta creyentes permane­cieron insensibles ante sus apelaciones y amenazas.

Cuando Vespasiano vio que sus esfuerzos eran inútiles, reunió a su ejército y dio una última oportunidad para retrac­tarse. “Ordeno que todos los cristianos en este ejército den un paso al frente.” Cuarenta de los hombres selectos dieron un paso al frente sin vacilar. Pudo haber ordenado que el escua­drón de ejecución los matara allí mismo, pero tema otro plan.

Cuando cayó la noche, sus tropas los llevaron a un lago congelado, los desvistieron, y los dejaron allí en el frío in­tenso para morir a su exposición. Vespasiano les dijo a los hombres desnudos: “Si vuelven en sí y renuncian a su fe, entonces podrán venir aquí a la orilla. Habrá fogatas alrede­dor del lago, así como ropa de abrigo y comida.”

Durante la noche, los otros soldados que estaban ubica­dos alrededor del lago, miraban atentamente hacia lo oscu­ro, tratando de ver lo que estaba sucediendo. No podían ver nada, pero cada tanto escuchaban a los hombres cantando: “Somos los cuarenta luchadores de Cristo. Luchamos por ti. ¡Oh Rey! Sea que vivamos o muramos, es para Tu gloria.” Al amanecer, vieron una patética figura que avanzaba dolorosamente por el hielo hacia una de las fogatas. Los soldados se apresuraron a alcanzarlo, lo envolvieron en mantas, y lo llevaron rápidamente al calor del fuego. El hombre había renunciado a su fe.

Entonces, a través del lago helado se pudo escuchar una canción: “Somos los treinta y nueve luchadores de Cristo. Luchamos por Ti. ¡Oh Rey! Sea que vivamos o muramos, es para Tu gloria.”

Vespasiano había llegado a tiempo para ver al desertor y para escuchar a los treinta y nueve victoriosos. Su resolu­ción fue firme. Se quitó la armadura y fue a morir con los treinta y nueve hombres que prefirieron perder la vida antes que negar a su Señor.

William MacDonald

¿Por qué existen tantas denominaciones? ¿Cuál es la verdadera iglesia?

 


Básicamente porque no han comprendido lo que le había sucedido a los Corintios y que Pablo les escribió claramente lo malo que es tomar partidismo. Les escribió: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Corintios 1:10-13).

Si bien es cierto que esto sucedía en la congregación o iglesia local de Corintios, pero esta representa a todas las iglesias que han elegido alguna doctrina. Podemos destacar que, si le preguntamos que credo siguen, ellos podrían contestar que son bautista, metodista, pentecostal, presbiteriana, etc.; o que teología siguen, podrían responder algo como que son: calvinista, reformada, dispensacionalista; o si le preguntamos que piensan sobre el milenio, nos dirán que son aminialista o premilenarista; etc. Todo no hace más que causar divisiones.

¿Por qué hay tantas denominaciones? Simplemente por no seguir las escrituras de la forma mas normal posible. Al interpretarlas sin entenderla, algunos pensadores “indoctos e inconstantes [la] tuercen” (1 Pedro 3:16c), generando diversas variaciones de una misma enseñanza. Podemos observar que para un mismo tema una interpretación puede estar a las antípodas una de otra. Podemos usar como ejemplo la escatología acerca del milenio, los aminialista y premilenarista son dos enseñanzas que se contradicen una a otra. Estos pensadores no entendieron “que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada…” (2 Pedro 1:20).

Y otra causa que hace que se provoquen nuevas “denominaciones” [es extraño llamarles denominaciones y no iglesias, ya que prefieren un nombre que los identifiquen que pertenecen a tal cual corriente evangélica y no a una iglesia que se reúne a lo nombre de Nuestro Señor Jesucristo], de modo que estas nuevas denominaciones adquieren apellidos como por ejemplo “Metodistas Pentecostal”. Estas nuevas denominaciones surgen por la carnalidad y la falta de madurez de los creyentes (1 Corintios 3:1).

Si la unidad en Cristo fuera nuestro objetivo, la situación sería otra y no habría divisiones. Pablo lo expone del siguiente modo: “que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10b).

Ahora nos toca responder la segunda pregunta: ¿Cuál es la verdadera iglesia? La respuesta es muy sencilla: Ninguna. Tal como lo lee: Ninguna. La verdadera Iglesia no es la que se reúne en tal o cual dirección de nuestra localidad ni la que es dirigida por los ancianos más sabios o que tenga predicadores como Spurgeon. La Verdadera iglesia es entidad espiritual y no física, está compuesta de los verdaderos Creyentes en Cristo Jesús, con los cuales hay una muy profunda relación (cf. Efesios 2:8-9) y estos los podemos encontrar en todas las iglesias del mundo.

En el nuevo testamento, en las cartas, encontramos que cuando se habla de Iglesia en singular se está refiriendo de la verdadera Iglesia, aquella iglesia que se está edificando para la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Veamos algunos pasajes para ilustrar:

  • 1.     La Iglesia como unidad la encontramos en relación al esposo y la esposa tal como los muestra Efesios 5:25,32.
  • 2.       También es presentado a Nuestro Señor como cabeza espiritual de las Iglesia: Colosenses 1:18; Efesios 3:21
  • 3.       La Iglesia le pertenece a Cristo y le sigue. Encontramos Juan 10:27 la figura de las ovejas que escuchan la voz del pastor y estas le siguen.
  • 4.       Como Novia (Esposa): En Apocalipsis 21:2, 9; 22:17 es presentada la Iglesia como Novia
  • 5.       Como cuerpo de Cristo: Efesios 4:12; 1 Corintios 12:27.
  • 6.       Miembros de la Familia de Dios (Efesios 2:19)

Con lo detallado arriba, queda claro que la Iglesia verdadera es Espiritual, y que cada verdadero creyente es parte de ella.

S.K.R.



LEYENDO DIA A DIA 1 CORINTIOS (10)

 

capítulo 10: Cuidado, acaso caigamos


•Se ofrece una ilustración, vv 1 al 5. Obsérvese el contraste y la repetición: “todos” y “los más”. De esta manera aprendemos de la historia de Israel que el privilegio mutuo no dio inmunidad del fracaso y el juicio. El disfrute de los privilegios y las bendiciones cristianos no son de por sí un escape de la disciplina.

• Se insiste en una aplicación, vv 6 al 12. Israel está presentado como el gran ejemplo para la Iglesia cristiana. ¡No haga caso omiso de su Antiguo Testamento! ¿Codiciamos, guardamos ídolos en el corazón, fornicamos, tentamos al Señor o murmuramos? ¡Cuidado! La historia se ha repetido y puede repetirse, y Dios no ha cambiado.

• Se provee una inspiración. v. 13. “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida …” Es el estímulo de la fidelidad de Dios revelada y operativa.

Ahora, v. 14, Pablo comienza un párrafo nuevo y se dirige a un punto problemático en Corinto, el de la idolatría. Ellos la habían dejado para volver a Dios, pero deben huir de ella persistentemente. En el capítulo 8 él ha tratado el comer la carne ofrecida a ídolos, y ahora trata el asociarse con los idolátricos.

¿Esta sección tiene una voz para nosotros? Sí, dice Juan: “Hijitos, guardaos de los ídolos”, 1 Juan 5.21. Al creyente se le ha dado el privilegio de sentarse a la mesa del Señor y comer continuamente cual hijo de rey, como Mefi-boset. Es una mesa de provisión espiritual para cada día y todo el día. Debemos guardar y practicar este privilegio, que nos lleva a comunión santa con la sangre y el cuerpo de Cristo, y por esto nos impide acceso a las mesas que son idolátricas porque son inmundas, vv 20, 21.

¿Nos atrevemos a provocar al Señor al buscar satisfacción en aquellas mesas en vez de la suya? De nuevo el escritor cita el refrán de ellos: ¿todo es lícito? sí, pero no por esto conveniente o edificante. En estos casos debemos considerar el bien de nuestro prójimo. Debemos respetar la conciencia de otro, y por esto, para el bien ajeno, rehusamos los alimentos una vez que sepamos su naturaleza, vv 28, 29. Participar de lo que sabemos es extraño a la mesa del Señor es provocarle a él a celos y a la vez hacer tropezar a otros, sean salvos o no, v. 32.

Lección: ¿A cuál mesa estoy comiendo? Nótese el 11.1

S.Emery 

domingo, 19 de enero de 2025

La fe que Salva

¿Cuál es la fe que salva? Al responder a esta pregunta es necesario desarraigar de nuestros pensamientos algunos conceptos preconcebidos y muy comunes, así como: La cantidad de la fe; la calidad de la fe, el tipo de fe, etc. Estos calificativos no afectan en lo más mínimo al caso. Lo que sí, importa, es el objeto de la fe, es decir, en qué ponemos nuestra fe y lo podemos ilustrar de la manera siguiente:

Existe un abismo sobre el cual se tienden dos puentes, al parecer, iguales. Una persona tiene un montón de fe en el primer puente y otra tiene su fe en el segundo, aunque su fe es débil, poca y tambaleante. Pero a la hora de la travesía de estas dos personas en sus puentes respectivos, la primera fallece al desplomarse al abismo por desperfectos en los cimientos del puente y la otra, no obstante, mucho temor, cruza salvo al otro lado. ¿Qué pasó con la mucha fe del primero? ¿Cómo resultó la poca fe del otro? La fe es importante y sin ella "es imposible agradar a Dios", (Hebreos 11:6), pero más importante aún, es el objeto de esta fe; en donde la ponemos.

Aquí no valen opiniones; lo que uno piensa, lo que conjetura, etc., sino lo que Dios dice, y a propósito, ¿qué dice Él? - "La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios", Romanos 10:17. De modo que el objeto de la fe que salva es Dios Mismo con base y guía en su Palabra.

Ahora vamos a analizar la fe y qué mejor que la definición bíblica hallada en Hebreos 11:1. "Es, pues, la fe la certeza de 10 que se espera, la convicción de lo que no se ve". En lo que a nosotros se refiere, ¿qué es lo que se espera? Esperamos una salvación que nos libre del efecto del pecado y que nos lleve al cielo. Sí; es algo que no se ve, no es palpable y los sentidos no pueden asirse de ello. Lo que se espera no es visible todavía y por esto la fe es la única forma de asirnos de ello. Sin embargo, podemos tener "certeza" y "convicción" al respecto - ¿Cómo?  Por la fe. Recuerde que "la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios". O sea que Dios nos dice lo que debemos esperar y nos explica lo que no se ve, y la fe, razonando que Dios es del todo confiable, lo acepta. El no tener fe es a la vez dar un voto de no confianza en Dios; es aún peor: - "el que no cree, a Dios le ha hecho mentiroso", (l Juan 5:10), lo cual es una acusación seria de parte de Dios contra cualquier ser humano.

Es cierto que la fe en Dios es opcional, pero los resultados de no tener fe no son opcionales. Así como Dios expresa su agrado en quien le cree, dándole una gran salvación gratuitamente, también expresa su desagrado de quienes rechazan o aun pasan por alto su testimonio acerca del pecado, la muerte de su Hijo, su resurrección, y la necesidad de creer en El y arrepentirse, y los consigna al castigo eterno. Y no es simplemente porque no tienen fe, sino también porque al no tenerla, le señalan a El de mentiroso - uno cuyo testimonio no es digno de ser creído. “Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso", Romanos 3:4.

La fe, pues, que salva es la que halla su objeto en Dios, que acepta sus promesas como válidas; promesas, así como la referente al perdón de pecados en el Nombre de Cristo, crucificado y resucitado, Hch. 13:38; la de renovarnos la vida por medio de su poder, Ef. 1:19, 2 Co. 5:17; la de llevarnos a estar siempre con El, 1 Tesalonicenses 4:17, y unas tantas más que se hallan en la Biblia.

No, no es la cantidad, calidad o tipo de tu fe que te salva, sino el objeto de ella. Sé tú como un hombre que llegó a Jesús y le dijo, “Yo creo, ¡ayúdame a creer más!". Esta es la fe que te salva

(Contendor Por la Fe – 211,212, 1981) 

G.J. Fálconer

El reino de los cielos

 [El Padre], el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo. Colosenses 1:13

Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos. Mateo 13:11

El establecimiento del reino de los cielos se ha pospuesto hasta el regreso del Señor Jesús. En ese momento, el remanente de Israel lo recibirá con gozo. Mientras tanto, durante el intervalo actual en el que el Rey está ausente, el reino se encuentra en una forma misteriosa.

El apóstol Pablo predicaba acerca de “otro Rey, Jesús” (Hch. 17:7), y nosotros estamos en el reino del amado Hijo de Dios. ¿Qué significa esto para quienes forman parte de este reino? Obviamente, que él es nuestro Soberano Gobernante, es decir, el Rey, y nosotros somos súbditos en su reino. Ocupamos este lugar y debemos reconocerlo, al igual que reconocemos la verdad de la Iglesia. Por supuesto, no nos referimos a él como ’Rey de la Iglesia’, ya que él es Cabeza de la Iglesia, pero cuando hablamos del reino, le damos su verdadero lugar como rey. Los cristianos formamos parte de tres esferas distintas que no deben confundirse ni mezclarse: la Iglesia, la Familia de Dios y el Reino.

En cuanto al reino, el Nuevo Testamento nos lo presenta en dos aspectos. Cuando consideramos su aspecto terrenal, podremos notar ciertas fallas, ya que abarca tanto a los “hijos del reino” como a los “hijos del malo” (el “trigo” y la “cizaña”; Mt. 13:38). Pero también está el aspecto celestial (o divino) del reino, al cual solo pertenecen aquellos que han nacido de nuevo. Este es el aspecto mencionado en Colosenses 1:13. No hay contradicción entre estos dos aspectos, ya que uno se refiere al lado terrenal y el otro al lado divino.

Nuestra profesión de fe nos reconoce como súbditos de nuestro Señor en la tierra, por lo tanto, estamos en su reino entre los hombres. Sin embargo, esto podría ser solo una profesión superficial. Si hemos nacido de nuevo y somos salvos, entonces pertenecemos a Dios y a su Hijo, y por ese hecho pertenecemos al reino en su aspecto divino y celestial.

     Él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. Mateo 13:52

En este reino que ya está formado en la tierra (aunque no aún en su etapa de manifestación pública), no hay un rey visible. Tal misterio no existía con David, Salomón, Nabucodonosor, Darío, Alejandro o César. Sin embargo, aunque no hay un rey visible en este reino, hay multitudes en la tierra que profesan lealtad y sujeción a su Rey. El reino, en su forma actual, abarca a todas estas personas. La expresión “reino de los cielos” la encontramos solamente en el Evangelio según Mateo. Y siempre hace referencia a personas en la tierra que reconocen la autoridad que proviene del cielo. En el Evangelio según Lucas, donde encontramos parábolas similares, se nos habla del “reino de Dios”, simplemente sustituyendo el lugar (el cielo) por una Persona (Dios). Mientras que Mateo hace referencia al lugar desde donde proviene la autoridad, Lucas apunta a la Persona cuyo gobierno es reconocido.

Encontramos otra expresión en Romanos 14:17: “El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. La verdad que se expresa en este pasaje es de índole individual y moral. Cuando un hijo de Dios camina en verdadera sumisión, no se caracterizará por disputas y diferencias insignificantes, como se describe en ese capítulo, debido a desacuerdos acerca de lo que se debe comer o beber. Por el contrario, en él se manifestarán las nobles características del reino de Dios: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Una vida así se convierte en una ilustración en miniatura de estas características del reino de Dios. Aquellas personas que poseen este espíritu no se preocupan por cuestiones triviales. Sus corazones y vidas están gobernados por Dios mismo.

Esta es una línea de ministerio que deberíamos resaltar más, especialmente en nuestro tiempo, cuando los principios de la justicia están siendo abandonados en gran medida. Porque el principio de la justicia es primordial en el reino de Dios.

El Señor Está Cerca

Albert E. Booth

LOS DOCE HOMBRES DE PABLO (7)

 


El "hombre exterior" y el "hombre interior
"


Este pareado se encuentra en 2ª Corintios 4: 16 donde leemos, "Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día". Pablo está hablando de lo que sostiene al ministro en la senda de servicio y testimonio. Él y sus colaboradores estaban sometidos continuamente a los peligros de la persecución. Ellos vivían a sólo un paso de la muerte en cualquier momento. Naturalmente, esto era agotador ya que sucedía día tras día, pero él explica que ellos eran sustentados por Dios en esas circunstancias difíciles.

EL HOMBRE EXTERIOR

Pablo coloca la renovación del "hombre interior" en contraste con el desgaste del "hombre exterior". El hombre exterior es un término que él utiliza para designar nuestros cuerpos físicos. Estos se están desgastando lentamente porque son mortales y han sido afectados por el pecado. La edad, el dolor, los rigores de la persecución, la tribulación y el trabajo desgastan nuestros cuerpos, el "hombre exterior". Pero el Apóstol nos dice que él tenía algo mayor que esperar: a saber, la gloria, y nosotros también.

EL HOMBRE INTERIOR

Si el "hombre exterior" se refiere a nuestros cuerpos físicos, el "hombre interior" sería nuestra alma y nuestro espíritu. (2ª Corintios 4: 16; Romanos 7: 22; Efesios 3: 16). Nuestros cuerpos pueden ser renovados en cierta medida mediante la comida y el sueño, pero incluso esto es una batalla perdida. Si el Señor no viene durante el transcurso de nuestra vida nuestros cuerpos sucumbirán finalmente a un colapso total en la muerte. Por otra parte, el "hombre interior" es renovado por el poder del Espíritu Santo mediante la comunión con las Personas divinas. La oración y la Palabra de Dios son los vehículos que Dios utiliza para rejuvenecer el "hombre interior".

Mientras continuamos en la senda nuestros cuerpos se debilitarán a medida que envejecemos, pero el "hombre interior", alma y espíritu, se fortalecerá, si andamos con el Señor. Por una parte, nosotros tenemos nuestra "tribulación" por cuerpos que se desgastan, y por otra parte tenemos la "gloria". (2ª Corintios 4: 17). Es sorprendente que Pablo hable de nuestra tribulación como siendo "leve" y de la gloria como un "peso". Esto es un contraste intencionado. A veces podemos haber pensado que nuestra tribulación era realmente muy pesada, pero en comparación con el peso de la gloria dicha tribulación no es mucho en absoluto. En otra parte Pablo dijo, "Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse". (Romanos 8: 18).

Algunas consideraciones prácticas

Aunque nuestro "hombre exterior" pueda estar desgastándose Pablo menciona tres cosas que nos sostendrán en la senda de la fe y del servicio. (2ª Corintios 4: 16-18). Estas cosas lo sostuvieron a él y a sus compañeros y ellas sostendrán también nuestra vida espiritual. De hecho, no hay nada más que lo hará. Por lo tanto, es vital que estas tres cosas se encuentren en nuestras vidas. Ellas son:

En primer lugar, — La renovación diaria de nuestras almas mediante la oración y la

meditación en la Palabra. (Versículo 16).

Si Pablo y sus colaboradores descuidaban la importancia de esta renovación diaria de las almas ellos no habrían podido continuar en la senda de servicio. Ellos no están solos en esto; si nosotros descuidamos una renovación diaria de nuestras almas tampoco podremos continuar. Si no tenemos esto en nuestras vidas vamos a recaer en el mundo. Ello es el sustento espiritual del creyente.

En segundo lugar, — Saber que las tribulaciones y adversidades que soportamos en la senda están obrando para nuestro beneficio eterno. (Versículo 17)

Las tribulaciones que experimentamos en la senda están siendo utilizadas por Dios para quebrantar la voluntad de la carne y enseñarnos la sumisión a Su divina voluntad. Las pruebas recibidas de la mano de Dios en un espíritu recto formarán en nosotros algo provechoso para la eternidad. Nosotros debiésemos valorar eso y estar dispuestos para todo lo que el Señor permita en nuestras vidas en la senda de la tribulación. Las recompensas que el Señor da en Su tribunal son para el reino, pero la capacidad que está siendo formada actualmente en los santos será llevada a la eternidad. (Lucas 10: 42; 2ª Corintios 4: 17).

En tercer lugar, — Mantener nuestros ojos fijos en las cosas que no se ven que son eternas. (Versículo 18).

Para el hombre del mundo esto es un despropósito. Él pregunta: «¿Cómo puede alguien mirar cosas que no se ven?» Pero nosotros miramos esas cosas con los ojos de nuestro corazón. La Escritura dice que la fe ve cosas que no se ven. (Hebreos 11: 1). Si nuestros ojos se apartan de la meta eterna que tenemos ante nosotros y miramos las cosas del mundo ciertamente desmayaremos por el camino. Pero si las cosas eternas tienen un lugar en nuestra vida cotidiana, «no desmayaremos

B. ANSTEY

Anotomía espiritual del cuerpo (1 Co. 12)


 San Pablo fue el hombre sumamente diestro en alegorías e ilustraciones figurativas para enseñarnos la verdad de las cosas doctrinales que se proponía para la edificación de los creyentes. Una de sus representaciones más hermosas, atrayentes y objetivas es la del cuerpo humano. Con una pericia que sobrepasa los conocimientos de la ciencia más moderna, nos introduce a siete lecciones del cuerpo humano aplicado a la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo.

La conformidad del miembro: “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como quiso.” (1 Corintios 12:18)

Están contentos en el lugar que les puso. Nunca debe un hermano quejarse del lugar que ocupa en su asamblea. El hogar y demás instituciones incumbe al hombre disponer a su antojo, pero la iglesia es de Cristo y por medio de su palabra la edifica.

La unidad del cuerpo: “Mas ahora muchos miembros son a la verdad, pero un cuerpo.” v. 20

¡Maravilloso! No hay creación que iguale esta obra hecha por las manos de Dios. Pienso que el matrimonio, Cristo y su Iglesia y el cuerpo humano son las unidades perfectas en el mundo; lo demás todo es intangible, sujeto a errores. El cuerpo nos introduce a ese trío que el apóstol recomienda cuidar. “Para que vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea guardado entero para el día del Señor.” (2 Tesalonicenses 5:23) El matrimonio nos lleva aquel día de “las bodas del Cordero.”

La ciencia moderna a veces para desacreditar a Dios ha dicho que hay miembros sobrantes en el cuerpo. Uno años después se ha levantado otro grupo de científicos que reconocen que nada hay de más en el cuerpo. Así como en el cuerpo humano se introducen enemigos que provocan una lucha con las defensas del organismo hasta que sacan fuera al intruso, así también en la iglesia del Señor se meten unos “sujetos,” “ladrón y robador,” que no han entrado correctamente por la puerta. (Juan 10:1-15) Todo el tiempo que están adentro, el Espíritu Santo les constriñe y redarguye a que legalicen su entrada por el arrepentimiento; al fin los tales, como fueron metidos así, tienen que salir.

La utilidad del miembro: “Ni el ojo puede decir a la mano: No te he menester; ni asimismo la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.” v. 21

El miembro más mínimo en el cuerpo es de gran utilidad; sus funciones rinden un servicio. Los parásitos son extraños; su misión es robar la alimentación de los miembros. Es cierto que se puede vivir sin algún miembro, pero una de las peores desgracias para el hombre es arrastrar un miembro muerto en su cuerpo. Así, las manos, los ojos, los pies, las uñas, los dientes, los oídos, las glándulas, tienen sus funciones útiles en el cuerpo, así es también cada creyente que tenga vida en la iglesia del Señor.

La necesidad del miembro: “Antes, mucho más los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son necesarios.” v. 22

Un doctor al tratarme una afección en un ojo me dijo: “Use los lentes que le prescribo, porque ahora el ojo bueno ha de trabajar más, llevando a cabo la visión que generan los dos ojos.” En ello pude juzgar la suma necesidad del miembro en el cuerpo y cómo un miembro es sobrecargado del otro. Del mismo modo en el lado espiritual, los miembros en la iglesia son llamados a la misma obra. “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.” (Gálatas 6:2)

La honra del miembro: “Aquellos del cuerpo que estimamos ser más viles, a estos vestimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos honestos, tienen más compostura.” v. 23

¡Cuánto preocupamos cubrir las partes feas del cuerpo y adornar las señales y defectos físicos, con el fin de presentarlos dignos ante los demás! La ciencia ha buscado por la cirugía plástica llenar los huecos y deformaciones del cuerpo. Cómo debemos cubrir las debilidades de nuestros hermanos, ya que el Señor nos ha dado la gracia de un don moral, para reprender o corregir al hermano, todo ello para su honra y bien, sin que entremos en complicidad con la inmundicia.

El amor de los miembros: “Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros.” v. 25

La unidad del cuerpo es intrínseca por el amor que los miembros se tienen. Todos los miembros se alegran con el honor de uno; todos los miembros se afligen con el dolor de alguno. Fue una de las preocupaciones grandes del Señor: “Para que todos sean una cosa como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste.” “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.” (Juan 17:21, Romanos 12:15)

La capacidad de los miembros: “A unos puso Dios en la Iglesia.” v. 28

Cada miembro en el cuerpo trabaja según su ventaja y energía; ninguno interviene en la facultad de otro, pero hay afinidad, comprensión y colaboración. Asimismo, los creyentes en la iglesia; su desarrollo corresponde de acuerdo a su capacidad. “De manera que, teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada ... úsese conforme a la medida de la fe ... Ninguno tenga más alto concepto de sí que el que debe tener.” (Romanos 12:3,6)

José Naranjo