sábado, 25 de julio de 2026

HE AQUÍ MI SIERVO (3)

 Alfred E. Bouter, El Señor está cerca 


Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.
Isaías 52:14–15


El texto bíblico de hoy forma parte de un poema. El Espíritu Santo utiliza la poesía para comunicar algo que la prosa ‘normal’ no podría lograr. Además, este pasaje muestra una conexión muy estrecha entre los intensos sufrimientos del Mesía (v. 14) y las glorias que vendrían tras ellos (v.15). Ambos versículos se basan en las afirmaciones hechas en el versículo 13, donde se dice que el Siervo sería obediente y prudente, lo que resultaría en su exaltación.

Esto contrasta fuertemente con la historia de Israel. Cuando Dios llamó a Moisés y lo envió a Faraón para liberar al pueblo, Jehová se refirió a Israel como su “hijo”, destinado a ser liberado de la esclavitud egipcia para servirlo (Éx. 4:23).

Los verbos “servir” y el sustantivo “siervo” están estrechamente relacionados con el concepto de servicio y, a menudo, con la filiación. Dios puso a Adán en una posición similar, para que cuidara del jardín en el que lo había puesto (véase Gn. 2:5–17), pero Adán y Eva cayeron (véase Gn. 3). En el caso de Israel, fracasó constantemente en responder a su llamamiento como siervo e hijo de Dios. Sin embargo, cuando el Señor Jesús vino a este mundo y se relacionó con su pueblo (véase Jn. 1:10–11), él cumplió los deseos de Dios de tener un Siervo e Hijo en quien hallar su complacencia (véase Mt. 3:16–17).

En el siglo venidero, cuando Jesús el Mesías reine sobre su pueblo y sobre esta tierra, Israel finalmente cumplirá su rol de siervo e hijo de Dios.

Hoy en día, todos los verdaderos cristianos tienen el privilegio de ser siervos e hijos de Dios (véase Ef. 6:6) y lo serán eternamente (véase Ap. 21:7 y 22:3) para la gloria de Dios.

Alfred E. Bouter,EL SEÑOR ESTÁ CERCA

(Continuará)

“CINCO DE PALABRAS… (1 CORINTIOS 14:19)

 

Es siempre maravilloso observar la manera en que las palabras de la Escritura cautivan el corazón. Ellas son ciertamente “como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones” (Eclesiastés 12:11). A veces, una breve oración, o una simple expresión, prenden el corazón, penetran la conciencia u ocupan la mente de tal forma que demuestran, fuera de toda duda, la divinidad del Libro en que se encuentran. ¡Qué fuerza de argumento, qué plenitud de significado, qué poder de aplicación, qué desarrollo de los orígenes de la Naturaleza, qué descubrimiento del corazón, qué agudeza y penetración, qué energía acumulada encontramos de arriba abajo en las páginas sagradas! Uno se deleita cada vez que se detiene a considerar estas cosas; pero más particularmente en un tiempo como el presente, cuando el enemigo de Dios y del hombre está procurando, por todos los medios posibles, mancillar el honor del inspirado Volumen.

Todos estos pensamientos fueron no pocas veces sugeridos a la mente por medio de la expresión que constituye el título del presente artículo. Dice el humilde y devoto apóstol: “Prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (1.ª Corintios 14:19). ¡Qué importante es que todos los que hablan recuerden esto! Sabemos, naturalmente, que las lenguas tuvieron su valor. Ellas fueron “por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos” (v. 22). Pero, en la asamblea, ellas no servían de nada a menos que hubiese un intérprete.

El gran fin de hablar en la asamblea es la edificación, y este fin sólo puede ser logrado, como sabemos, por personas que entienden lo que se dice. Es absolutamente imposible que un hermano pueda edificarme si no puedo entender lo que dice. Tendrá que hablar en un lenguaje inteligible y en una voz audible, pues, de lo contrario, no podré recibir ninguna edificación. Esto, seguramente, es claro y muy digno de la seria atención de todos cuantos hablan en público.

Pero, además, bien haríamos en tener en cuenta que nuestra única autorización para pararnos y hablar en la asamblea es que el Señor mismo nos haya dado algo para decir. Si sólo fuesen “cinco palabras”, profiramos las cinco y sentémonos. Nada puede ser más insensato que intentar hablar “diez mil palabras” cuando Dios no nos ha dado más que “cinco”. ¡Es lamentable que esto ocurra con tanta frecuencia! ¡Qué gracia sería si tan sólo nos mantuviésemos dentro de nuestra medida! Esa medida puede ser pequeña. Eso no importa; seamos simples, fervientes y genuinos. Un corazón fervoroso es mejor que una cabeza lúcida; y un espíritu vehemente es mejor que una lengua elocuente. Cuando hay un deseo sincero y genuino de promover el bien de las almas, se podrá ver que ese deseo es más efectivo con los hombres y más aceptable a Dios que los más brillantes dones sin él. No hay duda de que deberíamos anhelar fervientemente los dones mejores; pero también debemos recordar el camino “más excelente” (1.ª Corintios 13), esto es, el del amor, el cual siempre se oculta a sí mismo y procura solamente el beneficio de los demás. No estamos diciendo que valoramos menos a los dones, sino que valoramos más al amor.

Por último, recordar la siguiente regla sencilla ayudará muchísimo a elevar el tono de la enseñanza y la predicación públicas: «No se ponga a buscar algo de que hablar porque tenga la oportunidad de hablar; sino hable por cuanto tiene algo que debe decirse». Esto es muy simple. Es algo miserable que alguien esté meramente reuniendo el material suficiente para llenar un determinado espacio de tiempo. Esto nunca debería ocurrir. Que el que enseña o el que predica presten la debida atención a su ministerio; que cultiven su don; que dependan de Dios para su guía, poder y bendición; que vivan en el espíritu de oración, y que respiren la atmósfera de la Escritura. Entonces estarán siempre listos para ser usados por el Señor, y sus palabras ya sean cinco o diez mil seguramente glorificarán a Cristo y serán de bendición para los demás. Pero en ningún caso, por cierto, un hermano debería levantarse para dirigirse a sus semejantes, sin la convicción de que Dios le ha dado algo que decir, y sin el deseo de decirlo para edificación.

C.H. Mackintosh

La consagración del hogar

 

El temor de Dios y el cumplimiento en casa


El hogar que pone a Dios primero será el hogar ideal y constructivo, hogar donde el hombre hallará respiro y alivio de los afanes y molestias originados por el pecado. Para llegar a la realidad de este hogar es menester guardar condiciones que no son onerosas, pero sí son responsabilidades que traen lustre y privilegios a un verdadero hogar de refrigerio. Muchas familias se contentan con un conocimiento teórico de la grandeza de Dios, y dicen: “Dios es sobre todas las cosas”. Otros ponen un texto en el vestíbulo de su casa, “Cristo es supremo en este hogar”, cuando esa casa es más bien digna de un manicomio, o bien de un texto elevado que diga, “El mundo tiene su imperio en este hogar.”

Hace un tiempo visitamos una asamblea, y después del culto hablé con un sujeto que estaba sentado atrás. Pregunté si era salvo. Me dijo que tenía varios años de convertido. “¿Es bautizado?” Me dijo que no. Le dije: “Pues hay un caucho espichado. Su carro no está corriendo bien”. Entonces me contó que un hermano había ido a visitarlo y al entrar en su casa el visitante dijo: “¿Esta casa es de Dios o es del diablo?” Él se enojó por eso y no había pedido el bautismo. Un tiempo después volví a la misma asamblea y encontré al mismo individuo; le pregunté si ya era bautizado. “El inconveniente ha sido quitado,” le dije, “el hermano de su dificultad está con el Señor”. El hombre cerró la boca. Su casa sigue siendo más del diablo que de Dios. La falta de aseo; las inmoralidades; la grita de los grandes y los pequeños parecen chirridos de araguatos.

Dos cosas contribuyen al ambiente de un hogar feliz: el temor de Dios y el cumplimiento de las obligaciones mutuas. El temor de Dios no consiste en palabras solamente; el temor de Dios es activo. Nuestro Señor Jesucristo llegó a la casa de Pedro y sanó a su suegra. Ella se levantó y enseguida le servía. Lo mismo sucedió en el hogar de Betania, en el hogar de Felipe el evangelista en Cesarea, en el hogar de Lidia en Filipos, etc.

Empecemos con el Señor en el hogar. “Yo y mi casa serviremos a Jehová”. (Josué 24:15) No es prudente emprender un servicio sin oración. “Ante todo, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres”. (1 Timoteo 2:1,2) En un hogar consagrado hay vigilancia y cumplimiento en la oración. Job se levantaba en la mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de sus hijos. Cornelio era piadoso y temeroso de Dios con toda su casa. Hacía muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios siempre. (Job 1:5, Hechos 10:2)

Se requiere celo en el cumplimiento y el amor a Dios que impone obligaciones. El Señor tomó a sus discípulos más confiden-ciales y les dijo: “Quedaos aquí, y velad conmigo... Vino lego y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. (Mateo 26:38-41) Es posible que la indulgencia de la carne y la tolerancia en consentir cosas que antes condenábamos han invertido el orden enseñado por el Señor, y hoy es el espíritu el que está enfermo y la carne ligera, precipitada y complaciente. Más oración aunada en el hogar atraerá más bendiciones que disfrutar. Es la oración de fe constante y devocional que produce milagros y bienaventuranzas.

Otra cosa en el hogar consagrado es la lectura y reverencia a la palabra de Dios. No es preciso cursos por correspondencia, ni clases de moral para hacer un hogar agradable. La palabra de Dios enseña las atribuciones que corresponden al marido que obra por amor a su Señor, a su esposa y a sus hijos. No hallaremos un hogar perfecto mientras “el hombre animal” sea primero; habrá defectos, pero éstos debemos encerrarlos en la palabra de Dios. Está escrito: “El amor cubrirá multitud de pecados”. (1 Pedro 4:8)

                La palabra de Dios enseña a la esposa sus obligaciones que en su capacidad propenden en gran manera hacer del hogar una casa de Dios y un ambiente gozoso. Una de las iglesias en Roma estaba establecida en la casa de Priscila y Aquila. La casa de Aristóbulo eran todos amigos de Pablo. La casa de Narisco todos eran fieles al Señor. Una de las iglesias en Laodicea estaba fundada en la casa de Ninfas. (Romanos 16:3,5,10,11, Colosenses 4:15)

La mujer que se sujeta a su marido le obedece por amor. Entonces el amor demanda. Lo primero que hace es convidar a su marido a la oración privada. Esto no solamente hace el hogar agradable, sino que lo hace poderoso. Lo segundo, pide a su marido sin imponerle carga agravante cosas indispensables, necesarias para el hogar. Su ejemplo lo toma de la mujer fuerte de Proverbios 31. Lo tercero, cuida de los niños, “criándolos en disciplina y amonestación del Señor”. (Efesios 6:4) Para mantener la paz honesta del hogar, la esposa vigila con esmero la clase de amigos que toman sus hijos. Hay varios hogares que hoy están llorando por contemporizar con las amistades de sus hijos. Estos consiguieron sus amistades entre sus condiscípulos, los cuales los empujaron a una senda de rebelión y criminales felonías.

Fuera del descanso que han recibido nuestras almas por la fe en Cristo, el otro reposo para el hombre en la tierra es el hogar donde hay amor. La dicha no estriba en el lujo, las comodidades o la abundancia, sino donde marido y mujer son correspondidos. “Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordo donde hay odio. Mejor es un bocado seco y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones. Mejor es vivir en un rincón del terrado, que con mujer rencillosa en espaciosa casa.” (Proverbios 15:17, 17:1, 21:9) Amor, paz y humildad nos enseñan los tres versículos, virtudes suficientes para hacer un hogar bendecido.

Otra de las atribuciones para hacer un hogar con espíritu cristiano es el servicio que se dispensa por amor a Cristo y a su obra. ¡Qué cambio hizo el evangelio en el hogar de Filemón! ¡Cuántos más hogares que no alcanza la espada para nombrarlos se gozaron de servir con alegría hospedando a los santos! Entre ellos se destacan Gayo, Estéfanas, Aquila y Priscila, y Febe de la iglesia de Cencrea.

Así que, hermanos, tenemos suficiente material de instrucción ejemplar para aprender a imitar, y los malos ratos que podamos pasar vencidos por las penas del pecado sean mitigados en el refugio de un hogar donde nuestro Señor Jesucristo, el rechazado, también pueda encontrar solaz.
José Naranjo

La Mujer que agrada a Dios (12)

Los Dones Espirituales                                                                Fay Smart y Jean Young 

Romanos 12:4-8; I Corintios 12:7-11, 27-31; Efesios 4:7, 8, 11-13


¿Cuáles de los dones del Espíritu son para los hombres? ¿Cuáles para las mujeres? Un estudio de este tema demuestra que ninguno de los dones fue designado para un sexo exclusivamente. A medida que examinamos los dones, tenga presente que cualquiera de ellos puede ser suyo.

DEFINICION

Un don espiritual es una capacidad conferida a un creyente por la gracia de Dios para la edificación y exhortación y consuelo del pueblo de Dios. En el nuevo Testamento la palabra "don" es carisma, tomada del griego caris, que significa "gracia". En otras palabras, estos dones no son de origen humano, sino que son otorgados libremente por la gracia de Dios "como él quiere". Son conferidos "a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Ef. 4:11, 12). En otras palabras, éstos son dados con el propósito de producir servicio y no para el disfrute privado.

ORIGEN

En los tres grandes pasajes bíblicos que tratan acerca de los dones se menciona a cada miembro de la Trinidad como fuente de los mismos: "Conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno" (Ro. 12:3). Pero a cada uno de vosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo" (Ef. 4:7). "Acerca de los dones espirituales . . . todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno como él quiere" (l Co. 12:1, ll).

DESCRIPCION

Lea los siguientes pasajes con cuidado haciendo una lista de los dones a medida que va leyendo. Romanos 12:4-8; I Corintios 12:7-11, 27-31; Efesios 4:7, 8, 11-13.

Una forma conveniente para agrupar los dones, eliminando el traslapo de los pasajes, es verlos como dones de hablar, de servici9 0 de señal, como en el arreglo siguiente:

A. Dones de hablar

I. Apóstoles. El apostolado puede tener dos significados: uno general y otro limitado. La palabra significa uno que es enviado y equivale a nuestra palabra "misionero". En el sentido general todo cristiano es misionero, es decir, una persona enviada con un mensaje. Pero en el sentido limitado el don del apostolado es sólo para los doce discípulos que estuvieron con el Señor Jesús desde el principio de su ministerio, los que tuvieron un llamado personal de él y fueron testigos de su resurrección. Ellos colocaron el fundamento de la iglesia (Ef. 2:20), tuvieron autoridad especial y fueron acreditados por señales especiales. Este don especial fue necesario únicamente en el período primitivo de la iglesia.

II. Profetas. Esta palabra también tiene un sentido general y otro que es limitado. Significa hablar o exponer en público. El predicador que da a conocer públicamente un mensaje que viene de Dios es un profeta. Pero el don especial de profecía incluye el recibir el mensaje directamente de Dios mediante revelación especial y luego darlo a conocer públicamente. Este don fue necesario mientras se escribía el Nuevo Testamento y la necesidad cesó una vez que todo el mensaje de Dios estaba en forma escrita. Ninguna revelación añadirá algo a lo que forma parte de la Biblia.

III. Evangelistas. Este don es la habilidad especial de comunicar el evangelio con claridad a los inconversos teniendo como resultado conversiones. Incluye el evangelismo personal, así como el ejercicio público del don. Aparentemente podemos hacer la obra de un evangelista aun cuando no poseamos el don especial (2 Ti. 4:5).

IV. Pastores. Estos tienen una habilidad especial para cuidar a sus compañeros creyentes, guiarlos, alimentarlos y protegerlos del mal, como un pastor que cuida a sus ovejas.

V. Maestros. Este don consiste en la habilidad sobrenatural de explicar claramente y aplicar efectivamente las verdades de la Palabra de Dios. Pero no es únicamente impartir información sino conducir a otros a la práctica de los preceptos bíblicos.

VI. Exhortadores. El exhortador viene al lado del compañero creyente para amonestarlo a que siga cierto curso de conducta o para darle ánimo frente a un fracaso o una prueba. Él o ella es un consejero espiritual.

VII. Palabra de ciencia. Este don capacita al creyente para escudriñar y resumir la enseñanza de la Palabra de Dios para lograr una comprensión profunda de la verdad divina y para comunicar ésta a otros.

VIII. Palabra de sabiduría. Este don consiste en aplicar las verdades bíblicas a las necesidades y problemas de la vida, poniendo el conocimiento de la Palabra a trabajar en la experiencia diaria.

B. Dones de servicio

I. Ayudar. Este don capacita a uno para servir fielmente entre bastidores, ayudando en formas prácticas en la obra del Señor, animando y fortaleciendo espiritualmente a otros. Podría incluir el importante ministerio de la oración e igualmente el de la hospitalidad, el cual es altamente estimado en el Nuevo Testamento.

II. Dar o repartir. Esta es la habilidad dada por Dios para dar de nosotros mismos y de nuestros bienes para ayudar a la obra del Señor y a su pueblo, con sacrificio, sabiduría y regocijo.

III. Administración. El que tiene este don está capacitado para establecer metas, motivar a otros, implementar planes que promuevan la obra de Dios y el bienestar de su pueblo.

IV. Hacer misericordia. Esta es la habilidad dirigida por el Espíritu Santo para mostrar amor compasivo y práctico hacia los que sufren en el cuerpo de Cristo. No es tan sólo una palabra amable, sino la acción que consiste en darse a uno mismo,

V. Fe. Esto, por supuesto, es más que la fe salvadora. Es la habilidad de ver algo que Dios desea hacer y creer que Dios lo hará, aunque de momento parezca imposible. Aquellos que poseen este don sueñan grandes sueños y emprenden grandes obras para Dios.

VI. Discernimiento. Aunque todo creyente es responsable de probar los espíritus (l Jn. 4:1), algunos tienen una habilidad particular para hacerlo. Es necesario distinguir entre el espíritu de verdad y el espíritu del error, entre aquello que es de Dios y aquello que pretende serlo. Este don fue especialmente necesario antes de que se completara el Nuevo Testamento,

C. Dones de señales

I. Milagros. Este don consiste en la habilidad de hacer obras con poder sobrenatural, produciendo asombro, con el fin de acreditar al mensajero y confirmar su mensaje que proviene de Dios. Este don fue necesario en la era apostólica.

II. Sanidad. Esta es la habilidad de sanar cualquiera y todas las enfermedades con poder sobrenatural, Este parece haber sido un don temporal y de acreditación en los primeros días de la iglesia.

III. Las lenguas y su interpretación. Este consiste en la habilidad sobrenatural de hablar en una lengua desconocida por el mensajero para comunicar el mensaje de Dios. Este también fue característico de la época apostólica y fue dado para acreditar al mensajero y comunicar su mensaje.

Estos tres dones de señales se distinguen de los otros en que en ninguna parte se nos ordena a hacer estas cosas. No hay exhortaciones para hacer milagros, o sanar, o hablar en lenguas. Sin embargo, se espera de todos nosotros que nos ocupemos en cierta medida de evangelizar (Mr. 16:15), pastorear (Gá 6:2, 10), enseñar (Col. 8:16), Ofrendar (1 Co. 16:2), etc., aun cuando no tengamos ese don particular.

DESCUBRIMIENTO

¿Cómo sé cuáles dones poseo? La mejor forma es de probar alguno de ellos. Un esfuerzo sincero, ejercitado en oración, puede ser luego evaluado con los siguientes criterios: (l) ¿Siento gozo cuando hago esto? Usted sentirá placer al hacer lo que Dios le ha capacitado para hacer. (2) ¿Confirman otros que tengo este don? Con frecuencia los otros pueden evaluar el trabajo mejor de lo que Ud. misma puede hacerlo. Es muy fácil engañarse uno mismo. (3) ¿Me está usando Dios para su gloria en la edificación del cuerpo de Cristo?

DESARROLLO

En cierta medida muy práctica se requiere perseverancia, diligencia y esfuerzo para desarrollar el don y para encontrar las oportunidades de usarlo. Pero Dios espera que usemos nuestros dones fielmente: "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 P. 4:10). "No descuides el don que hay en ti… (l Ti. 4:14). "Que avives el fuego del don de Dios que está en ti (2 Ti. 1:6).

Todos los dones otorgados por la Cabeza son necesarios para la edificación y el funcionamiento del cuerpo de Cristo. De la misma manera que el pequeño flautín aporta su sonido y se nota su ausencia, así es responsabilidad de todo cristiano, hombre o mujer igualmente, de ejercitar sus dones para la bendición y el enriquecimiento de uno y otro.

Pablo escribió: "Mas yo os muestro un camino aún más excelente" que la posesión y el uso de los dones, y acto seguido señaló la necesidad del amor (l Co. 12:81; 13:1-18). El ejercicio de los dones, sin amor, no trae bendición; pero el creyente que está caminando en amor hacia Dios y hacia sus compañeros será un canal de bendición para todos los que le rodean.

El fruto del Espíritu (Ga. 5:22, 28) en la vida de un creyente es de más valor para Dios que el ejercicio de los dones más espectaculares. Por lo tanto, debemos tener cuidado cuando buscamos descubrir y desarrollar nuestros dones espirituales de no sacar las cosas fuera de equilibrio. No descuidemos la cosa más importante, el camino más excelente, el camino del amor.

En la introducción a este curso afirmamos que no podríamos tener un honor más alto que el de ser lo que Dios tiene en su propósito que seamos. Hemos aprendido muchas lecciones en este estudio de la Palabra de Dios, sin embargo, la más sencilla pero no obstante la más profunda, es la declaración del propósito de Dios para nosotras de que seamos "conformes a la imagen de su Hijo" (Ro. 8:29). Es la ocupación de nuestro corazón con Cristo y el permitir que su Palabra more en nosotras lo que produce su semejanza en nosotras. Esto no se alcanza por el esfuerzo o la gestión humana sino mediante nuestra rendición diaria a Dios. El Espíritu Santo, obrando en una vida rendida, produce en nosotras la semejanza a nuestro Señor y de este modo nos transformamos en la clase de mujeres que agrada a Dios.


Cristo exaltado hasta lo sumo

Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos. Isaías 53:12


El Señor Jesucristo sufrió y murió en la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y le dio la posición más elevada que puede existir. Esta posición se menciona varias veces en el Nuevo Testamento:

En Efesios, aprendemos que el propósito de Dios es exaltar a Cristo. En el capítulo 1, leemos que el beneplácito de Dios es “reunir todas las cosas en Cristo… las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Ef. 1:9–10). De acuerdo con ese propósito, Dios lo hizo sentar “a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío” (Ef. 1:20–22).

EnColosenses, vemos que la gloria de su Persona requiere este lugar exaltado. Si él es “la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”, si es aquel por quien todas las cosas fueron creadas, aquel que es antes de todas las cosas y por quien todas las cosas subsisten, entonces es necesario “que en todo tenga la preeminencia” (Col. 1:15–18).

En Filipenses, su gracia y su profunda humillación le aseguran este lugar exaltado. “Se despojó a sí mismo… y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo…” (Fil. 2:7–9).

En Hebreos, vemos que sus sufrimientos lo prepararon para su exaltación. “Convenía” a Aquel que fue puesto, sobre todo, y coronado de gloria y de honra, ser “perfeccionado por aflicciones” (He. 2:7–10).

En 1 Pedro, la exaltación de Cristo es el testimonio que Dios da por el precio que él tiene ante sus ojos. La piedra que los hombres rechazaron es “escogida y preciosa” para Dios. (véase 1 P. 2:4–7).

En Juan, el Señor Jesús declara que sus sufrimientos y su muerte son el camino necesario de su exaltación, para que otros puedan tener parte en la bendición y en la gloria que le están unidas. “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Jn. 12:23–24).

Hamilton Smith

¿Qué es y qué simboliza los panes sin levadura?

 

Introducción.

La segunda fiesta que estudiaremos brevemente para responder la pregunta de la cabecera de esta sección es la “fiesta de los panes sin levadura”. Esta es mencionada en Éxodo 12:14-20, 13:5-10, 24:15, 34:18, Levítico 23:6-7, Número 28:17, Deuteronomio 16:3-4a.

La fiesta de los panes sin levadura comenzaba del día 15 y terminaba el 21 del mes Abib (posteriormente llamado Nisan). No iniciaba sin que hubiese previamente el sacrificio del cordero que se comía el día 14, el día de la Pascua. En esos siete días estaba completamente prohibido comer panes con levadura.

                El objetivo de esta fiesta solemne era tener memoria del día en que salieron de Egipto: “para que todos los días de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto (Deuteronomio 16:3c).

 

La tradición Rabínica.

La tradición rabínica nos ha dejado como se realizaba la búsqueda de levadura en la casa:

 

·     El 14 de Abib, al caer la noche, después de la puesta del sol, se realizaba la búsqueda de la levadura.

·     Se usaba una lámpara encendida para revisar cada rincón de la casa, porque la luz concentrada permitía ver mejor en lugares pequeños.

·     Se empleaba una cuchara de madera y una pluma (generalmente de ave) para recoger las migajas encontradas.

·     Los restos de levadura se colocaban en una bolsa o envoltorio.

      Antes de comenzar, se recitaba una bendición especial, reconociendo el mandamiento de eliminar la levadura (en hebreo jametz). Y al terminar, se pronunciaba una fórmula de anulación, declarando que cualquier levadura no encontrada se consideraba como polvo, sin dueño ni valor.

A la mañana siguiente al 14, se procedía a eliminar la levadura recolectada, para ello se quemaba lo recolectado y ese acto se conocía como Biur Jametz (destrucción de la levadura”), cumpliendo así el de “destruir la levadura” (Éxodo 12:15).

Como nota, en Lucas 22:1 (cf. Mateo 26:17, Marcos 14:12) se observa que la Pascua y la fiesta de los panes sin levadura se solapaban, ya que se le menciona del siguiente modo: “la fiesta de los panes sin levadura, llamada la Pascua”. En el lenguaje común se entendían como una sola celebración, aunque técnicamente eran dos (cf. Marcos 14:1).

En el Antiguo Testamento, en tiempos de Salomón, Ezequías y Esdras (2 Crónicas 8:13, 30:13, 21; Esdras 6:22) donde ya había esta unión de la Pascua y los panes sin levadura como una fiesta.

 

Levadura.

La levadura tiene por función fermentar la masa de harina, lo que provoca que la masa duplique su tamaño y se formen agujeros en ella. “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:9), dice Pablo, conocedor de la ley. Por eso se afanaban en buscar por todos los rincones del hogar esta levadura que podía agriar la masa.

                 “Un poco de levadura leuda toda la masa”. Es evidente que lo que viene Pablo escribiendo a los Gálatas que estos se desviaron de la fe por escuchar a seudo-cristianos con doctrinas extrañas (o falsas doctrinas) que hacen desviar al creyente de su camino. Por lo mismo se considera la levadura como engreimiento: el orgullo de saber doctrinas que son de por si dañinas. He conocido un caso de un creyente que se retiró de la congregación no sin antes decir a los ancianos que él estaba aprendiendo cosas que en la asamblea no se enseñaba y que, por lo tanto, en ella nada tenía que aprender. Eso es engreimiento, orgullo de creer que sabe más que los demás.

La metáfora de la “levadura” también es asociado a tolerar cosas que se saben que son malas (que aun el mundo pecador las considera malas), tal jactancia no es buena, puede llevar a que el nombre del Señor sea denostado. Pablo aconseja a los corintios:

“¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?  Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corinitos 5:6b-8).

La cita anterior no da dos elementos que describen a la levadura: malicia y maldad. También encontramos que el Señor les dice a los discípulos: “Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes” (Marcos 8:15 cf. Mateo 16:6). Debemos guardarnos de toda influencia del legalismo y la mundanalidad.

 

Los panes sin levadura

¿De qué nos habla los panes sin levadura?

                Si lo comparamos con lo dicho sobre la levadura, la respuesta correcta es lo contrario: los panes sin levadura nos hablan de sinceridad y verdad.

                Podemos graficarlos así: el creyente debe caminar en plena comunión con el Padre como anduvo nuestro Señor, y para ello no debe tener rastros de levadura de ninguna especie en su corazón. Como indica Pablo, Cristo fue sacrificado (llegó a nuestra vida) y desde ese momento, toda levadura debe ser desechada para celebrar la fiesta como corresponde.

 

Conclusión.

La Pascua nos habla de la redención por el Cordero de Dios, y desde ese momento comienza una vida consagrada (los panes sin levadura). La levadura representa lo malo que afecta la vida espiritual del creyente; por eso, el redimido debe vivir en santidad, alejado de ella.

Los panes sin levadura nos enseñan que debemos alimentarnos de Cristo, sin mezcla de errores ni pecado, pues tenemos vida nueva en Él. Que sean siete días nos habla de una vida continua de separación, no de un acto aislado que se hace de vez en cuando.
S.K.R.

LEYENDO DIA A DIA 2 CORINTIOS(6)

 

5.1 al 17 Una posibilidad y una certeza


¿Qué de si la muerte disuelva este cuerpo que tenemos? “Tenemos de Dios un edificio”. El tiempo presente expresa la certeza de que recibiremos un cuerpo en resurrección, 1 Corintios 15.42 al 49. Hasta esto, “gemimos” bajo la debilidad del cuerpo y nuestra propensión a pecar, anhelando la gloria celestial. Nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo, Romanos 8.23.

Nuestro futuro glorioso está asegurado por cuanto lo tenemos prometido, el aval del Espíritu, y aun ahora somos obra de Dios, “el que nos hizo”, v. 5. Por ahora sólo podemos disfrutar de la anticipación de la gloria que vendrá. Por supuesto, nuestra residencia presente en el cuerpo es un exilio del Señor, una ausencia de nuestro hogar verdadero, v. 6. Es cierto que el Señor está presente espiritualmente con todos nosotros, pero está ausente físicamente.

Pablo no abrigaba duda acerca de qué le iba a suceder al morir, sabiendo que pasaría a la presencia inmediata del Señor, v. 8. “… estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”, Filipenses 1.23. Por el momento su ambición era la de ser acepto en los ojos de Aquel. “Procuramos … serle agradables”, v. 9.

“Es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo”, v. 10. Esto no está dicho para empañar la perspectiva de la dicha que está por delante, sino como un estímulo a la ambición de agradar al Señor. Los acontecimientos futuros inciden en la vida presente del hijo de Dios. Lo que hemos hecho aquí en vida será manifestado más adelante. El Maestro que va presidir en el escrutinio es el mismo Señor que nos ama y se entregó a sí mismo por nosotros. Él no será severo ni injusto, ni pasará por alto circunstancias atenuantes, sino comprenderá toda dificultad que nos asedia.

Pable servía como uno que tendría que rendir cuenta, v. 11, y por esto persuadía a los demás con base en una profunda reverencia y en el temor de Dios. El amor de Cristo le constriña, v. 14. El amor por los hombres que Cristo manifestó al morir por ellos le obligaba a Pablo a ser fiel a ese Salvador. Le impelía, le dominaba.

Tenemos aquí el testimonio sin reserva de una vida que estaba sujeta a un motivo poderoso y envolvente; era la bendita esclavitud de una vida cautivada y comandaba por el Príncipe de amantes, el Señor Jesucristo. Bien pudo escribir Zinzendorf, fundador de la Misión Moravia: “Tengo una sola pasión en la vida: Él”.

B.OSBORNE