domingo, 1 de febrero de 2015

Sentado a tus pies

Sentado a tus pies, Señor Jesús,
Éste es mi lugar;
Aquí hondas lecciones aprendí:
La verdad que libertad me procuró.



De mí mismo libre, Señor Jesús,
De los caminos de hombres liberados;
Las cadenas que me habían atado
Nunca más mi mente atarán.



Nadie sino Tú, Señor Jesús,
Cautivó esta mi errante voluntad.
Si no fuera que Tu amor me atrajo,
Errante aún andaría yo.

J. N. Darby (18 Noviembre 1800,  29 de Abril de 1882)

Meditación.

“...los indoctos e inconstantes tuercen... las otras Escrituras para su propia perdición” (2 Pedro 3:16b).



El Dr. P. J. Van Gorder acostumbraba hablar de un letrero, colocado afuera de una carpintería, que decía: “Se hacen toda clase de torceduras y vueltas”. Los carpinteros no son los únicos que sirven para esto; muchos que profesan ser cristianos también tuercen y dan vueltas a las Escrituras cuando les conviene. Algunos, como dice nuestro versículo, tuercen las Escrituras para su propia perdición.
Todos somos expertos para justificar, es decir, excusar nuestra desobediencia pecaminosa ofreciendo elogiosas explicaciones o atribuyendo motivos dignos a nuestro proceder. Intentamos torcer las Escrituras para que se acomoden a nuestra conducta. Damos razones plausibles aunque falsas que den cuenta de nuestras actitudes. Aquí hay algunos ejemplos.
Un cristiano y hombre de negocios sabe que está mal recurrir a los tribunales contra otro creyente (1 Corintios 6:1,8). Más tarde, cuando se le pide cuentas por esta acción, dice: “Sí, pero lo que él estaba haciendo estaba mal, y el Señor no quiere que se quede sin castigo”.
Mari tiene la intención de casarse con Carlos aun cuando sabe que él no es creyente. Cuando un amigo cristiano le recuerda que esto está prohibido en 2 Corintios 6:14, ella dice: “Sí, pero el Señor me dijo que me casara con él para que así pueda guiarle a Cristo”.
Sergio y Carmen profesan ser cristianos, sin embargo viven juntos sin estar casados. Cuando un amigo de Sergio le señaló que esto era fornicación y que ningún fornicario heredará el reino de Dios (1 Corintios_6:9-10), se picó y replicó: “Eso es lo que tú dices. Estamos profundamente enamorados el uno del otro y a los ojos de Dios estamos casados”. Una familia cristiana vive en lujo y esplendor, a pesar de la amonestación de Pablo de que debemos vivir con sencillez, contentos con tener sustento y abrigo (1 Timoteo 6:8). Justifican su estilo de vida con esta respuesta ingeniosa: “Nada hay demasiado bueno para el pueblo de Dios”.
Otro hombre de negocios codicioso, trabaja día y noche para amasar ávidamente toda la riqueza que puede. Su filosofía es: “No hay nada de malo con el dinero. Es el amor al dinero la raíz de todo mal”. Nunca se le ocurre pensar que él podría ser culpable de amar al dinero.
Los hombres intentan interpretar sus pecados mejor que lo que las Escrituras les permiten, y cuando están resueltos a desobedecer la Palabra y esquivarla como puedan, una excusa es tan buena (o mala) como la otra.

Doctrina. El pecado (Parte V)

V.           EL HOMBRE Y EL PECADO
En el relato de la tentación encontramos que Satanás en su engaño a los primeros Padres fue a hacerles creer que serían dioses. “Y  series como Dios” le dijo, haciéndole creer que llegarían a ser como Dios, con la capacidad de conocer el “bien y el mal”. Si bien es cierto que “conocieron el bien y el mal”, nunca llegaron a ser como Dios.  Es seguro que los dos hayan contemplado a Dios en la forma que Él quiso revelarse y que hubiesen quedado maravillados  y por eso querían ser como Él. Pero el acto de comer era la esperanza de cumplir ese anhelo.
Sin embargo, toda intención puede ser buena, pero se infringió directamente el mandato de Dios de no comer específicamente de ese árbol, y ese acto constituyó un acto de rebeldía contra el Creador.
 Satanás les había dicho que Dios era mentiroso, que no morirían cuando la comiesen, sino que llegarían a ser como Dios; pero en cambio, el solo acto de comer, los constituyó en seres  mortales, heredándonos esta condición a todos los seres humanos (Romanos 5:12; cf. 3:12, 23). Es decir, cayeron de su posición privilegiada para nunca más recobrarla.
El aspecto moral del hombre (cf. Isaías 64:6),  que en un principio era impecable, perfecto, quedó corrompido en forma total (depravados[1]), de modo que nada de lo que haga el hombre es útil o bueno para Dios, ya que todo en él es pecado y tal cosa es abominación a Dios. Dios es Santo, por lo cual no tolera el pecado ni lo pasa por alto (cf. Éxodo 20:5; 34:7; Levítico 18:25; 19:29; Salmo 5:4; Ezequiel 18:20).
En apariencia, en los primeros años de la separación, el hombre vivió una vida en que no practicaba el pecado[2], sino que se acercaban a Dios por medio de sacrificios de una víctima inocente (Génesis 4:4). Escuchamos por primera  vez la palabra pecado de boca de Dios en Génesis 4:7. Ahí le indica a Caín que tuviese cuidado porque el pecado estaba a la puerta, y con sólo abrirle le permitiría entrar. Como sabemos, Caín atentó contra la vida de su hermano por la envidia que sentía contra él.
Al seguir leyendo podemos ver todos los descendientes de Caín que no tomaban en serio el pecado y lo practicaban en  forma flagrante (ver Génesis 4:23 el caso de Lamec; y compare con Génesis 6:5). No se menciona a nadie de ellos que buscase a Dios y le siguiese.
En cambio de la línea  de Set sí estuvieron siguiendo a Dios, al menos las primeras generaciones (Génesis 4:26).  Pero en los tiempos de Noé esto ya no era así. Todos se habían corrompido, y sólo se halló Gracia en Noé, es decir tenía lo necesario para evitar el Juicio Divino (Génesis 6:8).  Noé y su familia eran los únicos creyentes en Dios, toda la humanidad de aquella época vivía en completa corrupción, de modo que se purificó la creación por medio del agua (Génesis 6:17), incluyendo a los descendiente de Set que se habían corrompido junto a los de Caín.
Podríamos pensar que el hombre aprendió la lección y se comportaría como era requerido de Dios que el hombre actuase, cumpliendo sus mandamientos. Pero observamos que pocas generaciones después de diluvio el hombre se separó y rebeló contra Dios, quiso hacerse un nombre propio, desligado de Dios, queriendo llegar al cielo para estudiarlo y para ello se construyeron una torre impresionante. Al hombre se le había dado el mandamiento de poblar la tierra, pero con Nimrod a la cabeza se amalgamaron en un solo pueblo. Pero Dios intervino para provocar que se separasen y poblasen la tierra.
Hasta acá podemos sugerir que el hombre siempre está en contra de lo que Dios ha dicho y mandado. Podemos asegurar que el hombre peca deliberadamente contra Dios, haciendo lo que él cree que es lo correcto para sus necesidades.
El hombre por sí mismo no puede hacer nada, aunque Dios mande algo, hará lo posible para no cumplirlo.  Nunca podrá obedecer, porque su corazón lleno de rebeldía  y altivez se lo impedirá.
El mismo hombre se ha dado cuenta que su condición pecadora lo lleva por un camino de perdición, y para ello ha ideado múltiples sistema religiosos y filosóficos para evitar esta caída. Sin embargo, de nada sirve, porque en sí estos sistemas, constituyen solo una forma más de rebelión. Podríamos comparar la situación de peligro del hombre con un edificio en llama y en la ventana de los pisos hay personas que van a saltar para salvarse y abajo solo les espera algunos hombres con una delgada sábana.
Pero estos sistemas solo han servido para que el hombre se aleje más de Dios. Nuevamente hay una orden de Dios con respecto a la Salvación del alma, mandando “a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan”  (Hechos 17:30), considerando todo lo que ha hecho el hombre para apartarse como “ignorancia”. Pero el hombre sigue siendo rebelde, muchos no quieren seguir ni siquiera escuchar de este llamado, del mismo modo como los atenienses trataron el mensaje de Pablo (vea Hechos 17:16-34).
Jehová observa, en los días de Noé, que “que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). El Señor se refiere  que antes de su venida (Mateo 24:37), será como en los días de Noé, donde vida ocurría con “normalidad” (Mateo 24:38; Lucas 21:9-11). Por lo cual, toda paciencia tiene su tiempo y este se puede cumplir en cualquier momento, para dar paso al juicio de Dios sobre la humanidad (cf. Mateo 25:30; Apocalipsis 20:11-15).
Se podría pensar que la humanidad redimida, que pasó la gran tribulación, haya vivido de una manera que no tiene parangón en el milenio, siendo gobernados por el mismo Señor Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. Una parte de ella se rebelará contra su Dios, comandada por el mismo Satanás; y el juicio sobre aquella humanidad será inmediata, es decir, será un juicio sumario (Apocalipsis 20:7-10 cf. Salmo 2:1-5).





[1] Entiéndase este concepto como la incapacidad del hombre de llegar a Dios, ya que todo él es corrupción, porque que cada acto pecaminoso de la voluntad es fruto de la condición del alma pervertida de la humanidad (cf. Pr 4.23; 23.7; Mc 7.20-23; Ro 8.15-25). 
[2] No se quiere decir que no pecaban, sino que no hacían una práctica nociva de él, como llegó a ocurrir en los días de Noé.

viernes, 2 de enero de 2015

Pensamiento

Todas las líneas de la historia y de las figuras, de los Salmos y de las profecías, convergen hacia un solo centro, Jesucristo, y un solo acontecimiento supremo, Su muerte en la Cruz para nuestra salvación. Y de ese centro vuelven a salir todas las líneas de la historia en el libro de los Hechos, de la experiencia de las Epístolas, y de la profecía en el Apocalipsis, para atestiguar que el Padre envió al Hijo para ser el Salvador del Mundo.
A. M. HODGKIN,

 extracto del prólogo de “Cristo en Todas las Escrituras”

¿Cuándo?

¿Dónde está la promesa de su advenimiento? (2ª Pedro 3:4)

EN EL PRIMER capítulo de 2 Pedro se acentúa el valor de "la Palabra Profética más permanente" (2 Pedro 1: 19). El capítulo siguiente predice el juicio terrible de los que se desvían de las Escrituras y sus amonestaciones. El capítulo tercero en el cual se en­cuentra la pregunta, ¿Dónde está la promesa de Su advenimiento? trata de los burladores de los postreros días, quienes niegan completamente las ver­dades de las Escrituras. Dicen, "¿Dónde está la promesa de Su adveni­miento? porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas per­manecen así como desde el principio de la creación."
Evidentemente estos burladores no son los irreligiosos, desechados de la sociedad, porque tal gente no habla de "los padres". No, son líderes religio­sos que no solamente se ha desviado, sino que niegan lo que se enseña cla­ramente en la Palabra de Dios — la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Pablo es el gran expositor de la ve­nida del Señor para Sus santos, mien­tras que Pedro habla más del reino, y la venida en gloria con Sus santos. El último tema, distinto del primero, es uno que luce mucho en las páginas del Antiguo Testamento, tanto como en el Nuevo. Profetas, sacerdotes, reyes, y hombres justos en todos los siglos tenían puestos sus ojos ansiosos hacia el Este, si quizá pudieran tener la pri­mera ojeada de aquella "Estrella de Jacob" mencionada en Números 24:17, como Cristo Mismo nos asegura en Lucas 10:24. Otra vez Él dice, "Abraham se gozó por ver Mi día; y lo vio, y se gozó" (Juan 8:56). Job habló de ella con certidumbre cuando en medio de su prueba severa dijo, "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo. "Todo el Salmo 72 es­pera este evento tan glorioso, y halla­rá su completo y literal cumplimiento en aquel día. En verdad, no solamen­te un artículo corto, sino un libro podrían escribirse sobre las referencias en el Antiguo Testamento, la promesa del Señor, "Yo vendré otra vez, " bri­lla como un faro que ha dado ánimo a los corazones de multitudes sin núme­ro, y ha inspirado muchos de nuestros himnos más preciosos, y canciones de alabanzas.
Pero en cambio, esos rayos amonestadores iluminan el futuro de todos aquellos que rechazan el evangelio de Dios y continúan en sus pecados. Para ellos sólo hay "una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios" (Hebreos 10: 27). Porque "El Señor Jesús se mani­festará del cielo... en llama de fuego, para dar el pago a los que no conocie­ron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales serán castigados con eterna perdi­ción" (2 Tesalonicenses  1:7-9).     
Sendas de Luz, 1969

Tesoros Escondidos

Los gobernantes sajones acumula­ron durante siglos valiosos tesoros de sus antepasados. Entre estos se halla­ba un huevo de plata regalado a una reina.
Al tocar un cierto resorte se abría el huevo y aparecía una yema de oro. En esta yema se hallaba una pequeña gallina y cuando se le tocaba las alas, estas se abrían y aparecía una corona engastada en joyas. Luego al tocar otro resorte secreto se abría la corona y aparecía un hermoso anillo de diaman­te. Un tesoro escondido en otro tesoro.
Así es la salvación. El don en sí mismo es un gran tesoro; pero además contiene muchos otros tesoros escon­didos. Cuando recibimos la salvación por gracia la apreciamos mucho, pe­ro al oprimir su resorte secreto descu­brimos muchos nuevos tesoros escon­didos. Así empezamos a apreciar dig­namente su verdadero e inmenso va­lor.
Resortes secretos, si son secretos; pero hay manera de hallarlos perma­neciendo a los pies de Jesús aprendien­do de Él. Jesús quiere ser vuestro ami­go más íntimo y está dispuesto a re­velarnos cosas secretas cuando desea­mos conocer los tesoros de la gracia. Él puede mostrarnos los resortes se­cretos que revelan estos tesoros escon­didos en el plan de Dios. Allí hallará el lector tales tesoros que lo harán ex­clamar con la reina de Saba: "¡Ni aun la mitad se me había dicho!
Sendas de Vida 1977.

EL PELIGRO de lo Grande

Usamos este título en el sentido de lo que parece grande en los ojos del hombre natural, cuando empieza a pen­sar que él tiene importancia y está in­clinado a confiar en sí mismo.
De Uzías, rey de Judá, leemos que se activó en el fortalecimiento de su reino y fue prosperado en gran mane­ra "hasta hacerse fuerte. Más cuando fue fortificado, su corazón se enalteció hasta corromperse" (2 Crónicas. 26:15, 16), y se aventuró en el templo para unir el oficio de sacerdote con el de rey: el or­gullo se apodero de él, y Dios le hirió de lepra. La prosperidad constituye una prueba de carácter más fuerte que la adversidad.
Otro caso es el de Ezequías, el que había tenido experiencia maravillosa de la intervención divina a favor del rei­no de Judá, y después en su enferme­dad física, curándole Dios en contesta­ción a su oración. Parece que el rey se dejó vencer por la soberbia, e hizo os­tentación de su poder y riquezas ante los embajadores de Babilonia. (2 Reyes 20:13 y 2 Crónicas. 32:25.) Es con alivio que después leemos de su humillación delante de Dios, y la consiguiente res­tauración de su alma al Señor. ¡Qué peligroso es el engreimiento! ¡Cuánto daño produce! Esto se puede ver tam­bién en la experiencia del apóstol Pablo en 2 Corintios 12:7-10. Habiendo reci­bido semejantes revelaciones en su tras­lado "hasta el tercer cielo", había peli­gro de altivez de espíritu. El Señor en su misericordia permitió una debilidad física para que el gran apóstol no se levantara descomedidamente, y llegó a la condición de ánimo en que podía gloriarse más bien en sus flaquezas, "porque habite en mí —decía— la po­tencia de Cristo". Y ¡cuánto ha ganado la iglesia porque el apóstol fue mante­nido en humildad para que el Señor le usara!
Podemos ver asentado el mismo principio en Jueces 7:2 "El pueblo que está contigo es mucho... porque no se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado". El gran ejército de 32.000 hombres tiene que reducirse a un grupo de 300, porque en estas con­diciones no hay lugar para la jactancia del hombre. Su imaginada fortaleza es un peligro. Y el jefe, Gedeón, es el me­nor de la casa de su padre y miembro de la mitad de una tribu: éste es el ins­trumento de que Dios se puede valer para derrotar al enemigo.
La imagen que se describe en Da­niel 2, ¡qué grande e imponente es! El poderío del imperio humano parece in­vencible. Pero una piedra "cortada sin manos" cae sobre los pies de la imagen, y todo se reduce a un montón de escom­bros que el viento lleva como tamo. Y este es el propósito fundamental de Dios, como se lee varias veces en Isaías: "La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová sólo será en­salzado en aquel día". (Isaías 2:11.)
Y todavía los hombres se empeñan en formar algo grandioso y poderoso: Las Naciones Unidas; La Unión Sovié­tica; El Concilio Mundial de las Igle­sias; y otras cosas por ti estilo que con­tribuyen a glorificar a la humanidad: todo esto está en boga en el día de hoy, Hacernos bien en alejarnos de tales en­tidades y seguir adelante en quietud, pero con tesón, procurando conocer ca­da vez más de la voluntad de Dios para ponerla por obra.

Sendas de Vida 1977.