domingo, 21 de marzo de 2021

MEDITACIÓN

 


EL EJEMPLO DE LAS PALMERAS PARA LOS CRISTIANOS

El justo florecerá como la palmera. (Salmo 92:12)

Algunos datos interesantes sobre la palmera datilera pueden animarnos y consolamos a la hora de aplicar este versículo a nuestras vidas:


1.  Nunca crece de forma silvestre, sino que debe ser plantada y atendida cuidadosamente al comienzo. El hombre natural, al igual que la maleza, crece de forma silvestre y florece sin ser plantado, y sin necesidad de cuidados especiales. Sin embargo, sólo Dios puede producir árboles que den fruto. ¿Cómo? Redimiendo peca­dores, para luego cuidar de ellos y transformarlos en bellos árboles que den fruto.

2.  Crece desde adentro. Su corteza es el único sostén y protección de su vida interior, de la cual proviene su desarrollo. La vida interior del cristiano se renueva día a día mientras camina con el Señor. Es el “hombre interior el que da fruto para Dios.

3.  Tiene más de 200 usos, desde alimento hasta alfombras. A veces, neciamente, nos oponemos a ciertos servicios que Dios tiene para nosotros (como el de ser una alfombra), pero la verdadera fecundidad proviene de someterse a Él en todo.

4.  Sus hojas están siempre verdes. Esto se debe a las raíces pro­fundas que retienen la humedad escondida. Puede incluso mante­nerse en terrenos secos y arenosos. Los cristianos que se asemejan a las palmeras no necesitan de un entorno favorable para sobrevivir; de hecho, a menudo producen los frutos más exquisitos en medio de las circunstancias más hostiles.

5.  Produce sus mejores frutos cuando es viejo. Los cristianos que maduran y se suavizan con la edad, se convierten en algo agradable para Dios y también sirven como un bello ejemplo para los más jóve­nes. Incluso asombran a los inconversos. Mientras que Satanás se deshace despiadadamente de sus instrumentos cuando se vuelven viejos y débiles, Dios escoge dar a sus siervos Su propio resplandor al final de sus días—un resplandor que refleja su propia gloria.

G. W. Steidl

CONTÁNDOLES A OTROS LAS BUENAS NUEVAS

 Las hormigas cuentan las buenas nuevas



¡El invierno puede ser muy frío! Algunos países tienen in­viernos tan fríos que las hormigas pasan todo el tiempo dentro del hormiguero


¡Finalmente […] se acaba el frío in­vierno! Vuelve el tiempo cálido. Una de las hormigas decide aban­donar la bola de hormigas abre la puerta del túnel y sale a la superficie.

…La hormiga se limpia y se estira al sol para calentarse. ¡Qué bueno poder ver la luz después del frío y oscuro invierno!

Cuando la hormiga se ha calentado, se da cuenta de que tiene que darles a las otras hormigas un importante mensaje...

Una hormiga no tiene voz ni oído, pero puede darles mensajes a las demás. Una hormiga le da su mensaje a otra tocándola con sus antenas, [o] haciendo movimientos o emitiendo unos ciertos olores. Las hormigas pueden transmitir hasta cincuenta mensajes diferentes.

Cuando la hormiga entra caliente en el hormiguero, las otras hormigas se dan cuenta de que es diferente. Se llegan a ella y frotan su frente caliente con sus antenas, y entonces ella les da una gotita de alimento caliente. […] Cuando la hormiga que vuelve caliente comparte su comida, les está diciendo a las otras hormigas que ha venido de un lugar cálido e iluminado.

Los creyentes cuentan las buenas nuevas

[…] Cuando damos testimonio, les contamos a otros acerca de la bondad de Dios y de su ofrecimiento de salvar a todos los que acu­den a Él por medio de Cristo. También les hablamos sobre lo que Dios ha hecho por nuestras propias almas, Salmo 66:16; 71:15.

Algunas veces a los discípulos se les mandó que no hablaran acerca de Jesús. Sin embargo, el mensaje de la salvación era tan maravilloso y ellos estaban tan entusiasmados con él, que no podían dejar de contarlo a los demás, Hechos 4:12,18-20.

[…]Las hormigas dan buenas nuevas y nosotros podemos aprender de ellas. La mayoría de las personas pueden hablar o escribir, por lo tanto, tienen una manera mejor para dar un mensaje que una pequeña hormiga
 (Capítulo 2, del Libro "Las Asombrosas Hormigas")

AUNQUE SOLAMENTE SEA FRUTO A TREINTA

 La Semilla en Marcos capítulo 4

Generalmente la parábola de la simiente es leída y explicada para los inconversos, y ciertamente ese es su fin por la respuesta que el Señor dio a los que le preguntaron. Él dijo: “A los que están fuera, por parábolas todas las cosas.” Después de consumada la redención, la predicación del Evangelio pasó a los gentiles, porque al Señor le plugo escoger de entre ellos pueblo para sí. (Hechos 11:18) Todo aquello que estaba encerrado en ministerio y que era exclusivo para un pueblo, le fue quitado el velo para que de una manera sencilla y sin ambages pasase a ser profecía o predicación a los inconversos, doctrina a los convertidos y edificación a los santos.

            Así pues, tomamos de esta parábola los cuatro aspectos y clases de tierra del modo y condición como los creyentes pueden recibir la Palabra del Señor.

            “Aconteció sembrando que una parte cayó junto al camino y vinieron las aves del cielo y la tragaron.” (Marcos 4:3,4)

            Sentimos informar que son muchos los sermones perdidos para muchos creyentes, pues esta clase es superficial; cual nunca han dado cabida a la Palabra del Señor. Pablo señala a ambos sexos de esta manera: “Porque estos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecado, arrastradas por diversas concupiscencias ... Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.” (2 Timoteo 3:6,7)

            Conviene prestar mucha atención a la Palabra de Dios, pues no ignoramos que los enemigos, las aves, vienen de arriba. Son malicias espirituales en los aires que provienen del príncipe de la potestad del aire. Cualquier distracción, preocupación o desanimación aprovecharán estas aves para tragar un sermón íntegro. La caída y el fracaso de muchos creyentes se debe a su irreverencia por la Palabra de Dios. “Han dejado caer la palabra a tierra,” y el enemigo ha tomado la ocasión para blasfemar. “Por lo cual, asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado sois salvos, si no creísteis en vano.” (1 Corintios 15:2)

 

“Y otra parte cayó en pedregales donde no tenía mucha tierra, y luego salió porque no tenía tierra profunda.” v.5.

            Ciertamente entre las celdas receptoras del hombre, tres se ajustan mucho a esta parábola: el oído, el intelecto y el corazón. De esta clase se colige que la simiente cayó en una capa de tierra delgada ¾no había profundidad— por debajo la dura “piedra” y por encima la pequeña humedad “apariencia de piedad,” y así no resistió el calor del sol de las nueve de la mañana.

            Ahora notamos que el enemigo viene de abajo, de la piedra no removida. Es la carne que no aguanta la tentación; se pone canija y susceptible. Son los sentimientos sin fricción. “La otra dijo: Ni a mí, ni a ti, partidlo.” (1 Reyes 3:26) “Esperé quien se compadeciese de mí y no lo hubo; consoladores y ninguno hallé ... Pusiéronme además hiel por comida y en mi sed me dieron a beber vinagre.” (Salmo 69:20,21) Esto hicieron con el Señor; lo mismo fue con Esteban; Hechos 7:55-60. Los pequeños inconvenientes escandalizan a los vanos. Por eso muy pocos llegan a “resistir hasta la sangre combatiendo contra el diablo.” (Hebreos 12:4)

“Y parte cayó en espinas, y subieron las espinas y la ahogaron y no dio fruto.” v. 7.

            Aquí parece que la semilla nació y creció en poco pero no llegó a dar frutos porque los abrojos crecieron y taparon la planta. Faltó la vigilancia. Los enemigos vienen de los lados; monte no arrancado. El mundo ocupa los cuatro ángulos del corazón: ahogados de los cuidados, comodidades temporales de pecado, los pasatiempos temporales del pecado, los pasatiempos en la molicie, el amor al dinero.

            Los frutos son del mamón o lechosa “macho.” Esta clase de árboles florea, pero los frutos se consumen en ellos mismos. “Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo.” (Filipenses 2:21) Esta semilla llega un poco más hondo, hasta el intelecto del hombre; su capacidad se desarrolla en los negocios de esta vida para su propio placer y prosperidad temporal.

            Hermanos, las plantas dañinas no se podan; se arrancan. De otra manera van a entretejer sus raíces como lo hace la cizaña entre el trigo. Saúl destruyó lo vil y lo flaco, y perdonó lo grueso y bueno de Amalec con la simulación de ofrecerlo en sacrificio a Jehová, pero la sentencia fue: “Tu desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.” (1 Samuel 15:23)

 

“Y parte cayó en buena tierra y dio fruto que subió y creció.” v. 8

            He aquí la palabra que cae en un corazón ejercitado. Lo primero que reconoce el creyente es que es plantío o labranza de Dios, que toda la sabia y la vida viene de Dios. El creyente viene a ser también “árbol plantado junto a arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae.”

            Da y vuelve a dar porque la fuente es Dios. Dice un proverbio: “El que da pronto, da dos veces.” De las mujeres que siguieron al Señor y a sus discípulos, primero oyeron el evangelio, creyeron en el Señor, fueron curadas de malos espíritus y luego le servían de sus bienes. (Lucas 8:1-3) Pablo en seguido que creyó dijo: “Señor, ¿qué quieres que haga?” y toda su vida fue un caudal de frutos para el Señor.

            Ojalá le demos más atención y cabida a la Palabra del Señor, que, si diéramos fruto a treinta, el Dueño de la viña nos regaría más con su bendición para que lo demos a sesenta.

LOS CUATRO CÁNTICOS DE MOISES

 La vida de Moisés se divide en tres lapsos de cuarenta años cada uno. A los tres meses de haber nacido, fue puesto por su madre en una arquilla a la orilla del río, donde fue descubierto por la princesa de Egipto. “Y he aquí que el niño lloraba”, Éxodo 2.6. Su vida empezó con lloro, pero terminó con canto, y tal es la experiencia de todo verdadero creyente: empieza la vida espiritual con lágrimas de contrición y arrepentimiento, pero termina con la nota triunfante al entrar en la presencia de su Señor.


Éxodo 15

“Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová ...” En este capítulo encontramos el canto de salvación, en el que Moisés le atribuye a Dios toda la alabanza y gloria por la aplastante derrota de todos sus enemigos. La redención de Israel empieza en el capítulo 12 del Éxodo, cuando fueron salvos por la sangre del cordero. Ahora, al cruzar el Mar Rojo ese pueblo experimenta la salvación por el poder omnipotente de Dios.

            En cuanto a nosotros los creyentes, fuimos redimidos de la culpabilidad por la sangre de Cristo y rescatados del poder de Satanás por el poder de Cristo. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8.36. Este poder es por la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, del cual el bautismo es un símbolo. “Somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”, Romanos 6.4.

            En Hebreos 11.29 hay una referencia breve al cruce del Mar Rojo como un acto de fe, pero triste es notar que después hubo un período largo sin ningún otro acto de fe de parte de Israel, hasta la conquista de Jericó bajo Josué. Ese lapso en la historia de la nación abarca todas las peregrinaciones desde el Mar Rojo hasta el Jordán.

            Muchas referencias hay a la incredulidad durante aquellos cuarenta años, pero muy pocas a la fe de parte de Israel. En 1 Corintios 10 el apóstol da a entender la lección solemne: “De los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros ...” En Hebreos 3.19 se revela la causa de todo: “No pudieron entrar a causa de la incredulidad”.

            La iglesia de los tesalonicenses tuvo un buen principio y un testimonio ejemplar, de suerte que el escritor habla de la obra de su fe, el trabajo de su amor y la constancia en la esperanza en el Señor Jesucristo. Sin embargo, estando ausente, manifestó cierta preocupación al escribirles, deseando saber algo en cuanto a su progreso espiritual.

En el capítulo 3 de su primera epístola, él hace cinco referencias a la fe de aquellos cristianos, que es una parte integral de la vida nueva en Cristo:

 

·         confirmaos respecto a vuestra fe

·         informarme de vuestra fe

·         buenas noticias de vuestra fe

·         consolados ... por medio de vuestra fe

·         completemos lo que falte a vuestra fe

           

            En la armadura del soldado de Cristo hay lo que Efesios llama el escudo de la fe, y Tesalonicenses, la coraza de la fe. Es para proteger el corazón en la batalla. Cuando los gladiadores luchaban en la arena de Roma y otros centros, usaban el escudo para la defensa y la espada para el ataque; al verse uno vencido, no queriendo seguir la pelea, tiraba su escudo en el suelo.

            En 1 Timoteo hay una referencia a dos hombres, Himeneo y Alejandro, que en un tiempo tenían testimonio como creyentes, quienes “naufragaron en cuanto a la fe”. El escritor le exhorta a Timoteo, en cambio, a seguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre, peleando la buena batalla de la fe y echando mano de la vida eterna.

Salmo 90

Este salmo es una “oración de Moisés, varón de Dios”. La célebre oración bien merece su lugar en el libro de Salmos como un cántico con que alabar y adorar a Dios. El alma del autor se acerca a Dios, reconociendo su grandeza, Creador de todo, eternamente el mismo en contraste con los hombres que son como la hierba que en la mañana florece y crece, pero a la tarde es cortada y se seca, 90.5,6.

            La oración termina con seis peticiones entre los versículos 12 y 17:

            Enséñanos Dios cumplió este ruego de Moisés en cuanto a él personalmente en darle un conocimiento maravilloso, no sólo capacitándole para la obra estupenda de llevar a Israel por cuarenta años a través del desierto, sino también para escribir los libros del Pentateuco. Esto es lo dicho en Colosenses 1.9: “Llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual”.

            Vuélvete Aquí Moisés está intercediendo por el pueblo de Dios, pidiendo restauración de corazón.

            Sácianos Él solicita la misericordia divina, y promete que habrá un resultado: “Cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días”. No sería una alegría pasajera, sino una obra duradera.

            Aparezca ¿Cómo se puede efectuar esta transformación en nosotros? “Aparezca en tus siervos tu obra”. La contesta está en 2 Corintios 3.18: “Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.

            Sea la luz Esta petición por la luz de Jehová sobre cada uno nos hace pensar en 1 Tesalonicenses 5.5: “Todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día”. Si andamos en luz, como el Señor está en luz, tenemos comunión”, es la regla de 1 Juan 1.7.

            Confirma La petición es: “La obra de nuestras manos confirma sobre nosotros”. Lo que hacemos independientemente de Dios no le traerá gloria a él, pero lo que hacemos en sujeción a la voluntad suya, y en el poder del Espíritu, llevará el sello de su aprobación. Y, recibirá su recompensa en el tribunal de Cristo: “... para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”, 2 Corintios 5.10.

Deuteronomio 31 y 32

“Este día soy de edad de ciento veinte años; no puedo más salir ni entrar ... Ahora, pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel ...”

            Dios estaba por enterrar a su siervo, y en la ocasión de su cumpleaños Él le enseña un cántico doctrinal, queriendo que su palabra permanezca con su pueblo. La peregrinación por el desierto había comenzado con el cántico al lado del Mar Rojo, y ahora terminaría con otro cerca de la ribera del Jordán. Así debe ser con nosotros: no obstante, las pruebas y las penalidades, el gozo del Señor es nuestra fortaleza y el fin está asegurado.

El cántico encierra el aspecto doble de la doctrina de la fe: lo celestial en 32.1,2, y lo terrenal en el resto. En los primeros dos versículos Moisés exclama que su enseñanza vendrá de arriba. Luego, él procede a lo relacionado con el comportamiento del pueblo de Dios y sus responsabilidades terrenales. Vemos esta división en la Epístola a los Efesios, por ejemplo, donde hay tres capítulos de doctrina, con el creyente en los lugares celestiales y bendecido con toda bendición espiritual, seguidos ellos por tres capítulos que se ocupan mayormente de enseñanza en cuanto al andar y la vida del creyente en el mundo.

Moisés habla en el 32.2 de las distintas formas en que la tierra será refrescada:

 

(1) “Goteará como la lluvia mi enseñanza”. La verdadera doctrina apostólica desciende de lo alto y no es producto de la inteligencia ni la emoción humana.

(2) “Destilará como el rocío mi razonamiento”. El maná en el desierto descendía por la mañanita con el rocío, hablándonos de la gracia de Dios en suministrar alimento espiritual. Cuando el creyente pierde su oportunidad de conseguir alimento para su alma en la mañana, es capaz de andar con el alma vacía durante el día entero.

(3) “Como la llovizna sobre la grama”. Hay grados en el suministro por el Espíritu a los creyentes. Algunos tienen capacidad de asimilar la Palabra más fácilmente que otros; hay los que necesitan la leche espiritual, mientras otros exigen vianda fuerte. En la restauración de Pedro, el primer paso fue en cuanto a su propio amor por el Señor — ¿Me amas más que éstos? — y el segundo fue en cuanto al pastoreo del rebaño, empezando por los corderos. Muy pronto habría un rebaño de tres mil corderos.

(4) “Como las gotas sobre la hierba”. Lo que parece cosa insignificante puede contribuir, en la mano de Dios, al bien nuestro en refrescar el espíritu. Cinco palabras dirigidas por el Espíritu pueden más que un sermón largo dado en la energía de la carne.

            El cántico hace referencia cinco veces a Cristo como la Roca: “Él es la Roca, cuya obra es perfecta”, 32.4 [Israel] “menospreció la Roca de su salvación”, 32.15,18. “¿Cómo podría perseguir ... si su Roca no los hubiese vendido?” 32.30. “La roca de ellos [los enemigos] no es como nuestra Roca”, 32.31 El contraste en el cántico está entre la Roca y la idolatría, y en la doctrina apostólica lo hay entre Cristo y todo ataque de hombre o diablo. Él es “como sombra de gran peñasco en tierra calurosa”, Isaías 32.2, y por esto le seguimos

con la sencillez que está en Cristo.

Apocalipsis 15

“Los que habían alcanzado la victoria ... cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado”. 15.2 al 4

            El canto de Éxodo 15 es el primero en la Biblia y éste, el de Moisés y del Cordero, es el último. Grande será el honor para Moisés, muerto y enterrado durante miles de años antes de que el Cordero fuese inmolado, cuando su cántico sea vinculado con el del Cordero sobre aquel mar de vidrio en el cielo, donde estarán los miles de mártires que habrán salido de la gran tribulación.

            ¡Qué diferencia entre la escena a las orillas del Mar Rojo y la reunión gloriosa en las regiones celestiales! Nos hace recordar lo que éramos y dónde estábamos, y lo que seremos y dónde estaremos en aquel día cuando Cristo venga a buscar los suyos.

NUESTRO INCOMPARABLE SEÑOR (3)

 III — El nacimiento virginal de Cristo


            La distintiva del cristianismo es su doctrina de la encarnación de Dios con miras a la redención. Es un concepto asombroso que escapa de un todo el poder de descubrimiento del hombre, y mucho menos puede él encontrarlo por coincidencia.

            De que el Creador eterno entre al mundo de su propia hechura, en forma y naturaleza de su criatura, el hombre, todo con el fin de redimir a éste, es divinamente maravilloso, aun si uno lo considera sólo como un planteamiento. De que en el hombre Cristo Jesús la naturaleza divina fuera encarnada, es un elemento esencial y fundamental de la fe cristiana. Así afirma la gran frase del apóstol Juan, “Aquel Verbo fue hecho carne”.

            Si se lograra excluir este hecho vital del esquema cristiano, quedaría poco que amerite ser retenido. William Ramsay dijo acertadamente: “El resultado demuestra claramente que en los muchos intentos que se han hecho de suprimir lo suprahumano y divino de la vida de Jesucristo como está expuesta en los Evangelios, en la medida en que uno piensa hacerlo, en esta misma medida la sustancia desaparece”.

            La venida a nuestro mundo de una persona divina en humanidad exige que su entrada esté acorde con semejante maravilla sobrenatural, y cumple con esta demanda la historia en el Nuevo Testamento del nacimiento singular de Jesús de una dama virgen. La venida de Cristo es dominante en la historia bíblica. Juan el Bautista, el último de los profetas de la Ley, sintetizó el mensaje del Antiguo Testamento cuando exclamó al lado del Jordán: “Viene uno”.

El linaje

Las genealogías del Antiguo Testamento señalan de manera significativa el advenimiento de éste que había de venir. Al abrir el Nuevo Testamento nos encontramos leyendo una genealogía no muy diferente a las del Antiguo, salvo que sigue hasta su meta y termina en Jesucristo. Él es el cumplimiento de las esperanzas despertadas por las promesas proféticas. Le tenían a él en vista todas las generaciones que se extienden desde Abraham a través de David y hasta la apertura de nuestra era. Cristo es la meta de la historia.

            Otra genealogía nos espera en las primeras páginas del Evangelio según Lucas (3.23 al 38). Es única entre las genealogías bíblicas por las características de no moverse con la corriente del tiempo, sino proceder hacia atrás, pasando por David y Abraham, llegando hasta Adán y a Dios, con la finalidad de demostrar que aun en la creación los propósitos de Dios miraban hacia Jesucristo.

            La genealogía dada por Mateo precede la historia del nacimiento, conforme al propósito del escritor de manifestar que Jesús es el cumplimiento de la promesa profética. La genealogía dada por Lucas, en cambio, sigue la historia del nacimiento, conforme con el pensamiento que Jesús es la clave a los propósitos de Dios en la creación del hombre.

Los relatos

Estos dos evangelistas, Mateo y Lucas, son los testigos principales de la verdad del nacimiento virgíneo. Por cierto, no se cita a otro, de manera que es sólo por su testimonio que tenemos información sobre cómo Jesús entró al mundo. La ley bíblica sobre la suficiencia de un testimonio es que el de dos hombres es verdadero (Juan 8.17). Para el que objeta, preguntando por qué sólo dos testimonios sobre la entrada de Jesús en el mundo, la respuesta es: ¿Y cuántas veces hay que decir algo para que llegue a ser cierto? Dos testigos ampliamente confiables ofrecen relatos que concuerdan en todo detalle esencial. “En boca de dos o tres testigos conste toda palabra”. (Mateo 18.16)

            El lector de los dos relatos (Mateo 1.18 al 25 y Lucas 1.26 al 35) notará de una vez que son independientes, corroborantes y complementarios. Difieren de tantas maneras que es obvio que son obra de testigos diferentes. Conforme han fracasado todos los esfuerzos para compilar una armonía completamente satisfactoria entre el texto de los cuatro Evangelios, aquí también con estas dos historias hay características divergentes que indican fuentes independientes y ponen de manifiesto que cada evangelista contaba con su propio punto de vista. Pero, aun así, es verdad que los dos relatos coinciden en todo detalle de una importancia relativa.

            El uno, dijimos, corrobora al otro. Tanto Mateo 1 como Lucas 1 y 2 testifican que el nacimiento se produjo en los postreros días de Herodes el Grande, que la concepción fue obra del Espíritu Santo, que la madre era virgen, que José su comprometido era de la línea de David, que fue avisado de Dios que las circunstancias relacionadas con la condición de María eran únicas, y que por consiguiente asumió custodia del niño. Ambos dicen que éste fue nombrado Jesús y declarado ser Salvador, que el alumbramiento fue acompañado de revelaciones y visiones, que sucedió en Belén, y que posteriormente José y María moraron en Nazaret.

            Además, los dos relatos complementan el uno al otro. Mateo narra la historia desde el punto de vista de José. Él cuenta del susto que experimentó éste al tener conocimiento de la condición en que estaba María, de la acción que resolvió tomar, la revelación que Dios le dio por sueños de la maravillosa causa del evento que estaba por consumarse, que él tomó a María como esposa y luego asumió su deber de protector del niño. María no tiene lugar en la historia excepto en su relación con José y como madre del niño que estaba bajo la custodia de este. En Mateo los mensajes angelicales están dirigidos a José y él asume el papel predominante en la huida a Egipto y el regreso a Nazaret.

            Con igual claridad Lucas cuenta la historia desde el punto de vista de María. José entra en la narración sólo como la persona con quien ella tenía compromiso de casarse. La narración gira en torno de ella. La historia de Zacarías y Elizabet introduce la Anunciación, que resulta ser dirigida a María. Se registra la respuesta inspirada que dio, el Magníficat. De las circunstancias del nacimiento y la visita de los pastores se dice que ella las “guardaba, meditándolas en su corazón”. Él anciano Simeón le dirige a ella sus palabras. Es la historia como María la podía contar.

            Sólo José y María conocían los detalles íntimos. Si las historias evangélicas fueron escritas con base en información recogida (y los primeros versículos del libro de Lucas dan a entender que así fue) uno de estos dos ha tenido que suministrarla. Este hecho explica el enfoque circunstancial y la casta delicadeza con que se expone la historia.

Silencios y alusiones

¿Por qué guardan silencio sobre el nacimiento virginal los demás escritores del Nuevo Testamento? Aun cuando el testimonio de los dos evangelistas satisfizo el requerimiento en cuanto a testigos, es digno de consideración el hecho de que los demás evangelistas hayan guardado silencio sobre una cuestión de tanta importancia.

            ¿Por qué no dice nada Marcos? Porque le ocupan sólo aquellos hechos que caen dentro del testimonio apostólico. Su tarea es la de presentar a Jesús como el perfecto Siervo de Jehová. ¿Qué siervo se destaca por su genealogía? ¿Quién se interesa por las circunstancias del nacimiento de un sirviente? La pregunta que viene al caso de un siervo es que, si es capaz de trabajar, y por esto Marcos se dirige de una vez a la historia de Jesús en su bautismo por Juan, el comienzo de servicio público.

            En todo su Evangelio Marcos está mostrando al Señor como el trabajador incansable, y su última palabra es que aún ahora Él está a la derecha de Dios obrando por intermedio de sus siervos mientras ellos predican aquí, y confirmando esto con señales, Marcos 16.20. Nada dice Marcos acerca del nacimiento virgíneo porque ese testimonio está fuera del propósito suyo al escribir.

            ¿Y qué del otro evangelista, Juan? Es la divinidad del Señor, que le interesa a Juan, quien declara en el 20.31 que su propósito es presentar a Jesús como el Hijo y el Mesías. Al escribir de la Encarnación, dice, “y aquel Verbo fue hecho carne”, sin explicar cómo.

            Hay acuerdo general en que él escribió unos cuantos años después que sus tres colegas y que evitó en lo posible repetir lo que ellos habían registrado. Es muy probable que haya conocido bien el contenido de los Evangelios de Mateo y Lucas. ¿Y contradice sus testimonios sobre el nacimiento de Jesús? María había sido puesta bajo la custodia de Juan por nuestro Señor cuando le habló desde el árbol de la cruz. ¿Ella ha podido guardar silencio si había algo que negar en lo que Mateo y Lucas habían escrito?

            ¿Y Pablo? Él confía en la muerte y resurrección del Señor, ya no en su nacimiento y vida, como pruebas de que Cristo era Dios y el Mesías. Pero aun así se nota un cuidado deliberado y una elección cuidadosa de las palabras que emplea en sus epístolas al hacer referencia al nacimiento de Jesús. Por ejemplo, en Gálatas 4.4 al decir, “nacido de mujer”, el apóstol no emplea la palabra común, gennao, para “nacer”, como se ha podido esperar. No; él emplea ginomai - “semejante a los hombres”.

            Aseguradamente hay un eco de Lucas 1.35 (“El Espíritu Santo vendrá sobre ti”) en Romanos 1.4, donde Pablo habla de la ausencia del pecado en Jesús: “... declarado Hijo de Dios ... según el Espíritu de santidad”, como también por su resurrección. Y cuando Romanos 5 pone en contraste a Adán y Cristo, reinando la muerte por el uno y la vida por el otro, ¿no se nos dice algo de un nacimiento distinto a aquel de la prole de Adán?

            Se puede afirmar confiadamente que el nacimiento virgíneo de nuestro Señor no es cuestionado por ningún escritor del Nuevo Testamento, y que, al contrario, hay diversas evidencias de que estos autores tenían conocimiento de los hechos atestiguados y los aceptaban.

Profecías

            Por cuanto Cristo es el centro de la historia bíblica, es razonable buscar confiada-mente en las escrituras proféticas algún indicio de la manera en que Él nacería.

            Mateo encuentra una referencia en Isaías 7.14 y la cita en su relato del naci-miento, 1.23: “Una virgen concebirá y dará a luz un hijo” ... Él retrocede en el tiempo y con su tea de conocimiento de Cristo emplea el Antiguo Testamento para leer el intento del Espíritu inspirador de mostrar la perpetuidad de la línea de David asegurada a través de la virgen. Se ha protestado que el vocablo almah no encierra plenamente el sentido de nuestra palabra “virgen” sino que significa una persona joven de una edad de casamiento. Es verdad.

            Es igualmente cierto, sin embargo, que, en la Versión de los Setenta, una traducción de las escrituras hebraicas de la cual nuestro Señor citaba a menudo y que el Nuevo Testamento emplea con frecuencia, la palabra es traducida “virgen”. Martín Lutero retó a judío y a cristiano probar que en cualquier pasaje de la Biblia almah quería decir una mujer casada, prometiendo al descubridor un premio de cien florines, y añadiendo en su manera tosca de hablar: “Sólo Dios sabe dónde voy a encontrar el dinero”.

            Lo esencial no es qué quería decir Isaías cuando escribió sino qué señalaba el Espíritu de Cristo que estaba en él al dirigirle a decir: “He aquí, que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Cualquiera que haya sido el cumplimiento parcial y contemporáneo de las palabras, su sentido y cumplimiento a la postre se vieron en Belén.

            También es escogido cuidadosamente el lenguaje de otros escritores proféticos en vista del nacimiento singular del Salvador. No es por nada que la palabra que está puesta a la cabeza de la profecía hablará de “la simiente de la mujer”, Génesis 3.15; que Isaías haya predicho un niño nacido además de un hijo dado, 9.6; y, que Miqueas, al especificar a Belén como el lugar designado para la Natividad, se expresará de esta manera: “De ti me saldrá el que será Señor en Israel, y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”, 5.2. Estas últimas palabras muestran que al estar involucrado una cosa tan estupenda como “Dios manifestado en carne”, era de esperarse un procedimiento singular para llevarlo a cabo.

Salida y entrada

Y, por cierto, era maravilla única, por cuanto este nacimiento no era, como en los nacimientos ordinarios, la creación de una nueva personalidad, sino la entrada en una nueva modalidad de existencia de parte de una Persona divina. Era nueva, sin precedente, la “salida” de Uno cuyas salidas databan desde siempre, desde la eternidad. Esta “salida” exigió el milagro expresado en el lenguaje tan cuidadoso de Lucas 1.35. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”

La Trampa de las Transgresiones Toleradas (3)

La Hipocresía 


La etiqueta nunca ha sido halagadora. El Señor reservó sus palabras más fuertes para los hipócritas. Ellos eran farsantes, con una máscara para ocultar su verdadera identidad. Su apariencia súper santa no era un verdadero reflejo de sus corazones.

            ¿Sería posible que tal título se pueda referir a verdaderos creyentes? Uno pensaría que es un tema para los escribas y fariseos, para los enemigos de Cristo y su Evangelio, y para los falsos creyentes y herejes. Pero, ¿creyentes genuinos? ¿Hipócritas? ¿De veras?

            Aquí hay una realidad difícil, pero bíblica: la simiente de la hipocresía yace en el corazón de todo creyente genuino. ¿No lo cree? Lea con cuidado Gálatas 2. Es la historia del fingimiento de Pedro que llevó a la hipocresía de muchos verdaderos creyentes, incluyendo a Bernabé. Sí, escuchó bien. Pedro, el apóstol, el varón que se puso de pie y predicó a miles en el Día de Pentecostés se vio envuelto en la hipocresía.

            Si Pedro, Bernabé y muchos creyentes judíos en Antioquía podían portarse de esta manera, parece obvio que el peligro aún se nos puede presentar a nosotros también. Los asuntos de hoy día pueden ser diferentes, pero fingir sigue siendo algo real.

            No era la primera vez que Pedro se ponía una máscara. En las sombras de la cruz él ocultó su verdadera identidad y negó cualquier vínculo con el Señor. En aquel incidente, y en los eventos de Gálatas 2, el motivo de la hipocresía era el mismo —el temor del hombre mezclado con la falta de devoción a la verdad, y la dependencia de Cristo.

            Cuando Pedro visita Antioquía, ya ha estado de acuerdo en que tanto judíos como gentiles tienen que acercarse a Dios sobre el mismo funda­mento de fe en Cristo únicamente. Ha establecido que los judíos y los gentiles tienen la misma posición en Cristo, y que nada se debería añadir (Gá 2.6).

            Luego llegan algunos hombres a Antioquía con buena posición social e influencia. Estos hombres creían enfáticamente que había varios niveles en el cristianismo. Argumentaron que las tradiciones judaicas agregaban valor, en alguna forma, al cristianismo. Estaban orgullosos de su herencia judía, y la querían preservar, aun en el contexto de la comunidad cristiana.

            En el momento en que entraron por la puerta, el comportamiento de Pedro cambió. “Se retraía y se apartaba” (2.12) de los creyentes gentiles de “menor clase”. ¿Por qué? Quería impresionar a los del “partido de la circuncisión”, y tenía mucho miedo de ser excluido y rechazado por los que él veía como respetables. El temor del hombre lo había atrapado y no estaba dispuesto a pagar el precio de la verdad.

            Algunos podrían considerar que la reacción de Pablo fue algo extrema. ¿Realmente valió la pena? Esto podía haber dividido severamente a los cristianos. La respuesta enérgica y pública a la hipocresía de Pedro hace que nos preguntemos: ¿De veras es la hipocresía un asunto tan serio? Pablo explica lo serio que era el asunto. Él vio que “no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio” (2.14). Su preocupación no estaba enfocada en la hipocresía, sino en las consecuencias de ella. ¡Estaban distorsionando el Evangelio! Esta era su preocupación en la carta a los creyentes gálatas. Él contó esta historia para mostrar la manera tan sutil en que la hipocresía puede llevar a “un evangelio diferente”.

            Cuando nos encontramos consumidos por todos los asuntos pequeños en los cuales los cristianos se enfocan, tenemos que preguntarnos algo básico. ¿Cómo afecta la consecuencia de este asunto la verdad del Evangelio? Cuando intentamos dar la impresión de que somos cristianos de “mejor calidad” debido a nuestra conducta o tradiciones, no estamos solamente poniéndonos una máscara. Podríamos estar cayendo en el peligro de distorsionar el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

            En la respuesta pública de Pablo a Pedro, que sigue hasta el final del capítulo 2, queda absolutamente claro que nuestra manera para acercarnos a Dios es por medio de Jesucristo, y nada más. Llegamos a Dios por medio de Cristo, ¡y punto! Somos aceptos delante de Dios solo en Cristo. Cualquier cosa que se agregue distorsiona y niega el Evangelio. La seriedad de eso es evidente en Gálatas 1.6-9. Nuestras acciones y estilos de vida tienen tanto peso como nuestras palabras.

            El llamado de Dios en nuestras vidas es a vivir y comunicar el Evangelio sin hipocresía. Aunque Pedro nos enseña lo que debemos evitar, Pablo nos da un ejemplo a seguir. Hay tres factores que definen las acciones de Pablo. El primero lo deja en claro en el capítulo 1, donde explica que su aspiración no era buscar la aprobación de los hombres, sino la de Dios. Servía a Cristo. Por lo tanto, lo que los hombres pensaban o decían no tenía ningún efecto sobre él.

            En segundo lugar, su amor y reverencia hacia la verdad definían todo lo que hacía y decía. Él vivía una vida centrada en el Evangelio. Sus acciones fueron definidas por la “gracia de Dios” (2.21), y él no iba a invalidar esa gracia al vivir una vida basada en el comportamiento. Su interés era que su vida reflejara una verdad más grande que él.

            Estos dos factores no son suficientes. ¿De dónde viene la fuerza para vivir así? Después de señalar el daño causado por la hipocresía de Pedro, Pablo señala el verdadero poder que hay detrás de una vida enfocada en el Evangelio (2.19-20). Aunque la vida basada en el comportamiento depende de la fuerza humana para lograr cierta posición y recompensa, una vida centrada en el Evangelio niega cualquier logro o poder humano. Su único poder se encuentra en “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

            No logramos la aprobación de Dios por nuestra buena conducta. Se logra por el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Sin Él no tenemos nada, y no podemos hacer nada. Con Él, se nos ha dado todas las cosas, y en una vida vivida “en la fe del Hijo de Dios” Él recibe toda la gloria.

Preguntas y Respuestas

 


¿Quién dice la Biblia que es el que bautiza con el Espíritu Santo?

àLa Biblia dice que es el Señor Jesucristo el que bautiza con el Espíritu Santo (Jn 1:33).

2. El Señor Jesucristo dijo a sus discípulos que cuando Él se fuera enviaría el Espíritu Santo para que estuviera con ellos de un modo en que no había estado antes. Cite un versículo al efecto.

àJn 16:7: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré».

3. ¿Dónde dijo el Señor que estaría el Espíritu Santo cuando viniera a la tierra? y ¿por cuánto tiempo permanecería con los creyen­tes?

àEl Señor Jesús dijo que el Espíritu Santo estaría EN los creyentes, y estaría con ellos para siempre (Jn 14:16,17).

4. Cite un versículo que nos diga que los creyentes no podían recibir el Espíritu Santo hasta que el Señor Jesús fuera glorificado, esto es, hasta que Él hubiese consumado la obra de redención, hubiese resucitado de entre los muertos y volviese al cielo como Hombre.

àJn 7:39: «Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado».

5. ¿En qué ocasión en la vida del Señor Jesús mandó Él a Sus discípulos esperar en Jerusalén la promesa del Padre, y les dijo que serían bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de aquellos?

àDespués de Su resurrección y antes de Su ascensión al cielo (Hch 1:4, 5).