sábado, 16 de abril de 2022

Y mi Viña que era mía no guardé

 


Cantar de los Cantares 1:6

            Suele suceder que los jardineros profesionales descuidan sus propios jardines, aunque pasan la vida cuidando los de otros. No debe ser así; nuestra propia viña debería ser ejemplar.

            Tú que trabajas diligentemente con esperanza de ver los frutos del Espíritu en otras viñas o sean otras vidas, ¿Estas cuidando tu propia viña? ¿Ven los otros esos frutos preciosos en la vida tuya? ¿Es ejemplar tu viña? “Sé ejemplo de los fieles en pala­bra, en conversación, en caridad, en espíritu, en fe en limpieza” 1 Ti. 4,12.    

            No importa cuántos años hemos sido creyentes y siervos de Cristo, tenemos que velar por nuestro pro­pio bienestar espiritual. El ser negligentes en la ora­ción privada o en alimentarnos de la Palabra de Dios siempre trae fracaso. Por esa razón los príncipes y sacerdotes no fueron capaces de cuidar la viña, o sea a Israel el pueblo de Dios, porque no cuidaron sus pro­pias viñas y su servicio vino a ser formal y estéril.

            Hay creyentes que se imaginan que su natura­leza vieja está completamente erradicada, raíz y rama, pero están tristemente equivocados

            Tomemos una lección del cultivo dé las rosas. Los jardineros nunca pueden descuidar los rosales. Injertan vástagos de rosales finos y hermosos en rosales silvestres. Si no los velan constantemente y no usan medidas drásticas con ellos, Jn, 14,1, 2 cuando salen los retoños nuevos, el rosal silvestre predomina y prospera, y el vástago que debiera dar rosas hermosas se revierte al tipo viejo y silvestre.

            Así, la naturaleza vieja en nosotros, cuando no está mantenida en el lugar de la muerte, usando el cuchillo (la Palabra de Dios), y por la presencia del Espíritu, puede brotar de nuevo y dominar completa­mente nuestras vidas, evitando la producción de los frutos del Espíritu. He 4.12.

            Si te hayas en esta condición, haz al Señor la misma confesión, con corazón contrito y humillado: Mi viña, que era mía, no guardé”, entonces estarás en condición de obedecer este mandato del Señor: Hijo, ve hoy a trabajar en Mi viña” Mt, 21.28.

Tr, por M. de K.

Contendor por la fe, N° 53 y 54 de 1944

Nuestras Preocupaciones

 

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de... los afanes de esta vida”.            Lucas 21:34


            Queridos hermanos, verdad es que las tareas y preocupa­ciones de la vida acaparan muchas veces nuestros pensa­mientos, invaden nuestros corazones y nos impiden ocuparnos debidamente de la bendita persona de nuestro Señor. Sin embargo, sabemos que nuestras preocupacio­nes no producen ni cambian en nada las cosas. No nos dan tranquilidad ni descanso alguno, sino más bien todo lo contrario: son causa de turbación para nuestros corazo­nes. “¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afa­ne, añadir a su estatura un codo?” (Mateo 6:27).

            Las preocupaciones que nos abruman son, en realidad, una falta de fe; nos arrastran a buscar la ayuda en los recursos humanos, estimulan nuestra voluntad propia y así nos van apartando de la senda estrecha y de la depen­dencia del Padre, único fundamento de la bendición.

            “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios” (Salmo 42:5). Esperar en Dios, con­tar con Él, es lo único que puede darnos la paz y la tran­quilidad. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3). “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Isaías 30:15). “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová” (Jeremías 17:7).

            ¡Las preocupaciones! ¡Las tareas! ¿Sabemos abandonar­las cuando vamos a las reuniones? La menor, la más leve preocupación basta para turbarnos en el culto y la adora­ción e impedir que gocemos plenamente de la presencia del Señor. Muchas veces las preocupaciones de esta vida son precisamente un estorbo en el servicio que tenemos el privilegio de cumplir para el Señor. “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41-42). ¡Qué momentos más preciosos para nosotros cuando, teniendo los corazones libres de toda molestia, podemos estar a los pies del Señor, pensando únicamente en Él!

            ¡Qué gozosa tranquilidad experimentaremos en nuestra vida y aún más en los días sombríos, si podemos exclamar con el salmista al empezar el día: “Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Salmo 5:3)! Esperemos, pues, confiadamente su respuesta a nuestras oraciones. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulacio­nes” (Salmo 46:1).

            El no tener preocupaciones por las cosas de esta vida por­que confiamos en el Señor, nos proporciona gozo y paz. El apóstol Pablo, al exhortar a los Filipenses a que se gozaran en el Señor, les recomendaba que no se inquie­taran por nada. ¿Cómo hubieran podido gozarse estando llenos de preocupaciones y congojas? Si alguna cosa les preocupaba, o algún peso oprimía su corazón, debían librarse de tales cargas presentándolas al Señor en sus oraciones. “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vues­tros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:4-7).

            ¿Acaso no hemos experimentado un profundo y consola­dor alivio cuando, arrodillándonos en la presencia del Señor, hemos entregado todos nuestros afanes, preocu­paciones y necesidades en su mano? Y, después de haberlo realizado, ciertamente hemos experimentado el gozo de esta paz de Dios, que sobrepasa todo entendi­miento y guarda los corazones y los pensamientos en Cris­to Jesús, el único manantial de paz y verdadero gozo.

            Si volvemos la vista al pasado, y recordamos las experien­cias vividas, ¡cuánto tiempo perdido, disipado en afanes e inquietudes por el día de mañana! “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:34).

            Lo que necesitamos es la fe, aquella fe que tuvo Abraham. ¡Qué ejemplo de confianza para nosotros, cuando Dios le pidió que sacrificara a su hijo, objeto de su amor, en el cual se fundaban las promesas! Sin temor obedeció y entregó a su hijo diciendo: “Dios proveerá”.

            A lo largo de la Palabra de Dios leemos acerca de la fe de un gran número de testigos (Hebreos 12:1-2). Sigamos su ejemplo, dejando las preocupaciones y las cargas que nos oprimen; así estaremos libres para correr con paciencia la carrera que nos es propuesta, puestos los ojos en Jesús. El apóstol Pedro nos exhorta a echar sobre Dios todas nuestras preocupaciones, pues Él tiene cuidado de noso­tros; y al mismo tiempo nos muestra en qué disposición de espíritu debemos hacerlo: revestidos de humildad los unos para con los otros (1 Pedro 5:5, 7).

            Sepamos comprender lo que dice David en el Salmo 62:1: “En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación. Él solamente es mi roca y mi salvación, no res­balaré mucho”. Sí, en Dios solamente, Dios nuestro Padre, quien nos salvó, nos ama y sabe mejor que nosotros lo que necesitamos. Él hace que todas las cosas concurran para el bien de los que le aman, y nos declara que aun los cabe­llos de nuestra cabeza están todos contados (Romanos 8:28; Lucas 12:7).

            El gozo y la paz serán nuestra porción, y podremos seguir caminando serena y tranquilamente, con corazones rebo­sando de gozo en el Señor.

Tomado del Folleto PARA TODOS 08/2013

MEDITACIÓN

 

EL INSONDABLE AMOR DE DIOS


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. (Juan 3:16)


Probablemente, este versículo es uno de los más conocidos en toda la Biblia. Sin embargo, ¡cuán poco se comprende! ¡con qué facili­dad pasamos la expresión “de tal manera”. ¿Qué significó para Dios dar a su Hijo? ¿Qué significó para Dios el cargar sobre Él, que no conoció pecado, la iniquidad de todos nosotros, o hacerlo pecado por nosotros? Diariamente, Jesús fue su delicia, tanto en el cielo como en la tierra, y, sin embargo, Jehová quiso quebrantarlo. ¿Qué significó para Dios el levantar la espada contra "el Pastor, y contra el Hombre compañero mío” (Zac. 13:7), o desamparar al Señor Jesús durante las tres horas de tinieblas en la cruz?

La historia de la relación de José con su padre nos da algunos destellos de la relación de Dios el Padre y Dios el Hijo. Jacob le había dado a José una túnica de diversos colores a causa del amor especial que le tenía. Cuando los hermanos de José le mostraron a su padre la túnica que le habían quitado a José, y que habían teñido con sangre para simular que José estaba muerto, ¿no fue esto una forma de burlarse de su padre y de esta relación particular que había entre ambos? ¿No fue un desafío similar el que se le presentó a Dios en la cruz, cuando los hombres dijeron del Señor: “Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios” (Mt. 27:43)? ¿Qué significó para Dios el dejar a su Hijo en la cruz para enfrentar tal desafío?

Solo hay unos pocos pensamientos que pueden ayudarnos a entender esta frase: “Porque de tal manera amó Dios al mundo". Cuando meditemos en esto, ¡dejemos que nuestros corazones se eleven en alabanza y adoración a Dios nuestro Padre! Unámonos al apóstol Pablo y digamos: “¡Gracias a Dios por su don inefable! (2 Co. 9:15). ¡“Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre" (1 Jn. 3:1 LBLA)!

Albert Blok

El Señor está cerca 2021

El Edificio de Dios

 

Cuando el pueblo de Israel andaba en el desierto, Dios tenía su morada en medio de ellos en el tabernáculo; y cuando lle­garon a la tierra prometida, puso su edificio en Jerusalén, el templo de Dios. En un sentido especial fueron estos dos, edi­ficios de Dios, porque fueron trazados. por El mismo, forjados por la sabiduría de su Espíritu y con el único propósito de ser su morada,

            Como todas las demás obras de Dios, tienen su significado espiritual en cada detalle; las formas y materiales usados son designados a conducir la mente espiritual a las verdades espirituales.

            Todavía hay un edificio de Dios en la tierra.            Fue también trazado por Dios mismo, forjado por la sabiduría de su Espí­ritu, y designado para ser su morada.

            Fue hecho, por el propósito eterno de Dios. Cristo es la Roca sobre la cual es edificado. Es compuesto de piedras vivas y es morada del Espíritu Santo de Dios.

            El tabernáculo en el desierto y el templo en Jerusalén fueron tipos y símbolos de este edificio. El primero representa a la iglesia en su condición actual de conflicto y humillación mientras que el templo nos lleva más allá, al tiempo cuando es- tará establecida la gloria venidera del reino de Dios

            En la creación del mundo Dios obró solo. En el primer capítulo de Génesis tenemos la historia inspirada de aquella grande operación. Allí encontramos a Dios en tres personas, hombre trino y uno, haciendo y preparando el mundo para el hombre.

            Allí estuvo Dios el Padre, de quien está escrito “Dios que creó todas las cosas”.

            Estuvo allí Jesucristo, el Hijo, de quien está escrito “por Él fueron creadas todas las cosas” Col. 1,16; y otra vez: “sin Él nada de lo que es hecho, fue hecho” Jn. 1,3.

            Allí estuvo también el Espíritu Santo porque está escrito “Y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas”, Gn 1,2.

            Pero Dios obró solo, sin la ayuda de ninguno. Había comu­nión solamente de la Divinidad. Ningún ángel tomó parte en el consejo de Dios o fue su colaborador en la obra. Ellos fueron testigos y fue grande su gozo al ver manifestado el poder y divinidad de su Creador. “Las estrellas todas del alba alababan y se regocijaban todos los hijos de Dios”. Job. 38.7; pero a ninguno de ellos fue dado el honor de ser “coadjutores de Dios” 1 Co. 3.9.

            Otra vez en la obra de la redención vemos a Dios obrando, y aquí también, son las mismas tres personas, Dios trino y uno.

            Allí está Dios el Padre, a quien está presentada la ofrenda y por el cual es acepta.

            El Hijo está allí ofreciéndose a sí mismo “sin mancha a Dios”. Y esto lo hizo “por el Espíritu eterno” He. 9.14.

            Aquí también tenemos la comunión de la Divinidad sola­mente. Ni hombre, ni ángel podía tomar parte en semejante obra.

            Pero, sobre el fundamento de la redención cumplida empe­zó otra obra, en la cual ha placido a Dios asociarnos con Él cómo obreros, los súbditos del amor redentor. Nada puede sobresalir a la gracia de tal pensamiento. Muestra claramente el valor de la sangre redentora. También muestra el lugar tan cerca y honorable que ha dado a su pueblo.

            Y esto fue prefigurado en el desierto.

            Israel fue sacado de Egipto, librado del juicio de Dios por la sangre del Cordero, y del poder de Faraón por la presencia de Dios. Típicamente fue un pueblo redimido. La gracia divi­na les había alcanzado, como Jehová dijo: “os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí” Ex. 19.4.

Mérito en ellos, no había. Al mismo tiempo que Jehová estaba dando sus consejos de gracia a Moisés en el monte, Israel en el llano abajo estaba adorando al becerro de oro. Seguramente si no hubiera sido por la gracia soberana de su Dios, en el momento hubieran perdido todo derecho de recibir bendición y hubieran sido echados de la presencia de Dios, En vez de eso, tal es el camino de la GRACIA que Jehová, cono­ciendo bien su pecado, pero pasándolo por alto en su justicia, les dio el honor de hacerle un lugar en medio de ellos para mo­rada de Él.

            De la misma manera hoy día, Dios da a su pueblo redimido el honor de prepararle un lugar para morada. Como escribe el Apóstol Pablo: “Yo como perito arquitecto puse el fundamen­to, y otro edifica encima” 1 Co. 3.10.

            Pero sea que consideremos el tabernáculo en el desierto, o el templo en Jerusalén, o a la Iglesia de Dios en esta dis­pensación, hay una cosa común en todos, el plan de cada uno es divino: Dios es el Arquitecto. El plan del tabernáculo fue dado a Moisés, él fue, por decirlo así, “el perito arquitecto” en su día. Él estuvo en el secreto de Dios referente a cada detalle. Nada fue dejado para el invento humano, ni aún en la parte más mínima, ni una estaca, ni una cuerda, ni lazada, ni cor­chete, sin que Dios había mostrado el diseño a Moisés en el monte, y vez tras vez él fue amonestado a hacerlo todo según ese diseño. Ex. 25.9-40; 26.30; 27.8.

             Otra vez, cuando hizo el templo, obró Dios de la misma manera. Fue David el que recibió el plan, y él, a su vez lo en­cargó con cada detalle a Salomón, su hijo, quien Dios había escogido para edificar Su casa. Pero fijémonos bien, que como fue en el tabernáculo, así fue en el templo, nada fue dejado al invento humano, vea 1 Cr. 28.11-19: “Y David dio a Salo­món, su hijo, el plano...Todas estas cosas, dijo David, se me han representado por la mano de Jehová que me hizo entender todas las obras del diseño”.

            Así Salomón vino a ser “el perito arquitecto” de su tiem­po, estando en el secreto de Dios en cada detalle de su diseño.

            Pero si así fue el plan de Dios referente a los edificios típi­cos de la dispensación pasada, ¿podríamos suponer que el edificio de esta dispensación, del cual esos fueron solo tipos, la sustan­cia de lo que esos fueron solamente la sombra sería dejado para el diseño humano?

            Si Dios tuvo su plan para el tabernáculo y para el templo ¿puede suponerse que no tiene plan para su Iglesia? Y si hubiera sido sacrilegio de parte de Moisés o de Salomón dejar el plan de Dios, ¿qué será el pecado de este tiempo al poner a un lado el plan del gran Arquitecto para substituir los diseños del corazón humano?

            Sin embargo, es un hecho solemne y triste que muchos de los hijos de Dios han sido culpables de este mismo pecado. El diseño de la casa, fue entregado en todos sus detalles al siervo, Pablo, por el Señor resucitado, y Pablo a la vez lo encomendó por la Escritura a la iglesia para su instrucción y obediencia, pe­ro ha sido puesto a un lado como no teniendo demanda sobre la conciencia, y los inventos humanos, que son sin número, han sido recibidos en su lugar.

            Es verdad, aunque parece extraño, que muchos de los hijos de Dios se han convencido que Dios no tiene plan para edificar Iglesia, que no ha dejado ningún diseño para guiar a los edificadores empleados en la obra.

            Están contentos de hacer la obra de sacar las piedras, “que se conviertan las almas”, dicen, y en realidad es una buena obra, y el alma se marchita cuando se le trata con indiferencia, pero una vez convertida les dejan en montones o esparcidas, abandonadas por todos lados. El trabajo del edificador está dejado, porque los edificadores no han estado con el Arquitec­to para aprender sus planes. Dicen: “no hay plan”, y cuando se les dice que hay-y que está escrito en la Biblia y que algunos están procurando seguirlo para la edificación del pueblo de Dios -dicen, “nunca ha tenido éxito”. No quieren probarlo ni po­nerlo por obra, con el resultado que, en vez de recoger las pie­dras vivas y edificarlas en el “edificio de Dios” están rendidas a la voluntad e invento del hombre y llevadas a las sectas, sociedades o donde quiera que no sea a una asamblea de Dios, juntadas y edificadas sobre el fundamento divino, y según el diseño de Dios.

Tr, por G. G.

Contendor por la fe, N° 53 y 54 de 1944

ÉTICA CRISTIANA (4)

 

Pautas necesarias para nuestro caminar en esta tierra


 


Acerca de la ética Laboral


“El que hace bien su trabajo, estará al servicio de reyes y no de gente insignificante.” Proverbios 22.29


Dios estableció que el hombre debe trabajar: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente” (Génesis 3-19), pero también Dios permite que disfrutemos de todo lo que nos da y espera que sepamos administrar nuestras labores correctamente y con integridad. Hay dos actitudes que debemos vigilar: cómo nos enfrentamos a nuestras tareas y cómo resolvemos cada labor o contratiempo que se nos presenta, y nuestras actitudes al relacionarnos con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros superiores o con nuestros empleados.

Debemos actuar con responsabilidad y caracterizarnos por el proceder pautado por Dios para con sus hijos. De esta manera, Dios se agradará con nuestra conducta y muchos que nos observen podrán imitar nuestros buenos ejemplos. Seamos fieles y honestos con cada una de las actividades que Dios colocó en nuestras manos y honrémosle con cada cosa que hagamos.

(En este capítulo se habla de “esclavos, siervos, criados, amos”, ya que así estaba conformada la so­ciedad de entonces. Si intentamos contextualizar los términos, hoy los nombraríamos “empleados, emplea­dores o patrones”).

 

Relaciones de trabajo con justicia, responsabilidad, obediencia y respeto

EL DEBER DE TRABAJAR

            Hermanos, les ordenamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de cualquier hermano que lleve una conducta indisciplinada y que no siga las tradiciones que recibieron de nosotros. Pues ustedes saben cómo deben vivir para seguir nuestro ejemplo: nosotros no llevamos entre ustedes una conducta indisciplinada, ni hemos comido el pan de nadie sin pagarlo. Al contrario, trabajamos y luchamos día y noche para no serle una carga a ninguno de ustedes. Y ciertamente teníamos el derecho de pedirles a ustedes que nos ayudaran, pero trabajamos para darles el ejemplo que ustedes deben seguir. Cuando estuvimos con ustedes, les dimos esta regla: El que no quiera trabajar, que tampoco coma. Pero hemos sabido que algunos de ustedes llevan una conducta indisciplinada, muy ocupados en no hacer nada. A tales personas les mi uníamos y encargamos, por la autoridad del Señor Jesucristo, que trabajen tranquilamente para ganarse la vida. 2 Tesalonicenses 3 6-12

Procuren vivir tranquilos y ocupados en sus propios asuntos, trabajando con sus manos como les hemos encargado, para que los respeten los de afuera y ustedes no tengan que depender de nadie. 1 Tesalonicenses 4.11-12

Ahora, hermanos, los encomiendo a Dios y al mensaje de su amor. Él tiene poder para hacerlos crecer espiritualmente y darles todo lo que ha prometido a su pueblo santo. No he querido para mí mismo ni el dinero ni la ropa de nadie; al contrario, bien saben ustedes que trabajé con mis propias manos para conseguir lo necesario para mí y para los que estaban conmigo. Siempre les he enseñado que así se debe trabajar y ayudar a los que están en necesidad, recordando aquellas palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”. Hechos 20.32-35

Anda a ver a la hormiga, perezoso; fíjate en lo que hace, y aprende la lección: aunque no tiene quien la mande ni quien le diga lo que ha de hacer, asegura su comida en el verano, la almacena durante la cosecha. ¡Basta ya de dormir, perezoso! ¡Basta ya de estar acostado! Mientras tú sueñas y cabeceas, y te cruzas de brazos para dormir mejor, la pobreza vendrá y te atacará como un vagabundo armado. Proverbios 6.6-11

CONSEJOS A LOS EMPLEADOS

            Esclavos, obedezcan ustedes a los que aquí en la tierra son sus amos. Háganlo con respeto, temor y sinceridad de corazón, como si estuvieran sirviendo a Cristo. Sírvanles, no solamente cuando ellos los están mirando, para quedar bien con ellos, sino como siervos de Cristo, haciendo sinceramente la voluntad de Dios. Realicen su trabajo de buena gana, como un servicio al Señor y no a los hombres. Pues deben saber que cada uno, sea esclavo o libre, recibirá del Señor según lo que haya hecho de bueno. Efesios 6.5-8

Aconseja a los siervos que obedezcan en todo a sus amos; que sean amables y no respondones. Que no roben, sino que sean completamente honrados, para mostrar en todo qué hermosa es la enseñanza de Dios nuestro Salvador. Tito 2.9-10

Sirvientes, sométanse con todo respeto a sus amos, no solamente a los buenos y comprensivos sino también a los malos. Porque es cosa agradable a Dios que uno soporte sufrimientos injustamente, por sentido de responsabilidad delante de él. Pues si a ustedes los castigan por haber hecho algo malo, ¿qué mérito tendrá que lo soporten con paciencia? Pero si sufren por haber hecho el bien, y soportan con paciencia el sufrimiento, eso es agradable a Dios. 1 Pedro 2.18-20

            El que cuida de la higuera come los higos; el que cuida de su amo recibe honores. Proverbios 27.18

CONSEJOS A LOS EMPLEADORES

            Y ustedes, amos, pórtense del mismo modo con sus siervos, sin amenazas. Recuerden que tanto ustedes como ellos están sujetos al Señor que está en el cielo, y que él no hace discriminaciones. Efesios 6.9

Amos, sean justos y razonables con sus esclavos. Acuér­dense de que también ustedes tienen un Señor en el cielo. Colosenses 4.1

            No uses la violencia contra tu prójimo ni le arrebates lo que es suyo. No retengas la paga del trabajador hasta el día siguiente. Levítico 19.13

            Si mis criados me reclamaban algo, yo siempre atendía a sus peticiones. ¿De qué otra manera podría yo presentarme ante Dios? ¿Qué le respondería cuando él me pidiera cuentas? Un mismo Dios nos formó en el vientre, y tanto a ellos como a mí nos dio la vida. Job 3113-15

            Si a alguien le he robado sus productos, o si he explotado a los campesinos, ¡que mis tierras produzcan espinos en vez de trigo, y mala hierba en vez de cebada! Job 31:39-40a

LA AMBICIÓN DESMEDIDA

Dijo Jesús:

            Cuídense de toda avaricia; porque la vida no depende del poseer muchas cosas.

      Entonces les contó esta parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras dieron una gran cosecha. El rico se puso a pensar: ‘¿Qué haré? No tengo dónde guardar mi cosecha’. Y se dijo: ‘Ya sé lo que voy a hacer. Derribaré mis graneros y levantaré otros más grandes, para guardar en ellos toda mi cosecha y todo lo que tengo. Luego me diré: Amigo, tienes muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, goza de la vida’. Pero Dios le dijo: Necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que tienes guardado, ¿para quién será?’ Así le pasa al hombre que amontona riquezas para sí mismo, pero es pobre delante de Dios”. Lucas 12.15-21

Tomado de librito “Acerca de la Ética”, editado por Sociedad Bíblica Argentina. Se usa la Versión popular Dios Habla Hoy.

Disfrute su Biblia (4)

 Pasos para el estudio Bíblico

William Macdonald


PASO N° 1: OBSERVACIÓN

Algunos de nosotros hemos sido miembros de un jurado. Quizás la mayoría los ha visto por televisión. Uno de los aspec­tos fascinantes de cualquier caso son los testigos y lo que ellos dicen. Algunos son muy observadores y lo que dicen parece muy creíble. Cuando ellos no vieron, no decían que lo habían hecho, y cuando sí lo hacían, describían lo que vieron sólo hasta el punto en que podían recordarlo con exactitud. En algunos tes­tigos es notable que no son dignos de confianza.

Los poderes de observación de algunos han sido probados por películas de entrenamiento creadas por el FBI. Pensamos que lograremos un alto puntaje al contestar las preguntas sobre una corta filmación de la escena de un accidente. A menos que este­mos fuera del promedio, es probable que acertemos sólo un tercio de las preguntas. “¿De qué color era el paraguas de la señora? ¿Era oscuro o claro?” Creemos que debe haber sido oscuro. Pero en realidad, ¡no tenía paraguas! Un agente entrenado del FBI puede realizar el mismo cuestionario y acertarlas todas o casi todas.

Cuando estudiamos la Palabra de Dios debemos aprender a sujetar nuestra imaginación a la observación, pero no así cuando necesitemos usarla para la presentación creativa. Necesitamos entrenar nuestras mentes para ver lo que está allí y no agregar lo que nosotros creemos o que nos han enseñado que está allí.

Aquí hay algunas preguntas que pueden hacerse cuando está observando.

(A) UNA PRIMERA PREGUNTA GENERAL:

¿CUÁL ES EL “CONTEXTO”?

Como ya hemos visto, “¡el texto fuera de contexto es un pretexto!” Por supuesto, no siempre es de esta manera. Muchos versículos de los evangelios nos dan las enseñanzas principales de la Biblia “en pocas palabras”, como Martín Lutero dijo de Juan 3:16, por ejemplo. Sin embargo, como regla, tenemos que dife­renciar los libros de la Biblia que estamos estudiando, el orador o escritor, y la audiencia o los receptores de una epístola.

Muchos líderes religiosos usan Juan 3:5 para enseñar que es necesario ser bautizado en agua para ser salvo. El versículo dice así:

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.

Aun así, en contexto, Cristo no pudo haber estado hablando acerca del bautismo cristiano porque Jesús le está hablando a un líder judío antes de que la iglesia cristiana fuese fundada (en el Pentecostés). Y a pesar de que es cierto que los judíos tenían un bautismo prosélito para los que se convertían al judaísmo, Nicodemo no era un convertido sino un judío de nacimiento y además un respetable maes­tro de Israel.

Otras personas usan las palabras de Jesús en Juan 6 para apoyar la idea de que comemos y bebemos el cuerpo y la san­gre de Cristo en la Cena del Señor (pero “oculto” dentro de la sustancia del pan y el vino). ¿A quién estaba diciendo Jesús estas cosas? Estaba en una sinagoga en Capernaum, se dirigía a judíos, mayormente oponentes, antes de que se hubiese orde­nado la Cena del Señor, o cualquier congregación cristiana haya observado esta ordenanza. El versículo 63 también aclara que las palabras no deben ser tomadas físicamente, sino espiri­tualmente: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”

(B) PREGUNTAS PARA HACER

Las preguntas que hacemos son muy simples y básicas, algunas quizás las hayamos aprendido en la escuela y otras las hayamos olvidado.

Pregunta 1. ¿Quién?

Lea un pasaje. Escoja uno corto al principio. ¿Quién lo escribió? ¿A quién está dirigido? ¿Quién está hablando (si es una cita)? ¿Quién está actuando? ¿A quién se está refiriendo?

Pregunta 2. ¿Qué? o ¿Cuál?

¿Qué está sucediendo? ¿Qué tipo de escritura es esta? ¿Poesía? ¿Sermón? ¿Historia? ¿Doctrina? ¿Profecía? ¿Cuál es la situación? ¿Cuál es la clave del argumento? ¿Cuál es el tono del escritor? Estas preguntas pueden continuar indefinidamente.

Pregunta 3. ¿Cuándo?

¿Cuándo — pasado, presente, o futuro — sucedió lo del texto? ¿Fue en la época antes de que Israel fuera fundado? ¿Fue escrito durante la era cristiana? ¿Es una predicción del futuro? ¿Del cielo?

Pregunta 4. ¿Dónde?

¿Ocurrió en el desierto mientras Israel vagaba? ¿Fue en Jerusalén? ¿En Babilonia? ¿En el reino venidero? El lugar es muy importante en cualquier evento histórico. En una corte, al defendido siempre se le pregunta, “¿Dónde estaba usted la noche que sucedió el crimen?”

Pregunta 5. ¿Cómo?

¿Cómo se dio la situación del pasaje? ¿Por amor? ¿A causa de la guerra? ¿La rebelión? ¿Un plan cuidadoso? ¿Intervención divina?

Pregunta 6. ¿Por qué?

Cuando llegamos a la razón, el factor interpretativo tiende a participar más de lo que debería durante la etapa de observa­ción del estudio bíblico. A veces es bastante claro por qué suce­den ciertas cosas: Fue predicho por Dios; era la consecuencia natural de algo que sucedió antes.

Ahora tomemos Gálatas 1 y contestemos estas preguntas:

¿Quién? Fue escrito por Pablo a los creyentes llamados Gálatas.

¿Qué? El apóstol estaba molesto porque estas personas estaban escuchando un evangelio falso. Su tono se percibe enojado.

¿Cuándo? Fue en los primeros días de la iglesia. Pablo les había predicado el evangelio previamente a ellos.

¿Dónde? Si se observa en un mapa en las últimas páginas de la Biblia o en un atlas bíblico, verá que Galacia se ubicaba en Asia Menor. No hay indicios del lugar en el que Pablo se encon­traba al momento de escribir la carta.

¿Cómo? Llegaron al apóstol ciertos reportes acerca de la inconstancia de los Gálatas. Él se asombró de su inestabilidad.

¿Por qué? Fue para combatir el error y defender su autori­dad como apóstol y el evangelio que predicaba.

PASO 2: INTERPRETACIÓN

El primer paso consistía en observar lo que el pasaje dice, el segundo tiene que ver con lo que significa. A veces el texto es tan claro y simple que usted no tendrá que esforzarse por encon­trar su significado; esto si usted mantiene el texto y no lo usa para probar alguna idea propia, énfasis privado, o, en el último de los casos, una herejía.

Comencemos con un versículo que casi todo el cristianismo está de acuerdo en su significado.

En 1 Pedro 5:7 el apóstol nos dice que echemos “toda nuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de voso­tros.” El significado es claro en este verso (¡aunque la aplica­ción es un tema aparte!).

Tenemos que depositar todas nuestras preocupaciones en Dios porque Él cuida de nosotros. Quizá queramos revisar otras traducciones.

La palabra ‘cuidado’ proviene de un verbo griego que signi­fica mostrar interés o preocupación por la persona u objeto que uno cuida (meló). Por consiguiente, Pedro hace una distinción entre el cuidado (preocupación) ansioso y el cuidado afectivo. Millones de europeos que vivieron al final de la Segunda Guerra Mundial saben exactamente lo que significa cuidado’ debido a los considerados paquetes de ayuda que los estadounidenses lanzaron desde los aviones.

Ciertos detalles enriquecen nuestra interpretación, pero el significado es perfectamente claro y se expresa de manera hermosa en la versión RV, debido a la elección de las palabras en la era de la Reforma.

En el caso de los versículos más difíciles, especialmente los controversiales, se debe poner mucho cuidado al intentar descu­brir el verdadero significado. Por ejemplo, ocurre con la gente que no cree en la salvación por gracia a través de la fe, que cuan­do se les presenta una enseñanza bíblica clara dicen, “Ah, esa es su interpretación.” Generalmente dicen que hay ciertos estatu­tos religiosos o tradiciones — como enseñar la salvación en parte por obras - que dejan a un lado o descartan los muchos textos que enseñan que la salvación es “por gracia por medio de la fe”, como lo hace Efesios 2:8.

Muchas diferencias entre cristianos no tienen que ver con pasajes ambiguos que varios grupos interpretan de manera dife­rente. La mayoría de las veces es un tema de a cuánta tradición eclesiástica se adhiere una denominación.

Por ejemplo, en la era de la Reforma (1560s), Martín Lutero sintió que estaba bien mantener las cosas que no eran específicamente prohibidas por la Biblia, como los hábitos, las velas, etc. Juan Calvino, por otra parte, quiso quitar práctica­mente todo lo que no se encontraba en la Biblia. Las iglesias libres, que nunca se volvieron iglesias estatales en ningún país, fueron las más radicales de todas. Creemos que fueron sabios al no permitir cosas tales como el bautismo de niños, las iglesias estatales, y otras más. Las iglesias Bautistas, Metodistas, Bíblicas, y aquellas conocidas como los Hermanos Libres, tienen su des­cendencia espiritual en esta última categoría.

Interpretemos un pasaje difícil y controversial para ilustrar cuán complicada puede volverse esta etapa del estudio bíblico.

Pedro les dijo: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

Observe, primero, a quién está dirigiendo Pedro estas palabras. Fue a los hombres de Judea (v. 14), los hombres de Israel (v. 22). Él no se estaba refiriendo a cristianos, sino a judíos inconversos.

La primera palabra que les dirige es “Arrepentíos”. ¿De qué deben arrepentirse? En un sentido general, deben arrepentirse de todos sus pecados, pero Pedro tenía un pecado particular en mente: Haber crucificado al Señor de la gloria. Esto es aclarado en los versículos 23 y 36:

A este, entregado por el determinado consejo y anti­cipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándolo (v. 23).

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo (v. 36).

Luego del arrepentimiento, ¿qué más debían hacer los que estaban escuchando a Pedro? Ser bautizados en el nombre de Jesucristo. Esto significa que deben ser bautizados con un bau­tismo cristiano. AI hacer esto, se estarían identificando públi­camente con el Señor Jesucristo, y disociándose de la nación que le crucificó.

Se dice que este bautismo es para “la remisión (perdón) de los pecados.” Sólo a los judíos se les indicaba ser bautizados para ser perdonados por sus pecados. Como ya hemos visto, en este pasaje sus pecados se asocian particularmente a cómo ellos trata­ron al Mesías. Al pasar por las aguas del bautismo, se salvaban de “esta perversa generación” (v. 40). Se separaban de la nación que era culpable de la muerte de Cristo (véase Mt. 27:23).

El bautismo en agua no salvaba sus almas, sino que los sal­vaba de la culpa por la sangre de Cristo. Sus almas eran salvas mediante el arrepentimiento y la fe en el Señor. Ese es el testimonio general de las Escrituras. El bautismo en agua los sacaba de suelo judío para ubicarlos en suelo cristiano.

Existe otra interpretación válida para la expresión “para remisión de pecados.” Puede querer decir “por la remisión de pecados.” Por el arrepentimiento (se sobreentiende la fe), ellos recibieron la remisión de los pecados. Por causa de esto, se les pedía que fueran bautizados. El bautismo era entonces una señal externa de lo que estaba sucediendo en el interior.

“Recibiréis el don del Espíritu Santo.” Tan pronto como estos judíos se arrepentían y creían, ellos se convertían. Tan pronto como proclamaban fidelidad al Mesías de manera públi­ca a través del bautismo, recibían el Espíritu Santo.

PASO 3: APLICACIÓN

Lógicamente, la última etapa consiste en aplicar lo que se ha aprendido. Lo que el pasaje dice viene a ser la observación. Lo que el pasaje significa, la interpretación. Lo que el pasaje signi­fica para mí (o para otros) es la aplicación.

Demasiados de nosotros hemos tenido contacto con los llamados “estudios bíblicos” que en realidad son un compendio de ignorancia. Quizá lean cuatro o cinco traducciones diferen­tes, y expresen lo que significa “para ellos” — frecuentemente sin haber observado el contexto, ¡o siquiera las reglas básicas de la gramática!

Pero nosotros deberíamos aplicar el texto. De otra manera, estudiar el Libro de Dios se volvería un mero ejercicio intelec­tual académico.

No todo el material es directamente aplicable a nuestras vidas. Por ejemplo, cuando se les pide a todos los nativos de Israel que se presenten delante del Señor tres veces al año en las princi­pales fiestas judías, nosotros no podemos esperar hacer eso. Pero este mandamiento, por aplicación, puede ser de ánimo para los cristianos a que seamos fieles a las reuniones de nuestra iglesia.

Pero cuando se nos dice, “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31), si aún no lo hemos hecho, debe­ríamos. Si nunca nos hemos bautizado, deberíamos obedecer esta petición del Nuevo Testamento. Y si somos conscientes que nuestro Señor pide a Su pueblo que le recuerde en la Santa Cena (de hecho, lo hace en 1 Cor. 11:24), deberíamos asegurarnos de hacerlo cada vez que sea posible.

Algunos mandamientos - como el de controlar nuestras lenguas - puede tomar años de cuidadosa nutrición de la obe­diencia. ¡Pero esta aplicación del mandamiento de Santiago 3:1-12 tiene que comenzar en alguna parte!

Para usted mismo, o al final de una clase de estudio bíblico, o al final del sermón, mostrar una lista de las posibles aplicacio­nes que encontramos en los diversos tipos de personajes repre­sentados en un pizarrón o proyector, puede resultar una muestra visual impresionante de la versatilidad que posee el suficiente, infalible y hermosamente construido Libro de Dios.

Disfrute su Biblia, cap. IV.