sábado, 6 de junio de 2020

DOS HOMBRES Y DOS PUERTAS

Estaba él [Abraham] sentado a la puerta de su tienda en el calor del día, Génesis 18.1 Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma, Génesis 19.1

 


            Aquí tenemos lado a lado las palabras clave que dan el secreto del gran éxito espiritual en la vida de Abraham y el triste fracaso en la de Lot. Abraham se halló a la puerta de su tienda, símbolo de su peregrinación, mientras que Lot se halló a la puerta de Sodoma, típico del interés del creyente mundano. Lot, al decir del primer salmo, estaba en la silla de escarnecedores, habiendo abandonado su vida de peregrino.

            Lo siguiente es un estudio breve de ciertos contrastes entre Abraham y Lot, que nos puede indicar el camino por donde debemos seguir y las cosas que debemos evitar.

1. Conversión

Los dos salieron juntos de Ur de los caldeos, Abraham llamado por Dios, Génesis 12.1, y el joven Lot sin duda influenciado por su tío. “Por fe Abraham, siendo llamado, obedeció”. Él fue salvo por la obediencia de la fe, y su conversión fue clara. Hay varias referencias a la misma, como por ejemplo Romanos 4.3: “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”.

            No fue así con Lot. No hay una sola referencia a cómo fue convertido; la única luz que tenemos sobre el asunto es lo de 2 Pedro 2.7, “el justo Lot”. Hay creyentes cuya conversión es una cosa tan nublada que ellos mismos hablan muy poco del hecho. Al llegar a Canaán Abraham no perdió tiempo en testificar por su Señor. El edificó un altar a Jehová, y los cananeos idólatras vieron que era adorador del Dios vivo y verdadero. Nada leemos de un altar de Lot.

2. Escogimiento

            Aprendemos en Génesis 13.10 al 15 que Lot tenía muchas posesiones y riquezas, pero codiciaba más. Su ambición era engrandecerse en el mundo, y con este fin se arrimaba más y más a Sodoma. Para él lo material valía más que lo espiritual y esta equivocación le llevó a la ruina.

            En cambio, Abraham siguió lo que Dios escogió. Su motivo principal era el de agradar a Dios, y en lugar de poner la vista en una ciudad terrenal él prefirió seguir viviendo en tiendas, “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”. En cuanto a nosotros, “nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador”, Filipenses 3.20.

3. Esposa

Cuando salieron de Ur, Abraham ya era casado, y en el Nuevo Testamento hay dos comentarios favorables acerca de Sara. En Hebreos 11.11 ella es la primera mujer honrada con su nombre en la lista de los héroes de la fe. En 1 Pedro 3.6 es nombrada como ejemplo de una esposa respetuosa ante su marido. Sara tuvo su parte no solamente en agasajar a los ángeles sino a Dios mismo. Ella compartió con su marido la vida peregrina y al fin recibió un entierro digno.

            No fue así con la mujer de Lot. Cuando él salió de Ur era soltero, como también al dejar Harán. Aun cuando Abraham vuelve de Egipto, nada se dice en Génesis 13 de una esposa de Lot. Es probable que se haya casado después de su separación de Abraham, pues hubo un lapso de unos veinte años entre aquel día y la destrucción de las ciudades corruptas.

            Sin duda la mujer de ese hombre fue un instrumento de Satanás para hacer que su marido se conformara a la vida de Sodoma. Dice el apóstol: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”, Romanos 12.2. El corazón de la mujer de Lot estaba tan apegado a Sodoma que, no obstante, el esfuerzo de los ángeles para sacarla, ella de mala gana salió de la ciudad. En desafío al aviso, “Escapa por tu vida; no mires tras ti”, ella “miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal”.

            Cuando el creyente tiene una esposa mundana, ella es capaz de hacer muchas cosas a espaldas de él. El matrimonio de Lot resultó ser una calamidad. Un viejo predicador solía decir que “del Señor es una buena esposa, pero del diablo es una mala esposa”. Esta alerta para los hermanos solteros se aplica en sentido inverso también. Las vidas de muchas hermanas espirituales han naufragado por un matrimonio mal habido.

4. Hijos

            En Génesis 19 leemos que Lot tenía dos hijas, vírgenes ellas, pero él había perdido tanto de su coraje moral en Sodoma que ofreció entregarlas a la voluntad pervertida de los sodomitas. Ellas ya estaban comprometidas con hombres impíos. Por la intercesión de Abraham y la misericordia de Dios, no fueron destruidas en la condenación de Sodoma. Estaban tan contaminadas por la corrupción que la última referencia a ellas es cuando embriagaron a su propio padre para concebir por medio de él.

            ¡Cuán distinta es la historia de los hijos de Abraham! En Génesis 18.19 Dios manifiesta su plena confianza en él, diciendo: “Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio”. En Hebreos 11 dice que él por fe habitó como extranjero en la tierra prometida, en tiendas con Isaac y Jacob, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

            Una de las tragedias más lamentables entre el pueblo de Dios es el desprecio con que tantos hijos de creyentes tratan la fe de sus padres. Cumplen lo dicho en Isaías 1.2: “Crie hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí”. A los padres cristianos que se interesan más por el bienestar temporal de sus hijos que por su salvación, les espera una cosecha de lágrimas y remordimiento.

5. Testimonio

            Lot quería establecer una fraternidad con la gente de Sodoma. Se dirigió a ellos como “hermanos míos”, pero le odiaron, diciendo, “Vino este extraño para habitar entre nosotros, ¿y habrá de erigirse en juez?” En cambio, Abraham, que llevó una vida de separación, fue recibido con respeto por los hijos de Het al buscar sepultura para su esposa. “Óyenos, señor nuestro”, le dijeron, “eres un príncipe de Dios entre nosotros”.

6. Fin

            Lot perdió todo. La última referencia a él, Génesis 19.35, es muy vergonzosa. En cambio, Abraham fue honrado por Dios en vida y en la muerte también. Muchos padres han puesto a sus hijos el nombre de Abraham, pero no he sabido de nadie con el nombre de Lot.

S. J. (Santiago) Saword

Sana Doctrina

LA CONDUCTA ENTRE LOS HERMANOS

Humildad, honestidad, estima, perdón


            No hay ninguna prueba en la Palabra de Dios que justifique una jerarquía entre los hermanos. Hay enseñanzas en cuanto a la consideración, respeto y estima a los ancianos y pastores que presiden, trabajan, cuidan y gobiernan bien, pero no se encuentra apoyo para sentar un señorío sobre las heredades del Señor. (1 Pedro 5:1-5; 1 Timoteo 5:17-20; 1 Tesalonicenses 5:12,13.


            Por eso, por muchas cosas dichas por el Señor en Mateo capítulo 18 sacamos un resumen de siete lecciones:

·  La humildad entre los hermanos: Así que, cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos, v. 4.

            La ansiosa codicia de mando y superioridad de los hombres sin Dios ha conducido a este pobre mundo a la ruina y al dolor con tantas guerras y odios. Las bastardas ambiciones de muchos hombres llamados cristianos es lo que ha hecho que la Iglesia pierda mucho de su poder y testimonio.

            El romanismo con sus concilios, Papas y Antipapas, introdujo la desmoralización que ha traído por resultado millones de profesantes nominales. Alexander Hamilton dijo: “Demasiado poder conduce al despotismo. La falta de suficiente poder conduce a la anarquía, y ambas cosas llevan eventualmente a la ruina del pueblo.”

            Siempre se han levantado “deotrofistas” en la Iglesia del Señor, y ese espíritu de mando desmedido ha fraccionado al pueblo del Señor en bandos y divisiones. “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? Codiciáis ... Pedís y no recibís.” (Santiago 4:1-4) El niño tierno se goza cuando los otros se gozan; le sobrecoge la tristeza si le falta el compañerismo.

·  La honestidad entre los hermanos: ¡Ay del mundo por los escándalos!; más ¡ay de aquel hombre por quien viene el escándalo! v. 7

            Sigue el Señor dándonos la regla para evitar el escándalo. Cortar la mano o el pie, o sacar el ojo; por ser la lengua un solo miembro, fue necesario dedicarle un capítulo aparte. Los tres miembros primeros acompañaron a Acán a escandalizar a Israel, y fue destruido. (Josué 7)

            El escándalo es la forma principal en que se manifiestan los que son probados. (1 Corintios 11:19) Dijo el Sabio: “Un pecador destruye mucho bien.” ¡Cuánto escándalo se hubiera evitado si el hermano o hermana hubiera cortado el miembro anticipadamente, o hubiere como a José en Egipto! Hay muchos que no aman la obra del Señor ni el alma de los inconversos; les importa poco raspar el fósforo que enciende el fuego del escándalo.

            “No sean avergonzados por mi causa los que te esperan, oh Señor Jehová de los ejércitos; no sean confusos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel!” (Salmo 69:6)

·  La estimación al hermano: Mirad no tengáis en poco a alguno de estos pequeños, v. 10

            Si tuviéramos siempre presente la medida para la redención: era “conforme el siclo del santuario ... ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá de medio siclo.” (Éxodo 30:12-16) La sangre del Señor no establece grados para la redención; la misma gracia es aplicada a todos. Al hermano más humilde, los ángeles la administran; Hebreos 1:14. “Que no tenga más alto concepto de sí ... más acomodándoos a los humildes.” (Romanos 12:3,16) Tampoco debemos dar lugar a la confianza carnal. Hay un dicho: “Donde empieza la familiaridad, termina la consideración.”

·  El arreglo con el hermano: Si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele, v.15

            No debe dar lugar al resentimiento. La franqueza es corona del valiente. Primero debe haber oración; luego debe haber valor moral para ir al hermano y pedirle una reparación. Si el hermano, aunque culpable, no quiere ceder, valgámonos de las demás providencias. Si tampoco cede, téngasele como pecador y publicano.

            Hay hermanos que están dispuestos a perder la razón con el fin de ver si ganan al hermano. Dios es el Juez. “Cristo no se agradó a sí mismo, antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperan cayeron sobre mí.” (Romanos 15:3)

·  La comunión con el hermano: Si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, v.19

            Una de las más grandes preocupaciones del Señor durante su ministerio fue la unidad de su pueblo y la comunión hermanable. En el pueblo del Señor siempre hay la necesidad por la cual tenemos que rogar al Señor. Mucho más valor hay si los hermanos en unanimidad elevan sus oraciones al trono de la gracia. Los Hechos de los Apóstoles está lleno de estos ejemplos: 1:14,24, 2:42, 3:1, 4:24,31, 6:4, 8:15, 13:3.

·  La medida del perdón para el hermano: Jesús le dice: No te digo hasta siete, más aún hasta setenta veces siete, v. 22

            Sólo el Señor es que puede darnos la gracia suficiente para llegar a alcanzar esa medida, pues El rebasó esa medida. La enseñanza trata del perdón para el hermano. “Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8) La medida de los hombres se estira y se encoge, pero la medida del perdón es universal. “Perdonándoos los unos a los otros, como Dios os perdonó.” (Efesios 4:32)

·  La misericordia con el hermano: ¿No te convenía también a ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti? v.31.

            La misericordia siempre está conectada con el consolar y levantar. ¿Cómo es que tan pronto aquel hermano se olvidó de la compasión y misericordia que su señor tuvo con él, y no usó misericordia con su consiervo? Así somos todos de corazón malo y engañoso.

            David usó misericordia con los que quedaron cansados en el torrente de Besor. Usó misericordia de Dios con Mephiboseth. (1 Samuel 21:25, 2 Samuel 9) Pero del Señor son las “entrañas de misericordia.” “Ve y haz tú lo mismo.”

José Naranjo

La Sana Doctrina (1958 a 1981)


UNA CLARA EXPOSICIÓN DE DOCTRINA CRISTIANA

(El autor de este artículo, el Señor Walter Scott, fue un gran estudiante de las cosas profun­das de las Escrituras. Murió en 1935 a la avanzada edad de 95 años, habiendo servido al Señor en muchas partes del mundo por más de 70 años. Sería de mucho provecho al lector si estudiara este artículo buscando las referencias en su Biblia)

 


1. Las Sagradas Escrituras

Creemos en verdad y mantenemos firmemente la Autoridad Divina e Inspiración Verbal del Antiguo y del Nuevo Testamento —66 libros en todo. Sostenemos la inspiración de cada libro, de cada Palabra, de cada letra, y aun de cada jota y tilde de una letra (Mateo 5:18), de las Escrituras originales. Debilidades y errores humanos caracterizan la traducción de las Escrituras. La perfección absoluta está imprimida sobre las Escrituras originales (2 Tim. 3:15, 16; 1 Cor. 2:13; 2 Pedro 3:15, 16; Lucas 24:44). La Biblia es Divina, y es el único Libro de Dios para la raza humana.

 

2. El Misterio de la Deidad

Creemos en verdad y mantenemos firmemente en la distinción, relación mutua, e igualdad esencial de cada una de las tres Personas de la Deidad — Padre, Hijo y el Espíritu Santo. La verdad de la Deidad es un misterio profundo e insondable, más lo creemos porque es revelada (Lu­cas 3:21, 22; Mt. 28:19; 2 Cor. 13:14; Juan 15:26; Apoc. 1, etc.

3. Creación

Creemos en verdad y mantene­mos firme-mente que la inmensa escena de la creación — los cie­los y la tierra y todo lo que en ella hay— ángeles y hombres, lo visible e invisible, desde el pode­roso Arcángel hasta el más pe­queño o el menor átomo —todo, viviente o inanimado, fueron creados por Dios el Hijo, y más aún, que Él es el Origen y Susten­tador de todo lo que fue, es y siempre será (Col. 1:15—17; Hch. 17;24—29; Heb. 1:2, 3; Gén. 1:2.)

 

4. El Pecado y Ruina Universal


Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que el diablo o Satanás, creado sabio, hermoso, fuerte y perfecto en carácter y modos, cayó de su posición exaltada por el orgullo; y subsi­guiente bajó a ruina moral a los parientes de la familia humana: y, además, que la ruina de la raza es universal, total, e irremediable por algún esfuerzo humano (Éxodo 28:11-19; 1 Tim. 3:6, Gén. 3; Rom. 3; Efesios 2:5, etc.)

 

 

5. La Encarnación

Creemos en verdad y mante­nemos firmemente que Dios, el Hijo Eterno, el unigénito del Pa­dre, el Verbo que era Dios, siempre existente en Deidad Esen­cial —verdaderamente fue nacido de la Virgen María, concebido milagrosamente por el Espíritu Santo, y no de generación pater­nal humana, por lo tanto, nacido santo, y llamado el Hijo de Dios. Emanuel, y con los derechos esenciales de Jehová y el Mesías. Y aún más que esto, que la en­carnación no constituyó al Señor Jesucristo una Persona, pero fue manifestado como Persona pues El vino a este mundo como una Persona Divina. En El son uni­das dos naturalezas —Divina y Humana— cada una corresponde con la otra, y subsiste en perfec­ción igual —no puede dividirse, pero puede ser distinguida en la Persona— Mateo 1; Lucas 1; 1 Timoteo 3:16; Isaías 9:6; Salmo 40:6 con Hebreos 10:5; Juan 1:14.

 

6. La Impecabilidad de Nuestro Señor

Creemos en verdad y mantenemos firmemente la impecabilidad de nuestro Señor. No había pecado en El, ni hizo pecado, ni fue nacido bajo la maldición de una ley quebrantada, ni fue su cuerpo mortal sujeto a la muerte — fue absolutamente Santo en nacimiento, en vida, en servicio, en muerte por nuestros pecados; y en su presente sesión a la diestra de Dios— Lucas 1:35; Juan 14:30; Hch. 2:27; 3:14, etc.

 

7. La Muerte de Cristo fue Voluntaria y Vicaria


Creemos en verdad y mante­nemos firmemente que ni la muerte ni el juicio tenía re­clamo sobre el Señor. El Santo Dios voluntariamente se ofreció sin mancha a Dios como el Cor­dero predestinado para quitar el pecado del mundo, como el único, absoluta-mente perfecto sacrificio y ofrenda para los pecados y culpas de Su pueblo. Fue hecho pecado sobre la cruz, hecho una maldición sobre el madero llevando nuestros pecados sobre Su cuerpo, muriendo el justo por los injustos. Su muerte fue SUBSTITUCIONARIA, y para hacer propiciación para pecadores con Dios —Juan 10:17, 19; Hebreos 9:14;           1 Pedro 1:24; 1 Cor. 15:3, 4; etc.

 

8. La muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo

Creemos en verdad y mantenemos firmemente que el Señor Jesucristo, quien por Su naturaleza y vida fue absolutamente santo, fue crucificado por Judíos y Gentiles, más sin embargo, de acuerdo con el consejo DETERMINADO y providencia de Dios; fue sepultado, resucitado de los muertos al tercer día, y después de cuarenta días subió al cielo donde ahora Él está sentado a la diestra de Dios, coronado y glorificado, y partícipe, también del trono de Su Padre —1 Co. 15:3; 1 P. 3:18; Hch. 13:30; Tom. 4:24, 25; 6:4; Hech. 1:9—11; 1 Ped; 3:22; Marcos 16:19.

 

9. El Evangelio a la Raza Humana

Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que el Evange­lio de la muerte y la resurrección de Cristo debiera ser predicado sin reserva o calificación a cada criatura y que la responsabilidad de todos los que oyen es creer en el Señor Jesucristo para justifica­ción y perdón de pecados —Lucas 24:47; Hch. 13:38, 39; Mar­cos 16:15; Col. 1:23 etc.

 

10. Personalidad y Presencia del Espíritu Santo

Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que el Espíritu Santo es una Persona Divina —co-igual con el Padre y el Hijo en poder, posición y gloria. Además de esto, que, así como fue prometido, Él vino del cielo en el día de Pentecostés, para morar permanentemente en la Iglesia y en el cuerpo de cada cristiano, y es ahora el poder eficaz sobre la tierra de todo servicio, de toda piedad, y de toda adoración— Hech. 5:3, 4; Mat. 28:19; Hech. 2; Juan 14:16, 17; 1 Cor. 3:16; 6:19; etc.

 

11. La Obra del Espíritu Santo en la Conversión

Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que nadie es nacido de nuevo, o salvo, meramente por un hecho de su propia voluntad, ni por la voluntad de otro, que el Espíritu Santo efectúa el nuevo nacimiento usando la Palabra predicada o escrita; que El obra en el alma y conciencia, arrepentimiento ha­cia Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo —todo trazado a la soberana voluntad de Dios — Juan 1:13; 3:5-8; 1 Cor. 6:11; 1 Pedro 1:22; Stg. 1:18.

 

12. La Eterna Seguridad de los Creyentes

Creemos en verdad y mante­nemos firmemente cada uno del rebaño de Dios, redimido por Su sangre TIENE vida eterna, y nun­ca perecerá, que es salvo una vez y para siempre, es hijo de Dios ahora y para siempre y es completamente libertado del juicio aho­ra, como Cristo Mismo. La per­severancia final de Cristo en sal­var, guardar y mantener, y final­mente presentar a cada redi­mido hacia Sí mismo, sin falta y en gloria es la convicción profunda de nuestra alma y una parte íntegra de la fe de los elegidos de Dios - Juan 5:24; col. 1:12- 14; Juan 10:28-30; Rom. 8:1; 29-39; Fil. 1:6, etc.

13. Cristo: Sumo Sacerdote y Abogado

Creemos en verdad y mantenemos firmemente que Cristo como el Sumo Pontífice de Dios ahora sentado a la diestra de la Majes­tad en los cielos, representa, mantiene, socorre e intercede por cada creyente verdadero en la presencia y ante el rostro de Dios. Su intercesión interminable con el Padre es para la restauración de hijos errantes de Dios —no es restauración al parentesco con Dios el Padre, pues esta nunca se puede perder, sino al gozo y comunión que se habían perdido por algún tiempo— Heb. 2:18; 4:14; 1 Juan 2:1; Luc, 22:32; Jn. 13: 1-14, etc.

 

14. El Cuerpo Místico de Cristo

Creemos en verdad y mantenemos firmemente que desde el día de Pentecostés ha habido UN Cuerpo sobre la tierra que con­siste de todos los creyentes verdaderos irrespectivo de su edad, sexo, crecimiento o fuerza de fe. Cristo glorificado en el cielo es la Cabeza de ese Cuerpo; el Espíritu Santo sobre la tierra obra en variedad por los miembros del Cuerpo. EL UN CUERPO une a los creyentes el uno al otro, y todos a Cristo. También los límites del UN Cuerpo, deciden la extensión y anchura de la comunión cristiana — 1 Cor. 12:13; Efesios 4:3—16; Col. 1: 24; Efesios 1:22-23.

 

15. El Sacerdocio de todos los Creyentes

Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que TODOS los creyentes son sacerdotes y tienen igual acceso y derecho Divino de acercarse a Dios en el Lugar Santísimo y ofrecer sacrificios espirituales enteramente —aparte de la autorización o cita humana— Heb. 10:2, 19 — 22; 13:15, 16; 1 Pedro 2:5. etc.

 

16. Las Dos Ordenanzas Cristianas

Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que TODOS los creyentes deben ser personas bautizadas, y TODOS deben par­ticipar de la Cena del Señor —el bautismo fue entregado para su administración a los siervos del Señor, la Cena del Señor fue en­tregada al pueblo del Señor— Mt. 28:19; Hec. 2:8, 16; 1 Cor. 11:23. Hch. 2:46; 20:7; etc.

 





17. La Segunda Venida del Señor

Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que el Señor Jesucristo vendrá otra vez en po­der y gloria con Sus Santos —habiendo ya sido resucitado de entre los muertos o cambiados a Su venida en el aire— y con todos los ángeles santos, para reconci­liar a Si Mismo los cielos y la tierra comprados con Su sangre, y para establecer Su reino de milenio y reinar por mil años— Juan 14:3; Efesios 1:9, 10; Apoc. 19.

 

18. Personalidad de Satanás

Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que Satanás, el enemigo declarado de Dios y del hombre, fue creado un ser sin pecado. El cayó por orgullo e insubordina-ción. Él es el autor de todo mal moral. La palabra Diablo sólo aparece en el singular en las Escrituras. Satanás es una personalidad viviente —un ser ge­nuino. Su condena es el “Lago de Fuego”. Las esferas presen­tes de operación satánica son los cielos, el aire y tierra— Job 1:2; Zac. 3; Mt. 4; Ef. 2:2; 1 Pd. 5:8; Apoc. 12:9.

 

19. La Resurrección de los Muertos

Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que todos los muertos serán resucitados física­mente por el poder de Cristo. La compañía de los salvos será levantada para bendición eterna; los que no son salvos de entre los muertos serán levantados para su­frir las tribulaciones de la muerte segunda— el Lago de Fuego— Juan 5:28; Heb. 6:2; Apoc. 20:4-6; 12-15; 1 Cor. 15.

 

20. El Castigo Eterno

Creemos en verdad y mantene­mos firmemente que la condena­ción de los malvados, de los incré­dulos, de todos los pecadores que han rechazado a Cristo, es final, irrevocable, y eternal, que para aquellos designados para el Lago de Fuego las Escrituras no extienden esperanza que el sufrimiento cesará, ni habrá mitigación de castigo, ni limitación de duración. El castigo está establecido y será eterno. La misma palabra ETERNAL, es usada para expresar la vida del Dios Omnipotente, la vida de los redimidos en gloria, y el destino de los perdidos. Grados de castigo son proporcionados por la culpa de cada uno – Mt. 25:46; 2 Tes. 1:7-9; Apoc. 20:11-15; Judas 7; Marcos 9:44,46,48; etc.

Sendas de Luz, Abril-Mayo, 1981

¿Cuál es la diferencia entre sobreveedor (obispo) y anciano en una iglesia cristiana?


Respuesta: No hay ninguna diferencia en cuanto a la persona indicada por estos dos términos. En Hechos 20:17 Pablo llama a “los ancianos” de la iglesia, y en versículo 28 dice: “El Espíritu Santo os ha puesto por obispos”. Nade puede leer el Nuevo testamento sin darse cuenta de que es ordenación de Dios que la iglesia cuente con número de hermanos que tengan cuidado de la grey (1 Pedro 5:2). También ordena que los tales deben ser “reconocidos”, y esto, no en virtud de algún diploma o título oficial, sino en mérito “de su obra” (1 Tesalonicenses 5,12-13). Su carácter se ve 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9 y los tales, puestos por el Espíritu Santo y reconocido por la grey, deben ser honrados y obedecidos (1 Timoteo 5:17 y Hebreos 13:17).

            La palabra “sobreveedor” no se encuentra en nuestra versión de las Escrituras, pero es traducción literal de la palabra griega episkopos (epi: sobre; skopos: veedor, o vigilante). (Hechos 20:28). Denota su deber de vigilar bien por el bienestar de los que pertenecen al rebaño del Buen Pastor, no por imponerse como si fuera dueño de las heredades del Señor, sino como ejemplo digno de seguir (1 Pedro 5:3; 1 Corintios 11:1). La palabra “anciano” pone énfasis sobre la madurez, el criterio bien formado, de tal persona: “No un neófito, porque inflándose no caiga en juicio del diablo (1 Timoteo 3:6). Un joven de brillantes estudios o un hombre que posee muchos bienes de este mundo y no tiene la experiencia necesaria: lo tales no pueden incluirse en el número de los “ancianos de la iglesia”.

            Vivimos en días cuando hay ciertos elementos que se rebelan contra toda dirección y cuidado en las iglesias; tal espíritu está en pugna con las claras enseñanzas de la palabra de Dios (1 Pedro 5:5; Filipenses 2:14, 15; etc.). Si se observan las indicaciones de las Escrituras dadas arriba tendremos paz en las iglesias y la consiguiente prosperidad y progreso (Véase 1 Tesalonicenses 5:12-23).

G.M.J.Lear

Sendas de Luz, Marzo-Abril, 1978.


EL SERVICIO DE LAS MUJERES EN LA ASAMBLEA CRISTIANA

Así que. como lo iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella. Grande es este misterio; más yo digo esto con respecto de Cristo y la iglesia Efesios 5:24, 25, 32.


La posición que las Escrituras dan a la mujer en la iglesia es de gran interés, además de ser muy instructiva. El apóstol enseña en el capítulo 5 de Efesios, que la relación del marido con la esposa representa la relación de Cristo y la iglesia. ¡Qué privilegio bendito se ha dado al marido y a la esposa de ordenar su estado conyugal de tal manera que el mundo pueda ver un cuadro de la unión de Cristo con la iglesia! La posición de sujeción prescrita para la mujer en su relación con su marido en la casa, se extiende a su posición en la iglesia, donde también se requiere que ella sea sujeta al hombre reflejando así la sujeción de la iglesia a Cristo. Todo esto no quiere decir que la mujer personalmente sea inferior a su esposo; pero sí quiere decir que en su posición ha de ser sujeta a él.

Estudiemos a la luz de las Escrituras estos dos temas coordina­dos, comenzando con:

I. La Posición de la Mujer en Relación a su Marido.

1. Como Ayuda Idónea a él:

En la creación el hombre fue formado primero, luego la mujer. La historia de la creación de ella es muy instructiva. Léase Génesis, Cap. 2, versos 18-24. "Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas ... y de la costilla ... hizo una mujer. Se destacan dos verdades en esta relación de la creación de la mujer:

a) La   mujer no es independiente del hombre, sino que es parte de él, hecha de su misma costilla — "hueso de mi hueso y carne de mi carne, dijo Adán. Alguien ha dicho que la esposa fue sacada de su costado cerca de su corazón para que él la amara. No fue tomada de su cabeza, para que ella no se enseñorease sobre él; ni tampoco de sus pies, para que no estuviese bajo sus pies en sumisión servil.

 

b) El propósito por el cual Dios hizo la mujer fue para que fuese “ayuda idónea para él”; esto es, ni su ama ni su esclava. Es una parte de su marido, añadida a {el para su complementación. “Le da ella bien y no mal todos los días de su vida” (Proverbios 31:12).

            La vida conyugal tiene su centro en la casa. La esposa preeminente es la que hace de la casa un hogar. Su deber es de gobernar la casa (1 Timoteo 5:14); de amar a su esposo y a sus hijos, haciendo del hogar el centro de su vida. Todo esto es necesario para preservar el tipo divino de la sujeción de la iglesia a su Señor. Insistimos en que se recuerde que esta posición de sujeción no infiere inferioridad per­sonal. Cuando hay dos maestros en una escuela e igualmente capaci­tados entre sí, ello no impedirá que el uno esté sujeto al otro, siendo este director de la escuela.

2. La Mujer Sujeta a su Marido Representa la Iglesia en Sujeción al Señor Jesucristo: Efesios 5:22-33.

Leyendo este pasaje maravilloso, pensamos que el Espíritu de Dios está usando el estado del Matrimonio para ilustrar esa intimi­dad santa que existe entre Cristo y la iglesia, la que será plenamente consumada en Las Bodas del Cordero. Quiere que la sumisión de la esposa a su marido sea un fiel reflejo de la iglesia en sumisión a su Señor. Quiere que haya ese amor y esa solicitud de parte del marido para con su esposa que refleja el amor y la solicitud que Cristo tiene para con su iglesia.

Pero otras veces pensamos que el Espíritu de Dios usa el sim- bolo al revés, demostrando que la santa intimidad que existe entre Cristo y la iglesia se refleja en el estado matrimonial. El marido ha de ser para su esposa lo que Cristo es para la iglesia; y la esposa ha de ser para su marido lo que la iglesia es para Cristo. Si es así, vivi­mos una vida terrenal según el modelo celestial. ¡Qué el Señor nos dé gracia para vivir así!

II. La Posición de la Mujer en la Iglesia Cristiana.

Tal como esposo y esposa conviven en su casa para la vida con­yugal en la esfera hogareña, así los hermanos y las hermanas están juntos en la asamblea para llevar a cabo la voluntad del Señor en la vida espiritual. La posición sumisa requerida de la esposa a su mari­do en el hogar por el Espíritu Santo, se proyecta también en la asam­blea en la convivencia entre hermanos y hermanas.

1.  La mujer ha de callarse en la iglesia.

En el capítulo 14 de Primera Corintios hay mucha instrucción con respecto a los dones de ministerio y su uso en la iglesia. Pero todo eso afecta a los varones en la asamblea. "Vuestras mujeres ca­llen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Cor. 14:34,35).

2.  La mujer no ha de enseñar.

El mandamiento complementario a lo de aprender en silencio es que la mujer no enseñe aun después de haber aprendido. "Porque no permito a la mujer enseñar. . . sino estar en silencio” (1 Tim. 2:12). Este no le será difícil, aunque ella conozca las Escrituras mejor que algunos hombres, si recuerda que Dios le ha confiado a ella el privi­legio de reflejar la sumisión de la iglesia a su Señor. Ella no querrá nunca echar a perder esa ilustración sagrada.

3 la mujer no ha de ejercer autoridad sobre el hombre.

Muchas veces diferencias de juicio surgen en la asamblea con respecto a la administración de los asuntos domésticos, lo mismo co­mo en el bienestar espiritual de la asamblea. Aun en estas cuestiones, la mujer ha de estar sujeta al hombre. "No permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre. Repito: esto no será difícil para la mujer si piensa que es su prerrogativa especial de representar la sumisión de la Iglesia al Señor.

4. Las señales de la sujeción de la mujer: 1 Corintios 11:3-15.

            Las Escrituras exigen dos cosas de la mujer como señales de su sujeción, como asimismo de la Iglesia al Señor:

a) Que ore con la cabeza cubierta: 1 Cor. 11:5, 13.

b) Que conserve su pelo largo, pues no cortado: 1 Cor. 11:5-10.

A causa de que el hombre representa a Cristo, lleva su cabello cortado y ora con la cabeza descubierta. No tiene que haber señales de sujeción aquí; eso echaría a perder la ilustración por completo. En vista de que la mujer es figura de la iglesia, ella lo expresa llevando su cabello largo y cubriendo su cabeza cuando ora. Así como el anillo de oro llevado sobre el tercer dedo de la mano es un símbolo de ma­trimonio, así el cabello largo y la cabeza cubierta son símbolos de sujeción a Cristo. Eso le dará gozo a la mujer, acordándose que es su privilegio particular de enseñar así la sumisión de la iglesia al Señor Jesucristo.

 

III. La Esfera de Servicio de la Mujer

Porque la mujer está en silencio en la iglesia, y no se le permite enseñar, nunca se debe pensar que su esfera de servicio sea sin impor­tancia. A continuación, tiene cuatro funciones que puede desempeñar.

1. Gobernar el Hogar: 1 Tim. 5:14: Tito 2:3-5. Dios ha orde­nado que el hogar sea cual centro de la vida familiar. La esposa es la que hace de la casa un verdadero hogar. Las mujeres mayores han de enseñar a las mujeres jóvenes los deberes y las artes de constituir el hogar, ser prudentes; amara sus hijos, ser templadas, castas, cuidado­sas de la casa, bondadosas, sujetas a sus maridos. Por cierto, ésta es una tarea grande y noble. ¡Cuánto debe la iglesia a las esposas y las madres piadosas quienes han vivido según este modelo escriturario!

2. Benignidad y Buenas Obras: l Tim. 5:10; Rom. 16:1,2; Hch. 18:3. Además de su deber a su familia, una mujer cristiana tie­ne muchas oportunidades de servir a otros, aliviando a los afligidos, haciendo obras caritativas, ministrando a los siervos del Señor, etc.

3. Instrucción Particular: Hch. 18:26. Aunque no se le permitía a Priscila enseñar en la asamblea, ella podía brindar hospitali­dad a Apolos cuando visitaba a Éfeso, y junto con su esposo Aquila, "le tomaron aparte” en su propia casa, "y le expusieron más exacta­mente el camino de Dios.”

4. Testimonio Personal: Fil. 4:3. Pablo menciona a aquellas mujeres que “combatieron juntamente” con él en el evangelio. Aun­que no se les permite predicar en la iglesia, a las mujeres les está per­mitido decir en otras maneras lo que Dios ha hecho para ellas, y así, muchas veces ganar un alma para el Señor. Que ni los hombres ni las mujeres nunca se descuiden de las oportunidades que se les pre­sentan para testificar personalmente de Cristo.

J.R, Littleproud, del Libro Una Asamblea Cristiana, Capítulo 22

Verdades Bíblicas, N° 299-300, 1973


EL MUNDO: UN REINO DE TINIEBLAS

Cuando hablamos del mundo en este sentido, no nos referimos al planeta tierra, el cual Dios nos ha dado como morada temporal. Ni tampoco nos referimos al mundo de la naturaleza, el cual Dios nos ha dado para que lo disfrutemos. Y, ciertamente, no nos referimos a la humanidad, a la cual Dios quiere que amemos igual que Él (Jn. 3:16). Entonces, ¿a qué nos referimos?

El mundo es la civilización que el hombre ha construido para satisfacer sus deseos sin contar con Dios. No sólo es independiente de Dios, sino totalmente opuesto a Él. El sistema del mundo está fundado sobre principios erróneos y promueve valores falsos. Es egocéntrico. La riqueza, el sexo y el poder son elementos claves en su cultura. “Toda civilización sin Dios, desde el principio, ha sido sellado con maldición; y todo lo que el hombre, sin Dios, llama avance, invento y progreso, tan sólo se asemeja a la construcción de la torre de Babel, esencialmente idólatra, y centro de vanagloria”.

Satanás es quien otorga inspiración y energía a la sociedad. Como los santos ángeles guardan al pueblo de Dios, así las potestades diabólicas están siempre activas en los asuntos del imperio de maldad.

Un Espectáculo Hueco

En realidad, el mundo es algo vacío. Es una fachada irreal. Como un chiste que carece de gracia, el mundo carece de sentido y valor. Nada de lo que ofrece puede satisfacer al corazón humano. Hay un libro de la Biblia, Eclesiastés, enteramente dedicado a exponer la vanidad del mundo, de la vida debajo del sol. Malcolm Muggeridge, al darse cuenta de esto, escribió: “He llegado al punto de ver que la vida humana, en todas sus manifestaciones, ya sean públicas o colectivas, no es más que un teatro, y el drama es uno barato y de muy mal

gusto”.

Y otra persona dijo: “El camino de mundo es pura imaginación; pero el reino [de Dios] es realidad eterna”. La gente intenta obtener del mundo más de lo que realmente hay en él.

Aun así, resulta muy atractivo. Se presenta a sí mismo como el summum bonum, el bien supremo. Sus luces psicodélicas, música contemporánea y atuendos sensuales deslumbran por doquier. Todo habitante del “país de Marlboro” es bien guapo, tiene un caballo, y aparece recostado en el asiento de un descapotable, seduciendo o siendo seducido por una mujer bella. Es un mundo de ensueño—una sociedad artificial. Es chapa resplandeciente que carece de sustancia y valor.

¿Qué es Mundano?

Mundanalidad es amar cosas pasajeras. Es todo aquello que arrastra y aleja a un creyente del Señor. Una persona mundana es aquella cuyos planes terminan en la tumba. Jowett supo poner los puntos sobre las íes cuando dijo: “La mundanalidad es un espíritu, un carácter. No es tanto un acto sino una actitud. Es una pose, una postura... La mundanalidad es toda actividad humana que mantiene fuera a Dios. La mundanalidad es una vida sin llamamiento celestial, sin ideales, sin alturas. La mundanalidad no reconoce nada en absoluto del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. No tiene montes; es una vida plana, horizontal. La mundanalidad no tiene dimensión vertical. Tiene ambición, pero no tiene aspiración. Su lema es el éxito, no la santidad. Siempre dice: “adelante”, pero nunca dice: “asciende”. La persona mundana es la que nunca dice: ‘alzaré mis ojos a los montes’”.

En algunos círculos, la definición de mundanalidad se ha limitado principalmente a cuestiones de beber, fumar, apostar, bailar, jugar a las cartas, ir al cine y actividades similares. Pero abarca mucho más. El Dr. Dale escribió: “Ser mundano es abandonar la ley suprema a la que debemos lealtad, las glorias y terrores del universo invisible que se revela a la fe, y nuestra trascendente relación con el Padre de los espíritus por medio de Cristo Jesús nuestro Señor, para ser llevado por intereses inferiores”.

“Hermano, si dieras la vuelta para vivir una vida mundana, tendrás que volver a través de la tumba, pues ésta yace entre el cuerpo de Cristo, del cual tú formas parte, y el mundo que le rechazó. El mundo le echó fuera de sí, y nosotros hemos sido sepultados en Cristo por el mundo que aborrece a la iglesia”.

La paciencia divina tiene un límite para el que intenta obtener lo mejor de los dos mundos.

William Macdonald, Mundos Opuestos, Capítulo 1