sábado, 9 de junio de 2012

CANDELERO ENCENDIDO - JUNIO 2012

SE ENCUENTRA PUBLICADO LA REVISTA CORRESPONDIENTE AL MES DE JUNIO.


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Los Dones Y Los Cargos En la Iglesia


Es mucho más agradable considerar las riquezas de la gracia de Dios y del amor de Cristo, que discutir las cuestiones de los cargos (diácono) y las instituciones (obispo). Sin embargo a veces es necesario hablarlo, cuando se hacen estas preguntas, para turbar el reposo  de los cristianos y para excitar su espíritu, como si el cristianismo fuera defectuoso, o caminaran desordenadamente y  les faltara alguna cosa ante Dios.
            Es pues para aclarar estos puntos discutidos y para tranquilizar los espíritus de los cristianos, que escribiremos algunas líneas sobre los cargos y los dones. Pero deseamos de todo nuestro corazón  que cada uno, después que esté realmente claro sobre esto, se aparte de estas preguntas y las deje enteramente de lado, para ocuparse de Cristo, de su inmensurable amor y de su inmensa gracia. Es esto lo que nos alimenta y edifica, mientras que tales preguntas resecan el alma.
            Existe una gran diferencia entre los dones y los cargos. Los dones emanan de la Cabeza, que es Cristo, en los miembros, con el fin de reunirlas, por su medio, en la Iglesia fuera del mundo y de edificarla mientras que las reúne.
            A quienes se le confiaron cargos eran, como tales, diáconos o servidores que habían sido establecidos, en cada localidad, por los cristianos mas adelantados, es decir por lo Apóstoles, y la habían recibido de aquellos por su posición y autoridad. Podían tener dones — y esto era deseable; pero a menudo ellos no lo tenían. En todo caso, cuando eran fieles y devotos en su servicio, eran bendecidos por Dios. — Vamos ahora a examinar la enseñanza de la Escritura sobre los dones.
            Todo lo que es bueno es un don y viene de Dios. Pero, aquí, hablamos de dones en un sentido un poco mas restringido y mas limitado, a saber: los dones que Dios ha dado para congregar  a su Iglesia y para edificarla, según está escrito: «El ha subido a lo alto, y ha llevado cautiva la cautividad, y ha dado dones a los hombres». Es decir los dones de los cuales hablamos según la Escritura y que son los que Cristo ha recibido el Padre luego de haber subido a lo alto, para ser la Cabeza de la Iglesia, sobre todas las cosas.
            El hombre ha puesto fin a una multitud de cosas por el pecado. Sin ley, estaba perdido en la disolución, en la independencia, al colmo de la violencia y de la corrupción. Bajo la ley, ha venido ha ser transgresor y despreciativo de la voluntad de Dios. Dios le ha visitado en misericordia, donde estaba sumido en la miseria, la deshonra y la desobediencia; y el hombre ha rechazado a Dios. — Era pecador, expulsado de un paraíso terrenal. Dios ha descendido a este mundo de miseria del hombre; pero, mientras estuvo en el, el hombre ha alejado a Dios del mundo. Toda esperanza para el primer hombre, como tal, está perdida. Pero Dios ha glorificado al segundo hombre, aquel que fue obediente (el Señor que es del cielo) y le ha hecho subir en su posición celestial y determinada de ante mano. El actúa sin embargo según su gracia en  los corazones de los hijos de los hombres, para darles una nueva vida, y reunir fuera del mundo a los objetos de esta gracia uniéndolos al Cristo glorificado, con el fin de que ellos gocen con Él de todos los privilegios y, lo que es mas hermoso de todo, con el fin  que se regocijen  con Él en el amor del Padre. Así, los nacidos de nuevo son también miembros de Cristo, de Aquel que es la Cabeza del cuerpo. 
            Pero hay aun una verdad que se menciona al principio de nuestras notas, a saber que Cristo ha adquirido esta posición, para el cumplimiento de la obra de la redención. Éramos esclavos del Diablo y del pecado. Ahora somos libres; Cristo ha llevado cautiva la cautividad, y ha llenado a aquellos que ha rescatado, del poder del Espíritu Santo, con el fin que le sirvan. Habiendo vencido a Satanás y cumplido la redención, ha subido a lo alto y, como Cabeza de la Iglesia, ha recibido del Padre el Espíritu Santo de la promesa, para los miembros.
            El cristiano rescatado recibe el Espíritu Santo de dos maneras. Es sellado del Espíritu, las arras de nuestra herencia y, así, uno con el Señor y unido a él; después, ha recibido el Espíritu Santo para cumplir su servicio hacia Cristo, He aquí como los dones se relacionan con estas verdades. La obra de la redención está cumplida y los creyentes están perfectamente purificados de sus pecados, de manera que, en virtud de la sangre de Cristo que les ha sido vertida, el Espíritu Santo puede habitar en ellos. Cristo habiendo glorificado a Dios, su Padre, en la tierra, se ha sentado como hombre a la derecha de Dios, como Cabeza de la Iglesia de  donde es la justicia eternal. Como tal, el ha recibido el Espíritu Santo para sus miembros, es decir para los creyentes (Hechos 2: 33; Efesios 4:8). «Somos justicia de Dios en Él» (2ª Corintios 5:21).
            Ahora, el Espíritu Santo—enviado por el Padre en nombre del Hijo— ha descendido del Hijo como Espíritu de liberación y de adopción, habitando en los creyentes por la parte del Padre y viniendo del Padre, para comunicar a aquellos la  seguridad de la salvación y también para  acabar en la tierra, con  poder y sabiduría, la obra del Señor, en los miembros del cuerpo Aunque importante y precioso sea el primer punto, lo dejaremos de lado, por el momento, para ocuparnos de los dones. El Espíritu Santo es, en la tierra, en virtud de la obra cumplida de la redención y de  la entrada de Cristo a la derecha de Dios. Allí el obra, por medio el evangelio, para anunciar el amor de Dios, para congregar a los elegidos y para formar un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Cada alma convertida, que ha recibido la vida de Cristo y que ha sido sellada por el Espíritu Santo, es un miembro de Cristo, de la Cabeza celestial. Se puede entonces considerar los dones, sea como dones de Cristo, sea como la operación el Espíritu Santo, actualmente en la tierra. La Escritura  Santa hace estas dos cosas. En la epístola a los Efesios, capítulo  cuatro, ella habla de los dones de Cristo. En al primera a los Corintios, capítulos 123 y 14, ella habla de la unidad del cuerpo y de los dones producidos del Espíritu en los diferentes miembros. En todo caso, los done están en relación con  la unidad del cuerpo, se puede fácilmente convencer, leyendo  el cuarto capítulo a los Efesios.
            Yendo un poco más lejos, notemos que los dones son e dos maneras: los que sirven para despertar a las almas o para reunir  congregar a la Iglesia, en la persona del Espíritu. La epístola a los Efesios no habla  solo de  los primeros  dones; la epístola a los Corintios nos habla de los dos. La misma Palabra de Dios hace la diferencia, cuando nos dice que las lenguas son una señal para los incrédulos, y la profecía para los creyentes (1ª Corintios 14:22). Esta distinción es importante, porque es imposible que falte alguna cosa de lo que es necesaria para la conversión de las almas y para la edificación de la Iglesia;  mientras que es muy fácil concebir que Dios retira lo que era un ornamento de la Iglesia y un testimonio de aceptación, cuando la Iglesia es infiel y que, en lugar de honrar a Dios, ella ha contristado al Espíritu. Sin embargo este testimonio exterior ha permanecido, según la sabiduría de Dios, en la Iglesia,  era necesaria que permaneciera por mucho tiempo para confirmar la predicación de las verdades cristianas.
            Todos los dones proceden de Cristo, la Cabeza, y tienen su existencia en los creyentes por la energía del Espíritu Santo. Efesios 4 y 1ª Corintios 12, nos presentan estas dos importantes verdades muy claramente y muy explícitamente, exponiendo su principio y desarrollo. Efesios 4 nos habla exclusivamente de los dones que sirven para la reunión y para la edificación de la Iglesia. Cristo ha subido a  lo alto y ha recibido los dones para los hombres. Aquellos que, gozando por la fe de la obra redentora de Cristo, por la cual son perfectamente librados del poder de Satanás, por la cual estaban en otro tiempo sumidos; después, siendo hechos vasos de gracia y de poder que emana de los alto, de Cristo que es la Cabeza, vienen a ser instrumentos de un Cristo ausente, por medio e los dones que les son comunicados. El Señor ha puesto los fundamentos, por los apóstoles y profetas. Son (dice el apóstol, Efesios 2) el fundamento, Jesucristo mismo siendo la piedra angular. Quedan aun los evangelistas, los pastores  y maestros; ahora bien, por mucho tiempo Cristo ha amado a la Iglesia y El es la única fuente de la gracia; también mucho tiempo desea alimentar a los miembros de su propio cuerpo, estos mismo dones quedaron para la edificación de la Iglesia. Pero  mientras que estos dones actúan por la presencia y el poder del Espíritu Santo, los cristianos son a menudo desgraciadamente infieles y descuidan sus amonestaciones, sucede que el desarrollo de los dones y su eficacia pública son un poco aparentes y que su actividad es mínima. Estas cosas son verdaderas en general y es también en cuanto a la vida cristiano individual que en cuanto al estado práctico de la Iglesia. Pero no es menos verdadero que Cristo cuida fielmente su cuerpo. Podemos siempre contar con esto aunque, en cuanto a los detalles, podemos ser humillados por nuestra propia infidelidad. También el Señor nos ha dicho que la mies es mucha, pero los obreros pocos; y que debemos rogar al Maestro de la mies que envíe obreros para su mies.
            Cualquiera que ha recibido un don, por lo mismo, ha llegado  a ser  siervo de Aquel que le ha comunicado. Por esto mismo somos siervos de Cristo, del único Señor de nuestras almas; sin embargo cada cristiano, en particular, es un siervo en razón del don que se le a comunicado; y, porque se le ha comunicado, cada uno es responsable  de emplearlo  o de trabajarlo; Sin duda, cada cristiano esta sujeto a la disciplina general de la Iglesia o de la asamblea, tanto como en toda su vida como en su servicio Pero el sirve a Cristo no a los hombres. El lleva fruto para la asamblea, porque el sirve a Cristo. El da un servicio a los cristianos, porque el es un  siervo de Cristo, del Señor. También está obligado a servir, porque es un siervo de Cristo y le ha recibido, por esto, una parte del bien es de su Señor. Tal es l adoctrina de la parábola de los tres siervos, donde el maestro sale fuera del país y le entrega sus bienes; a uno mas, a otro menos. ¿Por qué? ¿Sería con el fin de que fueran perezosos e inactivos? ¡No! Deseaba confiarle los talentos con el fin de que ellos lo trabajaran. Uno no da materiales y herramientas a los hombres, con el fin de que no hagan nada. Esto no sería razonable, pero, si el amor por Cristo y su amor por las almas está activo en el corazón, la pereza y la inactividad son imposibles.
            La presencia y la actividad de este amor son en efecto puestas así a la prueba. Si el amor de Cristo obra en mi amor y yo puedo ser útil a una sola alma amada por Él, ¿Será posible que quede aún inactivo? Ciertamente que no. El poder para obrar así, la sabiduría necesaria para hacerlo de una manera que le sea a El agradable, viene siempre y sobre el terreno de él mismo, cuando el amor de Cristo en el corazón está lo que hace  un corazón activo. Para tener la valentía  de obrar, es necesario que tenga confianza en Cristo, sino el corazón dirá: Puede ser que no acepte mi trabajo;  puede ser que no esté contento conmigo; puede que sea muy osado, muy precipitado; puede ser que sea mi orgullo que pretende hacer esto. La pereza dice: Hay un león en el camino; mientras que el amor no es nada inactivo, pero inteligente, porque el se confía en Cristo. El amor comprende lo que desea el amor, obedece a la voluntad de Cristo y sigue el ejemplo de Cristo, su conductor. Es esta la acción misma del amor que es en Cristo y que emplea una sabiduría humilde y verdadera. Es obediente e inteligente, comprendiendo su deber por la gracia, y teniendo, en el amor de Cristo,  la valentía de cumplirlo. ¿De quien  Cristo  ha aprobado y conocido la conducta? De aquel que, por una confianza amable, ha trabajado sin otro mandamiento—o de aquel que no se ha atrevido? Lo sabemos todos. La aprobación de Cristo es suficiente para el corazón del cristiano y es suficiente para su justificación en la obra. Hermanos, cuando tenemos su manifiesta aprobación, declarada, podemos dejar a un lado todo lo que queda. Es esto la justa fidelidad a Cristo. Tengamos paciencia. El juzgará todo mas adelante. Por ahora, caminemos por la fe. Su palabra nos es suficiente. A su tiempo, el nos justificará delante del mundo y honrará su palabra y la fe. 
            El Señor Jesús pues ha recibido estos dones en su humanidad y los ha dado a los  hombres   para terminar la obra del Evangelio y de la Iglesia.; así, aquellos que han recibido estos dones están obligados a hacerlos valer conforme a Dios, de ganar almas, de edificar a los cristianos, de glorificar a su Señor y Maestro celestial. En el capítulo 4 de la epístola a los Efesios, hemos encontrado los dones de edificación representados como siendo confiados aquí abajo, por Cristo mismo subido a lo alto, mientras que su cuerpo, en la tierra, está reunida y que, por su actividad recíproca, este cuerpo crece y permanece, y al mismo tiempo, guardada de todo viento de doctrina, para que crezca hasta la estatura de Cristo.
            En el capítulo 12 de 1ª de Corintios, los dones son primeramente considerados como la actividad del Espíritu Santo en la tierra, que los distribuye a cada uno como el quiere. Es por esto que encontramos aquí, no solamente los dones de edificación, sino todos los que tienen un poder del Espíritu y las señales de su presencia. Este capítulo examina todo lo que puede ser considerado como manifestación espiritual y,  hablando de la acción de los poderes de los demonios, muestra los medios para distinguirlos de los dones divinos. Expone de una manera muy clara la doctrina del cuerpo y de los miembros de Cristo, llamando nuestra atención sobre esto: Que hay un solo Señor, por la cual la autoridad de aquellos que tienen dones trabajan—sea en el mundo, sea en la asamblea—para cumplir la obra de Dios por la eficacia  del Espíritu Santo. Cada miembro es dependiente de la acción del otro, porque todos han sido bautizados por un solo y mismo Espíritu.
            En Romanos 12 y 1ª Pedro 4:10, los dones son enumerados brevemente— en Romanos 12 aún. Como miembros del cuerpo de Cristo * y, en general, con el motivo de exhortar a aquellos que poseen los dones a no sobrepasar lo que les ha sido dado, sino a concentrarse en los límites de su don. En 1ª de Pedro 4, el Espíritu Santo exhorta a los cristianos a usar los dones que les han sido dados, como administradores inmediatos  y fieles del Dios mismo; hable como los oráculos de Dios; de servir como por una facultad que se tiene de Dios. En toda esta doctrina, no encontramos nada sobre los cargos, pero es únicamente una cuestión de los miembros del cuerpo de Cristo que toman toda su parte para la edificación del cuerpo y que tienen que hacerlo. Todos no hablan; todos no predican el Evangelio; todos no enseñan, porque no todos tienen estos  dones; pero todos están obligados, según la Escritura, de hacer (según el orden escritural de la casa de Dios), lo que Dios les ha confiado a  hacer. Ahora que se ha comprendido que todos los cristianos son miembros del cuerpo de Cristo, y que cada miembro tiene su propio trabajo, su propio deber en el cuerpo, llega a ser todo muy simple y claro.
            Tenemos un deber que cumplir, y esto por la fortaleza de Dios; y los menos aparentes pueden ser los más preciosos, todos ejerciéndolos ante Dios y no delante de los hombres. — Luego todos tienen algo que cumplir. Decir que todos tienen cargos, es negar todos lo cargos. Todo es mas claro, si sondeamos la historia y la enseñanza de la Escritura sobre este punto. Vemos que, en lo que concierne sea en la predicación del Evangelio en el mundo, sea en la edificación de los cristianos en las asambleas, no es de ningún modo una cuestión de cargos, sino que todo depende de los dones.
            Citemos algunos pasajes para proveer esta aseveración.
            Hemos puesto ya la atención en nuestros lectores sobre Mateo 25. En la parábola de los talentos confiados a tres esclavos, el Señor muestra este principio, que dos de ellos son dignos de alabanza porque habían trabajado, sin estar acreditados si no que por el hecho mismo  de que su Señor les había confiado su dinero. Mientras que el tercero es censurado y castigado, por haber esperado un autorización, porque no tenía nada de confianza en su Señor  y no se había atrevido a trabajar sin una autorización posterior. Esto significa que los dones en si mismos son, para el obrero, una autorización plenamente suficiente para trabajar con el don que tiene, si el amor de Cristo obra en su corazón; pero si este amor no está allí, el es responsable; y la prueba que el amor de Cristo no ha actuado en él es que no está activo en él, es que él n ha servido por medio de su  don; —es un esclavo malo y perezoso. Cristo da siempre los dones, con el fin de que lo aprovechemos. Es los da siempre, con el fin de que lo empleemos activamente. También encontramos que, de hecho, esto tenía lugar entre los primeros cristianos. Cuando llegó la persecución con la muerte de Esteban, los cristianos fueron dispersados, fueron a todo lugar predicando el Evangelio. Leemos, en Hechos 8:4, y 11:21, que la mano del Señor estaba con ellos. Pero es posible que yo conozca el medio por el cual un alma puede ser salva y que no lo haga por  este medio, aunque Dios me haya dado la capacidad de hacerlo. Cada uno puede hacerlo en secreto; perola facultad de predicar públicamente, es precisamente un don de Dios.
            Muchos hermanos al ver que Pablo se encontraba en prisión en Roma, Tomaron confianza al ver sus cadenas, se atrevieron a anunciar la Palabra sin temor. (Filipense 1:13-14).
            Cuando los falsos maestros han salido para seducir a los cristianos, recibirlos o no depende de ningún modo de un cargo o de la ausencia de un cargo. —Esto mismo se le dice a una mujer (2ª Juan). —No pasa ni por un instante por la mente del apóstol emplear tal medio para prevenir a una mujer sobre la ocasión de un tiempo difícil; el le escribe simplemente de juzgar a cada un según su doctrina. El no va solamente con la idea de aconsejar a esta mujer para pedirle aquel que se presente como predicador, si tiene un cargo o si está consagrado u ordenado. Al contrario, el alaba al muy amado Gayo, porque el había recibo a los hermanos que habían partido por el nombre de Cristo, y le exhorta a encaminarlos  mas lejos de una manera digna de Dios; haciendo esto, Gayo venía a ser un cooperador para la verdad (3 Juan 8).
            En cuanto a lo que concierne a la predicación el Evangelio, la Palabra de Dios confirma pues esta doctrina, que cada uno, según su capacidad y las ocasiones que Dios le provee en su gracia, está obligado  a anunciar las buenas nuevas.
            La Escritura es muy clara en cuanto a la edificación de los creyentes. No solamente nos presenta esta verdad general, que Cristo, a dado los dones y que el Espíritu Santo obra por ellos, con el fin de que se cumpla la obra de Dios de todas maneras ( Efesios 4 y 1ª Corintios 12)., sino aún ella habla exactamente y claramente del deber de aquellos que poseen estos dones. El Espíritu Santo dice, pro boca de Pedro: «Cada uno según el don que haya recibido, empléelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios, ». Después, en 1ª Corintios 14, encontramos el orden según la cual el ejercicio de los dones debiera tener lugar: «Que hablen dos o tres profetas, y que los demás juzguen.... porque podéis profetizar todos uno  por uno, con el fin de que todos aprendan y que todos sean consolados». Santiago nos muestra claramente los verdaderos límites de este servicio, sin mirar a los cargos, cuando dice que los creyentes no se hicieran muchos maestros, porque la responsabilidad  es mayor (porque tropezamos todos en diversas maneras) y  sufrirá un juicio mucho mayor.
            Es perfectamente verdadero que los dones y que el servicio que los creyentes dan por los dones, son completamente independientes de los cargos, y que aquellos a los cuales Dios ha entregado estos dones, están obligados a emplearlos para la edificación de los santos. La Escritura da las reglas según las cuales el ejercicio de estos dones debe tener lugar; desea que los espíritus de los profetas estén sujetos a los profetas y que todo sea hecho para edificación, de tal manera  que no haya ningún desorden en la asamblea. En cuanto a os cargos. La Escritura no dice ni una sola palabra a este respecto.

Los Amores de mi Vida.


Muy cierto es que el amor es la marca que distingue al cristiano. Demostramos el amor para nuestros hermanos en la fe cuando nos dedicamos a servir y a cuidar de ellos. Es un amor pensado, deliberado. El Señor Jesucristo quiso que sus discípulos fueran conocidos por su amor entre ellos. No fue simplemente una bonita sugerencia, era su mandamiento. El apóstol Pablo nos instó: "Que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos." 1 Tes. 3:12
      Con nuestra preocupación para nuestros hermanos en Cristo, no ignoremos el amor que Cristo quiere que brindemos al mundo. Claro -no amemos al mundo en su sistema, su rebeldía contra Dios -sino a los que vi­ven en el mundo, los desorientados, infelices, deses­perados, que Cristo vino a salvar- no los sanos, sino los enfermos. Si amamos a nuestros enemigos, nuestro galardón será grande y seremos hijos del Altísimo que es benigno y misericordioso para con los ingratos y malos.
      El libro de la Biblia, el Cantar de los Cantares, trata de otro amor, el amor humano entre un hombre y una mujer- una relación creada por Dios. La joven dice: "¡Llévame grabada en tu corazón, llévame graba­da en tu brazo!" (Ca. 8:6). Es una costumbre saludable de las personas casadas, tanto el marido como la mujer, que usan un anillo de boda. Cuando un marido anda solo, todo el mundo puede ver en su mano el anillo que indica que es hombre casado, comprometido a una sola mujer. Cuando una casada anda sola, su anillo de boda es una señal a cualquier hombre de que pertenece a un solo hombre; ese anillo pone limitaciones a las otras amistades que los esposos entablan. La joven del Can­tar quiere que su amado la lleve grabada en su corazón, pero también grabada en su brazo: una señal de su rela­ción.
      ¿Qué decir de este amor de nuestra vida- el amor por nuestros hijos? Aún cuando están grandes cada cual con su vida independiente, no dejamos de amarlos y orar por ellos, aún más intensamente ahora porque ellos llevan ya mayores responsabilidades. Como no podemos dirigirlos de una manera directa, oremos mucho por ellos y estemos a su disposición para cuan­do nos necesiten.
      Tocamos el amor más importante como el último. Es nuestro amor para el Señor Jesucristo, nuestro Creador y Redentor, a quien amamos sin haberle visto, en quien creemos aunque ahora no lo vemos, y nos ale­gramos con gozo inefable y glorioso al pensar en verlo un día muy pronto.
            Estos son los amores de mi vida. Son suyos tam­bién. Pidamos de nuestro Dios que es amor, que nos ayude aumentar el amor en todos sus aspectos, día tras día.
(Tomado de Senda de Luz 2008)

La Vieja y la Nueva Cruz


Sin ser anunciado del todo y en la mayoría de los casos sin ser detectado, ha surgido en los tiempos modernos una nueva cruz dentro de los círculos evangélicos más populares.
      Esta es semejante a la vieja cruz, aunque diferente: los parecidos son superficiales; pero las diferencias, son fundamentales. De esta nueva cruz ha surgido una nueva filosofía de la vida cristiana, y de esta nueva filosofía ha venido una nueva técnica, un nuevo tipo de reunión y una nueva clase de predicación. Este nuevo evangelismo emplea el mismo lenguaje que el viejo, pero su contenido no es el mismo, ni tampoco sus énfasis.
      La vieja cruz no tenía acuerdo alguno con el mundo. Para la orgullosa carne de Adán, esto significaba que ya había terminado su jornada. Sobre ella cayó la sentencia impuesta por la ley del Sinaí. La nueva cruz no es opuesta a la raza humana; más aún, es su amiga íntima, si lo entendemos correctamente, ella es la fuente de los océanos de diversiones puras e inocentes entretenimientos. Ella deja a Adán que viva sin interferirlo en nada. La motivación de su vida no ha cambiado; él aún vive para sus propios placeres, sólo que ahora se deleita en cantar coros y ver películas religiosas en vez de cantar canciones indecentes y tomar bebidas alcohólicas fuertes. El acento está aún en el entrete­nimiento, aunque el placer está situado en un plano moral sino intelectualmente más elevado.
      La nueva cruz fomenta un nuevo y enteramente diferente acercamiento evangelístico. El evangelio no demanda abnegación de la vieja vida antes de que la nueva pueda ser recibida. El predica no contrastes sino parecidos. Él busca la clave en el interés público para mostrar que el cristianismo no hace demandas que sean desagradables, más bien, ofrece las mismas cosas que el mundo, sólo que con un nivel más alto. Cualquier cosa que cause algarabía en el mundo pecador, luego de un tiempo es exhibido hábilmente como de las muchas cosas que el evangelio ofrece, sólo que el producto religioso es mejor.
      La nueva cruz no mata al pecador, ella lo perdona. Ella lo encaja a una manera más limpia y alegre de vivir y le conserva su amor propio. Al demasiado seguro de sí mismo le dice, "ven y afírmate en Cristo". Al egoísta ella le dice, "ven y alardéate en el Señor". Al buscador de emociones le dice, "ven y gózate de las emociones de la vida cristiana". El mensaje cristiano se inclina en la dirección de la corriente de moda con la finalidad de hacerlo aceptable al público.
      La filosofía que está detrás de estas clases de cosas puede ser sincera; pero su sinceridad no la libra de ser falsa. Ella es falsa porque es ciega. Ella extravía completamente todo el significado de la cruz. La vieja cruz es un símbolo de muerte. Ella significa el fin abrupto, violento de un ser humano. El hombre que en tiempo del imperio romano tomó su cruz y comenzó a andar el camino habiéndolas antes dicho adiós a sus amigos. El no tuvo vuelta atrás. El siguió hasta ver su vida terminada. La cruz no hizo compromiso, no modificó nada, no escatimó nada; ella eliminó todo lo del hombre, lo hizo completamente y para siempre. Ella no trató de mantener buenos términos con su víctima. Ella golpeó con crueldad y fortaleza, y cuando hubo terminado su trabajo, el hombre no fue más.
      La raza de Adán está bajo sentencia de muerte. No hay conmutación ni escape. Dios no puede aprobar ninguno de los frutos del pecado, aunque a los ojos de los hombres puedan parecer inocentes o hermosos. Dios salva al individuo mediante su liquidación y luego lo levanta a novedad de vida. El evangelio que traza un amistoso paralelismo entre la vía de Dios y la vía de los hombres es bíblicamente falso y cruel para las almas de sus oidores. La fe de Cristo no es paralela al mundo, lo intercepta. Al venir a Cristo nosotros no traemos nuestra vida vieja y la elevamos a un plano más elevado; nosotros la dejamos en la cruz. El grano de trigo debe caer a la tierra y morir.
      Nosotros que predicamos el evangelio no debemos pensar que somos agentes de relaciones públicas enviados para establecer buenas relaciones entre Cristo y el mundo. No debemos imaginarnos comisionados a hacer que Cristo sea aceptado por los grandes negocios, la prensa, el mundo del deporte o la educación moderna. No somos diplomáticos sino profetas, y nuestro mensaje no es un compromiso sino un ultimátum.
      Dios ofrece vida, pero no una mejoría de la vieja vida. La vida que Él ofrece es vida libre de muerte. Ella está colocada siempre distante de la cruz. Cualquiera que quiera poseerla debe pasar bajo la vara. Debe repudiarse a sí mismo y estar de acuerdo con la justa sentencia de Dios en contra de él.
      ¿Qué significado tiene esto para el individuo, para el hombre condenado que desea hallar vida en Cristo Jesús? ¿Cómo puede esta teología ser vertida a su vida? Simplemente él debe arrepentirse y creer. El debe abandonar sus pecados y luego negarse a sí mismo. No debe ocultar nada, no debe defender nada, ni excusar nada. No debe buscar hacer acuerdos con Dios, sino debe inclinar su cabeza ante el golpe nada placentero de la severidad de Dios y reconocerse a sí mismo como digno de muerte. Habiendo hecho esto, debe fijar su mirada y confiar simplemente en el Salvador resucitado, y de Él vendrá la vida y el nuevo nacimiento, la limpieza y el poder. La cruz que terminó con la vida terrenal de Jesús, ahora le pone fin al pecador; y el poder que levantó a Cristo de entre los muertos ahora le levantará a una nueva vida con Cristo.
            A cualquiera que quiera objetarlo o tomarlo como meramente un punto de vista estrecho y particular de la verdad, le diré que Dios ha establecido Su marca de aproba­ción de este mensaje desde los días del apóstol Pablo hasta el presente. Ya fuese establecido con estas mismas palabras o no, este ha sido el contenido de todas las pre­dicaciones que han traído vida y poder al mundo a través de los siglos. Los reformadores, los que han producido avivamientos han hecho sus énfasis aquí, y señales y prodigios y operaciones po­derosas del Espíritu Santo dieron testimonio de la aprobación divina ¿Osamos nosotros, los herederos de tal legado de poder, pisotear la verdad? ¿Osamos nosotros con nuestros lápices rudos borrar las líneas del cianotipo o alterar el patrón que se nos mostró en el Monte? ¡Que Dios no lo permita! Déjennos predicar la vieja cruz y conoceremos el viejo poder.
(Tomado de Senda de Luz 2008)
-bottom| � ; a � � om:.0001pt;text-align: justify;text-justify:inter-ideograph;line-height:normal'>            Este fue un cumplimiento preliminar y parcial de las palabras del salmista. Van a tener un cumplimiento definitivo al finalizar el período de la Tribulación cuando los gobernantes del mundo se unirán en un inútil intento de impedir que Cristo tome las riendas del gobierno universal.
            Un ejemplo final de la "ley de doble referencia" se puede hallar en profecías que tratan de la restauración de Israel (Is.43:5-7; Jer.16:14-15; Ez.36:8-11; 37:21). Estas profecías tuvieron un cumplimiento solamente parcial cuando un remanente de los judíos retornó de la cautividad babilónica a Israel, tal como se describe en Esdras y en Nehemías. Pero el evento principal es todavía futuro. Todas las restauraciones del pasado han sido insignificantes. Durante el tiempo de la angustia de Jacob, Dios llevará a su pueblo escogido terrenal a Israel procedentes de todas partes del mundo (Mt.24:31; Dt.30:3-4; Ez.36:24-32; 37:11-14). Entonces, y solamente entonces, se cumplirán total y definitivamente las profecías.
 Contendor por la Fe, Nº 239-240, Septiembre-Octubre de 1985

CUMPLIMIENTOS DOBLES "LA LEY DE DOBLE REFERENCIA"


Cuando llegamos al estudio de las Escrituras proféticas, una de las claves más útiles es la de darse cuenta de que hay profecías que tienen más de un cumplimiento. No es cosa desacostumbrada hallar una predicción que presenta un cumplimiento preliminar, parcial y más tarde un cumplimiento total, definitivo. Esto se conoce con el nombre de "ley de doble referencia".
            El ejemplo clásico es la profecía de Joel con respecto al derramamiento del Espíritu.
            "Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones, Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y obraré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová se pondrá a salvo" (Jl.2:28-32a).
            Cuando Pedro citó este pasaje en el día de Pentecostés (Hch.2:14-21), dijo "...esto es lo dicho por el profeta Joel". Pero él no podía querer decir que se trataba de un cumplimiento completo, puesto que muchas de las cosas que Joel mencionaba no tuvieron lugar en Pentecostés.
            "El Espíritu no fue derramado sobre toda carne, sino solamente sobre tres mil judíos. No hubo maravillas en el cielo; el sol no se volvió en tinieblas, ni la luna en sangre. Tampoco tuvieron lugar todas las señales sobre la tierra; tales como la sangre y el fuego y las columnas de humo".
            Esto significa que Pentecostés constituyo un cumplimiento preliminar e incompleto de la profecía de Joel. Su cumplimiento total tendrá lugar en la Segunda Venida de Cristo. Su venida será precedida por los signos predichos y seguida por el derramamiento de su Espíritu sobre toda carne en la tierra milenial.
            Tenemos otra ilustración de la "ley de doble referencia" en el famoso pasaje "virginal" de Isaías 7:14: “Por tanto, el Señor mismo os dará una serial: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel".
            Es evidente que la profecía tenía un significado inmediato para el Rey Acaz, esto es, que un niño nacería y sería llamado "Dios con nosotros", implicando que la victoria se hallaba cercana. Antes de que el niño fuera lo suficiente mayor como para que pudiera discernir el bien del mal, la alianza entre Israel y Siria sería rota, y al cabo de unos pocos años más el niño estaría viviendo de la grosura de la tierra (v.15).
            Pero el desarrollo completo del versículo vino con el nacimiento de Cristo: "Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: 'He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros' " (Mt.1:22, 23).
            Un tercer ejemplo de cumplimiento doble se halla en el Salmo 118:26a: "Bendito el que viene en el nombre de Jehová''.
            Aquel primer domingo de ramos, cuando Jesús entró en Jerusalén, la multitud cantaba: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Mt.21:9).
            Pero sabemos que esto no cumplió la profecía de un modo cabal, pues en su posterior lamento sobre Jerusalén el Señor Jesús dijo: "Porque os digo que desde ahora no me veréis más, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Mt. 23:39).
            El cumplimiento definitivo tendrá lugar cuando el Salvador retorne en poder y gloria a la tierra a una gente que le recibirá como Mesías y Rey.
            Aún otra ilustración de una profecía que tiene dos cumplimientos concierne a la destrucción de Jerusalén. Jesús predijo la desolación de la ciudad en Le. 21:20-40. Es evidente que sus palabras se cumplieron el 70 d.C., cuando Tito y sus legiones romanas saquearon la ciudad y arrasaron el Templo. Pero los males de Jerusalén todavía no han pasado. Es evidente de Apocalipsis 11:2 que los gentiles hollarán la santa ciudad durante cuarenta y dos meses durante el período de la Tribulación.
            El Salmo 2:1-2 se cita en Hch. 4:25-26: "¿A qué fin se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas?
            Acudieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se coaligaron Contra el Señor, y contra su Cristo.
            En Hechos 4:27 se aplican las palabras a la crucifixión de Cristo: "Porque verdaderamente se aliaron en esta ciudad contra tu santo Siervo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilatos, con los gentiles y el pueblo de Israel..."
            Este fue un cumplimiento preliminar y parcial de las palabras del salmista. Van a tener un cumplimiento definitivo al finalizar el período de la Tribulación cuando los gobernantes del mundo se unirán en un inútil intento de impedir que Cristo tome las riendas del gobierno universal.
            Un ejemplo final de la "ley de doble referencia" se puede hallar en profecías que tratan de la restauración de Israel (Is.43:5-7; Jer.16:14-15; Ez.36:8-11; 37:21). Estas profecías tuvieron un cumplimiento solamente parcial cuando un remanente de los judíos retornó de la cautividad babilónica a Israel, tal como se describe en Esdras y en Nehemías. Pero el evento principal es todavía futuro. Todas las restauraciones del pasado han sido insignificantes. Durante el tiempo de la angustia de Jacob, Dios llevará a su pueblo escogido terrenal a Israel procedentes de todas partes del mundo (Mt.24:31; Dt.30:3-4; Ez.36:24-32; 37:11-14). Entonces, y solamente entonces, se cumplirán total y definitivamente las profecías.
 Contendor por la Fe, Nº 239-240, Septiembre-Octubre de 1985

Teología Propia


La Santísima Trinidad


Introducción.
           


            La doctrina de la Trinidad es una de las que más controversia ha originado en la historia del Cristianismo. Esto porque no se encuentra en forma explícita en las escrituras así como encontramos la doctrina de la anunciación del Señor, de su nacimiento, de muerte y resurrección.  Pero porque no aparezca en forma explícita no es menos verdadera. Hemos analizado en el punto anterior la doctrina de la providencia de Dios y ella no es negada por nadie, sino que es aceptada por todos solo con variante en la forma de exponerla, pero en esencia es la misma.
            En cambio cuando se habla de la Santísima Trinidad tenemos “cristianos” que la niegan por completo, declarándola como anti escrituraria, porque esta no tiene una racionalidad  totalmente clara como las demás doctrinas que la escritura posee. “En un último análisis la doctrina de la Trinidad es un misterio profundo que la mente finita no puede sondear… Es una doctrina  que ha de creerse, aunque no se pueda entender por completo”  (William Evans).
                       
LA DOCTRINA.
            La doctrina es una contraposición a quienes enseñan  que existen tres dioses separados,  y, al mismo tiempo, no se está negando lo que se enseña en el Antiguo Testamento, que Dios es UNO solo  y que no existe una multitud de dioses.
            La enseñanza de la doctrina de la Trinidad encontrada en el nuevo testamento es complementaria a la enseñanza que Dios es UNO en esencia y voluntad, y que también existe eternamente en  tres personas: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo; y estos son UNO solo.  El Antiguo Testamento enfatiza la unidad de Dios. Dios sí mismo  una pluralidad, ni es uno entre muchos otros. Se enfatiza que es uno solo y único: “Oye,  Israel: Jehová nuestro Dios,  Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4).  Y Él exige la más absoluta lealtad, por lo mismo exigía toda exclusión de los dioses ajenos (Deuteronomio 5:7ss; Éxodo 20:1ss),  sólo nos basta leer el libro de Deuteronomio para ver lo reiterativo  y repetitivo: que el pueblo de Israel no debe inclinarse hacia los dioses de los pueblos que habitaban Canaán.
            Esta verdad es revelada después que el Señor Jesucristo se encarnó, en los escritos del nuevo testamento. Es decir, fue el mismo que la manifestó  al declarar que existe un Padre, un Hijo y el Espíritu Santo. Esta verdad no contradice a lo que el A.T. declara con firmeza,  sino que la confirma (Gá 3:20), pero también enfatiza que el Señor Jesucristo  es Dios (Juan 8.58); y el Espíritu Santo está al mismo nivel que el Padre y el Hijo (leer Juan 14-16 donde se enfatiza la igualdad entre Él y el Señor Jesucristo).
Usando  la siguiente analogía - que puede ser no del todo adecuada -, cuando se establece un contrato, en él  se estipulan  condiciones y clausulas que el contrayente reconoce como válidas para toda actividad que se desarrolle en base a lo establecido en este.  Del mismo modo, cuando una persona acepta al Señor Jesucristo, establece -por decirlo de este modo- un reconocimiento de  Él como Señor y Salvador. Si Él no tuviese la característica de una persona Divina que se hizo hombre, su sacrificio hubiese sido un sacrificio focalizado producto de la crueldad imperante en la época que vivió. Pero al ser un hombre perfecto (puesto que era Dios hecho semejante a los hombres, Filipenses 2:6ss)  y sin pecado, era el prototipo perfecto para la Obra Magna de Salvación. Es más, como ya hemos indicado,  Él indicaba que era Dios y aceptó la adoración que le correspondía (Juan 9:36-38). Él mismo  indicó que cuando volviese al Padre que lo había enviado, enviaría a un consolador que era igual en dignidad a Él.  Por  lo cual, el Reconocer al Señor Jesucristo como Dios, implica reconocer al Padre como  Dios y al Espíritu Santo como Dios.
                Tal es la enseñanza que tenemos de la trinidad, que la reconocemos cuando leemos en el Cielo Santifican  Dios como “Santo, Santo, Santo” (Apocalipsis 4:8; Isaías 6:3), y en esta declaración vemos a cada una de la Personas de la Trinidad. Cuando oramos, tenemos la seguridad que podemos acercarnos al Padre por medio del Hijo, y sabemos que el Espíritu Santo lleva nuestras oraciones acomodándolas de modo que queden presentables (Romanos 8:26).  Cuando cantamos en la Cena Señor himnos, como:

A nuestro Padre Dios
Demos en alta voz, gloria a él:
Al Dios que nos amó
De modo que nos dio
Al Hijo que murió: ¡gloria a él!

A nuestro Salvador
Rindamos con fervor, gloria a él:
Su sangre derramó,
Con ella nos lavó,
El cielo nos abrió: ¡Gloria a él!

Por el Consolador
Que diónos el Señor ¡load a Dios!
Mora en la eternidad
La santa trinidad:
¡Hermanos, alabad al trino Dios!

(Henry C. Riley 1835-1872)

…o
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! Señor omnipotente,
Siempre el labio mío loores te dará;
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! te adoro reverente,
Dios en tres personas, bendita Trinidad.
(Reginald Heber 1783-1826)

…estamos alabando a la Santísima Trinidad

Definición.
            La Palabra Trinidad ciertamente no aparece en la escritura, sino que es un concepto teológico para definir lo que la doctrina enseña. Tal vez no es la más adecuada para expresarla en un solo concepto. Sin embargo, es un nombre conceptual, por ejemplo: cuando los matemáticos exponen sus guarismos nuevos o los científicos exponen sus teorías le dan un nombre que define sus teorías, lo expresan con un concepto. Por ejemplo, la teoría de la relatividad  de Einstein,  etc.
            Hemos dicho que la palabra Trinidad no es la más adecuada para expresar la enseñanza, pero perfectamente se pueden expresar esta misma con los siguientes términos: “Tri Unidad”, “Trina Deidad”, “Trinidad Divina” o “Divina Trinidad”.
            La definición simple de la doctrina que  Dios es manifestado en tres Personas que son El Padre, El Hijo y el Espíritu Santo. Los tres coeternos y son iguales  en sustancia, pero tienen características que los hace distintos.  
            Utilizamos el término “personas” para referirnos a cada uno de los integrantes de la trinidad. Esta palabra no representa todo lo que es en sí cada uno de ellos, pero no tenemos otra mejor (para nuestra comprensión) para expresar lo que entendemos de esta bendita doctrina.

Lo que dice la escritura.
            La doctrina no es pura galimatía, es decir algo tan enredado que no podemos comprender. Si bien es cierto que nunca la comprenderemos del todo,  la divina escritura nos da lo suficiente como para comprender este tema y tenerlo como una doctrina fundamental en nuestra fe personal.

En el Antiguo testamento.
            En el antiguo Testamento  esta doctrina se insinúa más bien que declara. No lo encontramos de una forma tan específica como la vamos a encontrar en el Nuevo Testamento.
            Se infiere la doctrina de la Santa Trinidad por el plural del nombre de Dios. El nombre “Elohim”  es una forma plural y lo encontramos al inicio de la Escritura en la creación de todo lo que existe (Génesis 1:1); además este nombre plural está unido a un verbo singular que es “crear”. Además  encontramos pronombres personales  como hagamos, nuestra, nosotros, descendamos, confundamos. Los siguientes versículos reflejan lo anteriormente expresado: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen,  conforme a nuestra semejanza;  y señoree en los peces del mar,  en las aves de los cielos,  en las bestias,  en toda la tierra,  y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Génesis 1:26). “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros,  sabiendo el bien y el mal;  ahora,  pues,  que no alargue su mano,  y tome también del árbol de la vida,  y coma,  y viva para siempre” (Génesis 3:22). “Ahora,  pues,  descendamos,  y confundamos allí su lengua,  para que ninguno entienda el habla de su compañero” (Génesis 11:7).  “Después oí la voz del Señor,  que decía:   ¿A quién enviaré,  y quién irá por nosotros?  Entonces respondí yo: Heme aquí,  envíame a mí” (Isaías 6:8).
            Además encontramos las Teofanías del Ángel de Jehová que nos muestra al Señor Jesucristo antes de la encarnación (Génesis 16 y 18). Y en relación al Espíritu Santo encontramos expresiones que nos habla de Él en los siguientes versículos: Y la tierra estaba desordenada y vacía,  y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo,  y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas (Génesis 1:2). “… y lo he llenado del Espíritu de Dios,  en sabiduría y en inteligencia,  en ciencia y en todo arte…” (Éxodo 31:3). Y el Espíritu de Jehová vino sobre él,  y juzgó a Israel,  y salió a batalla,  y Jehová entregó en su mano a Cusan-risataim rey de Siria,  y prevaleció su mano contra Cusan-risataim.  (Jueces 3:10). “Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón,  y cuando éste tocó el cuerno,  los abiezeritas se reunieron con él” (Jueces 6:34). “Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón,  quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito,  sin tener nada en su mano;  y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho” (Jueces 14:6). “Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón,  quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito,  sin tener nada en su mano;  y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho” (Jueces 14:6).

En el nuevo testamento.
            Aquí tenemos claramente expresada la doctrina de la Trinidad. Aquí no se insinúa como en el Antiguo Testamento, sino que se declara explícitamente. 
1.      La encontramos en el bautismo del Señor Jesucristo que se encuentra en Mateo 3:16,17. Aquí encontramos que el Padre habla desde el cielo; el Hijo es bautizado y recibe al Espíritu Santo en forma de Paloma.
2.      También la encontramos en  Mateo 28:19 que habla de la forma bautismal: “… bautizándolos en el nombre del Padre,  y del Hijo,  y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). Es importante hacer notar la unidad en la Trinidad. Notemos que se menciona en singular  la palabra “nombre”.
3.      Pablo se despide de los Corintios (2 Corintios 13:14) con una bendición que se expresa del siguiente modo: “La gracia del Señor Jesucristo,  el amor de Dios,  y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros (2 Corintios 13:14). Notemos que este versículo no pone al Padre en primer lugar sino al Señor Jesucristo, indicado que los tres son iguales  en potestad.
4.      El mismo Señor enseña en Juan 14:16 que pedirá al Padre otro Consolador que va estar con cada creyente para siempre, ya que el Señor iba a retornar a donde el Padre.

Pruebas de La Deidad.
            Las mismas escrituras nos dan la prueba de la Deidad que cada una de las personas que componen la Santa Triada (Trinidad).

Padre
            Con respecto al Padre casi no existe controversia respecto a su persona, excepto de la doctrina llamada “Solo Jesús” o de alguna otra que no acepta la doctrina de la Trinidad.  Ante esto veamos lo que la Escritura tiene que decir:
a)      Trabajad,  no por la comida que perece,  sino por la comida que a vida eterna permanece,  la cual el Hijo del Hombre os dará;  porque a éste señaló Dios el Padre (Juan 6:27).
b)      “Ninguno puede venir a mí,  si el Padre que me envió no le trajere;  y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios.  Así que,  todo aquel que oyó al Padre,  y aprendió de él,  viene a mí. No que alguno haya visto al Padre,  sino aquel que vino de Dios;  éste ha visto al Padre” (Juan 6:44-46).
c)      “… a todos los que estáis en Roma,  amados de Dios,  llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros,  de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”  (Romanos 1:7)
d)     “… elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu,  para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas” (1 Pedro 1:2).
e)      Paz sea a los hermanos,  y amor con fe,  de Dios Padre y del Señor Jesucristo (Efesios 6:23).
f)       …y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,  para gloria de Dios Padre (Filipenses 2:11).
g)      Y todo lo que hacéis,  sea de palabra o de hecho,  hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús,  dando gracias a Dios Padre por medio de él (Colosenses 3:17).

Hijo
            En Relación al Señor Jesucristo se le reconoce como Dios por las siguientes razones:

a)      El mismo alegó tener atributos  que son sólo posible en Dios como la Omnisciencia. En Mateo 9:4 el Señor determina cuales eran los pensamientos de los escriban que murmuraban.   En Mateo 28:18 se declara la Omnipotencia del Señor. Y en el versículo  20 del mismo capítulo muestra su Omnipresencia, porque iba a estar  hasta el fin del mundo con los creyentes.
b)      El realizó acciones que un ser humano corriente no podría hacer y que son propias de Dios, y que sus propios detractores tuvieron que reconocer a regañadientes: perdonar pecados (Marcos 2.1-12), resucitar muertos (Juan 12:9).
c)      El Nuevo Testamento le atribuye otras características  que son propias de Dios. (1) Todas las cosas subsisten en él (Colosenses 1:17). (2) Él hizo todas las cosas que existen en la naturaleza (Juan 1:3). (3) Todo Juicio le ha sido dado a Él (Juan 5:27).
d)     En Juan 1:1, la parte final de este versículo es el que mejor declara la deidad del Señor Jesucristo: “… y el Verbo era Dios”.
e)      El antiguo Testamento declara en una profecía con respecto a la venida del Señor Jesucristo: “Porque un niño nos es nacido,  hijo nos es dado,  y el principado sobre su hombro;  y se llamará su nombre Admirable,  Consejero,  Dios Fuerte,  Padre Eterno,  Príncipe de Paz (Isaías 9:6). Y el autor inspirado de hebreos (1:8) declara citando Salmo 45:6: “Mas del Hijo dice: Tu trono,  oh Dios,  por el siglo del siglo;   Cetro de equidad es el cetro de tu reino”  (Hebreos 1:8).
Espíritu Santo
            Con respecto a la Deidad del Espíritu Santo, tenemos los siguientes versículos que la prueban.
a)      En el Libro de los Hechos, en relación al pecado de Ananías y Safira, se indica que el pecado de ellos fue contra el Espíritu Santo y Pedro lo asocia a Dios (Hechos 5:3-4).
b)      Posee atributos que son propios de Dios. (1) La omnisciencia, ya que él escudriña en lo profundo del corazón de Dios (1 Corintios 2:10). (2)  La Omnipresencia  del Espíritu Santo  ya que está presente en todos los creyentes (1 Corintios 6:19). (3) Regenera a las personas (Juan 3:5-8), la cual es una obra de Dios.
c)      Es igual a Dios Padre y a Dios Hijo. Cuando el Señor promete que dará otro Consolador en Juan14:16, este “Otro” es igual al que reemplaza, ya que en el original la palabra “álos” designa esta característica.    
Ilustrando la doctrina de la Tri-Unidad.
     
            «Cuando todavía no había estrella que siguiera su curso, sol que arrojase sus torrentes de luz y energía a través del espacio, ni sistemas de estrellas y soles que se moviesen a través del espacio infinito en curvas poderosas y relaciones uniformes, existía Dios; Él, el Eterno que no tuvo comienzo, que está por sobre todo el curso del tiempo, el que, en armonía que está por sobre toda explicación, posee unidad y vida, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, la base de la eternidad, el Viviente, el único Dios.”
             “Tres personas divinas, un solo Dios; el Hijo uno en esencia con el Padre, sin embargo, voluntariamente subordinado a Él (1 Co. 15:28), la Causa de todas las causas, no obstante, Él mismo no tuvo causa. Verdaderamente, éstos son misterios sobre misterios. Aquí el espíritu finito está siempre ante el enigma de lo infinito. El pensamiento limitado por el tiempo  a través de toda la eternidad no podrá penetrar la esfera de lo supra mundano, y lo supra temporal, porque algo puede ser discernido solamente por lo semejante, y por lo tanto Dios solamente por Dios. »
«No pudiendo ser explicado de ningún modo, el divino misterio de la trinidad en unidad permite que se le represente ante el ojo del hombre espiritual mediante la figura matemática del triángulo, y de este modo a través de aquella región del pensamiento y la percepción humana con la que más que con otras parece estar en contradicción. Los padres de la iglesia ya habían señalado esto a principios de la historia del cristianismo. Porque de todas las formas el triángulo es la primera. Ni el punto, como simple objeto del pensamiento: ni la línea: como simple extensión, tienen forma. Pero el triángulo, aunque contiene tres líneas y tiene tres vértices, es de todas las figuras la primera, o, por decirlo así, la figura «Uno», que es completa, tiene unidad, uniendo en si, en forma armoniosa, los números tres y uno, y por lo tanto fue usada al principio como símbolo de la Deidad» (Erich Sauer, De eternidad a eternidad, Cap. 1).
            El gráfico  muestra un triangulo equilátero en que en cada una de las aristas se  encuentran las palabras “Padre”, “Hijo” y  “Espíritu Santo” que representa a las tres personas de la Trinidad. Por fuera de triangulo existe la frase “No es” que indica que el Hijo no es e Padre y no “No es” el Espíritu Santo. El Padre no es ni el Hijo ni el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo no es el Hijo ni el Padre.
            Desde cada ángulo sale una flecha hacia el centro, donde se encuentra la palabra “DIOS” acompañada de la palabra “Es”. Lo anterior quiere decir que el Padre es Dios, que el Hijo es Dios y que el Espíritu Santo es Dios.

Los Errores doctrinales
            Debido a la mala compresión de la doctrina, surgieron diferentes creencias en relación a la Trinidad, las cuales desvirtúa completamente a la enseñanza que la Biblia da sobre esta verdad. Además contribuyó a esta desvirtuación, la inclusión de pensamientos filosóficos paganos, principalmente el neoplatonismo. En palabras de Ryrie: «No hay que extrañarse que una doctrina difícil como esta haya sido el punto focal de muchos errores cometidos a lo largo de la historia de la Iglesia» (Síntesis  de doctrina Cristiana).
            Debido  a la aparición de estas doctrinas erróneas, muchos creyentes que querían defender a la verdadera doctrina, cayeron  en el mismo error a crear otras doctrinas heréticas.

A)    El Subordinacionismo.
            Esta doctrina  ha surgido a raíz  de la influencia neoplatónica, y enseña que solo el Padre es verdadero Dios, y las otras dos personas son seres participantes, de alguna forma,  de lo divino. En resumen, seres creados, nunca iguales a Dios.
            Esta doctrina tiene dos exponentes, aunque estas diferían entre sí.
a)      El Arrianismo: Arrio, presbítero de Alejandría, defendía que Cristo (el Verbo) era una criatura, al que había servido de instrumento para crear toda la creación. Por tanto, era un ser “limitado y contingente” que no puede entrar en contacto con un Dios transcendente.
b)      El Macedonianismo: Es un una corriente semiarriana que fue impuesta por el patriarca Macedonio, y sostiene que el Espíritu Santo es un ser creado por el Hijo.

B)    El Monarquianismo
Del griego “monos” (único) y “arkhé” (principio).  En un comienzo la expresión era usada para expresar la Verdad que hay un solo Dios, creador y gobernador del Universo. Pero en la lucha contra los gnósticos y semi arrianos, suscitó una doctrina herética con principios en el judaísmo que negaba la trinidad.
Esta enseñanza se divide en dos conceptos:
a)      Dinámico o adopcionista: Enseña que Jesús fue un hombre a quien el Espíritu santo  dio poder especial en su bautismo. Es decir, ve a Cristo como un mero hombre, cuya consecuencia de ser portador del Logos (palabra) o Revelación de Dios, pero sin ser la esencia de Dios. En relación al Espíritu, es el poder de Dios que controlaba todas las palabras y obras de Cristo.
Esta doctrina fue enseñada primero Teodoto el Curtidor; y una variante de la misma, fue defendida por Pablo de Samosata en el siglo III, y por Teodocio  de Bizancio.

b)      Modalista: Esta doctrina más influyente intentaba mantener la unidad de Dios sino también la deidad completa de Dios, afirmaba que el Padre fue encarnado en el Hijo. Es decir,  reconocía a Dios en una sola persona (huiopatér = Hijo y Padre) con tres modos distintos de manifestarse: como Creador (Padre), como Redentor (Hijo) y como santificador (Espíritu santo).
Esta doctrina fue difundida por Sibelio heresiarca del Siglo III, por lo cual  ha sido conocido por el nombre de Sibelismo.

C)    El Triteísmo.
Indica que esta doctrina que existen tres dioses iguales en todos los atributos divinos, pero distintos entre sí. Algunos de los seguidores de esta idea son  Juan Ascunages y Juan Filópono.

LOS ERRORES MODERNOS.
            En la actualidad estos mismos errores son rescatados y se vuelven a repetir arrastrando a muchas personas al error. Revisemos en estor términos aquellos grupos modernos que respaldan las herejías estudiadas.
a)    Subordinacionismo. Un grupo sumamente conocido por llevar esta doctrina en sus enseñanzas son los denominados Testigos de Jehová. Ellos llevan el germen de la doctrina de arriano y de los postulados de “Faustus  Socinus”
b)   Modalista. Grupos modernos en esta categoría general son los Pentecostales Unitarios conocidos como las Iglesias Pentecostales Unidas y Apostólicas Unidas. Sin embargo, los Modalistas sostienen actualmente que el nombre de Dios es Jesús. También requieren el bautismo para salvación “en el nombre de Jesús” no en “el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.
c)    Triteista. En el día de hoy, los Mormones son triteístas; pero con un pequeño giro. El Mormonismo enseña que hay muchos dioses en el universo pero que ellos—los mormones— sólo sirven y adoran a uno sólo. Para ellos, en la tierra, la divinidad son realmente tres dioses separados: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

HISTORIA.
            En el año 215 d. C., Tertuliano fue el primero en usar el término Trinidad (trinitas). Anteriormente, Teófilo de Antioquía ya había usado la palabra griega – τριάς -- trias (tríada) para referirse a Dios, su Verbo (Logos) y su Sabiduría (Sophia). Tertuliano diría que «los tres son uno, por el hecho de que los tres proceden de uno, por unidad de substancia». Es posible que ninguno de los dos entendiese cabalmente la doctrina de la Trinidad, pero ellos tienen la importancia que fueron los primeros en establecer las bases.
            Posterior a esto se comenzaron a diseminar las diferentes herejías sobre la Santísima Trinidad, hasta que se llegó al concilio de Nicea.
            El concilio de Nicea se estableció para intentar arreglar las disputas referentes a las distintas doctrinas sobre la Trinidad concentrando en la relación entre el Padre y el Hijo. Atanasio quería que se afirmara que el Hijo era de la misma sustancia que el Padre; otros grupos  querían que se dijera “de sustancia similar”; y otro, los arrianos, de una sustancia diferente.
            Al finalizar el concilio, la afirmación de Atanasio fue aceptada como dogma, pero no fue aceptada por todas las partes. En cuanto al Espíritu santo no se hizo ninguna afirmación particular.
            En la segunda mitad  del siglo IV tres teólogos de Capadocia le dieron forma definitiva a la doctrina y ellos fueron Basilio de Cesárea, Gregorio Niceno y Gregorio Nacioceno.
            En el concilio de Constantinopla (año 381) se estableció para aclarar las controversias  en relación al Espíritu Santo, ya que algunos lo consideraban de “semejante substancia con el Padre”.  En este concilio  se indicó que éste debe ser  adorado y glorificado  junto con el Padre y el Hijo.
            Agustín de Hipona (354 – 430) enseñaba que cada una de las tres personas de la Trinidad “posee la esencia íntegra y que todos son interdependientes entre sí”.
            El Sínodo de Toledo (589)  entre otras cosas estableció, siguiendo el credo de Constantinopla,  que el “Espíritu Santo procedía del Padre y del Hijo”. De este modo se completó la doctrina como actualmente la conocemos.

¿Donde se Visualiza la doctrina de la Trinidad?
            Para responder esta pregunta, podemos considerar cinco puntos que se encuentran en la misma escritura.
a)      En la doctrina de la redención, donde participan las tres personas de la Deidad (Juan 3:6, 16; Apocalipsis 13.8)
b)      La doctrina de Revelación, donde el Hijo y el Espíritu Santo  comunican la verdad de Dios (Juan 1:18; 16:13).
c)      La comunión y el amor del Dios mismo solamente es posible en un concepto Trinitario y es semejante a la comunión del creyente con Cristo (Juan  14:17).
d)     Prioridad sin inferioridad de la Trinidad es base para las relaciones propias entre hombre y mujeres (1 Corintios 11:3).
e)      La oración. Nos dirigimos al Padre en el nombre de Cristo según el Espíritu Santo nos dirige (Juan 14:14; Efesios 1:6; 2:18; 6:18).

Alegorías en la Naturaleza.
            Para entender el Misterio de la Trinidad, podemos visualizar en la naturaleza hechos semejantes que nos pueden ilustrar esta doctrina.
a)      El agua. Que se puede encontrar en estado líquido, sólido (hielo) y gaseoso (vapor).  Estos tres estados son distintos entre sí, pero cada uno de ellos es agua.
b)      La electricidad  produce movimiento, luz y calor.
c)      El sol es un astro; el sol despide luz y calor. A estas tres cosas llamamos sol. Decimos que el sol tiene medida (astro),  da  luz y da calor. Cada una es distinta, y  no hay más que un sol.
d)     El triángulo tiene tres lados; si se quita un lado, deja de ser un triángulo.
e)      La  biblia enseña que el hombre “fue hecho a imagen y semejanza” de Dios. Por tanto,  el hombre es uno y posee una naturaleza triple: cuerpo, alma y espíritu.

Conclusión.
            Moisés dijo a los hebreos que esperaban en los campos de Moab para pasar el Jordán a la tierra prometida: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios;  mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre,  para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29). El hombre al querer encontrar explicaciones a todo, lo ha llevado a crear doctrinas erróneas tanto en aspecto “negativo” como “positivo”. Es decir, hubieron cristianos que formularon doctrinas que en si eran erróneas por interpretar mal los textos bíblicos; y hubieron otros que queriendo defender la verdadera doctrina, desarrollaron  enseñanzas que también era heréticas.
            “Al estudiar las escrituras no se puede dejar de pensar que ella [la doctrina de la Trinidad] es enseñada correctamente, un Dios, tres personas” (William Evans).
            Debemos entender que la Biblia contiene lo que debemos saber, no más, nada menos, con ello debemos conformarnos, lo demás pertenece a Dios en soberanía.
            En relación a la doctrina de la Trinidad, si bien es cierto que es una doctrina difícil de entender con nuestros sentidos finitos, un misterio, hay que aceptarla por fe. Cada elemento de esta enseñanza se encuentra en las palabras que Dios nos ha querido dejarnos. Sin embargo, podemos entender algo de su verdad resumiendo las enseñanzas de la Biblia en tres afirmaciones:
1. Dios es tres personas
2. Cada persona es plenamente Dios
3. Hay sólo un Dios