miércoles, 19 de enero de 2022

EL LADRÓN EN LA CRUZ

 Lucas 23: 32 al 46

       


    


 

            Ha sido dicho por alguien, refiriéndose a esta escena, «No hay más que un solo caso de arrepentimiento en el lecho de muerte en la Biblia, para que el hombre no se desespere; pero hay sólo uno, para que el hombre no pueda presumir.» Pero, cuánto el hedor del corazón humano farisaico se delata a sí mismo en estas palabras. La justicia propia latente del corazón humano, a la cual le agradaría añadir alguna pizca de sus miserables “obras”, a la obra perfecta de Cristo para el alma. Y, sin embargo, cuando llegamos a examinar esta escena maravillosa, nosotros encontramos que ¡todos deben ser salvados como lo fue este ladrón! Yo no hablo ahora del período en el cual una obra tal es llevada a cabo en el alma, sino del hecho de que todos deben ser salvados tal como él. Y si este es el caso, ¿por qué no ahora, mi lector? ¿Por qué no creer, y conocer el gozo y bienaventuranza de un interés en la obra salvadora de Cristo, antes que transcurra otro día, para que su alma pueda llenarse de todo gozo y paz en el creer, para que usted pueda abundar en esperanza por el poder del Espíritu Santo (Romanos 15:13)?

            Hay una necesidad absoluta de un cambio total y completo en el pecador antes de que él pueda ver el Reino de Dios. Un hombre puede estar en el apogeo de una reputación religiosa en el mundo; su nombre puede embellecer las listas de beneficencia — él puede ser mostrado como un modelo a ser imitado por los demás; y, aun así, puede no haber experimentado nunca este poderoso cambio. Es un hecho triste y humillante, que posea como él puede, piedad, o más bien aquello que se parece a ella, delante de sus semejantes; y la erudición más profunda, una naturaleza amable, una mente benevolente, todas estas cualidades, y muchas más por añadidura; y sin embargo él ni siquiera puede haber visto nunca el Reino de Dios. Esta es una dura expresión, ¿quién puede soportarla? No obstante, es una absoluta necesidad el hecho de que el hombre debe nacer de nuevo. Él debe ser renovado desde las fuentes mismas de su naturaleza, sus pensamientos, sus afectos, sus sentimientos, su corazón, su conciencia, sus acciones. Él debe ser lo que el Señor Jesús dijo al hombre de los Fariseos — el maestro en Israel — el principal entre los judíos — Nicodemo: él debía "nacer de nuevo." En el caso de este hombre, la lección sólo fue aprendida con lentitud. Él tuvo que renunciar a mucho. Para él fue doloroso que se le dijese que toda su vida era incorrecta; sus esfuerzos y energías, sinceras como indudablemente lo eran, habían brotado de una mala base; y que el hombre completo debía ser transformado desde las raíces mismas, antes de que él pudiese entrar en el Reino que Dios estaba estableciendo. Debió haber sido doloroso pensar en que lo que le daba importancia y autoridad, y por lo cual él era tenido en estima por parte de sus semejantes, caía bajo la aplastante condena por parte del divino Escudriñador de corazones, "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios." (Juan 3:3). Fue para él doloroso saber que, si él entraría al Reino de Dios, él debía consentir hacerlo como el pecador más vil, despojado de todo lo que le pondría en ventaja con respecto de los demás, y le daría prioridad allí. Y, aun así, esta transformación total y completa es absolutamente necesaria para entrar en el Reino de Dios; necesario para el más vil, necesario para todos. Ello nivela todas las diferencias; coloca a los hombres, a la luz de esta solemne verdad, en un terreno parejo delante de Dios, para que ninguna carne pueda gloriarse en Su presencia. Querido lector, ¿ha experimentado o ha pasado usted por esa transformación poderosa? ¿O usted ocupa el mismo estrado sobre el cual usted fue introducido entre los pecadores de este mundo? ¡Importante pregunta! ¡Que el Señor le permita responderla honestamente en Su presencia!

            El caso del ladrón es una ilustración notablemente hermosa de esta obra poderosa en un alma — esta transformación total en el hombre. Y además de esto, nosotros tenemos en esta escena la obra poderosa de Cristo por él, la cual le permitió tomar este lugar — con Cristo aquel mismo día dentro del velo. La obra que hace aptos a todos los que creen en ella para tomar su lugar, por medio de la fe, con Jesús, en el mismo momento, en la presencia de Dios, dentro del velo.

            El caso del compañero del ladrón es, asimismo, verdadera y profundamente solemne. Un alma pasando de este mundo a otro; acercándose a los portales de una eternidad, de la cual no hay retorno, con una burla en su labio, y el insulto para el Bendito en su boca, "Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros." (Lucas 23:39). Profundamente solemne es una hora final semejante de la oscura vida de un hombre aquí, sin Cristo, sin fe, pecando contra su propia alma. Bien se dice acerca del inicuo, "Pues no hay para ellos dolores de muerte; más bien, es robusto su cuerpo. No sufren las congojas humanas, ni son afligidos como otros hombres." (Salmo 73: 4 y 5 - RVA).

            Consideremos la misma hora en la vida del otro — la más brillante que jamás había conocido. "Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios?", espléndida ilustración de la obra de Dios en un alma (Lucas 23:40). Ella comenzó con solo una palabra, pero una palabra mediante la cual uno desentraña un corazón que ha sido enseñado en los caminos de la sabiduría. Porque, "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová." (Proverbios 1:7). Nosotros tenemos en esta pequeña palabra una preciosa obra de Dios en su alma. De los inicuos se dice, "No hay temor de Dios delante de sus ojos." (Romanos 3:18). Dios no está en todos los pensamientos de ellos. "¿Ni aun temes tú a Dios?" Aquí estuvo la raíz de este cambio poderoso en este hombre: el santo temor de Dios. Dios tuvo Su lugar correcto en sus pensamientos, aunque él no Le conocía aún como Salvador. El temor de Dios fue la palabra de Abraham a los hombres de Gerar, "Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer." (Génesis 20:11) Fue el temor de Dios el que guardó el corazón de José, cuando estuvo en la tierra de su exilio — "¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?" (Génesis 39:9). Es eso lo que guarda el corazón en un mundo de pecado. La ausencia de este santo temor brinda espacio para las actividades de la corrupta e inicua voluntad del hombre. Dicho santo temor es el principio de la sabiduría.

            ¿Cómo está usted con respecto a ello, mi lector? ¿Puede usted decir que este santo temor de Dios ha sido la guía y el modelador de todos los pensamientos e intenciones de su corazón, de las acciones de su vida, y de los motivos que han gobernado sus modos de obrar? ¿Han sido todos estos gobernados por el temor del Señor? ¿Ha tenido Dios Su lugar correcto en su corazón?; y este temor, ¿ha refrenado su voluntad? Job fue un hombre "temeroso de Dios y apartado del mal." (Job 1:1); Cornelio fue un varón "temeroso de Dios con toda su casa" (Hechos 10:2). "Los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre." Malaquías 3). El temor de Dios fue la demostración de la fe de Abraham, "ya conozco que temes a Dios" (Génesis 22). Ahora bien, " El temor de Jehová es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte." (Proverbios 14:27). El temor de Dios "conduce a la vida" (Proverbios 19:23 - VM); y nosotros vemos esto de manera tan notable en este hombre. El temor de Dios le llevó a tomar su lugar verdadero delante de Dios. "¿Tú ni siquiera temes a Dios, aunque estás en la misma condenación? y nosotros a la verdad justamente" (Lucas 23:40 - VM). ¿Puede usted decir con él, "nosotros a la verdad justamente"? ¿Puede usted, tal como él hizo, asumir la merecida y justa sentencia de muerte, para su propia alma; y reconocer, en plena honestidad de corazón, la Equidad de su sentencia? "Nosotros a la verdad justamente; porque recibimos la pena debida a nuestros hechos" (Lucas 23:40 - VM). ¿Reconoce usted la equidad de la sentencia; en efecto, la ha transferido usted a usted mismo, como la pena debida a sus pecados que usted merece? Bendita paz; reconocer en su totalidad su verdadera y correcta condición delante de Dios, y que su alma tenga claridad acerca de la sentencia de muerte, ¡tal como él! De qué manera la obra de Dios se hizo más y más resplandeciente, hasta que él estuvo con Cristo en el Paraíso. ¡Dios tuvo Su verdadero lugar en su alma, y él estuvo en su verdadero lugar delante de Dios! La Equidad de su sentencia pronunciada por sus propios labios; no excusándose, me atrevería a decir, como usted ha hecho a menudo; alegando circunstancias — una naturaleza maligna, para paliar sus pecados. Un pecador convicto estuvo allí no presentando excusa alguna por sus pecados y su sentencia, sino reconociendo que Dios era verdadero. Justificando a Dios, y condenándose a sí mismo, como uno de los hijos de la Sabiduría. "Yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo, he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; lo confieso, a fin de que seas justo en tu sentencia, y exento de culpa en tu juicio." (Salmo 51: 3 y 4 - VM).

            Ya hemos hablado bastante de la obra en el alma de este hombre.

            Nosotros debemos considerar otra cosa ahora— la obra para él—para todos, en la cruz junto a él.

            Colgaba allí a su lado el Señor de Gloria: y de la boca del hijo de la Sabiduría, mientras la luz se hacía más resplandeciente en su alma, nosotros tenemos el testimonio de dos cosas— la impecabilidad y el Señorío de Cristo. "Éste ningún mal hizo." (Lucas 23:41). Y el Cristo inmaculado, y el pecador que se condenó a sí mismo, ¡estuvieron lado a lado! ¡Impresionante y solemne escena, la cual no será jamás contemplada nuevamente! Hermoso testimonio de aquel hombre moribundo, que le llevó a tomar su lugar con Jesús allí, en aquel momento, y en medio de la agitación de una escena como la que rodeaba la cruz. Un momento cuando el mundo se unió contra un hombre que "ningún mal hizo." Cuando incluso aquellos que Le habían amado y habían confiado en Él durante Su vida, Le abandonaron en la hora de su mayor dolor. Y sin embargo el alma de aquel hombre estaba absorta con Cristo, el cual colgaba allí. La visión completa de su alma estaba llena con Cristo; y él se olvidó de sí mismo. Una transformación completa y total había tenido lugar en el hombre; y, olvidando su agonía, todo su pensamiento fue, "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino." (Lucas 23:42). ¿Cómo sería en su caso, mi lector, si usted estuviese muriendo en su confortable lecho, rodeado de sus amigos afligidos? ¿O qué sucede con usted ahora? ¿Sería Cristo tan precioso para su alma entonces? ¿Es Él tan precioso para usted ahora, como para absorber todos sus pensamientos, y colmar su alma con Él mismo? El terrible padecimiento de aquel momento no tuvo poder alguno para desagregar su corazón de Cristo. Y su única petición fue: Señor, ¡"acuérdate de mí."!

            Pero, ¿cuál fue la respuesta? La luz en su alma terminó de manera distinta de lo que él pensaba. En lugar de ser recordado cuando Jesús regresara en Su Reino, ¡él obtuvo un lugar aquel mismo día en el Paraíso con Cristo! La obra fue hecha por Jesús allí, la cual permitió a aquel hombre tener un lugar con Él ese mismo día; tal como es adecuado para toda alma que cree en ella, tomar su lugar en aquel momento ¡con Jesús dentro del velo!

            Querido lector, ¿ha contemplado usted con un corazón creyente, adorador, esa obra de Cristo, como aquello que lo ha librado a usted de la ira venidera? Y creyendo, ¿ha tomado usted su lugar, en virtud de ella, dentro del velo? ¿Dónde está usted, si no lo ha hecho? ¿Qué es usted? ¡Fuera del velo, un incrédulo, aún en sus pecados! Solemne lugar, solemne condición. No descanse ni por un momento, entonces. El mismo golpe que rasgó el velo, expuso la iniquidad del corazón del hombre, en la muerte de Cristo; y reveló el amor del corazón de Dios, al perdonar a Su Hijo; y ha quitado para siempre los pecados de Su pueblo creyente. No descanse ni por un momento hasta que usted tome su lugar, por medio de la fe, dentro del velo. Que ningún falso raciocinio del enemigo, o la incredulidad de su propio corazón, le prive a usted de esta alegría. Feliz realmente, si usted tiene, al igual que el ladrón salvado, el temor de Dios en su corazón: más feliz aún si usted ha reconocido su verdadero estado y condición delante de Dios — su propia alma ha asimilado la sentencia de muerte; y más feliz si usted se ha olvidado de usted mismo del todo tal como él, y que la visión de su alma esté absorta con Aquel que estuvo allí consumando Su amor al hacer una obra que le da a usted un nítido derecho a tomar su lugar en este momento ¡dentro del velo con Jesús! ¡Hoy . . . conmigo en el paraíso!

Traducido del inglés al español por: BRCO

F.G. Patterson

ÉTICA CRISTIANA: Pautas necesarias para nuestro caminar en esta tierra

 Introducción


            La Biblia establece pautas claras ACERCA DE LA ÉTICA, clasifica los actos humanos en buenos o malos y fija conductas a cumplir, basadas en una moral establecida por Dios, que nuestra sociedad suele ignorar o no tener en cuenta.

Es bueno buscar en la Biblia los principios que nos ayudarán a vivir con honestidad, sin maldad, lejos de la corrupción y la injusticia.

Lea con atención este libro, compuesto por pasajes cuidadosamente seleccionados de la Biblia, que le ayudarán a perseverar en la conducta moralmente aceptable, que Dios espera que usted practique.

Ore pidiendo a Dios que le ayude a experimentar una vida cristiana recta y sin mancha. Recuerde lo que dice su Palabra, en el libro de Romanos capítulo 12, versículo 2, recomendación que san Pablo escribe a los cristianos de Roma, pero que se aplica también hoy:

“No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambien su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que es grato, lo que es perfecto”.

La pérdida de la ética

La Biblia refiriéndose a los que actúan sin ética:

“Están llenos de toda clase de injusticia, perversidad, avaricia y maldad. Son envidiosos, asesinos, pendencieros, engañadores, perversos y chismosos.” Romanos 1.29

Los diarios anuncian:

“Hay alumnos que no quieren estudiar, muestran desinterés”

“Alumnos llevan al colegio, armas, drogas y revistas pornográficas" “Muchos alumnos falsifican sus exámenes, al copiarse”

“Hay profesores que demuestran favoritismo”

“Son numerosas las esposas golpeadas que no denuncian a sus maridos" “Empleadores no depositaron las cargas sociales de sus empleados”

“Hay muchos empleados ‘en negro’”

“Numerosos empleados trabajan a desgano, ocupan horas de trabajo en asuntos particulares, son deshonestos"

            La ética es, según el diccionario “la parte de la filosofía que trata del bien y del mal en los actos humanos”, el “conjunto de principios y reglas morales que regulan el comportamiento y las relaciones humanas”.

La ética tiene origen divino, viene de Dios. Pero el hombre le ha dado la espalda a Dios, no lo tiene en cuenta, trata de independizarse de esa fuente de verdad y moralidad. Y, lejos de Dios, sin sus principios, vive sin ética: miente, comete injusticias, es deshonesto, se corrompe, sus acciones son malas, llenas de graves errores.

En este capítulo reflejaremos cómo se vive cuando se pierde la ética.

La ética en los últimos tiempos, es decir, en los tiempos actuales

            Debes saber que en los tiempos últimos vendrán días difíciles. Los hombres serán egoístas, amantes del dinero, orgullosos y vanidosos. Hablarán en contra de Dios, desobedecerán a sus padres, serán ingratos y no respetarán la religión. No tendrán cariño ni compasión, serán chismosos, no podrán dominar sus pasiones, serán crueles y enemigos de todo lo bueno. Serán traidores y atrevidos, estarán llenos de vanidad y buscarán sus propios placeres en vez de buscar a Dios. Aparentarán ser muy religiosos, pero con sus hechos negarán el verdadero poder de la religión.

No tengas nada que ver con esa clase de gente. Porque a ellos pertenecen esos que se meten en las casas y engañan a débiles mujeres cargadas de pecado que, arrastradas por toda clase de deseos, están siempre aprendiendo, pero jamás llegan a comprender la verdad. 2 Timoteo3-1-7

¡Pero ustedes, al contrario, cometen injusticias y roban hasta a sus propios hermanos!

¿No saben ustedes que los que cometen injusticias no tendrán parte en el reino de Dios? No se dejen engañar, pues en el reino de Dios no tendrán parte los que se entregan a la prostitución, ni los idólatras, ni los que cometen adulterio, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los que roban, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los ladrones. 1 Corintios 6.8-10.

Tomado de librito “Acerca de la Ética”, editado por Sociedad Bíblica Argentina.

Se usa la Versión popular Dios Habla Hoy.

Disfrute su Biblia (I)

INTRODUCCIÓN 

Si alguna vez viera un libro titulado El Estudio Bíblico Fácil, ¡no vaya a comprarlo! Pues no existe una manera fácil de estudiar la Palabra de Dios. Demanda disciplina y perseverancia.

Estudiar la Biblia también requiere de motivación. Generalmente, en la vida encontramos tiempo para hacer lo que realmente queremos hacer. Si verdaderamente nos diéramos cuenta del valor de la Palabra de Dios, querríamos estudiarla más detenidamente. Pero para poder ver su valor, debemos mirar a través de los ojos de la fe. De otra manera, un partido de fútbol o un programa de TV se volverán más atractivos y excitantes que la Biblia. La fe nos permite ver el valor eterno de las Escrituras, en contraste con el valor transitivo y pasajero del puntaje final de un juego.

Otra gran ayuda para motivarnos es hacernos responsables de un grupo de estudio bíblico, o una clase de Escuela Dominical. Esto ejerce cierta presión en la persona, que la hace predisponerse a estudiar para preparar la clase.

No existe el “mejor” método de estudio bíblico. Generalmente, lo que resulta mejor para un creyente puede que no lo sea para otro. Todo lo que puedo hacer es sugerirle un método que consiste en ciertos pasos que, en lo personal, han probado ser de ayuda.

1.  Ore que el Señor le haga una persona enseñable por Su Espíritu Santo. Reconocer nuestra propia ignorancia nos coloca en el camino de la bendición.

2.  Luego, escoja en oración el libro de la Biblia que va a estudiar. Probablemente el evangelio de Juan sea el elegido con mayor asiduidad. La carta del apóstol Pablo a los Romanos pro­bablemente sea la que le siga en frecuencia.

3.  Comience con una sección corta. Su meta, más adelante, será estudiar toda la Biblia. Pero por ahora, el sólo hecho de pensar en semejante trabajo puede resultar abrumador. Recuerde que una gran tarea se logra a través de varias tareas pequeñas. No puede estudiar la Biblia entera de una sola vez, ni siquiera un libro, pero sí puede estudiar algunos versículos. Así es como se comienza.

E B. Meyer escribió con similar apreciación:

Estoy cada vez más convencido que si los cristianos no intentaran leer tantos capítulos de la Biblia a la vez, y se concentraran en estudiar con cuidado lo que leen, revisando las referencias, leyendo el contexto, comparando la Escritura con la propia Escritura, esforzándose por obtener uno o más pensamientos completos acerca de la mente de Dios, creo que obtendrían una mayor riqueza de su experiencia; un interés más fresco por las Escrituras; mayor independencia de los hombres y de las herramientas; y un disfrute mucho más real de la Palabra del Dios vivo. Llegarían a visualizar en la práctica lo que Jesús dijo: “El agua que yo le daré será como un manantial de agua que brota para vida eterna”.4

4.  Escriba en un cuaderno, a modo de pregunta, todas sus dudas sobre el pasaje. Cuando la gente me pregunta cómo estudio la Biblia, siempre les contesto, “Con un signo de interrogación en la mente”. Eso no significa que esté cuestionando la inspiración o la infalibilidad de la Palabra. ¡Ni por un segundo! Pero enfrento los problemas honestamente y me pregunto, “¿Qué quiere decir?”

Permítame darle una ilustración. En Juan 13:31-32, Jesús dijo:

Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glo­rificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también lo glorificará en sí mismo, y en seguida lo glorificará.

Cuando usted lee esto por primera vez, puede parecer un enredo de palabras santas. Si las pasa por alto como si fueran algo que está más allá de su alcance, nunca descubrirá su significado. Pero si se detiene y enfrenta el problema, se pre­gunta lo que significa, y busca las respuestas, en algún momento usted llegará a entender el pasaje. Jesús estaba anti­cipándose al Calvario. Él fue glorificado allí a través de su obra concluida, y Dios también fue grandemente honrado por él. El “si” hace alusión a un argumento; quiere decir “puesto que”; puesto que Dios fue glorificado mediante la obra sacrificial del Salvador, Él glorificará al Señor Jesús en sí mismo, lo que es, Su presencia. Y lo hará inmediatamente después. Eso sucedió al levantarlo de entre los muertos y sentarlo a Su diestra en el cielo.

5.  Vuelva a leer el pasaje otras veces, si es posible memorícelo, hasta que su mente esté totalmente saturada con las pala­bras de la Escritura. A veces se enciende una luz cuando medita en el pasaje, comenzará a pensar en otros versículos que pueden aclarar o suplementar la porción leída.

6.  Léalo en tantas versiones reconocidas de la Biblia como le sea posible. Aun las versiones parafraseadas pueden ser útiles para dar significado a un versículo. Aquí hay unos versículos de la Versión Reina-Valera, comparados con los mismos versículos de una versión parafraseada:

Colosenses 1:28-29, RV60:

A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.

Colosenses 1:28-29, Traducción en lenguaje actual:

Nosotros anunciamos a Cristo, y con toda sabiduría aconsejamos y enseñamos a todos, para que lleguen a ser perfectos como Cristo. Para esto trabajo y lucho con la fuerza y el poder que Cristo me da.

Colosenses 2:8, RV60:

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hom­bres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

Colosenses 2:8, Traducción en lenguaje actual:

Tengan cuidado. No presten atención a los que quieren engañarlos con ideas y razonamientos que parecen sabios, pero que sólo son enseñanzas huma­nas. Esa gente obedece a los espíritus poderosos de este mundo y no a Cristo.

7.  Lea tantos buenos comentarios bíblicos como pueda encontrar. Sea como una red de pescar, sacando toda la ayuda que pueda obtener. Sin embargo, deberá cuidarse de permitir que los comentarios ocupen el lugar de la propia Biblia. Y, por supuesto, debe leerlos con discernimiento, probando todas las enseñanzas con la Biblia y apropiándose sólo de aquellos que sean fieles. Como a menudo se dice, se come la naranja y se apartan las semillas, o se come el pollo y se dejan los huesos.

Conozco algunos cristianos devotos que insisten en que debemos leer sólo la Biblia. Ellos parecen enorgullecerse de ser independientes de cualquier tipo de ayuda externa, y aparente­mente, se supone que eso garantiza la pureza de su doctrina. Yo siempre tengo temores y dudas respecto a las personas que adop­tan esta actitud. Primero, porque pasan por alto el hecho de que Dios ha provisto a la iglesia de maestros, y por tener un don de Dios, no deberían ser menospreciados. Su ministerio puede ser oral o escrito, pero los beneficios son los mismos.

También existe tremendo valor en la comunión con otros estudiosos de la Palabra y en comparar interpretaciones. Esto nos ayuda a no volvernos parciales o extremistas. Con frecuen­cia, ayuda a no terminar teniendo puntos de vista raros, o incluso heréticos.

Los creyentes jóvenes deben buscar un mentor — una perso­na que combine la espiritualidad con el conocimiento de las Escrituras. Compartir preguntas y problemas con tales personas se convierte en una tremenda ayuda para crecer en la gracia y el conocimiento.

Haga apuntes de explicaciones útiles, de ilustraciones, y exposiciones. Puede que en el momento piense que después lo recordará, pero lo más probable es que no lo haga.

8.  Intercambie ideas con otros cristianos e intente conseguir respuestas. Es maravilloso cómo el Señor provee respuestas satis­factorias como resultado del estudio diligente de años.

9.  Continúe buscando hasta que pueda dar una explicación simple y concisa del pasaje a alguien más. No ha aprendido realmente de un pasaje mientras no pueda explicarlo de manera clara y simple. Las explicaciones que son largas y rebuscadas, generalmente ocultan una falla en la comprensión de lo que la Palabra está diciendo en realidad.

10.  Comparta con otros lo que ha aprendido. Esto ayuda a asimilar los conceptos en su propia mente, y debería ayudar y estimular a quienes los reciben.

11.  Estudie con la intención de obedecer lo que está leyen­do. No evada las enseñanzas de la Palabra. Recuerde que la obediencia es el órgano principal del conocimiento espiritual.

            Nunca separe la doctrina del deber. La Biblia no es un libro de teología sistemática donde las doctrinas se dan aisladamente. Filipenses 2:6-8 es uno de los grandes pasajes sobre la persona de Cristo, pero está presentado en conexión con una petición a los cristianos a que piensen en otros, y no en sí mismos. Por eso es que cada verbo indicativo lleva un imperativo, es decir, que cada declaración está ligada a una acción. La doctrina en sí misma puede ser fría y sin vida. Deje que otros discutan sobre cuántos ángeles pueden pararse en la cabeza de un alfiler; pues tales especulaciones nunca conducirán a la piedad.

Disfrute su Biblia, cap. I.

La separación del creyente la enseña el Espíritu Santo

 Lot, Jonatán, Dina, Demas

            La máxima regla de la separación la explicó nuestro Señor Jesucristo el día que le presentaron la moneda del tributo, un denario. Cristo dijo: “Pagad pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” (Mateo 22:15-22)

            La separación, más que una regla, es una doctrina establecida desde el principio del mundo. Dios separó la luz de las tinieblas; separó los cielos de la tierra; separó las aguas de la seco; separó el día de la noche. Esta línea de separación que comenzó en Génesis llega hasta el Apocalipsis: “Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus plagas.” (18:4) Los salmos de David empiezan con la separación: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.” (Salmo 1:1)

            El Señor vivió entre los hombres haciendo bien, separado de su sociedad. “Cada uno se fue a su casa; y Jesús se fue al monte de las Olivas.” (Juan 7:58, 8:1) Jeremías dijo: “Me senté solo.” (Jeremías 15:17) Daniel se apartó de las comidas y costumbres paganas de la corte de Babilonia. (Daniel 1:8, 5:17) Cristo no quiso ser juez en la política de su país. (Lucas 12:14)

            Pablo resume la doctrina de la separación de una manera más amplia, dándonos el valor y carácter que influye la separación en la vida espiritual del cristiano. “No os juntéis enyugo con los infieles: porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el fiel con el infiel? ¿Qué concierto el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos, seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo.” (2 Corintios 6:14-16)

            Tengo en la mente y en la punta del lápiz meditaciones bíblicas de varias personas consideradas entre los santos, algunas de ellas fieles en sus compromisos, pero no estaban en el lugar de la separación. A ninguno de ellos mandó Dios a escoger o permanecer en el lugar oposición que escogieron.

·  Lot estaba en Sodoma por amor a los bienes terrenales

            Muchos justos levantaron sus ojos en oración al Señor para escoger la voluntad de Dios. Pero de Lot se dice: “Alzó Lot sus ojos y vió toda la llanura del Jordán.” Ocho palabras nos dan la clave de cómo se puede perder la visión de las virtudes del siglo venidero, y de una manera gradual dejar el lugar de separación: Lot miró, escogió, se fue, se asentó, se apartó. (Génesis 13:10,11) Parece que había esperanza en las seis palabras primeras, pero, ¡qué triste! las dos últimas palabras: “se apartó.” ¿Era la sal de su tío Abraham que lo sazonaba?

            Hay hermanos que sólo están sostenidos en la asamblea por el influjo de otros. A veces es el esposo por la esposa o viceversa, hijos sostenidos por la tutela y confianza de sus padres, o por un anciano firme en sus convicciones. Hay otros cuyo corazón no es recto, que han escogido en secreto; se solazan en los deseos carnales y sólo esperan el momento cuando el enemigo les presenta la ocasión.

            De Lot sabemos que no participó del pecado de los sodomitas, pero ¡pobre hombre! aunque la hacienda hubiera prosperado mucho, no sentía ningún gozo en su vida. Parece que Dios mismo le envió como disciplina una conciencia viva y acusadora: “Porque este justo con ver y oir, morando entre ellos, afligía cada día su alma justa con los hechos de aquellos injustos.” (2 Pedro 2:8) El que es de Dios no puede sentirse satisfecho fuera del lugar de separación. Abraham volvió por sus jornadas, Isaac regresó a Beer-seba, Jacob subió a Beth-el.

            Lot no podía hallar regocijo en ninguna parte de Sodoma. Tal vez lo que más le afligía el alma era la corrupción sodomítica en su propia casa. Sabemos muy poco: dónde halló Lot su mujer, si en Egipto, en Beth-el o el Sodoma. Debía ser muy tediosa la vida de Lot sin tener ninguna colaboración con los de su casa, sólo oír chanzas, blasfemias, inmoralidades. El mismo Lot no parece que fuera muy espiritual, pues no encontramos en su historia ni una oración hecha por él, pero sí debía ser muy experto en el comercio. “Fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.”

·         Dina “salió a ver las hijas del país.” Sintió fastidio en el lugar de separación. (Génesis 34:1,2)

            Se necesitan años de explicación para mitigar o deshacer la sombra que deja un mal ejemplo. Jacob y su poligamia abrió en aquella joven el deseo de lo desconocido. Posiblemente Dina estaba en la edad de la coquetería, cuando las jóvenes creen que pueden alcanzar lo que desean por imitar las conversaciones, las modas y los ademanes de las mundanas.

            ¡Cuánto tino necesitan los padres para mantenerse en el lugar de separación y obtener limpia conducta delante de sus hijos! Hay madres que le importa un pito decir mentiras, o criticar o poner sobrenombres delante de sus hijos. Los padres son la cabeza de casa: “Que gobiernen bien su casa, que tengan sus hijos en sujeción con toda honestidad,” (1 Timoteo 3:4) La madre en la crianza y formación de los sentimientos: “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” (Tito 2:4,5)

·  Jonatán tenía mucho amor a David, pero mucho apego a las comodidades de la corte. (1 Samuel 20:43)

Para muchos es difícil mantenerse en el lugar de separación. Cristo tiene muchos amigos de su reino, pero no quieren llevar la cruz. Hasta cierta medida Jonatán tenía más luz que Moisés. Moisés hizo su escogimiento por fe: “Escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales del pecado.” (Hebreos 11:25) Jonatán tenía señales a la vista de que David iba a reinar, pero antes tenía que identificarse primero con los sufrimientos de David.

            Ciertamente muchos aman al Señor, pero no quieren salir fuera del real llevando su vituperio. Algunos como Lot no están completamente en el mundo, pero han llevado el mundo a la casa. La mujer de Lot y sus hijas “borrachas” de vino, ¡y qué vino tan sabroso es el de Sodoma! Lot aprendió a beberlo hasta emborracharse. Hay creyentes que tiene hijos e hijas borrachos de mundo también, las hijas con pantalones, algunas divorciadas y casadas de nuevo. La televisión en la casa enseña todo lo que se necesita para corromper las buenas costumbres. Ahí se sienta también el padre y la madre a ver su película, y la excusa es que los hijos ya están grandes y no podemos dominarlos. Lo que pasó es que no hubo separación absoluta desde el principio, y el monte que no se arrancó chiquito ha crecido con espinas y abrojos.

·  Demas, ingrato, abandonó al anciano apóstol en la cárcel por amor a mundo. (2 Timoteo 4:10)

            Demas es el hombre que empezó bien y terminó mal. Demas, el creyente que sufrió reproches, posiblemente cárcel, junto con otros hermanos. Demas, que llegó hasta las alturas de codearse en el saludo con los santos insignes. Demas, el discípulo que tuvo el honor de oír las preciosas enseñanzas del gran apóstol Pablo.

            No sabemos si sería en la ciudad o en la cárcel de Roma donde Demas oyó las palabras persuasivas de la serpiente antigua que le cautivaron. Dejó el lugar de separación. Las flaquezas, las afrentas, las necesidades, las persecuciones y angustias por Cristo le escandalizaron. Dejó de militar en las filas de Cristo y se afilió a la política de este mundo. Posiblemente salió empleado para Tesalónica, pero ...

            “¡Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan serán avergonzados, y los que de ti se apartan, serán escritos en el polvo; porque dejaron la vena de aguas vivas, a Jehová.” (Jeremías 17:13).

José Naranjo

Hermosas tiendas

 ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus habitaciones, oh Israel! Números 24.5


            Estas palabras de Balaam no nacieron de su propio corazón, sino que Dios las puso en su boca. En apariencia eran tiendas ordinarias: tenían ya casi cuarenta años aguantando los ventarrones de arena y tierra en el desierto, habiendo sido desarmadas múltiples veces para ser levantadas en otro paradero.

            Entonces, ¿en qué sentido eran tiendas hermosas?

   1. Porque simbolizaban el carácter peregrino del pueblo de Dios. Él no tenía su delicia en la residencia del rey de Moab ni en las mansiones de los ricos de la tierra. Su interés estaba en aquellas tiendas humildes de un pueblo que Él había redimido del mundo por la sangre del cordero y separado de la condenación en Egipto. Sin duda la casa de Lot había guardado mejor apariencia que la tienda de Abraham. Parecía estar mejor construida, pero repentinamente fue destruida por las llamas, y su amo tuvo que refugiarse en una cueva. En cambio, la tienda de Abraham fue perpetuada por Isaac y Jacob, según leemos en Hebreos 11.9.

            Hay mucha diferencia entre las magníficas catedrales que los hombres construyen y lo que es una verdadera iglesia local de Dios. Esta última se compone de piedras vivas y el Señor está en medio de ellas.

2. Porque había orden divino en aquel campamento. Cada tribu ocupaba su debido lugar, con su bandera desplegada. Dios es de orden. Satanás es el autor de confusión, quien siembra discordia entre hermanos. Su mayor producción es Babilonia la grande, de la cual leemos en Apocalipsis 17 y 18. La palabra significa la confusión. En realidad, la Babilonia simbólica es una gigantesca mezcolanza de prácticas paganas, religión pomposa y amor al lucro. Es un sistema de ritos y ceremonias que apelan a la soberbia del hombre, pero son contrarias a las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles. A Dios le agrada la sencillez.

3. Porque las tiendas estaban en torno del tabernáculo donde habitaba Dios. Él estaba en medio de su pueblo y esas tiendas en derredor evidenciaban devoción y fidelidad. Lo que agrada a nuestro Señor en el día de hoy es ver a un pueblo separado de los sistemas del mundo religioso, congregado en el nombre de su Señor.

Veamos ahora que algunas tiendas perdieron su hermosura.

1. Las de Coré, Datán y Abiram, por causa de la rebelión. Con la excepción de los hijos de Coré, estos tres hombres y sus familias, con sus tiendas, fueron tragados vivos cuando la tierra se abrió y todos descendieron al abismo con gritos espeluznantes. La historia está en Números 16.27 al 34.

2. Las de muchos en Israel, por la abominación en Moab. ¡Cuán trágico aquel día cuando Israel dejó sus hermosas tiendas para prostituirse moral y espiritualmente con las hijas de Moab! Esas mujeres “invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses”, Números 25.1 al 10.

            Al saber de un caso extremo, el sacerdote Finees fue tras cierto varón y su mujer madianita “a la tienda, y los alanceó a ambos ... y cesó la mortandad de los hijos de Israel”. Pero, “murieron de aquella mortandad veinticuatro mil”.

3. La de Acán, consecuencia de la codicia. En Josué 7 leemos de Acán y su tienda contaminada. El enterró en ella artículos malditos, los cuales había tomado en expresa desobediencia a la palabra de Dios. Ese hombre también murió, y con él su familia.

            En Hechos 5 leemos de una pareja en la iglesia primitiva que sufrió la muerte por ese mismo pecado de la codicia y por el engaño. Oremos sin cesar para que Dios guarde a cada testimonio a su nombre de perder su hermosura espiritual, sea por rebelión contra la autoridad establecida, como en el caso de Coré; por juntarse con el mundo, como aquellos muchos en la tierra de Moab; o por codiciar y luego ocultar el pecado, como Acán.

Santiago Saword

Figuras de Cristo (I)

 Adán un tipo de Cristo

Génesis 1:26-28; 2:7,8,15


            Podemos leer acerca de Adán en el Antiguo Testamento; pero el Nuevo Testamento nos dice que Adán fue un tipo de Cristo, Romanos 5:14. Él fue como Cristo en ciertos aspec­tos, pero también fue muy diferente de Cristo.

            Primero leamos Génesis 1:26-28; 2:7,8,15. En estos versículos vemos que Adán fue el primer hombre. Dios lo formó del polvo de la tierra, sopló sobre él aliento de vida, y Adán vino a ser un ser viviente.

            Ahora leamos 1 Corintios 15:45. Este versículo también nos habla de que Adán fue creado como ser viviente, el primer hombre. Él es la cabeza de la primera creación.

            El mismo versículo llama a Cristo el postrer Adán y el versículo 47 del mismo capítulo lo llama el segundo hombre. Él es la cabeza de la nueva creación.

            El primer hombre, Adán, fue hecho de la tierra. El postrer Adán es el Espíritu dador de vida y vino del cielo, 1 Corin­tios 15:47,48.

            Así que, vemos que Adán representa a Cristo pero que también es diferente de Cristo. Adán fue hecho a imagen de Dios, Génesis 1:26. Cristo es la esencia misma de Dios invisi­ble, 2 Corintios 4:4; Colosenses 1:15. Él es Dios en forma humana, 1 Timoteo 3:16.

            Adán es llamado el primer Adán. Cristo es el postrer Adán. Nosotros nacimos en este mundo con un cuerpo humano y una naturaleza como la del primer hombre, pero seremos revestidos con la imagen del postrer Adán si nacemos del Espíritu por creer en el Señor Jesucristo. Ahora estamos revestidos con la imagen del hombre hecho de la tierra, pero en Cristo seremos revestidos de la imagen del hombre del cielo, 1 Corintios 15:45,49. El versículo 49 dice textualmente así:

"Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial."

            Lea también 1 Juan 3:2 y Filipenses 3:20,21.

            El Señor Jesucristo dijo a Nicodemo que ninguno puede ver el reino de Dios a menos que nazca de nuevo, Juan 3:3. También dijo que la carne engendra la carne y el Espíritu engendra el Espíritu y que no nos debemos sorprender de que debemos nacer de nuevo, Juan 3:6,7.

            En Adán heredamos el juicio de muerte, pero los que creen en Cristo heredan vida eterna.

            Ahora leamos Romanos 5:15,19. En estos versículos vemos cinco cosas. Recibimos lo siguiente:

1.  A través de un hombre (Adán) à pecado y muerte, vs. 15.

   A través de un hombre (Cristo) à gracia y don de Dios.

2. A través de un hombre (Adán) à  Juicio vs. 16.

   A través de un hombre (Cristo) à justificación.

3. A través de un hombre (Adán) à muerte, vs. 17.

   A través de un hombre (Cristo) à vida.

 4. Por el pecado de un hombre (Adán) à todos fuimos condenados, vs 18.

5. A causa de que un hombre desobedeció (Adán) à muchos fueron declarados pecadores, vs. 19.

    A causa de la obediencia de un hombre (Cristo) à muchos fueron declarados justos delante de Dios.

 

Adán recibe a su esposa

            Ahora veremos de qué manera Adán fue como Cristo. Dios dio a Adán una esposa; y Dios dio a Cristo la Iglesia para que fuera su esposa.

Adán estaba solo en el huerto del Edén. Había pájaros y animales, pero no había nadie que le sirviera como ayuda.

            Dios dijo que no era bueno para el hombre estar solo y en­tonces hizo dormir a Adán y le extrajo un hueso de su costado. De este hueso, él hizo una esposa para Adán y se la dio a él. Lea Génesis 2:20-22. Adán llamó a su esposa mujer- porque ella estaba hecha de sus huesos y de su carne.

            Cosa parecida sucedió con la Iglesia, la esposa de Cristo. Cristo consiguió a su esposa a través de un profundo sueño, esto es a través de la muerte. Dios le dio a la Iglesia para que fuera su esposa porque él sufrió y murió por los pecadores.

            En Juan 12:24 leemos que una semilla es figura de la muerte de Cristo. Una semilla permanece sola si permanece fuera de la tierra. Cuando se echa dentro de la tierra muere, pero produce el fruto de muchas semillas a través de la muerte. Éste es un cuadro de la muerte y resurrección de Cristo que produjo la Iglesia.

            La Iglesia es el cuerpo de Cristo, es decir, sus huesos, sus manos, etc. Cristo es nuestra cabeza y nosotros somos partes o miembros de su cuerpo, Efesios 1:22,23; 1 Corintios 12:27. Cristo amó a la Iglesia y se dio a sí mismo por ella, Efesios 5:23,27, así que la Iglesia es la esposa de Cristo formada por personas que el Padre le dio, Juan 17:24.

 

Adán gobernó sobre todas las criaturas vivientes

            Dios dijo a Adán y a su esposa que gobernaran sobre todas las criaturas vivientes, Génesis 1:26,28.

            A Cristo se le ha dado toda autoridad, Mateo 28:18. Él gobernará como Rey de Reyes. Sus enemigos irán al estrado de sus pies. Lea Apocalipsis 11:15; Salmos 72:8; Zacarías 9:10 y Salmos 110:1.

            Cristo tendrá autoridad sobre toda la tierra y la gobernará con vara de hierro. Su esposa, la Iglesia, gobernará con él, Apocalipsis 2:26,27; 3:21 y 20:6. Cada criatura estará sujeta a él, Hebreos 2:6,8. Cada lengua confesaría que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre, Filipenses 2:9,11. El gobierno de Adán en el huerto de Edén es un cuadro del gobierno de Cristo sobre toda la tierra.