domingo, 1 de septiembre de 2013

Los Ángeles: Satanás

8. Su Obra


Miraremos este estudio desde cuatro puntos distintos para poder abarcar las distintas esferas en que actúa este ser angélico caído. Veremos en relación a Cristo y su obra; con relación a las naciones; en relación a los incrédulos; y por último, en relación al cristiano.
A.     Con relación a la obra redentora de Cristo
En relación a su obra ya se ha hablado en los puntos anteriores en una manera sucinta, ahora lo haremos un poco más detallado.
Podemos decir,  entre comillas, que Satanás fue el  causante de la obra redentora del Señor Jesucristo. Si él no hubiese intervenido en el Edén, la obra de Jesús en la Cruz no se hubiese consumado y estaríamos en una condición similar a la de Adán pero con mayor madurez por el tiempo transcurrido. Pero como Satanás, la “serpiente antigua” (Apocalipsis 12:9; 20:9), tentó a Eva en huerto del Edén, provocando que pecara y cayese de la condición y relación con Dios, él provocó que se estableciese la primera profecía que habla de la obra de Cristo y la interferencia que hace a la misma, y su propia derrota. “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). Dios mismo establece el juicio y decreta que cuando se consumase la obra del Señor Jesucristo, Satanás sería derrotado, su cabeza sería herida.
Sabiendo esto, Satanás comenzó su trabajo oculto que interfería en la obra Divina. Provocó que Caín  matase a Abel, y con esto destruir la línea fiel que se acercaba a Dios como Él mandaba, ya que Caín estaba bajo sus lazos, lo cual lo excluía de la línea por el cual  nacería el Mesías. Pero Dios tenía otros planes,  ya que nació Set (Génesis 4:25), y de esta línea provendría el libertador de la raza humana.
Pero él no se quedó derrotado, sino que logró que el hijo de Dios, aquellos descendiente de Set, mirasen con agrado a las hijas de Caín (Génesis 6:2), y se corrompió la raza humana, siendo solo una familia la que se encontraba libre de estos lazos, la familia de Noé (Génesis 6:8).  Esta pasa por el juicio de Dios  la humanidad protegido por un arca de madera; y pasado éste,  se establece para formar un nuevo poblamiento, pero el hombre  quiso buscar su propio destino y llegar hasta el cielo, para ello construye una inmensa torre. Y Dios vuelve a juzgar a la humanidad y la divide en Pueblos (Génesis 11:1-9). De seguro Satanás había obrado y alentado la búsqueda de esta independencia de Dios.
Luego vemos como el pueblo escogido por Dios es esclavizado en Egipto. Como se intenta suprimir toda línea de varón al eliminar a los niños que nacían (Éxodo 1:16, 22).  Y cuando salió el pueblo, el becerro de oro apareció para representar al Dios verdadero. Y cuando estaban pronto a entrar a la tierra prometida, como se desviaron fácilmente ante la instigación de Balaam (Número 31:16; 2 Pedro 2:15; Judas 1:11; compare con Apocalipsis 2:14). Y una vez que estuvieron en la tierra, las siguientes generaciones siguieron a los dioses de los pueblos derrotados y se contaminaron.
Es posible que en todos los casos de la vida de Israel como pueblo, Satanás estuvo instigando soterradamente que siguiesen los  su propio camino (Éxodo 32:4,5; Levíticos 17:7; Deuteronomio 32:17; 2 Crónicas 11:15; Salmo 106:37; 1 Corintios 10:20; compare con Jueces 2:11, 12, 16, 17; Jueces 3:6, etc.). No se muestra en público hasta el caso del censo de Israel ordenado por David (1 Crónicas 21:1). Y posterior a eso se oculta nuevamente, pero podemos ver  su actuación detrás de los reyes que gobernaron a Israel y Judá, a los sacerdotes corrompidos (por ejemplo, Ezequiel 8) que ministraban en el templo, y no manteniendo la pureza de lo que llevaban en sus frentes: “Santidad a Jehová (Éxodo 28:36).
En todo este tiempo trató de corromper la línea por donde vendría el Salvador. Pero no pudo hacerlo.  Cuando el Señor nació, por medio de Herodes trató de matarlo (Mateo 2:16). Sin embargo Dios tenía previsto la protección del Niño. Y cuando lo vemos aparecer  directamente, es en la tentación del Señor (Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-13). Por medios de medias verdades trató que el Señor cayese en sus “garras” como lo hizo con Adán y Eva en el Jardín.  Y en esta ocasión no salió como la vez anterior, como sucedió con el primer Adán, esta vez salió derrotado.
Satanás utilizó a muchas personas para  intentar frustrar  la obra de Cristo. Ya mencionamos a Herodes; Pedro al intentar disuadir al Señor de su camino (Mateo 16:23); los religiosos como son los fariseos, escribas y saduceos (Juan 8:44; Mateo 16:1; etc.). Y por último, tomó posesión del cuerpo de Judas para que el cometiera el acto de traición  (Juan 13:27).
Hay otros casos, pero estos bastan para ilustrar que Satanás utilizó a hombres para estorbar la obra redentora del Señor Jesucristo.

B.     Con relación a las naciones.
Las naciones son de su principado y dominio. A él le fueron entregadas y se las ofreció al Señor con la expresa  condición que el Dios Eterno, hecho hombre, le adorase a él, una criatura (Lucas 4:6,7).
De lo anterior desprendemos que él actúa fervientemente sobre estas para guiarlas de acuerdo a su derrotero. En Daniel 10 vemos que Daniel tuvo una visión y por veintiún días estuvo en ayunas.  Y al cumplirse el tiempo, un ángel se apareció para revelarle lo que había visto en visión (v.1). Este ser le dijo que la respuesta a la oración había sido inmediata. “Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia” (v.13).
Este “príncipe del reino de Persia”, que muchos piensan que es Satanás mismo (o un lugarteniente) quien está dirigiendo, desde el ámbito espiritual, el mundo material. De ser una interpretación correcta, corresponde con lo que Satanás le ofreció al Señor Jesucristo: los reinos de este mundo.
Satanás como Señor del mundo, se dedica a engañar en la actualidad a los gobiernos humanos (Apocalipsis 20:3). Engaña a las naciones para que se creen sistemas de represión del cristianismo verdadero. Sino recordemos lo que la historia nos indica: imperio romano inició la era de persecuciones;  los países con gobiernos “teocráticos” (ya sean “cristianos” o de otra religión) persiguen a los que intentan divulgar la verdadera fe; o países con régimen  ateísta (comunista) que arrebatan la vida a los creyentes o los encarcelan para que el evangelio no avance.
Hay leyes  que promueven la igualdad de condiciones a los homosexuales, sabiendo que esta perversión sexual es un pecado contra lo que Dios ha establecido (Romanos 1:26, 27), sabiendo que atenta contra todo lo que se llama familia.
Estos gobiernos son engañados, de modo que las leyes se presentan como un bien para la sociedad, pero lamentablemente no se visualiza que en realidad es una actitud perniciosa y que único que hace es socavar lo poco de cimientos  verdadero que tiene esta sociedad, mal llamada, “cristiana”.
 En un futuro cercano, este ser reunirá a todos los gobiernos para luchar contra Dios. La trinidad satánica se encargará de realizar esta convocatoria. El texto dice: “Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 16:13-14). Se dispondrán para batallar contra el mismo Señor Jesucristo cuando venga en Gloria. Pero de nada servirá, porqué, ¡Gloria sea dada a Dios!, el Señor Jesucristo vencerá (Apocalipsis 19:17-20; Zacarías 14:3, 12). Y una vez que esta batalla sea terminada, Satanás será encerrado para que no “engañe más a las naciones” (Apocalipsis 20:3).

C.      Con relación a los incrédulos
Con relación a los incrédulos, Satanás tiene especial control sobre los hombres. Se encarga de poder satisfacer sus necesidades ocultas y, a veces, perversas. Se encarga de tenerle todo lo que necesita.
A algunos, los que poseen un espíritu “místico”, les provee una gran variedad de religiones orientales o se las inventa para dejarlo tranquilo y contento con el “juguete nuevo”, para que estos puedan propagarla y enrolar a otros incautos que están en su misma situación. A otros, que son escépticos, les promueve el espíritu de negación de todo lo que es propio de Dios, generando aquellas “fe” ateísta o agnóstica.  Y  a algunos intelectuales les promueve el afán de conocimientos, es decir,  todo lo esotérico u oculto le atrae y lo envuelve en esas redes del saber.
                Pablo expresa lo anterior del siguiente modo: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). El “dios de este siglo” se ha encargado de entenebrecer el entendimiento de los incrédulos con una diversidad y multiformes de ideas.  Tal vez el engaño más “diabólico” es el que se produce dentro del mismo “cristianismo” con la multitud de sectas que niegan los principios cristianos.  Aparecen por aquí y por allá hombres y mujeres que lo único que hacen son engañar a los incautos.  Tenemos a los Testigos de Jehová,  mormones, Ciencia Cristiana, Adventistas, Romanismo, Teosofista, los niños de Dios, Sólo Jesús y una infinidad de creencias (vea 1 Timoteo 4:1).  Y esto lleva a pensar a que aquellos que tiene un atisbo de deseo de buscar la luz a plantearse la siguiente pregunta: ¿cuál es la fe verdadera? ¿Quién tiene la verdad? Todo esto ha contribuido que muchas almas vayan a la muerte sin Cristo.
            Para colmo de males, últimamente han aparecido “apóstoles”, y otros no conformándose con este título agregaron el prefijo “súper” por lo cual son “superapóstoles”. Y después ¿qué serán? ¿Supersuperapóstoles?
            Satanás tiene una gran imaginación para mantener cautivo al hombre. Todo lo ha inventado y enredado para  arrebatar “la Palabra” del corazón de los hombres  (Lucas 8:12).
            Y aquellos hombres que han encontrado el Camino y Cristo les ha alumbrado (Juan 3:19),  Satanás los persigue ferozmente, como un león rugiente (1 Pedro 5:8).  Usa todos los medios para oponerse a la obra de Dios, especialmente a los mismo hombre (vea Apocalipsis 2:13), porque el deber del cristiano es ser cual un faro, como lo es su Maestro, y divulgar su fe a otros como el Señor lo ordenó (Mateo 28:19-20), y como el hombre aborrece la luz, intenta apagarla por el medio que sea.

D.     Con relación al cristiano.
Con relación al cristiano Satanás, sabiendo que no puede tomarle para sí, porque el cristiano es como un tizón arrebatado del fuego (vea Amos 4:11; Zacarías 3:2) y que  es propiedad de Dios, ha sido comprado a precio de Sangre (vea Mateo 27:6). O como lo expresa Juan en su primera carta: le hemos vencido porque hemos conocido al Padre (1 Juan 2:13), porque nuestra vida anterior llena de malas obras ha sido perdonada por causa de haber creído en el Señor Jesucristo (1 Juan 2:12). Por lo cual la lucha que tenemos es contra un ser derrotado (1 Juan 2:13), primero en la cruz del calvario y, segundo, porque hemos creído en esa obra.
 Ahora cuando un creyente es tocado por el enemigo, sea en la forma que sea, lo es porque Dios lo permite (lea Job 1 y 2 compare con 1 Juan 5:18) con el objeto que el creyente madure y crezca y alcance la plenitud de Cristo (2 Corintios 12:9).
Sin embargo, por nuestra propia concupiscencia, nuestros deseos carnales,  somos llevados y zarandeados por este ser. ¡Oh, cuántos cristianos que prometían dar abundante fruto han quedado en camino, se han vuelto al mundo! Han sido seducidos por los placeres de este mundo, lo han amado más (2 Timoteo 4:10).
Satanás ataca al creyente fiel con el fin de engañarlo, y que de ese modo deshonre a su Señor y con ello pueda acusarlo ante Dios mismo, y cuando no puede los calumnia (Zacarías 3:1; Apocalipsis 12:10).
Además, su obra personal con cada creyente es incitarlos  a mentir. Un ejemplo claro tenemos en el caso de Ananías y Safira (Hechos 5:3),  no tenían necesidad de entregar la totalidad de sus bienes, pero simularon hacerlo y por eso el juicio de Dios mismo no se esperó.
También influye o tienta a los creyentes a cometer inmoralidades  en la vida matrimonial, sino por demás Pablo insta que no se nieguen el uno al otro (1 Corintios 7:5).
Emplea demonios en su intento por derrotarle, por lo cual “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:11-12).
Introduce a seudos creyentes en la congregación, a falsos hermanos, que hacen corromper la obra.  El Señor lo previó en su parábola de la cizaña, que Satanás la plantaría (Mateo 13:38-39). Los apóstoles, ya en sus días, luchaban contra estos falsos obreros (Judas 1:4, 1 Juan 2:19; 2 Timoteo 4:14).
            Otra forma sutil de engaño que encontramos es la de una falsa santidad o deseos de apartarnos del mundo. Cuando el Señor oro: “No ruego que los quites del mundo,  sino que los guardes del mal” (Juan 17:15),  en ningún momento esta diciendo que nos metamos en un monasterio o seamos anacoretas, o nos enclaustremos de la forma que sea, o que nos quedamos sentado en la congregación sin hacer nada. De esa forma está atacando al creyente, impidiendo que trabaje y cumpla el cometido de salir y predicar el evangelio. En un claustro ¿qué podemos hacer de trabajo? Sólo orar (que no está mal, pero es insuficiente). La obra del Señor de la mies  necesita obreros. Sentados en la congregación ¿qué podemos hacer? Orar, escuchar y aprender de la palabra, pero debería ser como producto del trabajo que previamente se ha hecho. El labrador llega cansado a su casa a comer después que ha trabajado todo el día. En resumen, el Señor oró para que fuésemos preservados de mal y no que fuese sacado de este mundo, en el cual tenemos que trabajar para llevar a Cristo otras muchas almas.
            El dinero es tratado por el Señor como las riquezas injustas (Lucas 16:9) en función de su carácter;  ellas deben estar bajo nuestra mayordomía (Lucas 16:10-11). Si le damos mayor importancia y nos dedicamos a ellas, entonces estamos cambiando a Dios por un ídolo (Mammon), y con ello nos estamos oponiendo a Dios. Las riquezas deben ser un medio para llevar a otros a Cristo.
            Somos muy influenciado por el mundo. Corremos rápidamente a vestirnos de tal o cual moda. Las jóvenes creyentes les gusta vestir como las demás mujeres, siendo con ello están mostrando una sensualidad que no corresponde a una hija de Dios. El hombre quiere tener lo último en tecnología. Ambos debemos preguntarnos si ello honra a Dios y al Señor Jesucristo. En respecto a la moda, llegará el momento en que vistamos igual, porque nosotros no andamos vestidos como se usaba el 1800 o el 1900, pero no debemos apresurarnos. Con respecto a la tecnología, es similar a lo anterior, en algún minuto será necesaria, solo entonces debemos hacernos de ella.

Por último, si estorbó al Maestro (vea Mateo 9:11; 12:2, 10, 14, 24; 13:54-57; 15:1; 16:1; etc.), estorbará el trabajo que se realice en propagación del evangelio (1 Tesalonicenses 2:18; Hechos 13:45-50; 14:5-19; 17:5; 21:27; 25:3). Si no puede con estorbos habituales incitará la persecución de los creyentes, pero el mismo Señor nos anima a no temer a estos hechos (Apocalipsis 2:10).

La ley del Leproso y su purificación.

El log de aceite.
"Asimismo tomará el sacerdote del log de aceite y lo echará sobre la palma de su mano izquierda, y mo­jará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová" (vers. 15-16).
Hasta aquí el sacerdote se ocupó continuamente del leproso, ahora lo deja de lado por un momento en tanto que derrama el aceite ante Jehová... Ya sabemos que en las Escrituras, el aceite es un símbolo del Espíritu Santo, y lo que hace el sacerdote en este momento nos habla de las delicias que Dios halló en la virtud del Es­píritu Santo manifestada en la vida y en la muerte de su amado Hijo; no olvidemos que el Espíritu Santo no es solamente una influencia, es "el Dios vivo y verda­dero". ¡Cuán precioso es recordar que una persona di­vina perfectamente agradable a Dios está aquí en la tierra, haciendo su voluntad por nosotros ahora, a glo­ria de Dios, como la hizo en perfección por Cristo en­tonces. ¿Os acordáis cómo desde lo alto de los cielos abiertos descendió el Espíritu Santo, en forma corporal de una paloma, sobre Jesús, señalando Dios el Padre a su Hijo entre la muchedumbre reunida a orillas del Jor­dán? (Mateo 3,16-17). Pues bien, ahora el mismo Espí­ritu Santo quien desde Pentecostés habita en la Iglesia y en cada creyente, está aquí abajo, más que nada, para glorificar a Dios reproduciendo unos rasgos de Cristo por cada uno de aquellos que son su templo (1. Corin­tios 6,19).
"Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa" (vers. 17).
El "leproso" fue presentado a Jehová llevando so­bre sí la sangre del sacrificio por la culpa mientras el sacerdote derramaba el aceite como aspersión delante de Jehová; ahora aplica el aceite sobre el lóbulo de la oreja derecha del leproso, sobre su mano y su pie, enci­ma de la sangre. Esta aplicación del aceite representa la energía del Espíritu Santo que nos presenta a Dios en la virtud del sacrificio de Cristo, y que también nos revela el valor de su sangre, de su obra y su persona: "éste me glorificará —dijo el Señor— porque tomará de lo mío y os lo hará saber... él os guiará a toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de ve­nir" (Juan 16,13-14). Además el Espíritu es el poder para que el creyente sirva a Dios y le alabe; y bien sa­bemos que todas las variadas actividades de la Iglesia, que es templo de Dios por el Espíritu, dependen de su presencia (Efesios 2,22; 1. Corintios 12).
"Y de lo que quedare del aceite que tiene en su ma­no, el sacerdote lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica" (vers. 18). ¡Parece que el aceite no se agota nunca! Aunque haya sido derramado siete veces delante de Jehová, puesto sobre la oreja, la mano, y el pie del leproso, queda todavía para ungir su cabeza. Esto nos recuerda la escena que leemos en 2. Reyes 4,1-7: mien­tras hay vasos que llenar, el aceite no se agota; y en 1. Reyes 17,14, Elias el profeta dice: "la tinaja de la harija no escaseará, ni se disminuirá la botija del aceite..." Pues Dios no da el Espíritu por medida (Juan 3,34). Por grande que sea nuestra necesidad de su po­der, estemos seguros que el Espíritu de Dios es más que suficiente para todo; y una vez nuestro ministerio para Dios y los hombres plenamente cumplido por el Espíritu aquí abajo, quedará aún para alabar en los atrios celes­tiales porque "estará con nosotros para siempre" (Juan 14,16).
Aquellos para quienes en Israel era prescripto reci­bir el óleo de la unción, eran los sacerdotes, los reyes, en un solo caso un profeta (1. Reyes 19,16)... y los le­prosos purificados. ¡En qué sorprendente y maravillosa compañía han sido introducidos! ¡Misterio insondable: sacerdotes y pecadores salvados, adoran juntos! Tal es la posición en la que desde ya el Señor ha introducido a sus rescatados: "nos hizo reyes y sacerdotes para Dios y su Padre" (Apocalipsis 1,6). Además, el Espíritu que hemos recibido es el Espíritu de adopción, "por el cual clamamos: ¡Abba Padre!" (Romanos 8,15). ¡Cuánto so­brepasa todo esto nuestra imaginación! Nadie hubiera pensado jamás que un ser vil, desterrado, inmundo, haya podido ser introducido en una posición en la cual cual­quier común del pueblo israelita "en la carne" era ex­cluido: la de sacerdote, de rey, y la más excelente de todas, la de hijo de Dios; no podemos sino prosternarnos en adoración ante el amor de nuestro Padre.
"Y hará el sacerdote propiciación por él delante de Jehová..." (vers. 18). El aceite parece completar la ofrenda, pero no es éste que ha expiado los pecados sino sólo la sangre derramada del sacrificio por la culpa. Mas el aceite colocado sobre la sangre muestra con cla­ridad cuán íntimamente el Espíritu Santo está unido a la ofrenda sangrienta de nuestro Salvador, y que sola­mente por ella podemos gozar de la presencia del Espí­ritu, quien a su vez nos revela toda la excelencia de esta ofrenda.

El sacrificio por el pecado, el holocausto y el presente de flor de harina
¿Qué más puede decirse? Agregar algo sería quizás echar a perder este cuadro que nos parece perfecto ya, pero descubrimos que faltan aún dos ofrendas; he aquí una: "ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pe­cado y hará propiciación por el que se ha de purificar por su inmundicia" (vers. 19). ¡Qué obra completa y perfecta realizó nuestro Salvador en la cruz del Calva­rio! No solamente los pecados son todos borrados para siempre por la sangre del sacrificio por la culpa, mas por el sacrificio por el pecado ha sido juzgada nuestra vieja e incurable naturaleza adámica, la "raíz" que pro­duce !os pecados. Ya que esta naturaleza no puede ser perdonada, ni mejorada, es juzgada, crucificada, sepul­tada (Romanos 6,6): nuestro "Sacrificio" por el pecado lo ha hecho todo. Moisés en su tiempo tuvo que cono­cer lo que el apóstol nos dice en el Nuevo Testamento de esa vieja naturaleza que no es sino pecado, cuando Jehová le ordena poner la mano en su seno, al retirarla está blanca de lepra. Mientras esperamos el momento de estar en nuestra habitación celestial donde no seremos más turbados por nuestra vieja naturaleza que tanto mal nos causa hasta hoy, podemos desde ya tenerla por muerta al pecado (Romanos 6,11).
Aun un toque final y el cuadro es perfecto: "y des­pués degollará el holocausto y hará subir el sacerdote el holocausto y la ofrenda sobre el altar. Así hará el sacer­dote propiciación por él y será limpio" (vers. 20).
Según la ordenanza establecida en el capítulo 4 del Levítico la persona que pecare debía posar su mano so­bre la cabeza de la víctima que traía por su culpa para que de esta manera sus pecados sean transmitidos sobre el sacrificio, como cuando era ofrecido un holocausto (capítulo 1,4) el adorador que lo traía ponía su mano sobre la cabeza del sacrificio, y así toda la eficacia de la ofrenda se transmitía sobre él. El holocausto (palabra que significa, enteramente quemado) expresa la perfec­ción del sacrificio de Cristo ofrecido a Dios en la cruz, y que por gracia nos es comunicada; además el holocaus­to es la más alta expresión de lo que un creyente puede ofrecer a Dios por Cristo en el servicio de la adoración y consagración.
La ofrenda del presente hecha de flor de harina, sustancia contenida en "el grano de trigo", suave, un­tuosa al tocar, sin asperezas, con una blancura inmacu­lada, convenía muy bien como símbolo de la humanidad perfecta de Cristo. En el capítulo 2 del Levítico tene­mos prescriptos los distintos modos de cocinar ese pre­sente de flor de harina que simboliza los distintos gra­dos de los sufrimientos de Cristo, siempre más intensos, a los cuales su vida perfecta fue sometida, para culmi­nar en el Gólgota. Con esa ofrenda del presente, la purificación del leproso es consumada.
Él puede repasar en su espíritu su vida anterior fue­ra del campamento, luego su purificación, su presenta­ción a Jehová; ve sobre él aquella sangre que borró to­dos sus pecados; es consciente de su nueva y maravi­llosa posición de rey, de sacerdote y de hijo en la cual acaba de ser introducido por el Espíritu; sus miradas siguieron el humo que subió de "la ofrenda por el peca­do" que lo ha purificado de su "yo" incurable. . . ¡Qué historia la suya! ¡Qué gratitud debe brotar de su co­razón!
¿Qué podría ofrecer ahora al que hizo tanto por él? Su corazón desborda de alabanza, las que acompañan el holocausto que ahora arde sobre el altar y que pro­porciona a Dios un anticipo del "suave olor" que subió de la cruz... Ofrece también "el presente de flor de harina", esa Vida, la de Cristo, pura y sin tacha, vida tan diferente de la suya. Así el leproso limpiado no está aquí en la posición de rey, sacerdote y de hijo solamen­te, sino en la de adorador también. Allí lo dejaremos prosternado ante el holocausto cuya fragancia sube ha­cia Dios, y podemos oírle exclamar como el salmista enajenado:
"ungiste mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando"

Amigo lector creyente, estas experiencias, este ca­mino no son otra cosa que tus experiencias y tu camino; ¡gracia infinita! Pueda ella inclinar nuestros corazones hacia un amor más ardiente para Aquel que todo lo ha hecho a nuestro favor.

Los Seis Milagros del calvario

EL MILAGRO DE LOS SEPULCROS ABIERTOS
Y abriéronse los sepulcros (Mateo 27:52). El cuarto de los milagros del Calvario fue apertura de los sepulcros.
Esa perturbación de un cementerio tiene un significado e importancia propios entre los milagros del Calvario. En verdad, en cierto modo es el más sobresaliente de cuantos hemos considerado hasta ahora, la culminación de lo que le precedió así como también la culmi­nación en sí mismo de lo que va a seguir.

I.                   El LUGAR
En primer lugar consideremos el hecho tal cual está relatado: "Mas Jesús, habiendo otra vez exclamado con grande voz, dio el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto a bajo: y la tierra tembló, y las piedras se hendieron; y abriéronse los sepulcros."
Así fue por medio del temblor que los se­pulcros fueron abiertos. Y podemos deducir que la mayoría, si no todos, estaban situados en y alrededor del Calvario. Como lo dijimos anteriormente, es probable que el temblor se sintiera más violentamente en su lugar de origen—el sitio de la influencia perturbadora. Sabemos que había un cementerio en el Cal­vario, puesto que la tumba de José, donde fue puesto Jesús, se encontraba en sus proximida­des.

ESTABLECIENDO EL LUGAR
Además, si ese hecho era un testimonio del poder de la muerte de Cristo, es muy probable que los sepulcros estuvieran próximos a la cruz. A más de esto, parece evidente que los sepulcros estaban cercanos a Jerusalén por el hecho de que al levantarse los santos entraron en la Santa Ciudad. Es pues interesante esta­blecer el lugar. También podemos deducir que los sepulcros eran rocosos—excavaciones en las rocas, y que la entrada a ellos era ce­rrada por medio de puertas de piedra, pues las declaraciones, "las piedras se hendieron" y "abriéronse los sepulcros" están relacionadas entre sí.

DIFERENCIA ENTRE LA FUERZA Y EL DESIGNIO
Dado, sin embargo, que la apertura de los sepulcros y la hendidura de las rocas eran una misma cosa, ¿por qué debemos presentarlos como hechos separados?
La razón es que hay una diferencia muy significativa entre los dos sucesos. La hendi­dura de las rocas fue una evidencia de fuerza; la apertura de los sepulcros una evidencia de designio. La hendidura de las rocas no presen­taba una profecía para el futuro. La apertura de los sepulcros era como una promesa de la gloria venidera.
El valor del hecho del temblor en sí no se perdió cuando se abrieron las tumbas, y tuvo, como hemos visto, un significado propio y bien definido. Del mismo modo, el hecho de abrirse los sepulcros no se confundió con el temblor, sino que también tuvo su identidad y valor propios. Es el cuarto en esta serie tan evidente de los milagros del Calvario. Fue el resultado inmediato del temblor, tal como el temblor fue el resultado del clamor victo­rioso desde la cruz, y fue así como el temblor una respuesta a ese clamor. En el momento en que Cristo murió, fueron abiertos los sepul­cros.

¿DE QUIENES ERAN LOS SEPULCROS?
Eran los sepulcros de los santos solamente— los hijos de Dios, el pueblo de Cristo. No fue­ron descubiertos los despojos mortales de nin­guno cuya alma, ahora separada del cuerpo, no tenía interés en la muerte que obró la apertura de los sepulcros.
Es una concepción muy sublime. ¡Los mu­chos sepulcros de los hijos de Dios, cada uno discriminado tan amante e individualmente, fueron a sus ojos los lugares monumentales de todo el mundo!
Y ahora notemos, que mientras que los sepulcros fueron abiertos en el mismo instante de la muerte de Cristo, sin embargo los cuer­pos que en ellos yacían no se levantaron sino hasta después de su propia resurrección—a la tercera mañana. "Salidos de los sepulcros, des­pués de su resurrección," nos dice el relato.
No es el hecho de la resurrección lo que ahora estamos considerando, sino simplemente el de la apertura de los sepulcros. Esta aper­tura tenía una fuerza en sí, aparte de su pro­pósito. Es algo que no se perdió de vista en las resurrecciones contempladas, como tam­poco se perdió en el temblor.
Fue por lo tanto un gran hecho de prepa­ración tal como solamente fue necesario hacer en el instante de la muerte de Cristo, precisa­mente cuando El entraba entre los muertos. No podía ser demorado hasta que volviera de los muertos, aunque la consumación del propósito de la apertura fuera así demorada.
En todas estas circunstancias, ¡cuán enfá­tico es lo milagroso! Con una abrumadora convicción, sentimos que es una de las más claras y potentes mediaciones de Dios, uno de sus más preciosos testimonios del triunfo de la muerte de Jesucristo.

II.                CLASE DE RESURRECCIÓN
En segundo lugar, este sentir de su enseñan­za tan preciosa parece justificarse por los sim­ples requerimientos del tema. El hecho de que los sepulcros fueron abiertos en el mismo instante de la muerte de Cristo, pero que las resurrecciones no se llevaron a cabo sino hasta tres días después, nos indica que los sepulcros abiertos eran para exponernos algo.

SU OBJETO ES UNA MANIFESTACION
Si las puertas de piedra fueron abiertas por medio del temblor tan sólo para permitir la salida de los cuerpos, entonces el temblor no hubiera tenido lugar sino hasta el momento de su salida. Pero esos sepulcros estuvieron abier­tos desde la tarde del viernes hasta el domingo por la mañana, expuestos a la visión de miles de espectadores. No se hubiera permitido que esos sepulcros fueran tapados durante el sá­bado. ¿No parece indicar todo esto que la apertura de los sepulcros era una manifesta­ción, que tenía un testimonio que ofrecer?

¿QUE CLASE DE RESURRECCION?
Preguntamos ¿qué objeto hubo en la aper­tura de esos sepulcros? ¿Qué clase de resurrec­ción fue ésta? ¿Se trata de la que el apóstol llamó "mejor resurrección," la verdadera re­surrección del cuerpo, el cuerpo espiritual e incorruptible? ¿O fueron los cuerpos simple­mente reanimados como en el caso de Lázaro?
Podemos probar por las Escrituras que se trata del segundo caso, y trataré de hacerlo más adelante. Lo que quiero establecer aquí es, sin embargo, que la apertura de los sepul­cros así lo indica, pues la idea de que los sepulcros tenían que ser abiertos para que sa­lieran los cuerpos espirituales es contradictoria. Un cuerpo espiritual tiene propiedades espi­rituales. Jesús con su cuerpo resucitado entró, sin necesidad de ninguna abertura, en el apo­sento donde estaban reunidos los apóstoles, y se nos dice que su cuerpo resucitado es el modelo de los cuerpos de resurrección de sus santos.
¿Se necesita un sepulcro abierto para tal resurrección? No. La partida de un espíritu humano de esta tierra no exige que las paredes y techo de una habitación sean quitados a fin de que pueda partir.

LA RESURRECCION DE CRISTO ES DIFERENTE
Esto lo tenemos demostrado por la salida del cuerpo de Cristo de la tumba. Una gran piedra cubría su sepulcro; pero cuando El abandonó el sepulcro esa piedra no había sido quitada. Fue quitada poco tiempo después para mostrar a los discípulos que el sepulcro esta­ba vacío, y así fueron convencidos de su resu­rrección. Un ángel descendió del cielo para efectuar esta obra. Pero cuando esto se llevó a cabo, Cristo no estaba allí.
Por otra parte, cuando Lázaro fue resuci­tado, resucitó con su cuerpo natural y por lo tanto se dio el mandato previo, "Quitad la piedra."
Por esta razón la apertura de esos sepulcros del Calvario puede armonizarse con esta con­clusión solamente, que lo que fue resucitado fue solamente el cuerpo natural, y no fue su resurrección final.

VIVIFICADOS PERO NO RESUCITADOS
Estos santos no fueron en sí mismos una adecuada expresión de la victoria de Cristo, ya que, según el capítulo quince de 1 Corin­tios, no fueron resucitados de entre los muertos sino simplemente vivificados.
Pero esta vivificación, en sí un evento tan estupendo, era sin embargo la ilustración y certificación de una mejor resurrección. Cuan­do Jesús dijo, "Yo soy la resurrección y la vida," El revivió el cuerpo de Lázaro dando una ilustración de la verdad por El expresada, aunque no fuera todavía la verdadera realiza­ción de sus palabras.

¿POR QUÉ HUBO UN NUMERO LIMITADO?
Y ahora tenemos la explicación por qué hubo cierta limitación al número de los sepul­cros que fueron abiertos. No era su resurrec­ción final, no era una discriminación esencial entre los santos. Todos los santos le son caros a Dios; pero el vivificar a unos cuantos de ellos fue suficiente para el propósito de la instrucción presente, como también suficiente para rendir digno tributo a la ocasión.
Se abrieron un número suficiente de tum­bas a fin de proveer una muestra del poder de la cruz, y el poder que fue manifestado por esos sepulcros abiertos ha sido desplegado a todo el pueblo de Dios de todas las épocas.
Y ahora, en tercer lugar, ¿qué enseñanzas nos ha legado?
Un símbolo es una señal incluida en la idea que representa. Un cordero es el símbolo de la mansedumbre, porque no se resiste, aunque la mansedumbre humana que simboliza es su­perior. En el Antiguo Testamento la muerte de un cordero prefiguraba la muerte de Cristo, porque su sangre derramada expiaba ciertas ofensas ceremoniales; aunque una expiación ceremonial no tiene comparación con la ver­dadera expiación de los pecados por Cristo.

SIMBOLO DE LA RESURRECCION GLORIOSA
Y    así la apertura de los sepulcros fue el sím­bolo del deshacimiento de todos los obstáculos a la gloriosa resurrección en cuerpos espiri­tuales e incorruptibles, porque fue el deshaci­miento de cuantos obstáculos impedían la aparición de los cuerpos vivificados. Las sim­ples puertas de los sepulcros, aunque sean de piedra, son barreras muy débiles comparadas con las dificultades de la resurrección de los muertos.
En efecto, se nos da a entender que la mejor resurrección estaba al alcance. Lo que había imposibilitado que los cuerpos de los santos sembrados en corrupción fueran levantados en incorrupción, lo que había imposibilitado tal resurrección, ahora, como lo demuestran esas tumbas vacías, ha sido quitado.
Y ya que el cuerpo resucitado implica la presencia del espíritu al cual pertenece, por lo tanto lo que impedía que los espíritus de los santos abandonaran Hades y fuesen revestidos con tal magnificencia de vida corporal, eso también, por la prueba de los sepulcros abier­tos, ahora ha sido quitado.
Por lo tanto, el Hades abierto era el equiva­lente de los sepulcros abiertos. Es decir que la muerte, la separación del espíritu del cuerpo, como también la corruptibilidad y disolución del cuerpo, eran ahora prácticamente abolidos para los santos.
Todo espíritu de los santos que estaba en Hades podría haber sido quitado de allí y reunido a su cuerpo en incorrupción y gloria. No había obstáculo que lo impidiera, sino so­lamente que no era el tiempo señalado por Dios.

LOS SANTOS NO ESTAN EN HADES AHORA
En prosecución de la victoria lograda en Hades, es decir, en el interior de la misma tie­rra, donde los muertos de Dios eran consola­dos, aunque no se hallaban en libertad bendita —allí ya no van los muertos de Dios. Desde la resurrección y ascensión de Cristo han ido a El allá arriba de todos los cielos.
No solamente esto, sino que a los muertos de Dios que habían ido a Hades, Jesús los tra­jo consigo cuando volvió de allí y los llevó con­sigo al cielo. Las puertas de Hades no prevale­cieron contra la iglesia.
¡Cuán simbólicamente hermoso, pues, es el hecho que fue el temblor lo que abrió los sepulcros! En otras palabras, la victoria de la muerte del Salvador había pasado a las almas de los santos "en el corazón de la tierra," y había derribado las puertas de su encierro.
Esa victoria en el corazón de la tierra fue sentida en la superficie, y la tierra temblante y las rocas hendidas dieron prueba de la gozosa revolución efectuada a favor de los santos en Hades.

LO QUE LOS SANTOS ESPERAN
Y así vemos que una parte de lo que fue hecho para el espíritu, simbolizado por la aper­tura de los sepulcros, ha llegado a ser una ex­periencia de los santos que han partido.
Mientras tanto, lo que fue hecho para el cuerpo, como también fue simbolizado, to­dos los santos lo están esperando. Fue efectua­do virtualmente, y es tan real como si ya hubiese sido llevado a cabo.
Todo obstáculo a la plena bendición para el alma de la resurrección, y a la plena gloria de la resurrección para el cuerpo, ha sido pues­to a un lado, y nosotros los santos solamente esperamos el tiempo señalado para nuestra manifestación.

IV.  VICTORIA SUBLIME
Y    fue la muerte de Jesucristo lo que efectuó victoria tan sublime a nuestro favor. Esta es otra lección de nuestro tema.
¿Cuándo fueron abiertos los sepulcros? En el preciso instante de su muerte. Este instante resulta más enfático porque los cuerpos muertos no fueron vivificados hasta tres días después, cuando Cristo resucitó. Los se­pulcros fueron abiertos a pesar de que la vivificación no tendría lugar entonces. Señaló una relación específica entre la muerte de Cristo y la apertura de los sepulcros.

CRISTO DESTRUYO EL PODER DE LA MUERTE
La muerte de Cristo abrió los sepulcros. Es decir, su muerte destruyó el poder de la muer­te. El poder de la muerte es el pecado. La muerte entró en el mundo por el pecado y es la pena del pecado. Por lo tanto, la muerte de Jesucristo, quien no tenía pecado propio, estaba llevando la pena del pecado por su pueblo.
Pero la muerte es principalmente la sepa­ración del alma de la vida de Dios, siendo la disolución del cuerpo apenas una sombra de muerte.
Por lo tanto, al morir y llevar la pena del pecado por su pueblo, Jesucristo murió no solamente en cuanto a su cuerpo, sino más terriblemente en el castigo sobre su alma. Fue hecho maldición por nosotros a fin de que pudiéramos ser redimidos de la maldición.
Así El agotó la pena del pecado a nuestro favor, e hizo posible que fuera quitada de no­sotros toda la condenación debida al pecado.
De ahí el hecho simbólico de la apertura de los sepulcros en el instante de su muerte. El poder de la muerte fue vencido por su muerte y todos los obstáculos que impedían que lo­gráramos la verdadera vida del alma y del cuerpo han sido quitados por completo.

LA VERDAD ACERCA DE LA EXPIACION
Es la verdad en cuanto a la expiación lo que aquí se nos enseña, el hecho de que la justicia de Dios fue satisfecha por medio del sufrimiento y muerte de nuestro bendito Sus­tituto.
A menos que lo que tenemos prefigurado en la apertura de las tumbas hubiera sido lle­vado a cabo, aun el mismo Cristo no podría haber resucitado. El vino a quitar los obstácu­los que impedían nuestra obtención de la vida verdadera, y a este fin llevó sobre sí la maldi­ción de Dios. Por lo tanto, si El no hubiera agotado la maldición, haciendo posible que fuera quitada de nosotros la maldición del pecado, la maldición todavía estaría sobre El y todavía estaría en poder de la muerte.
Si El no hubiera resucitado, no habría evi­dencias de su cumplimiento, ni hubieran sido quitados los obstáculos, ni habría victoria.
Por lo tanto, es imposible que el simbolismo pudiera ser otro. Esos cuerpos muertos no po­dían resucitar hasta que la victoria a nuestro favor fuese pronunciada. Pero la victoria, pronunciada por la resurrección de Cristo, fue el trofeo de su muerte.

LAS PUERTAS DE LAS PRISIONES FUERON ABIERTAS
Su muerte había abierto de par en par las puertas de la prisión, quitado la guardia y de­jado libre el camino. Al resucitar hizo uso de esta libertad.
Su resurrección aseguró para los suyos las bendiciones inherentes a la resurrección. Su resurrección confirió esta bendición a su pue­blo.
Su muerte es nuestra liberación judicial; su resurrección nuestra liberación real.
Su muerte es el perdón de nuestros pecados; su resurrección el certificado firmado de di­cho perdón.
Su muerte abrió el Hades; su resurrección lo vació. Su muerte es el sepulcro destruido; su resurrección significa los cuerpos muertos de sus santos que salen de sus sepulcros go­zando de la vida incorruptible y eterna.

LA SALVACION OFRECIDA HOY
¡La muerte de Cristo tiene tal poder re­dentor! "Los sepulcros fueron abiertos." Por lo tanto ya no existen obstáculos para que cada uno sea liberado personalmente aun en estos momentos de la muerte esencial. "El que cree al que me ha enviado," dijo Jesús, "pasó de muerte a vida" y "no morirá jamás."
Todo aquel que confía en Cristo es ahora libertado en su conciencia de la condenación del pecado y vive como un hijo de Dios, ha­biendo ya pasado de muerte a vida.
Entre tanto, su cuerpo corruptible espera el tiempo señalado, pues ya no existen obstácu­los en el camino de vida desde los portales de la tumba hasta la presencia de Dios, donde hay hartura de alegrías y deleites para siempre.

LA OBRA ESTA TERMINADA
En el mismo momento de la muerte de Cris­to, los sepulcros fueron abiertos. Recordé­moslo. En el mismo instante de su muerte to­dos nuestros pecados fueron expiados. Los sepulcros no fueron meramente abiertos en parte, ni los obstáculos quitados parcialmente.
No nos queda nada por hacer en cuanto a nuestro perdón y aceptación por parte de Dios. No podemos agregar nada a la obra de Cristo. Nuestra salvación del pecado está en El en estos momentos y es perfecta. Lo que tú y yo debemos hacer es recibirle y gozar de El. Re­cuerda, "el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida."
Tal como soy; sin más decir,
Que a otro yo no puedo ir
Y tú me invitas a venir;

Bendito Cristo, vengo a ti.

Discipulado: Yo Primero

Si leemos las palabras del Señor Jesús en Lucas 9:57-62 pensamos en el costo de seguir a Jesús. El habló de tres hom­bres que querían ser sus discípulos y dijo que no sería fácil seguirlo. Ellos debían estar dispuestos a renunciar a sus pro­pios planes, a su propia comodidad y a algunas cosas que a ellos los hacían muy felices. Debían estar dispuestos a dar su vida en una cruz. La cruz es el costo de seguir a Cristo. Pensemos acerca de esto.
No podemos entender un versículo de la Biblia sin mirar lo que le antecede y lo que le sigue. Los escritores de la Biblia escribieron de una manera cuidadosa y ordenada. Todos los versículos y partes de la Biblia concuerdan entre sí. Los escritores no siempre pusieron las cosas en el orden en que sucedieron. Esto lo podemos ver claramente cuando com­paramos Mateo con Marcos y Marcos con Lucas. Algunas cosas que son contadas en la primera parte de una versión del Evangelio pueden estar muy cerca del final en otra ver­sión. El Espíritu de Dios controló a los hombres que escribieron el Evangelio para relatar ciertas cosas justamente antes o después de otra.
El capítulo 9 del Evangelio según Lucas es muy impor­tante. Es uno de los más importantes en el Evangelio. En el comienzo del capítulo leemos que el Señor llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre todos los demonios y espíritus inmundos, les dio poder para curar enfermedades y los envió a predicar el Reino de Dios. Las personas que están en el Reino de Dios deben obedecer y hacer lo que él diga. Los discípulos fueron enviados a predicar el Evangelio y a curar enfermos. El dijo a sus discípulos que no llevaran cosas tan necesarias como comida o dinero, ni siquiera una camisa extra. Ellos debían depender de Dios y confiarle a él todas sus necesidades. El les dijo que no debían posar en una casa por un corto tiempo y después pasar a otra. Ellos debían per­manecer en la misma casa hasta que decidieran salir de esa ciudad.
A ellos no les gustaría esto si fueran orgullosos. No nos gustaría ir al hogar de otra persona y permitirle que nos cuidara y se hiciera cargo de todas nuestras necesidades. Nos gusta visitar a la gente, pero salir tan pronto se pueda. Las personas no quieren una estadía larga. El Señor dijo igualmente a sus discípulos que ellos no debían tomar provi­siones o dinero.
En el versículo 7 leemos acerca del rey Herodes. Herodes se preguntaba quién sería realmente Jesús. Algunos decían que era Juan Bautista que había resucitado de entre los muer­tos. Herodes estaba preocupado por esto. Sabemos que estaba preocupado por lo que dice el versículo 9, "A Juan yo lo hice decapitar, ¿Quién pues, es éste, de quien oigo tales cosas? ¿Qué problemas traerá? ¿Qué está sucediendo?" Herodes fue un hombre malvado y no pudo entender a Cristo.
Los Apóstoles no siempre lo entendieron tampoco. Leemos en el versículo 13 que él les dijo que le dieran de co­mer a la gente. Ellos le contestaron: "No tenemos más que cinco panes y dos peces." Note que dijeron: "no tenemos," olvidando lo que sí tenían. Hay una diferencia en­tre la persona feliz y la persona triste. La persona feliz dice: "Mi copa está medio llena" y la persona triste dice: "Mi copa está medio vacía," cuando ambas tienen la misma cantidad en la copa. Los discípulos fueron como la persona triste. Ellos estaban con el Señor Jesucristo pero dijeron: "Tenemos solamente," y luego ellos siguieron hablando de cosas tan sin importancia como el dinero. Esto sucedió justamente antes que hablara acerca de los que desean ser sus discípulos en los versículos 57 al 62.
En el versículo 18, Cristo estuvo orando. Su oración acercó a sus discípulos a las cosas más importantes. Luego, en el versículo 21 él les manda que a nadie digan estas cosas, que el Hijo del Hombre tendría que padecer mucho; ser desechado de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; ser muerto y resucitar al tercer día. Esto le sucedería a él, el Hijo del Hombre. El dijo: "Esto me sucederá a mí; para esto vine yo al mundo." El era Dios y conocía las cosas que sucederían.
No entendemos cómo pensaba él, siendo Dios y hombre a la vez. Lo entenderemos después, cuando estemos en el cielo. El les dijo: "El Hijo del Hombre debe sufrir." Estamos pen­sando del costo de seguir a Jesús, y aquí aprendemos lo que es ese costo. El debería ser rechazado, burlado, humillado y crucificado y él dijo: "Si alguien quiere venir en pos de mí que se olvide de sí mismo, tome su cruz y me siga." Los discípulos querían seguirle, así que él les advirtió cuánto les costaría. Tal vez entendamos mejor lo que dijo el Señor Jesús si lo ponemos en estos términos: debemos olvidarnos de hacer lo que nos venga en gana, resolvernos a hacer únicamente lo que agrada a Dios y hacerlo. Paradójicamente el que renuncia a hacer su propia voluntad en la vida saldrá ganando, en definitiva; como saldo, tendrá una vida mejor que aquel que buscando una vida mejor hace lo que a él le parece que es bueno y conveniente para su vida. Además, aún en el supuesto caso que un hombre sea muy sabio, muy inteligente y muy hábil en las cosas de la vida diaria, y todo le salga bien, y aún en el imposible caso de que ganara todo el mundo, ¿qué habrá ganado si pierde su alma? es decir, si desperdicia su vida en cosas inútiles, absolutamente sin valor para la vida eterna.
Un cristiano podrá ser salvo, como dice el apóstol Pablo: "así como por fuego", pero habrá perdido su vida si va en procura de ganarla a su manera, por sus propios métodos, que serán en definitiva los métodos del mundo, de la carne. Doloroso es decirlo, pero tenemos que admitirlo, que así hay muchos cristianos que pasan por el mundo haciendo su voluntad, negando a Dios el derecho que tiene sobre su vida.
      Pablo no cree que una persona pueda ser salva por un tiempo y luego perder su salvación. Pero dice muy claro: "Golpeo me cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros yo mismo venga a ser eliminado " 1 Corintios 9:27. Pablo temía llegar a la triste situación de ser una persona inútil para Dios y que Dios tuviera que marginarlo y aún olvidarlo como persona inútil. Su temor era tal que se sometía voluntariamente a una rígida disciplina, que él compara con la de un atleta.
El Señor dice que es posible llegar a ser inútil y Pablo así lo creía firmemente. Podemos pensar de muchos hombres y mujeres que pueden ser útiles para Dios pero no lo son. Aún pueden tener muy buena reputación en la iglesia, pero sus vidas se están perdiendo lamentablemente y Dios los tiene que apartar de su obra. Dios es todopoderoso, pero hace su obra en este mundo utilizando a los hombres, a los hombres que se pueden utilizar, a los hombres útiles.
En el libro de Ester, Mardoqueo le dice a Ester: "Dios nos salvará de nuestros enemigos, pero él usará a alguien más para salvarnos si tú no hablas al rey por nosotros" Ester 4:14. El quería decir que Dios usaría a Ester para salvar a los judíos si ella estaba dispuesta a colaborar. Pero Dios usaría a alguien más si Ester no estaba dispuesta a hacer lo que Dios le dijera. Ella sería la culpable del asesinato de ella misma y de su familia por tratar de salvar su propia vida. Esta es exac­tamente la misma verdad que enseña el Señor Jesucristo en Lucas 9:24. El que pierde su vida por causa de Cristo realmente la conservará. Esto es verdad porque Dios lo dice y además es muy sencillo y simple.
Algunas veces oramos para que Dios nos guarde de pensar como piensa el mundo. Estamos exactamente en gran peligro de pensar como piensa el mundo a nuestro alrededor. Queremos que nuestros niños piensen como niños. Queremos ser hombres y mujeres importantes en el mundo porque otros quieren serlo también, pero Cristo no piensa con esta lógica. El dice que seamos diferentes. Deberíamos tener otros deseos, por eso el Señor Jesús dijo claramente: "no se puede servir a dos señores " Lucas 16:13. El Señor Jesús no dijo: "No trates de servir a dos señores," sino que di­jo: "que no podemos." Un señor nos pediría ir en una direc­ción y el otro señor, en la dirección contraria. Los dos señores quieren diferentes cosas por lo cual no podemos servirlos a ambos. Necesitamos ser honestos con nosotros mismos cuando pensamos en servirnos y en servir a Cristo. Si queremos vivir como Cristo quiere que lo hagamos, podemos decir honestamente a Dios: "Esta es tu voluntad para mi vida. Cristo vivió de acuerdo a tu voluntad y otros lo han hecho, así que yo sé que es posible." Deberíamos orar a Dios y decirle que queremos vivir de acuerdo a su plan y luego vivir realmente nuestra vida para Dios, lo cual es posi­ble cualquiera que sea nuestro trabajo u ocupación.
Debemos advertir que no será fácil obedecer a Dios. Necesitamos pensar en lo que tenemos que hacer y luego consultar la Biblia y ver lo que Dios quiere que hagamos. Se necesita estar listo a ir en la dirección indicada por Dios. ¿Qué es lo que significa realmente vivir para nosotros mismos? Debemos entenderlo bien. El Señor Jesús dijo: "Ganar todo el mundo y perderse a sí mismo." Dios nos ha comprado con la muerte del Señor Jesús para usarnos para su servicio. Perderemos nuestra vida en cosas inútiles si vivimos y desperdiciamos nuestra vida en nosotros mismos y al final nos encontramos avergonzados en la presencia del Señor. Será muy triste para nosotros en el cielo si nadie puede decir: "Me alegro que me hayas hablado acerca del Señor Jesús."
            Pronto seremos llamados al cielo y el Señor Jesús juzgará nuestras vidas. En cualquier momento el Señor Jesús puede venir y llevar consigo a su iglesia y lo que hará enseguida según dice la Biblia, es juzgar a su pueblo, 2 Corintios 5:10. No olvidemos que esto puede suceder en cualquier momen­to, ni tampoco olvidemos que inmediatamente después seremos juzgados. Pablo dijo: "Tenemos al Señor, por lo cual, tratamos de persuadir a los hombres." E in­mediatamente antes había dicho: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo," versículo 10. Pablo sabía que él estaría en pie delante del Señor Jesucristo para ser juzgado por él. Por eso, se preocupa grandemente y hacía con gran empeño la obra que le había sido encomendada.
¿Estamos satisfechos de la manera como hemos empleado nuestro tiempo y nuestras energías? ¿Estamos satisfechos de nuestra vida y de las cosas que estamos haciendo? Pensemos que pronto estaremos de pie en la presencia de Cristo para ser juzgados por él. ¿Cómo viviríamos si supiéramos que hoy es nuestro último día sobre la tierra y que pronto se­remos juzgados por Cristo? Es necesario vivir de tal manera el día de hoy como para que no nos avergoncemos en el día de mañana. El Señor dijo: "Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" Lucas 9:23, y luego en el versículo 57 un hombre vino a Jesús y le dijo: "Te seguiré a dondequiera que vayas." Todo lo que leemos entre estos dos versículos dicen algo de seguir a Cristo.
Un hombre vino y dijo: "Te seguiré." El Señor dijo en el versículo 23 que un hombre debe tomar su cruz diariamente si quiere seguirle. Se ha escrito y dicho mucho acerca de lo que significa tomar nuestra cruz. Algunos dicen: "Mi cruz es como la de cualquier otro cuando pierden algo o algo les sale mal." Otros dicen: "Ese pobre hombre carga una pesada cruz en su vida."
Debemos entender correctamente lo que el Espíritu Santo nos quiere decir. El está hablando acerca de verdades espirituales. El perder dinero o tener problemas en la vida no es ninguna cruz y además no hay diferentes clases de cruces. Dios puede estar enseñándonos algo a través de los pro­blemas y sufrimientos, pero ellos no son cruces.
Lo que la Biblia enseña es esto: la cruz significa morir a nosotros mismos. Un hombre iba a la muerte cuando salía de Jerusalén llevando la cruz a sus espaldas. Iba a morir lentamente con gran dolor, pero iba a morir. Podemos pensar que ciertamente no iba llevando su cruz con una sonrisa y no era fácil para el llevar la cruz en la cual iba a morir y creemos que entendía muy bien que pronto iba a morir en la cruz que él estaba llevando y quizás pensaba: "la cruz que llevo es el fin de mi vida y ya no puedo vivir más."
Pablo dijo: "Yo muero cada día " 2 Corintios 15:31, y Romanos 8:36 dice: "Somos como ovejas dirigiéndose al matadero." El entendía que moría cada día por causa de los creyentes de Corinto. Entonces recordemos que la cruz significa muerte. Este es el significado bíblico y no algunas pocas dificultades, sino la muerte misma, el fin de sí mismo, lo cual es muy distinto.
El hombre dijo: "Te seguiré a dondequiera que vayas." Pero el Señor le replicó: "Las zorras tienen guaridas y las aves nidos." Es normal que los animales tengan lugares donde descansar. El Creador les ha dado este derecho y la habilidad para hacerlo, pero el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza. Esta palabra recostar se usa solamente tres veces en los Evangelios. Cuando el Señor vino al mundo, su madre le envolvió en pañales y lo recostó en un lugar donde la gente ponía alimento para el ganado, Lucas 2:7. El descansó de esta forma cuando era niño. Cuando estaba en la cruz dijo: "Todo está consumado. Entonces in­clinó su cabeza y murió " Juan 19:30. La palabra inclinó significa recostó su cabeza sobre su propio pecho. Es la misma palabra de Lucas 2:7, cuando su madre lo recostó en un pesebre. El nunca encontró un lugar donde realmente descansar en paz y tranquilidad en este mundo. Otras per­sonas iban a sus casas, pero Jesús iba al Monte de los Olivos, Juan 7:53 y 8:1. Este era el camino de la cruz. El no tuvo lugar donde descansar desde su nacimiento hasta su muerte.
Pablo y Silas fueron azotados y golpeados y sus espaldas estaban sangrando, pero ellos cantaban y adoraban a Dios en la prisión en Filipos, Hechos 16:25, y estuvieron orando y cantando hasta media noche y después el carcelero quiso ser salvo. Es curioso que ellos no le pidieron una cama para dormir o agua para lavarse. Ni le dijeron que hablarían con él de la salvación a la mañana siguiente. Probablemente ellos no habían descansado durante el día, pero durante la noche oraban y cantaban y luego explicaron el Evangelio al hombre que los había golpeado. Ellos no descansaron en toda la noche y en la mañana siguiente cuando fueron liberados, Pablo fue a Corinto y los confortó.
Podríamos esperar que otros nos confortaran si hubiéramos sufrido como Pablo y Silas; pero Pablo dijo: "los creyentes de Filipo estarán tristes por mí, así que iré y les diré que estoy libre de nuevo." Regresó a casa de Lidia y confortó a los creyentes aunque su espalda estaba sangrando. Luego fue a Tesalónica y Berea para predicar el evangelio aunque no había dormido por dos días y dos noches.
¿Y por qué Pablo no se detuvo a descansar? Porque seguramente pensaba: "No estoy aquí para descansar sino para predicar y ¡Ay de mí! si no lo hago. El había tomado su cruz y había seguido a Cristo.
El Señor dijo a otro hombre: "Sígueme," pero el hombre dijo: "Permite Señor que primero vaya y entierre a mi padre." Es asunto de poner a alguien primero, antes que Cristo, darle más importancia a otra cosa. O sea, que no podemos decirle SEÑOR y luego decirle, YO PRIMERO. Debemos entender que él tiene control sobre nosotros antes de que pueda usarnos como sus siervos, él está PRIMERO, no yo.
El Siervo del Señor a menudo encuentra difícil saber cuán­to puede hacer por los seres queridos y aún obedecer al Señor. El Señor dijo: "El que ama a padre, o madre, o hijo o hija más que a mí, no es digno de mí " Mateo 10:37. Es duro amar más a Cristo que a nuestro padre o madre, hermana o hermano, pero es necesario.
Un misionero en África recibió una carta de un médico del Canadá donde le decía que su madre estaba muy enferma. El médico deseaba que el regresará al Canadá a visitar a su madre antes que ella muriera, pero habían muchos pro­blemas en África en ese tiempo y era difícil para él dejar el trabajo del Señor. El médico había escrito que viajara pronto si deseaba ver viva a su madre. El era hijo único y sintió que debía ir, pero era muy difícil llegar a una decisión.
El misionero mostró la carta a un amigo y le pidió consejo. El amigo dijo: "Nuestras madres saben que nosotros no podemos estar con ellas en la hora de su muerte para darles consuelo. Desde el momento en que nos entregamos al Señor, ellas comprenden esto. Éramos jóvenes cuando salimos del hogar y dejamos a nuestras madres para servir al Señor sin pensar que llegaría un día en que ellas se llenarían de canas y nosotros tan lejos en otro país."
El misionero decidió quedarse en África y su madre murió sola en un hospital. El deseaba ir a ver a su madre, pero el trabajo del Señor era más importante. No fue una decisión fácil, pero estuvo seguro que hizo lo correcto. Muchas veces pudo recordar las palabras de su amigo: "Nuestras madres saben que ellas pueden morir mientras nosotros estamos le­jos en otro país."
El mismo misionero tuvo un hijo que decidió servir al Señor y se fue lejos de su casa. Es difícil para el padre, pero el desea que su hijo vaya a servir al Señor. Es muy duro aceptar que el hijo se va y el padre tuvo que hacer la misma decisión que su propia madre había hecho. Hubiera sido hermoso tener a su hijo cerca y llevando una vida ordinaria, pero la voluntad de Dios es más importante y él es digno de todo lo que hacemos y sufrimos por él. En Lucas 9, el hombre dijo: "Señor, permíteme ir y cuidar a mi padre, y después te seguiré." Pero Jesús le dijo: "Sígueme ahora."
Otro hombre dijo: "Te seguiré, pero antes, debo ir a despedirme de mi familia. Quiero reunir a mi familia y pasar con ellos un tiempo agradable antes de irme y dejarlos." Pero el Señor le dijo: "No, esto te quitará mucho tiempo; el hom­bre que pone su mano en el arado y mira hacia atrás no es apto para el reino de Dios." Dios manda en su reino. Esto es lo que el reino significa. El reino de Dios es la autoridad y la dirección de Dios en la vida de una persona. No es alguna c osa en el futuro, porque Dios está gobernando ahora. Toda otra cosa debe ser sacada de nuestro corazón para que Dios pueda gobernar. Toda otra cosa debe ir después de la volun­tad de Dios.
En Hechos 9:3-9 leemos de la conversión de Saulo. Fue derribado a tierra en el camino a Damasco y fue cegado por la gloria de Cristo. Esto sucedió realmente, no fue imagina­ción. No fue el destello de un relámpago que lo cegó. Algunos cristianos dicen que Saulo no vio una luz real o ver­dadera, sino solamente una nueva verdad. Pablo dijo en 1 Corintios 15:58: "Al último de todos, se me apareció a mí también." El no dijo: "me pareció a mí," sino: "se me apareció a mí." Esto significa que Cristo cegó a Saulo de tal manera que el no pudo ver más, pero se vio a sí mismo como un hombre clavado en la cruz. El murió con Cristo, pero fue resucitado en Cristo y vive en él. El dijo: "Señor, ¿qué quieres que haga?"
Saulo preguntó dos cosas: "¿Señor, quién eres tú?" y "Señor, qué quieres que haga?" Las respuestas a estas dos preguntas estuvieron entrelazadas siempre a través de toda la vida de Pablo y ellas no pueden estar separadas nunca en nuestras vidas. Lo que nosotros pensemos acerca de Cristo controlará lo que hacemos por él. Saulo dijo: "¿Quién eres, tú, Señor?" y Jesús le mostró a Pablo quién era. Nuestro co­nocimiento de quién es Cristo controlará lo que hacemos. El es Cristo; él es Señor; él es digno de todo lo que podemos y debemos hacer por él. Sus discípulos lo adoraron cuando lo vieron, Mateo 28:17 y después ellos salieron a trabajar por él. Nosotros podemos trabajar para Cristo cuando sabemos cuán grande y glorioso es él.
Pablo no sabía cuánto debía sufrir por amor al Señor. ¿Hubiera estado él dispuesto a sufrir tanto si hubiera sabido lo que le esperaba? Estamos seguros que no, pero lo que él mismo escribió en 2 Timoteo puede darnos la respuesta. Pablo fue cristiano por 30 años aproximadamente. Nos sor­prende saber que el pasó 8 años preparándose para estos 30 años de servició al Señor; el pasó 10 o 12 años predicando el Evangelio y pasó otros 8 años en prisión.
¿Podríamos decir: "Señor, tú eres digno de mi servicio," si supiéramos que hemos de sufrir tanto como Pablo? Pablo escribió las cartas a los creyentes de Éfeso, Filipo, Colosas y a Filemón cuando estaba en la cárcel. El escribió 2 Timoteo estando prisionero casi al final de su vida. El sufrió mucho por Dios. ¿Acaso no sabía Dios que Pablo hubiera podido estremecer al mundo si hubiera estado libre para predicar todos los 30 años? Dios sabía lo que era mejor para la vida de Pablo. El no cometió ningún error cuando permitió que Pablo se prepara durante 8 años para su servicio, ni cuando lo guió en la predicación 12 años o cuando estuvo en prisión 8 o 10 años más.
Pablo dijo: "Nadie me cause más molestias, porque yo tengo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús" Gálatas 6:17. El dijo estas palabras cuando se acercaba el final de su ministerio para Cristo. Su cuerpo estuvo señalado y mar­cado como el de un esclavo de esos tiempos. Los esclavos eran marcados en la piel para indicar que pertenecían a cierto amo. El cuerpo de Pablo estaba cubierto de marcas y cicatrices. Cada vez que el fue azotado, el látigo dejó una marca en su cuerpo, 2 Corintios 11:24-25. Las piedras de­jaron cicatrices cuando la gente trató de matarlo por causa de Cristo. Los hombres de Listra apedrearon a Pablo hasta que lo creyeron muerto, Hechos 14:19. Así que ahora Pablo podía decir que estas marcas mostraban que el pertenecía a Cristo.
Pablo también dijo: "Mirad cuán grandes letras os escribo de mi propia mano" Gálatas 6:11. El estuvo casi ciego a causa de todos sus sufrimientos. Estuvo un día y una noche en el mar cuando el barco en que viajaba naufragó y en diferentes lugares la gente tuvo puntapiés y golpes para él. Sus enemigos dijeron que él era un hombre pequeño y débil, y aún así, él realmente sufrió todo esto por amor a Dios.
Muchos creyentes que habían recibido la salvación por medio de Pablo, se volvieron contra él al final de su vida. Muchas iglesias rehusaron tener más comunión con él y él mismo escribió a Timoteo que todos en la provincia de Asia se habían puesto en contra de él, 2 Timoteo 1:15. La provincia de Asia incluía, Éfeso, donde Timoteo había estado enseñando y otras iglesias. Esto hizo que Pablo se sintiera muy triste. El Señor Jesús sufrió y fue rechazado por su pro­pio pueblo. Esto es algo muy duro para cualquiera. Ser rechazado y rehusado por aquellos que amamos.
Quizás podíamos decir de Pablo que él sufrió como Cristo, que estuvo muy cerca de alcanzar la cima de la vida cristiana por sus muchos sufrimientos. Que antes que él sufriera estas cosas había muerto en sentido espiritual y había renacido a una nueva vida. Esta es la forma en que debería vivir todo cristiano. El cristiano debe decidirse a sufrir con Cristo por­que ha muerto con él en la cruz en un sentido espiritual y debe dedicar la nueva vida para Cristo. Somos como Pablo y los creyentes de Filipos. Estamos tratando de alcanzar el nivel en donde realmente se vive como Cristo, Filipenses 3:10-11. Eso significa que queremos que la vida de Cristo se manifieste en nosotros ahora. Cristo nos da una nueva vida espiritual cuando somos salvos y ahora nuestro deseo es vivir esa vida diariamente.
¿Estaría Pablo dispuesto a sufrir de nuevo tanto por Cristo? Perdió todos sus amigos. Ahora entendía el significado de las palabras de Cristo: "Yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre" Hechos 9:16. Sus sufrimientos fueron la prueba más grande de su amor por Cristo. El dijo: "Aunque sea derramada en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros" Filipenses 2:17. ¿Habría estado Pablo dispuesto a sufrir tanto si hubiera sabido de antemano cuán­to tenía que sufrir? El nos da la respuesta en 2 Timoteo 4.
El escribió este capítulo cuando se aproximaba el día de su muerte y sabía lo que cuesta seguir a Cristo. Timoteo fue la persona preferida de Pablo y a quien le pudo hablar ampliamente. Probablemente Timoteo estaba decidiendo qué hacer en su vida y Pablo le aconsejó qué hacer. Le contó a Timoteo lo que sentía acerca de su servicio a Cristo. El le dijo: "Te encarezco que prediques la Palabra, que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende y exhorta con toda paciencia y doctrina, porque vendrá tiempo cuando los hombres no oirán la verdad" 2 Timoteo 4:1-3.
Pablo nos muestra su propia vida en estas palabras. El predicó la Palabra de Dios, predicó el Evangelio en tiempos buenos y adversos, convenció, encareció y aún reprochó a la gente. Siempre quiso servir a Dios fuera fácil o difícil. Así fue como trabajó y ahora le dice a Timoteo que él debe trabajar en las mismas circunstancias. El amaba mucho a Timoteo y le dijo que sirviera a Dios con todo su corazón. El pudo decir: "Ninguno estuvo a mi lado cuando fui llevado ante el tribunal de César, sino que todos me desampararon. Yo pronto moriré, pero quisiera que tú hicieras lo mismo que he hecho, porque éste es el único sendero para el cristiano."
Estos versículos nos descubren la mente y el corazón de Pablo. El siempre amó a Cristo. Su corazón perteneció a Cristo hasta el final de sus días. Ni aún la muerte pudo cam­biar ese amor. Muy claramente lo expresó en estas palabras: "Estoy listo para ser sacrificado y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he terminado mi carrera. He guardado la fe. El Señor me dará la corona de justicia en aquel día y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. Procura venir pronto porque Demás me ha desamparado y se ha ido a Tesalónica" 2 Timoteo 4:6-10.
Aquí vemos a tres hombres: uno es Pablo que aceptó la misión de Cristo en el camino a Damasco. Ahora se acerca el final de 30 años de una vida difícil. Ha sufrido mucho por Cristo. El mira ahora hacia atrás y habla a Timoteo, el segundo hombre. Le dice que él quiere que siga sus pisadas. Pero hubo un tercer hombre cuyo nombre es Demás. Pablo amó profundamente a Demás. En una carta anterior dijo que Demás era un siervo que había compartido con él los pro­blemas y las dificultades, Colosenses 4:14. Ahora Pablo estaba triste y dijo que Demás lo había abandonado. No es que Demás se convirtiera en un hombre malo sino que había preferido vivir su vida y no sufrir por Cristo con Pablo.
Pablo estuvo encarcelado y sufrió mucho. Demás prefirió el mundo. Veamos de nuevo el final del versículo 8: "...todos los que aman su venida." Aquí hay dos hombres: uno que ama a Cristo y espera su venida y otro que no espera su venida porque ama al mundo del presente. No se trata aquí de que el mundo sea malo o bueno, no habla de la calidad del mundo sino sencillamente del conjunto de circunstancias de rada hombre aparte de Cristo. Demás prefirió vivir él mismo ñus propias circunstancias.
Decíamos que vemos aquí dos hombres, uno quiso ahorrarse problemas, dificultades y sufrimientos, y por eso aban­donó el camino que el otro siguió hasta el final. El uno amaba más el presente, el otro prefería el futuro y por eso ponía sus ojos en la venida de Cristo y en la corona de justicia. Y ahora, el gran deseo de Pablo es que Timoteo, la persona a quien él más estimaba, siga sus pisadas, con los pies en la tierra pero con los ojos en el cielo, viviendo en el presente pero viviendo para el futuro y le dice en forma gráfica: "Procura venir pronto a verme." O sea: "ven a tomar mi lugar, relévame en la carrera porque yo estoy cer­cano a la muerte." Y de paso le recuerda que es una carrera con obstáculos... soporta las aflicciones... yo voy a ser sacrificado... he tenido que pelear fieramente... mis amigos me han abandonado. Esto es lo que cuesta seguir a Cristo.
      Amigo lector, el Señor es digno de que le sigamos, no im­porta el costo. Que él nos ayude por su gracia y para su gloria. Amén.