domingo, 15 de diciembre de 2024

LEYENDO DIA A DIA 1 CORINTIOS (8)

 

capítulo 8: Preocupación por el que haya sido idólatra


Los creyentes corintios habían sido idólatras, pero el evangelio les había librado. Con todo, después de generaciones de esa servidumbre y la presencia constante de prácticas idolátricas, se puede entender que quedarían muchas dificultades por enfrentarse. Aún hoy en día hay muchos que luchan contra tendencias malas después de haber sido rescatados de vidas de libertinaje e inmoralidad, o del poder de una religión herética. Pablo aconseja que los creyentes en estas circunstancias requieren la simpatía y el cuidado de otros creyentes.

Aquí es un asunto de comer lo que ha sido ofrecido a los ídolos. Esto sería una dificultad en Corinto, donde lo que se vendía en el mercado había pasado por esa ceremonia. En su tiempo Daniel rehusó contaminarse con semejante cosa. Ahora, dice Pablo, sabemos que todos tenemos conocimiento, pero esto meramente hincha a uno mientras que el amor edifica. El solo hecho de pensar que sabemos, es dejar entrever nuestra falta de conocimiento.

Pablo dice que sabemos que el ídolo no es nada — apenas un pedazo de madera o piedra — y que hay un solo Dios y Padre. y un Señor, Jesucristo, pero no todos tienen ese conocimiento. Algunos, acostumbrados por años a los ídolos, consideran que comer esa carne equivale tener contacto vivo con el ídolo, y por esto sus conciencias débiles se contaminan, pero nosotros sabemos que esa carne no tiene nada que ver con nuestra aceptación, v. 8.

¿Cuál debe ser, entonces, la actitud de aquellos que tienen conocimiento? ¿Actuar conforme a él? Mire, dice Pablo, que la libertad suya no venga a ser tropiezo para los débiles. “No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió”, Romanos 14.15. Mi práctica debe tomar en cuenta la conciencia débil de mi hermano. La importancia del uso de la libertad mía es evidente cuando su abuso sea un tropiezo para otro; el v. 12 dice que es pecar contra Cristo.

La cuestión de comer carne ofrecida a ídolos puede carecer de pertinencia en muchas tierras ahora, pero el principio sigue vigente. ¿Hay modos de conducta y práctica que son lícitos para mí debido al conocimiento alumbrado que tengo, pero probablemente serán piedras de tropiezo para algunos de mis hermanos? Entonces debo pedir gracia para desistir de ellos.

 

Lección: La decisión de Pablo — “no comeré carne jamás” — tipifica mi comportamiento.  

S.Emery 

sábado, 23 de noviembre de 2024

¿Cómo es nuestra adoración?

 

Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Salmo 37:4


Dios tiene su contentamiento en Cristo, y nuestra aspiración constante debería ser presentar a Dios aquello en lo que él tiene su contentamiento. Cristo debería ser siempre el objeto de nuestro culto, y lo será en la proporción en que seamos guiados por el Espíritu de Dios.

¡Cuántas veces sucede todo lo contrario, lamentablemente! Ya sea en el culto público o en lo particular, muy a menudo el tono es débil y el espíritu triste y pesado, ya que nos ocupamos de nosotros en vez de ocuparnos de Cristo. Entonces el Espíritu Santo, en lugar de cumplir su obra comunicándonos las cosas de Cristo, se ve obligado a dirigir nuestra atención a nosotros mismos para que nos juzguemos, porque nuestra conducta no ha sido correcta.

Todo esto debe ser lamentado y reclama nuestra atención, ya sea en cuanto a nuestras reuniones públicas o en cuanto a nuestra devoción privada. ¿Por qué el tono de nuestras reuniones frecuentemente es tan lánguido y débil? ¿Por qué los himnos y las oraciones no son lo que deberían ser? ¿Por qué hay entre nosotros tan pocas cosas de las que Dios pueda decir: “Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas, en olor grato a mí”? Porque al estar ocupados en nosotros mismos, en nuestras necesidades, en nuestras dificultades, somos incapaces de ofrecer a Dios el pan de su sacrificio. En realidad, le robamos lo que le corresponde y lo que su corazón desea (Mal. 1:6-14).

Deberíamos procurar mantenernos en un estado del alma que nos hiciera capaces de ofrecer a Dios lo que a él le agradó llamar “mi pan”.

Ocupémonos, pues, constantemente en Cristo como olor agradable a Dios.

C. H. Mackintosh

Aceptados en el Amado (Efesios 1:6)

 

No dice que Dios nos acepta si nosotros hacemos lo mejor que podamos; sino, “Nos hizo aceptos”. Ni tampoco dice que Él nos hará aceptos en el Justo, porque, aunque esto es cierto, no es la verdad que aquí se expresa; sino, “Él nos hizo aceptos en el AMADO”. El apóstol, cuando fue guiado por el Espíritu Santo para escribir esas palabras, no se refería sólo a sí mismo, sino a todos en todo lugar que confíen en Jesús como su Salvador. Sin embargo, hay multitudes en las iglesias modernas que no creen que ellos han sido aceptados en lo absoluto; hay multitudes que piensan que son aceptados de acuerdo con la medida de sus oraciones y esfuerzos y buenas obras; y pocos, por desgracia, muy pocos, entienden por simple fe en la Palabra de Dios que ellos son aceptados de acuerdo con la medida del amor del Padre a Su Hijo.

Antes de que se establecieran los fundamentos de la Tierra, Él era el deleite de Su Padre, regocijándose delante de Él todo el tiempo. (Pro. 8:30); y cuando Él caminó entre los hombres, una y otra vez el cielo se abrió, como si Dios reprimiera Sus deseos de pronunciar con voz audible Su amor que se desbordaba por Aquél que vino a hacer Su voluntad. En Su bautismo, y en el Monte de la Transfiguración, se escuchó una voz del cielo diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat 3:17; 17:5); y Él podría responder con verdad perfecta, “El que me envió es conmigo: el Padre no me ha dejado solo; porque yo siempre hago las cosas que le agradan” (Jn 7:29). Cuán amado es para el Padre ahora que Él ha lo ha satisfecho y lo ha glorificado sobre la tremenda cuestión del pecado, ninguna lengua puede decirlo, ninguna imaginación puede concebirlo.

Nosotros sabemos que cuando Él estaba aquí abajo, Él habló de Sí mismo como el Hijo Unigénito y muy amado. (Jn 3:16; Mar 12:6); y desde que Él ha sido exaltado a la mano derecha de la Majestad en las alturas, nosotros estamos seguros de que Él no es menos amado por el Padre, a quien Él obedeció y honró. Él es amado con un amor infinito, y es en Él, siendo tan amado, que el creyente más débil y más indigno es aceptado. Por lo tanto, no es la verdad completa decir que nosotros somos aceptos de acuerdo con la estimación que Dios pone sobre Su obra consumada, o de acuerdo con el valor que Él pone sobre Su preciosa sangre; sino que nosotros somos aceptos de acuerdo con Su amor por Jesús, quien es más para Él, y más cercano a Él que todo el universo a Su alrededor.

Esto es lo que nuestro Señor enseña simplemente en la sublime oración intercesora que cierra Su discurso de despedida a los discípulos. Siete veces Él usa las palabras de comparación ASI y COMO para indicar a todos los que creen en Su Nombre que tienen su propio lugar y porción, y Él finaliza y corona su maravillosa exhibición de gracia diciendo, “para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. (Jn 17:23).

No, nosotros tenemos algo adicional al amor que el Padre otorgó a Su Hijo, porque Él agrega, “que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (v26). Con dichas declaraciones saliendo de sus propios labios, no podemos sorprendernos de escuchar al Apóstol exclamando movido por el Espíritu Santo, “En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.” (1Jn 4:17)

De aquí se deduce que la medida de Su aceptación con el Padre es la medida de nuestra aceptación; y la medida de Su cercanía al seno del Padre, y al trono del Padre, es justo la medida de nuestra cercanía; porque nosotros permanecemos no sólo en la aceptabilidad de Su obra, sino en toda la aceptabilidad de Su persona. Si nosotros pasáramos nuestros pensamientos de nuestra indignidad a Su amor perfecto, nosotros tendríamos confianza en lugar de alarma al pensar en el juicio; porque nunca, hasta que sea manifestado en Su tribunal, sabremos nosotros lo que Él ha hecho por nosotros, lo que Él ha sido para nosotros, y lo que Él ha soportado de nosotros. Entonces, en la presencia de Su gloria, nosotros veremos el resplandor de amor que se manifestó en la paciente gracia y bondad incansable en medio de nuestros constantes fracasos; y nosotros nos retiraremos de la escena sobrecogidos, no con terror, sino con un despliegue de todo su amor.

¡Que Él abra nuestros corazones suspicaces y enderezados para tomar ahora más de este amor maravilloso, y estar más ocupados con Su suficiencia en nosotros, y Su Palabra para nosotros, y menos con nuestras debilidades y deficiencias! Ciertamente, nosotros lo deshonramos y lo contristamos cuando nos descarriamos y somos mundanos y caminamos como los hombres; pero si realmente confiamos en Él para librarnos del pecado y de la ira, y deseamos vivir en la luz sin nubes de la comunión con nuestro Señor, es una afrenta y dolor más grande al Amigo que es más cercano que un hermano, cuando Él nos ve cuestionando Su amor inmerecido, y rehusando tomar el lugar de un hijo aceptado, lo que Él da a cada pecador creyente.

Que cada duda, cristiano atribulado, en la lectura de la bendita seguridad y las promesas consoladoras de la Biblia, digan siempre, “Yo tengo todo esto o nada”

Verdades para nuestros días, Sep. 2010

Nombres Divinos

 

1.       Jehová-jireh

Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá [Jehová-jireh]. Por tanto, se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto. Génesis 22:14

Este nombre se encuentra en Génesis 22:1-14. En este pasaje, vemos cómo Dios puso a prueba a Abraham y le ordenó que tomara a Isaac, su único hijo, quien había sido milagrosamente concebido como promesa, y que lo ofreciera como holocausto. Era la primera vez que se indicaba tan solemnemente que debía realizarse un sacrificio humano, el cual prefiguraba la muerte sacrificial de nuestro Señor Jesús, el Hijo unigénito del Padre.

Justo en el momento más crítico, cuando Abraham estaba a punto de sacrificar a su hijo siguiendo la orden de Dios, Isaac fue salvado. “Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá [Jehová-jireh]. Por tanto, se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto”. Esta escena tuvo lugar en el monte Moriah. Con el paso de los siglos, vemos cómo Jesús, el Jehová del Antiguo Testamento, murió en la vergonzosa cruz en Jerusalén. Jerusalén era la ciudad donde estaba el templo, el cual estaba edificado justamente en el monte Moriah, cumpliendo así la profecía pronunciada por Abraham.

Anteriormente en el capítulo leemos que Isaac hizo una pregunta, que debió retorcer el corazón de su padre con la más profunda angustia. Estaba la leña y el fuego, pero ¿dónde estaba el cordero para el holocausto? La respuesta profética de Abraham fue que Dios mismo proporcionaría un cordero para el holocausto. Esto se vio cuando Juan el Bautista exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Así se ve cómo la palabra jireh, añadida a la palabra Jehová, nos presenta lo que está en la mente de Dios para la bendición del pobre hombre caído, incluso toda la historia de cómo un Dios hacedor de pactos pondría en práctica su acercamiento a los hombres a costa de la muerte de su Hijo unigénito. Nunca se nos permitirá olvidar esto.

2.       Jehová-ropheka 

Yo soy Jehová tu sanador. Éxodo 15:26

Jehová-ropheka (Jehová tu sanador). La enfermedad es fruto del pecado. Para tratar justamente con este fruto, nuestro Señor tuvo que abordar la raíz del problema, lo cual requirió su sacrificio en la cruz con todo el sufrimiento y el dolor que conllevaba. Cada vez que Jesús sanaba a un leproso; hacía caminar al paralítico; restauraba la vista al ciego o el oído al sordo; él era consciente de que solo su muerte sacrificial en la cruz podía abordar la cuestión fundamental del pecado desde la raíz. Estos milagros demostraban su poder en la tierra para perdonar pecados. Como él mismo dijo: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios” (Lc. 5:24-25).

3.       Jehová-nisi

Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi. Éxodo 17:15

En Éxodo 17 leemos acerca del conflicto que hubo entre Amalec y los hijos de Israel en Refidim. Moisés subió a la cumbre del collado con la vara de Dios en su mano, acompañado por Aarón y Hur. Cuando Moisés levantaba su mano, Israel prevalecía; pero cuando la bajaba, Amalec prevalecía. Esto es un hermoso símbolo de la intercesión de nuestro Señor en el cielo por los suyos, quienes luchan aquí contra el mundo, la carne y el diablo. Sin embargo, ¡qué contraste entre Moisés y nuestro Señor! “Las manos de Moisés se cansaban” y necesitaban ser sostenidas (Éx. 17:12), pero nuestro Sumo Sacerdote vive para siempre “según el poder de una vida indestructible” (He. 7:16). ¡Sus manos no se cansan en absoluto! En él solo hay victoria. Como resultado de la victoria sobre Amalec, Moisés construyó un altar y lo llamó Jehová-nisi, que significa “Jehová es mi estandarte”. Solo hay victoria bajo el estandarte de nuestro Señor.

4.       Jehová-shalom

Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás. Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas. Jueces 6:23-24

Jehová-shalom: Hubo una época durante el tiempo de los jueces en que los madianitas oprimían cruelmente a los hijos de Israel. Cuando estos clamaron a Dios, él envió un profeta con un mensaje de consolación. Luego, el Ángel de Jehová se le apareció a Gedeón, un joven que estaba trillando trigo en el lagar para ocultarlo de los madianitas. El Ángel, que era Jehová mismo, sorprendió a Gedeón al decirle: “Jehová está contigo, varón esforzado y valiente” (v. 12). Inmediatamente después le encargó que liberara a Israel del yugo de los madianitas. Gedeón entonces le pidió al Ángel una señal que confirmara su misión, la cual le fue concedida.

Gedeón “preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina” (v. 19). Estos alimentos los presentó a su visitante celestial, quien los tocó con el báculo que tenía en su mano y, en ese momento, “subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura” (v. 21). Después de esto el Ángel de Jehová desapareció de su vista. Gedeón descubrió que el visitante celestial era el Ángel de Jehová y se llenó de temor. “Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás” (vv. 23-24). En respuesta a este encuentro, Gedeón edificó un altar a Jehová y lo llamó Jehová-shalom, que significa “Jehová es paz”.

Podemos trasladar esto al Nuevo Testamento y agradecerle a Dios por la paz de Dios, “que sobrepasa todo entendimiento”, la cual guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús (Fil. 4:7). Cuando nuestras mentes se centran en todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable y de buen nombre, podemos confiar en que el Dios de paz estará con nosotros (Fil. 4:8).

5.       Jehová-raab:

Jehová es mi pastor; nada me faltará. Salmo 23:1

Las palabras iniciales del conocido Salmo 23, “Jehová es mi Pastor [Raab]”, son ampliamente conocidas y apreciadas en los círculos cristianos. ¡Qué consolador saber que el Señor es nuestro Pastor! ¡Qué cuidado tiene por sus ovejas y qué paciencia cuando se alejan de su mano protectora y conductora! A lo largo de los tiempos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, estas palabras han sido una fuente de consuelo para innumerables creyentes. A pesar de que se han escrito muchos libros acerca de este salmo, su tema es inagotable. Es maravilloso saber que el Señor mismo es nuestro Pastor mientras atravesamos el desierto de este mundo e incluso cuando nos hallamos en el valle de sombra de muerte. El Buen Pastor no solo murió por nosotros, sino que también resucitó como el Gran Pastor (He. 13:20) y se compromete a cuidarnos en cada paso de nuestro camino hacia la Casa del Padre.

6.       Jehová-sabaoth:

Jehová de los ejércitos está con nosotros. Salmo 46:7

Este nombre significa “Jehová de los ejércitos” y se menciona más de 300 veces en el Antiguo Testamento. Es la única de estas combinaciones de nombres que también aparece en el Nuevo Testamento (Ro 9:29; Stg. 5:4). Esto da lugar al uso de la palabra “sabaoth”, que es el equivalente griego de la palabra hebrea utilizada para “ejércitos”. Este magnífico nombre aparece en repetidas ocasiones en el Antiguo Testamento, siendo el libro de Isaías en el que más se menciona, con aproximadamente 60 ocurrencias. Nos transmite la idea del poderío y los recursos invencibles de Dios. En el Salmo 46, leemos dos veces: “Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Sal. 46:7, 11). ¡Qué felicidad poder estar seguros de que tenemos al Señor de los ejércitos con nosotros, nada menos que con su poder omnipotente de nuestro lado! El Dios de Jacob está con nosotros, y si él tuvo paciencia con alguien tan imperfecto como Jacob, ¿no será aún más paciente con nosotros, que estamos tan lejos de lo que deberíamos ser?

7.       Jehová-tsidkenu:

Y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra. Jeremías 23:6

Este nombre significa “Jehová, justicia nuestra”. Cuando nuestro Señor venga a reinar en justicia sobre este mundo de pecado y lágrimas, se nos dice que su nombre será: “Jehová, justicia nuestra”. Es reconfortante comprender que la justicia divina se ha establecido a través de la muerte expiatoria de nuestro Señor, permitiendo así que la bendición fluya hacia los pecadores que se arrepienten. A medida que observamos la agitación y la inestabilidad entre las naciones, nos alegramos al saber que el Señor establecerá un reino de justicia sobre este mundo injusto. El Señor triunfará en aquello que las Naciones Unidas han fracasado, trayendo paz y seguridad a este agitado mundo. De hecho, la creación misma anhela la manifestación del Príncipe de Paz.

8.       Jehová-sama:

Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-sama. Ezequiel 48:35

Este nombre tan encantador se halla en los últimos versículos de la profecía de Ezequiel. Allí leemos: “El nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-sama”. La ciudad es Jerusalén; el día que se menciona es aquel en el que nuestro Señor establecerá su reino de justicia; y “Jehová-sama” significa “Jehová está allí”. Se trata de la ciudad de la que Jehová dijo: “En aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos” (Zac. 12:3). Lo que no ha podido (ni nunca podrá) ser llevado a cabo por planes humanos, ni por sus parlamentos o ejércitos, se logrará cuando nuestro Señor tome el control del gobierno de este mundo. La paz llegará a Jerusalén, que ha sido el escenario de conflicto por siglos. Cuando el Príncipe de Paz esté presente (“Jehová está allí”), ¡qué tranquilidad habrá! Sin embargo, los creyentes de esta presente dispensación podemos gozar individual y colectivamente de la presencia del Señor con nosotros, ¡y qué tranquilidad nos da! Qué maravilloso nombre para concluir esta serie de nombres divinos: “Jehová está allí”.

A. J. Pollock

LOS DOCE HOMBRES DE PABLO (4)


 


Este segundo pareado se encuentra en 1ª Corintios 15: 45-49. Leemos, "Y Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial".

Al igual que el primer pareado, el "primer hombre" y el "segundo hombre" son también términos raciales, pero ellos definen las dos razas de hombres bajo Adán y Cristo desde una perspectiva totalmente diferente. El "viejo hombre" y el "nuevo hombre" son términos que se centran en los órdenes morales opuestos relacionados con cada raza, mientras que el "primer hombre" y el "segundo hombre" son términos que se centran en los órdenes natural y espiritual relacionados con cada uno.

La raza de hombres bajo el "primer hombre Adán" es simplemente eso, — la primera. No había otras razas de hombres en la tierra antes de Adán. Esto descarta la noción del hombre de Java, el hombre de Piltdown, el hombre de Neanderthal, etc. La raza de la nueva creación bajo Cristo, el "Postrer Adán", es también simplemente eso, — la postrera. No habrá otras razas de hombres seguidamente. Esto descarta las ideas de ciencia ficción que sugieren que puede haber otra raza de hombres en el futuro.

Hay tres diferencias básicas que caracterizan a las cabezas de las dos razas de hombres bajo Adán y Cristo.

El primer hombre Adán fue "hecho" alma viviente, siendo una creación de Dios; mientras que Cristo, el Postrer Adán, no fue hecho; Él es el Creador. (Las palabras "fue hecho", implícitas en relación con Cristo en el versículo 45, no están en el texto griego).

El primer hombre Adán recibió vida, mientras que Cristo, el Postrer Adán, es un "Espíritu vivificante" que da vida a Su descendencia espiritual bajo Él en Su nueva raza. (Juan 17: 2; Juan 20:22).

El orden de la humanidad bajo Adán es "natural" (anímico) y "terrenal", pero el orden de la humanidad bajo Cristo es "espiritual" y "celestial" (versículos 46-47).

Algunos detalles adicionales en cuanto al "primer" y al "segundo" hombres son los siguientes:

EL PRIMER HOMBRE

El "viejo hombre" y el "primer hombre" son términos utilizados por el apóstol Pablo para definir dos aspectos diferentes de la raza humana bajo Adán. El "viejo hombre" denota el estado corrupto de la raza caída, mientras que el "primer hombre" denota lo que es natural y terrenal en la raza. Por lo tanto, no son términos que puedan ser usados indistintamente.

Nunca se dice que el "primer hombre" sea pecaminoso

En la Escritura nunca se dice que el "primer hombre" sea corrupto o pecaminoso, mientras que el "viejo hombre" es nada más que eso. El "primer hombre" es un término que se centra en el aspecto terrenal y natural de la raza bajo Adán, — en lo que es puramente natural en la humanidad. Lo que es humano y natural no es malo. Por este motivo nunca se dice que el "primer hombre" ha sido "crucificado" con Cristo o que haya llegado a estar bajo el juicio de Dios, como es el caso del "viejo hombre" (Romanos 6: 6).

La creación del hombre según el primer orden tiene muchos atributos de Dios mismo pues él fue creado a Su "imagen" y conforme a Su "semejanza". (Génesis 1: 26). Por ejemplo, el hombre tiene una personalidad definida con gustos y aversiones. Él también tiene sentimientos y capacidad de razonamiento, etc. Las gracias naturales y el intelecto no son malos, sino que son parte de la constitución de un ser humano. Dios no ha llevado esto a juicio porque ello salió de Su propia mano en la creación. Lo mismo sucede con nuestros cuerpos; nunca se dice que ellos son malos. Como fue mencionado anteriormente, la Biblia inglesa KJV traduce Filipenses 3: 21, "Nuestros cuerpos viles", pero esta no es la mejor traducción porque lo que Dios ha creado no es vil. Si nuestros cuerpos fueran viles en el sentido moderno de la palabra nunca se nos pediría que los presentáramos a Dios como sacrificio vivo. (Romanos 12: 1). Del mismo modo, nunca se dice que la creación material que ha salido de la mano de Dios es mala. Ella ha llegado a ser inmunda por los efectos del pecado y necesitará purificación (Job 15: 15; Job 25: 5; Hebreos 9: 23), y algún día será envuelta y reemplazada por un cielo nuevo y una tierra nueva. (Hebreos 1: 10-12; Apocalipsis 21: 1). Pero no se dice que es juzgada por Dios, como lo es el hombre en la carne.

Aunque no se dice que lo que es natural en el "primer hombre" cae bajo el juicio de Dios, todo ese orden de humanidad ha sido sustituido por otro orden de humanidad bajo Cristo que es superior. Esta es la fuerza de la palabra "luego" en 1ª Corintios 15: 46. Por lo tanto, el primer hombre ha sido desechado y reemplazado por el nuevo orden de humanidad bajo Cristo. Los cristianos son ahora parte de esa nueva raza y están esperando traer la imagen del segundo físicamente. (1ª Corintios 15: 49).

(continuará)

El Sacerdocio de Cristo Mayor que el de Aarón (Hebreos 5)

Miremos el sacerdocio de Aarón:

  • ·         Tomado de entre los hombres
  • ·         Constituido a favor de los hombres
  • ·         Ofrecía sacrificio por los pecados de los hom­bres
  • ·         Paciente con los hombres ignorantes y extraviados
  • ·         Él también era hombre rodeado de debi­lidad
  • ·         Necesitaba un sacrificio por sí mismo
  • ·         Para después ofrecer por el pueblo (Hebreos 5:1‑3)
  • ·         Miremos el sumo sacerdocio de Cristo en sus perfecciones divinas y humanas:
  • ·         Un sacerdote glorificado
  • ·         Un sacerdocio eterno
  • ·         Un sacerdote que lo que ofrece por sí es clamor y lágrimas
  • ·         Un sacerdote que no tuvo sustituto
  • ·         Un sacerdote que ofrece por el pueblo su propia vida
  • ·         Un sacerdocio perfeccionado por el padecimiento
  • ·         Un sacerdote que otorga salvación eterna (Hebreos 5: 4‑10).

El contraste de este oficio son los dos lados opuestos, el divino y el humano, donde hay una enorme distancia incalculable como la altura de los cielos a la tierra. En el Señor había las dos naturalezas en tan perfecta armonía que aún los mismos discípulos vinieron a entenderlo después de su resurrección. “Por tanto cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto, y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2:22).

Como humano el Señor nunca entró al templo para ofrecer sacrificio, porque había el sacerdocio levítico. Antes él mismo tenía que ofrecerse en sacrificio por el pueblo. Porque su sacerdocio es divino. Porque su oficio es en un templo espiritual.

El sacerdocio de Aarón: Tomado de entre los hombres, esto era un honor. Constituido a favor de los hombres, este era ductor. Tenía que ofrecer sacrificios por los pecados de los hombres, esto era mediador. Debía ser paciente con los hombres, esto era tolerante. Él también era hombre, consigo mismo debía ser vigilante. Debía ofrecer sacrificio por sí, esto era diligente. Debía ofrecer sacrificio por el pueblo, esto era eficiente.

El Señor Jesucristo, el sumo sacerdote en sus perfecciones divinas y humanas fue confirmado por Dios: “Tu eres mi Hijo” v. 5. Por naturaleza Dios establece una descendencia empezando por su Hijo, pero una descendencia que no termina como la de Aarón que por la muerte estaba expuesta a terminar la dinastía. Para dar cumplimiento a la promesa antigua y al nuevo pacto (Éxodo 19:6; Apocalipsis 1:6) glorificó a su Hijo haciéndolo sumo sacerdote. Nosotros que por el nuevo nacimiento llegamos a ser participantes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4), gozamos ya de esa prosapia según está escrito en 1 Pedro 2: 9.

El Señor tiene un sacerdocio eterno juramentado: “Tu eres sacerdote para siempre”, v. 6. Aarón murió, sus hijos y descendientes también, el sacrificio que ellos ofrecían lleva cerca de dos mil años paralizado, porque el sacrificio de Cristo ha alcanzado una perfecta redención y un sacerdocio perfecto y eterno. “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Hebreos 9: 24).

El sacerdote antiguo tenía que reprimir toda emoción sentimental. Una vez consagrado al servicio del Señor quedaba cortada toda afección que produjera tristeza. Aarón escapó de una disciplina el día que murieron sus dos hijos Nadad y Abiú, porque tenía a su favor que había ofrecido su expiación y su holocausto delante de Jehová” (Levítico 10:19), que nos hablan de la vida y la muerte de nuestro Señor Jesucristo. Pues Aarón embargado por el sentimiento de lo que le había acontecido aquel día, cerró su boca, e incurrió junto con sus otros dos hijos Eleazar e Itamar en tres graves faltas; el macho cabrío para expiación del pecado del pueblo había sido quemado, la sangre no fue esparcida dentro del santuario; y aquella ofrenda mecida tan santa que correspondía a los sacerdotes para comerla en lugar santo, fue rehusada. Levítico 10: 1 al 20.

Dios quiere una consagración de amor puro, “de todo corazón, con toda el alma, con toda la mente y de todas las fuerzas” (Marcos 12:30). Esto es lo que pide el Señor de los que le siguen como sus discípulos. “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26). Hay casos entre creyentes que ha llamado mucho la atención, es la emotividad exagerada que muestran cuando muere algún pariente. Algunos han llegado al escándalo que se transforma en espectáculo; en el amor no se puede evitar el sentimiento, pero sólo los que no tienen esperanza dan estas demostraciones de desesperación.

He dicho arriba que Aarón y sus hijos escaparon de una disciplina grave porque Dios en su providencia, reconociendo la flaqueza humana, les había enseñado que debía ofrecer primero sacrificio por él y por su casa. (Levítico 16:6,11,17,24)

Nuestro gran sumo sacerdote ofrece por él ruego y súplicas, clamor y lágrimas, y ofrece por el pueblo su propia vida. Las súplicas, las lágrimas y el clamor no eran el efecto del sentimiento humano, E no era la rebelión de su espíritu I a la voluntad de su Padre, no era producto de transgresión, ya que en él no había pecado. Su ruego, su súplica, su clamor, sus lágrimas, eran por la hora crucial que ha dejado un signo en medio de la eternidad, la separación que hubo entre él y su Padre, cuando en la cruz hecho pecado, hecho maldición por nosotros pagó la cuenta de nuestro rescate. Las tablas de piedra con la ley escrita por el dedo de Dios, y que Moisés rompió al pie del monte por el pecado del pueblo; ahora está dentro del arca, es precisamente el testimonio de que fue cumplida. Para satisfacción de Dios tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, y para con el Padre tenemos un abogado, a Jesucristo el justo” (Hebreos 10:21; 1 Juan 2:1).

Las tres aplicaciones del famoso versículo de Habacuc

 Mas el justo por la fe vivirá. (Romanos 1:17)

 


Las palabras "el justo por la fe vivirá" se encuentran en el Antiguo Testamento (Hab. 2:4) y se citan en tres Epístolas del Nuevo Testamento. Cada vez que se cita en el Nuevo Testamento, se nos presenta una perspectiva diferente de la vida del creyente y su andar en Cristo.

En Romanos 1:17, Pablo escribió acerca de la corrupción del hombre y la justicia de Dios. Por naturaleza, el hombre se encuentra en un estado de ruina moral; es totalmente injusto según los criterios divinos. Por otro lado, la Ley solo demuestra que el hombre es inca-paz de producir la justicia que esta exige. Pero en su Carta a los Romanos, Pablo explica que, por medio de la fe, Dios ha provisto un medio para justificar al creyente. Por lo tanto, ya que "el justo por la fe vivirá", solo se puede ser justo por medio de la fe en Jesucristo.

En Hebreos 10:37-38 leemos: "El que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe". En este caso, la cita viene al final de un pasaje cuyo propósito es proteger al creyente del desánimo y animarlo a perseverar en la vida de fe. Además, da paso a Hebreos 11, en el que se resume la notable vida de fe de los creyentes del Antiguo Testamento. El énfasis aquí está en cómo estos hombres de la antigüedad vivían por la fe —ya sea en el andar constante en comunión con Dios, en la anticipación del juicio que vendrá sobre este mundo, en la vida de un peregrino o en la victoria contra el enemigo. En

Gálatas 3:11 leemos: "Por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá". En este contexto, el apóstol cita el versículo de Habacuc con el fin de excluir cualquier idea de justificación por las obras de la Ley. La justificación es solo por la fe y de ninguna manera por la Ley. Este es el punto principal de la Epístola a los Gálatas.

 En pocas palabras, en Romanos el énfasis está en la justificación (el justo); en Hebreos está en la vida de fe (vivirá) y en Gálatas está en la fe (por la fe).

W. Kelly